Si Lucius Malfoy tuviera que evaluar todas las desgracias de su vida y ponerlas en orden, probablemente diría lo pero que le pasó —hasta aquel entonces— había sido la infidelidad de su esposa, con un extraño cuya identidad nunca fue revelada. Le bastaba con saber que Narcissa lo había traicionado. Y desgraciadamente eso no era lo peor para Lucius.
Meses después, Narcissa le dio la noticia que lo sucumbió en el dolor y en el coraje. Estaba embarazada. Dio a luz a una niña de extraños ojos rojos. Unos que Lucius detestaba. Claramente, eran heredados del desconocido. Por mucho que quiso deshacerse de la niña, hizo exactamente lo contrario. Le dio su apellido y todo lo necesario para que creciera como una Malfoy, pero jamás pudo tratarla con cariño. El simple hecho de mirarla a los ojo, le asqueaba.
A los ojos de él, siempre sería una ilegítima.
