Capítulo 6.
Instantes después, Hermione Granger se retiró del lugar por medio de una aparición, dejando de tras de sí, solo algunos destellos de luz característicos de aquel método. Respire profundamente rememorando sus últimas palabras. Un error seria menospreciar a la mujer y si algo he aprendido, es a jamás subestimar a una persona, así que no lo haría con ella. Debo tenerla tranquila para que coopere de la mejor forma. Si bien este trato no es la mejor forma, siempre hay métodos para limar asperezas y facilitar la cooperación. Sonreí una vez más en esta noche. Vaya que disfrutaría el método. Aun podía recordar con perfección los quejidos que soltaba mientras masajeaba con destreza entre sus piernas y mi corazón se aceleraba. Granger era más sensual de lo que normalmente supondría. Me encantaría ponerla de espaldas en una cama y follarla duro.
Poco a poco había ido reteniendo el aire mientras pensaba en Granger, así que termine exhalando en una especie de suspiro profundo. Me he acosado con unos cuantos, ciertamente, pero mi reputación son más suposiciones que certezas, y de esas pocas certezas, son aún más pocas las que han sido por gusto, pero con Granger será en verdad por puro gusto.
Por esa noche, nada más terminar el té que ya estaba hecho, tome algunas de mis cosas y me retire a mi departamento. Al día siguiente, le comenté a Madame Malkin que las negociaciones estaban resultando favorables, pero que, para garantizar un resultado positivo, debía aplicar un poco de presión continua y por ello, me ausentaría algunas horas al día. Ella acepto sin reparo, después de todo no le convenía que el negocio se echara a perder, antes que eso sucediera me diría que hiciera cualquier cosa y vaya que esta vez lo haría con gusto.
Con ella estando de acuerdo con mis "necesarias" ausencias, me vestí sencillamente, una linda falda de tela gris, ajustada a mis piernas, sensual y a la vez muy formal, y una blusa blanca, sobre ambas cosas, una pequeña chaqueta y para estos ya fríos vientos un abrigo, sin olvidar unas lindas y brillantes zapatillas negras. Me alise el ultimo cabello que luchaba por arruinar mi estilo y salí directo al ministerio de magia. Pasé las acostumbradas puertas, tuve que compartir palabras con un par de imprudentes funcionarios, hasta que pude llegar al pacillo donde estaban tanto la oficina de Potter como la de "la señora Weasley". Me pregunte por un par de segundos si debía pasar a saludar a Potter, bueno, si me ve y se da cuenta de que lo salte seguro se ofende y eso para nada me conviene, me dije. Fueron solo un par de pasos hasta llegar a su oficina, pasos suaves y mesurados que me dieron la oportunidad de descubrir que ahí dentro también estaba Granger hablando con él. Me detuve antes de llegar a la ventana y ser visible para ellos. Me apoye en la pared simulando que esperaba alguna otra cosa, por si aparecía alguna persona. Afine el oído y preste atención.
- ¿Qué puedo decir? Uno los entrena y mira lo que hacen, te dejan en mal, y ahí se va tu reputación, ahí -comentaba Potter.
-no le des demasiada importancia a un niño, ¿para qué quieres asistentes tan jóvenes si no soportas sus errores? Yo por eso no admito asistentes recién salidos de Hogwarts -decía Granger.
- ¿Qué puedo decir? Me los mandan ¿acaso puedo decir que no?
-puedes -respondió ella con cierto tono de fastidio -yo lo hago Harry.
-es que no se siente bien Hermione, no se siente bien -entonces ella bufo -desearía que tu fueras mi asistente.
-probablemente después de una semana te quitaría el puesto -y se notaba cierta burla en sus palabras.
-me gustaría poder contradecirte…
-por cierto, y es algo de lo que no quisiera empezar la conversación, pero… ¿Qué has hecho con lo de Parkinson? -indudablemente puse más atención a la conversación.
- ¿la cotización de las capas? -supongo que ahí asintió Granger -lo estuve hablando con Patil, le gusta la idea, incluso a Ron también le llama la atención…
- ¿pero…? -continuo ella.
-pero sé que en cuanto llegue la solicitud a tus manos la vas a desechar Hermione -ella suspiro.
-sí, sobre eso… yo también estuve pensando… -y sonreí, ¿pensando?, sí, claro, pero en su conveniencia.
- ¿de verdad Hermione?
-claro, sé que las capas pueden tener todo tipo de habilidades convenientes, así que, realmente me parece una buena idea, siempre y cuando Parkinson haga las mejores capas y de la mejor calidad, ya sabes, ¿te ha dicho que tanto pueden hacer estas capas? Sería bueno que protegieran a su portador de cualquier tipo de ataque.
-con exactitud, no lo había pensado en ese aspecto Herms…
-Harry, estoy dispuesta a apoyar este proyecto siempre y cuando sea favorable para nosotros, aun cuando sea de Parkinson… -él soltó una relajada risa.
-bueno, esto ya es un avance, supongo.
-necesito que le exijas a Parkinson calidad y por supuesto ventajas inigualables en estas capas -Granger, hija de… -después de todo, son para el ministerio.
-bueno, sin duda tienes razón, mira esta lista de características que me ha dado, además… -continuo Potter con varias cosas que podía agregarle a una capa mientras mi fastidio por los comentarios de Granger, subía.
-son muy buenas Harry, pero hay que pedir más.
