Capítulo 2.

Fleur… el placer podía ser descrito o en otro caso, abreviado como Fleur. También podías decir que Fleur era sinónimo de placer. Me derretía en sus dedos, me derretía en su boca, en su cuerpo caliente, más caliente que un volcán, más caliente que el sol, más caliente que cualquier estrella. Con aquellos cabellos dorados en los que hundía mis dedos, cosa que en los últimos días se había vuelto una adicción. Siempre que recorría mi cuerpo con su lengua, ahí iban mis dedos, a hundirse en las hebras de oro, a hundirse en la sedosidad de sus cabellos mientras mi boca luchaba por no jadear, mientras mi cuerpo sentía que iba a hacerse agua y escurrirse, derretirse en su cuerpo para ya no saber más de mí.

Si, cada vez que nos veíamos eso sucedía, el placer estaba ahí, flotando, como una bruma en el ambiente, como una niebla que se colaba en mi cuerpo, algo adictivo, algo que me hacía enloquecer, algo que parecía fuera de todo lo posible en mi vida, algo que me estaba descolocando de mi acostumbrando sitio de confort pero que a la vez agradecía, la situación que se daba con Fleur parecía como un balde de agua fría que me hacía percibir por primera vez la realidad. Entre más nos veíamos, era más evidente la realidad de que mis preferencias no siempre habían sido los hombres, tan evidentes que simplemente no podía creerlo, es decir ¿Cómo había podido pasar tanto tiempo sin ser consciente de ello? Ahora francamente parecía inverosímil.

Durante los días siguientes a nuestro primer encuentro, me pasaba meditando las cosas, tratando de acordarme, de atar cabos, de entenderme, de saber porque había llegado tan lejos, pero eran pocos los espacios para pensar en ello. Entre mi trabajo y mis hijos me quedaba poco tiempo, sumándole que en esa misma semana me vi con Fleur cada día, desquitando el resto de energía que tuviera, llegando a mi casa completamente exhausta. A veces solo llegaba y me dejaba caer en la cama, sin quitarme la ropa de trabajo, cuando despertaba, era ya de mañana y Ron estaba en la cocina con los niños, lo que significaba que él me cambiaba la ropa y me acostaba. Demasiado atento y amable, me decía; es un buen hombre, lo que hace más difícil las cosas, si tan solo tuviera algún punto negativo podría hacer las cosas más fáciles. Ron no brillaba por su inteligencia, ni por su valentía, pero es un hombre dedicado, un hombre fuerte y amable, un hombre que había aprendido a escucharme, que había aprendido a ser exactamente lo que yo quería, o lo que necesitaba, a ser confiable, muchas veces sentía que él se había acoplado perfectamente a mí.

Por eso me sentía culpable, y por eso mismo sentía que necesitaba hablar, que necesitaba contarle a alguien lo que estaba sufriendo, externar lo que había pasado, porque parecía tan extraño y poco probable que me parecía un sueño, una fantasía, claro que a la hora de que mis labios se encontraban con los de Fleur, era obvio que era por completo real. Lo cual, además de ser placentero, me generaba ansiedad y angustia, algo que me revoloteaba en el pecho, algo que sentía que me estaba oprimiendo, tenía que sacarlo de mí, vomitarlo de ser posible, arrojar fuera de mi todos esos pensamientos y sentimientos. Usualmente era con Ron con quien hablaba de mis frustraciones, la mayoría laborales, pero esto era algo que no podía decirle a él, por lo tanto, tenía que decírselo a mi hermano, a mi mejor amigo.

-necesito hablar contigo -le dije segundos después de aparecerme en su casa.

- ¿Qué? ¿ahora? -me dijo sorprendido.

-ahora mismo Harry Potter -le dije apretando los labios, estaba muriendo por dentro y me decía ¿ahora?

