CAPÍTULO 8.
Ese día por lo visto iba a ser un completo infierno. Apenas había visto su agenda y sintió como comenzaba una terrible migraña. Por la mañana tenía que ocuparse de los preparativos para la boda, y a medio día tendría su primer aparición en público junto a su prima. Ser la prometida del príncipe era un papel difícil en verdad.
Antes de salir pasó por la habitación de Sasuke. Tocó la puerta pero éste no abrió, así que entró con total libertad. Pasó la pequeña sala de estar y llegó a la recamara. El chico estaba aún bajo las sábanas. Desde donde Karin lo veía, parecía el ser más hermoso del mundo. Sus cabellos estaba revueltos y le cubrían parte del rostro. Debido a que dormía sin camisa, la piel de su espalda resplandecía un poco debido a los pocos rayos de sol que atravesaban el ventanal. Dormido tenía una expresión que nunca mostraba despierto, o tal vez sólo era imaginación de Karin, quien lo encontraba algo tierno.
Ni siquiera lo despertó y se retiró. Había pasado a verlo sólo para recordarse una cosa, qué él era el hombre de sus sueños. Tenía que asegurarse que esa idea fuera más que real, pues con los últimos acontecimientos había dudado un poco. Ella misma se asustó y trató de autocastigarse cuando por primera vez se sintió dudar sobre lo que en realidad quería.
Desde que lo conoció seis años atrás lo supo. No había otro hombre más perfecto en el mundo que él. Era guapo, inteligente, sabía muy bien lo que quería, responsable, serio, sexy y para colmo era el futuro rey. Ella misma tuvo que prepararse para ser digna de él, terminó sus estudios universitarios y prosiguió con un posgrado. Se desenvolvió aún más en la sociedad de clase alta, haciendo que su popularidad aumentara. Estuvo al lado de Sasuke, primero como su amiga, después como su novia por cinco largos años. Su sueño de casarse no parecía ser nada claro hasta que unos meses atrás súbitamente le pidió matrimonio, haciéndola más que feliz.
Sin embargo, algo andaba mal. No sabía realmente que era, si la ausencia del Uchiha debido a sus miles de compromisos, la falta de esfuerzo por parte de ella en la relación, o las trabas que la vida les ponía enfrente, como por ejemplo, Sakura Haruno.
Lo dejó seguir durmiendo, debería estar demasiado cansado. Apenas salió, al girar después de cerrar la puerta se encontró con Suigetsu. Lo miró de pies a cabeza y tuvo ganas de abofetearlo por exhibicionista.
—¿Qué miras?—preguntó el chico con el ceño fruncido.
—Al idiota que le gusta pasear por el palacio aún en boxers. ¿No te da vergüenza que los demás tengan que verte?
El peliazul sonrió con aires de malicia y dio un par de pasos hacía ella.
—Es mi casa a fin de cuentas. Además, de vez en cuando me gusta sentir el aire, ya sabes…
—¡Oh, cállate!—chilló Karin, poniendo los ojos en blanco. Por esa ocasión dejaría la discusión para otro momento pues tenía un sinfín de cosas qué hacer.
…
Terminó de hablar por teléfono por su madre, sintiéndose más tranquila tras saber de su estado. Tenerla que dejar sola era siempre desesperante, más aún cuando ella seguía en el hospital. Todo solía ser más fácil los días que podía quedarse en casa, pero ahora ni siquiera se podrían ver ahí.
Tenía que ser fuerte, no tenía otra opción. Esa etapa pasaría, en ese momento todo se veía difícil, pero sabría como superarlo. Suspiró y terminó de peinarse. Cuando se vio frente al espejo completo se dio cuenta que algo iba mal. Le habían llevado un atuendo hermoso y elegante, pero también recatado. Aunque el vestido era hermoso, no iba con ella. Era el tipo de ropa que usaban mujeres de clase, o que querían parecer de clase como Karin. Vestido de niña buena, pensó.
Cuando por fin salió de su habitación, un sirviente la estaba esperando para llevarla con su prima. Apenas se subió al auto la encontró del lado opuesto, consultando su agenda y sin siquiera voltearla a ver. Todo aquello iba a ser realmente incómodo. Tenían que visitar un acilo de ancianos y mientras un montón de fotógrafos y reporteros las seguían.
