-Hola.

He aquí está un nuevo capítulo, como ya saben la historia es propiedad de Lynne Graham, espero y lo disfruten

Disclaimer: los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador

Advertencia: los personajes contienen Ooc. AU Mundo alternativo

CAPÍTULO VIII

En un movimiento lleno de aborrecimiento Mione se sentó; sus ojos color caramelo brillaban de rabia.

— Basta... — pronunció. — Ya no voy a oír ni una de tus malditas insinuaciones. ¿Quieres hacerme el favor de decirme cómo Ron y yo podríamos llevar adelante un escandaloso romance con Harry y Ginny pegados a nuestras espaldas? Estás hablando de cuatro personas que se conocen de toda la vida... y si uno de nosotros metía la pata, Ginny lo sabría. —

Viktor quedó sorprendido con la reacción de la castaña, y fijó sus ojos ónix en ella.

Sonrió, divertido. — No puedo crreer que... —

— ¿No quieres oír el resto? —lo interrumpió. — ¿Por qué crees que Ron te odia tanto? Fuimos novios durante cuatro años, es verdad, pero nunca hubo intimidad entre nosotros. Te conocí durante tres meses solamente y Ron intentó decirme que jamás podría aceptar mi relación con mi jefe. Y yo le dije en esa misma ocasión, que al diablo con los hombres, al diablo con el frágil ego de todos ustedes. Y aún pienso así. —

— Hermione... —

—Por lo tanto, si quieres creer que salí de tu cama para ir corriendo a la de él, hazlo. Voy a llamar a Ronald para contárselo... ¡Estará feliz al saber que piensas así! Pero, ¿cómo te atreves a intentar rebajarme al nivel de una prostituta desclasificada? —

— No es lo que estoy haciendo. —

—¡Es exactamente lo que estás haciendo! Con toda esa sofisticación en la superficie, ¿qué hay debajo? —

—¿Por qué tanta furria, mila? —

— No me estás oyendo. ¿Verdad? —

—Te estoy oyendo contarme sólo lo que deseas que crrea. —Krum sonrió con ironía.

Fue la gota que colmó el vaso de la castaña.

Si intentase defenderse, lo que fuera que dijera sería motivo de sospecha para Viktor. Por lo tanto, ¿para qué molestarse?

— Está bien, entonces —expresó. — Estoy perdiendo mi tiempo. ¿Dónde vas a dormir? Ganaste la apuesta, ¿no? —

— Estaba brromeando. —

—Pero me insultaste. —

—Concuerdo, fue un insulto. —

— Me odias —Mione dijo con voz entrecortada.

— A veces. — No dándose el trabajo de negar el hecho, saltó de la cama. — Hace cuatrro años podrías haber tenido todo esto, mila. Pero estabas tan prreocupada en tramar y planear que no podías ver más allá de tu narriz. Me trraicionaste por una migaja, cuando podrrías haber obtenido mucho más. —

— No sé de qué me estás hablando. —

«Y no me importa» se dijo a sí misma.

Aquella fue una noche de bodas de la cual nunca se olvidaría, una humillación de la cual se acordaría siempre. Y le pareció ahora que, no importaba lo que dijera, no sería registrado por Viktor. Sus preconceptos estaban muy arraigados, después de cuatro años de asco, sobre lo que él consideraba una traición.

— Te amaba —Krum confesó.

—No, no me amabas. —

—Tu trraición me alcanzó como un rayo durrante mi vuelo a Hong Kong. Fue mi momento de la verdad. —

Mione quedó pálida y protestó una vez más: — ¡No! No me amabas. —

—Te amaba, si, y con locurra. Oía ángeles cantando, visualizaba nuestrra luna de miel, bautismos... —

La castaña quedó paralizada.

Tuvo la impresión que ganó una fortuna y perdió el billete para probar su derecho a recibirla.

¡Qué ironía de la suerte!