¿Más? Ya verás cómo me pedirás más Granger, pensé con cierto grado de fastidio. Me separe de la pared y regrese por donde había venido. Una lástima haberme vestido bien para que al final no haya hablado con ninguno. Bien, ya decía yo que había sido muy sencillo que Granger aceptara tan dócilmente, es ahí donde va a clavarme los colmillos. Muy astuta, muy astuta lo admito. Respire profundamente mientras salía del ministerio. Si bien lo que ha dicho Granger puede llegar a ser un fastidio, tampoco es tan malo, nunca desee hacer un trabajo barato y miserable, si bien todas estas exigencias son un poco tediosas, el lado positivo es que entre más exquisito sea el trabajo, más se cobra por él.
Largos minutos después, llegue a la tienda y mientras Gareth pululaba por todo el espacio disponible, yo me deje hundir en el sofá, aprovechando que nada más llegue, Madame Malkin salió y no podía decirme nada al respecto sobre vaguear en el sofá. Suspire profundamente. Ah, Granger, pequeña gatita de enormes y afiladas garras. Había conseguido sin duda lo que pretendía, es decir, fastidiarme. Pero está bien, será un buen contrato, un gran negocio que en cuanto pueda, mandare al demonio a Madame Malkin y me lo quedare yo sola. Esa vieja bruja pretende explotarme por el resto de mi vida y al final, dejarle su negocio a quien sabe quién de sus amantes, un negocio por el que yo he sudado y dado las nalgas en más de una vez. Debe ser muy estúpida esa mujer si cree que puede usarme y desecharme sin más.
-Gareth, cariño -le dije al mocoso -tráeme té querido.
- ¡por supuesto Mademoiselle Parkinson! -extendí los pies y seguí hundiéndome en mis pensamientos, mientras a lo lejos, Gareth hacia gran cantidad de ruido azotando a diestra y siniestra las finas piezas del juego de té de Madame Malkin, importándome menos de un cacahuate si se rompía o arruinaba algo - ¡está listo Mademoiselle Parkinson! -luego de un rato Gareth termino el té.
-oh, eres un primor querido -tomé una taza y la sostuve mientras él me servía sosteniendo temblorosamente la tetera, pero sin derramar una sola gota - ¿rompiste algo?
-un par de tazas -asentí con calma.
-bueno, cuando venga Madame Malkin ya sabes que decirle.
-que fue una clienta -dijo sonriente y yo asentí -pero Mademoiselle Parkinson ¿Por qué no las arregla usted? ¿no sabe hacerlo?
-querido, no es mi trabajo hacerlo, después de todo, algo debe hacer la pobre Madame, piénsalo corazón, sin arreglar las tazas rotas, ¿Qué más sentido tendría su vida?
-tiene razón Mademoiselle Parkinson -lo gracioso es que Gareth parecía creerlo, pero sin duda lo más gracioso era ver el enfado de Madame Malkin.
Más tarde, después de escuchar la perorata sin sentido de Madame Malkin quejándose de la clientela rompedora de tazas, me permití relajarme. Granger sin duda había hecho una maravillosa jugada y por lo tanto no podía quedarme atrás. De manera que, a la mañana siguiente, a una hora pertinente, por supuesto, fui a la oficina de Granger. Me levante más tarde de lo normal, le había dicho a Madame Malkin que iría a ver sobre nuestro negocito a primera hora. Crédula. Después de desayunar con total tranquilidad me arregle minuciosamente. Con mucha más calma y tranquilidad volví a recorrer todo el camino hasta las oficinas de Potter y "la señora Weasley". Tuve suerte de que al pasar por la oficina de Potter él no se encontrara, pero indudablemente tuve aún más suerte de llegar a la puerta de Granger y esta estuviera abierta. Al instante siguiente de verme se puso pálida.
-oh querida, parece que has visto a un fantasma y no a tu socia -le dije con un renovado humor.
-Parkinson ¿Qué haces aquí? -me dijo aun sin salir de su asombro.
-velo por mis intereses querida -cerré la puerta y caminé hasta llegar a su escritorio.
-todo está bien, no es tan inmediata la aprobación.
-oh, no te preocupes Granger, sé que has hecho lo propio -y me acerque aún más, dejando atrás a las sillas frente a su escritorio, llegando hasta estar a su lado -es más, ya sé que has hablado con Potter, hasta se tus palabras exactas querida mía.
- ¿Qué? ¿palabras exactas? -se había distraído con mi presencia hasta ese momento.
-casualmente escuche tu conversación con Potter ayer -le dije sentándome en su escritorio, dejándole muy cerca mis piernas, las miro los suficientes segundos para que sintiera su lujuria recorrerlas y luego subió a verme.
- ¿casualmente? -le sonreí con cinismo.
-casualmente -entorno los ojos y se pegó al respaldo de su silla, mirándome con más distancia entre nosotras.
-bueno, entonces sabrás con precisión que he estado cumpliendo con nuestro trato -note como intentaba no bajar la mirada y me estaba divirtiéndome a mares.
-lo sé, y hay algo sobre lo que dijiste -ella alzo una ceja, desafiante -me gusto que seas exigente -ahora frunció las cejas, visiblemente desconcertada -veras querida… -voltee a ver sobre su escritorio - ¿no hay té?
-no lo hay, Parkinson -exhale, decepcionada.
-para la próxima pide té -inmediatamente se fastidio -en fin, volviendo al tema, cuantas más características necesite la capa, más costosa es, y eso, querida mía, me conviene enormemente -ahora fruncía la boca, sabiéndose fracasada de fastidiarme -así que, pide más querida, pide más ¿puedes hacer eso por mí? -le dije deslizándole la punta de un dedo por el filo de su mandíbula.
