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¡Hola! Aquí estoy con un nuevo capítulo, espero y les guste recuerden que esta historia es propiedad de Lynne Graham, y que yo solo la estoy adaptando a la versión Krumione.

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Advertencias: Mágic AU (Mundo Mágico Alternativo) y creo que un poco de OC (Alteración de carácter)

Disclaimer: los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador.

Capítulo II

Hermione se quedó petrificada, una especie de aturdimiento se había apoderado tanto de su cuerpo como de su cerebro

¿Rita Skeeter había inventado todo? ¿No había sido más que una cruel mentira?

De pronto tenía la sensación de haberse quedado hueca. Viktor no la había traicionado, él no había mentido y ella... ¿Y ella? Ella había preferido pensar lo peor de él y se había negado a aceptar sus explicaciones, le había dado la espalda a su marido y a su matrimonio. Aquella agonía la estaba devorando viva, era como caer en un abismo.

—Me equivoqué... Juzgué mal a Viktor... —

—¡¿Qué hiciste qué?! —preguntó su amigo pelirrojo casi gritando, al tiempo que le arrancaba el periódico de las manos con evidente impaciencia.

La castaña se pasó la mano por la frente cubierta de sudor, la culpabilidad hacía que le retumbaran las sienes y tenía la sensación de no poder afrontar la enormidad de su error. Aquella confesión la había golpeado como golpeaba una piedra contra un cristal haciéndolo pedazos, el mundo que había reinventado se le derrumbaba en una décima de segundo, había pasado de ser una mujer que creía haber actuado correctamente abandonando a su marido infiel a convertirse en una que había cometido un tremendo error con el que había hecho daño al hombre al que amaba y a su querido hijo.

—¿No irás a creerte esta basura? —inquirió Ron en tono despreciativo—. Ahora que los medios no le hacen ni caso, Skeeter haría o diría cualquier cosa para que su nombre volviera a los titulares.—

—No... su historia coincide exactamente con lo que Viktor me dijo en su momento, pero... —su voz fue perdiendo fuerza hasta quebrarse con la llegada del llanto que ella luchaba por contener— Pero yo no quise escucharlo...—

—¡Claro que no lo escuchaste! —la interrumpió Weasley— Eras demasiado sensata como para escuchar sus mentiras. Sabías que antes de casarse contigo, tenía una reputación muy dudosa. ¿Acaso no intenté yo avisarte?—

Mucha gente había intentado prevenir a Hermione para que no se casara con Viktor Krum; de hecho nadie parecía haberse alegrado de su unión. Ni la familia de él ni ninguno de los amigos de ella. Todos se habían sorprendido de su decisión y habían dudado de que hubiera muchas posibilidades de que tan extraña pareja tuviera éxito, hasta los que se suponía que les deseaban lo mejor le habían dicho a Mione que era demasiado tranquila, demasiado reservada y estudiosa y demasiado poco apasionada para un hombre tan mundano como Krum.

Ella había escuchado todos aquellos preocupados consejos que habían conseguido hacerla sentirse insegura incluso antes de la boda, sin embargo al final del día, el búlgaro sólo había tenido que chascar los dedos para que ella acudiera corriendo contra viento y marea. Lo había amado más que a su propia vida y se había sentido desprotegida e indefensa ante el poder de aquel amor.

—De todos modos, ahora ya estás prácticamente divorciada —le recordó Ronald duramente— Nunca debiste haberte casado con él, eran totalmente incompatibles—

Hermione no dijo nada, tenía la mirada perdida en el vacío, inmersa en un torbellino de sentimientos. Viktor no la había traicionado en los brazos de otra mujer. Rita Skeeter una burda periodista rubia, se había colado en aquella fiesta, que hizo el equipo búlgaro en un barco luego de que ganaran la Eurocopa del Quidditch. Recordó Hermione, según Rita la mujer con la que marido, supuestamente había engañado, era una fanática que de algún modo consiguió que uno de los jugadores la contratara para servir de acompañante a su hija en la fiesta y al mismo tiempo ayudarla a practicar el idioma.

Cuando aquellas detalladas revelaciones habían salido a la luz, nadie se había sentido en posición de confirmar o contradecir tales afirmaciones.

Nadie excepto Viktor...

