Capítulo 8.
Contrariamente a lo que lógicamente se deduciría, cuando Ronald entro a la oficina, creí que todo por fin terminaría y sentí un alivio inicial que fue desapareciendo poco a poco conforme Pansy Parkinson cubría la evidente disputa entre ella y Fleur por mi causa. Se encargó casi de todo, colabore, ciertamente, y Ronald no se enteró de nada. Hubiera preferido que lo supiera. Estoy harta de mentir, de fingir, de llevar una vida que ya no deseo. Me he cansado.
Cada minuto, cada segundo parece asfixiante, siento como si oprimieran mi pecho, como si me enterraran bajo cinco metros de tierra, quiero escapar, quiero huir. Me lleve las manos al rostro luego de que Fleur abandonara la oficina. Me gustaba Fleur, pero ella no estaba dispuesta a dejar a su marido por mí, ella aún estaba a gusto con su situación y no puedo juzgarla, si está bien con eso, si lo soporta, no tengo ningún problema, que continúe así, uno debe encontrar estar conforme con lo que tiene, yo, por otra parte, ya no estaba conforme.
Pansy Parkinson nunca ha sido una figura admirable para mí, pero debo admitir que últimamente deseaba tener un poco de lo que ella tenía. No me refiero a su trabajo o su situación sentimental, me refiero esa franqueza suya, si bien cae en una desvergüenza y cinismo desmedido, al menos no miente ni oculta la verdad. Creí que mentiría sobre a quién apoyaba su familia, creí que trataría de ocultar su promiscuidad y no imagine ni por un segundo que las intenciones detrás del negocio de las capas, son las dejar de tener contubernios con sus clientes. Tal parecería que lo único que ha buscado es progresar, salir del agujero en el que la dejaron sus padres y eso, sinceramente, es admirable.
Lógicamente, obtuve información detallada de Parkinson, no solo desde Hogwarts, sino desde que nació, pedí todo y pude darme cuenta de la realidad de Parkinson, después de ello, fue un poco difícil mantenerla alejada, ya era difícil antes, y saber que no era tan perversa y ruin como imaginaba, hacia aún más difíciles las cosas. Seguramente había hecho cosas que no quería, y cosas que sí, tampoco es una santa, pero había un objetivo de por medio, un buen objetivo, así que, si, ahora apoyar el proyecto no resultaba tan incómodo.
Me apoye pesadamente en mi silla y mire al techo. Sinceramente, ya no quería seguir mintiendo, quería ser franca, quería decir la verdad, como Parkinson, quisiera que no me importara del todo. Pero, aunque quiero eso para mí y tengo intenciones de obtenerlo, no puedo ser tan descarada. Hay personas que deben aun mantener una buena imagen de mí, sobre todo en el trabajo, mi familia es punto y aparte. Tengo que decirlo, sacarlo de mi sistema, así que debo planear como.
Tamborilee los dedos con la mano que aún estaba sobre mi escritorio, haciendo planes en mi cabeza cuando tocaron a mi puerta. Obviamente no era Parkinson. Di permiso para que entrara a mi oficina quien toco y resulto ser Harry, con unos papeles en mano y una suave sonrisa en el rostro.
-hola Harry -le dije, con cierta extrañeza, ya que no lo esperaba, lo hacia fuera de oficina y lejos.
-hola Herms -dio unos cuantos pasos hasta que llego a las sillas frente a mi escritorio -Patil me dio los documentos del convenio -de un momento a otro no supe de que hablaba -solo falta que tú los firmes -así que fruncí el ceño con franco desconcierto.
-ah… -y extendí la mano para recibirlos, los ojee unos cuantos segundos hasta que encontré la razón -así que se aprobó el contrato con Parkinson he -le dije sin poder evitar una sencilla sonrisa, me dio gusto que si se lograra.
-sí, ciertamente el que tú lo apoyaras fue bueno… -pasaba la vista por todo el texto del contrato mientras Harry esperaba - ¿si lo vas a firmar? -termine de leer casi después de su comentario.
-dije que lo haría Harry -deje los papeles sobre el escritorio y volví a verlo -no pretendo echarme para atrás -estire la mano para agarrar la pluma y mojarla suavemente en el tintero -Parkinson no te va a dar alguna remuneración corporal por esto, ¿verdad? -le pregunte antes de firmar, con la mirada fija en sus ojos y una ceja alzada.
-claro que no Hermione -dijo con cierto aire de ofensa. Entonces hice el trazo rápido y elaborado de mi firma.
-bien, porque me enteraría de ser así y entonces…
-se lo dirías a Ginny con gusto -respondió con tedio. Sonreí mientras dejaba la pluma en el tintero.
-empezaría con ella…
-quizás entonces yo debería decirle a Ron…
-no hace falta -él me miro asombrado.
- ¿se lo has dicho ya? -negué con suavidad.
-hoy se lo voy a decir, así que espera el caos por la noche.
Pero el caos que imaginaba, no fue exactamente como imaginaba. Termine temprano ese día, apresure todos los papeles más relevantes, los firme y los envié, para que justo a mi hora de salida, ni un minuto extra más, estuviera cruzando la puerta de mi oficina con destino a la casa que compartía con Ronald. Tarde más tiempo de lo usual para llegar al vestíbulo, todo mundo parecía salir temprano ese día, o quizás siempre es así y no lo veo porque la mayoría de las veces salgo más tarde de mi oficina. Sin embargo, el gentío no evito que llegara a la casa. Al llegar a la sala encontré que estaba solo el lugar, ni Ron ni lo niños se veían o escuchaban y todo estaba apagado. De un movimiento de varita todas las luces se encendieron y fui a la cocina a servirme vino, necesitaba entretenerme con algo mientras esperaba a que llegara él.