Durante tanto tiempo creyó que Viktor simplemente la usó durante algunas horas, para su diversión; y ahora estaba destruida, resentida por la injusticia que los separo.

— Pero no me amaste por mucho tiempo. —fue todo lo que ella consiguió decir.

— No, no por mucho tiempo. Pero el asunto de tu rrobo en la Bolsa está cerrado. —

—No puede estar cerrado ¡Nunca estará cerrado! Si yo hubiera tenido la oportunidad de hablar, antes de nuestro casamiento, y sin la presencia de Marion, habría exigido ver esa evidencia que insistes que tienes. —

— ¿Para qué? ¡Dime! ¿Parra qué? ¿Para forzarrme a conocer a tu cómplice? —el búlgaro le lanzó una mirada de odio. —

— ¿Cómo? —

—Destruí la evidencia. —

—¿Tú qué? —

—Piensa un poco en eso —él le pidió. — Eres la madrre de mi hija. Y mi mujer ahorra. Guardar documentos que podrrían ser usados para incriminarte, sería una rematada locura. Supongamos que, por accidente, esa evidencia cayese en manos erradas. Era un riesgo que no quería pasarr. Siendo mi esposa, te protegerré. —

Ella lo miró, sorprendida. Viktor sentía un inmenso respeto por las fuerzas de la ley y el orden. Destruir la evidencia de una fraude, la impresionó.

"Conocer a tu cómplice", dijo.

« ¿Qué cómplice?» Mione se preguntaba.

Pero Krum quiso protegerla por al ser la madre de Marión.

— Necesitaba ver esa evidencia. Quería... —

— ¿Inventar más historrias? ¿Mentir más? —retrucó apretando los dientes. — Por eso mismo no te las mostrré. —

—Quieres decir que no tendré oportunidad de defenderme... —

—No quiero saber más mentirras. Ya oí muchas. En cuanto al dinerro... supongo que estás diciendo la verdad. No tienes nada para esconder más. —

—No hice nada de lo que me acusas, Viktor. Me tienes que dar una oportunidad de defenderme. —

Las facciones de él se endurecieron. —Cuando hablas así, me irrito aún más. El asunto está cerrado hasta que te sientas dispuesta a contarme la verdad. Leka nosht mila—y se marcho

Si hubiese algo a su alcance, la castaña se lo habría tirado.

Viktor no le daba la mínima oportunidad de limpiar su nombre. Pero aprendió algo que ingenuamente ignorara hasta entonces. Krum estaba decidido a hacerla pagar por su supuesto crimen. No la entregaría a las autoridades, pero eso sólo porque quería castigarla personalmente. Y él era mucho más riguroso que cualquier juez. No le permitió una defensa; decidió que era culpable y la sentencia fue promulgada. Quedaría aislada del resto del mundo hasta que diese señales de arrepentimiento.

¿Qué tipo de arrepentimiento esperaba Viktor? ¿Quería que confesase haber cometido una deshonestidad, que llorase y suplicase perdón? Antes de eso, nada de compras, de diversión, nada de... otros hombres...

Ese era el lenguaje de Viktor Krum.

¿Cómo sobreviviría a tantas privaciones?, él tal vez se preguntase.

Hasta parecía pensar que dejarla en casa el día entero con Marión pudiese ser un castigo, cuando, en verdad, era un lujo que Mione siempre deseó poder tener. Pero el azabache también confesó que la amaba hacía cuatro años.

Pero… ¿qué tipo de amor sería que lo hizo despedirla sin darle oportunidad de presentar una defensa? Ni siquiera esperó a volver de Hong Kong. De momento, persistir en levantar el asunto, e insistir continuamente en su inocencia, sólo serviría para separarlos aún más, concluyó.

Pero... ¿cómo estarse quieta?

