Capítulo 3.
¿Alguna vez han llegado a la resolución de que no importa lo que hagas, siempre habrá alguien que no estará de acuerdo contigo o con lo que haces? Bueno, yo llegue a ella hace mucho tiempo, por consecuencia, ya no me importa lo que la gente diga, haga o la opinión que tengan sobre mí, me interesa mi supervivencia, me interesa el dinero. Así que no me importa lo que tenga que hacer con tal de obtener dinero, consigo las cosas por las buenas o por las malas, arrastrándome, pasando o pisoteando a quien sea necesario, pero lo hago porque entendí que es la única forma para no caer en la verdadera desgracia que es vivir en la calle.
No he vivido en la calle si es lo que están pensando, Pansy Parkinson jamás podría vivir en la calle, pero estuve cerca. Después de la caída del Señor Tenebroso, mi familia, una de todas esas familias de sangre pura, rica y con prestigio cayó en desgracia por haber sido comprobado que mis padres apoyaban al Señor Tenebroso, llegaron Aurores con papeles en mano directamente del ministerio y lo peor no fue que fueran a dar a Azkaban, lo peor fue que toda nuestra riqueza nos fue arrebatada. Siglos y siglos haciendo crecer la fortuna, eligiendo los prospectos más adecuados para la familia, obteniendo renombre e influencias y ahí estaba el final, todo ese trabajo hecho una mierda por los últimos jefes de familia y sus malas decisiones. ¿De qué nos sirvió el renombre? De nada, quedo más sucio que el lodo, ¿De qué sirvió la pureza de sangre? En realidad, de nada, no, esperen, lo estoy pensando bien, de verdad… no, no, de nada sirvió cuando llegaron los Aurores, no nos trataron mejor que cualquier criatura mágica, y gracias a Merlín, ni peor. Lo único que si sirvió fue la fortuna decomisada para cubrir el pecado que habían cometido mis padres ante la ley, pero no fue suficiente para las deudas que dejaron mis padres tras de sí al ser encerrados en Azkaban y bueno ¿a quién le cobrarían las deudas? A la siguiente en la línea de la familia, a la joven Pansy Parkinson.
Si, ahí estaba yo, con diecinueve años y deudas hasta el cuello. No había dinero y nos quitaron muchas propiedades, por suerte la mansión Parkinson en el campo quedo libre de la multa, pero ¿fue suficiente para cubrir las deudas? Claro que no, tuve que venderlo todo y sí, "todo" abarcaba tanto mis cosas personales como la mansión en el campo, la mansión que por siglos vio nacer a cada miembro de la familia, esa importantísima propiedad yo la tuve que vender, porque no había ya más Parkinson's, y la última que quedaba ya no tenía nada más que vender a excepción de su alma, y dudo que alguien la quisiera. El estatus se fue, la riqueza se fue, las conexiones, las influencias, todo se fue al carajo. Ahora solo era yo, Pansy Parkinson, por la vida tratando de terminar mis estudios en Hogwarts, que por poco y no logro.
Pero al terminar, ahí estaba yo, regresando del viaje en tren de Hogwarts, con solo una maleta y la ropa que vestía en el andén del tren, caminando a un miserable y ajustado departamento en Londres, viendo como poco a poco el dinero de mi cuenta en Gringotts se acababa y poco faltaba para terminar en ceros. ¿Y ahora qué hago? Me pregunte ese día mientras miraba la lluvia mojar la calzada a través de la ventana de este pobre departamento. En un principio pensé que quizás pedir dinero de algún familiar lejano no sería tan mala idea, hasta que me lo negaron, la pobre lechuza que envié con esperanzas volvía agotadísima y siempre con negativas. La segunda idea fue pedir dinero a mis amigos, pero la lechuza siempre llegaba con la misma respuesta, empapada y cansada, algunas veces con el pergamino mojado y la tinta corriéndose, pero con una fuerte y clara negativa.
¿Qué voy a hacer? Me dije, después de agotar las conexiones, nadie quería prestarme dinero, mucho menos simplemente dármelo para sobrevivir, ni siquiera mis amigos, ni siquiera Draco que a él si le quedaba dinero, no como a mí. Entonces volví a leer su carta.
"Pansy, porque somos amigos te voy a hablar con la verdad, no te puedo prestar dinero, ni siquiera puedo darte trabajo, nuestra posición ha cambiado, tanto la tuya como la mía, no es conveniente que nos vean juntos, hazte cargo de tus negocios como yo me hare cargo de los míos."
Pero… ¿Cuáles negocios? ¡Si estaba en la ruina! A Draco aún le quedaban negocios familiares, pero a mí solo unos cuantos números en el banco. Recuerdo que volví a leer su carta "ni siquiera puedo darte trabajo"… ¿tendría… que trabajar? Al parecer, tenía que hacer lo que no había concebido durante toda mi vida. Si, teníamos negocios, y trabajar en ellos para nosotros era simplemente pasar una vez por día o quizás por semana para ver cómo van las cosas y volver al ocio de aquellos privilegiados, todos lo hacían así, por eso mismo ¿trabajar? ¿de qué iba a trabajar?