Me senté en el sencillo desayunador que había justo en la ventana de la cocina y miré ahí afuera, viendo todas las luces que iluminaban la calle y las casas. Es un lugar bonito para vivir, tranquilo, sobre todo. Me llevé la copa a los labios y bebí un poco con languidez, saboreé el líquido con lentitud mientras continuaba viendo como la noche caía cada vez más oscura. De pronto se oyó el fogón de la chimenea y pasos subir por las escaleras, entonces apareció Ron por el marco de la puerta.
-llegaste temprano -y fue directo a la alacena a sacar unas galletas.
-me pareció oportuno -él alzo una de sus pelirrojas cejas con duda.
- ah, ¿sí? -se sentó frente a mí en el otro lugar que quedaba.
-tengo que hablar contigo -le dije con un muy tenue suspiro, ahora él frunció ambas cejas mientras masticaba dos galletas con chispas.
-es algo grave he… -dijo luego de pasar las galletas, yo asentí lentamente. Me lleve una mano a la cabeza y calme una comezón repentina, luego apreté los labios mientras veía la copa de vino, ya había repasado lo que diría y aun así ahí estaba, con las palabras atascadas -comienzo a preocuparme Herms… -bueno, no era para menos. Exhale y luego me pase los dedos por la boca -vamos Hermione, lo que sea, dilo ya, no puede ser tan malo -enseguida subí los ojos a verlo.
-te engañé -le dije sin consideración alguna, como probándole que se equivocaba en su "no puede ser tan malo".
- ¿Qué? -dijo casi al instante y se quedó callado con un par de galletas en la boca.
-yo… -repentinamente toda la valentía que tuve al decir lo anterior se esfumo, sin saber cómo explicarme -Ronald… -tomé aire -Ronald… -volví a tomar aire mientras él me miraba estupefacto -me gusta Pansy Parkinson y… -entonces él parpadeo y alzo aún más las cejas -no planeo tener una relación con ella, pero… no puedo seguir engañándote -al fin habían salido las palabras, no eran las que había planeado, pero algo es algo.
-Parkinson… -comento con lentitud y desconcierto, mirando alguna parte de la mesa -Parkinson que estaba hoy en tu oficina…
Bien, si, había omitido por completo a Fleur, pero no le podía decir ¿recuerdas a tu sueño adolescente? Pues me la tire al menos veinte veces, tampoco podía ser tan descarada… bueno, podía, pero haría un escándalo en la familia, suficiente es el engaño de esta forma.
-sí, Parkinson que estaba en mi oficina -entonces subió sus ojos a mirarme.
- ¿te acostaste con ella? -sentí que se me seco la boca y que el aire me estaba faltando.
-si -pero conteste, mirándolo a los ojos -más de una vez… -y él se quedó callado, mirándome con sus acuosos ojos azules.
- ¿Por qué con Parkinson? -pregunto después de un largo rato. Yo respiré profundo -creí que la odiabas…
-creo que… nunca antes me atreví… a decir que me gustaban las chicas… -me miro con las cejas fruncidas, ojos entornados y la boca abierta.
- ¿y yo? ¿yo que? Si es así porque… -comentaba, aun con galletas en la boca.
-no lo sé Ron… -le dije con sinceridad -solo sé que en este momento… ya no puedo continuar contigo.
Aun me miraba con la boca abierta y empezó a parpadear, luego cerro la boca, giro la cabeza y alzo una mano que se pasó muy cerca de los ojos, retirando una lagrima que escurría. Me sentí mal al ver sus lágrimas, sabía que iba a sufrir, sabía lo que vendría y ya me había armado de fortaleza, ya lo había decidido, y aun así me sentía mal al verlo.
-voy… -dijo de la nada -voy a salir a caminar un rato… -y se levantó al instante.
-Ronald, hace frio afuera, enfermaras… -se quedó de pie, sopesando las cosas.
-me pondré un abrigo grueso… -pronto salió de la cocina. Un par de minutos después, oí como se abrió y se cerró la puerta de la entrada.
Me quede en mi sitio mientras poco a poco se hacia el silencio en la casa. Los niños estaban en sus habitaciones en el piso superior, haciendo quien sabe qué, pero en silencio. Exhale lentamente mientras lleve mis manos a la base de la copa. Tome una vez más un módico trago de vino mientras esperaba a que Ronald volviera. Muchos pensamientos de arrepentimiento cruzaron mi mente, pero también estaba aliviada, ciertamente el peso que había estado cargando se había aligerado, ya no había más que ocultar, nada que temer.
