Las manos de Draco temblaban. En su prisa y desesperación se había olvidado de lo más importante: asegurarse de que estaría seguro en el proceso. Narcissa había cometido el mismo error, pero ninguno de los dos se había dado cuenta hasta que era demasiado tarde: el círculo de sal era crucial para contener a la bestia dentro del sello y sin él, no tenían ningún control sobre ella.
-Qui-quiero a mi madre de vuelta- dijo Draco, mientras la monumental mano de la bestia lo sujetaba como un niño a una hormiga.
La bestia rio.
-Y la verás muy pronto, yo me encargaré de ello- dijo la bestia mientras abría su enorme hocico, y dentro de él, Draco descubrió tres leguas distintas y un interior cavernoso, que parecía no tener fin. Draco estaba a punto de desmayarse cuando escuchó una voz familiar.
-¡Malfoy!
-¿P-Potter?
Al principio, Draco pensó que estaba soñando, pero cuando volteó, lo encontró ahí, de pie, con su varita en alto y su uniforme de auror reluciendo en la oscuridad.
-¡Déjalo ir!
Draco estaba sorprendido por lo firme que sonaba su voz. Era como si no le tuviera miedo a nada, pero cuando miró sus manos, se dio cuenta de que estaban temblando.
- ¡Potter, vete de aquí!- gritó Draco, porque no había forma de que los dos salieran con vida de esto y ya llevaba suficientes muertes sobre sus hombros para agregar la de Potter.
- ¡Yo soy aquel de los cien nombres, la perdición y la guerra! ¡Soy yo el dueño de las almas mortales, la perdición que los aguarda! Lo que ha sido puesto en marcha, ya no puede detenerse. El muchacho quiere ver a su madre, lo llevaré de vuelta, conmigo, y con ella se reunirá con él por toda la eternidad-, exclamó la creatura, haciendo retumbar las paredes con cada palabra. Los vitrales temblaban y Draco no sabía cómo era que no se habían roto aún.
-Tú… hablas de sacrificio. Yo ofrezco un sacrificio…-, dijo Harry.
-Una petición, dice el muchacho... ¿Es que no aprendiste nada la última vez? Esta vez, tu amigo no vendrá a salvarte.
-Lo sé-, dijo Draco con la cabeza en alto. -Quiero sus ojos de vuelta.
-Sus ojos… Sí, lo recuerdo. Los ojos de su madre- dijo la criatura, riendo.
-Regrésaselos. Te lo ordeno.
-¡Tú, me lo ordenas! Vaya… admito que esta vez has hecho bien el conjuro… incluso usaste las barreras adecuadas. Pero no basta. No puedo dar sin recibir, esa es la ley del orden universal. Esa es la regla que tu madre rompió.
-Ya lo sé. Eso… ya lo sé. No vengo con las manos vacías.
Harry había caído al suelo tan pronto como el demonio desapareció. Había sangre rodando por sus mejillas, y sus gritos eran casi tan fuertes como los de la creatura. Draco lo había tomado entre sus brazos y lo llevó a San Mungo tan rápido como pudo, pero no había nada que pudiera decir para justificarse.
Harry Potter, el salvador del mundo mágico, había sido cegado de la forma más cruel imaginable, y alguien debía de ser culpado.
Desde entonces, Draco había buscado curas entre libros y leyendas antiguas, pero nada podía hacer regresar los ojos de Harry. Así que decidió tomar el asunto en sus manos: tenía que hacer el conjuro de nuevo. Tenía que invocar al demonio y hacer un pacto. No para recuperar a su madre o a su padre, sino para corregir un error.
Así que lo dejó todo listo. Con sus ojos de vuelta, Harry ya no lo necesitaría, de todos modos. Así era la justicia.
-Aún no puedo creer que lo haya dejado así.
-Nunca confié en él. Y con razón. ¡Mira lo que le hizo a Harry!-, dijo Ron. -No le bastó con cegarlo, ahora también lo abandona a su suerte.
-Es que no lo entiendo, Draco se preocupaba por él, estoy segura…
-¡Y ahora Harry está en el hospital! ¿Viste cómo sangraba? Estaba dormido, y de repente…
-Sólo espero que no haya hecho de lo que se pueda arrepentir-, dijo Hermione con un suspiro.
-¿Son ustedes familia del señor Potter?-, preguntó el medimago.
Hermione y Ron asintieron de inmediato, esperando por las noticias.
-Verán… esto no tiene precedentes. En toda mi carrera, jamás había algo así.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? -, preguntó Ron.
-Los ojos del señor Potter… no sabemos cómo, pero… volvieron.
- ¡Un sacrificio! Tu madre está muerta, muchacho. No puedo ser engañado, no hay nada que puedas darme.
-Puede… puede que ella haya muerto. Pero tengo algo de ella. Algo que la hace vivir en mí- dijo Harry, cerrando los puños. Draco no tenía idea de lo que estaba pasando o de lo que Harry estaba diciendo, pero Harry se quitó sus anteojos y los arrojó al sueño.
-Mis ojos. Tengo los ojos de mi madre. Tómalos y déjanos en paz.
Draco nunca olvidaría esas palabras. Toda su vida, desde la escuela, todo lo que había escuchado era a las personas que rodeaban a Potter comentar algo sobre sus ojos. Eran verdes, como esmeraldas, como los tonos de las sábanas y el tapiz de la sala común de Slytherin. Muchas veces, antes de dormir, Draco miraba las cortinas de su habitación y las acariciaba antes de sacudir la cabeza y hacerlas a un lado con un empujón brusco.
Durante la era Victoriana, el verde esmeralda se volvió muy popular, pensó Draco. Estaba al borde de la histeria, y lo único en lo que pudo pensar fue que, durante ese tiempo, las personas adoraban ese color. Lo usaban en vestidos, en tapices, en juguetes. Eso no tenia nada de malo, excepto que ese tono de verde se hacía usando arsénico. Aquello que todos adoraban los mataba poco a poco. Algo hermoso cubierto de veneno.
Así eran los Malfoy, se le ocurrió de pronto. Bellos, pero letales, no podían estar cerca de nada sin contaminarlo, sin mancharlo de muerte y dolor. Y ahora Harry, quien había arriesgado su vida por él más de una vez, quien lo había perdido todo durante la guerra, estaba ofreciendo el único recuerdo de su madre, su vista, por todos los cielos, para salvarlo una vez más.
Los ojos de Harry eran verde esmeralda, pensó Draco.
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Hola de nuevo! Sé que pasó mucho tiempo desde la última publicación, pero estuve algo ocupada (y deprimida lol). Ojalá les haya gustado el cap. Faltan uno o dos más para terminar este fic. Desde que lo comencé, sabía cómo terminar esta historia, pero por una cosa u otra, no lo había escrito.
Ojalá l s esté tratando bien la cuarentena. Quédense en casita y lávense mucho las manos. Besitos l3
