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Hola un nuevo capítulo ¡Dios! Si supieran, este y el siguiente capítulo, además de los cap de otras historia ya los tenia hecho, sin embargo a mi lindo hermanito le dio por borrármelo. Me tomo mucho volver a hacerlo, puesto que el libro también se borro. Recuerden que esta historia es propiedad de Lynne Graham.
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Disclaimer: Los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador.
Advertencias: AU mundo mágico alternativo y Ooc
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CAPITULO TRES
—Me gustaría poder decirte algo —comenzó a decir torpemente.
—No me vengas con convencionalismos... por favor —señalo con un tono burlón el azabache—. Quizá estés cayendo en la cuenta de que, como la mayoría de las parejas divorciadas, no tenemos mucho de qué hablar. —
—Todavía no estamos divorciados... —
—Como si lo estuviéramos, mila moya —la contradijo él con una insolencia que se le clavó en el corazón—. ¿Hay alguna otra cosa de la que quieras hablar antes de marcharte? Estoy seguro de que no querrás llegar muy tarde.
Se sentía horriblemente culpable e incapaz de ordenar sus pensamientos, pero todavía tenía que cumplir lo que le había prometido a su amigo.
—De dinero. —
Krum frunció el ceño desconcertado.
—Es que... —intentó explicarse sin poder luchar contra el color rojo intenso que se había apoderado de su rostro—. Estoy teniendo algunos problemas económicos. Soy consciente de que fui yo la que decidió aceptar sólo una mínima ayuda económica cuando nos separamos. —
—No nos separamos —corrigió Viktor—. Tú me abandonaste. —
Hermione apretó los dientes. No necesitaba que nadie se lo recordara, como tampoco deseaba acordarse de cuánto había valorado en otro tiempo su capacidad para valerse por sí misma sin el dinero de su marido. —Las cosas cambian. Se suponía que este año iba a escribir un libro, por eso en el departamento me redujeron las horas de tutoría. Desgraciadamente, la editorial decidió que el tema era demasiado rebuscado para el público y retiró la oferta. El caso es que hasta el próximo curso no podré volver a trabajar a tiempo completo en el departamento de leyes para las criaturas—
—Deduzco entonces que no habías firmado ningún contrato con la editorial... —
La inglesa asintió odiándose a sí misma por haber acabado hablando de algo tan ajeno a las emociones que recorrían su cuerpo en enormes oleadas de tristeza y remordimiento.
—Mis abogados se pondrán en contacto con los tuyos y elaborarán un acuerdo. No hay problema. —
—Gracias, pensé- —
— ¿Pensaste que lo habría? ¿Es por eso por lo que has aprovechado la oportunidad de venir a verme hoy con todas esas disculpas? —le preguntó el azabache de un modo tan repentino que la tomo desprevenida.
—Por supuesto que no... —consiguió decir totalmente atribulada. —¿Quizá pensaste que me comportaría como un necio y que me negaría a ayudarte? —continuó elucubrando con desdén.
—¡Yo no había pensado nada de eso! —pero se había sentido profundamente herida en su orgullo al tener que admitir cuánto necesitaba la ayuda económica que en otro tiempo había rechazado.
—A pesar de no haber sido el culpable de nuestra separación, siempre fui muy generoso. Fuiste tú la que me tiró el dinero a la cara —la censuró duramente—. Aunque tenía todo el derecho del mundo a ayudar a mantener a mi hijo, tu egoísmo y tu intransigencia me obligaron a no aportar más que una ridícula cantidad. —
Aquel ataque había dejado a Hermione pálida y tensa. —No tenía la menor idea de que te sintieras así. —
Viktor apretó la mandíbula y volvió a encogerse de hombros al tiempo que la miraba como si fuera una criatura intrascendente. —Dios mío ¿Cómo ibas a saberlo? Desde que me dejaste sólo nos hemos comunicado a través de nuestros abogados. ¿Quieres que te dé un comprobante? —
La castaña se sintió como si acabaran de darle una bofetada y un enorme nudo de angustia y tristeza le bloqueó la garganta.
Parecía que estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de librarse de ella.