-está bien, cielos, solo espero que no sea de trabajo Hermione, es fin de semana por amor a… -entonces lo tome de un brazo y ante la mirada de sus dos pequeños hijos y una recién asomada Ginny, desaparecimos de la sala de su casa para aparecer en mi oficina -así que si era del trabajo… -dijo aburrido.

-no lo aguanto más Harry -y apoye mi trasero en el borde de mi escritorio -necesito decirlo -y deje salir un suspiro mientras él alzo las cejas, confundido y sorprendido -me acosté con Fleur… -le solté sin más, rápidamente él abrió la boca.

-… ¿¡Qué!? -dijo quizás un par de minutos después de mirarme como si fuera un extraterrestre.

-tuve relaciones sexuales con Fleur Weasley, es decir que ella y yo nos…

- ¡si entiendo! Merlín, Hermione, que rayos… -se pasó una mano por el cabello -no es una broma ¿verdad? -negué frenéticamente -pero… como… ¿en qué momento? ¿Cómo fue?

-acudí a ella para preguntarle, como de, mujer a mujer, un consejo porque las cosas con Ron… -él me miro una vez más con la boca abierta de sorpresa -ya no lo amo, Harry…

-me vas a matar con tantas revelaciones Hermione… -se sentó pesadamente en el sofá de mi oficina.

-he estado pensado Harry, he estado quemándome los sesos pensando -le decía mientras daba vueltas presurosa por el pequeño espacio de mi oficina -asumiendo y aceptando que… ya no amo a Ron porque soy así… que quizás nunca lo he amado… que quizás fue un error… que quizá porque fue el primero con…

- ¿Por qué no hablaste conmigo antes Hermione? ¿no se supone que somos amigos? ¿Qué somos como hermanos? ¿Qué tal si alguien te ha puesto una poción de amor? ¿Qué tal si por eso estás pensando de esta forma? ¿Qué tal si…?

-no fue así Harry, acudí sinceramente con ella por un consejo y entre tanto, la besé, no pude resistirme Harry, mi corazón palpitaba como loco por primera vez, es como si lo que tuve con Ron no fuera de verdad…

-quizá solo fue un momento de debilidad, Hermione -dijo tratando de justificar mis actos.

-nos hemos acostado cinco veces desde el fin de semana pasada en el cumpleaños de Ginny -le dije, llevándome una mano a la boca.

- ¿la primera fue en la fiesta? -asentí en silencio - ¡en mi casa! -exclamó bastante sobresaltado.

-en la habitación de James… -le dije culpable.

- ¡Hermione! -dijo bastante enfadado.

-no lo hice con intención… solo paso -me lleve las manos a la cara avergonzada -el punto es… -y baje mis manos -que creo que soy gay Harry… -solté por fin lo que tanto me carcomía por dentro. Harry frunció tanto las cejas, pero a la vez levantando el ceño en una expresión rarísima que jamás le había visto.

- ¿de verdad estas segura? -pregunto recostándose en el respaldo del mueble.

-no he estado con otras mujeres, pero con Fleur… las cosas son… tan… -suspire -apasionantes…

- ¿estas enamorada de ella? -fruncí las cejas.

-no lo sé, Harry… voy a volverme loca… -ahora fue mi turno de sentarme en el sofá y descansar la cabeza en el respaldo -solo sé que… no quiero lastimar a Ron…

-así no quieras, esto… bueno, afectaría bastante a cualquiera… -suspire y el silencio reino en mi oficina - ¿vas a seguir con Fleur? ¿ella está de acuerdo? -asentí.

-ella no va a dejar a Bill… así que…

-solo te quiere como amante… -completo él y yo volví a asentir -estarás loca si te rebajas a ser su amante.

-es lo mismo para ella porque sigo con Ron.

-entonces ¿lo vas a dejar? -negué inmediatamente.

-no puedo Harry, no… no puedo hacerle eso, no puedo decírselo… -admití con pánico mientras me llevaba las manos a la frente.