-por supuesto Parkinson, será…
-un placer… -le complete la oración.
Esbocé una sonrisa no planeada al sentir su mirada sobre mis labios, me sentí poderosa y sumamente complacida, pocas veces tenía la suerte de tentar a un cliente, hacer este jugueteo de seducción y que realmente fuera divertido, de sentirme cómoda con las cosas que iba o trataba de hacer, de sentir aquella mirada pesada sobre mi cuerpo y no sentir asco. Una verdadera suerte. Iba a hacerlo con Potter, intentaría seducirlo solo lo suficiente para que se movilizara y el trato se cerrara, pero además de que es peligroso meterse con un hombre casado, lo sé por experiencia, Potter no es de mi especial interés, demasiado bobo, supongo, demasiado bueno. Granger, por otro lado, no es que sea especialmente buena, o boba, pero es astuta, inteligente y tiene un buen trasero. Además, es el tipo de persona que tiene poder y dinero, justo el tipo de persona que convenientemente me gusta y, sobre todo, su matrimonio es una mierda, tiene que serlo si es infiel a su esposo, así que, ¡sin remordimientos! Aunque tampoco es que los haya sentido muy seguido… en fin.
-bien, ya dicho esto, debo irme ma chérie -ella alzo una ceja y al instante siguiente me baje de su escritorio.
- ¿en serio? -dijo con aparentemente, verdadera sorpresa.
-claro que sí, tengo muchas cosas aburridas que hacer en la tienda, pero… -le dije mientras acomodaba bien mi bolso en mi brazo -volveré -y le guiñe un ojo, posteriormente me encamine a la salida.
- ¿Cuándo? -oí que pregunto justo cuando estaba cerrando la puerta de su oficina, pero no respondí.
El suspenso a veces puede ser bueno y lo inesperado siempre es agradable para quien da la sorpresa, por eso me fui rápido del lugar antes de que tuviera oportunidad a salir y preguntarme, pero, sobre todo, antes de que pudiera encontrarme a Potter. Caminé con prisa por el pasillo, deseando que los tacones de mis zapatillas no resonaran tanto en el lugar, ya que no quería pasar por la oficina de Potter y se diera cuenta de mi por el ruido, aunque quizás mis plegarias fueron escuchadas y al pasar por la oficina, me di cuenta de que seguía aun vacía.
Esos últimos días estaba teniendo suerte. Aunque la fortuna no duraba más que unos minutos al día. Al llegar a la tienda había clientes que atender, era viernes después de todo, los viernes suele haber más gente entrando y saliendo. Muchos entran y menos compran. Boté mi bolsa de mano a los brazos de Gareth y atendí a un par de clientes que parecían ser elegantes. Dinero, ven a mí. Estuve ocupada y casi sin descanso hasta la hora del té, no me dio tiempo de comer, así que hasta esa hora pude calmar un poco mi apetito y por supuesto, beber con tranquilidad algo de té.
- ¿Cómo te está yendo con el negocio del ministerio? -me dijo Madame Malkin, sentándose en el sofá frente a mí.
-está mejorando -le dije antes de beber un módico trago -posiblemente quieran productos muy elaborados, y eso nos conviene.
-siempre y cuando no sean absurdos con los plazos, está bien querida.
Había tratado de no pensar en ese aspecto, pero ya parecía imposible no tocar el tema. El plazo puede ser un problema, debía manejar un plazo razonable, quizás Granger aún no tomaba en cuenta ese aspecto, pero con su inteligencia seguro llegaría a encontrar ese punto que puede fastidiarme bastante. Me pegue al respaldo mientras pensaba hondamente. Debo engatusarla para que sea razonable conmigo. Sonreí sin quererlo debido a mis pensamientos. Hay que follarla tan exquisitamente, que para cuando llegue el momento de determinar los plazos de entrega, ella este como la seda. Bueno, hay que sacrificarse, pensé con sorna, todo sea por el bendito trabajo.
Luego de aquel viernes, volví a tener un movido sábado de trabajo, para finalmente tener un merecido descanso el domingo… y planear. Planear cualquier tipo de escenario que me llevara a seducirla. Quizás estaba siendo muy pretenciosa, pero teniendo en cuenta lo que había ocurrido el día en que fue a la tienda, no me costaría demasiado. Teniendo eso en mente, pase un domingo bastante agradable, la diversión gorjeaba en mi garganta cada tanto y sonreía a veces sin aguantar la risa. De modo que cuando llego el lunes, me levante más temprano de lo que había esperado. Desayune con mesura y me arregle con esmero, iría a hacerle una visita a Granger, seguro que me esperaría, pero no tan pronto.
Tome unas medias negras, una falda moderadamente corta, blusa roja en contraste con mis ojos, zapatillas y un espeso abrigo hasta las rodillas. Bastante color en los labios, un firme delineado de ojos y solo un poco de color en las mejillas. Un lacio perfecto en mi cabello y pendientes de brillante plata. Unos toques de perfume por aquí y por allá, y por supuesto, mi pequeño bolso de mano. Arroje polvos a la chimenea y en un pispas estaba ya pasando el enorme vestíbulo del ministerio de magia. Tenía fe en que no estaría Potter en su oficina y sonreí con satisfacción al pasar frente a la vacía oficina. Seguí de largo y caminando con suavidad hasta llegar a la oficina de Granger. Extrañamente, nada más tomar el pomo de la puerta sentí la adrenalina en la boca del estómago, lo atribuí a mi goce por fastidiar a Granger. Gire el pomo y entre sin preguntar. Dentro, Granger estaba concentrada leyendo unos papeles, ni siquiera volvió a verme.
