Llevaba dos días de entrenamiento con los pilares y Zenitsu apenas podía llevarse puesto.

Uzui les hacía correr por horas, mientras se sentaba con sus esposas a verlos. Zenitsu entendía que no volvería a pelear, ni siquiera con ellos, pero verlo sentado mientras sentía que el corazón le iba a salir del pecho le hacía hervir la sangre.

—¡Árbol! —el grito de Inosuke junto a él le hizo volver a mirar al frente, detener sus pasos de golpe y moverse a un lado, raspando su brazo desnudo contra el tronco del árbol que no notó frente a él.

Siguió corriendo, mientras Inosuke reía a carcajadas. Zenitsu fijó su mirada en su espalda mientras se alejaba, una imagen a la cual estaba acostumbrado, y no supo si debía insultarlo o darle las gracias.

Su brazo comenzó a picar, y al mirar se dio cuenta de lo irritado que se veía. Lo ignoró, y siguió corriendo. No estaba dispuesto a pasar en ese entrenamiento más días de los necesarios.

Mientras corría, esta vez mirando al frente, no se percató de la mirada de Uzui sobre él.

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—Estoy harto. —entró en la habitación quejándose, dejándose caer a los pies de la cama de Tanjirou.

—¿No has avanzado? —preguntó, con un interés inocente, que Zenitsu se tomó como incriminatorio.

—¡Llevamos días corriendo sin camiseta por el bosque!

—¿Nadie ha avanzado?

Negó con la cabeza.

—Aunque siempre hay comida deliciosa, y nos da un montón de descansos. —cedió.

—¿Es peor que el entrenamiento con Kanao y las niñas?

Zenitsu volteó la cabeza como un búho, con una expresión de espanto.

—¡¿Cómo te atreves a comparar los mejores días de mi vida con este infierno?!

—Perdón. No creí que fuera tan malo. Antes de verte, estaba emocionado por empezar también.

—Tu positividad me está matando poco a poco, Tanjirou.

Tanjirou sonrió, y puso su mano sobre su cabeza de manera amistosa.

—Si no superas las expectativas de Uzui no te dejará pasar con el siguiente pilar. —le dijo.

—¿Así funciona?

—¿Eh? ¿No les dijo? —por la expresión de Zenitsu, obviamente no les dijo. —Él decide cuando estas listo. No es una cantidad exacta de días, si no que depende de ti.

Su expresión era ahora aún más amarga, y se lamentó de todas las veces que miró a Uzui deseando que cayera muerto.

—No saldré de ahí nunca, Tanjirou. Es horrible. Es peor que horrible, quiero morir.

Tanjirou, acostumbrado a su dramatismo, sonrió.

—Ánimo. —susurró. —Me gustaría estar contigo, pero sé que para cuando pueda comenzar tu ya vas a haber avanzado.

¿En serio lo creía? Claro que si, Tanjirou no sabía mentir.

—Te abrazaría las piernas si no las tuvieras molidas.

—Puedes abrazarme si te levantas.

—Nah. —entrelazó sus dedos sobre su estómago para relajarse, y cerró los ojos, sin intención de moverse hasta que dejara de sentir hormiguitas en las piernas.

—Cuando estábamos peleando, Uzui me recordó a Rengoku. —Tanjirou rompió el silencio de repente.

Zenitsu no abrió los ojos, pero sintió algo de presión en el pecho al escucharlo. Creyó saber a lo que se refería, pero de todos modos preguntó.

—¿Cuándo?

—Sus palabras. Su fe en nosotros, con lo poco que nos conocía. Cómo puso su vida en la línea sin dudarlo. Eso.

Zenitsu recordaba a Rengoku como un ejemplo de vivir y morir como héroe, pero para nada como un modelo a seguir. Sabía cómo sus palabras habían impactado en Tanjirou e Inosuke, y cómo les había inspirado a mejorar con la esperanza de convertirse en alguien como él.

Recordaba sus últimas palabras. No las escuchó, pero Tanjirou se las dijo mientras los llevaban de vuelta. Lloró, porque era una persona que no debió morir, y porque su vida se encaminaba poco a poco a ese mismo destino, y la idea le aterraba.

Tal vez era un cobarde, pero le dolía el estómago al tener que imaginar su propia muerte, y de forma tan prematura.

—Uzui no quería morir. —dijo. Obviamente Rengoku tampoco, y se sintió en la necesidad de corregirse. —No lo asumió de la misma forma que Rengoku, pero supongo que la circunstancia le obligó a aceptarlo.

Tanjirou no respondió. Zenitsu había pensado en ello, pero era la primera vez que lo decía en voz alta.

Uzui no quería morir. Se retiró porque estuvo a punto y sabía que su suerte no sería tanta como para sobrevivir a una experiencia como esa otra vez. Tenía personas a las que cuidar; personas que posiblemente no se perdonarían por dejarlo morir.

Zenitsu no quería morir. No de esa forma. Tanjirou tenía fe, como Rengoku, en hacer lo suficiente por el mundo y, si moría en el intento, alguien terminaría lo que comenzó, para que no fuera en vano todo lo que luchó. Para Zenitsu, era en vano morir así. Era honorable morir salvando a alguien más, pero no era la forma de la que quería terminar.

Recordaba la confianza que Tengen irradiaba al caminar, al hablar, incluso cuando estaba sentado con ellos discutiendo cosas sin sentido, como si tuvieran la misma edad.

Pero Zenitsu pudo escuchar más allá de sus palabras despreocupadas, y sintió su pánico. El pánico de que cometiste un error, y alguien más, alguien preciado, iba a pagar por eso.

Y estuvo dispuesto a dar su vida para enmendarlo.

No había nada de heroico en eso.

—Tienes razón. —dijo al fin Tanjirou. Su sonrisa ahora era algo nostálgica. —Me alegra mucho que esté bien.

Lo miró por un momento, sin decir nada, tal vez tratando de sentir la calidez de su expresión en él, pero sin lograrlo.