Hermione sintió una náusea, había castigado a su esposo por un pecado que no había cometido, en lugar de tener fe en el hombre con el que se había casado.

Viktor era inocente, lo que significaba que toda la agonía por la que ella había pasado en los dos últimos años había sido exclusivamente por su propia culpa.

Aquélla era una realidad muy dura de aceptar de repente, pero la castaña tenía la suficiente humildad para aceptar su error y dar el paso más importante, disculparse por el daño que le había infligido a Krum.

Sabía perfectamente qué era lo que debía hacer.

—Necesito ver a Viktor... —murmuró enseguida.

—¿Es que no has escuchado nada de lo que te he dicho? ¿Para qué demonios necesitas ver a Krum?—

Hermione se encontraba en estado de shock y a pesar de estar actuando con el piloto automático, la aplastante necesidad de ver al búlgaro la guiaba como una antorcha en mitad de un túnel oscuro.

Hacía casi dos años desde la última vez que lo había visto, pues desde entonces los abogados se habían encargado de todo el proceso legal y una niñera era la que recogía a Matthew para llevarlo con él. La acomodada situación económica de él le había permitido no tener que tolerar ningún encuentro personal con su mujer después de la separación.

—Tengo que verlo —mientras hablaba, la castaña estaba ideando torpemente la manera de desplazarse a Bulgaria. Como aquel día le tocaba trabajar, Astoria estaba a punto de llegar para cuidar a Matthew y se quedaría allí hasta las seis de la tarde—¿Vas a salir esta noche? —

—No... No lo he pensado —respondió Ron sorprendido por el súbito cambio de tema.

—No sé a qué hora conseguiré ver a Viktor seguramente no sea una de sus visitas más esperadas, así que supongo que volveré tarde —le explicó con ansiedad—. Puedo pedirle a Tori que se quede un poco más y acueste a Matthew. ¿Podrás tú cuidarlo hasta que yo vuelva?—

—Si vas a ver a Krum, cometerás el mayor error de tu vida —vaticinó su amigo con vehemencia.

—Tengo que disculparme... es lo menos que puedo hacer—

En el tenso silencio que se hizo en la habitación, apareció una luz que iluminó a Ronald. —Quizá no sea tan mala idea, podrías aprovechar la oportunidad para decirle que estás completamente arruinada... —

—¡Jamás podría hacer eso! —saltó la castaña de inmediato.

—Entonces yo no podré cuidar de Matthew —contraatacó su amigo sin titubear.

La rabia y la vergüenza luchaban dentro de ella—Está bien... mencionaré el tema y veré si puedo hacer algo...—

Su capitulación provocó una sonrisa en el pelirrojo. —Muy bien... entonces sólo por esta vez, haré de niñera. Esperemos que Vicky se sienta muy generoso cuando te vea humillarte ante él. —

Nada más enterarse de la llegada de Hermione, Viktor solicitó hacer un descanso en el entrenamiento.

Al verla de pie en la entrada recepción del club, se quedó inmóvil apretando sus manos enguantadas. En mitad de la enorme sala Hermione parecía diminuta e insignificante, el pantalón y el suéter marrón que llevaba estaban deformados y probablemente tenía otros dos o tres conjuntos iguales. Ella odiaba ir de tiendas y comprar las cosas de tres en tres la ayudaba a espaciar aquella obligación al máximo.

Lejos de la atención que él le había prestado, había abandonado rápidamente el estilo que su madre y su hermana le habían inculcado y había regresado a su falta de elegancia. Llevaba las uñas sin pintar y el pelo castaño y rizado recogido con un simple prendedor de plástico. Con aquella indumentaria, no era el tipo de mujer que hacía que los hombres se volvieran a mirarla por la calle y sin embargo a los ojos de él tenía una belleza luminosa que ni la más aburrida vestimenta podía ocultar.

Paseó la mirada por la porción de hombro que dejaba entrever el suéter y después recorrió aquel delicado y femenino perfil, una oleada de deseo le hizo reaccionar apretando los puños enguantados con fuerzas. En otro tiempo la había considerado dulce y leal hasta la muerte, su calidez y su modestia lo habían cautivado, y su sinceridad y su altruismo habían influido enormemente en su desdeñosa visión del mundo.

No había nada falso en ella.