- ¿mandaste ya lo que he firmado? -pregunto sin mirarme.
-oh, ma chérie, lo haría con gusto si pudiera -le dije sin borrar mi casi perpetua sonrisa. Enseguida Granger subió los ojos a verme, no parecía sorprendida.
-el francés se te da terrible -yo me encogí de hombros.
-no es un idioma por el que tenga interés querida -respondí mientras avanzaba lentamente hasta situarme a su lado, como la última vez - ¿Y? ¿Cómo va el negocio? -finalmente me senté en su escritorio, poco antes de la esquina, reposando por completo ambas nalgas sobre lo que parecían, importantísimos papeles.
-Patil está revisando la cotización que le diste a Harry ¿quizás también la visitaras? -estuve a punto de explotar en carcajadas.
-oh, por supuesto que no -comente sonriente mirando al techo -no tengo algo que usar con Patil -ella bufo - ¿acaso son celos? -le pregunte volviendo a verla.
-oh Parkinson -comento fastidiada -tienes un pésimo humor -intente reír lo más discretamente.
-no tienes nada de qué preocuparte Granger, aun si tuviera algo para chantajear a Patil, yo te preferiría sobre ella -y le guiñe un ojo.
-para que fastidiar a Patil, si puedes fastidiarme a mí, es una elección obvia -comentaba aun molesta.
-es que ella no tiene tus encantadores ojos Granger -después de aquello, quizá fue mi imaginación, pero ¿note un tenue sonrojo? Intentaba rechazarme, pero estoy segura que solo se resiste, muy pobremente.
-así que ahora intentas adularme Parkinson, primero me chantajeas y ahora me adulas, sin duda te has perfeccionado a lo largo de todos estos años de putería -si intentaba molestarme de alguna forma, no lo consiguió.
-ya sabes querida, una tiene que comer -no lo lograría porque podía ver a través de ella.
-dime Parkinson… -dijo con un tono diferente de voz, más serio -después de terminar Hogwarts ¿qué hiciste? -alce una ceja, era una pregunta que sinceramente no esperaba.
- ¿interesándote en mí, Granger? -mi buen humor para pincharla no se terminaba.
-si -y bueno, esa respuesta tan directa tampoco la esperaba. Suspire, ya que no había obtenido lo esperado.
-umm -me cruce de brazos -como decirlo… seguro sabes que mi familia era de sangre pura, y por consecuencia unos estúpidos con una mentalidad reducida -eso pareció hacerle gracia -así que no es de sorprenderse de que apoyaran a… ya-sabes-quien… -ella asintió suavemente -el ministerio lo supo y confiscaron casi todo, muchas deudas, lo que quedo lo vendí y pague, así que ya no soy una niña rica.
- ¿por eso quieres este negocio Parkinson? Porque como dices, ¿ya no eres una niña rica? ¿quieres volver a serlo? -bufé y luego reí.
-Granger, un contrato para hacerle las capas al ministerio de magia no me va a hacer rica.
- ¿entonces? -dijo con el ceño fruncido, yo suspire.
-te encanta echarme en cara mi trato con mis clientes, lo dices como si yo lo disfrutara Granger, pero esta es mi oportunidad para no tener que recurrir a aquellos métodos -contrariamente a la respuesta aguda que esperaba, ella solo me sostuvo la mirada unos segundos más para luego voltear a otro lado.
-Parkinson, si buscas sensibilizarme para…
-oh Granger, ¿a estas alturas crees que busco tu compasión? -ella me miro extrañada y con las cejas fruncidas -te estoy chantajeando, no quiero algún tipo de solidaridad, creí que ya habiendo descubierto nuestras naturalezas seriamos más sinceras, yo te chantajeo, acepto que soy una oportunista sin vergüenza, además de múltiples calificativos probablemente negativos, y tú eres una infiel, mentirosa e hipócrita, ¿y sabes qué? No me importa.
- ¡yo no soy…! -inmediatamente intento negar.
- ¿infiel? ¿acaso no estás casada? -termino mordiéndose la lengua -no te estoy juzgando Granger, de hecho, no me importa -ella termino hundiéndose en su silla sin replicar.
-para no juzgarme, tienes calificativos bastante precisos -dijo molesta.
-que no te juzgue, no quiere decir que no sea mordaz y perversa -termine diciendo mientras sonreía al mismo tiempo que cambiaba el cruce de mis piernas frente a ella.
-bueno… creo que lo único que se puede rescatar de ti es tu sinceridad.
-oh querida, eso no es lo único bueno en mi -y casi al instante sentí esa sensación lujuriosa en su mirada -tú lo sabes bien ma chérie -le dije eso ultimo para recordarle a su amante y molestarla.
-basta Parkinson, tu intento de francés es pésimo -sonreí con maldad.
-bueno, no soy yo la interesada en los productos franceses.
- ¿productos franceses? ¿es en serio? -me encogí de hombros.
-yo por lo menos tengo mejor gusto, prefiero lo nacional… ya sabes -y le di una mirada directa a los ojos que la descoloco -tiene más… estilo y elegancia… -la aguijonee con toda la intención de turbarla y lo había conseguido, dejo de mirarme y quien sabe que cantidad torrencial de pensamientos recorrieron su mente, pero claro que me hacia una idea.