-entonces aléjate de ella, Hermione, déjala, no vuelvas a involucrarte con ella, haz como si esto nunca hubiera pasado -dijo mientras me miraba seriamente con sus ojos verdes, más en una sentencia que como recomendación.

E involuntariamente, el trabajo, ajeno a la situación comenzó a hacerse más pesado, montones y montones de cosas por hacer, documentos que revisar, concesiones, investigaciones, aprobaciones, permisos, juicios y un largo etcétera, hicieron que se diera una larga prorroga a los encuentros entre Fleur y yo. Hubo momentos donde ya habíamos acordado la hora de vernos y sorpresivamente algo surgía en el último momento que me hacía cancelar la cita. Sucedió varias veces, tantas que apenada le tuve que decir, que ya le avisaría en cuanto pudiera verla, pero tuve que alargar cada vez más las cosas hasta que más pronto de lo que habría imaginado, paso un mes, llegando al punto de preguntarme si no estaría Harry detrás de tal avalancha de trabajo, aunque después de formular aquella fantasiosa conspiración, me daba cuenta de lo absurda que era y terminaba desechándola.

Quería verla hasta que llego a mi cabeza una idea, un pensamiento que cada vez se hacía más fuerte, uno que siempre estaba ahí, en mi cabeza, clavado como una nota de algo que tienes que hacer, que pospones, pero ahí sigue con resaltador, una idea que no se iba, una realidad que cada vez deseaba más, aun en contra de lo que pudiese traer consigo. Entonces una mañana decidí decírselo a Harry. Llegué a la oficina temprano para hablar con él cuanto antes, necesitaba externar la idea, sentirme libre y a la vez valiente, caminé por el pasillo hasta la oficina y entonces lo encontré con Pansy Parkinson.

Tenía muchos años que no veía a Pansy Parkinson, la más venenosa serpiente de Slytherin. Pero que, como muchas serpientes, es hermosa, astuta e inspira respeto, un respeto basado en un temor que infundía simplemente con su presencia a los más débiles, un temor coloreado de admiración y atracción. Tan simple como decir: me asusta, pero me gusta. Si, podría decirse que así era Pansy Parkinson a primera vista. Pero eso no lo era todo. Sus ojos verdes, brillantes e hipnotizantes parecían guardar secretos que nadie podría adivinar ni con una esfera de cristal, ni sabiendo leer mentes o algún poder fuera de lo normal, y por lo mismo parecía casi incomprensible aquella mujer. Su sonrisa pintada de un escandaloso labial rojo escondía intenciones sospechosas, era una sonrisa extraña, que a primera vista sentirías que con solo verla se está burlando de ti, una sonrisa que te hace sentir insegura, una sonrisa perturbadora. Y su voz, una voz suave, con un tinte tan suave y a la vez fuerte que cuando te hablaba sentías que estaba siendo amable, sin sentir cuando te pedía o exigía, sin poder resistirte, como con un encanto para convencer, para envolverte de tal forma que hacías lo que pedía sin apenas pensarlo, seguramente podría domar a cualquier bestia, pero no a mí.

Eso es lo que se podría saber de Pansy Parkinson en un comienzo, si es que ignoras como ha sido a lo largo de años y años en el instituto. Si es que no sabías lo cruel e hiriente que podía ser con todo ese conjunto de cosas atrayentes y sensuales en ese pequeño, pero bien hecho cuerpo. Pero yo lo sabía, porque había oído de sus mismos labios llamarme sangre sucia. Aunque actualmente estaba, aparentemente reformada y digo aparentemente porque solo es eso, una apariencia, pues no puedo creerle a una mujer como ella, mentirosa, vil, de pocos valores y de moral flexible, que, si bien no había participado en la guerra de Voldemort, eso en sí, no demostraba nada. Quizás no participo porque quería salvar su pellejo, quizás no participo porque intuía lo que pasaría, quizás simplemente fue más astuta, quizás solo miente y si estuvo implicada, hay demasiadas cosas que pueden ser perfectamente posibles y uno no las sabe.