—No... Ése no es el motivo por el que vine a verte, Viktor —
—Sin embargo un motivo tan materialista como ése parece tener más sentido que ningún otro —afirmó con el mayor de los desprecios—. Tienes suerte de que no pueda demandarte por ponerme en ridículo. —
—¿Ponerte en ridículo? —
—No tienes un aspecto muy refinado que digamos, mis enemigos deben de pensar que soy un tacaño. —
—¡No he venido aquí por el dinero! —protestó consternada por su actitud—. ¿Tan difícil te resulta aceptar lo destrozada que me ha dejado leer la confesión de Rita Skeeter en esa revistucha? —
Krum enarcó una ceja. —No, eso puedo aceptarlo perfectamente. Lo que no entiendo es por qué sentiste la necesidad de compartir ese sentimiento conmigo.
Hermione abrió la boca sin poder emitir sonido alguno. —Estamos prácticamente divorciados. —
—Eso no es cierto... ¡deja de decirlo! —
—Pero nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día —sentenció arrastrando las palabras para mayor escarnio—. Despierta ya y deja de jugar a la Bella Durmiente porque no acaba de despertarte ningún príncipe. —hizo referencia a ese cuento infantil muggle que ella le conto durante su luna de miel— Han pasado dos años. Apenas recuerdo ya el tiempo que pasé contigo. Además, tampoco estuvimos juntos tanto tiempo. —
Cada palabra era como un puñal envenenado que se le clavaba en el pecho haciéndola sufrir más de lo que podía soportar, una parte de ella quería gritarle, refutar todas sus acusaciones, pero la otra parte de su ser sólo quería acurrucarse y morir en algún rincón oscuro y solitario.
Los recuerdos del tiempo que había pasado junto a él seguían estando tan frescos en su memoria como si hubieran sucedido el día anterior, quizá hubiera acabado mal, pero ella no lo había recordado con amargura, sino que había atesorado aquellos recuerdos como los más especiales de su vida. Sin embargo Viktor estaba diciéndole lo que ninguna mujer deseaba oír; que ella no había sido más que una historia entre tantas del pasado, que había quedado ya completamente olvidada.
¿Habían pasado ya dos años? ¿Cómo había hecho para no darse cuenta de todo el tiempo transcurrido?
La inglesa parecía estar a punto de desmayarse, la palidez de su rostro hizo mella en la agresividad del azabache.
¿Acaso se había propuesto deliberadamente ser cruel con ella? Creía que no, sólo le había dicho la verdad, sólo la había hecho ver lo irracional y poco prudente de su comportamiento. No obstante, le pidió que se sentara y cuando ella se negó, le ofreció una copa.
—Yo no bebo —balbució con la mirada fija en el reloj, intentando recuperar el control de sí misma.
—Lo sé, pero como una excepción, quizá te viniera bien tomarte un hidromiel —le sugirió Krum molesto con su propia preocupación
—. ¿Cuándo has comido por última vez? —En el desayuno.
No dijo nada. Sabía que jamás se detenía a comer cuando estaba inmersa en algo que absorbía su concentración. Recordó que cuando él no estaba, sus empleados siempre habían tenido que controlar que ella comiera algo mientras se encontraba en mitad de alguna importante investigación.
Era una mujer increíblemente inteligente en lo que se refería a las leyes altruistas que estudiaba, pero en ella, el sentido práctico brillaba por su ausencia
Hermione levantó la mirada dejando ver aquellos ojos caramelos ahora vidriosos por los fantasmas del pasado. —No quieres que te diga cuánto lamento lo ocurrido porque no puedes perdonarme —susurró tensamente—. Lo comprendo perfectamente porque ahora mismo creo que yo tampoco seré capaz de perdonarme nunca. —
Viktor no podía responder a la intensidad que desprendían sus palabras y su mirada, lo único que podía hacer era acercarle la copa.
—Voy a pedirte un auto. ¿Has venido en tren? —
—Sí, y no necesito ningún auto —se aproximó el fino cristal a los labios y dejó que el alcohol la quemara por dentro como si estuviera tragando fuego líquido.
Bajo su atenta y fascinada mirada, la castaña se bebió hasta la última gota de hidromiel como si de agua se tratara.
Después se puso en pie y caminó hacia la puerta manteniéndose erguida a duras penas. —Insisto en que esperes a que venga un auto para llevarte a la estación de traslados—afirmó Krum tajantemente.
—Ya no tengo por qué atender a tus insistencias —respondió ella levantando bien el rostro a pesar de lo herida que estaba.
«Nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día».