Alguien en Industrias Krum preparó todo, de eso Mione estaba segura ahora. Viktor pasó sólo diez días en Hong Kong, y en el quinto día la despidió del empleo. Entonces, ¿quién podría haber dado la información que la hizo culpable del fraude cometido por otra persona? ¡Y todo pasó tan increíblemente rápido! En fin, ¿dónde fueron a parar las cincuenta mil libras que aparecieron en su cuenta un día, y que después fueron retiradas?

La castaña pensó en escribir al banco para obtener informaciones. Pero, ¡después de tantos años! Por cierto no habría posibilidad de obtener una respuesta. La persona que se quedó con el dinero debía ser la culpable. Ó el cómplice. Pero... el hecho de que la cantidad saliera de su cuenta no significaría nada para el búlgaro. Diría que debía estar escondida en otro lugar.

Pero ella precisaba intentarlo.

¿Por qué no?

En un acto impulsivo la castaña salió de la cama, vistió una camisola, y fue al cuarto de Krum a través de la puerta de comunicación. El cuarto estaba a oscuras, con excepción de un rastro de claridad que entraba por la rendija de la puerta del baño. Podía oír el agua correr.

Encendió la luz al lado de la cama, y esperó.

Algunos minutos más tarde el búlgaro apareció, secándose el cabello con la toalla. Paró al toparse con Mione. Ella fue consciente de pronto de dos cosas:

La transparencia de su camisola, y la desnudez del azabache.

— Vine aquí para conversar seriamente sobre algo, e insisto que me escuches. —

Le contó entonces acerca del dinero que apareciera en su cuenta bancaria, y que después desapareció. Eso había pasado cuatro años atrás.

— ¿No vas a decir nada? —ella preguntó.

— Es imposible probar ó negar cualquier cosa, después de tanto tiempo. —

— Pensé que podrías ayudarme a verificar los hechos. —

Bogoroditsa... ¿Parrezco tan ingenuo? —

—No — Mione respondió, con ojos llameantes de odio. —¡Pareces idiota! Idiota... Belicoso y satisfecho contigo mismo. ¡Y estoy cansada de todo! —

—¿Por eso aparreciste vestida para matarrme? —

— ¿Vestida para qué? Si piensas que vine para... —

—¿Para quedarte? Clarro que lo pienso —confirmó, con el brazo contorneándole la cintura. — Bozhe moĭ, mila... ¿de verdad crrees que te dejaré ir de mi cuarto sólo porque me rehúso a crreer en tus cuentos de hadas?

Intentando en vano librarse del brazo de él, Mione apuntó: — ¡No es un cuento de hadas, santo Dios! —

Viktor la abrazó con fuerza.

Y ella se sintió incapaz de evitarlo. Aún así, profirió: — ¡Suéltame! —

—Te quierro una vez más. —

Krum la besó.

Ella sintió que sus rodillas cedían.

Abrió los labios para que el búlgaro jugara con su lengua en su boca; se inició entonces un verdadero baile de lenguas.

— Deberría hacer que me pidieras perrdón de rodillas... —el ojíónix susurró. — Pero no lo consigo... —

Mione notó que él deseaba de su cuerpo. La camisola transparente no era, de forma alguna, barrera suficiente para el deseo de Viktor.

Él bajó los breteles y la besó, mientras con las manos acariciaba sus senos. Ella sentía que su cuerpo aceptaba con placer las caricias, y no conseguía controlarse. Krum la cargó y la colocó en la cama.

— Esta vez.. serrás realmente mía —susurró, lleno de deseo. — ¡Absolutamente mía! —

Le besó los senos, contorneando los rígidos pezones con la punta de su lengua, para después meterse toda la tierna carne en su boca.

Olas de fuego recorrían el cuerpo de Mione.

Desesperada por tocarlo, levantó la mano y comenzó a masajearle el tórax.

— No pares ahorra —él pidió.

Con besos la hizo temblar el cuerpo, y flexionarlo en movimientos rítmicos. El búlgaro le tomó la mano y la condujo más abajo, y más abajo... hasta alcanzar el lugar donde pretendía llevarla.