Pero lo que si sabía con seguridad es que Pansy Parkinson es una mujer vil, lo sé no porque su mejor amigo fuera Malfoy, no; no porque perteneciera a Slytherin, no; si no porque sabía de primera mano lo ruin que podía llegar a ser, lo crueles y lacerantes que podían ser los comentarios expedidos de su boca. Sin embargo, soy Hermione Granger, tengo educación, valores, moral y ética, no acostumbro a prejuzgar, usualmente tengo flexibilidad al dar el voto de la duda, pero no es un prejuicio si ya la conoces, si sabes de lo que es capaz, de sus verdaderos pensamientos, de lo falsa, hipócrita y engañosa que puede ser. Y una de las cosas que jamás se le quitaría de la cabeza al igual que muchos magos de sangre pura, es precisamente la superioridad por sangre, Pansy Parkinson es así ¿Por qué no podían verlo los demás? ¿Por qué no podía verlo Harry? ¿Por qué confiaba en ella?

Porque ahí estaba esa mujer, en la oficina que Harry tenía en el ministerio. Estaba con ese fino y ajustado traje sastre que se pegaba a su cuerpo de forma soberbia y encantadora, que arrojaba a los ojos que era caro y sumamente inaccesible para cualquier mortal, con esa radiante sonrisa falsa de color rojo sangre, con esos relucientes ojos verdísimos, con su usual cabello corto perfectamente peinado, en un corte glamuroso que acentuaba la belleza de las lisas y negras hebras, siendo su cabello asimétrico desde la parte trasera de su cabeza, cayendo más largo hacia el frente, enmarcando ese hermoso rostro de piel blanca, con esa voz suave y encantadora riendo, sonriéndole a mi amigo con sospechosas intenciones.

¿Qué demonios estaba haciendo aquí? ¿y porque le sonreía tanto a Harry? ¿Por qué él también sonreía a esa mujer con ese fastidioso labial rojo? Respire hondamente, relájate Granger, perdón, Wesley relájate, quizás solo está siendo amable con esa mujer porque son otros tiempos y aparentemente la gente cambia, solo está siendo educado y cortés con la mujer. Pero por simple solidaridad y lealtad a nuestra amistad no debería ser tan amable, pensé, mientras caminaba lentamente, pasando de largo, ignorando la reunión de aquellos dos y aguantándome las ganas de hablar con Harry. Sin embargo, no pude dar más de dos pasos lejos de esa puerta cuando él se asomó por el quicio y me llamo. Tuve que volverme a verlo con una sonrisa mal disimulada.

- ¿Qué sucede Harry? -le dije, intentando ser buena amiga, ignorando a la serpiente en su oficina.

-nada realmente, estoy con Pansy Parkinson y pensé que te gustaría saludarla - ¿y porque me gustaría saludar a aquella víbora? Pensé con fastidio.

-ah, me encantaría, pero tengo un asunto urgente, será en otro momento -le dije excusándome.

-pero… -intento objetar él.

-no te preocupes Potter, sé que no soy del agrado de tu amiga -dijo Parkinson, acercándose, dejando ir su veneno en cada palabra.

-tonterías, Hermione no es así -intervino Harry, depositándome una carga que no quería.

-exacto, es solo que tenía algo de prisa como para saludarte como bien mereces Parkinson -dije, entrando en el juego de la serpiente.

-oh Granger, me alegra que las cosas del pasado estén ahí, en el pasado, seria genial si fuéramos amigas -y sonrió, con esos labios rojos, brillantes y fastidiosos.

-por supuesto Parkinson -le dije, sin olvidar por supuesto sus ofensivos "sangre sucia" -por cierto ¿Qué estás haciendo aquí? En el ministerio -en mi recinto sagrado, me falto decir.

