Capítulo 2.

Volvemos a la cena.

Ran había cambiado mucho. Era una mujer de 27 años, segura de si misma. Se había esforzado al máximo para llegar dónde estaba.

Horas y horas de estudio en aquella universidad de Nueva York. Había sacado las mejores notas y se había licenciado en Derecho. Luego se especializado en derecho penal y le costó poco tiempo entrar a trabajar en un despacho especializado.
Dentro de los círculos especializados, poco a poco la conocieron como aquella mujer japonesa que no dudaba al mirar fijamente a los asesinos que se sentaban en el estrado. Que no le temblaba el pulso cuando estaba ante un asesino, por cruel que hubiera sido el crimen cometido.

No le extrañó cuando un día, hablando con su madre por teléfono, ésta le insinuó que trabajara con ella.

- Ran, te necesito en mi despacho. Sé que no te gusta la idea de volver aquí, pero no tiene porqué ser algo permanente. Simplemente valóralo como una experiencia profesional.

- Mamá, te lo agradezco mucho pero ya tengo mi vida y mi rutina establecida en Nueva York, además…
Su madre la interrumpió, antes de que pronunciara las palabras que se temía.

- Ya sé que no lo quieres volver a ver, pero no tienes porqué hacerlo. Hasta dónde sé, viaja mucho y no está siempre aquí. Incluso es posible que no coincidais en la ciudad.

- ¿Pero mama, porqué me necesitas? Tienes a un equipo estupendo que seguro pueden tirar hacia delante cualquier caso que tengáis encima de la mesa.

- Mira Ran, estoy ya mayor, tengo ganas de descansar unos meses. Sé que no te puedo pedir que te encargues tu del despacho para siempre, pero creo que también te irá bien ejercer en Japón y valorar de forma temporal el poder trabajar aquí.

Ran suspiró. Sabía que su madre tenía parte de razón. Hacía mucho tiempo que no viajaba a su país y siempre habían sido sus amigos y familia los que se habían trasladado a Estados Unidos para visitarla a ella, sin reprocharle nada.

- Voy a venir. ¿Pero con mis condiciones, de acuerdo?

Ran le pidió a su madre que no dijera nada. Ella se encargaría de contar que volvía de forma temporal a las personas a las que verdaderamente sentía que les debía aquella explicación. Después de aquellos años, sabía quién realmente la echaba de menos y ansiaba poder volver a verla.

Además, le pidió que le buscara un apartamento con un alquiler temporal. No quería perder la independencia a la que se había acostumbrado durante todo aquel tiempo. Quería mucho a sus padres y, una parte de ella tenía ganas de volver a convivir con ellos ahora que volvían a estar juntos, pero la verdad es que prefería estar sola.

Y allí estaba ella. Entró en el hotel un poco más tarde de lo que debería haber llegado. Sonoko y Makoto la esperaban en la recepción, la verdad es que su amiga estaba espectacular, con un ceñido vestido color rojo, y unos diamantes que adornaban su cuello.

La verdad es que formaban una pareja envidiable. Se habían casado hacía un par de años en una ceremonia íntima en la mansión de los padres de Sonoko. Ella excusó su asistencia alegando que tenía un juicio muy importante que no podía perderse.
Su amiga entendió y comprendió los verdaderos motivos y nunca se lo reprochó. Sabia que Ran no quería enfrentarse al hombre que había dejado atrás y que muy probablemente podía aparecer durante la ceremonia.

- Ran! ¿Pero se puede estar más espectacular? Enserio amiga… ¿cómo lo haces?

Sonoko la abrazó fuertemente mientras le dedicaba aquellas palabras mientras su marido la miraba complacido. Sólo un hombre tan paciente y sosegado como Makoto podía con el fuerte carácter de su amiga de la infancia.

- Cómo me alegro de veros Sonoko, Makoto… la verdad es que ha pasado tanto tiempo… tenía muchas ganas de poder estar con vosotros. Siento haber tardado tanto, pero mi padre no me dio la dirección correcta y he dado un par de vueltas hasta poder encontrar el sitio correcto…
- No te preocupues! – añadió Makoto. Tampoco hace tanto que hemos llegado…

Sonoko le indicó a Ran que creía que todos los invitados ya estaban dentro sentados en la mesa.

- ¿Mis padres ya han llegado?- preguntó Ran.

- Sí, sí. Están ya dentro. Antes he visto a tu padre nervioso mirando a ver si llegabas.

- Bueno, pues será mejor que entremos. Cuanto antes me vean, antes dejaran de preguntarme…

- No sufras Ran, hoy serás la comidilla de toda la cena, pero mañana ya todo el mundo se cansará de hablarlo. ¡Lo importante es que estás aquí con nosotros y no podemos desaprovechar ni un segundo!

- Pues es verdad, estoy contenta de estar aquí. Muchas gracias por esperarme.

Sonoko y Makoto empezaron a andar hacia la puerta que les conduciría a la sala que les habían reservado en aquel hotel apartado en las montañas para celebrar aquella cena de homenaje a Kogoro Mouri, el cual había decidido retirarse y disfrutar de su vejez con su esposa Eri.

Ran notó que la espalda de Sonoko se tensó al entrar en la sala. Ella, que ya estaba suficientemente nerviosa, se irguió para esconder su inseguridad y mostrarse cómo la mujer segura y decidida en la que se había convertido.

Cuando Sonoko y Makoto fueron conducidos por el mayordomo a las sillas que les tenían asignadas, Ran se quedó sola de pie ante toda aquella mesa alargada que estaba ocupada por su familia y allegados que hacía tanto tiempo que no veía.

Pero rápidamente notó su mirada. Su presencia. Incluso percibió ligeramente aquel aroma que le era tan familiar. Sin mirarlo directamente notó aquellos ojos azules que la miraban de una forma imperturbable.