Sin embargo, mientras Granger se hundía en la multitud de pensamientos libidinosos donde muy seguramente yo era la protagonista, de la nada apareció una carta frente a mí, como soplada por el viento. La tome en mi mano al tiempo en que comenzaba a descender. La acerque para mirarla con atención. No la tuve que aproximar demasiado cuando me llego la empalagosa fragancia en la que estaba imbuida. Le di la vuelta y en letras exageradamente elaboradas estaba escrito el nombre de Granger. Sonreí con sorna, ya podía imaginar de quien era la carta.
-Delacour es tan obvia… -comente con malicia -ahora entiendo porque las descubrí Granger -entonces salió de sus pensamientos y volvió a verme -tu concuña parece lista, pero únicamente es eso, apariencia -le dije aun mirando la carta en mis dedos.
- ¿Qué demonios…? -atino a decir Granger - ¿Cuándo…?
-hace solo unos segundos, frente a mí, querida -se la extendí -quizás debería darle clases de sutileza -automáticamente se fastidio y la tomó de mi mano.
-gracias -me encogí de hombros, no parecía molesta conmigo, lo que me dio mucha curiosidad.
-dile que tenga más cuidado, la próxima vez podría ser frente alguien inconveniente… -reposo la mano con la carta en su escritorio y se llevó la otra mano al puente de su nariz. Me quede un par de minutos viéndola, algo como que no estaba bien ¿eh? -no te preocupes querida, juro que no diré nada, además, pudo ser peor -me baje del escritorio al tiempo que ella dejaba lo que sea que estuviera pensando.
- ¿te marchas ya? -sonreí luego de escucharla.
-te dejare a solas para que disfrutes de la carta -le dije siendo sarcástica, no sé si ella lo noto -y por desgracia debo ir a trabajar, pero…
-volverás -tome mi bolso y le guiñe un ojo.
Le di varios días de descanso a Granger hasta el jueves. Claro que a Madame Malkin le decía que iba todos los días, era la excusa perfecta para llegar tarde a trabajar sin recibir un sermón. Aquel día me levante especialmente tarde, tenía un elaborado plan. Había estado midiendo como procedería y hoy merecía hacer algo un poco más avanzado, debía ser sutil y a la vez no soltar demasiado. Las cosas con Granger realmente me estaban haciendo utilizar todas mis artimañas, es una mujer muy inteligente, así que de igual forma debo tratarla. Por ello, cada paso que doy debe ser meticulosamente planeado.
Debido a ello, había puesto un toque diferente a mi vestir, ropa elegante, un pantalón sastre negro, ceñido a mis piernas, con unas zapatillas altas color vino, una blusa roja de un escandaloso y profundo escote en combinación con las zapatillas, bajo un saco negro, pendientes en brillante plata, un toque suave de maquillaje y el siempre precioso rojo vibrante en mis labios. Al terminar, me puse el espeso abrigo sobre mis hombros y emprendí camino hasta el ministerio, sin olvidar pasar antes por una tienda de fruta. Al llegar crucé el gentío y atravesé pasillos, pero no tuve tanta suerte para sortear a Potter, no, el buen Potter tuvo la buena fortuna de salir de su oficina cuando recién llegaba al pasillo. Se deleitó con mi grandioso atuendo y no pudo evitar que sus ojos descendieran por mi escote al menos una vez.
-por cierto -dijo luego de que lo pillara viendo no precisamente mis ojos -me imagino que debes estar aquí para preguntarme por lo del convenio… -y mi estancia ahí tenía que ver, pero no precisamente con preguntarle algo a él, pero no hacía falta decirle eso -quiero comentarte que las cosas van bien, pero por ahora no puedo dar detalles.
-no te preocupes Harry, yo comprendo bien, imagino que no puedes revelar datos del ministerio -le dije eso no queriendo así que se explayara demasiado.
-no es eso, es que tengo que salir en este momento ¿podrías disculparme? ¿Qué tal si vienes más tarde? Entonces estaré desocupado.
-es una idea estupenda Harry, pero mejor vengo mañana, no puedo ausentarme esta tarde de la tienda.
Y finalmente pude liberarme de él. No sé a qué asunto tenía que salir tan urgentemente, pero fue una verdadera suerte para mí. Luego de aquello nos despedimos, él salió apresurado y yo pude continuar hasta llegar a la oficina de Granger. Al llegar acerque mi oído para tratar de saber si había alguien ahí adentro además de Granger o si estaba la misma Granger. No se oía nada. Así que tomé la decisión de entrar sin previo aviso como la vez pasada, e igual que la vez pasada tuve la suerte de encontrar a Granger tras su escritorio, bastante concentrada en lo que sea que estuviera trabajando, solo que esta vez sí subió la mirada a encontrarme. Inmediatamente sonreí al ver que ella no fruncía las cejas o replicaba.
-Parkinson…
-buen día Granger -y termine de entrar, cerrando bien la puerta tras de mí, bastante bien cerrada con un hechizo no verbal.
- ¿Qué te trae por aquí? -dijo ella en un tono que me pareció cordial.
-ya sabes, cuidando mis intereses -ella sonrió, parecía que le hacía gracia lo que dije.
-no dejas de sorprenderme con tu franqueza… a veces rayas en el descaro.
-querida, ¿a estas alturas ocultar la verdad? -le dije mientras me acercaba a ella y terminaba por reposar mi bellísimo trasero en los papeles de su escritorio -es algo innecesario -ella resoplo con una sonrisa en la boca -por cierto, te traje algo -y de mi bolso de mano saqué unas uvas recién compradas.
-vaya, ¿un regalo? ¿tú? Parkinson, me sorprendes.