—Ninny, sé sensata. —
Aquel apelativo cariñoso la hirió aún más hondo, pero continuó caminando con aparente serenidad hacia el refugio que encontraría en el ascensor mientras todas las miradas se clavaban en ella al cruzar el vestíbulo y sin poder apartar de su mente las otras veces que Viktor la había llamado así:
«Ninny, no seas pesada »solía decirle cuando ella había intentado por todos los medios convencerlo de que pasara con ella una tarde a la semana. Una tarde sólo para ellos, sin entrenamientos, ni compromisos sociales
«Hay que ahorrar tiempo cuando se tienen hijos y nosotros gracias a Dios no los tenemos. »
«Ninny... el aroma de tu piel me vuelve loco» le había susurrado tantas veces mientras la despertaba a besos con la maestría por la que era célebre y con la que le había proporcionado a Herms el único paraíso que había conocido en la vida, el que había descubierto en sus brazos.
«Ninny... la vida me resulta tan dulce ahora que te tengo »le había confesado con total convencimiento en su noche de bodas, y ella lo había creído.
El ascensor se detuvo devolviendo a la castaña de golpe al presente.
Ya en la calle descubrió su propia imagen en el reflejo de un escaparate que le arrancó una triste carcajada.
Muy típico en ella, no se le había ocurrido pensar en su aspecto. Nada más abandonar al azabache, había dejado de ser la muñeca de su suegra y su cuñada, y decidió que ese tipo de frivolidades ya no eran necesarias para ella.
Pero acababa de quedarse horrorizada por la extrema palidez de su rostro y el desastroso aspecto de su ropa. Debería haberse arreglado para ir a verlo; quizá así la hubiera escuchado. Al fin y al cabo él era italiano hasta la médula y desprendía elegancia por cada poro de su piel.
—¿Por qué no miras por dónde vas? —le dijo enfadada una señora con la que había chocado.
—¿Señora Grangereva..?—
La inglesa miró al otro lado de la calle sorprendida, era Olaff, el chófer de Viktor que la esperaba con la puerta del pasajero de una enorme limusina abierta para ella.
Los transeúntes la miraban mientras ella se preguntaba cuánto tiempo llevaría allí parada, mirándose en el escaparate y si parecería tan rara como se sentía. La sospecha de que así fuera era motivo suficiente para aceptar que la llevaran en el auto
«Nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día».
¿Por qué demonios no podía quitarse esas palabras de la cabeza? El sentimiento de humillación la estaba carcomiendo por dentro.
Ronald había reaccionado muy mal cuando ella había dicho que necesitaba ver al azabache, ahora era evidente que debería haber tenido en cuenta la opinión de su mejor amigo.
Krum se había comportado con frialdad, burla y hostilidad; no había mostrado el menor interés por nada de lo que ella tuviera que decirle y sin embargo había demostrado estar impaciente por verla marchar. La había acusado de estar poniéndolos en ridículo a ambos.
Cualquiera habría pensado que había irrumpido en su oficina gritando que todavía lo amaba y que quería volver con él.
Como si... Se puso la mano en el mentón para impedir que le temblara la boca y trató de acompasar la respiración entrecortada. Parecía imposible que hacía poco más de tres años, Viktor se hubiera comportado como si ella fuera un verdadero trofeo que quería ganar a toda costa y a la que había estado intentando persuadir durante semanas de que le diera una oportunidad...
…
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El primer conocimiento que había tenido Hermione de la existencia de Viktor había sido cuando se hizo amiga de Harry y de los Weasley. Todos eran fanáticos del Quidditch, sobre todo Ron quien tenía un perturbador fanatismo por el buscador búlgaro.
Estaba haciendo de profesora temporal en Hogwarts, cuando él le había arrebatado una cabina del expreso al colegio. Sabiendo que había habido gente que había fallecido de ataques de ira provocados por cosas como aquélla, la castaña había preferido marcharse y seguir dando vueltas por el campus hasta dar con otro estacionamiento.
Después había vuelto a pasar caminando por el sitio robado y había mirado con desdén el lujoso abrigo de piel negro colgado en un perchero del espacio usado ilegítimamente.
Su suerte no había mejorado precisamente cuando un compañero la había informado de que una visita de gran importancia estaba utilizando su despacho para hacer algunas llamadas. Ella había lanzado un potente hechizo en su estancia con el fin de que la magia no causara interferencia y pudiera usar un teléfono.