La molestia que sintió cuando veía a Uzui de reojo al correr desapareció de pronto: a él también le alegraba que se encontrara bien.

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Volvió a encontrarse completamente sudado, recuperando el aire en medio del bosque, buscando soporte en sus rodillas, jadeando. Inosuke ya lo había pasado, y sintió que era imposible seguirle el ritmo.

El grito de Uzui a sus espaldas le hizo querer hacer un agujero en la tierra y meter la cabeza ahí hasta que bajara el sol, pero optó por la opción más digna: seguir corriendo.

Cuando terminaron, algunos se quedaron descansando un rato, pero la mayoría se fue apenas pudo. Incluido Inosuke.

Llevaban ocho días, y aún ninguno pasaba al siguiente entrenamiento.

Ya no quería más.

—Zenitsu. —Uzui lo llamó. Estaba junto a él, y Zenitsu ni siquiera lo sintió acercarse.

Piedad, pensó, mientras volteaba a verlo y ponía la posición más erguida que podía, haciendo una mueca de dolor y llevándose una mano al estómago. Iba a morir si no bebía agua y descansaba otro rato.

—¿Qué?

—¿Puedes volver en un rato? Necesito ayuda con algo.

En un rato. Al menos le estaba dando un rato.

Maldición, apenas podía enfocarlo bien.

—Sí, puedo. —exhaló dramáticamente todo el aire en sus pulmones al decirlo. Uzui sonrió.

—De acuerdo. —se fue caminando. Zenitsu se dejó caer sobre las hojas, gateó hasta la sombra que hacía una roca y no supo más del mundo.

Despertó porque el hambre fue más que la fatiga, y volvió a darse un baño, comer con Inosuke y Tanjirou sobre su cama y volver con Uzui, dándole vueltas a su conversación, buscándole un motivo a la petición y sobre todo a la razón por la cual aceptó sin dudarlo.

No estaba en sus cabales, claramente.

Llegó con el rabo entre las patas, arrepentido de todas sus decisiones en la vida, y Uzui le dedicó una sonrisa que le hizo sentir culpable. No sabe de qué.

—Gracias. —fue su saludo. —Creí que vendrías más tarde.

—¿Para qué me quiere?

—Directo al grano. Me parece. —le indicó que lo siguiera, hasta llegar al circuito que les hacía recorrer a diario. —Necesito de tu ayuda para agregar obstáculos.

Zenitsu hizo una mueca, pensando en lo largo que era el camino y en todo el rato que pasaría con él.

—¿Sólo yo? —preguntó.

—Conmigo. —Uzui lo miró ofendido por la cara que puso.

Para nada lo miraba en menos, pero sintió que podía ser un trabajo para más personas.

Entonces le surgió una duda.

—¿No es trampa que yo sepa los cambios desde antes? —preguntó.

—Tal vez. ¿No te gusta la idea?

¿De avanzar? Claro. ¿De hacer trampa? No mucho.

—Quizás.—Pensó en Tanjirou asumiendo que avanzaría por si solo antes de que él lograra unirse al entrenamiento, y se sintió culpable. —En realidad no, no me gusta la idea.

Uzui pareció satisfecho con su respuesta.

Se pasaron el resto de la tarde acarreando rocas y moviendo unos centímetros las que ya estaban en el camino. Zenitsu notó los pasos marcados, como si todos pusieran los pies en los mismos lugares cada día. Pensó en que él mismo se había aprendido el camino de memoria y lo recorría casi sin mirar el piso, y le hizo pensar en cuántos confiados se quebrarían las piernas mañana.

Volvió a pensar en lo inútil que le parecía el correr a diario, sin luchar, ni entrenar nada más, y en cómo Uzui podía devolverle el favor entrenándolo. Tanjirou le había dicho que le pediría al pilar de agua que entrenara con él, y no había forma en que le dijera que no.

Pensó en aprovecharse del tiempo libre que manejaba ahora el pilar del sonido.

—¿No estás muy relajado? —Uzui apareció detrás de él otra vez. Zenitsu sentía ganas de gritar y soltar cualquier cosa que llevara en las manos cada vez que lo tenía tan cerca sin sentirlo acercarse, pero su orgullo le obligaba a soportarlo.

Hablando de orgullo, no perdía nada si le preguntaba ahora, descaradamente, aprovechando que estaban solos.

Volteó para encararlo, y Uzui pareció confundido.

—¿Entrenaría conmigo?

Primero no reaccionó, y Zenitsu esperaba su risa, o un "No" en seco.

Pero Uzui frunció el ceño, y una leve sonrisa se asomó en sus labios.

—¿Ahora?

—Por favor.

Se quitó la parte de arriba de la yukata, y Zenitsu sonrió. Y luego quiso golpearse a si mismo, porque estaba feliz de que aceptara, pero no debió sonreír al verlo con menos ropa. Deseó que Uzui no lo hubiera notado.

Uzui lo notó, obviamente.

Fueron por unas espadas de madera, y a petición de Zenitsu, volvieron al bosque. Sólo porque no quería que ninguna de sus esposas lo viera de esa manera.

No tenía dobles intenciones en ese momento.

—Bien, intenta atacarme. —lo retó.

Zenitsu lo analizó de pies a cabeza. Estaba tan acostumbrado a defenderse de los ataques que no tenía idea de cómo atacar. De hecho no recordaba haberlo hecho antes.

Atacó su lado derecho, esperando que se defendiera.

—¡No me tengas lástima! —le gritó, bloqueando sin ningún esfuerzo.

Zenitsu sin pensarlo había apuntado a esa parte pensando en que no tenía su mano izquierda. Había considerado ese detalle, porque en realidad no quería atacarlo, ni aprovecharse de esa ventaja.

Uzui lo atacó una vez, y Zenitsu sintió que sus órganos se desplazaron de forma no natural dentro de su cuerpo.

El siguiente ataque que hizo Uzui se lo detuvo sin usar la espada, sino con una patada.

—Ahora estas entendiendo. —soltó Uzui, claramente divertido.

