Capítulo 5.

Maldita mujer. Maldecía a Parkinson, pero no sé con certeza que maldecía más, si el momento en que se me ocurrió ir tras las piernas de Fleur o el maldito momento en que Parkinson entro a la habitación. Creo que odiaba ambos, porque debido a eso ella ahora me tenía a su disposición y lo sabe, sé que lo sabe, y ella también sabe que lo sé, por eso mismo deja salir tan perversamente su vileza. Es en lo único que usa su inteligencia, pasa ser vil y rastrera, y debo aceptarlo, para ello es muy diestra. Mi cumpleaños fue un suplicio, pero no por tener que aguantar sus pullas, sino por tener tan cerca el escote de su vestido, la mujer seguramente estaba bañada en perfume, un perfume delicioso y sensual, intoxicante, que por sí solo se metía por mi nariz exhortándome a perderme en la calidez del cuerpo del cual provenía. Sí, Parkinson tenía razón, había adquirido unas buenas curvas, ahora más que nunca estaba guapa, pero no importa que tan guapa sea, su torcida personalidad lo echa todo a perder ¿verdad? Tiene ser así.

En aquella noche le eche muchas miradas, todas con sumo disimulo, como quien solo ve porque no puede hacer otra cosa, pero que en cuanto puede mira a algún otro lugar. Me daban tantas ganas de picarme los ojos, no quería ver, no quería encontrar a Parkinson atractiva, aunque ya lo supiera, no quería hacerlo. Pero maldita serpiente venenosa, sí que lo era. Estúpido vestido, se le ceñía bien al cuerpo, además era peligrosamente corto, desde mi lugar pude ver como se le subía hasta la mitad del muslo, por solo un segundo imagine lo que sería que esas piernas se enredaran en mi… solo un segundo y ahuyente la idea como si fuera un demonio. No puede ser, solo ha pasado un mes, o casi un mes desde que estuve con Fleur ¿o más de un mes? ¿Cuánto había pasado? ¡ya no recuerdo! pero… no podía ser posible que tuviera esta revolución de hormonas, porque… ¡ni siquiera es tan guapa! Ese labial es demasiado escandaloso para ser considerado atractivo, raya en lo vulgar.

En lugar de estar sufriendo por encontrar atractiva a Parkinson, debería estar sufriendo por ser la peor esposa del mundo, debería sentirme mal, muy mal de que esté a punto de pedir el divorcio a un hombre que se preocupa por festejar mi cumpleaños, pero no, aquí estoy, hundiéndome en mi fastidio con Parkinson sin sentirme culpable, la única culpa la tiene Parkinson con ese estúpido y sensual vestido de coctel.

Suspire. Ya déjalo Hermione, ya paso, ya termino la fiesta. Casi a la media noche, después de haber cenado y partido el pastel, más un buen rato de baile, todos comenzaron a despedirse. Obviamente no perdí la oportunidad para retirarme en cuanto pude, sentí por un momento que estaba huyendo, pero ahora finalmente estoy tumbada en la cama, hundiéndome en ella con todo y zapatos. Estoy tan cansada que siento que mi cuerpo pesa una tonelada, ya no quiero moverme, dormiría así de ser posible.

- ¿piensas dormir así? -ha dicho Ronald desde el pie de la cama, con una sonrisa en el rostro, dios, no lo merezco.

-tienes razón, debería quitarme por lo menos los zapatos.

-lo hare por ti -y con la serenidad ganada por tantos años, se sentó con paciencia a quitarme los zapatos. No debería dejarlo, voy a divorciarme, ya no debo recibir atenciones de él, ya no debería de aceptarlas, porque, he ahí el hombre, dándome atenciones mientras yo solo pienso en el escote de una mujer. Reprimí un suspiro y dejé caer la cabeza pesadamente en la almohada - ¿la has pasado bien?

-de no ser por Parkinson… -atine a responder.

-a mí también me ha sorprendido verla ahí, después de todo, es una Slytherin…

- ¿pero…? -pregunte sabiendo que había más.