—¿Y qué se supone que debo hacer yo? —Había rugido ella porque tenía trabajo pendiente
—¿Quién es esa importante visita? —
—Viktor Krum—Además, está pensando donar un nuevo equipo de investigación a la facultad. —
—Viktor Krum... —repitió Hermione intentando averiguar por qué le resultaba tan familiar ese nombre
—. Yo tengo una alumna que se llama Valeska Krum.. —
—Su hermana pequeña, que está aquí cursando su último año como hizo él —confirmó su compañero.
Después de la breve conversación, la castaña se quedó esperando a la puerta de su despacho con tremenda paciencia.
Al comienzo del curso, la joven Valeska había sufrido una terrible nostalgia y había confiado sus problemas a ella, que había acabado tomándole cariño a la muchacha.
—¿Por qué? —se había oído la voz masculina hablar en francés con un ligero acento extranjero y Herms no había podido resistirse a asomarse a la puerta entreabierta—. No hay ningún motivo, Emmelette. Lo hemos pasado muy bien juntos, pero las cosas cambian y yo debo continuar, tú y yo ya habíamos aclarado todo desde un principio, yo no tengo tiempo para una relación—
Hermione sintió un estremecimiento.
Una pobre mujer excéntrica estaba siendo abandonada por un tipo arrogante que tenía un bloque de hormigón en lugar de corazón.
Estaba a punto de alejarse hasta donde no pudiera escuchar lo que sucedía en el interior del despacho, cuando se acercó su jefe de la casa de Ravenclaw, el profesor Adolphe, acompañado de una rubia ostensiblemente aburrida.
Justo entonces, sucedieron tres cosas de manera simultánea: un hombre alto y de cabellos negros salió del despacho de Hermione, la rubia pareció adquirir una repentina energía que la llevó a agarrarlo del brazo y decirle que tenía que darle esa entrevista prometida, y por último, el catedrático se acercó para presentar a Hermione.
—Señorita Granger—murmuró Viktor Krum después de una larga pausa.
—Señor Krum... — murmuro en un tono frio, mientras paseaba la mirada de él a la mujer y procedió a preguntar: —¿puedo preguntar porque esta mujer está aquí? —
El azabache le sonrió, sin embargo, ella no pudo encontrarle ese atractivo que Ginny tanto pregonaba. Se le quedo viendo tratando de encontrarlo, tenía unos ojos negros intensos.
Pero entonces aquella se puso literalmente entre ambos e hizo que la castaña se diera cuenta abochornada del fallo que acababa de cometer.
Viktor Krum era un famoso jugador, muy rico, arrogante... en resumen, el tipo de hombre que ella solía evitar.
Él intentó alargar la conversación, pero Hermione no volvió a mirarlo a los ojos y sus respuestas fueron tan poco alentadoras como su postura.
Así que tan pronto como le fue posible, escapó al interior de su despacho poniendo el tiempo como excusa.
Dos semanas más tarde, Hermione estaba dando una conferencia acerca del libro que ella misma había escrito sobre la P.E.D.D.O, cuando estuvo a punto de sufrir un ataque de nervios al ver entrar en la sala a Viktor Krum. Luego de aquella presentación, la mujer que resulto ser periodista había escrito un absurdo y extravagante artículo sobre ellos, que casi le había costado el patrocinio de su libro. Ella le había echado él la culpa de las consecuencias acaecidas.
Después del acto, la esperaba junto a su hermana Valeska para invitarla a comer y la castaña intentó declinar la invitación.
—Por favor... —insistió la inquieta joven
— Todo el mundo sabe lo seria que eres, pero el búlgaro sólo quiere darte las gracias por haberme ayudado cuando lo estaba pasando tan mal. —
—No es cierto —intervino su hermano—. En realidad sólo quería disfrutar del placer de su compañía, señorita Granger—aclaró Krum sin dejar de mirarla con esos maravillosos ojos negros que hacían que la boca se le quedara seca.
Hermione acabó por acceder a acompañarlos porque no quería herir los sentimientos de la muchacha.
Durante la comida, apenas probó lo que había en el plato y mientras, Krum le hacía multitud de preguntas personales que ella no tenía la destreza de esquivar.
Después, Valeska tuvo que irse corriendo a una conferencia y cuando Mione trató de seguir sus pasos, el búlgaro intentó disuadirla: —¿Por qué has decidido no llevarte bien conmigo? —
—¿De dónde has sacado esa idea? —protestó la castaña asustada de que hubiera leído sus pensamientos.