No era un entrenamiento de espadas. Tenían las espadas porque obviamente las llevarían en una pelea, pero Uzui quería que se defendiera y atacara usando todo lo demás, mientras la espada ocupaba una de sus manos.

¿Qué ventaja real tenía contra él? No creyó ser más rápido.

Era más bajo, y trató de agacharse y girar para barrer sus piernas con una patada.

Uzui detuvo su pierna en el aire, y la levantó, haciéndolo caer de espaldas.

—Sigues atacando por la derecha. —no soltó su pierna, y Zenitsu se avergonzó de que lo tuviera prácticamente colgando, con su pierna en alto y su cadera sin tocar el suelo, como si ni siquiera le resultara pesado.

Se impulsó con la otra pierna para patear su brazo, y logró soltarse de su agarre.

No alcanzó a ponerse de pie cuando la espada volvió a caer sobre él con toda su fuerza, esta vez sobre uno de sus hombros, haciéndolo caer de boca al suelo.

Vio las intenciones de Uzui de volver a tomar su pierna, y se volteó, tomó su brazo con ambas manos, puso su pie a la altura de su abdomen y lo levantó con toda su fuerza, haciéndolo caer de boca, pasando por encima de él.

Zenitsu no pudo evitar reír, mientras le saltaba encima para impedir que se pusiera de pie.

Ninguno de los dos llevaba ya la espada.

Mientras Uzui se levantaba, Zenitsu le quiso dar un puñetazo, que bloqueó, sujetando su puño para obligarlo a girar y patear su espalda para alejarlo mientras se ponía de pie.

Zenitsu sentía que todo su cuerpo estaría morado por la mañana, pero era divertido. Era lo más divertido que había hecho desde que empezó ese jodido entrenamiento.

—No estás usando tu verdadera fuerza. —dijo Uzui, sacudiendo su ropa como si Zenitsu no le hiciera ni cosquillas.

—¿Usted dice? —gruñó mientras volvía a atacarlo.

Uzui no lo dejaba llegar a él ni lo atacaba de vuelta; claramente no lo estaba tomando en serio.

—Te he visto peleando. No se a que estamos jugando ahora.

Se molestó al escuchar eso. Tal vez al pelear en serio usaba más fuerza, pero no era algo que controlara. Si su vida y la de sus amigos estaba en peligro, obviamente usaría toda su fuerza.

—La situación no lo amerita. —se justificó.

—¿No crees que valga la pena? —sonó más serio que antes. —¿Acaso no puedes venir a mi con todo?

¿Estaba enojado porque no se enojaba? Zenitsu quería practicar con él; entrenar con él. No pelear con él.

Pero Uzui tenía otra idea de lo que era entrenamiento. Era pelear, en serio, con todas tus fuerza, pero sin dar el golpe final.

Zenitsu se preparó. Ahora si necesitaba defenderse.

Uzui comenzó a atacar, y cada golpe le hacía querer tirarse al piso hecho un ovillo y pedirle que se detuviera. Pero él lo pidió. Él quería entrenar de esa manera, y ahora que lo estaban moliendo a golpes, sólo trató de pensar en una forma de detenerlo, de crear una apertura mínima para poder atacar de vuelta.

Pudo esquivar un golpe, se agachó cuando el siguiente rozó su cabeza, y trató de hacer lo mismo que antes: tomó su brazo con ambas manos, y se dejó caer en el suelo, pateó su estómago y trató de empujarlo de cabeza hacia el otro lado.

Uzui no caería dos veces en lo mismo.

Mientras Zenitsu usaba toda su fuerza para empujarlo, Uzui usó todo su peso para volver a la posición que estaba, y como Zenitsu no cedió, perdió el equilibrio y cayó sobre él.

Zenitsu soltó su brazo para poder empujarlo y librarse, pero el peso de la situación le cayó encima de golpe. Sus piernas quedaron a ambos lados del cuerpo de Uzui, y podía sentir una de sus piernas contra su entrepierna. Unos centímetros más adelante, y Zenitsu habría terminado hablando tenor el resto de su vida.

Quiso moverse, para poder pararse, y el roce contra su pantalón le hizo estremecer. No pudo moverse. La mirada de Uzui estaba fija sobre su rostro, y Zenitsu se sonrojó. Supo que estaba al tanto de lo mismo que él, y se sintió incómodo por incontables razones.

—Muévase. —pidió.

Uzui movió su pierna, y se incorporó. Zenitsu se puso de pie más que rápido.

Estaba avergonzado, y, por qué no asumirlo, algo encendido.

Nunca le había pasado algo así. Esa… tensión. Nunca sintió algo así con nadie.

Uzui pareció descolocado por un momento, pero ahora sólo analizaba su expresión apenada.

—¿Quieres seguir? —preguntó, con mucho menos ánimo que antes.

Zenitsu negó con la cabeza, lentamente. Uzui asintió, y se sentó en el suelo, jadeando.

Él también estaba completamente sudado, y al detenerse el calor los envolvió a ambos. O eso creyó Zenitsu: que era a causa del entrenamiento.

Se sentó a su lado. No quería mirarlo a la cara, pero tampoco quería irse enseguida.

—Perdón. —murmuró. —No puedo pelear como usted quiere.

No podía sacar la energía que Tanjirou ponía al entrenar, ni enojarse de la nada como Inosuke, que no parecía tener un punto intermedio. Zenitsu no quería pelear, sólo tenía que hacerlo en ocasiones, porque no le quedaba opción.

—No quiero que pelees. —Uzui buscó su mirada, pero Zenitsu seguía con su vista en el suelo. —Pero necesito asegurarme de que sabes cómo defenderte.

Volvió a sentirse avergonzado. Que incluso Uzui estuviera preocupado por él le hacía sentir inútil. No quería que las personas se preocuparan por él, sino que lo creyeran capaz.

Aunque tampoco hacía mucho por defender esa imagen.

Recordó su charla con Tanjirou, y cómo Uzui le daba la impresión de estar sobreviviendo, más que luchando. Zenitsu se sintió comprometido a probarle que sí era capaz de defenderse, de luchar, y de sobrevivir.

