Affairs.
Capítulo 1.
Después de tantos años de mantenerme alejada de las tentaciones, finalmente, había sucumbido. Fleur Delacour había sucumbido a la tentación de rozar su mano, de aspirar su aroma, de ser infiel de pensamiento y si pudiera, con sus actos. Después de tantos años de matrimonio, después de tantas promesas de amor, después de tener hijos y criarlos, después de mantenerme enfocada en ellos, después de ser Fleur, aquella hermosa mujer rubia que demostraba con sus actos que el amor era más importante que la simple y llana apariencia, aquella que era un ideal para cualquier persona, el ideal deseado, buscado y tan ansiado, hermosa por dentro y por fuera, con buenos sentimientos; después de haber sido aquella mujer admirada, yo había sucumbido en un momento de debilidad, y más que debilidad, ver la debilidad de otra mujer ante mí, la debilidad de mi deseo.
El momento me tentó, tomé sus manos, la sostuve mientras la escuchaba sufrir su dolor, mientras mostraba sus debilidades y desnudaba sus miedos, entonces la tomé en mis brazos, dándole confort, dándole paz, apoyo y contención, al mismo tiempo que me permití aspirar el suave, dulce y cálido aroma proveniente de su cuello, mi pecho vibro ante la emoción, ante el deseo de deslizar mis labios por la suave piel. Mi corazón latió rápidamente como hacía años ya no lo hacía, todo al imaginar deslizar las yemas de mis dedos por la piel, al imaginar que hundía los dedos en aquellos cabellos de sedosa textura, al imaginarme a mí misma pegando la nariz en aquel cuerpo cálido, suave y sensualmente delicado. Al imaginar el cuerpo de aquella inocente mujer, desnudo entre mis brazos, al imaginar hundiéndome en la suavidad, en las caricias, en la lujuria sutil del amoroso toque femenino de Hermione Jean Granger.
Lo confesaba, aunque solo en mi fuero interno. Deseaba a esa guapísima mujer desde hacía ya varios años, pero jamás me había permitido llevar mis pensamientos más lejos de la simple aceptación de que la mujer era guapa. Cuando nos encontrábamos en cualquier reunión familiar e iba arreglada de la más sensual y llamativa forma, solo pensaba: se ve guapa y no más, no me permitía pensar más, no podía dejar llevar mis pensamientos más lejos, pero me permitía acariciar su sensual cuerpo con mis ojos, recorriendo las torneadas piernas, mirando fijamente esas firmes nalgas, esa cintura de una curva suave y delicada, esos hombros en los que descansaban en su mayoría los exquisitos tirantes de vestidos y sus suaves cabellos ondulados y castaños, y finalmente, ese rostro hermoso, suave como la porcelana, con labios finos que dibujaban las sonrisas más hermosas del mundo, con una nariz del más perfecto tamaño, con pestañas que parecían ser casi hipnóticas en el pleno acto de un parpadeo, con esas cejas que invitaban a delinearlas con los dedos, con los labios, a tocarle la piel, a hundirte en el deseo y no saber más de ti… entonces volteaba, miraba a otro lado y daba un largo suspiro, conteniendo mi lujuria.
No era como si tuviera todo ese cumulo de pensamientos, de hecho, nunca pasaban por mi mente, solo deslizaba mis ojos sobre ella, solo la acariciaba desde mi lejanía, solo eso, solo un deseo privado de libertad, un secretito, una de esas verdades que jamás vas a admitir bajo ninguna circunstancia, eso que entierras en lo profundo de tu mente pero está ahí, sigue ahí como una espina enterrada en la parte más difícil de alcanzar en tu cuerpo, que por más que luches para arrancarla, persiste como el sol cada día, ese sol que puede quedar detrás de las nubes por mucho tiempo, largos meses, hasta que llega un momento donde brilla con tanta fuerza que sientes derretirte bajo su mirara y el magnetismo que desprende su cuerpo, ese que atrae mis manos con una fuerza ajena a mí, una fuerza que me hace olvidarme de mi misma y del control de mi cuerpo, siempre recuperándolo en un último y fatídico momento, antes de ser expuesta ante cualquier otra persona, solo porque me lo prohibía tanto y restringía tanto mis deseos que era la única forma de así no perderme ante ella.