Viktor había creído a ciencia cierta que había encontrado un tesoro, había creído que su matrimonio funcionaría mientras tantos otros fracasaban. Él era un hombre para el que el fracaso era terreno prohibido y había elegido a la que sería su esposa con extremado cuidado. Pero Hermione no había resultado ser digna de la reliquia que él había puesto en su dedo. Apartó la mirada con justificada ira, pero enseguida su cerebro enfrió el fuego de su sangre.

¿Por qué motivo había interrumpido el importante entrenamiento que estaba manteniendo?

Por un momento se había dejado llevar por las buenas maneras, decidió dándose media vuelta. Después de todo, él no la había invitado a que se presentara en su Club a mitad de un entrenamiento con la idea de recibir su atención.

Krum tenía que admitir que aquella reacción ante la confesión de Skeeter era muy típica de ella y él mismo podría haberla previsto. Conocía muy bien a la inglesa, de hecho, en otro tiempo se había preciado de sobresalir en todo lo que ella era un verdadero desastre. A pesar de su aparente seriedad, la castaña podía reaccionar con una increíble impulsividad a la que la arrastraban sus indisciplinadas emociones. Siempre había estado completamente ciega a las oscuras motivaciones que podían impulsar a otros a actuar, por lo que era incapaz de protegerse contra la manipulación.

Esa había la razón por la que casi terminaron cuando salían, sus más allegados la persuadieron para que lo dejara. Entre ellos su raro amigo pelirrojo.

Era capaz de luchar a muerte para encontrar un acto redentor hasta en el ser humano más deplorable.

Pero Krum no tenía la intención de redimirse ante ella, tampoco deseaba verla y aquella repentina visita le parecía una insensatez que podría dejarla en ridículo. Era una torpeza aparecer allí el mismo día en que se había publicado la confesión de Rita Skeeter.

¿Acaso Hermione no tenía el más mínimo sentido común cuando se trazaba algo?

A menudo había creído que no, ella tenía por costumbre seguir sus objetivos sin mirara a los lados, si la prensa se enteraba de que estaba allí, aparecerían hordas de paparazzi. Así que, sin querer dedicarle más tiempo, el azabache reanudó sus pasos, esa vez de vuelta a su entrenamiento.

Hermione tomó asiento sin sospechar que habían estado observándola detenidamente.

Se sentía incómoda e inquieta con las miradas furtivas que atraía, había intentado ponerse en contacto con Viktor por teléfono desde Centro Internacional de Trasladaciones, pero había sido en vano pues el número del móvil que ella tenía estaba ahora "fuera de servicio".

Tampoco llamando al Club había tenido mucha suerte, ya que le había resultado imposible hablar con él personalmente. Así que sólo le había quedado la opción de presentarse allí, donde la habían informado con frialdad de que el señor Krum estaba muy ocupado, por lo que se preparó para una larga espera con el consuelo de que al menos el azabache estaba en el recinto y no de viaje como habría podido suceder.

Esa misma tarde a las cinco, concluyó el entrenamiento y le pidió a su asistente que acompañara a la inglesa hasta su sala de estancia.

Después de tres horas de espera sin que nadie le diera el menor atisbo de esperanza, se sintió aliviada de que alguien la sacara de aquella imponente recepción.

Pero se convirtió en un amasijo de nervios ante la perspectiva de volver a ver a Viktor después de tanto tiempo, no sabía qué iba a decirle, no tenía la menor idea de cómo salvar el abismo que se había abierto entre ellos. Su supuesta infidelidad había creado una enorme barrera entre ella y sus emociones, pero ahora esa barrera había desaparecido y con ella la noción de cómo debía comportarse. La castaña atravesó el umbral de la puerta azorada e insegura.

Krum dominaba sin esfuerzo todo lo que lo rodeaba con su metro noventa y su cuerpo de atleta. Hermione tuvo la sensación de que el oxígeno de la habitación se había esfumado impidiéndole respirar, se le había quedado la boca seca y el corazón amenazaba con escapársele del pecho.

Encontrarse con aquellos ojos negros y profundos era como chocar contra una alambrada eléctrica

La avergonzaba que incluso en una situación tan crucial como aquélla, se sintiera arrastrada por la atracción que ejercía aquel hombre sobre ella.