—Gracias.

No sabe si Uzui entendió a lo que se refería, pero no sabía de que otra manera decirlo. Sentía que lo entendía, y que de alguna manera Uzui lograba entenderlo a él. Y se propuso dar lo mejor de si al día siguiente, y volver a pedirle ayuda. No dejaría pasar la oportunidad, ni lo decepcionaría otra vez.

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Experimentó insomnio por primera vez luego de esa tarde. Después de que Tanjirou le dijera que "olía diferente" y le preguntó si estuvo con alguien más antes de volver, se dio un baño y se acostó.

Por su respiración, sabía que Tanjirou tampoco estaba dormido, pero no quiso hablar con él. No tenía mucho que decir, tampoco. "Tuve una erección porque Uzui se ve increíblemente sexy cuando estás debajo de él" no era una buena charla antes de dormir.

Sólo se quedó mirando el techo, pensando, repitiendo la situación una y otra vez en su mente. Cómo parecieron entumecerse todos sus músculos, y cómo su respiración se había agitado instantáneamente. Su propio cuerpo lo había traicionado.

Se preguntó cuánto de esto fue transparente para Uzui.

Entendió un poco más la idea de ese entrenamiento, y que no esperaba de él más de lo que ya sabía que era capaz de entregar. Si ya lo había visto usando las respiraciones, era obvio que se iba a sentir engañado si lo veía chocar contra un árbol mientras trotaba.

Tocó su brazo por inercia al recordar la herida, y cerró los ojos con la idea de dar lo mejor de si mismo mañana.

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Cuando llegó, trató de recordar en donde habían puesto todas las rocas y troncos, pero no pudo, y asumió que se quebraría las piernas al igual que el resto.

Su ventaja sería ir con más cautela.

Aunque nunca iba rápido, sinceramente, y sintió que era justo advertir a Inosuke.

—El camino es diferente hoy. —dijo. No "me quedé toda la tarde cambiando el camino para hoy", pero pensó que sería suficiente.

—¿Acabas de notarlo? —le preguntó, y Zenitsu no supo de qué se estaba preocupando.

Todos parecieron motivarse al notar el cambio. Corrieron manteniendo el ritmo, pero más alerta que los días anteriores. Supuso que lo había logrado.

Zenitsu sabía que la prueba para él no era esa. Uzui quería ver lo mismo que mostró cuando peleó contra el demonio, y estaba bastante dispuesto a dejarlo satisfecho.

Tomó aire, cerró los ojos, exhaló. Sintió que su sangre hervía, y al abrir los ojos otra vez, pudo ver el circuito completo claramente, y lo recorrió como un rayo, pasando junto al resto en menos de un segundo, terminándolo antes que todos, sólo seguido de cerca por Inosuke, que le gritaba que la siguiente vuelta hicieran una carrera.

Miró de reojo, buscando a Uzui de forma disimulada. Se dio cuenta de que no era bueno disimulando cuando Uzui le sonrió de vuelta. Sintió cosquillas en el estómago. Aceptó el reto de Inosuke, y el resto de la jornada fue agotadora, pero sumamente divertida. Le ganó casi todas las carreras. Sólo perdió tres: la primera, porque Inosuke lo empujó a mitad de camino. La segunda, porque tropezó al distraerse. Y la tercera, porque sintió que si Inosuke no le ganaba no pararían de correr nunca más, y en serio necesitaba descansar.

Terminó tirado en el piso, mirando hacia arriba, jadeando.

Cerró los ojos porque el sol le molestaba, y al notar que algo le hizo sombra de pronto, los abrió, encontrándose con el cabello negro de Inosuke demasiado cerca de su rostro.

—¡¿Qué haces?! —se escandalizó de forma exagerada al incorporarse.

—Compruebo que no hubieras muerto. —respondió, y desgraciadamente su respuesta era honesta.

Lo miró ofendido, pero no le afectó en nada.

Uzui apareció junto a ellos. Inosuke se puso alerta, y Zenitsu sonrió. Para bien o para mal, ya se había acostumbrado a sus apariciones ninja.

—Ambos pueden pasar al siguiente entrenamiento. —dijo, agachándose junto a ellos.

Inosuke se puso a gritar y celebrar, luego corrió a decírselo al resto.

Zenitsu sonrió al verlo feliz, y luego volteó a ver a Uzui, pero no alcanzó a decir nada, porque Uzui pasó su mano por su cabello, en una caricia, y luego lo sacudió de forma amistosa.

—Buen trabajo. —lo miró desde arriba y sonrió. Zenitsu sintió su rostro arder, y lo vio voltear para irse.

—O- ¡Espere! —gritó, mientras se ponía de pie para quedar más cerca de él. —¿Eso significa que no volveré aquí?

—Puedes volver cuando quieras, pero ahora entrenaras con otro pilar durante el día.

Sintió pánico al pensar en ello. Si bien fue bastante duro estar en ese entrenamiento, tenía el espectro completo de personalidades extremas con el resto de los pilares, y para nada quería pasar tantos días con ellos.

—¿Podemos pelear otra vez esta tarde? —preguntó, casi rogando.

—De acuerdo. —Uzui aceptó de inmediato, con una sonrisa, y Zenitsu se sintió aliviado de que quisiera volver a estar con él luego de… lo que sea que pasó el día anterior.

Se quedó más tiempo que el resto, esperando que se fueran, para caminar hasta el lugar en el que estuvieron el día anterior. Uzui ni siquiera se molestó en llevar espadas.

El enfrentamiento fue más o menos parejo. Más o menos porque dio menos pena que ayer, pero la ventaja de Uzui seguía siendo clara.

—Aprecio el empeño, pero ni siquiera he empezado a sudar. —dijo, a modo de burla.

Zenitsu estaba a punto de morir.

—Porque usted no corrió por horas antes de esto. —se quejó.

—Deja de quejarte. Me voy a dormir si no me llega un golpe.