Tarde algunos días en negación. No quería trabajar, entonces llamaron a mi puerta, era mi casero, para recordarme que me quedaban pocos días para que tuviera que pagar la renta. Mi casero me dio el impulso para ponerme mis mejores trapos e ir al ministerio a probar suerte. Bueno, no hubo suerte. ¿Quizás por era Pansy Parkinson, hija de benefactores del Señor Tenebroso? Tal vez, tengo una ligera sospecha… como ahí no funciono fui al callejón Diagon a buscar cualquier empleo que pudiera darme algo de ganancias. Solicité empleo en todas las tiendas y finalmente vine a ser contratada como ayudante en la tienda de ropa de segunda mano. El sueldo era genial… para un estudiante en vacaciones… para mí era la muerte.
Dure con los mismos trapos meses enteros, me alcanzaba solo para comer y pagar la renta, estrictamente hablando, y creo, que eso ya era mucho, pero no podía hacer nada, no había más oportunidades, no sabía hacer más, en mi familia no había un oficio en específico, más que la recolección del capital, ¿Qué había aprendido? Nada de ella, realmente. No acostumbraba a pensar que haría en el futuro, no tenía grandes planes, o algún tipo de sueño arquetípico, no, solía creer que cuando saliera de Hogwarts mi padre me haría pegarme a él para ir a revisar los negocios una vez por semana y el resto de mi tiempo lo invertiría en desayunos, comidas y cenas con mis amigos, en salir de compras, en viajar, proponer uno que otro negocio nuevo para que mis padres vieran mis intenciones emprendedoras, independientemente de si funcionaba o no, total que no importaba si no funcionaba, gastar dinero en algo así no era un problema, después, encontrar un marido guapo, joven, adinerado y con buen linaje para casarme, tener un mocoso y seguir así por la vida, pero no, todo ese brillante futuro fue cortado de un tajo por el nombre del Señor Tenebroso.
Por eso, cuando se abrió una vacante como aprendiz de Madame Malkin, no lo pensé ni un segundo más y me postulé, prefería ser aprendiz de Madame que ser una simple ayudante en una tienda de segunda mano. Madame no estaba muy satisfecha con los solicitantes, pero tuvo que admitir que yo era el mejor prospecto. Me dio una oportunidad, solo una dijo, y si arruinaba las cosas tendría que volver a ser ayudante en la tienda de segunda mano. Obviamente trabaje diligentemente para no cometer errores o si los cometía que fueran muy pequeños. Nunca en mi vida imagine que trabajaría tanto para complacer a alguien, que pondría tanto empeño para hacer una túnica, ni para entender lo difícil que resulta coser con magia. Algunas prendas, las más caras, requerían coserlas a mano, insertando magia en cada una de las puntadas, magia en cada hilo, era un trabajo laborioso y artesanal que exigía concentración y, por supuesto, una buena paga por él.
Al principio, contrariamente a lo que imagine, mi sueldo no mejoro demasiado, pero bueno, hablando de números, si, mejoro, ya me alcanzaba para cambiar esos viejos zapatos y para uno que otro gustito, como galletas y uno que otro panqué con mermelada. Todo mejoro cuando comencé a hacer las túnicas más complicadas, Madame Malkin me pago bien por cada una de ellas, aunque claro, las vendía más caro, eso es obvio. Finalmente, cuando me gradué de ayudante, pasé a ser, junto con ella, una diseñadora de la tienda, ya podía atender clientes y por supuesto, lo mejor es que ya me pagaba más.
Me cambié de departamento, poco a poco fui ampliando mi guardarropa con buenos atuendos de fina tela, lento pero seguro me decía, prefería tener algo bueno cada mes, que tener ropa barata todos los días y lo mismo era con los zapatos. Estuve largo tiempo trabajando con Madame, la mujer se sirvió de mí, de mi juventud y yo me serví de su renombre, de su tienda, de sus clientes y de sus conexiones. Le conseguí buenos tratos con equipos de Quidditch, con comerciantes extranjeros, algunos eran ciertamente difíciles, pero hacia todo lo necesario para obtenerlos como clientes, y todo era, TODO. Al principio no quería, después de todo, no quería que la gente pensara que Pansy Parkinson se había vuelto una puta barata, pero al final, el solo imaginar la seguridad que me iba a dar tener todo ese dinero, hizo que se me resbalara el que dijera la gente. Iba a ser una puta, pero una cara, con buen dinero y sin carencias, con comida segura, un lugar donde dormir y ropa de calidad.
