ST. JUDE
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Potter prefería el Londres muggle. ¿Por qué? Draco lo ignoraba. Probablemente por todo el asunto de ser una celebridad en el mundo mágico o quizá porque el Salvador del Mundo mágico estaba ciego y Harry odiaba que lo trataran como si fuera de cristal. Draco nunca le había preguntado y, siendo honesto, él también lo prefería, pero por motivos distintos. Para empezar, porque todavía tenía rastros de la marca oscura en su brazo, pero eso no era todo. Su rostro había estado en los periódicos y, desde entonces, era difícil no llamar la atención, no atraer las miradas y el disgusto de la gente… en especial cuando iba acompañado de Potter.
Así que ahí estaban, en medio de un centro comercial muggle. El mismo de siempre, obviamente, ese en el que Harry podría caminar con más desenvoltura.
-¿Qué quieres comer mañana?- preguntó Draco mirando la lista de pendientes mientras Harry empujaba el carrito.
-No sé. La última vez que intentaste hacer albóndigas casi quemas la cocina- dijo él, riendo.
-Qué gracioso, Potter. Sé un poco más agradecido, hace mucho que no quemo nada.
-Sí estoy agradecido- dijo Potter, pero su tono de voz era distinto. Sincero, tal vez.
Draco se sonrojó y, como en muchas ocasiones como esta, en las que Potter decía algo vergonzoso, secretamente se alegraba de que Harry no pudiera verlo.
-Oh, cállate- murmuró Draco, tirando del carrito cuando Harry comenzó a desviarse. –Mantenlo derecho, así- dijo él, tratando de cambiar el tema.
-He estado pensando… ¿quizá podríamos ir a volar algún día?
-¿Volar?- repitió Draco, frunciendo el ceño.
-Sí, ya sabes, tengo una escoba muy buena…
-Potter… sabes que eso no es…
-Ya lo sé, ya lo sé- Harry sonaba resignado, más que molesto. –Pero pensé que tú podrías manejarla mientras yo voy como pasajero. Extraño la sensación del viento en mi cara… Sé que es mucho pedir, pero…
-De acuerdo.
-¿Qué?
-Dije que está bien. Podemos intentarlo el fin de semana. Quién sabe, quizá hasta aprendas a volar por tu cuenta. Honestamente, no me sorprendería, con lo terco que puedes ser…- dijo Draco, sacudiendo la cabeza. Le costaba trabajo decirle que no. Después de todo, de no ser por él, Harry todavía podría volar sin tener que pedir permiso.
Harry no dejó de sonreír mientras hacían las compras, ni siquiera cuando Draco le dijo que parecía un idiota.
-Sujétalo así… No, así…- Draco tomó la mano de Harry y trató de acomodarla alrededor del cuchillo. –Ahora, siente el filo con la otra… despacio. Bien, ahora bájalo…
Pack. Una rodaja de zanahoria rodó por la mesa hasta caer de lado. Draco sonrió.
-¿Y bien?- Harry preguntó, sujetando el cuchillo con firmeza.
-Abre la boca- dijo Draco, dándole a comer la rodaja. Era extraño, pero Potter parecía confiar en él. –Ya es hora de que hagas más cosas además de caminar por ahí- dijo Draco, secretamente orgulloso del progreso de Potter.
Los primeros días había sido una pesadilla. Harry se frustraba de inmediato y Draco se enfurecía con la misma facilidad. La primera semana estuvo llena de gritos y maldiciones por parte de los dos pero, aun así, Harry no lo echó de la casa ni Draco se fue y, desde entonces, ambos se habían habituado –o quizá resignado- a convivir en el mismo espacio.
-Molly me dijo que sería bueno que aprenda a tejer. Dice que ella puede hacerlo sin mirar.
-Apuesto a que sí, con la cantidad de suéteres que tiene que hacer cada año…
-Quizá vaya a la madriguera el fin de semana. Ron quiere jugar ajedrez…- dijo él, mientras, poco a poco, comenzaba a rebanar las zanahorias que Draco había puesto frente a él. Así pasó el resto de la tarde: con Harry ayudándole a cortar vegetales y Draco escuchando cada palabra que le decía mientras cocinaba la cena.
…Actualmente, existen aproximadamente 36 hechizos, embrujos y maldiciones relacionados con la vista y la alteración de la visión del oponente. Para el lector será fácil recordar el Obscuro, el cual sirve para invocar una venda negra en los ojos de su objetivo; este hechizo puede ser fácilmente contrarrestado con el contra-hechizo Finite. Por desgracia, no todas las maldiciones tienen soluciones tan simples ni efectos de tan corta duración. Este quinto tomo de la Enciclopedia Británica de Maldiciones y Contra-hechizos, está enfocado en las maldiciones que afectan al individuo de manera física y, en algunos casos, de forma permanente.