Zenitsu no era de responder a las provocaciones. No lo lograba Inosuke, no lo logró Kaigaku tampoco. Pero había algo en la forma que tenía Uzui para decir las cosas que lo hacía arder. Le provocaba ganas de gritarle, y saltarle encima para callarlo.

Fingió que barrería sus piernas para que bajara la guardia, y le dio un golpe en el estómago, para luego alejarlo de una patada, tomando distancia enseguida, sabiendo que sus golpes no le hacían ni el más mínimo daño.

A Uzui no le tomaba ni un segundo retomar el ritmo de la pelea, y se acercó a golpear su rostro. Zenitsu lo esquivó, hizo ademán de volver a golpear su estómago, esperando que su postura se hiciera firme al esperar el golpe. Y cuando vio sus pies clavados al suelo, le dio una patada en el pecho, más para empujarlo que para hacerle daño.

Estaba dispuesto a tomar ventaja de los obstáculos desde que los puso, y apenas comenzaron a pelear tuvo en mente la roca junto a Uzui. Sólo debía esperar el momento exacto en el que Uzui se pusiera de pie frente a ella para aprovecharla.

Y funcionó. Perdió el equilibrio y cayó seco de espaldas al suelo. Un quejido ronco salió de sus labios, y Zenitsu casi se sintió mal por él. Si no fuera porque ya le había hecho lo mismo incontables veces.

Tengen cerró los ojos, y Zenitsu se acercó a verlo.

—Mal. —dijo, asustando a Zenitsu, que no alcanzó a escapar cuando Uzui se incorporó y lo hizo caer sobre él al jalarlo del brazo.

No pudo pensar en nada. Su cerebro pareció apagarse de forma automática en el momento que se descubrió encima de él.

Aterrizó de forma torpe con sus rodillas a cada lado de su abdomen, y su mano libre sobre su pecho, para frenar la caída. Su otra mano aún prisionera de su agarre.

Ni siquiera hizo el intento por soltarse.

—¿Nos vamos a despedir como corresponde? —Uzui tenía esa sonrisa de medio lado en la que Zenitsu no podía dejar de pensar.

Primero en serio no entendió a lo que se refería. Luego de cambiar el peso de sus rodillas a apoyarse completamente sobre las caderas de Tengen, notó, sintió, su erección, y le hubiera gustado no entender a lo que se refería.

Pero sintió tanto calor, que lo único que quería era decirle que si.

No pudo articular ninguna palabra, y sólo asintió torpemente.

Uzui se incorporó y lo sujetó de la cintura, invitándolo a ponerse cómodo.

Zenitsu también iba sin camiseta, y ahora que Uzui se había levantado podía sentir su piel contra la suya. Su pecho contra el suyo.

Volvió a sentir su erección por debajo de la ropa, y se sonrojó de forma violenta. Se abrazó a su cuello, escondiendo su rostro por la vergüenza.

—Puedes tocar también. —invitó Uzui. —No muerdo. A menos que quieras.

Zenitsu sintió que sólo escucharlo decir ese tipo de cosas cerca de su oído eran suficiente estímulo para mandarlo con los dioses, y cuando pensó que no podía estar más extasiado, una mano se coló por sus pantalones.

Ni siquiera notó el momento en que les quitó el botón, pero ya estaban bajando de sus caderas hasta sus muslos.

—Espera. —pidió.

Tengen pareció asustarse, pero Zenitsu tendría que haber estado loco para hacerlo detenerse ahora. Sólo quería ayudarle a deshacerse de su pantalón, y al estar de vuelta encima de él, desabotonar también el suyo.

Uzui parecía disfrutarlo, porque lo observó con atención mientras peleaba con el pequeño botón, mientras sus manos temblaban con nerviosismo.

Zenitsu estaba avergonzado, y bastante nervioso, pero confiaba en Uzui, y sabía plenamente lo que estaba haciendo.

Nunca se sintió de esa manera antes, y las sensaciones que recorrían su cuerpo en ese momento amenazaban con hacerlo desmayar.

Volvió a envolver el cuello de Uzui con sus brazos cuando sintió su miembro entre sus piernas, y tomó aire cuando lo sintió, poco a poco, dentro de él.

Seguían en el bosque, a vista de cualquiera que quisiera dar una vuelta, y aún sabiéndolo, Zenitsu se dio el lujo de gemir contra su oído. Tengen reaccionó de inmediato, clavando sus dedos contra su cadera, con la fuerza necesaria para incitarlo a seguir bajando, pero el ritmo lo marcaba Zenitsu.

Volvió a bajar, lenta, dolorosamente, sacándole a Uzui un gemido ronco. Comenzó a moverse, mientras sentía que su cuerpo se derretía entre sus brazos, y dejaba escapar esos gemidos lentos. Uzui no dejó de buscar su oído y cuello, dejando mordidas suaves que Zenitsu supo de igual forma dejarían marca.

Comenzó a masturbarlo al tiempo que lo penetraba, y Zenitsu se dejó llevar, entregado por completo a esa nueva sensación, a ese placer al que supo que se haría adicto.

.

Estaba oscuro. Pasó por el pasillo casi corriendo, directo a darse un baño. Lo único que pedía era que Tanjirou ya estuviera dormido.

Pero eso sería demasiado bueno para ser verdad.

Entró al cuarto, ya bañado, con ropa limpia, y lo primero que Tanjirou hizo fue cubrirse el rostro con ambas manos.

—No digas nada. —rogó mientras caminaba hasta su cama.

—No juzgo.

Se acostó boca arriba en su propia cama, mirando el techo, y decidió que tal vez si quería hablar sobre eso.

—Júzgame. —pidió.

Tanjirou sonrió, más divertido que incómodo. Zenitsu pensó en su olfato, y la cantidad de hermanos que tenía: obviamente no lo pasaría por alto.

—¿Cómo estás? —preguntó.

Zenitsu estaba en las nubes, nada menos.

—Perfecto. —respondió.

—¿Tan bueno estuvo?