Muy buenos tratos conseguí de aquellos trabajos, pero nunca pudimos entrar al ministerio, el ministerio no hacia tratos de nuestro rublo, no le interesaba, por más que me esforcé en entrar, hasta que me topé a Potter y a Potter hijo mirando una de nuestras túnicas en el aparador de la tienda. Sonreí diabólicamente cual cocodrilo al ver un suculento, suave, carnoso y tierno hipopótamo en la charca. Me gire a ver a nuestro ayudante más joven que tonteaba leyendo un libro e inmediatamente le hice la señal para que saliera a toparse con el hijo de Potter en nuestra estudiada táctica de enganchamiento. Nuestro ayudante le hablo al chico y casi segundos después charlaban animadamente de alguna estupidez de niños. Revisé mi peinado rápidamente en un espejo de la tienda, alisé algunos cabellos y salí buscándolo con una voz empalagosamente dulce.
- ¡Gareth! ¡Gareth donde…! -y entonces, bien ensayadamente, me tope a Potter de casualidad cuando buscaba a mi ayudante. El volvió a verme, yo lo mire, los chicos volvieron a mirarme -Potter… -él alzo una ceja.
- ¿Parkinson? -primero lucio desconcertado y luego asombrado - ¿Pansy Parkinson? -yo me sonreí.
- ¿luzco tan diferente? ¿tan mal me veo? -rápidamente dio la reacción esperada.
-no, claro que no, luces muy bien, los años no te han maltratado -después de todo, santo o no, Potter es un hombre. Sonreí complacida.
-gracias ¿es tu hijo? -comente mirando al chiquillo.
-oh si, ¿él es el tuyo? -refiriéndose a Gareth.
-oh no, Gareth no es mi hijo -dije como ya en otras tantas veces.
-soy ayudante de Mademoiselle Parkinson -dijo él mismo.
- ¿ayudante? ¿tan joven? -pregunto Potter impresionado - ¿no es demasiado chico? -Gareth tiene como ocho años así que es normal su sorpresa.
-sí, es joven, pero…
-mi mamá no me quiere en casa -dijo como si nada -dijo que prefiere que aprenda algo, es feliz de que ayude a Mademoiselle Parkinson -y tanto Potter como yo tuvimos la misma expresión incomoda.
-lo niños son tan honestos -comente con para aligerar el peso del comentario - ¿Qué te trae por aquí Potter?
-James quiere una túnica, me gustaría algo especial - ¡fantástico!
-veras que haremos algo maravilloso -dije sonriendo con tanta amabilidad que casi podría ser una santa.
- ¿las confeccionas tú, Parkinson? -me hice a un lado y los invité a pasar.
-cada puntada Potter, más que un oficio, más que mi vida -pero no más que el dinero -esto es mi sueño -y Potter sonrió satisfecho bajo la ensoñación que le plantee. Crédulo, pobre tonto, el mundo no es color de rosa Potti.
-de verdad me alegro Parkinson ¿este lugar es tuyo?
-no, no lo es -eso sorprendió a Potter -un poco después de Hogwarts me convertí en aprendiz de Madame, trabajé muy duro para alcanzar mi sueño -le dije con una fenomenal sonrisa, con el mismo cuento que encandilaba a todos los estúpidos crédulos como él.
-el trabajo duro y honesto siempre da frutos Parkinson -sí, claro Potter -en verdad me alegro por ti -todo estaba yendo perfecto, pero faltaba lo más importante para envolverlo.
-Potter, ya que, veo que no me odias… -dije con cierto melodrama.
-Parkinson, no te odio -se apresuró él.
-eso me alegra, de verdad, por eso quiero ofrecerte disculpas -alzo las cejas sorprendido -por aquella vez cuando sugerí entregarte a ya-sabes-quien…
-Parkinson… -se quedó aún más sorprendido, realmente no me arrepentía de nada, en ese momento de verdad que fue lo que mejor me pareció -está ya en el pasado, además fue un momento… difícil, para todos.
- ¿aceptas mis disculpas? -le pregunte afligida.
-claro que si Parkinson, ya está en el pasado, además, has trabajado tanto y has hecho las cosas correctas, ahora me pareces de verdad una buena persona.
-gracias Potter -le dije con una ensayada tímida sonrisa -no ha sido fácil pero aquí estoy, haciéndolo lo mejor que puedo.
-dime Harry, Potter es muy de trabajo, si alguna vez puedo ayudarte lo hare con gusto -y ahí estaba lo que había estado deseando escuchar, por fin la puerta se había abierto.
-gracias Harry, igual puedes llamarme Pansy, si quieres podemos ver qué tipo de túnica le gustaría a James -ya lo tenía en el bolcillo, ahora había que darle tiempo para poder solicitar un trato fuerte, debía esperar y andar por las ramas mientras, no hay que mover demasiado fuerte por ahora.
-ah, claro, por cierto ¿aquí hacen capas de invisibilidad? -voltee a verlo.
-ese es un trabajo muy raro y caro Harry -le dije risueña -sinceramente yo no puedo hacerlas, pero investigare.