-Pansy se dedica a la alta costura mágica -respondió Harry, sin embargo ¿Pansy? ¿ya la llama por su nombre? -y estamos negociando, creo que sería bueno hacer una capa especializada para todos en el departamento de seguridad -entonces volteo a verla, con algo en la mirada de Harry que simplemente me fastidio.

- ¿una capa? -pregunte casi con burla - ¿y que podría hacer esta capa? Harry, uno debe ser suficientemente eficiente como para no depender de una capa.

-parece ser que tus amplios conocimientos no llegan hasta mi rubro, Granger, una capa con ciertas habilidades puede ser muy útil, como una capa de invisibilidad -contesto Parkinson, desafiándome no solo con sus ojos, sino con sus palabras.

-exacto ¿te acuerdas Herms? En Hogwarts, con mi capa de invisibilidad ¡momentos épicos! -decía Harry sonriendo, tratando de aligerar el ambiente tenso que se formaba entre esa mujer y yo.

-claro, buenos momentos -entonces levante mi muñeca y mire mi reloj -tengo que irme Harry, debo hacer unas cosas.

-no importa, quédate un poco más, te lo dice tu jefe -comento sonriente, Harry era el actual jefe de departamento.

-Harry Potter -le dije molesta -no pretendo beneficiarme de nuestra amistad y dejar de lado mis obligaciones.

-está bien Herms, no hay problema -contesto -continua, pero con tranquilidad -comentario que le sumo un poco más a mi fastidio.

-te veo después Harry, adiós Parkinson -porque no pretendía volver a encontrarme con la serpiente. No termine de escuchar sus palabras para despedirse y comencé a caminar a mi escritorio.

-se le ve muy estresada… -le oí decir por ultimo a Parkinson.

¿Qué le importaba a ella si estaba estresada? Y en realidad no estaba estresada, simplemente me fastidiaba la presencia de una mujer tan cuestionable como lo es Pansy Parkinson y que tratara de entablar amistad tan descarada y premeditadamente con Harry, para poder aprovecharse y beneficiarse de él, y Harry parecía no notarlo, aunque si lo notaba no le importaba ¿Qué una capa para el departamento? Nadie en el departamento necesitaba una capa, esa mujer era una arribista.

Exhale con cansancio y fastidio, vaya situación sacada de la dimensión desconocida, el día de hoy parecía fastidiosamente fuera de lo común. Me recargue en el respaldo de mi asiento mientras intentaba conservar la calma e ignorar la anterior situación. Le eche una mirada a la pila de papeles que mi asistente había dejado esta mañana. Hoy parecía ser uno de esos días, uno donde todo parece difícil y cansado, uno de esos donde los ánimos estaban bajos, uno de esos donde te gustaría abandonar todo e irte lejos… con alguien. Me pase una mano por el cabello mientras miraba el techo aun recargada en el respaldo, como esperando a que todo se resolviera mágicamente. Sin embargo, a pesar de vivir rodeada de magia, había cosas que simplemente no se podían hacer solas. Volví a exhalar con cansancio, para segundos después incorporarme y tirarme un clavado a la pila de papeles que requerían mi atención.

Algunas horas después, cansada de mantener enfocada mi atención por tan largo tiempo, me permití terminar de leer una hoja y firmarla, dando mi consentimiento a lo requerido en ella. Volví a recargarme en mi respaldo y me pasé los dedos por mis hombros, estos últimos tensos y cansados, apenas habían pasado unas horas, aun no terminaba el horario laboral y ya quería tirarme en mi cama para descansar. Sopese la idea de acostarme en el sillón de mi oficina…

