PROBLEMAS EN EL PARAÍSO
.
.
Esa mañana, Draco envió una carta a los Weasley, pidiéndoles que cuidaran de Harry.
Harry podía hacer todo por su cuenta, claro, pero era más fácil ayudarlo a escoger el color de su camisa, acompañarlo en el desayuno, ayudarlo a limpiar la mesa. Nada muy complicado, Harry se podía quedar solo, pero Draco no quería que Harry se quedara solo. Era un trabajo tan sencillo que incluso Ronald podría hacerlo, nada del otro mundo. Así que luego de enviar su lechuza, tomó su abrigo y se dirigió a la chimenea.
-Necesito los diarios de Violette Gritti.
-¿Disculpa?- preguntó Hermione, levantando la cabeza.
-Los diarios de Gritti- repitió Draco ante la expresión confusa de Granger. –Los necesito. Sé que el ministerio los tiene en alguna parte.
-¿La enciclopedia no fue suficiente para ti?- preguntó ella, entrecerrando los ojos.
-No. No es suficiente. Nada lo es. Pero quizá sus diarios lo sean. Los manuscritos.
-Draco, estás hablando de información clasificada. Ni siquiera yo he leído los manuscritos.
-Eres Ministra de magia, deberías de tener acceso a…
-Que pueda acceder a ellos no quiere decir que pueda leerlos. Es magia oscura, Draco. De la peor clase. Si estás intentando invocar algo…
-Ya sé cómo invocar algo, Hermione. Lo que necesito saber es cómo controlarlo.
-¿Qué?
-Nada.
-Draco, ¿qué demonios intentas hacer?
-Arreglar las cosas- dijo él, desviando la vista. Hermione suspiro.
-No puedo hacerlo, Draco, es demasiado peligroso. A Harry no le gustaría que tú…
-¡Harry no puede hacer una mierda!- gritó. –No puede hacer nada… y es mi culpa. Su vida está hecha pedazos. Su trabajo, ¡todo! Ni siquiera puede salir a volar. Así que no vengas a preocupare por mí. Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario.
Draco se sentía mareado. Estaba demasiado exaltado y así no iba a conseguir nada.
-Lo lamento- murmuró. –Pero eres la única persona que conozco que puede ayudarme- dijo Draco mientras se dejaba caer sobre una silla. –He investigado tanto y nada funciona. Pero ahora siento que estoy tan cerca… sólo necesito controlarlo. Necesito saber que, esta vez, seré yo quien ponga las reglas.
-Lo que me pides va contra la ley, Draco- dijo Hermione después de un rato. Parecía casi tan cansada como él. –Sé que los últimos meses han sido difíciles para ambos. Pero Harry… el no querría que hicieras algo como eso por él.
-Esto no es sólo sobre él, Granger- murmuró. –Esto… también es por mí.
-¿Por ti?
-Si no hago esto… creo que jamás podré volver a dormir tranquilo.
Hermione se mordió el labio. Sabía que Draco lo estaba pasando mal pero… Los diarios de Gritti contenían información muy oscura: sacrificios de sangre, de víctimas, invocaciones de seres oscuros, de creaturas de otros mundos. Era magia demasiado antigua y peligrosa, magia que ni siquiera Gritti había podido controlar. Sabía que Draco tenía buenas intenciones pero…
-Lo siento, Draco. Sé que quieres ayudar a Harry pero… no puedo ayudarte. No esta vez, no con eso. Sabes que te he apoyado con tu investigación hasta ahora, pero creo que es hora de que aceptes lo que sucedió. Harry ya lo aceptó y se está adaptando a su nueva vida. Y es gracias a ti. Lo has ayudado en cuanto has podido. Eso debería ser suficiente. Nada de lo que sucedió fue culpa tuya- dijo ella, mirándolo de la misma forma en que lo hacía la señora Weasley de vez en cuando. Los ojos de una madre, pensó Draco, sintiendo, de pronto un nudo en la garganta.
Sabía que Hermione estaba tratando de hacerlo sentir mejor, pero sus palabras no eran de ninguna ayuda. Ella no tenía idea de lo que había sucedido. Todo lo que había pasado era su culpa. Había sido estúpido e impulsivo y eso le había costado a Harry sus ojos.
-Debo irme- dijo él, levantándose de pronto. –Tu marido debe de estar destruyendo mi cocina a estas alturas.
Y con eso, Draco salió de la oficina de Hermione. Si ella no podía ayudarlo, solo le quedaba hacer las cosas por su cuenta. Había tratado de evitar eso a toda costa, pero no le quedaba otra opción: tendría que regresar a la Mansión Malfoy. A lo que quedaba de ella.