-Violette Gritti
Londres, enero de 1953
Draco bostezó dejando el libro sobre el tocador de su cuarto. Hacía un par de horas que Harry se había ido a la cama, pero él no podía dormir. Esta era la segunda vez que leía el prólogo del libro que Granger consiguió para él, pero no podía comprender una sola palabra. No tenía ni idea de qué había hecho para conseguir el tomo de una enciclopedia que fue prohibida hace más de treinta años, pero Draco le estaba agradecido. Esta vez, encontraría algo, estaba seguro de eso porque esta vez, estaba leyendo a una bruja que había ido a Azkaban por su investigación. Los tomos de su enciclopedia habían llamado la atención del Ministerio debido a las excesivas descripciones de cada maldición y sus variantes. Un grupo de Aurores había sido enviado a la pequeña cabaña de Gritti; una revisión de rutina, había dicho el ministro de aquel entonces, solo para estar seguros de que Gritti no tenía contactos con magos oscuros ni alguna conexión con el recientemente capturado Gellert Grinderwald. Después de la primera guerra mágica, el Ministerio era bastante paranoico en cuanto a la mención y la práctica de la magia oscura. Nadie quería recaer en el caos que la guerra había traído, así que enviaron a un par de Aurores a la residencia de Violette Gritti en Sussex para hacer un interrogatorio de rutina, Veritaserum en mano. Los procedimientos de ese entonces eran brutales y, en nombre de la paz, los Aurores tenían permitido usar métodos que hoy en día se habían prohibido gracias a la intervención de Kingsley, Potter y, por supuesto, de Hermione Granger. Pero lo que los Aurores encontraron en aquella pequeña cabaña de campo era mucho más terrible de lo que esperaban todos. Resulta que, en nombre de su investigación, Violette Gritti, de cuarenta y dos años, había secuestrado y torturado varios miembros de su propia comunidad para documentar los efectos de las diferentes maldiciones que había descubierto.
En su defensa, Gritti había dicho que su investigación era en nombre de un mejor mañana, ya que no buscaba hacerle daño a nadie, sino encontrar curas, contra-hechizos, pociones… eso no le había servido de nada. Recordar esa historia le daba escalofríos, pero ese no era el motivo por el que Draco quería encontrar su trabajo. No, había historias mucho más terribles alrededor de Gritti, historias específicamente relacionadas con este tomo en especial: se decía que, en medio de su investigación, Violette había conseguido invocar a un demonio para investigar el surgimiento de la magia oscura. Muchos decían que era sólo eso: una historia, un rumor que sólo había incrementado la popularidad de la bruja. Todos sabían que era imposible invocar a un demonio… pero Draco tenía sus dudas al respecto.
Para muchos, Gritti era una demente, pero para Draco tener este tomo entre sus manos figuraba una nueva, diminuta, esperanza de poder ayudar a Harry.
Draco despertó con sus ropas del día anterior. Eran casi las ocho. Hacía mucho tiempo desde la última vez que durmió tanto, pensó mientras se levantaba de la cama para darse un baño. Necesitaba cambiarse, despertar a Harry y hacer el desayuno. Ayudarlo a elegir su ropa, probablemente afeitarlo y salir a caminar, ayudarle a leer su correspondencia, a contestarla, leerle un libro, ayudarle con sus lecciones de Braille y después preparar la comida, lavar los platos, lavar la ropa sucia… El agua caliente ayudó a que su cuerpo se relajara un poco, pero no permaneció ahí por mucho tiempo. Tenía un largo día por delante.
-¿Potter?- Draco llamó a su puerta, pero cuando la abrió, Harry no estaba en su cama, de hecho, su cama estaba tendida. Draco frunció, llamando a la puerta del baño pero no obtuvo respuesta alguna.
-¿Potter?- repitió mientras bajaba las escaleras, ¿en dónde se había metido ahora? -¿Harry?- llamó, esta vez un poco más fuerte mientras bajaba las escaleras, temiendo que el tonto se hubiera caído y estuviera inconsciente o herido o… haciendo el desayuno.
-¿Qué diablos estás haciendo?- preguntó Draco, recargándose en la pared de la cocina. Su corazón estaba latiendo más rápido de lo normal. Estúpido Potter. Se había vestido solo, por lo visto: su camisa y sus zapatos no combinaban en lo absoluto, pero Draco no lo mencionó.
-Pan tostado- contestó Harry, sirviendo dos rebanadas de pan, a tientas, sobre un plato. –Quería hacer huevos, pero algo me dijo que sería una mala idea.
-Probablemente tu sentido común- dijo Draco, pero ambos estaban sonriendo.
-Puse mantequilla y mermelada en la mesa y acabo de hacer un poco de café.
-Sí, me doy cuenta- dijo Draco, mirando los trocitos de café regados por el piso. Volteó a la mesa y vio dos tazas, la mantequilla y un frasco de mayonesa. -¿Quieres leche con tu café?- preguntó Draco, tomando el frasco de mayonesa para intercambiarlo con uno de mermelada. Para ser justos, los frascos se parecían bastante, Harry probablemente había olvidado en dónde estaba la mermelada. Draco sacó la leche y puso el frasco de mermelada en la mesa mientras Harry servía el café.