-quiero una para James, pero no ahora, puedes tomarte tiempo en investigar -y yo aprovechare ese tiempo Harry Potter.
-Mademoiselle Parkinson ¿puedo darle dulces? -me dijo Gareth.
-claro que, si cariño, todos los que deseen -y tomé el tarro esférico donde teníamos dulces de cortesía para los clientes - ¿te gustan los dulces corazón? -le dije al hijo de Potter con una reluciente sonrisa.
-sí, Mademoiselle -contesto muy propio.
-es un encanto Potter, hasta me hace querer uno para mí -comente con dulzura.
- ¿aún no te has casado? -pregunto francamente sorprendido.
-si tienes un buen prospecto preséntamelo -y guiñe un ojo.
Pero claro que no quería un marido, seria estorboso para el trabajo, a los clientes no les llama la atención una mujer casada, menos aun con hijos, era una vil mentira para Potter. Lo que si no era mentira es que estaba disponible, a los hombres les gusta eso, independientemente de si están casados o no, una dama joven, hermosa y soltera que les elogia siempre es agradable, y cuando se es agradable, vienen los negocios. No creo llegar a acostarme con Potter, pero le sobare el orgullo, lo suficiente para que se sienta como un quinceañero, joven, potente y guapo, la mejor llave para abrir la puerta de un negocio.
La siguiente vez que nos vimos, fue cuando vino a recoger la túnica para su creciente retoño, una semana más tarde. Venia solo así que iba tener una buena oportunidad de poner en practica mis tácticas.
-buenos días Harry -salude cordialmente, obtuve la misma respuesta -oye, no te lo había dicho pero la barba te sienta muy bien -si un hombre tiene barba, no hay nada como adularla, les encanta.
-gracias Pansy, la he estado dejando, al principio no estaba muy seguro, pero…
-oh no, no Harry, te queda muy bien, además, es tan tupida -y ahí estaba la sonrisa boba de un hombre adulado.
Aquel día encargo otra capa para su retoño, sin importarle el costo. Después de encargarla, dijo que le enviara una carta o un mensaje para cualquier detalle que surgiera, y así lo hice, gracias a eso Potter y yo comenzamos a llevarnos cada vez mejor, claro que tampoco abusaba del recurso, no lo llamaba dos que tres días, pero no dejaba pasar demasiadas semanas hasta que un día, mientras mirábamos algunos detalles de la capa para su criaturita, tocamos el punto verdaderamente importante para mí, capas para el ministerio. Primero probando con el departamento de seguridad. Accedí gustosa cuando me pidió que le presentara un proyecto oficial junto con una cotización.
Claro que, no espere que el obstáculo para mis planes no fuera Potti directamente, sino su secuaz inseparable, Granger… frígida y adicta al trabajo de mierda. Inmediatamente de verme en la oficina de Potter se le noto la antipatía desde lo lejos. Lástima de cuerazo, me dije, los senos se le notan exquisitos bajo la blusa, apretados, suplicantes de caricias. Una pena para su marido, seguramente se atiborra de trabajo y apenas deja espacio para respirar, ya ni de soñar con sexo.
-Harry Potter -dijo molesta -no pretendo beneficiarme de nuestra amistad y dejar de lado mis obligaciones -que estúpida, porque yo sí.
Aunque claro, nuestras posiciones son completamente diferentes, Granger es la eminencia que todo el mundo ama, igual que Potter, quien no destaca demasiado… más bien, quien no destaca es Weasley.
-se le ve estresada -comente casual para olvidar el ambiente con Granger.
-no le hagas caso Pansy -Potter intento que Granger se sumara al proyecto y lo apoyara como buena amiga, pero parece que no iba a ser posible, conveniente por el lado de que si Granger se quedaba demasiado podrían saltar chispas entre las dos, y no necesariamente de pasión; el lado inconveniente es que solo Potter apoyaría la negociación, no era malo, pero habría sido mejor con los dos, aunque, a quien engañaba, Granger jamás cooperaria conmigo -por cierto, vamos a hacer una cena sorpresa para Herms, es en mi casa y quiero invitarte.
-oh que maravilla -le dije, no sintiéndome maravillada - ¿Qué celebraran?
-es su cumpleaños, pero creo que lo ha olvidado por completo, tiene muchas cosas en mente, espero que esta sea una gran oportunidad para todos.
-honor que me haces Harry, iré con mucho gusto -y di mi mejor y más feliz sonrisa. Son negocios Pansy, si tengo que ir a esa fiesta para cerrar el trato, iré a la dichosa fiesta. Tan solo de pensar en el dinero…
Llegado el viernes por la tarde comencé a arreglarme. Normalmente me quedaba en la tienda hasta terminar el horario de trabajo, pero tanto Madame como yo sabíamos que esta negociación era muy importante, así que había que hacer ciertos sacrificios. Uy si, que sacrificio ir a una cena. Parece que al final, estaba teniendo un poco de esa vida que alguna vez en mi juventud imagine… a quien engaño, si casi no salgo a cenar. Claro que, ha habido grandes cambios en mi vida, más solvencia económica, mejor departamento, mejor ropa, mejores zapatos, había sido un largo camino lleno de espinas, pero si salía bien este negocio, podría vivir sin tantas preocupaciones.