—Bueno... —murmuró Viktor, a quien por sus maniobras en el mundo competitivo, habían descrito como frío como el hielo y mucho más peligroso. Su ligero acento búlgaro le provocó un escalofrío que le recorrió la espalda como una descarga—... ¿Qué te trae hasta Vastra?—

Hermione se quedó mirando a Krum desconcertada por su saludo.

—¡Ya sabes por qué estoy aquí!—

Sus cejas negras como el ébano se enarcaron en un gesto airoso, pues incluso cuando quería mostrar su desacuerdo, tenía unos modales acentuados.—¿Cómo iba yo a saberlo? —

— Porque fuiste tú el que me envió ese periódico —le recordó con cierta tirantez por el efecto de sus nervios unidos a una desagradable sensación de ridículo.

—¿Y bien? —siguió él igualmente críptico.

La castaña intentó tragar el nudo que tenía en la garganta, pero resultó inútil. —Naturalmente he venido directamente a verte. —

El azabache soltó una suave risa que provocó un escalofrío en lo más profundo de la mujer. —¿Naturalmente? ¿Te importaría explicarme cómo es posible que puedas describir esta repentina visita tuya como natural?—

Hermione estaba empezando a sentirse intimidada por la peligrosa tensión ambiental que tan bien conocía, su naturaleza era demasiado abierta y directa como para comprender el temperamento de Viktor, más complejo y oscuro. Aquella visita era para ella de vital importancia, pero la frialdad con la que él estaba tratándola la tenía un tanto desorientada.

—Es como si no estuvieras escuchándome. No seas así. ¡No te comportes como si esto fuera uno de tus partidos! —

— Pues tú no des cosas por sentado, mila. No estás dentro de mi cabeza y no tienes la menor idea de lo que estoy pensando. —

— Sé que debes de estar muy, muy enfadado conmigo... —

— Te equivocas —la contradijo él—. Estar enfadado después de tanto tiempo sería algo completamente improductivo. —

Pero la castaña llevaba demasiadas cosas dentro como para contener las palabras que se agolpaban en sus labios, luchando por salir. —Sé que me odias y que yo tengo la culpa de todo lo ocurrido... y no pasa nada, es lo que merezco —confesó humildemente

—No me hagas perder el tiempo con todo eso —espetó Krum frío como el hielo.

Hermione levantó sus ojos caramelos y angustiados como implorándole que la escuchara y apreciara la sinceridad con la que hablaba. —Sé que decirte que lo siento es bastante poco a estas alturas y hasta te resultará enervante, pero tengo que decirlo—

—¿Por qué? —su mirada oscura y brillante se detuvo en ella como un desafío—. No tengo el menor interés en oír tus disculpas. —

—Tú me enviaste ese periódico... —le recordó de nuevo con poco más que un susurro.

Pero él se encogió de hombros despreciativamente.

—Querías que supiera que me había equivocado —continuó diciendo la castaña sacando fuerzas de flaqueza después de un largo y tenso silencio—. Querías que viera la prueba de tu inocencia. —

—O quizá quisiera hacerte sufrir —sugirió él suavemente— O quizá el orgullo me haya obligado a hacerlo. Pero fuera cual fuera mi motivación, ya no importa. —

—¡Claro que importa! —ya no le quedaban fuerzas para seguir controlando sus emociones—Rita Skeeter arruinó nuestro matrimonio—

—¡No! —la interrumpió él con calma letal—Ese logro es única y exclusivamente tuyo. Si hubieras confiado en mí todavía seguiríamos juntos. —

La castaña dio un paso atrás como si sus palabras la hubieran golpeado realmente. Había descrito los hechos despojándolos de compasión y dejándolos en la cruel realidad—No era tan sencillo. —

—Yo creo que sí. —

—¡Pero tú permitiste que yo te abandonara! —protestó desesperada—. ¿Acaso intentaste persuadirme con todas tus fuerzas, o convencerme de verdad de que esa mujer estaba mintiendo? —

— ¿Todo el mundo es culpable hasta que se demuestre su inocencia...? ¿Es así como justificas lo que hiciste? Estás intentando pasarme la culpa, pero no había manera de demostrar que Skeeter estaba mintiendo. Dormí solo aquella noche y todas las demás que pasé en aquel barco, pero no había ningún testigo presencial aparte de mí mismo —le recordó con la frialdad de un abogado en medio de un juicio—. Sabias que ese tipo de "reporteras" solo buscaban dañar la reputación de quien fuera. La única manera de proteger nuestro matrimonio era confiando el uno en el otro, pero tú fallaste en la primera prueba. —