Pero hoy no era así, hoy era el día en que mis restricciones y prohibiciones fueron rotas, donde mi autocontrol se había hecho pedazos. Donde ningún esfuerzo de mi mente consiente había podido en contra de la cercanía de su piel, de su calor, de su aroma. Lamentaba su dolor, porque había acudido a mi bajo niveles exacerbados de angustia. Mentalmente yo misma me llamaba la atención, me decía, escucha lo que dice y actúa acorde a la situación, pero las ganas de tocarle tan solo una mano, eran tan avasallantes… tan tentadoras… que era difícil enfocarme en lo que estaba sucediendo, porque tan solo para escucharla, me ponía a verla seriamente y terminaba mirando el sensual movimiento de sus labios, regañándome mentalmente una vez más.
-ya no sé qué hacer -había dicho al inicio de la conversación, poco después de pedirme hablar a solas en una habitación, lejos de la familia que ajena al dolor de ella, festejaban alegremente el cumpleaños de Ginny -necesito un consejo Fleur, algo que me ayude… -y mire esas preciosas cejas fruncidas en desesperación.
- ¿qué sucede Hermione? -le dije desenfocada y desconcentrada -no entiendo…
-últimamente… las cosas con Ron no están bien -y alce las cejas en sorpresa reprimiendo cualquier exclamación mía -es… no sé cómo explicarlo… como si ya no tuviera esa… esa parte, ese amor, ese ingrediente elemental… lo quiero, le tengo cariño, pero ya no se… y… y siento que ya no puedo estar así, que ya no puedo ignorarlo ¿Qué debo hacer? Pensé en preguntarte porque seguramente sabes mucho más que yo… -y pronto me debatí en si hacia lo correcto o hacia lo que me convenía. Mi corazón latía fuertemente, impactada por la situación, conmocionada… parpadee un par de veces antes de tomar aire y sentarme en el filo de un escritorio cercano.
- ¿podrías… decirme que te ha hecho pensar eso? -aún era demasiado rápido para tomar una decisión, así que pedí más información a fin de darme más tiempo.
-es que… todo ha comenzado con el sexo… -y se llevó las manos a la cara, avergonzada, al tiempo que yo abría más los ojos, aparentemente impresionada, y digo solo en apariencia, porque en realidad estaba más interesada en luchar contra mis impulsos -no puedo… -dijo detrás de sus manos -lo intento, pero no puedo… -retuve el aire en mis pulmones mientras trataba de salir de la impresión, no por el tema, sino por imaginarla a ella misma en la cama… aunque arruiné la escena poniendo a Ronald en la situación.
-quieres decir que… ¿no te excita Ronald? -dije con cierta satisfacción, ella asintió aun oculta bajo sus manos -pero antes si… -e intente ser objetiva.
-antes… ahora tiene esa barriga que simplemente… -estuve a punto de reír.
- ¿le quita lo bueno al momento? -ella volvió a asentir -entonces ponlo a dieta y se arregla el problema -entonces negó y bajo las manos de su rostro.
-solo empezó así… no se en que momento dejo de levantar mi libido, no sé cuándo paso, antes no parecía importarme demasiado su cuerpo, antes simplemente me dejaba llevar y las cosas pasaban pero ahora no dejo de mirar los puntos negativos, no dejo de pensar en su barriga… no es desagradable, a pesar de todo es un hombre limpio pero yo ya no… además de que no siento lo mismo de antes… creo que… creo que ya no lo amo… -me dijo con gravedad -lo quiero, le tengo cariño pero no me hace enloquecer… creo que he dejado de amarlo… ¿Qué hago Fleur? ¿Qué hago para volver a sentir amor por él? ¿te ha pasado algo así? -tense la mandíbula, no había tenido que hacer nada para mi conveniencia…
-realmente no lo sé Hermione… no sé cómo volver a amar a la misma persona…
- ¿amas a Bill después de tanto tiempo? -ese era un tema espinoso… me pase la lengua por los labios en una actitud nerviosa mientras miraba a otro punto que no fueran sus ojos - ¿Fleur? -siguió ella, deje salir un suspiro.
-Hermione, yo no soy quien tiene problemas en su matrimonio -y me cruce de brazos -viniste a pedir mi ayuda, no a cuestionarme ¿verdad? -se llevó las manos a la frente y se sentó en la silla frente al escritorio.
-discúlpame… es que… siento que me estoy ahogando… siento que ya no puedo más… que cada día que me levanto voy a explotar por una u otra razón… me siento desesperada… siento tantas ganas de gritar, de correr lejos… de dejarlo todo… siento una presión muy fuerte… ya… no se… que… -se llevó las manos a su rostro, las palabras se perdieron entre sus dedos, mientras los sollozos las reemplazaban.