-no me sobra el dinero, pero tampoco soy tan miserable cariño -tome una pieza del racimo y me la leve a la boca, estaba suave y jugosa, justo como planeaba dejar a Granger hoy.
- ¿Qué no las habías traído para mí? -me pregunto con una ceja alzada, sonreí una vez más.
-quería probar que tal estaban -y me encogí de hombros, tome otra pieza y la acerque a su boca, me miró fijamente a los ojos mientras la dejaba traspasar la hilera de dientes. La mordió suave aun sin dejar nuestra conexión visual. Al terminar de procesarla en su boca, la paso suavemente.
-esta buena -dijo al final.
-esta buenísima -le dije acercándole otra pieza a la boca - ¿Y? ¿Cómo van las cosas? -ella exhalo mientras pasaba la segunda pieza.
-Patil transfirió el asunto a otra dependencia, no está ya, precisamente en mis manos.
-mmm… -le acerque otra pieza a la boca, se deslizo por sus labios, mirándome fijamente, deje unos de mis dedos ahí, cerca de su boca, delineando su labio, pretendiendo que limpiaba algún residuo -una lástima Granger.
-solo… -alce una ceja, esperando escuchar que decía -necesito saber a quién transfirieron el asunto, lo demás es fácil, puedo convencer a cualquiera -sonreí una vez más.
-estoy muy segura de eso -le deslice la punta de un dedo por la mejilla.
-seguimos teniendo bien nuestro trato ¿verdad?
-por supuesto, hasta que sea denegado por completo, pero eso no va a pasar -ella frunció las cejas.
- ¿Cómo estas tan segura Parkinson? -me encogí de hombros una vez más.
-eres bastante lista -y le puse otra pieza en la boca -y demasiado sensual como para ser ignorada.
- ¿ahora intentas seducirme Parkinson? -sonreí con sorna.
- ¿yo Granger? -el tono que use parece que le hizo gracia -eso ya lo he hecho -me aproxime un poco más a ella -seducirte no es algo difícil, no puedes quitarme los ojos de encima, incluso ahora estas luchando por no mirar mi escote -e instantáneamente deslizo los ojos por las suaves curvas de mis senos, hasta llegar a la profundidad en la que se perdían las líneas de ellos.
-es un escote muy abierto, no se puede evitar -intento justificarse luego de volver a verme a los ojos.
-no quita el hecho de que seducirte no es algo que intente, es algo que se da sin esfuerzo.
-Parkinson, hoy es muy diferente a la ocasión en la que fui a tu tienda, hoy no podrías tentarme de ninguna forma -y volví a sonreír, ella buscaba provocarme, decir ¿ah no? y que fuera por ella, era transparente en este aspecto ¿Qué podría enseñarme a mí? Que he trabajado de esta forma por muchos años, sin embargo, que me diera cuenta de su treta, no quería decir que no quisiera caer en ella, si, era esta parte del juego la que me gustaba.
-te creo Granger, hoy seguramente no podía lograrlo -mis nalgas abandonaron aquel sitio en su escritorio, poniéndome de pie a su lado, ella alzo una ceja desconcertada.
-bueno, me alegra que lo comprendas…
-por eso hoy me retiro más pronto que la vez pasada -tomé mi bolso de mano y me alisé la ropa.
-bien porque… -y se levantó con lentitud, quedando frente a mí -porque tengo muchas cosas que firmar… -sonreí, le puse otra uva en la boca, pensando en lo siguiente que diría.
-puedo imaginarlo -tome otra pieza y la puse en mi boca, la mordí aun mirando a Granger a los ojos, aun sintiendo su mirada bastante fija en mis ojos, sonreí, estaba tan pendiente de mí que era imposible que se resistiera a mí de forma alguna. Me pase la lengua por los labios. No me había movido del sitio junto a su asiento y ella seguía ahí de pie, entonces, de forma rápida y casi sin planear, la tome de las solapas de su saco y la acerque a mí para poder tomar sus labios de forma salvaje y atrevida, no me rechazo en absoluto, al contrario, se dejó hacer, cerró los ojos y no puso impedimento alguno, su respuesta me decía que lo esperaba, ansiaba lo que estaba haciendo, pero no quería ser ella quien lo iniciara. Me estaba dejando la elección a mí, el mando y yo sí que sabía cómo mandar.
La gire e hice que apoyara sus nalgas en el borde de su mesa, deslice mis manos por sus costados al tiempo que deslizaba mi boca por su cuello, me sentía tan provocada en esa situación, de manera que rompí su blusa de un tirón, llevándome los botones con el brusco movimiento. Hundí la nariz entre sus senos y respiré el aroma de su pulcra piel con olor a jazmín. Saque mi lengua y la deslice, ella levanto su rostro en dirección al techo, dándome espacio para recorrer con mi lengua pecho y garganta hasta llegar a la punta del mentón. Me separé milímetros y me hundí en la suavidad de sus labios en un vehemente beso al tiempo que tomaba sus senos a manos llenas, mientras sentía sus manos apretarme las nalgas.
Que picarona, pensé al instante de sentir sus dedos apretados. Volví a bajar mi boca y lamí su piel, corrí el sujetador y tomé unos de sus pezones en mis dientes, le di un buen tratamiento, varias lamidas y algunos mordisqueos a la vez que mi otra mano se deslizaba entre sus piernas, por un tiempo masajeé con destreza sobre la tela del pantalón, luego metí la mano por entre su ropa encontrando la humedad inmediatamente. Suave y jugosa, pensé mientras sonreía. Me hubiera gustado bajarle el pantalón con todo y bragas y ahí mismo hacer que se corriera con mi boca, pero preferí algo más sutil y menos escandaloso. La masajee con mis manos y le aplique varias mordidas en sus pezones hasta que luego de un tiempo sentí en mis dedos como apretaba los músculos. La oía jadear muy tenuemente cuando apareció tras de sí una carta. Fleur Delacour era tan oportuna.