Cuando Draco abrió la puerta, esperaba encontrarse a Harry jugando ajedrez con Ron o quizá tejiendo con Molly. Pero lo que encontró fue muy distinto a lo que esperaba. Ginevra estaba en casa. Con Harry.
-Vamos, Harry, abre la boca…- decía ella. Quizá desde la cocina.
-Ginny, puedo comer yo solo- dijo él. –Me has visto.
-Malfoy siempre te ayuda con tus cubiertos.
-Es diferente- dijo Harry. Draco se detuvo en seco. No debía de escuchar conversaciones ajenas pero ellos estaban hablando de él, después de todo.
-¿Por qué es diferente?- preguntó ella.
-Porque él no me da de comer en la boca, Ginny.
-Si bueno, porque él no es tu novia, por supuesto- dijo ella. Casi sonaba divertida. En ese momento, Draco la odió un poco. –Además, es sólo una galleta. Y las hice yo misma para ti y tú sabes lo mucho que detesto cocinar.
-Te dije que yo podía preparar algo.
-Y yo te dije que no debías hacerlo. Después de todo, yo vine aquí para cuidar de ti.
-No necesito que nadie cuide de mí, Ginny. Puedo cocinar perfectamente solo.
-Harry…
-¡Puedo! He estado practicando, ¿de acuerdo? Puedo cortar vegetales, preparar pan tostado, café… No soy tan inútil como creen.
-¡Por supuesto que no eres un inútil! Todos lo sabemos, Harry. Pero necesitar ayuda no tiene nada de malo.
-No necesito ayuda.
-Sí lo haces. Incluso Malfoy lo sabe, por eso vive contigo… por eso y porque te lo debe.
-¿Qué? Él no me debe nada.
Ginevra comenzó a reír.
-Estas bromeando, ¿no? Harry, ¡él te dejó ciego! Por supuesto que te lo debe.
-No tienes idea de lo que estás hablando así que, por favor, no digas nada al respecto.
Silencio. Las cosas se estaban poniendo muy serias, pensó Draco, así que decidió abrir la puerta… y la cerró de golpe.
-¿Potter? ¿Qué es ese horrible olor?- dijo, lo suficientemente fuerte para que los dos lo escucharan. La casa olía a jengibre y vainilla pero, ¿qué podía decir? Draco era un terrible perdedor. –Si volviste a dejar que Ron cocinara uno de sus emparedados especiales, te juro que vas a dormir en el patio hasta que dejes de apestar a anchoas… Oh. Ginevra. No sabía que ibas a venir hoy- dijo él, fingiendo sorpresa. Por el rabillo del ojo, pudo ver a Harry sonreír a medias. Ginevra no parecía tan divertida.
-No tienes por qué hablarle así, ¿sabes?- dijo ella, frunciendo el ceño. Draco lo frunció también.
-¿Así cómo, querida?
-Como si pudieras sacarlo de su propia casa.
-¿Que si puedo? ¡Por supuesto que puedo! Tú no sabes lo que es tratar de dormir con el olor de cebolla, ajo y anchoas por toda la casa. Es una pesadilla… ¡Oh, galletas! Potter, atrápala- dijo él, lanzándole una desde la mesa, asegurándose de apuntar a sus manos antes de aventarla.
Harry, por supuesto, la atrapó entre sus manos. Esto no se trataba acerca de la comida, sino de enseñarle a Ginevra que Harry podía, de hecho, comer sin que lo alimentaran en la boca. Como una novia. Qué tontería. Draco también tomó una y la mordió, frunciendo el ceño como si hubiera probado algo desagradable.
-Pensándolo bien, no la comas, Potter. Podrías enfermarte.
La cara de Ginevra estaba tan roja que Draco podría freír un poco de tocino en ella, pero desistió ante la idea. Ya la había molestado lo suficiente.
-Te veré luego, Harry- dijo ella, sin mirar a Draco antes de salir de la cocina. Ninguno de los dos dijo nada hasta que escucharon el rugir de la chimenea.
-Bueno, eso no fue para nada dramático- murmuró Draco mientras mordía la galleta de nuevo.
-Creo que te pasaste un poco- dijo Harry. –Ella sólo quiere ayudar.
-Bueno, ahora podrá ayudarte durante toda la semana…- dijo Draco, tratando de sonar casual.
-¿Qué quieres decir? ¿A dónde irás?- preguntó Harry, frunciendo el ceño.
-Tengo un asunto que resolver, pero volveré tan pronto como termine.
-¿Qué asunto?
-Un asunto familiar. Legal, más bien. Tengo que ir a Paris a recoger unos documentos que eran de mi madre.
Era mentira, por supuesto, pero Narcissa era un tema muy delicado para ambos, y Draco sabía que Harry no se atrevería a hacer más preguntas al respecto.