Quizás simplemente necesitas algo de aire fresco, pensé, o simplemente sexo… bien, lo último no, bótalo a lo más hondo de tu mente, Granger, ahora ve a conseguir algo que comer, unos cuantos minutos de descanso no harán que nada malo en el mundo pase. Me levante y me acerque a mi asistente, indicándole que la pila de documentos ya estaba leída y aprobada, en cuanto pudiera, le pedí que se hiciera cargo de mandarlos a las áreas correspondientes. Me puse mi saco mientras comenzaba a alejarme de mi escritorio, pronto, más pronto de lo previsto, llegué a la oficina de Harry encontrándolo con Parkinson ¿aún sigue ahí? Me pregunte incrédula. Mire mi reloj, habían pasado cuatro horas desde que los había despedido y aún seguían ahí, platicando y riendo ¿De qué rayos podrían hablar? No imagino que Parkinson tenga más temas de conversación que ella misma, y de dinero… y de la genialidad de la sangre pura. Mire con ojos ceñudos a Harry, él es bastante responsable, me parecía casi imposible de creer que hiciera a un lado sus labores para continuar una charla infructuosa con Pansy Parkinson. El hecho de que mi mejor amigo abusara de su cargo para perder el tiempo por culpa de esa mujer, empeoraba aún más el mal concepto que tenía sobre ella. Torcí la boca y apuré mis pasos para pasar de largo por completo e ignorar la escena de aquellos dos pelinegros ojiverdes.

Termine tomándome un café en un local cercano a la entrada publica del ministerio. Tenía el ceño fruncido y tamborileaba las uñas en la mesa con ansiedad y fastidio recordando la escena de aquellos dos riendo y sonriéndose, como si estuvieran en una cálida mañana en un parque, los pajarillos cantaran y el sol calentara con fuerza, contrariamente a la lluvia torrencial que caía actualmente. Esto no lo dejare pasar, pensé, aun con el ceño fruncido.

Para cuando regrese de mi breve descanso, por fortuna Parkinson ya no estaba en la oficina de mi amigo, entonces exhale un suspiro, me acerque a la puerta y toque con los ojos cerrados, esperando a que Harry respondiera que podía pasar, fueron solo unos segundos para que me invitara a entrar, entonces cerré la puerta, lejos de cualquier ojo curioso y chismoso.

-así que ahora te gustan las serpientes -le arroje con molestia.

- ¿Qué? -dijo él, sorprendido - ¿de qué hablas Herms? -yo pase a sentarme en una se las sillas que estaban frente a su escritorio.

-estoy hablando de Parkinson -le dije con ojos entornados.

-oh, de Pansy, bueno, ella ha cambiado Herms, es una mejor persona ahora -torcí la boca.

-no sabía que ahora se te daba el humor negro Harry, pero déjalo, no se te da, no me ha hecho gracia.

-no es broma, no tiene que hacerte reír, lo digo en serio -seguía él con eso.

-no puedes decirlo en serio… estamos hablando de Parkinson ¿se te olvida todo lo que hizo en Hogwarts? ¿Lo que nos fastidiaban? ¿Ella y Malfoy? ¿y lo que sugirió, ella precisamente? ¿eh?

-no lo he olvidado, pero ya está en el pasado Herms, hay que superarlo, hoy Pansy es mejor persona.

-solo te ve como un negocio -le dije molesta.

-el que estuviéramos en eso hoy no significa que sea solo interés monetario, podemos llevarnos mejor Hermione, hay que hacernos la vida más fácil.

-pero no con Parkinson -le dije, sin quitar el dedo del renglón.

-no puedo creer que te pongas en ese plan tan… intransigente.

-yo no puedo creer que estés más de lado de Parkinson que mío, Harry.

-Hermione, no es que este de su lado, simplemente hemos hecho amistad y creo que podrías darle una oportunidad.

¿Por qué habría de darle una oportunidad a Pansy Parkinson? ¿y una oportunidad de qué? ¿de ser amigas? ¿de salir a tomar el té juntas? ¿de platicarnos nuestras intimidades y nuestros problemas? ¿de ir de compras juntitas? Estuve a punto de soltar todos mis pensamientos en un comentario largo y mordaz, pero preferí evitarme problemas con Harry, parecía estupidizado, como si Parkinson le hubiera lavado el cerebro con palabras bonitas ¿de qué tanto hablaron como para haberlo convencido a ese nivel? Había que tener cuidado con Parkinson, parecía una estúpida superflua y ambiciosa, pero al parecer tenía un poco de más cerebro y astucia de la que esperaba. Termine suspirando mientras me apoyaba en el respaldo de la silla.