La carta fue cayendo suavemente hasta tocar el escritorio, estaba tan empapada del perfume que llegaba hasta mi el olor. Pegue la nariz al cuello de Granger, que aun respiraba profundo luego de la agitación, su piel tenía una suave fragancia a jazmín, ni demasiado dulce, ni demasiado sobria, floral y a la vez sensual, era el tipo de aroma que me gustaría oler en alguien más, y vaya que había encontrado a alguien apetecible que la poseyera.
Coloque las manos a los costados de ella mientras seguía con la nariz en su cuello, lleve una de mis manos hasta la carta y la sostuve a cierta distancia, mirándola fijamente, pensando con detenimiento que palabras diría a Granger, quería molestarla con Delacour, pero no arruinar del todo el momento, debía ser muy objetiva con un comentario afilado. Sonreí antes de pasarle los labios por la piel y llevarme un poco de su esencia en ellos.
-me gusta el aroma del jazmín Granger, te queda perfecto, es delicioso, adictivo.
-creo que… ¿gracias? -respondió aun reponiéndose.
-pero no encaja con este chocante aroma que tiene Fleur, es… asqueroso.
- ¿Qué? -me separé de ella y le mostré la carta entre mis dedos, con una muy tenue sonrisa en mi boca - ¿Cuándo?
-hace tan solo unos segundos querida, cuando casi desfallecías… -suspire -tengo esta suerte de toparme con las cartas… -he hice un tenue puchero mientras ella fijaba la vista en el sobre.
-dios… -y la tomo en su mano, casi me figuro que quiso estrujarla, pero finalmente solo la puso a un lado.
-bueno, creo que ya estoy estorbando aquí -me alejé del sitio entre sus piernas y le di espacio. Me alisé la ropa igual que ella lo hacía con la suya -bueno querida, no soy quien para interrumpir tu lectura y tampoco tengo más que decir de nuestro asunto, de manera que…
- ¿ya te vas? -hice una sonrisa extraña.
-creo que es mi única opción -le dije mirando el sobre a un lado.
-espera, quiero que hablemos sobre esto, sobre… -negué suavemente.
-solo hay que gozarlo Granger, gocemos tanto como se pueda, o… como te dejen -le guiñe un ojo -adiós.
Tomé mi bolso de mano y salí rápido de su oficina. Al cerrar la puerta me quede unos segundos ahí afuera, sin moverme. Pegue el oído a su puerta, tratando de escuchar algo y al cabo de unos segundos solo escuche que dijo: "demonios". Me pregunto si lo decía porque estaba fastidiada por la carta o porque la había dejado ahí con un montón de cosas en la cabeza y sin resolverlas. Me erguí con soberbia y caminé suavemente hasta salir del ministerio. Bien, una de las claves de este tipo de elaboraciones es dejar siempre al cliente con ganas de más y parece que lo había conseguido, sin embargo, Delacour estaba siendo bastante fastidiosa, ella misma cavaria su tumba, pero… ¿Por qué no ayudarle un poco?
Nada más llegar a la tienda le pedí a Gareth que me trajera un pergamino, tinta y una pluma. Sentada frente al escritorio pensé lo que escribiría, las palabras correctas para fastidiar lo más posible a Delacour, palabras que no dijeran nada directo y se prestaran a malinterpretaciones. Fueron solo unos segundos en realidad y con una sonrisa digna del diablo escribí con una letra elegante y no tan pretenciosa como la suya.
"Estimada Fleur Weasley, procure tener más sigilo con sus olorosas y llamativas cartas, pueden resultar inoportunas en momentos críticos donde la señora Weasley tiene las manos ocupadas.
Atentamente. P.P."
Oh Pansy Parkinson, eres el diablo, pero más sensual y con estilo, me dije, divertida de mi propia maldad. Selle la carta y me levante con una renovada energía de alegría que se colaba por mi bellísima boca. Me sentía tan jovial que se escapaba de mi control. Le entregue la carta a la lechuza de Madame Malkin y cuando el animal emprendió el vuelo comencé a reír imaginándome la expresión y los comentarios que no podría evitar soltar Delacour. No estaría ahí para nada, no lo vería en absoluto, pero las carcajadas escapaban por mi garganta como si ya estuviera viendo a la mujer enfurecer. Reí tanto que tuve que limpiarme las lágrimas, descubriendo a Gareth mirándome extrañado.
- ¿está bien Mademoiselle Parkinson? -pregunto al cabo de unos segundos.
-lo estaré cuando me traigas el té, querido -y suspire aun con una sonrisa en los labios.
El niño me trajo el té unos minutos después. Tome a pequeños sorbos mientras aún se me escapaba una ligera risa de entre los labios, pase el resto del día de muy buen humor, atendía varios clientes con un entusiasmo impropio de mí, demasiada alegría quizás, pero bueno, hay que aprovechar cuando se puede. Para cuando cerrábamos la tienda y cada quien marchaba a su respectivo domicilio, imagine que ya en esas horas Granger tendría un problema del tamaño de Londres debido a Delacour, no es que eso me hiciera especialmente feliz, pero también me hacía gracia. Quizás estaba tan ocupada lidiando con Delacour que no había tenido tiempo a reclamarme, porque, obviamente que Granger me reclamaría y eso me daría pie para volver a enredarme con ella.