—¡Quizá habría confiado más en ti si tú lo hubieras negado con más ímpetu! —se justificó alzando el tono de voz por la rabia que le daba percibir aquella frialdad y aparente falta de interés—. Pero parece que eras demasiado orgulloso como para intentar convencerme de que estaba cometiendo un error y estaba siendo injusta contigo... —

—Contrólate, mila. Esta reunión resulta muy embarazosa para ambos y no me agrada tener que decírtelo. —

—No vas a dejarme que me disculpe, ¿verdad? —

Era tan sincera, tan directa y tan desastrosamente candorosa. Estaba buscándose problemas, pidiéndolos a gritos. Al casarse con ella, reflexionó Viktor con cierta amargura, había planeado protegerla de todo tipo de falacia. Nunca se le ocurrió que pudiera acabar exiliado en zona enemiga y que el único modo de escapar fuera comprometer sus propios ideales.

La luz del sol interrumpió sus elucubraciones al reflejarse directamente sobre el rostro de Hermione. La perfección de su piel tostada contrastaba con sus ojos ambarinos, profundos y brillantes como dos joyas. Su cuerpo reaccionó inmediatamente templándose de un modo exasperante ante la visión de aquel rostro con esa boca suave, vulnerable y apetecible como una fruta madura.

En ese momento la mirada de la castaña se unió a aquellos ojos ardientes y sintió que se derretía por dentro, la temperatura de su cuerpo aumentó de repente y se sintió débil y mareada; aquella automática reacción a su agresiva masculinidad le resultaba tan familiar.

Aquellas pestañas negras como las de su hijo se abrieron al máximo para lanzarle una fría mirada. —No sé por qué has venido a verme —resumió con una total falta de expresión en el rostro.

—Sí, sí lo sabes... ¡Lo sabes perfectamente! —insistió ella con las mejillas ruborizadas. Estaba haciendo un esfuerzo por concentrarse a pesar de que tenía la sensación de que él había percibido su humillante reacción a su proximidad.

—Pero quizá no quiera ahondar ahora en ese tema. ¿Por qué mejor no me cuentas qué tal está Matthew? —

Hermione parpadeó sorprendida, pero la tensión no tardó en desaparecer de su cara empujada por la tierna sonrisa de una madre. —Está muy bien... aprende tan rápido, ya lo sabes... —

Incluso aquella sonrisa sirvió para aumentar la ira del azabache. —No, no lo sé —

—¿Cómo? —Hermione no entendía, tenía la esperanza de que hablar de su hijo, que en aquel momento era el único punto que tenían en común, podría caldear un poco el ambiente.

—Pues que no sé lo rápido que aprende Matthew porque no veo a mi hijo lo bastante a menudo como para poder darme cuenta de algo así. Por supuesto, siempre que lo veo ha aprendido algo nuevo desde la última vez. —

La castaña se quedó helada ante aquella explicación.

—Evidentemente, tampoco se te ha ocurrido pensar que me perdí su primera sonrisa, su primer paso y su primera palabra. —

Varias lágrimas se asomaron a sus ojos y tuvo que luchar para evitar que cayeran haciéndola sentirse aún más ridícula

—Supongo que tengo suerte de que siga reconociéndome de una visita a otra —añadió Viktor con la misma frialdad.

Hermione se enfrentaba a toda aquella amargura por primera vez, tragó saliva tan fuerte que se hizo daño en la garganta y tuvo que mirar hacia otro lado hasta recuperar el control.

Comprendía lo que debía haber sentido al ser excluido de los momentos más importantes de la vida de su hijo. ¿Cómo podría culparlo por tanta hostilidad? No podía decirlo, pero lo cierto era que estaba hablando como un padre mucho más cariñoso de lo que jamás habría creído posible en él. Uno de los peores recuerdos de su vida era el enfado de Krum cuando se había enterado de que se había quedado embarazada.

Notas finales:

Bueno aquí el nuevo capítulo, espero que les haya gustado. No se olviden de darme su opinión al respecto, pues como saben la historia a mí en lo personalmente me encanta.

No se olviden de Votar y comentar.

Hasta la próxima, un besito a todos :3