Termine de maquillarme y me recargue en el respaldo de mi silla, imagine un poco, tan solo un poco de lo que sucedería. Solo tendría que enfocarme en las capas del ministerio, me encerraría en el cuarto de costura todas las tardes, con una buena taza de té, un cigarrillo y música suave de fondo, Madame no estaría entrando a cada rato solicitando que moviera las nalgas para atraer clientes, ella misma estaría botada en su habitación arriba, Gareth y Michael estarían en el recibidor para que no se quedara solo, les daríamos dos buenas monedas al día mientras poco a poco se hinchaban nuestros bolcillos. Respire en un suspiro, si, no más coqueteos con gentuza, no más lamerle las botas a aquellos pseudo-ricos, bueno, solo de vez en cuando, después de todo, seguiría siendo una tienda.
Me levante a ponerme uno de mis mejores vestidos, lo había comprado hace unos meses, fuera de temporada, pero aun podía verse bien, lo guardaba para alguna buena cena con un cliente, no imagine que lo usaría en este tipo en particular de cena. Azul Oxford, con un escote sugerente sin llegar a mostrar demasiado, sin ser vulgar, con la orilla superando por poco la mitad del muslo, de finos tirantes, estilizado y de una tela deliciosamente brillante. Me puse una gargantilla y varias pulseras en la muñeca, zapatillas al mismo tono. Para finalizar, alise solo un poco más mi reluciente cabello y lo perfume. Me mire al espejo bastante complacida. Solo faltaba algo.
Me incline un poco y pase el labial de rojo vino, sensual pero sobrio para la ocasión. Di un movimiento de varita y la habitación quedo perfectamente ordenada. Tome el pequeñísimo traslador que me había dado Potter, mire la hora solo para asegurarme de que no iba ni atrasada ni adelantada, las seis cincuenta y ocho. Revise mi bolso de mano, mis pendientes, vaya, no había nada que revisar más para gastar esos últimos dos minutos. Me senté en mi diván a esperar agónicamente el tiempo restante. Granger sentirá un infarto cuando me vea ahí mismo, sonreí con maldad. De los demás no estoy segura como reaccionaran, pero podre con ello. Seguramente serán un par de horas incomodas con mi presencia, pero qué más da, he soportado peores cosas. Como encontrarme a Draco en un restaurant, cenando yo con su suegro, ups, los negocios. Que culpa puedo tener de que a los vejetes les gusten las mujeres jóvenes y guapas como yo.
Cuando volví a mirar el reloj, ya casi eran las siete con cinco. Bueno, minutos más minutos menos. Me levanté y en solo unos instantes estuve en la puerta de Potter. Toque le timbre y el pequeñajo de la otra vez me abrió.
-Mademoiselle -dijo sorprendido.
-buenas noches caballero -le sonreí, a los niños les encanta que los hagas sentir grandes, igual que a los hombres.
-Pansy -oí detrás del chiquillo -pasa por favor.
-buenas noches Harry -y así comenzó la velada.
Luego de entrar y presentarme con todos los ahí presentes, me di cuenta de que no era una cena tan familiar ni tan privada, así que fue un alivio. Claro que no era reamente el sueño de mi vida volver a toparme con Neville Longbottom, Luna Lovegood, Parvati y Padma Patil, Cho Chang, Delacour, Finnigan y Thomas, menos aun con todos los Weasley, pero ya estaba ahí, que más podía hacer. Me sentí abiertamente como la amante en turno que es invitada bajo la excusa de una amiga, o al menos así creí que me estaban mirando un par de Weasley's, aunque de verdad que no había nada entre Potter y yo. Sorprendentemente, la más joven de ellos me trato con asombrosa y autentica amabilidad, quizás Ginny Weasley también se había creído el cuento. Bueno, eso está muy bien.
Mientras esperábamos a que Granger llegara por fin para pasar al comedor dispuesto en el jardín, Ginny se sentó conmigo en uno de los cómodos sofás de la sala y charlo bastante amena conmigo. O de verdad es amable o tiene intenciones ocultas. Como fuera, me interesaba estar en buenos términos con todos, la conveniencia por delante Parkinson. Fue casi una hora después que Harry pidió apagar todas las luces y que nos mantuviéramos en silencio, Ronald le había enviado una nota que pronto estarían ahí y la supuesta cena era sorpresa. Todo quedó a obscuras y de la nada se oyó el plop de una aparición en el centro de la sala, segundos después una multitud de luces de colores y chispas salieron por todos lados más un "sorpresa" de todos los ahí presentes. La habitación se ilumino y todos los invitados fueron a felicitar a su amiga. Me plantee seriamente la idea de levantarme a hacer lo mismo, pero Granger y yo no somos amigas, así que me quede en mi sitio.