A pesar de que había cambiado de opinión y ahora apoyaba sinceramente el proyecto de Parkinson, eso no significa que mi secreto este por completo a salvo, siempre cabe la posibilidad de que Parkinson se lo diga a cualquier persona, no solo a Ronald y de ser así, en algún momento, finalmente, puede llegar el chisme a oídos de él. A cualquiera le puede parecer absurdo que le diga la verdad a Ronald a estas alturas donde el trato está asegurado con Parkinson, principalmente porque el convenio está firmado, nuestro trato se cumplió, quizás ahora no hable, o quizás más adelante vuelva a chantajearme, como quiera que sea, Ron debe saber las cosas porque lo cierto es que la decisión ya estaba tomada desde antes de que ella nos descubriera a Fleur y a mí, Parkinson solo acelero el proceso, me quito más días para evitar hacer lo debido e hizo que fuera aún más evidente que no puedo quedarme con Ronald por más tiempo, ahora, si Parkinson decide divulgarlo, Ronald no le creerá y así oiga los chismes no sabrá la verdad con certeza, pero sobre todo, la noticia no lo impactara, fuera de Ron, no me interesa si el mundo entero lo sabe.
Recién comenzaba a redescubrirme, a saborear los gustos y las texturas, deseaba libertad para explorar, no me tiraría al libertinaje, pero deseaba encontrar algo de mi entero y total gusto, Parkinson solo era una… ¿posibilidad? No lo sé con certeza. Me recargué en el respaldo y extendí los pies al tiempo que tomaba un gran sorbo al vino. Parkinson es dinamita, no sé si podría con un tren como ese, tiene unas piernas suculentas y hace unos trabajos exquisitos, está a un nivel diferente y sobre todo… no sé si puedo llegar a confiar lo suficiente en ella como para mantener una relación estable y, si ella quiere eso. Es guapísima pero incierta.
Sé que quiere salir de la putería, sé que quiere tener un negocio propio, que desea no deber favores y ser independiente, pero, ¿querrá hijos? ¿querrá casarse con un hombre y ser como la mayoría de las mujeres? Exhale largamente… quisiera preguntárselo sin tener que exponer mis intenciones… ¿Cómo lo tomaría Parkinson? ¿se reiría de mí? ¿lo tomaría en serio? Quizás lo mejor sería proponerle una relación puramente sexual y ver si avanza a algo más… sería lo más sano, para mí.
Volví a suspirar una vez más y tomé un largo trago de vino, acabándome por fin esa copa. Me levanté a rellenarla cuando oí la puerta de la entrada abrirse, seguramente era Ronald. Espere con paciencia mientras volvía a poner el tapón en la botella. Los pasos se acercaban cada vez más y yo meneaba el líquido en la copa. Los pasos se detuvieron y yo voltee a ver hacia el marco de la puerta, ahí estaba él.
-tenías razón… hacia mucho frio allá afuera -asentí en silencio.
- ¿vino? -le pregunte aun con la botella en mano.
-no, gracias… -deje entonces la botella en un estante, mientras él volvió al sitio donde anteriormente había estado sentado -Hermione… -me acerque a la mesa con la copa entre los dedos -todavía no puedo aceptarlo… -tome aire con los ojos puestos en el líquido rojo -pero no significa que no lo entienda -ahora fui yo quien abrió un poco la boca por el asombro -entiendo bien tu situación… no debe ser fácil… -repentinamente sentí algo en el rostro -no puedo ser insensible y, aunque me duele… agradezco saber la verdad… -sentí el nudo en mi garganta, cerré los ojos y mi nariz comenzó a escurrir, demonios… -agradezco que tú me lo digas Hermione -asentí sin poder hablar, con las lágrimas escurriendo -creo que lo mejor es separarnos… necesitaremos mucho tiempo… ambos…
-los niños… -dije mientras me quitaba con la mano la humedad de los ojos.
-se quedarán con mis padres o los tuyos… necesito estar solo… -ya no miraba por la ventana, ni me veía a mí, miraba fijamente la madera de la mesa.
-se pueden quedar con los tuyos, yo iré a casa de mis padres… cada quien tendrá un tiempo a solas… tendrás la casa pasa ti…
Asintió sin palabra alguna. Me levanté de la silla y subí a nuestra habitación, con un hechizo sencillo mi ropa comenzó a desfilar hasta una pequeña valija hechizada, luego mis zapatos y después cada una de mis pertenencias entraron, hasta que al final no quedo nada de mí en la habitación. A continuación, fui a las habitaciones de los niños y con una explicación sencilla, les puse ropa en otra maleta. Al terminar todos bajamos y Ronald seguía en el mismo sitio, mirando por la ventana, los niños se despidieron y luego corrieron a la chimenea. Al llegar a la casa de mis suegros, solo pedí que los cuidaran por un par de días, Ronald o yo vendríamos después. Mi rostro debía ser un desastre porque no hubo preguntas, solo un continuo y repetitivo: "que te vaya bien". Al final, tomé bien mi valija y me aparecí en mi vieja habitación en la casa de mis padres.
Me quedé un rato en mi cuarto, a oscuras, hasta que decidí bajar, mis padres se asustaron al verme dentro de la casa de un momento a otro, hicieron un par de preguntas obviamente, sin embargo, creo que algo percibieron que dejaron de preguntar y me dieron espacio para pensar, cenamos, ellos hablando de sus cosas y yo con la mente ocupada. Me esperaba otra reacción de Ron, sin duda, pero estos años lo han vuelto un hombre maduro, un hombre confiable, es lamentable que no pueda seguir con él, pero más lamentable es vivir una situación en la que ya no me encuentro siquiera cómoda.