-pero se ha portado muy decentemente para ser Parkinson, de Slytherin.

-no ha dejado de ser una serpiente, es todo mentira, está detrás de Harry…

- ¿te lo parece? -justo en ese momento comenzó a darme masaje en los pies, ay… ¡no lo merezco!

-dejaría de ser Parkinson si no tiene alguna intención oculta -él comenzó a reír.

-sí, ¿pero que puede ser? Ya no estamos en Hogwarts, no es como si pudiera ir a reírse con Malfoy de alguna otra cosa, ya cada quien tiene su vida.

-tal vez le gusta Harry, esta soltera y como ha dicho, busca marido ¿Por qué no quitárselo a una que ya lo tiene? Seria perfectamente capaz.

-quizás lo intente, pero él no le hará caso.

Tal vez te equivoques pensé, mientras cerraba los ojos y recordé las palabras de Harry. Al día siguiente no había trabajo así que dormí hasta tarde, me perdí la hora del desayuno, y para cuando regresé al mundo de los vivos era casi medio día. Nos preparamos con relativa calma, Ron, los niños y yo fuimos a casa de mis padres, donde celebramos mi cumpleaños una vez más, platicamos casi todo el día y por la noche nos marchamos, el domingo pasamos el día en casa de los de Ron.

-tienes que hacer algo Ginny -le dije con cierta desesperación, estábamos en el jardín ambas, en unas cómodas sillas después de la comida, pero yo no podía olvidar el tema, seguía en mi sistema como si fuera una espina -esa mujer tiene sucias intenciones, te lo aseguro -entonces vi como ella miraba un punto más lejano tras de mí y luego me miraba directamente a los ojos.

-no creo que tenga algo de qué preocuparme Hermione -luego volvió a ver ese punto detrás de mí, llamando mi atención, volviéndome a ver lo que sea que ella hubiera visto, encontrando solo a Harry platicando con Ron -quizá estás viendo cosas donde no las hay.

-por favor Ginny, tienes que creerme, la he visto mirar a Harry descaradamente y sonreírle todo el tiempo esa noche, casi se le arroja.

-Hermione, cariño, yo sé que te fastidia, pero de verdad creo que estas equivocada -mi mandíbula casi cae al suelo -solo dale una oportunidad para ser tu amiga, veras que es mejor persona ahora.

Si Ginny supiera que Parkinson planeaba chantajearme seguramente se enojaría, pero, si supiera por qué situación va a chantajearme, posiblemente el tema del chantaje quedaría muy lejos, olvidado… hay que admitirlo, se enojaría más por mi infidelidad a su hermano, que por el chantaje sobre esa infidelidad, más aún porque fue con su otra cuñada… no, definitivamente no debería saberlo. Tuve que tragarme todo mi fastidio y el que algún intento de apoyo por su parte no se diera, me sentí traicionada, sinceramente. Sin embargo, no dejaba de irritarme el que nadie se diera cuenta de cómo los estaba tratando de engañar con su falsa amabilidad.

El lunes volví al trabajo como si nada, pero en ningún momento del fin de semana olvide lo sucedido con Parkinson ¿Cuándo se presentaría? ¿Qué me pediría a cambio? No podía dejar ese tema de lado. Llegue a mi oficina y casi sentía picazón en mi nuca, porque ahí parecía estar materializándose el tema de Parkinson, casi lo sentía en el cuerpo, ya no solo lo cargaba en mi mente.