Minutos después del cumulo de emociones en el ambiente, Granger se topó con mi presencia, la sonrisa se le borro en una mueca fastidiada y solo pude atinar a sonreír. No lo hacía por fastidiar, pero me daba tanta gracia el evidente fastidio y antipatía en su cara, Granger jamás podría ocultar sus emociones, no está en su naturaleza. Se giró ignorándome por completo y se topó con Delacour, me pareció ver algo en la mirada de aquellas dos, pero me dije, ya estoy leyendo demasiados chismes rosas que hasta imagino cosas. Pero alguien como yo debía estar al tanto de los chismes, es trabajo. Le reste importancia a sus acciones y me quede en mi sitio, sintiendo como Potter se sentaba a mi lado.
-se lo que estás pensando -le dije -pero creo que sería más incómodo para ella si fuera a felicitarla -y voltee a verlo con una sonrisa tenue.
- ¿lees mentes Pansy? -cerré mis ojos y me encogí de hombros.
-nunca he practicado la legeremancia, solo soy perspicaz -busqué rápidamente en mi bolso de mano -toma -le extendí una tarjetita, siempre llevaba de estas para quedar bien con los buenos clientes -es para Granger.
- "túnica gratis al gusto, lo mejor para los mejores" ¿para mí? -dijo Potter.
- ¿también es tu cumpleaños? -enseguida soltó a reír mientras negaba -no estaba muy segura sobre que traer, así que finalmente solo puedo hacer algo como esto.
-se la daré Pansy, vamos, ya nos estamos yendo al comedor -se puso en pie y me extendió la mano.
Por fuera de la casa pusieron un largo comedor, aprovechando el clima templado, para cuando llegamos ya había algunos de los presentes sentados, Potter por supuesto se sentó en un extremo junto a su esposa, yo junto a él porque platicábamos amenamente, pero note que aun mientras hablábamos el buscaba constantemente a alguien ¿a quién buscaría si estaba Ginevra sentada a su lado? Bueno, cuando apareció Granger con Delacour supe que buscaba a la primera. La llamo por encima de las voces de todos y prácticamente hizo que se sentara a mi lado. Que incómodo. ¿Por qué había hecho eso Potter?
-Herms, hay que convivir con más personas -había un rictus en la expresión de Potter que amenazaba a Granger -es bueno para la salud.
-amable por siempre Harry -y Granger también tenía una sonrisa forzada ¡Que divertido!
Mas forzadamente que una plática diplomática, Granger se sumó a la conversación entre Potter y yo con largos comentarios hechos en monosílabos. Debió sentirse aliviada cuando necesite ir al tocador. Puede que para ella fuera un suplicio, pero yo me estaba divirtiendo de verdad, además, era un buen lujo el que me estaba dando al ver a Granger tan cerca, con esas firmes piernas bajo ese pantalón de tergal gris y esos apretados senos bajo la siempre impoluta blusa blanca. No me tarde más de lo necesario en el tocador y volví pronto al comedor.
-esa mujer está coqueteándote descaradamente Harry, intenta seducirte -le escuche a Granger decir.
- ¿tú lo crees, Hermione? -pregunto él, abiertamente sorprendido y de cierta manera, restándole importancia cuando dio el siguiente bocado a su comida.
-no me digas que estas… que estas… de acuerdo… -él solo sonrió -Harry, por Merlín… ¿y Ginny? -la misma pregunta me hice yo, la busque con los ojos encontrándola platicando con Lovegood.
-no tiene por qué enterarse Herms -y se encogió de hombros descaradamente, pero a mí no me engañaba, lo hacía para molestarla.
-dime que no has insinuado lo que creo que has insinuando…
-es solo un pecadillo Hermy, solo eso -me lleve la mano a la boca, a punto de soltar una risotada, mientras que Granger parecía que iba a salírsele el alma.
- ¡he vuelto! ¿de qué hablan? -dije para integrarme a la conversación.
-Herms estaba pidiéndome opinión sobre que túnica elegir en tu tienda.
-maravilloso tema entonces -dije sonriendo -siempre puedo hacer una túnica completamente personalizada -ahora fue el turno de ella mencionar que iba al sanitario - ¿te estoy causando muchos problemas con ella Harry? -comente con inocencia.
-claro que no Pansy, esta estresada, ya lo sabes, voy a buscarla.
-claro que no Harry, fue al sanitario -me levante una vez más -le daré tu mensaje -y no le di tiempo a que replicara. Realmente no quería hacer esto, pero tenía que mostrar mis buenas intenciones y Granger no iba a arruinarme.