Al terminar la cena yo lave los platos y nos despedimos para ir a dormir. Subí con pesar las escaleras y aunque cerré mi habitación oía el tenue murmullo de la televisión de su alcoba. Un hechizo y pronto todo estuvo en silencio. Me saque los zapatos con lentitud, me quede en la orilla de la cama, asombrosamente sin pensamiento alguno, mirando solo el suelo. Tenía tantos sentimientos y emociones que ya no sabía que pensar. Finalmente tomé una ducha rápida y me acosté. Pase largo rato tratando de no pensar, pensando y volviendo a tratar de calmarme hasta que en algún momento de la noche caí dormida.
A la mañana siguiente, desperté hasta tarde, era sábado y no había la obligación de ir al ministerio. Algunas veces iba incluso en sábado para adelantar un par de cosas, pero no este sábado. Luego de levantarme me lave el rostro y me arreglarme meticulosamente para cuidar que las ojeras desaparecieran, al bajar encontré el desayuno esperándome en la mesa y mis padres aun ahí en la mesa esperando. Estaba ya acostumbrada a que lo hacía Ron, a que me hablara o me avisara para desayunar, tendría que desacostumbrarme y también deshacerme del fastidioso sentimiento de incomodidad al darme cuenta de que me esperaban.
Aquel día lo pase en silencio, leyendo en la sala de la casa de mis padres, como solía hacer en mis años de adolescencia. Y, aunque estaba en silencio leyendo, internamente me encontraba esperando a que me preguntaran que había pasado, porque lo harían, se estaban tomando su tiempo, respetando prudentemente hasta que finalmente lo harían. No ocurrió aquel día, pero en el desayuno siguiente soltaron la pregunta. Yo suspire y me limite a decirles que me separaría de Ronald. Se quedaron en silencio y no volvieron a decir más. Se acabaron las palabras después de eso. Ningún comentario positivo o negativo, ninguna pregunta sobre los niños, la casa o los suegros. Absolutamente nada, y lo agradecí.
El lunes siguiente, por fortuna y a pesar de los cambios, llegue temprano a mi trabajo. No me sentía con muchas ganas de trabajar pero jamás incumpliría con mi trabajo, al menos eso no me lo podía permitir. Cruce los largos pasillos y aunque mi vida ya había cambiado, en el ministerio todo seguía igual. Suspire y continúe hasta llegar al pasillo donde estaba mi oficina. En ese corto camino llego Harry a mis pensamientos, era lógico que él estuviera esperándome para saber noticias, pero no lo estaba, así que sin más llegue a mi oficina.
Cerré la puerta y me senté pesadamente en mi silla. Me lleve una mano a la frente. Algo de paz pensé, mientras me tallaba las sienes, entonces oí como se cerraba la puerta de mi oficina. Deje de mirar el escritorio y deslice mis ojos luego de que bajé las manos. Lo primero que vi fueron los zapatos de un tacón absurdamente alto, luego, las medias enfundando unas deliciosas y bien delineadas piernas, más adelante, un conjunto de falda y saco en un llamativo color rojo bajo una gabardina negra, que hacia juego con las zapatillas. Notaba las piernas bajo esa falda, la cintura del conjunto, los exuberantes senos bajo el saco, bajo su blusa negra, y después, ese fino mentón. Ese mentón me gustaba, daban ganas de morderlo, de tomarlo en mis dedos, de pasarle la lengua, pero aún mejor eran sus labios estilizados en rojo vibrante y escandaloso. Emití un cortísimo suspiro y llegué a sus ojos, brillantes ojos verdes, extremadamente diferentes a los de Harry, estos tenían un brillo malicioso y divertido, todo en conjunto era sumamente hermoso, su cabello siempre perfecto y lacio enmarcaba demasiada belleza en esa peligrosa mujer. Parpadee mientras respiraba profundo al tiempo que la contemplaba. Hoy lucia especialmente poderosa y atractiva.
-Parkinson… -le dije mientras la veía acercarse a mi escritorio.
-señora Weasley -contesto en un tono divertido.
-ha -solté un corto suspiro -que haces aquí… -ella se encogió de hombros.
-cuidando de mis intereses querida, que más… -ella siguió caminando hasta llegar a mi lado y depositar sus lindas nalgas sobre mi escritorio, mis ojos volaron involuntariamente a sus piernas que quedaban muy cerca de mí.
- ¿por lo de ayer, quizás? -ella asintió suavemente -no hay nada de qué preocuparse Parkinson… pero nuestro trato… eso es otra cosa -al instante su sonrisa se desbarato y alzo una ceja.
- ¿y eso porque, querida? -una idea atravesó mi mente.
-ya no tengo nada que perder Parkinson, ahora dime ¿Qué harás para obtener ese convenio? -obviamente ella no sabía que ya estaba aprobado, firmado y sellado.
-no te estoy entendiendo Granger… teníamos un trato -sonreí descaradamente, tal como ella suele hacerlo.
-ya no hay trato Parkinson -le dije mientras le negaba con el dedo índice y ella no paraba de fruncir las cejas -Ronald sabe que lo he engañado -ahora alzo las cejas con sorpresa, se quedó mirándome por un considerable tiempo, las pupilas de sus ojos se fijaban en varios puntos de mi rostro, analizándome, supongo.
-así que le dijiste Granger… -respondió, como si hubiera llegado a esa conclusión en el corto tiempo que me miro detenidamente -vaya, eres más audaz de lo que imaginé… -me encogí de hombros.