Me senté en la silla tras mi escritorio y termine exhalando pesadamente, me estaba sosteniendo la frente con las manos cuando llego una carta de Fleur, apareció de la nada y cayó cerca de mis manos, en ella me preguntaba sobre Parkinson y cuando nos veríamos. A estas alturas ya no sentía muchas ganas de verla ¿Qué pasaría si volvían a encontrarnos? Comenzaba a tener miedo. Si queríamos seguir viéndonos debíamos encontrar alguna vía más segura. Le conteste que por ahora no es seguro vernos, yo le informaría cuando se hubiera resuelto el tema de Parkinson. Selle la carta y conjure un hechizo para que el papel se destruyera a si mismo luego de ser leído. Tenía que ser más precavida, quizás un poco tarde de eso…

Ese lunes, contrariamente a lo que pude haber esperado, es decir, que Parkinson se presentara inmediatamente para pedirme lo que fuera a cambio de su silencio, simplemente, no ocurrió. Lo que sí ocurrió es que Fleur me mandó una carta cada día, en ellas había una dulzura desmedida, tanto que casi escurría miel del papel antes de abrir, miel perfumada… era un lado notoriamente desconocido para mí de ella. La primera carta fue linda, la segunda inesperada y en cierta forma agradable, pero la tercera fue… demasiado. ¿Por qué prácticamente de la nada ahora Fleur se comportaba es esa manera? Me ponía las cosas difíciles, no quería parecer insensible, así que le contestaba de forma rápida, con el papel hechizado, y en cambio, yo guardaba sus cartas en lo profundo del cajón más lejano de mi escritorio, en un sobre invisible, después de todo, sería demasiado quemar sus cartas.

Pasaron tres días hasta que tuve noticias de Parkinson en mi oficina. Tres días. Seguramente hizo la espera a propósito para alargar mi sufrimiento, o simplemente, quizás, ahora tomaba las cosas con silenciosa calma. Debía ser así, pues, solo había enviado una nota, solicitaba mi presencia en su tienda. ¿Dónde rayos trabajaba? Entonces recordé la tarjetita que me diera Harry el domingo pasado. Rebusqué entre mis cosas y luego de largos minutos la encontré. "Túnicas para todas las ocasiones…" decía, y el local se ubicaba en el callejón Diagon… mire el reloj de mi muñeca y termine suspirando. No podía ir inmediatamente, me arruinaría a mí misma si lo hacía, poniendo en evidencia mi urgencia y necesidad de acallar las cosas, de modo que iría al terminar mi horario de trabajo, por la tarde. De esa forma le restaría importancia a su chantaje.

Pero hacerlo fue más difícil que decidirlo. Estuve inquieta toda la mañana, leía documentos y solo me imaginaba como entraría por la puerta de aquella tienda y casi le exigiría saber sus demandas, si no eran absurdas, entonces posiblemente se las concediera, porque, luego de pedir información sobre ella y sus negocitos actuales, lejos de lo esperado, teniendo en cuenta su vileza y maldad, no había nada sórdido que pudiera servirme para deslindarme de su chantaje, solo había encontrado sospechas sobre favores a sus clientes, no más, nada útil para usar. Ni tráfico de materiales ilegales, ni pociones dañinas, ni cría y venta de bestias mágicas peligrosas, o esclavitud de especies protegidas, ni movimientos en contra del ministerio o alguna relación con magos tenebrosos, nada turbio, nada torcido, ni siquiera uso de magia negra. Seguramente cuidaba bien los rastros que deja, o mejor aún, no deja rastros, nada que pueda inculparla, seguramente es más astuta de lo que pudiera esperarse de ese lindo rostro. Suspire una vez más y me recargue en el respaldo de mi asiento. Astuta y bonita, usual y perversa combinación.

Por ahí de las dos de la tarde salí para almorzar mientras meditaba la situación. ¿Cómo era posible que alguien como Parkinson actuara más decentemente que cualquiera en el ministerio? Exceptuando los aparentes favores a sus clientes, que es algo fastidiosamente común, no había nada más. ¿Realmente sus ingresos eran honestos? Si realmente era así, sería algo en verdad asombroso para alguien como Parkinson, casi podía jurar antes de este descubrimiento que no había nada legal en su persona.