—Podría llorar. —confesó.

—¿Eso es… bueno?

—En este caso, si. —quería hablarle de manera honesta, pero recordó que esa sería su última tarde con Uzui, y quiso llorar en serio. —Ya terminé el entrenamiento.

—Si, Inosuke me lo dijo.

—Me duele la espalda.

—Me imagino.

Se miraron de reojo, y comenzaron a reír a carcajadas.

—No puedo creer que casi me sentí mal por ti por pasarla tan mal entrenando. —se quejó Tanjirou, sin dejar de reír.

—¡Es que sí la estaba pasando mal! —soltó, sin lograr más que un resoplido indignado de Tanjirou. —Pero… no sé, fue la despedida.

—Claro.

—¡En serio!

—No volveré a sentir pena por ti. Cuando te toque con los demás voy a burlarme.

Tanjirou era físicamente incapaz de burlarse de alguien, pero Zenitsu apreciaba la intención. No había pensado en los demás pillares hasta ahora, y le apenó pensar que había empezado con el mejor entrenamiento, para terminar quién sabe con qué.

También se lamentó por la cantidad de días que perdieron, consolándose en que tal vez lo compensaron un poco ese último día.

El siguiente entrenamiento lo terminó en dos días, superando a Inosuke, incluso. Era de velocidad, y le resultó tan fácil seguir el ritmo que le asustaba.

Avanzó relativamente bien, a la par con el resto, al menos. Eso le indicaba que estaba en forma.

Tanjirou se sumó al entrenamiento, pero no coincidieron hasta que logró alcanzarlo en el peor. No, eso no era entrenamiento, era una matanza sin piedad alguna.

Trataba de escapar unas cinco veces por día, era noqueado en el camino y despertaba por los gritos del resto, y Sanemi gritando que se levantara y se incorporara.

Inosuke parecía el único acostumbrado a los golpes, y cada vez era mejor reaccionando para golpearlo de vuelta. Al parecer, para él era divertido no ponerle límite a su fuerza, y Sanemi no medía ninguna técnica: te golpeaba hasta que no eras capaz de ponerte de pie.

Zenitsu ni siquiera sentía las manos. Como pudo, moviendo sus extremidades por inercia, volvió a arrastrarse fuera del campo visual de Sanemi, y apenas dejó de verlo corrió lo más lejos posible, mínimo hasta dejar de escuchar los gritos.

Pasó su mano por sus hombros, sus brazos, su torso. Había un moratón en cada centímetro de su cuerpo. Si no había vomitado, era solo porque no había comido nada desde el día anterior, precisamente para prevenirlo.

Escuchó los pasos de Sanemi a sus espaldas, y sabía que no tardaría en encontrarlo si no escapaba ahora.

Siguió corriendo, como si su vida dependiera de ello. Porque en el fondo sí lo sentía de esa manera.

No se le ocurrió un lugar mejor para esconderse que con Uzui. En parte porque quería estar con él, y porque sabía que Sanemi no tenía por qué buscarlo ahí.

Sonaba bien para él.

Encontró a Uzui afuera, amarrando unas ramas con una cuerda, cuando lo escuchó corriendo en su dirección. Detuvo lo que fuera que hacía, y se carcajeó al verlo en ese estado.

—¿Shinazugawa? —adivinó.

—¡Sálvame! —rogó. —Está demente, en serio. Va a matarme si me encuentra.

—¿Ahora extrañas correr en círculos aquí?

—¡Ayúdame! No estoy exagerando.

Uzui volvió a reír.

—Sé que no.

Volvió a escucharlo acercarse, y abrió mucho los ojos. Uzui seguía riéndose de él.

—Entra, entonces. —cedió.

Zenitsu corrió dentro de la casa. Nadie podía decir ahora que no le confiaba su vida a Tengen.

Escuchó los pasos de Sanemi llegar hasta ahí, y se le hizo difícil no contener la respiración.

—¿Está aquí? —lo escuchó preguntar. Solo su voz provocó que a Zenitsu se le pusieran en punta los vellos de todo el cuerpo.

—No. —respondió Uzui.

Zenitsu no podía mirarlo, pero pudo imaginar claramente la sonrisa que había en su rostro, y temió que eso enojara aun más a Sanemi, que ya estaba al borde del desquicio.

—Voy a entrar a sacarlo. —amenazó.

Zenitsu casi se pone a rezar de rodillas desde donde estaba.

—¿Te atreves? —retó Tengen.

El silencio fue mortal después de esas palabras, y la tensión entre ellos se podía cortar con espada.

¿Acababa de comenzar una guerra a causa suya?

El sonido de los pasos de Sanemi alejándose le devolvieron el alma al cuerpo.

Volvió a salir con cautela. Uzui volvió a sus ramas, como si no acabara de buscar pelea con un pilar por su culpa.

—Gracias. —se inclinó a modo de disculpa por las molestias.

—¿Te vas a quedar?

—No, prefiero volver a recuperar energía, porque esto se va a acumular mañana y si no me preparo va a matarme.

—Me lo debes. —buscó verle a la cara cuando lo dijo, para hacerle entender a lo que se refería.

Su sonrisa era tan coqueta a veces que Zenitsu olvidaba con quien estaba hablando. Pasaba de respetarlo por haber sido un pilar, a querer preguntarle si podía saltarle encima aquí y ahora.

Culpaba de eso a su falta de sueño, comida y criterio.

—Lo sé. —asumió, caminando junto a él para pasar su mano por su brazo lentamente, sin detenerse.

Le sonrió de la misma manera, y Uzui negó con la cabeza, sonriendo.

Zenitsu se cercioró por última vez de que Sanemi se encontrara lejos, y salió corriendo de vuelta donde Shinobu.

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Zenitsu jamás imaginó que las cosas se darían de la forma que se dieron para ellos. Si alguna vez soñó con una situación similar, nunca creyó posible que pudiera pasarle a él.