-juntarme con una serpiente a veces contagia cosas… -ella rio con soltura.
-bueno, suponiendo que sea verdad lo que dices ¿qué planeas pedir a cambio? -una suave sonrisa ocupo mis labios mientras miraba directamente las piernas enfundadas en medias negras, estire el brazo y descanse la mano en su muslo, deslizando suavemente un dedo sobre el tejido de la media en su pierna, jugando a hacer círculos.
-quiero ser tu ultimo cliente en contubernio, Parkinson… -alzo una ceja en una especie de pregunta -así que invítame a tu casa, prepárame la cena y después desnúdate para mí -alzo las cejas y abrió los ojos con una sorpresa poco antes vista en ella.
-Granger… -dijo sin deshacerse de la sorpresa en su rostro, pero también con una sonrisa -harás que me sonroje.
-Parkinson, un sonrojo es solo una ínfima parte de lo que quiero de ti -no sé de donde me había salido este brote de franqueza, quizás porque ya no había nada que ocultar ni nada que temer, quizás.
-bien Granger -dijo con una enorme sonrisa -te espero a las ocho de la noche en mi departamento -dijo mientras tomaba un papel y una pluma de mi escritorio para garabatear algo que me entrego después -se puntual querida - luego se bajó de mi escritorio.
-yo siempre soy puntual Parkinson -tome el papel encontrando escrita una dirección mientras ella tomaba su bolso de mano, encaminándose a la salida.
-sinceramente, no se para quien es más beneficioso este trato Granger… si para ti… o para mí -termino por decir antes de desaparecer por la puerta, lanzándome un guiño coqueto y fugaz.
Volví a mirar la dirección escrita, no quedaba muy lejos. Deje el papel en el escritorio mientras me permitía hundirme en mi asiento. Hoy saldría temprano, iría a casa a bañarme, a ponerme un conjunto bonito y luego iría al departamento de Parkinson, aseada y bien perfumada, y bueno, solo puedo imaginarme lo que sucederá una vez ahí. Me lleve una mano al mentón, cerré los ojos y con una expresión seria ya me imaginaba arrancándole lo que fuera que trajera puesto ¿usaría un vestido? ¿una blusa? ¿se quedaría con el conjunto que llevaba hoy? Era difícil concentrarme en mi fantasía, bueno, lo que fuera a usar no importaba, porque esta vez será ella quien gemirá mi nombre, ya es suficiente del papel pasivo para mí, además hoy yo tenía el poder… esto sería el lado positivo dentro de toda esta situación tensa y angustiante con Ronald, lo que me recordaba, quizás debería preparar ya los papeles de la separación, la división de los bienes… obviamente yo me quedaría con la casa porque yo la pague, y los niños… bueno, soy una mujer ocupada, Ronald debería quedárselos… pero si él se los queda, debería entonces…
- ¡Hermione! -el llamado fue tan brusco e inesperado que salte en mi silla.
-rayos Harry, ¡toca la maldita puerta! -le conteste molesta y con el corazón acelerado.
- ¿Cómo pudiste embarrar a Parkinson en tu infidelidad? -sinceramente alce una ceja sin comprender, por ese momento, claro.
-ah… -rápidamente procese "Parkinson" e "infidelidad" igual a Ronald -bueno, que puedo decir Harry… me descubriste -me encogí de hombros con descaro.
-no te descubrí, no tienes nada con Parkinson, de hecho, ella no tiene nada que ver aquí -yo me quede en silencio por unos segundos, luego de que vi que no decía nada me di cuenta de que ya no seguiría, algo curioso.
-de casualidad ¿no viste que acaba de estar en mi oficina? -frunció el ceño, molesto.
-claro que no, ella solo vino a verme a mí -entonces fui yo quien frunció el ceño, luego me recargué en el respaldo de mi asiento, haciéndome más atrás, mirándolo con más distancia.
-bueno, si eso te dijo… -tenía un montón de cosas por decir sobre Parkinson y la relación que teníamos ahora, pero la verdad estaba cansada.
-Hermione, ve a desmentir eso que le dijiste a Ron, la va a odiar -volví a quedarme en silencio, pensando muchas cosas al mismo tiempo, después, con una calma ciertamente impropia de mi exhale lentamente mientras ordenaba las palabras que diría.
-Harry -le dije e hice una pausa levemente dramática -sé que no vas a intentar nada con Parkinson, pero aun así te molestará saber que me acosté con ella -aunque lo de "acostar" no era muy exacto pero pronto remediaría eso -si me crees o no, no me importa -él quería protestar pero no lo deje, al contrario, alce una mano en señal de que me dejara continuar -el caso, aunque no lo creas, es que sucedió, y de decirle a Ronald que me acosté con Fleur, su cuñada y antiguamente el objeto de sus pasiones adolescentes, a decirle que me acosté con Parkinson, con quien no tiene relación alguna ¿Cuál crees que prefiero? -él se quedó callado, muy callado durante varios minutos, mientras me miraba fijamente y yo le regresaba la mirada con tedio e indiferencia.
-pero… tú la odias… -exhale con pesadez -sé que es conveniente, pero nadie te va a creer… y la pobre…
-Harry… me asombra ver cómo te ha envuelto -enseguida me miro con ojos entornados -pero te entiendo… a mí también me ha convencido, de forma muy diferente y particular… -le dije, mientras recordaba el par de veces que me había manoseado y sus circunstancias personales que me hacían sentir una extraña empatía -por eso apoye el convenio con ella Harry, si no ¿Por qué crees que yo apoyaría a Pansy Parkinson? -inmediatamente abrió los ojos con asombro.