Regrese del almuerzo con varios sentimientos mezclados, incredulidad por supuesto, y varias formas de fastidio, fastidio porque no le había encontrado algo en su haber, fastidio por darme cuenta de que es más decente de lo que hubiera jurado, fastidio porque aparentemente, estoy, solo un poco, equivocada en mi concepto sobre ella, estoy en cierto modo, fastidiada de darme cuenta de que he prejuzgado a alguien, fastidiada de mi misma, y fastidiada de sentirme fastidiada por culpa de Parkinson. Al llegar a mi oficina me senté pesadamente en mi silla y suspire, cerré los ojos y pase una mano por ellos. ¿Cuántas horas faltaban? El día se me estaba haciendo eterno, sentía como si hubieran pasado meses en esta larga espera… bueno, tal vez exagero.

La tarde transcurrió lentamente, mande a mi asistente a traerme varios cafés a lo largo de las agónicas horas, seguramente con tanta cafeína no podría dormir esta noche. Cuando llego la hora en que nuestro horario termino sentí un repentino brinco en el corazón, luego mi asistente entro a mi oficina despidiéndose hasta el día siguiente. Le desee una bonita noche y me quede en mi oficina. Sabía que la tienda cerraba a las ocho de la noche. Así como Parkinson me había hecho esperar, la haría esperar por mí, así también fuera un sufrimiento para mí. Exhalé con cansancio e hice a un lado algunos papeles. Mire una vez más mi reloj de pulso, faltaban dos horas, tenía que matar el tiempo por esas dos horas. Estaba a punto de llevarme un dedo a la boca para morder mi uña en desesperación cuando apareció una carta perfumada.

-no es cierto… - ¿dos cartas de Fleur en el mismo día? ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿acaso no tenía trabajo? Abrí la carta con una mezcla de tedio y curiosidad -emm… dice… ah… tus ojos… aja, aja… brillantes, luna, pasión, y luego… ah, aja, aja, en pocas palabras… tiene tantas o más ganas que yo… -dije al final de leer la carta ¿Tendrá algún subidón de hormonas?

Pase algún rato meditando sobre Fleur y su reciente obsesión con las cartas pastelosas, nunca había sido así, y bueno, no es que fueran pastelosas, eran… cartas lujuriosamente adornadas. Al final doble la carta y la guarde en el mismo escondite. Milagrosamente paso una hora y lo siguiente que hice fue sentarme a ver mirar el tiempo, funciono tanto que al cabo de media hora decidí que no podía seguir más en ese lugar sin subirme por las paredes en un ataque de ansiedad y neurosis. Tomé mi maletín, me puse mi abrigo y salí de mi oficina. Presurosa recorrí los largos pasillos vacíos, escuchando el eco de mis tacones. Baje pisos en el transportador y finalmente, por medio de una chimenea, llegue al callejón Diagon. Mire una vez más mi reloj, faltaban poco más de diez minutos para el cierre. Sonreí, el tiempo es perfecto, había valido la pena tanta tortura. Camine con paso neutro hasta la tienda, mi excusa seria, de ser necesario decirla, que soy una mujer ocupada. A unos diez metros la divise, veía las prendas alumbradas en los aparadores. Seguí caminando hasta llegar a la entrada, casi a la hora de cierre, me reí internamente, seguramente Parkinson estaría fastidiada. Crucé la puerta y encontré a un niño sentado contando unas monedas en sus piernas, inmediatamente subió a verme.

-señorita, estamos casi por cerrar -y yo solo pude pensar ¿estamos? ¿él?

-lo sé jovencito, ¿trabajas aquí? -él asintió en automático -la señorita Parkinson me dio una cita, pero en vista de que es muy tarde quizás deba volver…

-Mademoiselle Parkinson aún está en la tienda ¡iré a avisarle! -y el niño salió corriendo por una puerta detrás del mostrador. Rayos, me dije internamente, imagine que encontraría a Parkinson fastidiada, pero en cambio solo encontré a un chico y no pude escaparme para aplazar más el encuentro, quería fastidiarla aún más…

-Gareth -escuche por donde había desaparecido el niño, encontrado a Parkinson con una sonrisa que me erizo los vellos -puedes ya retirarte -y en ese momento Parkinson puso unas monedas en la mano del niño -no olvides apagar las luces del aparador y cerrar -en ese momento el niño salió rápidamente a cumplir con la tarea -señora Weasley, pase por favor -y Parkinson giro para cederme lugar y pasar por aquella puerta.