La castaña estrechó sus ojos y se sonrojó. — Yo... yo... —jadeó.

Encarándola, Viktor sonrió, divirtiéndose con su consternación; y sopló: — No, no hicimos esto antes. —enseguida susurró cualquier cosa en búlgaro y agregó: — Algunas veces dices la verdad, mila. Con la mirrada, pero es que tus ojos hablan.—

Antes que ella pudiese retomar el poder de comunicarse oralmente, el azabache le devoró la boca con hambre.

La hizo acomodarse mejor sobre las almohadas, con una gentileza inesperada. Después descendió la lengua hasta sus senos y, con las manos, le acarició el cuerpo trémulo.

Y mucho antes que Mione pudiera adivinar su intensión, algo terriblemente íntimo pasó.

Su primer movimiento fue de rechazo, pero luego se entregó a la intensidad del placer. La presión que sintió en el interior de su cuerpo, una mezcla de dolor y placer, la hizo sollozar. Ella enterró sus uñas en la sábana y levantó las caderas, en una súplica tan vieja como el tiempo.

— Viktor... —gimió.

O, bozhe, tolkova si krasiva...—y la penetró, moviéndose más y más deprisa, en una intensidad incontrolable. La abrazó en pleno éxtasis.

Cuando la soltó, la castaña tuvo la impresión que cayó en el sol, que la consumía con su calor.

Ella despertó de repente, en el instante en que la puerta del cuarto se abría. Se cubrió con la sábana cuando Olga apareció, cargando una bandeja. —Dobro utro, dama. —

— Dobro utro. —Mione lanzó una mirada por el cuarto.

El cuarto de Viktor...

La cama de Viktor...

Olga abrió las cortinas y el sol se coló de lleno. — ¿Quierre que preparre el baño, dama? —

—No, gracias. —la castaña se sentía fuera de lugar al haber sido sorprendida en territorio de Krum.

El recuerdo de la noche anterior la hizo atragantarse mientras tomaba el jugo de naranja. Espantada por haber dormido hasta tan tarde. Se sonrojó al descubrir una pequeña mancha roja en uno de sus senos, y concluyó que era el resultado de una noche de desenfreno amorosa.

«No te eludas», una voz le decía desde su interior «lo amaste, él tuvo sexo contigo...»

Mione fue al cuarto de Viktor sólo para conversar, y la conversación pareció haber sido olvidada muy deprisa. Sucumbió a sus brazos, los brazos de un inabordable búlgaro. Hacía cuatro años, cuando el azabache le dijo que la amaba, una serie de sensaciones agradables brotaron de su pecho.

Pero amar Viktor Krum no quería decir que no viera sus defectos.

Después de su partida a Hong Kong, durante cinco largos días, Viktor no hizo ningún intento de entrar en contacto con ella. Nada de llamados. El teléfono de la oficina donde Mione trabajaba se quedó mudo de repente. Fue, para ella, como si el mundo hubiese dejado de girar.

En el quinto día la castaña recibió una carta urgente.

Dimisión y rechazo combinados.

Si, Viktor dijo que la amaba, pero Mione no creía ahora que lo que él sintiera en esa ocasión fuera amor, sólo una atracción sexual, un intenso deseo.

La puerta se abrió de nuevo.

Ella se quedó con la mano tan trémula que tuvo que poner la taza de café en la bandeja.

Viktor llegó cerca de la cama y sonrió.

No precisó decir una sola palabra para que ella sintiera deseos de tirarle la bandeja en la cara.

— Saqué la barricada de la puerrta de tu cuarto — manifestó socarronamente. — ¡Estás linda! —

¿Linda?, Mione pensó.