Lo cierto era que no sabía qué decirle porque ni siquiera sabía qué sentía. Jamás podría confesar ante nadie, y menos aún ante él, que desde que lo había visto por primera vez no había podido dejar de pensar en él ni un minuto.
Hasta hacía tan sólo unas semanas, no había sido más que un desconocido y sin embargo, tenía la sensación de conocerlo. Desde el momento en que se habían visto, entre ellos había surgido una extraña conexión de la que no podía deshacerse. Viktor le pidió que saliera a cenar con él y que ella misma eligiera un día para así no poder poner la excusa de tener otro compromiso.
La castaña observaba atónita el genuino interés que mostraba porque ella había dado por hecho que la atracción que había percibido procedía sólo de su parte.
—Me pareces muy bella —le dijo entonces Krum disfrutando del poder de leer su mente.
—¡Yo no soy bella! —exclamó Hermione creyendo que se estaba burlando de ella. Después, le aseguró que ella no salía con hombres y que no había nada personal en su falta de interés y se marchó del restaurante.
Durante las dos siguientes semanas, el búlgaro le envió un ramo de flores cada día; pero se trataba de los ramos más preciosos e imaginativos que había visto nunca con hechizos que los hacían fascinantes
La tercera semana se presentó en su pequeño apartamento con una cesta de picnic en la que llevaba la cena.
Se coló en su casa con el mayor de los encantos y compartieron una velada muy agradable. Sólo cuando estaba a punto de marcharse le pidió otra cita.
—Estás loco —refunfuñó Hermy al ver que no se daba por vencido—. ¿Por qué iba a querer alguien como tú salir con alguien como yo? —
—Pues es lo único en lo que puedo pensar últimamente. —
—Eso no tiene ningún sentido. —
—Pero a ti te pasa lo mismo —aseguró Viktor sin titubear—. ¿Qué tiene que ver el sentido con todo esto? —
Pero para ella tener sentido común lo era todo.
Ella no era de las que perseguían arco iris, sino que sabía respetar sus propias limitaciones. Era un desastre con los hombres y lo bastante inteligente como para no entregar su corazón a alguien que lo trataría como un balón que tiraría a la basura una vez que se hubiera aburrido de él. Pero sí, por mucho que le doliera admitirlo, era cierto que se moría de ganas de estar con él; aunque sería mucho más duro tenerlo y luego perderlo.
Así que se rió y le aseguró que se equivocaba por miedo a confirmar que estaba en lo cierto. Viktor empezó a escribirle, y no de manera ocasional
Ella empezó a esperar aquellas cartas y se sentía decepcionada e inquieta si no llegaban. Por las cartas lo encontraba increíblemente ameno sin hacerla sentirse amenazada, por lo que continuó sin enfrentarse a sus sentimientos por él, que eran cada vez más fuertes.
Luego comenzó a llamarla por teléfono.
En todo ese tiempo, su tranquilidad fue desapareciendo, y con ella su otrora completa concentración en el trabajo.
No sospechaba que Krum se había colado en su corazón, hasta que acudió a la fiesta de despedida de Valeska y lo vio con otra mujer.
Destrozada por lo que consideró una profunda traición, tuvo por fin que afrontar lo que sentía por Viktor Krum.
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Comparando aquellos sentimientos del pasado con el desafiante presente, Hermione se dio cuenta de que se encontraba en una situación parecida. Miró por la ventanilla de la limusina y no vio nada.
¿Qué sentía exactamente por su marido?
En cuanto había leído la confesión de Rita Skeeter, había dejado de lado todo lo demás por la repentina necesidad de ver a Viktor.
Bien era cierto que el honor la obligaba a disculparse por no haber confiado en él.
¿Pero realmente era ésa la única razón por la que había acudido a Londres a toda prisa? Se estremeció al plantearse tan delicada pregunta, pero aun así se obligó a contestarla con total sinceridad.
Y la respuesta la hizo avergonzarse de sí misma.
Nada más desaparecer la barrera de su supuesta infidelidad, había deseado recuperarlo inmediatamente.
Sin pensárselo dos veces, había acudido a él con la esperanza de salvar su matrimonio antes de que el divorcio fuera definitivo.
¿Acaso no había sido ése el motivo de su visita? Sólo esperaba que al menos el azabache no hubiera descubierto su ridículo secreto.