Pronto noté como las luces de aquella estancia se apagaron y con un ligero azoton se cerró la puerta del local, algo que atribuí a la delicadeza del niño. Algo en mi intuición me decía que toda esta situación ya estaba prevista por Parkinson. No debía sorprenderme que esa mujer pudiera ver a través de mi estrategia para fastidiarla, después de todo, ella debe tener más experiencia en este tipo de torturas psicológicas. Exhalé cansinamente y moví mis pies hasta la puerta, del otro lado había una sala de estar notoriamente más íntima y acogedora, con un escritorio y su silla, un hogar, dos sofás, una mesa de centro y dos tazas de té esperando.

- ¿té, señora Weasley? -ni bien llegada al sofá más próximo, bote mi maletín y me gire a verla molesta.

-Parkinson, ha sido un largo y estresante día, solo suelta lo que quieres y deja tu falsa amabilidad -le espete molesta de que nada me hubiera salido.

-Granger, eres tan salvaje -dijo con ese tono meloso que me daba nervios -hay tanto de que hablar -me dio alcance en unos cuantos suaves pasos -como por ejemplo ¿Por qué Fleur Delacour? -al instante apreté los dientes - ¿no pudiste encontrar mejor amante que tu concuña? -comento con sorna, la molestia que me recorría me hacía querer ponerle mi varita al cuello y petrificarla… era una muy buena idea… - ¿Cómo fue? Tengo interés -dijo al tiempo que atizaba el carbón en el hogar y luego, se quitaba el abrigo ligero que traía puesto, descubriendo así un vestidito que hizo que casi se me salieran los ojos. Bueno, petrificarla sería algo muy radical, después de todo, mira esas piernas, sería un desperdicio…

-fue un accidente Parkinson, algo que no debió pasar entre ella y yo, y no volverá a pasar… -respondí intentando no mirar esas piernas.

- ¿no pasara Granger? ¿con nadie más? -trague la saliva que se acumulaba en mi boca por ver por error esas piernas bajo ese ridículamente corto vestido.

- ¿Qué es lo que quieres Parkinson? ¿Qué quieres para mantener el secreto? -entonces esa boca finamente delineada con el ya acostumbrado escandaloso labial, se curvo en una sonrisa.

-solo quiero una cosa Granger, solo una cosa -se acercó lenta y suavemente, y yo no pude dejar de mirar sus piernas, ni su escote, ni esa boca sensual mientras se aproximaba.

- ¿qué es? -y respire profundo cuando paso a un lado -no voy a estar rogándote Parkinson, habla ya -me rodeo, siempre con esa sonrisa en su rostro, y de pronto, sentí como sus manos deslizaban mi abrigo de mis hombros - ¿Qué…?

- ¿no tienes calor Granger? -me pregunte si lo decía en serio o en doble sentido…

-no, quiero resolver esto cuanto antes -aunque permití que mi abrigo terminara en el sofá cercano mientras me enderezaba en una postura altiva.

-bien, sinceramente me alegra que quieras que esto sea rápido, quiere decir que pondrás todo tu empeño… -y de la nada sentí sus manos deslizándose por mis costados, una metiéndose lentamente por mi blusa mientras que otra descendía lateralmente por mi pierna, pero no me dio tiempo a protestar porque sentí sus senos embarrándose en mi espalda, su aliento en mi oído y su lengua deslizándose por el contorno de mi oreja -igual que yo pondré todo mi empeño en cumplir con mi parte, Granger… -dijo en un tono más grave de voz, un tono más profundo que termino de mojar mis pantaletas…

-mierda Parkinson… suéltame… -le dije tomando sus manos para tratar de quitarlas.