Regrese a mi modesto departamento creyendo que algo sucedería, a estas alturas nada le costaría a Granger encontrar mi dirección, sin embargo, eso no ocurrió. Tome una cena sencilla y me pase casi una hora en un lánguido baño de tina. Al final me sequé y deje de darle importancia al acostarme a dormir. Al otro día, sin embargo, me arregle con dedicación. Seguro Granger estaría molesta conmigo y nada mejor que una exquisita falda para desviar su atención a mis piernas. Unas bellas zapatillas negras y relucientes, y una simple pero infalible blusa negra con cierto nivel de transparencia, dejando ver el sostén negro y de sensual encaje. Me puse el abrigo y partí una vez más al ministerio.
Salí de las llamas verdes y crucé el vestíbulo con apremio. Iba tan concentrada en mi propia dicha que ignoraba por completo a todos a mi alrededor, sin fijarme que les molestaba el ruidoso taconeo de mis zapatillas contra el piso, solo seguía el camino aprendido hasta la oficina de Granger, sin notar a nadie, no habría notado a Potter de haberlo tenido a un lado, quizás por ello es que cuando llegue a la puerta de la oficina no vi nada diferente, porque bueno, en realidad no había nada diferente en la fachada, no se oía un solo ruido, así que sin más abrí la puerta sin tocar, con el buen humor que me había estado acompañando desde hacía poco menos de un día.
Sin embargo, ahí dentro no había nada de buen humor, todo lo contrario, mas bien. Al abrir descubrí a ambas señoras Weasley enredadas en una acalorada riña que se vio interrumpida por mi abrupta aparición. Seguro tenían un hechizo dentro que no permitía oírse la discusión por fuera. Mi boca paso de ser una ensanchada sonrisa a ser casi un punto de lo pequeña que la fruncí. Al momento de dar un paso dentro de la oficina, ambas voltearon a verme, una más enfurecida con mi presencia que la otra.
-uy, oficina equivocada, ¡Adiós! -les dije al instante y me di la vuelta.
-a dónde vas golfa -ladro inmediatamente Delacour.
-me encantaría quedarme a platicar Delacour, pero venía a ver a otra persona -le dije en el marco de la puerta y luego ella me dio alcance.
- ¿si? ¿y a quien venias a engatusar? -pregunto con un desprecio que ni se molestaba en ocultar. Yo sonreí.
-a alguien nuevo, porque aquí ya no lo hay -y eso la enfureció.
-eres una zorr…
- ¡Fleur! -replico Granger antes de que terminara Delacour de tratar de fastidiarme -oh por favor, salgan del dominio público y cierren la maldita puerta.
Finalmente, aunque me quise escabullir y tenía ahí la oportunidad perfecta para hacerlo, me dije ¿Por qué despreciar la oportunidad de fastidiar a Delacour? Di un par de pasos antes de que Delacour cerrara la puerta.
-oh Delacour, eres tan fácil de provocar -le dije con burla.
-no tientes tu suerte Parkinson -dijo amenazándome.
-oh, tengo tanto miedo -conteste sin poder dejar de fastidiarla -Delacour, no puedo creer que a tu edad caigas tan fácil en provocaciones.
-no estoy…
- ¡ya basta! -dijo Granger con los labios apretados, visiblemente harta de las dos -Fleur, el asunto está terminado ¿entiendes? No quiero oír una palabra más, Parkinson…
- ¿te vas a quedar con esta? ¿con esta… -mirada de desprecio hacia mí -zorra dominatriz?
-oh querida, yo no necesito aparentar ser una dominatriz para sentirme poderosa y obtener seguridad, puedo seducir a quien quiera, puedes apostarlo -le dije en actitud petulante que seguramente la fastidiaría más.
- ¿de verdad? eso mismo hagamos señora po…
-señorita, por favor -la corregí para mayor fastidio suyo.
-…hah… -bufo en una expresión que daba a entender lo contrario -señorita…
-y por supuesto, en la apuesta no debe entrar Granger, que ya desde ahorita te digo que has perdido.
-escoria barata, como…
- ¡Fleur, Parkinson! Deténganse ya -al parecer, a Granger se le había acabado la paciencia -estamos en el ministerio, maldición, ¿acaso les interesa tan poco mi situación? -bueno, ciertamente no me convenía que algo le sucediera a Granger.
-es esa maldita piruja que pelea lo que no es suyo -atino a decir Delacour, yo suspire.
-Granger, seguro ya cumpliste tu fantasía de que una ardiente mujer como yo este discutiendo por esas lindas nalguitas tuyas -Granger se llevó una mano a la cara ¿Qué esperaba de mí? Tenía la oportunidad ahí frente a mí.
-eres una… -inmediatamente, como si hubiera tirado leña al fuego, Delacour quiso volver a los insultos, pero no esperábamos que en ese instante…
- ¿Qué rayos está pasando aquí? -el mismísimo Ronald Weasley apareciera en la puerta, entonces todas volteamos a verlo ¡Mierda!
Gracias por sus comentarios y tomarse el tiempo de leer. Gracias Mariana por seguir mis FF, lo aprecio mucho, continuemos así. Gracias Kl01, en lo personal me agrada mas la 1ra actriz, y basándose en su fisonomía es como la he descrito aquí, pero cada quien es libre de imaginarla como mas le agrade.