Uzui era con ventaja la persona más atractiva que había conocido, y parecía un milagro que estuviera interesado en él. Sabía que gran parte de su propio interés era porque sentía la necesidad de estar con él de forma sexual, y no tenía ningún problema en asumirlo. Tengen le había dicho algo parecido; que le gustaba, pero que el sexo estaba a otro nivel.

Zenitsu nunca estuvo con nadie, y no tenía parámetros para compararlo con alguien más, pero entendía lo que decía. Si Uzui se sentía igual de bien como él se sentía, entonces no exageraba para nada.

Pasaba con él al menos una vez por semana, cuando le daba el tiempo entre entrenamientos. Ir a gastar su energía de esa forma con él era, sorpresivamente, una inyección de energía para los siguientes días.

Llegó a conocer a Tengen de tal forma que era capaz de hacerlo venirse en menos de veinte minutos, o solo con sus manos. Y sabía que ese pensamiento iba en ambas direcciones, porque había perdido la cuenta de las veces que su mente se fue a negro mientras su cuerpo apenas le respondía debido a los espasmos, mientras se derretía debajo de su cuerpo, gimiendo sin ningún tipo de tapujo.

Uzui no le permitía cohibirse. Le había dicho desde el principio que le gustaba escucharlo, y que fuera escandaloso. Que gimiera y le jalara del pelo, y le rogara a gritos que se lo hiciera con más fuerza.

Zenitsu miraba por la ventana del cuarto mientras se sorprendía de si mismo pensando en eso, y cómo era capaz de seguir interactuando con él de forma casual cuando no estaban solos. Sólo en ese punto se dio cuenta de que es en realidad algo que hacen todas las personas, y en su inocencia y transparencia infantil no se había dado cuenta antes.

Tanjirou entró al cuarto con él, y se sentó en su cama, como siempre hacían a esa hora, para conversar un rato antes de dormir.

Tanjirou había comenzado días después, pero ya los había alcanzado. Ahora estaban los cuatro estancados en el entrenamiento infernal de Himejima, y sólo Genya era capaz de mover la roca, pero no el tramo suficiente para pasar al siguiente.

Zenitsu estaba seguro de que Tanjirou iba a superarlo pronto.

—¿Cómo estás? —preguntó, seguramente extrañado de que no se haya quejado por nada hasta ahora.

—Cansado. —respondió, honestamente.

—¿Ya diste tu primer beso? —preguntó, sonriendo.

Zenitsu se contagió con su humor enseguida, y se alejó de la ventana para ir a sentarse de piernas cruzadas sobre su propia cama.

—Supéralo. —pidió. —Es cierto, además, no se qué te da tanta risa.

Tanjirou, en una noche que estaba de especial buen humor, le dijo que había besado a Tomioka. Él, Tanjirou, que te pedía permiso para tomarte de la mano, había besado al pilar de agua.

Y Zenitsu confesó jamás haber besado a nadie, y cuando Tanjirou le preguntó si en serio no se besaba con Uzui, Zenitsu respondió, literalmente: "Me la metió antes de darme un beso".

Y ahora, luego de más de un mes, seguía riéndose hasta las lágrimas.

—¡Es la forma en que lo dijiste! —explicó. —No tienes vergüenza.

Zenitsu suspiró. Era cierto, supuso. Le tenía tanta confianza y se sentía tan a gusto con todo últimamente que no se ponía ningún filtro al hablar con él. Y luego de hablar con Tengen tan vulgarmente, era lógico que su lengua estuviera más suelta.

—Tú fuiste el que preguntó.

—Asumo un poquito de culpa, entonces. —cedió, aún riendo.

Zenitsu se sentía cómodo, tal cual estaban las cosas, aunque Tanjirou les estuviera tomando ventaja, no estaban en ninguna competencia, y su propio rendimiento era tan bueno que él mismo estaba sorprendido de todo lo que era capaz.

Se sentía poco a poco más cerca de convertirse en un pilar.

O al menos solía sentirse de esa manera, hasta el día que llegó la jodida carta.

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La carta.

Estaba en uno de los entrenamientos cuando un cuervo llegó y le entregó una carta.

La abrió en el momento, y el aire abandonó sus pulmones por completo, haciéndolo sentir vacío, y una presión insoportable empujaba su pecho después de leer cada línea.

Jigoro Kuwajima, su abuelo y ex pilar, había cometido seppuku.

El hombre que lo salvó, lo crio y lo entrenó, se había suicidado a causa de que su aprendiz, Kaigaku, se había convertido en un demonio.

Dobló la hoja con cuidado y la guardó entre su ropa. Era demasiado.

Repasó la información una y otra vez en su mente. Pensó en su abuelo, en la carta que hace poco le envió y que Zenitsu jamás respondió. Fue capaz de imaginarse sus últimos momentos, su agonía eterna.

Kaigaku era brillante. Era mejor que él en todo, valiente, fuerte, y a sus ojos un heredero más que ejemplar y digno.

Pensó en la rabia que debió sentir su abuelo, la vergüenza, o tal vez sólo tristeza al enterarse, y tal vez ser recriminado por ello.

Entonces el nudo en su garganta se hizo imposible de tragar.

No tenía la culpa. Sabía que no era culpa de su abuelo, que daba todo por ellos y no hizo más que convertirlos en luchadores, y ponerlos en un buen camino.

No merecía esto. Ese hombre no merecía terminar sus días de esa forma, y mucho menos sólo.

No pudo concentrarse en otra cosa el resto del día. La imagen de su abuelo, sus recuerdos junto a él y su hermano invadieron su mente por completo, mientras su cabeza dolía de tanto pensar, buscando un indicio, un momento que le diera la más mínima señal de que las cosas terminarían de forma tan trágica.

Tanjirou se acercó a él en cierto momento, diciéndole que le tenía preocupado.

Le respondió de forma automática, algo como que no necesitaba que se preocupara, que sólo pensaba en lo que debía hacer.

Poco a poco comenzó a sentir rabia, y eso nubló su visión y su memoria. Recordar la imagen de Kaigaku le hacía daño, y lo culpaba por haber demostrado ser débil a fin de cuentas, porque renunciar a lo duro que trabajaste por obtener algo de poder y la supuesta inmortalidad era cobarde.