-Granger, desde aquel día en tu fiesta deseas esto… -y paso su lengua por una zona de piel sensible en mi cuello que me provoco vértigo.

-Parkinson… -le dije, pero me dije más para mí, ¡es Pansy Parkinson! -no niego que te veías muy bien, pero…

-puedo comprender, te gusta un rol más activo, Granger -y en un movimiento rápido deslizo su mano por mi pantalón, solté una expresión de sorpresa al sentir sus dedos sobre mi ropa íntima, presionando deliciosamente aquel botón tenso situado entre mis piernas.

-Parkinson, se supone que me odias, y que jamás… - ¡jamás haría algo similar! ¡porque me odia!

-esos sentimientos están en el pasado Granger, muy en el pasado, ahora mismo… -dijo moviendo sus dedos robre la ropa con un cierto ritmo -ahora mismo quiero oírte gemir Granger… -y no pude evitar soltar un amago de gemido, restringiéndome tanto como podía, sin querer sentir tan claramente las yemas de sus dedos…

-no puede ser… -la otra mano que había estado quieta, entro en mi blusa y masajeo uno de mis senos, largo y tendido mientras la otra seguía abajo a un ritmo desquiciante, llevé mis manos sobre las suyas, en un fallido intento de detenerla para recuperar el control, porque, en lugar de detener la mano que se encontraba en lo profundo de mis piernas, solo pude sentir con más fuerza y desesperación como se aproximaba el orgasmo…

No podía ser, no podía ser, me repetía en mi mente, mientras sentía los músculos de mi vientre tensarse mientras su otra mano continuaba y su boca lamia y mordisqueaba mi cuello. Suspire al sentir sus labios, al sentir su lengua mojándome el cuello, al sentir sus dientes en mi piel. Imagine sus ojos verdes mirándome, mirándome con fuego y lujuria, haciendo que mi corazón latiera con más prisa. No puede ser… no puede ser… repetía, mientras apretaba los músculos internos. Entonces, de un momento a otro, sus dedos dejaron de estar sobre la tela y se hundieron en la suave piel de mi intimidad, rosando más rápido aquel botón hipersensible. Exhale mientas apretaba más los músculos y me decía internamente, ya casi, ya casi… lleve una de mis manos a su muslo detrás de mí, lo tome con fuerza, mientras el "ya casi" se iba terminando, mientras la humedad desquiciante contribuía a que el rose fuera más exquisito, hasta que de pronto, ahí estuvo, contraje los músculos, algo se esparció por ellos, algo incontrolable, electrizante y tensionante, mis caderas se movieron por si solas ante el éxtasis, retuve el aire mientras mi cuerpo actuaba por si solo debido al auge del momento, hasta que, luego de unos segundos más, al terminar, pude soltarlo en un suave quejido… no podía ser.

-vaya Granger… vaya… -le oí decir momentos después -no eres para nada una frígida, estoy… sorprendida y complacida… -al instante de sus palabras recupere la cordura y me separe de ella.

-si no te dedicaras a la putería quizás tus palabras significarían algo, Parkinson -le dije con desdén, en una actitud asquerosamente soberbia, queriendo opacar lo ocurrido momentos antes, restarle importancia.

-oh Granger, no eres la primera ni la última al insinuar eso -dijo con sorna.

-no lo insinúo Parkinson, lo afirmo -me alise la blusa y gire a mirarla -tienes suerte que solo haya encontrado información de tu promiscuidad… de no ser así estarías colgando de los dedos suplicando…

-pero no es así -interrumpió con una sonrisa burlesca -se perfectamente dónde estoy parada Granger -yo apreté los dientes, molesta.

-me queda claro ¿ya por fin vas a decir el precio, Parkinson? -volvió a sonreír mientras dio media vuelta, camino lentamente hasta los sillones, reposo lentamente sus nalgas en el mullido relleno del mueble, y cruzo las piernas mientras se llevaba una taza de té a los labios. Todo de una asquerosa y sensual forma que lamentablemente, me gustaba.