Me partió el corazón verla así, no pude continuar en mi lugar lejos de ella, no cuando veía su sufrimiento tan evidentemente. Deje mi lugar en el escritorio y me acerque a ella, por un momento me detuve frente a ella sin hacer nada, aun vacilando en mis acciones, mentalizándome para hacer lo correcto y no abusar de la situación. Respire profundamente y lleve mis manos a sus muñecas, despegando sus manos de su rostro, rápidamente sus ojos empapados de lágrimas subieron a verme. Con mis manos aun sosteniendo las suyas la inste a levantarse, rápidamente estuvimos frente a frente, le pase los dedos por el rostro, limpiando el excedente de lágrimas.
-está bien -le dije -es válido que ya no lo ames, no puedes forzarte -quite una que otra lagrima que aun surcaba su rostro -no puedes vivir con esa presión, déjalo ir… -y rodee su cuerpo con mis brazos -te está haciendo daño obligarte a ti misma y no es necesario -sentí como respiro con profundidad y apoyo su mentón en mi hombro. Por un momento cerré los ojos y aspiré el aroma de su cabello que tan cerca me quedaba, era una verdadera tentación tenerla tan cerca, un sueño y a la vez un pecado.
-gracias Fleur… -y nos quedamos así, largo rato, sentía como se aferraba a mi cuerpo, como respiraba pesadamente, como sus lágrimas aun corrían mojando mi hombro, prueba física de su dolor.
La estreche aún más, disfrazando mis intenciones con movimientos aparentemente descuidados, llevando discretamente mis dedos a los bucles de su cabello, tocando y sintiendo su textura, pegando mi nariz a la piel de su cuello, notando la suavidad y el perfume, respire con lentitud en medio de la situación, obligándome a hacerlo para aparentar normalidad ante la situación, obligándome a no despertar sospechas sobre mi deseo, sobre mis intenciones, obligándome para no aspirar con prisa su aroma, con esa ansiedad que sentía carcomerme para gravarme con fuego su perfume en combinación con su aroma personal. Sentí como sus manos surcaron mi espalda, como me apretó contra ella, dejándome apreciar el calor de su cuerpo. Estaba viviendo un suplicio, deseaba tanto poder hundirme en su boca, en la suavidad de su cuerpo, pero no debía hacerlo, no debía porque tal vez ella pudiera rechazarme, además, debía ser fiel, estaba casada…
Pero estaría dispuesta a hacerlo a un lado si ella me lo pidiera. No pude evitar suspirar. Decidí resignarme, decidí olvidarlo, decidí no arriesgarme al desconocido resultado de lo que podría provocar, decidí que no tenía la suficiente valentía como para arriesgarlo todo por ninguna certeza. Pronto todo estuvo en calma, el llanto de Hermione se calmó, la habitación quedo en silencio y como quien no quiere la cosa, me despegue de su cuerpo. Obviamente no pude evitar que nos mirásemos después del larguísimo abrazo que compartimos. Nos hundimos en los profundos irises de los ojos de cada una, quizás por algunos minutos, quizás solo segundos o quizás horas, eran tan hermosos sus ojos, tan limpios, tan claros, tan emocionales, tan expresivos… apreté los dientes, mientras conteniéndome, le pase solo el envés de uno de mis dedos por la línea de su mandíbula… suave… pensé mientras retenía el aire.
-todo… -le dije, tratando de respirar con tranquilidad -todo va a estar bien… -entonces mire sus labios, esa boca tan atrayente, quería besarla, quería probar el sabor, quería… oh por Merlín… dame la fuerza, dame la sensatez, dámela porque… el hilo de mis pensamientos se perdió cuando la vi avanzar hacia mí, cuando estampo sus labios contra los míos, cuando sentí el sabor de su boca en un beso suave y cadencioso, un beso que me robo el aliento y agito mi corazón como las aguas del mar en una tormenta, un simple beso que descoloco todo cuerpo y mente.