-no te creo… -yo asentí con calma -no es cierto… no es verdad… -tanta incredulidad comenzaba a fastidiarme.
-como sea Harry, ahora lo único que puedo decir, es que no metas la pata con Ron, ¿quieres que odie a tus cuñadas? -él se quedó con la boca chiquita.
-eres más terrible de lo que pareces Hermione…
-solo hago lo necesario para que esa familia no tenga más caos del que ya le espera… -pronto exhale un suspiro corto -nos vamos a separar, ¿ya te lo dijo?
-él hablo de que estarían separados unos días, como para pensar, pero no que era una separación total -yo me lleve las manos a la cabeza.
-bueno, quizás aún no quiere asumirlo, lo entiendo, pero es lo que va a pasar, mi decisión está tomada.
-entonces ¿seguirás con Fleur? ¿serás su amante? -lo mire como si tuviera paja en la cabeza ¿no había escuchado lo de Parkinson? ¿o es que aún no lo creía?
-Fleur y yo terminamos, Harry -le dije con seriedad.
- ¿entonces para que te separas? -pregunto con verdadera extrañeza.
-bueno… la verdad quiero pasar un tiempo con… alguien, Harry.
Entonces él insistió en saber quién era ese alguien, pero no solté prenda, en primer lugar, porque sospecho que aún no cree que he tenido que ver con Parkinson, y en segundo, porque aun cuando se lo dijera, tendría que estar batallando para que me creyera y no tengo los ánimos para eso, y en tercer lugar, porque si me iba bien con Parkinson, con el tiempo él se daría cuenta, y si me va mal, mejor que ni lo sepa y que sea como si no paso.
Por la siguiente hora tuve que soportar sus escrutinios que más que molestia me causaban gracia, estaba tan dispuesto a creer que era cualquier otra mujer menos Parkinson, que de verdad se mostraba interesado en saber sobre la desconocida mencionando miles de nombres, pero jamás el de Pansy. Lo que me decía que cuando Harry se enterara de la verdad, no lo tomaría muy bien que digamos. No lo quiere aceptar, pero Pansy le gusta, aunque sabe que no tiene alguna oportunidad y mucho más importante, no puede.
Cuando al fin se marcho solicite un té y me hundí en el mar de documentos que tenía pendientes a leer. Unas horas después me levante a estirar las piernas y a tratar de mover el cuerpo, había estado en la misma posición por demasiado tiempo y lo sentía rígido, si seguía así pronto perdería las pocas nalgas que tenía. Di varios pasos por la oficina leyendo un papel y con el té en la otra mano. Pase tanto tiempo con los escritos que olvide ir a comer, y solo salí de concentración cuando mi asistente se asomó por la puerta, diciéndome que se marchaba en quince minutos, preguntándome si tenía documentos que enviar. Por fortuna todo lo que había firmado y aprobado estaba en una sola parte y solo señale lo que quería que se llevara. Con prisa de su parte tomo los papeles y salió rápido a enviarlos. Me estire en mi sitio y mire el reloj. Dos horas para mi cita con Parkinson.
Me alisé un poco la ropa y tomé mi abrigo junto con mi portafolios. Mire una vez más el reloj de pulsera, quedaban solo unos minutos para que fuera formalmente la hora de salida. Hoy se sentía que el tiempo pasaba muy lento. Apoye una parte de mi trasero en el borde del escritorio y espere, con portafolios en mano. Paso lo que creí eran ya más minutos de los debidos e incluso estaba comenzando a desesperarme cuando mi asistente se asomó por la puerta para despedirse, así que como si me hubieran dado una descarga eléctrica, abandoné el lugar y con rapidez cerré la oficina.
A pasos largos llegue a la salida y más rápido de lo usual llegue a la puerta de la casa de mis padres, esta vez con la precaución de que me vieran entrar. Como era de esperarse, ellos estaban en casa y nada más llegar a las escaleras le oí a mi padre preguntarme a qué hora quería cenar.
-de hecho, voy a ir a cenar con una amiga -sí, yo también tendría un ataque de risa de no estar frente a mi padre, evidentemente, iría a cenar y no a una amiga.
Mi papacito no quería dejarme ir e intento chantajearme vilmente, pero con mi nivel de destreza ante chantajes, lo eludí con maestría. Pronto subí a darme una merecida ducha caliente y a ponerme un conjunto bastante decente para la situación, no era sexy en demasía y tampoco parecían los interiores de una abuela. Luego, una blusa y un plantón, más unos zapatos de tacón bajo, bastante cómodos. Me aplique perfume aquí y allá, loción en el cabello para finalmente vestirme sumamente casual. Tampoco quería verme muy desesperada, después de todo, ella es la que está pagando un favor.
Al terminar mire el reloj, me había llevado más tiempo del que planee en mi arreglo personal, pero no demasiado como para llegar tarde. Me asome por la puerta de mi cuarto y me despedí de mis padres en un grito, no alcance a escuchar respuesta cuando ya me estaba apareciendo en el lugar más cercano al departamento de Parkinson. Podía, al ver el sitio, entender su necesidad de obtener un buen contrato como el del ministerio, el sitio no era desagradable, pero sin duda se puede aspirar a más, mucho más teniendo en cuenta que Parkinson solía ser niña rica.