Llegue al sanitario una vez más y estaba total y completamente desocupado. Ya lo imaginaba. ¿Dónde podría haber ido la joven promesa? Me asome al jardín, Potter, que solo unos segundos antes estaba solo con la vista en algún sitio, fue acompañado por su ya tan conocido amigo Weasley. Bueno, eso me dará tiempo. Volví dentro de la casa y estaba por ir a la cocina cuando oí un ruido a lo lejos, como algo cayendo al suelo ¿estaría tan enojada que estaba aventando cosas?
Camine suavemente, internándome en un pasillo con puertas, llegue a la primera y la abrí lentamente, nada. Bueno, prolongue un poco más el hecho de que en cuanto me vea seguro que avienta algo, tomando previsión saque mi varita. Continúe a la siguiente habitación, gire con lentitud la perilla, apretando mi varita, imaginando ya algo volando por los aires hacia mí, pero lo que encontré no fue eso. Encontré a Granger y Delacour comiéndose la boca. Sonreí como si hubiera encontrado el mejor tesoro del mundo, maliciosa y divertidamente. Me hubiera encantado tener una cámara para sacarles una foto. De un momento a otro, Granger le levantaba el vestido con prisa y Delacour intentaba arrancarle el pantalón. Si seguían así me darían ganas de integrarme a la fiesta privada, digo, se veía muy intensa la acción.
Como ya tenía la varita en la mano, simplemente le lance a Delacour un hechizo petrificante y espere con sorna a que Granger se diera cuenta de que estaba besando a una persona casi congelada, casi un muñeco, con una posición muy sugerente y graciosa he de admitir.
- ¿Qué demonios? -soltó asustada y molesta.
-pero que actividades tan nobles llevas con tu concuña Granger -le solté desde la puerta. Inmediatamente giro en mi dirección, primero alarmada y después fastidiada.
-Parkinson -escupió con rabia.
-te llama Harry, y si quieres, luego platicamos de esto querida -le guiñe un ojo y salí presurosa antes de escuchar cómo se estrellaba algo contra la puerta -no tardes mucho que si no le digo que venga él mismo.
Me largue por el pasillo conteniendo la risa ¿Cómo se le ocurría a aquella tonta hacer cosa semejante en una casa abarrotada de gente? O se sentía muy audaz retando al peligro, o simplemente toda esa inteligencia se le había escurrido del cerebro. Como quiera que fuera esto era una gran oportunidad que no iba a dejar se me escapara de las manos. Regrese con Harry, que junto con Ronald, me recibieron muy gustosamente. No más que simpatía y amabilidad aquellos dos. Demasiado buenos, pensé, casi sentía lastima por Weasley, casi.
- ¿y Hermione? -pregunto Harry.
-ya vuelve, tuvo un problema con su pantalón, estaba manchado -de lo mojada que quedo por Delacour.
- ¿debería ir a ayudarle? -comento Weasley.
-no lo creo, Delacour ya le estaba ayudando -dije como si nada, pero Harry no pudo esconder la molestia, oh… así que ya sabía -son tan buenas concuñas, se llevan tan bien -comente adicionalmente con malicia, Potter por otro lado, intento que no se notara su molestia apretando la rodilla de su pantalón.
-si, quien lo dijera -comento Weasley -se llevan tan bien.
-eso es tan hermoso, una familia feliz y unida -seguí comentado venenosamente sin que lo supiera el pelirrojo.
-discúlpenme -dijo Potter y se levantó yendo directamente al interior de la casa, donde se topo de frente con ambas mujeres saliendo. Levante el envés de mi mano y apoye en ella mi mejilla con una sonrisa mientras veía a Granger y Potter volver en silencio, al mismo tiempo que Delacour se iba por otro lado a sentarse con su marido.
-Hermione querida, ¿ya se arregló tu pantalón? -solté más veneno deliberadamente, me daban unas ganas inmensas de reír.
-sí, Parkinson, quedo perfecto -sonreí más porque no pudo evitar que se notara su desagrado.
-eso es bueno, sabes lo que me cuesta quitar las manchas de tu ropa -dijo como si nada Weasley.
-Ronald ¿tú haces la lavandería? -pregunte con casualidad.
-oh sí, yo la hago, Hermione a veces está muy ocupada.
- ¡pero que encanto de hombre! -dije con un tono exagerado de dulzura que como bien vine a confirmar por los dedos encrespados de Granger, le fastidiaba -ojalá yo tuviera un marido como tú.
-no te preocupes Pansy -dijo Potter -llegara el adecuado para ti.
Jah, ingenuo Potter ¿Quién quiere un hombre? Ciertamente yo no, estar casada es cortarse la libertad, y los hombres, casi siempre buscan imponerse ante ti, que los obedezcas, que te sometas ¿Qué de bueno podría ser el tener uno? Así sea tan bueno como Weasley que le lava la ropa a su mujer, las cosas nunca pueden ser realmente tan buenas.