-lo siento Fleur… -dijo segundos después de separarse de mi -simplemente pensé… sentí que… que lo necesitaba, que… que hacerlo no sería tan descabellado…
-es descabellado… -le conteste -va en contra de toda la razón o prudencia… en contra de nuestros matrimonios, de nuestra fidelidad… -puse mis manos en sus costados y en un rápido movimiento la atraje a mí, pegándola a mi cuerpo, sintiendo la redondez de sus senos contra los míos -lo es, Hermione… lo es… -y volví a perderme en el mar de sensaciones que eran sus labios, siendo correspondida como única respuesta, sintiendo sus dedos deslizarse por mi cabello, apretándome, asiéndome a ella, acortando cada vez más la distancia, eliminando los espacios entre nosotras, enredando nuestros cuerpos, haciendo que nuestra necesidad de la otra se hiciera cada vez más grande, exigiendo más y más como un pozo sin fondo.
Deslice mis manos por su cuerpo, las deslice hasta llegar a las respingadas nalgas de Hermione Granger, esas lindas y duras nalgas que agarre a manos llenas y apreté contra mí, sintiendo rápidamente un latigazo de adrenalina golpearme el pecho al sentir un ligero roce cercano a mi entrepierna. Ya podía sentir las palpitaciones entre mis piernas, la humedad preliminar al tan deseado encuentro de pieles. Deslice una pierna entre las suyas en un roce llano pero contundente, dejo mis labios para jadear, al mismo tiempo que sus manos buscaban hundirse en mi piel. Apreté más sus nalgas, apretando y rozando su entrepierna, haciéndola anhelar más, mientras pegué mi boca a ese delicioso cuello, atacándola con besos desesperados y ansiosos.
-que vamos… -decía, mientras atacaba sin piedad su cuello y hombro -que vamos a hacer… cuando esto termine… -completó en un lapso de cordura.
-ya pensaremos en eso… -le dije, mientras me separaba de ella y la giraba para arrojarla sobre la cama que había en el cuarto. Me miro sorprendida pero no se movió de su lugar, de hecho, me espero mientras en un rápido movimiento de barita sellaba la habitación y continúo esperándome hasta unirme a ella en la cama.
Deslizamos las ropas de nuestros cuerpos en movimientos rápidos y presurosos, ansiosos por llegar al final, pero nos dimos el suficiente tiempo como para conocer nuestras pieles, de compartir un placer paulatino, retrasando el momento del orgasmo lo más posible, hasta que, sin poder esperar más, nos derretimos en los dedos de la otra, obteniendo el éxtasis que tanta falta le hacía a nuestro cuerpo, pero aún más a nuestra alma. Nos dejamos caer con pesadez en la cama, aun con nuestros cuerpos enredados, aun con el calor sofocante, aun con el sabor de la boca de la otra, aun con el corazón latiendo fuertemente en nuestros pechos y nos miramos con nuevos ojos… una mirada limpia, ajena a la culpa que debiésemos sentir.
- ¿Qué… vamos a hacer ahora? -me pregunto ella, sin apartar su mirada de mí. Entonces suspire.
-voy a ser muy sincera contigo Hermione… -le dije mientras acariciaba la línea de su mentón -he deseado esto desde hace mucho tiempo… -trague saliva, exponiendo mi secreto como nunca antes -pero no voy a dejar a Bill… no puedo… pero tú eres libre de hacer lo que desees…
-no te estoy pidiendo que lo dejes, Fleur… -entonces detuvo mi mano y entrelazo nuestros dedos -solo quizás… estar ahí la una para la otra…
-siempre que pueda y en la medida de lo posible… -a complete.
-porque esto me ha parecido… que no está nada mal -termino con una sonrisa, haciéndome sonreír también a mí.
- ¿Qué vas a hacer con Ronald? -quise saber.
-quizás esto sea la razón… quizás no es Ronald o todos los hombres… quizás soy yo… quizás esto es lo que en verdad soy… -dijo, perdiéndose en su razonamiento -quizás siempre fue una mentira… y esto me ha ayudado a… abrir los ojos…
- ¿lo vas a dejar? -pregunte lo que de verdad quería saber.
-aún es muy pronto para decidir eso…
Demasiado pronto, ciertamente, es por eso que no lo dejó, pero se convirtió en mi amante, así como yo en la suya. Después de pactar algunas cuantas reglas, nos vestimos y volvimos a introducirnos a la fiesta. Se veía más calmada, observe, hasta parecía tranquila. Solo una duda rondaba por mi mente ¿lo hizo conscientemente? ¿me sedujo? ¿o en verdad había buscado mi ayuda? La duda rondo largo rato por mi cabeza, pero al final de cuentas, si había sido premeditado o no, el resultado había sido satisfactorio y no me arrepentía.
Los personajes no me pertenecen, pero la historia creada, sí.