-¿Cuándo volverás?- preguntó él.
-A más tardar el domingo, quizá antes- dijo Draco.
-¿Escribirás?- preguntó Harry y, sólo por un momento, Draco se permitió pensar en lo mucho que iba a extrañar a Potter.
-Tan pronto como pueda. Te enviaré una de esas postales musicales.
Harry rió.
-De acuerdo- dijo Harry. –Sólo no te metas en muchos problemas.
-Potter, si quisiera problemas, iría contigo- dijo Draco, con una media sonrisa en el rostro. Diablos, voy a extrañar esto, pensó.
La MansióN estaba tal y como la recordaba: hecha un basurero. Los elfos habían hecho un esfuerzo para mantener el pasto a raya, pero no había mucho que pudieran hacer con el olor que rodeaba el lugar. Era el hedor de la muerte, de la fatalidad, de la ceguera… Draco tragó. Hacía mucho desde la última vez que puso un pie en la Mansión. Luego de lo que pasó con Potter, estaba aterrado de volver. Había demasiados recuerdos, demasiadas… presencias. Una parte de él se preguntaba si la presencia del Señor Oscuro había dejado una especie de maldición detrás de él.
Un escalofrío recorrió su espalda. No era el mejor momento para pensar en eso. Todavía tenía que detenerse en la biblioteca familiar e investigar un poco más. Sólo para estar seguro de no hacer nada mal esta vez. A pesar de lo que le había dicho a Granger, el libro de Gritti había ayudado un poco. No el libro per se, pero las anotaciones al pie de las páginas eran espléndidas: flor de azar para protegerse del mal, velas negras, sal, plata… Sí, esta vez triunfaría. Tenía que hacerlo, no tenía otra opción. Ya no.
Luego de cenar, se dirigió a la biblioteca y comenzó a preparar todo. Si quería hacer esto bien, el conjuro le iba a tomar un día entero. Esta vez, Draco estaba actuando en nombre de su propia tranquilidad, no de la desesperación y el luto. Tenía que hacerlo bien, por Harry.
Lucius Malfoy falleció una mañana de abril de 1999. Se había esfumado al mismo tiempo en que las flores habían comenzado a florecer. Los funerales no deberían darse en días soleados. Iba en contra del humor de la ocasión. Pero esa mañana, mientras Draco y Narcissa veían descender por última vez el cuerpo de Lucius, el sol brillaba en lo alto con toda su intensidad. Sus ropas negras se pegaban a sus cuerpos sudorosos y ambos tuvieron que hacer un esfuerzo para no moverse por la incomodidad. Ni siquiera en un momento como este podían tener un poco de dignidad, pensó Draco mientras miraba el cielo azul por un instante. Era como si se estuviera burlando de ellos. El sol, la tierra, el mundo entero.
Draco no había parado de buscar una cura para su padre, pero recuperar un alma que había sido destrozada y engullida… era imposible. Para ser honesto, Draco estaba aliviado. Ya no tenía que atormentarse por no poder ayudar a su padre y, sobre todo, ya no tenía que verlo existir como la figura decadente en la que se había convertido. La muerte de su padre trajo en Draco una sensación de paz que no podía confesar por… culpa.
Su madre, sin embargo, no lo tomó con tanta tranquilidad. En el momento en el que regresaron a la Mansión, Narcissa Malfoy se permitió perder la cordura gradualmente hasta que se obstinó en una idea profana: quería, por cualquier medio, traer a Lucius de regreso. No como un inferi, no, sino como él mismo. Pero traer a alguien de entre los muertos era algo humanamente imposible, incluso con magia. Así que Narcissa decidió recurrir a lo inhumano. Gastó gran parte de la fortuna de los Malfoy en comprar volúmenes e ingredientes que eran prohibidos en casi todo el mundo. Frecuentó mercados negros, bibliotecas restringidas y bares de mala muerte con tal de encontrar algo que trajera a su esposo de regreso… Y lo encontró.
La vida de Narcissa se había vuelto un infierno desde que Lucius había recibido el beso. Fue eso lo que le dio la idea, de hecho: si su vida ya era un infierno, ¿qué más daba invitar a un demonio a las puertas de su casa?
Pero las cosas no habían sido tan sencillas. Nunca nada era sencillo para Draco, y la vida se encargó de mostrárselo una y otra y otra vez.
Quizá, pensó, la maldición no estaba en la Mansión, sino dentro de sí mismo.
NA: Espero que les haya gustado! Todavía falta un largo camino por recorrer, pero confío en que podré terminar. Muchas gracias a todos por leer, por permanecer a mi lado luego de tanto tiempo.
Que tengan una bonita semana!
-DN