-gracias Harry querido -respondí con tanta azúcar en mis palabras como pude -solo espero que no sea muy anciano, ya casi no hay buenos hombres de mi edad y solteros.
-lo haces parecer como si estuvieras muy vieja Parkinson -comento Weasley -pero todos aquí tenemos la misma edad y no estamos viejos.
-yo en absoluto me siento viejo -dijo Potter, jovial.
-oh, yo nunca me he dicho que me sienta vieja, estoy en mis mejores años muchachos, en mi adolescencia no tenía estas curvas -y sentí como los ojos de todos fueron a parar a mi escote, incluso los de Granger.
-claro… todos hemos tomado más cuerpo -atino a decir Weasley, pero él solo había tomado pansa.
-Harry -Ginevra apareció al cabo de unos segundos -Harry ¿quieres bailar?
-me encantaría, ¿Ron?
- ¿Hermione? -entonces toda la atención recibida para mis senos se disolvió y casi huyeron a algo menos comprometedor, justo lo que necesitaba.
-oh, no, ahora no -contesto ella.
- ¿Parkinson? -me pregunte si era verdadera cortesía o quería mirar un poco mejor mi escote ¿o podría bailar conmigo sin echar una ojeada? Ganas de comprobarlo no me faltaban.
-gracias, pero aun no -termine diciendo con una sonrisa en los labios y guiñándole un ojo, mientras tomaba mi copa y le daba un pequeñísimo trago.
-le preguntare a Parvati -dijo él, levantándose con calma.
Entonces nos quedamos Granger y yo solas, en el extremo de la mesa. Casi todos se habían levantado a bailar un poco, solo estaban Delacour con su marido platicando cariñosamente, con sus manos entrelazadas, mirándose como borregos al otro lado de la mesa. Que hermosa actuación la de Delacour. Daban ganas de ir a aguijonearlos, pero, para que meterme en problemas, no lo haría a menos que fuera conveniente para mi economía, y hablando de eso…
-al fin solas he Granger -y dirigí mis risueños ojos a los suyos.
-escupe lo que quieras Parkinson -dijo, con toda la seguridad de que algo pediría a cambio, al fin reluce toda esa brillantez que recuerdo de las épocas en Hogwarts, me alegra tanto trabajar con alguien tan despierta.
-owww, Granger ¿por quién me tomas? Yo solo quiero ser tu amiga -y me lleve la copa con vino espumoso a los labios.
-te tomo por quien eres Parkinson, una mujer interesada y arribista -no pude evitar soltar una carcajada.
-me alegra mucho que me puedas ahorrar tanto trabajo, quizás hasta te conviene más a ti que a mí.
-solo suéltalo de una vez por todas Parkinson, ¿Qué quieres? -volví a beber de mi copa mientras negaba con un dedo.
-cariño ¿Por qué no debería disfrutar con tu sufrimiento tanto como pueda? -ella apretó los labios, innegablemente irritada -ahora no es el momento, por ahora esta es una noche de placer, y el placer no se mezcla con los negocios.
-maldición Parkinson, no me…
-no, no, querida, esa no es la actitud -saque un cigarrillo de mi pequeño bolso y le extendí el encendedor -quiero hablar esto calmadamente cariño -lleve a mis labios el extremo del filtro y me incline hacia ella, que poco le faltaba para que saliera humo de su cabeza, visiblemente enojada; le alce las cejas varias veces, incentivándola a tomar el encendedor.
-solo deja a que te encuentre algo Parkinson -se acercó y prendió mi cigarrillo, disfrute de aquella acción forzada de su parte, de esa molestia en sus labios, de aquel fastidio, de poder picarla y que no pudiera hacer nada contra eso.
-pero sonríe Granger -y deje salir el humo a su rostro -sonríe y celebremos nuestra reciente amistad -comente tan alegre como si de verdad hubiéramos encontrado un punto donde coincidir y al fin pudiéramos entendernos.
-en cuanto pueda Parkinson, en cuanto pueda…
-pero no será hoy, trae esa copa y brindemos por el éxito.
No le quedo otra alternativa más que tomar su ya tan olvidada copa y brindar conmigo. Por el resto de la noche nos quedamos relativamente juntas, yo poniendo a prueba su paciencia, debe haberme odiado mucho, no la culpo, seguramente si estuviera en su lugar, teniendo algo de que me pudieran tomar, estaría igual o más enfadada, ideando la forma de vengarme, de buscar de que pie cojea, información, o por lo menos inventarle algo. Pero Granger no es así, no inventaría algo, tiene poder, tiene recursos, lo sé muy bien y por eso no lleve las cosas demasiado lejos, porque siendo sincera, pude haberla fastidiado más cruelmente de lo que lo hice, aunque claro, eso no me lo tomara en cuenta, pero ya que, ahhh, soy tan misericordiosa, no me merece Granger.