-como sea -y me pase una mano por el cabello -voy a divorciarme de Ron, Harry -casi escupe el sorbo de té que había tomado.

- ¿¡que!? -soltó - ¿acaso no me habías dicho que no querías lastimarlo? ¡lo vas a matar! -volví a suspirar con cansancio.

-no puedo seguir engañándonos Harry, soy homosexual, lo admito, este último mes…

-creí que no habías visto a Fleur -me interrumpió, pero termine asintiendo.

-y no la he visto, porque cuando vuelva a verla, quiero ser una mujer libre… -él tenía el ceño muy fruncido.

-de todas maneras, le estarán haciendo daño a Bill.

-será decisión de ella, pero yo no puedo seguir mintiéndonos… siento como si viviera una constante mentira, como si me negara a mí misma, como si estuviera intentando ser otra persona.

- ¿y los niños? -negué.

-no lo sé, ya se verá quien se los queda.

-Molly va a querer hacerte pedazos -dijo pensativo.

-nuestra suegra haría pedazos a cualquiera que hiera a sus bebés -dije en una extraña sonrisa -pero al final no es asunto de ella, Harry -y suspiramos.

-Ron es mi amigo, pero tú eres como mi hermana, Hermione… estoy contigo en esta decisión, pero quiero que comprendas que también lo ayudare a él -negué entonces con la cabeza.

-no te estoy pidiendo que tomes un bando entre nosotros dos, Harry, entiendo tu posición y de hecho quiero que lo apoyes, va a sufrir, es un buen hombre, demasiado noble, me ha costado domarlo -le dije con cierta sonrisa -pero es bueno… y porque es bueno no puedo seguir mintiéndonos.

Había tomado la decisión del divorcio tan solo unas horas antes de llegar al trabajo el día de hoy, antes de encontrarme con Pansy Parkinson en la oficina de mi mejor amigo, justo cuando necesitaba hablar con él y desahogarme ahí estaba aquella molesta serpiente, fastidiando mi día y mi humor inmediatamente, pero tampoco podía engañarme, Parkinson estaba como una moto, una moto sensual y potente, con esas tremendas piernas bien trabajadas bajo esa falda sastre, elegancia y sensualidad combinadas, con todos estos pensamientos, ¿Cómo negar mi sexualidad?

Solo estoy necesitada, tan necesitada que Parkinson me parece buena, sin duda mi necesidad es sumamente urgente, tan urgente que ya veo atractiva a Parkinson… debía alejar aquellos pensamientos, nada bueno podía salir de ellos, nada, absolutamente nada… salvo esas suculentas piernas… ¡basta ya!

- ¿Cuándo piensas decírselo? -suspire.

-aun no lo decido… quisiera salir corriendo antes que hacerlo, o simplemente mandarle una carta y que se desate el infierno yo estando en otro país, pero no puedo ser tan cobarde… se lo debo… le debo mi sinceridad.

- ¿le vas a decir lo de Fleur?

-no, no a menos que sea insistente e irracional en exceso.

-bueno, eso solo lo lastimaría más…

-precisamente…

Pase otro largo rato en la oficina de Harry hasta que vinieron a reclamarlo por asuntos urgentes, solo entonces me retire de su oficina para encerrarme en la mía a ver diversos pendientes, pero al parecer, todos los había resuelto en la mañana y ahora estaba aparentemente libre. Y digo aparente porque mi mente estaba llena de pensamientos, de suposiciones y las palabras que diría y como las diría, de que decisiones tomaría, de las posibles reacciones y mis respuestas a todas ellas, de mis hijos… quizás lo mejor sería que se quedaran con Ron…