Con el cabello enredado, restos de sueño en su rostro, probablemente legañas en los ojos, marcas de dientes en lugares íntimos, ¿cómo podría estar linda? Se encogió toda, reflexionando sobre su debilidad en la víspera. Fue su noche de bodas, sin duda, pero, consumar un casamiento era una cosa; tirarse de cuerpo y alma a una orgía, era otra bien diferente. Miró a al búlgaro y vio que él sonreía. Naturalmente que no estaba atormentado; al contrario, parecía muy contento. Si hubiese llevado una botella de champagne al cuarto, ella no se habría sorprendido.

— ¿Por qué estás sonriendo? —preguntó, llena de sospechas.

— ¿Quierres una respuesta honesta? —

— Ayer, la única cosa con la cual no me amenazaste fue encerrarme en un calabozo. —

— Nunca se me dio bien el celibato. ¿Por qué encerrarte? —él la miró con evidente satisfacción.

Mione bebió el resto de café, para no echárselo en la cara, en un intento de calmarse. Estaba casada, pero no se sentía como tal. Recordó que tiró lejos la alianza, y no tenía el mínimo deseo de buscarla. Era un símbolo sin sentido, pues no existía una relación matrimonial entre ambos. La única razón que llevó a Viktor al casamiento fue estar con su hija.

Y, considerándose que él había sido honesto desde el principio, ¿por qué se casó ella? ¿Tenía esperanzas de que todo se arreglara? ¿No fue, acaso, el comportamiento de Viktor un aviso de lo que vendría después? Apenas la deseaba, se interesaba por ella solamente en el terreno sexual. En fin, él consiguió a Marion, y la madre venía en el paquete. Para Krum ella tenía menos valor que una amante, y valor ninguno como esposa. La imaginaba ávida de dinero. ¿No era así que funcionaba el temperamento eslavo?

En cuanto a la castaña, al compartir la cama con él, perdió el respeto en sí misma.

— Creo que no has sido amante de Weasley— Viktor dijo de repente, como si mencionase algo sin importancia; los ojos ónix fijos en ella expresaban un deje de gratitud. — Cualquierra que haya sido tu noviazgo con el muchacho, sé que no durmierron juntos. —

Llamas de odio colorearon las mejillas de Mione.

Entonces, el azabache finalmente le creyó algo. Pero muy poco, y demasiado tarde. ¡Ella insistió tanto en aquello! Debería, eso sí, haberlo dejado sufrir con la sospecha.

— ¿Cómo te gustarría pasar el día? — Viktor le preguntó. —

—Me gustaría meterme en una bolsa y saltar de lo alto de un acantilado. —

— No le encuentrro la más mínima gracia. —

—No estoy intentando ser graciosa. Me siento... —Mione tragó. — ¡Me siento usada, lastimada, y amargada!—Irritada, salió de la cama y se fue a su cuarto.

— ¿Hermione...? —

—Déjame en paz. —

Bueno, su paciencia se agotó, Mione se decía a sí misma.

Casarse no quería decir que tenía que ser una alfombra a los pies de su marido.

Si Viktor se casó por causa de Marion, todo bien. Pero ella no sería la esposa ideal. ¿Por qué habría de consentir ser humillada? Estaba cansada de ser acusada de un crimen que no cometió. Viktor destruyó la evidencia. ¿Cómo podría probar su inocencia ahora? Él se rehusaba a oírla.

...

Mione descendió una hora más tarde, de bermudas y camiseta. Manifestó deseo de recorrer el castillo, y Olaff se apuró a acompañarla con Olga traduciendo de la mejor manera posible, la castaña comenzó a aprender búlgaro. Y la encontró una experiencia agradable.

— Entonces, ¿es aquí que estás? —la conversación animada se transformó en un silencio cortado.

Los ojos caramelo se oscurecieron cuando Mione vio a Krum parado en la puerta. — Estoy haciendo un tour por el castillo —expuso.

— Yo planeaba mostrrarte todo. —

—Como ves, no va a ser necesario —ella respondió.

Sus acompañantes desaparecieron como nieve en verano, dejando detrás de sí una tensión eléctrica en el aire.

— ¿Qué piensas hacer? — Viktor le preguntó.