Me acomode bien el abrigo y camine un par de cuadras hasta llegar a un sencillo edificio. Subí las escaleras hasta el tercer piso y finalmente llegué a la cuarta puerta. Toque suavemente mientras mi corazón daba latidos fuertes que me parecían resonar en mis oídos. Después, más tarde que temprano abrió la puerta Pansy Parkinson, traía puesto un vestido bastante ligero porque dentro la temperatura contrastaba enormemente al clima externo. Me hizo paso e ingresé a su vivienda con curiosidad, luego sentí sus manos deslizándome el abrigo.
-llega a tiempo señora Weasley, ¿por habito o por interés? -decía con una sonrisa mientras colocaba mi abrigo en el perchero.
-con sinceridad, un poco de ambos -conteste frotándome las manos. Ella no rio, pero mantuvo la sonrisa en sus labios -Parkinson -la llame, antes de que pasara de largo en dirección a la cocina. Ella se detuvo, me acerque con pasos suaves pero firmes, la mire directo a los ojos, tome su mentón con mis dedos y luego me acerque a robarle un beso, rápido y casi fugaz, pero no se sintió nada mal.
-ya tan rápido sirviéndose he, señora Weasley -decía con sorna, incluso el llamarme así parecía hacerlo para picarme y molestarme.
-muy pronto querida -le dije suave y de cierta forma engreída -tendrás que volver a llamarme Granger -termine con una suavísima sonrisa, para girarme y sentarme en uno de sus coquetos y pequeños sillones que formaban parte de su sala, rápidamente mire en derredor, apreciando su vivienda -tienes un lugar bonito aquí.
-gracias -respondió ella a mi comentario - ¿quieres decir que vas a dejar a Weasley? -pronto se situó a mi lado con la pregunta.
-pareces sorprendida -le dije mientras me cruzaba una pierna sobre la otra y comenzaba a sentirme cómoda en ese lindo sillón.
-lo estoy -y bueno, esa franqueza realmente me gustaba -las personas infieles no suelen dejar a sus parejas, a menos que… -pareció razonar su ultimo comentario y luego volvió a mirarme sorprendida - ¿Delacour va a dejar también a su esposo y se quedaran juntas? -pregunto casi inmediatamente, pero… -no -se respondió ella misma -si fuera de esa manera, no estarías aquí, Granger… -mi sonrisa se hizo más grande.
-correcto Parkinson, voy a dejar a mi esposo y no por Fleur, sino porque quiero ser libre.
-y… ¿planeabas chantajearme para divertirte un poco? ¿gozar de esa libertad? -me quede unos segundos en silencio, ese "planeabas" como que no encajaba en la situación que yo tenía entendida.
-no exactamente… ¿a qué te refieres con ese "planeabas"? -se sentó en el brazo de su sillón con una sonrisa pícara.
-realmente no tenías con que chantajearme… -se acercó lentamente a mi oído y poco a poco bajaba la voz -luego de salir de tu oficina me encontré a Potter, me dio la noticia… -entonces comprendí que ya sabía que el convenio ya estaba más que aprobado.
- ¿entonces porque has preparado la cena, y te has puesto este sensual vestido, Parkinson? -pregunte, con el mismo volumen de voz que ella empleaba.
-porque no me desagradas Granger… -se apartó unos cuantos centímetros y me miro con una espesa mirada verde, yo no le era indiferente, lo sabía desde aquella vez en la tienda donde trabaja.
Realmente, no había necesidad un chantaje, era solo un motivo, una excusa que propiciara un encuentro más cercano, yo le apetecía tanto como ella a mí. Ya que estaba sentada en la orilla, alargue mi brazo, lo pase por su cintura y la jale de tal modo que sus lindas y esponjosas nalgas quedaron en mi regazo. Se sorprendió por unos momentos y luego sonrió, con ese escandaloso labial rojo que tanto gusta usar, alargándose por toda la línea de sus labios. La sujete bien de la cintura y ella me paso los brazos por los hombros, rodeando mi cuello, todo sin interrumpir la conexión de nuestras miradas. Era un pequeño juego de poder, ninguna se acercaba demasiado, sé que ella lo quería, yo lo quería, pero ninguna deseaba perder y estábamos al pendiente de quien cedía solo un poco. Pasaban los segundos y ambas nos manteníamos fuertes en nuestras posturas, sin embargo, esta vez yo fui quien actuó sucio. Sus nalgas quedaban muy cerca de mis manos, así que baje una de ellas a apretarle la carne, inmediatamente abrió los ojos con sorpresa, me acerque a ella a chocar nuestros labios. Se acabó la tensión, el pequeño juego de poder y tome el control para mí.
Por esta ocasión, yo había sido más astuta y Parkinson se había visto más inocente, algo que sencillamente, es difícil de imaginar, pero aunque Parkinson se resistía tanto como yo a ceder el control, respondía a mis besos con vehemencia, deslizando sus manos por mis hombros, enredando sus dedos en mi cabello, mientras que yo apretaba sus nalgas y deslizaba poco a poco mis manos por su cuerpo, por su cintura, por su pecho, hacia el escote de su vestido, con la intención de tomar en mis manos la redondez de uno de sus pechos, entonces ella interrumpió el beso con una sonrisa.