-tengo un negocito con Potter, por si no lo has notado -yo bufe, tanto en molestia como con sorna, por supuesto que sabía del negocio que estaba cotizando Harry.

-claro que lo sé, Parkinson -le dije ya sin atisbo alguno de sarcasmo. Ahora que mencionaba este tema, quería decir que ella…

-necesito que apoyes el proyecto, Granger, lo apoyes y lo impulses para que se apruebe - ¡pero por supuesto! claro, yo le venía como anillo al dedo para su negocio.

-mierda Parkinson… -solté con molestia -pides demasiado.

- ¿acaso tu matrimonio no vale demasiado? -pregunto con una sonrisa de dientes blanquísimos y perfectos. Moví con incomodidad la boca y evadí olímpicamente su pregunta.

-tienes muchísimos clientes que engatusas con favores ¿para qué tener este negocio? -ella suspiro.

-Granger, te hacia más inteligente -entonces dejo la taza en la mesa de centro -mi belleza no durara para siempre, este lugar no es mío, realmente no tengo nada que sea mío, solo mi cuerpo y con eso trabajo, así que necesito dinero querida, mucho dinero con un cliente fácil y seguro ¿es tan difícil de comprender?

Fruncí la boca con molestia. Sí, obtener un contrato con el ministerio seria jugoso y beneficioso, algo confiable y duradero, el cliente perfecto, por así decirlo. Sin embargo ¿a qué se refería cuando decía que no tenía nada suyo? Me paseé meditando las cosas mientras no le quitaba los ojos de encima. Quedaba más que confirmada la veracidad sobre los favores sexuales que brindaba, es malditamente buena en ello y por eso se ha mantenido todos estos años… pero, si se mantiene únicamente con favores sexuales para su tienda… ¿quiere decir que no tiene otra forma? Es decir ¿Ella no tiene otra forma de conseguir un ingreso? Fruncí las cejas inmediatamente. No tiene mucha lógica, o quizás hay información que no poseo que me hace difícil comprender porque Pansy Parkinson vive de ser… bueno de, dar favores… me lleve una mano a la boca, pensando. Tendría que investigarla a fondo, no hay más que pensar. La vez pasada solo había solicitado saber sobre los negocios de Parkinson, ahora quiero saber todo lo que ha hecho desde que salió de Hogwarts.

-bien Parkinson -le dije acercándome al sofá donde había dejado mi maletín -tenemos un trato, apoyare tu proyecto con Harry -tome mi maletín y me coloque mi abrigo, di varios pasos a la puerta para terminar tanto la conversación como la reunión -al momento de que me pidan opinión votare por el sí… -y me gire para irme.

-no querida -no di ni un paso más cuando oí su réplica, entonces gire a verla -no solo lo vas a aprobar, lo vas a promover, nuestro trato no terminara hasta que ese contrato este aprobado y firmado -oí lo que dijo y me quede mirando fijamente sus ojos verdes, sorprendida por unos instantes al escuchar su demanda… ¿Parkinson se estaba atreviendo a usar ese tono en mí? ¿de verdad? Me decía aun incrédula. Me sentí aturdida por unos momentos más, será mejor que siga rezando al dios en el que crea para mantener la suerte que hasta ahora ha tenido.

-bien Parkinson -le dije con palabras apretujadas, volviendo a ver esos risueños ojos verdes suyos -entonces hasta que el contrato este firmado… -su sonrisa se ensancho más, si es que podía -solo recuerda… estoy haciendo esto de la manera amable… pero no abuses… no puedes pisarle la cola al león y esperar que no te muerda…


Gracias por sus comentarios, Kl01, Arizona G y Cally. Mariana Rosas, gracias por seguirme en este nuevo proyecto, ojala hayas visto las películas.

Por ahora, quiero aclarar que, siempre imagino a Pansy Parkinson como la primera actriz que salio en la 3er pelicula.