—Bueno, pienso en no continuar siendo tu esposa. Y déjame decirte: 24 horas fueron más que suficientes para tomar esa decisión. No puedo cambiar tu punto de vista sobre mí, pero, lo mejor de todo eso, es que ahora no me importa ya. No me interesa lo que piensas. ¡Tampoco me interesa dónde vas! —

—No voy a ninguna parrte... —

—Oh, espero que cambies de idea. Siéntete libre. No me considero casada contigo. —

— No seas ridícula, mila. —

—No estoy siendo ridícula. Por el contrario, con gran generosidad de espíritu, decidí darte una segunda oportunidad. —

—¿Decidiste darrme una segunda oportunidad? — Viktor susurró.

— Si. Estropeaste todo en una única noche. Y yo estaba dispuesta a hacer de nuestro matrimonio una verdadera unión. No me sentía preparada a ser recibida con una serie de amenazas y venganzas tuyas... —

— ¿Mis qué? —el búlgaro divulgo.

— ¡Odio tu atrevimiento! ¡No desearía tu precioso perdón ni estando al borde de la muerte! Y si tú estuvieras muriéndote, acostado ahí en el piso, ¡no tendrías mi perdón por lo que me haces! —

Krum cayó en una carcajada.

Y eso fue como tirar un fósforo encendido en un montón de pólvora.

Mione se inflamó.

Levantó su mano y cacheteo fuerte con la mano cerrada.

Él asombrado comenzó tocarse el lugar mallugado—la esquina de la boca— con los dedos, viendo sorprendido como las yemas de estos quedaron manchados sangre

Mione intento golpearlo de nuevo pero Viktor le tomó la muñeca en el aire. Con los dientes apretados, ella intentó darle puntapiés para que la soltara.

El soltó su mano y la cargó.

— ¡Ponme en el piso! —ella ordenó.

El búlgaro sonreía relamiendo el sabor de su propia sangre divertido. Y dijo: — Estoy actuando en legítima defensa. Pegas bien fuerrte—

La magnánima sonrisa de él hizo a Mione pasar de la furia a la completa perplejidad. Si estuviese de pie en el piso, se habría caído, tal era su aturdimiento. Y, mientras luchaba contra esa alarmante realidad, el azabache la irguió más alto aún y la abrazó con fuerza.

— ¡Ponme en el piso! —repitió, con mucho menos volumen ahora.

— Siento un violento deseo de besarrte — Krum susurró con una voz ronca que provocó escalofríos a lo largo de la espalda de ella.

— Olv... olvídalo.—

En franco desacuerdo, Viktor la acomodó mejor colocando los brazos de ella sobre sus hombros y sosteniéndola de las nalgas.

La besó entonces.

Mione se estremeció, luchando contra el poder del búlgaro para hacer que cada fibra de su cuerpo vibrase, y horrorizada por corresponder a aquella pasión.

Desilusionada, ardiendo en deseo, lágrimas de repente escurrieron por sus mejillas.

Despreció su debilidad, se despreció por no haber intentado evitarlo.

Al final, ¡permitió que Viktor llegase al punto que llegó!

Abruptamente, él la colocó en el piso.

— ¿Hermione? —parecía aturdido.

Ella enjuagó sus lágrimas con una mano nerviosa y le lanzó una mirada de odio.

— Te aborrezco—susurró.

Mentía.

Notas finales:

O, bozhe, tolkova si krasiva: "Oh Dios eres tan hermosa"

¡Listo aquí otro capítulo! Más rápido por la tardanza del anterior. Espero que les haya gustado. A my en lo particular me encanta la historia. Aunque bueno los caracteres están alterados Mione y Viktor no actúan de esa manera. Pero bueno: esta es un fic y se vale eso…creo Jajaja

En fin ¿les gusto? Me gustara que me dieran su opinión y me digan que les parece la historia.

No se olviden de Votar y Comentar.

H asta la próxima. Les mando un besito :3