Pero todavía le quedaba una duda: ¿estaba volviendo a casa sólo porque él le había dicho que lo hiciera? ¿Ése era todo el esfuerzo que estaba dispuesta a hacer?
Intentó recordar todas las veces que Krum había recibido sus negativas antes de que finalmente cayera rendida a sus pies y accediera a salir con él.
Viktor era muy orgulloso, y ya lo era hacía tres años; sin embargo no se había rendido a pesar de sus negativas. Para él habría sido mucho más sencillo elegir a cualquiera de las muchas mujeres que lo habrían recibido con los brazos abiertos. Pero había decidido que la quería a ella y no había permitido que el orgullo se interpusiera en su camino.
Se puso recta como si alguien le hubiera clavado algo en la espalda. Había claudicado al primer indicio de fracaso, mientras que el azabache había luchado por ella mucho más...
¿Tendría ella el coraje para luchar por él del mismo modo? ¿Estaba dispuesta a dejar el orgullo a un lado y hacer todo lo que estuviera en su mano para convencerlo de que todavía había una oportunidad para su matrimonio?
No tardó mucho en llegar a una conclusión: vivir sin Viktor era como estar sólo medio viva.
El auto estaba llegando a la Estación de traslados cuando le pidió al chófer que la dejara allí mismo.
Reparó entonces en las manchas de helado que tenía en la falda y que iban a obligarla a comprar ropa nueva antes de intentar volver a reunirse con el azabache, que hacía ya mucho tiempo le había dicho que le gustara o no, la gente juzgaba a los demás basándose muchas veces en la apariencia.
Tardó algún tiempo en encontrar una zona de tiendas y aún más en dar con la indumentaria adecuada; pero por fin salió de la boutique ataviada con un elegante vestido azul.
Al principio estaba un poco tensa porque detestaba llevar cualquier cosa que pudiera hacer que la gente se fijara en ella, sin embargo recordó lo que le gustaba Viktor cuando se ponía ropa de colores claros y se dejaba el pelo suelto. Un taxi la llevó hasta la preciosa casa georgiana que el azabache tenía en una distinguida zona residencial de Vratsa.
Su decorador de interiores había vendido las fotos a una revista que su amigo Ron se había apresurado a enseñarle.
Salió del coche con el corazón en un puño y con la mente dominada por el desafío que suponía volver a hablar con Viktor.
Entonces alguien gritó su nombre y al volverse a mirar, un tipo con una cámara le hizo una foto y le pidió que se quedara donde estaba para poder tomar otra.
Al mismo tiempo, otros periodistas se acercaban a ella corriendo y sin dejar de hacerle preguntas. Por un momento se quedó paralizada por la sorpresa, pero enseguida bajó la cabeza y corrió tan rápido como pudo hasta la puerta principal de la casa.
"¿Cómo se siente después de la confesión de Rita Skeeter, señora Grangereva?
"Esta tarde la han visto en la oficina de su marido" dijo otra periodista mientras los flashes de la cámara la cegaban
"¿Es cierto que la ha hecho esperar varias horas hasta que finalmente ha accedido a recibirla? "
"¿Sabía usted que Viktor está saliendo con Irina Valilovich una de las mujeres más bellas del mundo? ¿Qué siente al respecto? ¿La intimida? "
Hermione se sintió atacada y acorralada por aquellas impertinentes preguntas que la habían dejado literalmente contra la pared. Y se habría caído de espaldas cuando se abrió la puerta de no haber sido por el amable brazo que la sostuvo.
"Hermione... ¿Está usted intentando salvar su matrimonio? "se oyó una última pregunta antes de que la puerta se cerrara.
—¿Está usted bien? —le preguntó su amable salvador llevándola hasta una silla de la entrada.
Se trataba de Octavio, el jefe de seguridad de Viktor, que siempre había sido muy amable con ella.
—S... sí —tartamudeó ella todavía temblorosa.
—Me alegro, mila —dijo otra voz mucho menos amable—. Me habría dado mucha rabia no tener la oportunidad de decirte que venir aquí esta noche es lo más estúpido que has hecho en tu vida. —
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Notas finales:
Bueno espero que hayan disfrutado de este nuevo capítulo.
No pude revisarlo, así que por favor si tiene algún error por favor no duden en decírmelo.
Hasta la próxima.
No se olviden de comentar y votar.
Un besito a todos :3
ElizabethSnchezCampo