-que impaciente Granger -y entonces se separó de mí, se levantó de mi regazo y abandono el sillón, luego me extendió la mano, instándome a levantarme, creí que me llevaría a la mesa para la cena, pero contrariamente a eso, de la mano me llevo al dormitorio, se quitó las zapatillas y las arrojo a un lado, apenas vi eso cuando me arrojo sobre la cama, caí de espaldas y luego ella subió sobre mí, con ambas piernas a mis costados, atrapándome.
No me di cuenta en ese momento que esa era su estrategia para poder dominar sobre la situación. Ataco mi boca con ímpetu, me abrió la blusa con un movimiento rápido y yo le subí el vestido encontrándome directamente con sus senos bajo un sostén de exquisito encaje negro, apuntando directamente a mis ojos. Debido al encaje, podía mirar la piel que había bajo la tela, incluso sus rosados pezones. Lo bello del encaje es que, es casi transparente. Les puse las manos encima, sintiendo la redondez y la suavidad, acerque mi rostro, hundí la nariz en la piel, olía bien, tenía una combinación del jabón que había usado para lavarse el cuerpo y el perfume de lavanda que se había colocado, le pase la lengua y luego los dientes, entonces me separo de ella, me quito la blusa y también el pantalón, luego se pegó a mí, se sentó en mis piernas, descansó el centro de su sexo sobre mi vientre, deslizo suavemente sus manos sobre mis brazos, hasta llegar a mis manos, extendió mis manos por sobre mi cabeza mientras se hundía en mi boca, repasaba sus labios sobre los míos y sin darme cuenta, me dejo atada a la cama.
Para cuando me di cuenta, era muy tarde. Bajo sus manos a mi sostén y lo arranco en un movimiento, bajo su boca y con la lengua delineo, erizándome la piel, luego usando toda su boca, la estimulación era agradable pero no quería ceder tan pronto, me quise levantar y note entonces que me encontraba maniatada, ella rio suavemente -Parkinson… -le objete, pero no respondió, continuo con su boca sobre mi piel y empezó a bajar por mi abdomen, al llegar a la orilla de mis bragas empezó un trabajo diferente con sus labios, besos y mordidas. Deslizo suavemente la prenda por mis piernas y yo sentía mi corazón retumbar en mi pecho. No lo va a hacer, me decía mentalmente, pero con cierta esperanza de que si lo hiciera. Su boca acaricio con suavidad, sus manos abrieron mis piernas, sentí inmediatamente las palpitaciones en el centro de mis piernas, expectante, pero ella simplemente jugaba alrededor, en el hueso de mi cadera, en el filo de mis piernas, en la cara interior de mis muslos, mientras yo sentía que escurriría, con una paciencia cada vez más reducida.
-Parkinson… -le dije harta de su juego. Me había atado, me había controlado aun cuando mi intención era que los papeles fueran contrarios, ahora solo me quedaba esperar a ver qué haría ella. Luego de llamarla por segunda vez, se levantó, repto por mi cuerpo y hundió sus labios en mi cuello, mordiendo, buscando el lóbulo de mi oreja, impacientándome cada vez más, y entonces sentí sus dedos recorriendo los pliegues. Tuve un sobre salto, al fin sentía algo más y era agradable, pero necesitaba más. Aparte las manos y los músculos internos de mi cuerpo. Poco a poco la tensión en mi cuerpo subía y cada vez necesitaba más, comencé a mover mis caderas en una reacción puramente instintiva, entonces ella se separó, abrí mis ojos, preguntándome porque, vi como ella se deshacía de sus interiores, se colocaba sobre una de mis piernas mientras tomaba la otra para colocarla en un costado, se fue acercando cada vez más, hasta que sentí su humedad en la mía, involuntariamente exhalé.
La maldita humedad se sentía delicioso. Movió sus caderas y yo moví las mías, apretó su mano en mi pierna mientras fruncía el ceño concentrada. Aunque tenía las manos atadas, apreté las manos en puños, mientras la tensión en mis músculos internos crecía cada vez más, no quería gemir, pero inconscientemente jadeaba, apreté los músculos y sentía corrientes en la parte baja de mi cuerpo, pronto sentí como la tensión se volvía cada vez más insostenible, comencé a pensar en que ya casi podía sentirlo, ya casi se sentiría mejor, ya casi no podría seguir apretando los músculos, ya casi, hasta que sucedió. No pude retenerlo más y sentí como el éxtasis recorrió mis piernas, jadee mientras los movimientos bruscos se apoderaban de mi cuerpo, finalmente, luego de perder deliciosamente el control, suspire. Me deje caer, algo similar debió ocurrir con ella que también se había detenido.
A estas alturas, la cena completamente fría, quedó olvidada.
Hola a todos los que siguen este FF, gracias por seguir y comentar, espero que estén bien. Yo hasta ahora no he tenido ninguna problemática y espero que sigamos así. El virus avanza cada vez más, cuídense mucho.
Mariana, uno de los aspectos que me ha gustado de como he leído a P.P. ha sido ese cinismo, amo ese aspecto, así que, he disfrutado explotar esa característica en este FF.
¿Alguna vez han escuchado Fine On The Outside, de Priscilla Ahn? Esa canción casi siempre me hace un nudo en la garganta, no sé, quizás últimamente estoy muy sensible.