-No es que me esté quejando pero, ¿a qué se debe todo esto, Potter?- preguntó Draco, agradeciendo por su taza de café. Harry se encogió de hombros.
-Hermione dijo que no estabas durmiendo bien.
-…¿Eso dijo?
-Dijo que te veías cansado- dijo Harry sentándose frente a él. –Sé que quieres ayudar, pero no deberías esforzarte tanto por mi culpa.
-Granger estaba exagerando. Cuando visitamos a los Weasley… la noche anterior me quedé despierto hablando con Pansy y casi no dormí- mintió. –Hoy dormí bastante bien.
Harry se quedó callado un momento, como si estuviera considerando lo que Draco dijo, como si supiera de antemano que mentía, pero no preguntó nada más.
-Gracias por hacer el desayuno- dijo Draco, tomando una rebanada de pan y untándola con mantequilla. Harry hizo lo mismo con la mermelada, sólo que más despacio.
-No es la gran cosa. Fue lo único que se me ocurrió hacer que no necesitara cocinarse- dijo Harry encogiéndose de hombros. Draco lo miró por un momento mientras masticaba la única rebanada que se había tostado de más. Quizá eran ideas suyas, pero casi parecía como si Harry hubiese querido ayudarlo un poco con los quehaceres de la casa: su ropa, el desayuno… usualmente eran cosas de las que él se encargaba. Draco sonrió, sacudiendo la cabeza.
-Tonto Potter…- murmuró, pero no estaba molesto en lo absoluto. Incluso ciego, Harry seguía ayudando a las personas. Quizá, pensó Draco, tenía que ver con su complejo de héroe.
Aquel día Harry comenzó a intentar algunos hechizos que Draco había encontrado en un libro con una lista de hechizos que no necesitaban de la vista. Había sido un desafío mantener a Harry lejos de su varita los primeros días de su ceguera; él estaba convencido de que no era la gran cosa, que podría adaptarse rápido… pero pronto se dio cuenta de que no era así, de que era muy difícil acostumbrarse a la oscuridad. Así que Draco había comenzado su búsqueda de hechizos que Harry podía realizar sin peligro de que destrozara la casa en el camino. El medimago le había recomendado adaptarse a su vida cotidiana antes de empezar a usar magia, de todos modos, así que Draco tuvo tiempo suficiente para reunir la información y presentarle la lista cuando lo considerara apropiado.
Era divertido y desgarrador en iguales medidas ver a Harry intentar con tantas ganas. Reía cuando hacía algo bien, se tiraba del cabello cuando le salía mal... Draco no le enseñaba nada, por supuesto. Desde hacía un par de semanas, Neville Longbottom lo visitaba y le ayudaba con su magia. Algunas veces también traía libros de herbolaria consigo: raíces que mejoraban la vista, hierbas que aliviaban el ardor de los ojos, flores que alteraban el color de los ojos… pero nada de ayuda. Aun así, Neville era de mucha ayuda. Su carácter tranquilo siempre ayudaba a Potter a calmarse o a animarlo a intentar de nuevo. Si Draco fuera el encargado de enseñarle, probablemente lo habría hecho de una forma más despiadada, hechizándolo cuando quemara el pasto del patio o retándolo a un duelo que jamás podría ganar. No porque lo odiara, sino porque Draco no tenía madera de profesor, a diferencia de Neville.
Draco ocupaba ese par de horas para hacer los quehaceres de la casa. Lavar la ropa, tenderla al sol… la señora Weasley le había enseñado un par de conjuros para hacer las tareas domésticas, pero él se negaba a usar magia en el proceso. Era una sensación extrañamente deliciosa cuando sus manos comenzaban a arder por el uso del jabón o cuando sus dedos quedaban atrapados entre las pinzas de la ropa. Era un placer masoquista, una forma práctica de escarmiento que nadie más conocía. No le ayudaba a dormir mejor por las noches, no, pero le ayudaba a respirar, le ayudaba a ver a Harry y actuar como si no pasara nada.
Draco sonrió cuando Harry pudo hacer un montón de pétalos salir de su varita. Por supuesto que Neville quería enseñarle eso, Draco pensó mientras terminaba de tender. Neville lo miró desde el otro extremo del patio y lo saludó desde la distancia. Draco asintió y terminó de tender la ropa mientras Harry exclamaba de nuevo:
-Orquídea!- y alzaba las manos para tomar las flores con sus manos, probablemente sintiendo lo suaves que eran los pétalos y cómo, poco a poco, se desvanecían en el aire. Era casi poético: incluso cuando estaba sumergido en las tinieblas, Harry parecía brillar, como si el sol brillara sólo para tocar su rostro…
Draco sacudió la cabeza. ¿En qué idioteces estaba pensando? Tomando su cesto vacío, se dio la vuelta y regresó a la casa. Tanto sol estaba derritiéndole el cerebro.
NA.
Muy bien, eso fue todo por hoy. Espero que les haya gustado. Muchas gracias a todos por su pronta respuesta! No esperaba que tantas personas leyeran el primer capítulo con tanto entusiasmo. De verdad, muchas gracias.
Bonito fin de semana!
DN