Y si debía encargarse de terminar con su hermano él mismo, entonces estaba decidido a hacerlo.

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Su única meta era llegar directo a dormir. O por último a acostarse, y fingir que estaba dormido, para no tener que hablar con nadie. Tanjirou sabía que no se encontraba bien, y si hablaba del tema iba a quebrarse. Y no era como si no lo hubieran visto llorar antes, pero era diferente. Era… algo que no iban a entender. No había manera de ponerse en el lugar de una persona que acababa de perder a alguien tan preciado de una forma tan dolorosa y agónica.

Pero en su camino, vista al suelo y paso rápido, fue interceptado. Y notar la presencia frente a el de repente le hizo identificarlo de inmediato, y no ser capaz de levantar la mirada y enfrentarlo.

No, por favor, no ahora. Era lo que pensaba.

—Oye. —lo obligó a mostrarle la cara, tomándolo de la quijada. —Mírame.

Apenas sus miradas se encontraron, rompió en llanto. Las lágrimas no tardaron en aparecer, y su garganta ardía como si estuviera siendo desgarrada. Su cabeza dolía y su rostro comenzó a arder. Se cubrió la cara con ambas manos, y Uzui lo atrajo contra su cuerpo en un abrazo apretado, sin decir una palabra.

Lo sabía. Fue un pilar también, lo conocía, claro que ya lo sabía.

Zenitsu le habló en unas cuantas ocasiones de su abuelo, y supuso que Uzui lo buscó apenas se enteró, asumiendo que estaría hecho mierda.

No descubrió su rostro, ni buscó abrazarlo de vuelta. Sólo lloró y se desahogó, esperando que no lo soltara aún.

Uzui lo sostuvo hasta que dejó de llorar, y descubrió su rostro, secando las lágrimas que aún bajaban por sus mejillas.

Lo esperó pacientemente, sin pedirle que se compusiera, ni regañarlo para que dejara de llorar. Era la primera vez que alguien no le pedía que dejara de llorar luego de verlo llorando. No era algo que podías superar con un "Olvídalo; no pienses más en ello", sino algo por lo que debías pasar sólo, y cada persona lo hacía de forma diferente. Era estúpido esperar que alguien reaccionara como lo harías tú, y Uzui lo sabía. Y lo respetaba; por lo que esperó.

Cuando fue capaz de calmarse, Uzui le preguntó si necesitaba hablar sobre ello.

Zenitsu creyó que no debería, pero las palabras salían solas por su boca. Estaba enojado, y las lágrimas no dejaron de caer mientras hablaba de su abuelo y despotricaba en contra de su hermano, argumentando que si no fuera por él, su abuelo no hubiera tenido que suicidarse.

—Y si yo no hubiera intervenido en sus vidas, Kaigaku no habría terminado siendo un demonio. —gritó, y un peso abandonó su pecho.

Sentía culpa por haber sido adoptado, por intervenir su entrenamiento, y por ser tan llorón, consentido y cobarde, y haber tenido que obligar a Kaigaku a compartir el alero de su mentor con alguien así de patético.

Fue el momento en que Uzui intervino.

La forma en que posó su mano sobre su rostro era el tacto más delicado que Zenitsu había recibido, y al presionar sus labios contra los suyos, con ansias, pero sobre todo con cariño, le obligó a cerrar los ojos, haciendo un esfuerzo por concentrar todos sus pensamientos en ese momento, en ese sentimiento, en ese acalorado beso que parecía disolver todo su dolor poco a poco.

Uzui se detuvo, y pegó su frente a la suya, esta vez colocando su mano contra su nuca con firmeza.

—No es tu culpa. —soltó, con decisión, en un tono parecido a un regaño. Sus lágrimas amenazaron con volver a salir, pero no se lo permitió. —Los errores que el resto cometa en vida no son tu culpa, por más vinculadas que esas vidas hayan estado con la tuya.

Zenitsu se mordió el labio, para no dejar en evidencia que estaba temblando.

—¿Lo entiendes? —esperó respuesta, pero no era capaz de hablar. —Dime que lo sabes.

—Lo sé. —gimoteó en un susurro tembloroso.

—¿Lo sabes?

—¡Lo sé! –su voz seguía temblorosa, pero asintió convencido, metiendo esa idea en su cabeza.

Uzui volvió a abrazarlo, y esta vez le correspondió.

—¿Ya decidiste lo que vas a hacer? —le preguntó, y Zenitsu asintió, aún con su rostro escondido contra su pecho. —Vamos a entrenar juntos, entonces.

No le hizo más preguntas. No le pidió detalles, tampoco. Zenitsu decidió encargarse de su hermano él mismo, y terminar con eso de una vez. No permitiría que su decisión egoísta siguiera ensuciando el nombre de su abuelo.

Las lágrimas siguieron cayendo por sus mejillas, pero ya no sentía ira. Se sentía protegido, apoyado, y seguro de la decisión que había tomado.

Se aferró a Tengen por un rato, lo suficiente para que las cosas volvieran a tomar sentido y su cabeza se ordenara, al igual que su corazón, hasta cargarse de energía, convicción y coraje, para enfrentar junto a él la nueva meta que se le había impuesto, y poder salir intacto, porque cuando todo llegara a su fin, quería volver a sus brazos.

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Y ojalá que nada te duela,

pero si te duele que te sirva de escuela.

Y ojalá que te enamores muchas veces,

porque con un beso lo malo desaparece.

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N.A: Esta historia es una montaña rusa de principio a fin y quien haya llegado hasta aquí sin terminar como ese tipo de Split tiene todo mi respeto. Siento que podría escribir sobre estos dos eternamente, pero ya vieron como de a poquito me voy yendo a la mierda.

Son las 4 a.m. y ya tengo el horario de sueño corrido sus doce horas mínimo.

¡Muchas gracias por leer!


Mayo 2020

Santiago de Chile