Sakura no le veía nada de caridad a aquello. Sentía que era como utilizar a otros para hacerse fama.
Cuando llegaron al lugar había mucha gente en la entrada esperándolos. No habían llegado cuando los flashes comenzaron.
—Ya sabes lo que tienes que hacer, limítate a no decir nada, cuando estemos dentro haz lo mismo que yo—fue lo único que dijo Karin antes de bajar del auto.
Con fastidio bajó también para enfrentarse al tumulto de gente que la esperaba, los guardias enseguida la escoltaron hasta la entrada. Todo el transcurso fue aburrido, tenía que estar al lado de Karin fingiendo una estúpida sonrisa.
—Debe ser muy duro hacer obras de caridad y a la vez planear la boda más esperada del año, ¿no es así?—preguntó un reportero a Karin cuando entraron a una de las alas del acilo que servía como enfermería. Muchas de las camas estaban ocupadas. Sakura vio como varias ancianitas del lugar miraban con admiración a su prima.
La pelirroja se acercó a una de las camillas.
—Buenas tardes Yuura—san—saludó a una de las señoras y se sentó en una silla al lado. La viejita le devolvió el saludo y se pusieron a conversar brevemente sobre su estado de salud.
Sakura simplemente se quedó alrededor de la cama, divagando entre lo que tenía que hacer. De pronto el paciente de al lado se giró hacía el borde de su cama y comenzó a vomitar.
Aunque Karin se encontraba a una distancia razonable, enseguida se alejó casi corriendo y con cara de asco.
—¡Por favor, dónde está una enfermera!—exclamó mientras se tapaba cubría la nariz.
Sakura ni siquiera había dudado, en el momento que vio lo que sucedía había rodeado la cama—aventando a algunos reporteros—y había llegado a auxiliar al anciano. Quizás era porque ya tenía mucha experiencia cuidando enfermos que no dudó en ayudar. En las temporadas que el estado de su madre empeoraba tenía que hacer mucho por ella.
Llenó de agua el vaso que había en el buró de al lado y se lo dio a beber. El anciano respiraba difícilmente así que ella lo ayudó a que tomara el agua.
Los reporteros en un momento se habían quedado confusos. Nadie se esperaba ese tipo de reacción, la mayoría se había hecho a un lado como lo hizo Karin. Sin embargo unos cuantos tomaron nota de aquello. Cuando Karin lo notó enseguida pidió que fueran a la siguiente habitación, dejando ahí a Sakura.
Cuando las enfermeras llegaron la pelirosa les dejó el resto del trabajo.
—Señorita, su vestido…—le señaló el viejecito algo apenado. Ella miró una gran mancha en el borde de la prenda. Sólo sonrió.
—No se preocupe, siempre se puede lavar.
—Perdón, es que…
—No pida disculpas, fue algo que sólo pasó. En vez de eso, ¿usted se encuentra bien?
Pasó el resto de la estancia ayudando a las enfermeras a atender al señor, hasta que uno de los guardias fue a recogerla para llevarla al auto.
—¿Me puedes decir qué fue eso?—preguntó Karin molesta ya cuando estuvieron camino al palacio.
—¿Qué cosa exactamente?—dijo Sakura sin mucho interés.
—Esa forma tuya de llamar la atención, te dije que no hicieras nada.
La pelirosa miró a Karin como si se le hubiese zafado un tornillo. Sabía que su prima era algo insensible, pero no que llegaba a tal extremo.
—Hice lo que cualquier persona con un poco de corazón hubiese hecho.
—No te las des de buena samaritana ahora—dijo a modo de burla.
—Eres peor de lo que imaginé. Debí suponerlo, sólo haces este tipo de cosas por hacerte una imagen, tan falsa como tu supuesta dignidad.
Karin hirvió de furia, al momento levantó la mano para abofetearla, sin embargo Sakura se la detuvo al instante.
—¿Qué? ¿Te enoja que saque a tema lo hipócrita que eres?—soltó la pelirrosa.
—Tu nunca podrás ser mejor que yo. Y ni siquiera hablemos sobre dignidad, la cual ni siquiera conoces. ¿O es que después de trabajar de stripper aún conoces esa palabra?
Sakura le dejó libre la mano y se sentó lo más lejos posible de su prima.
Al parecer todo el tiempo se le iba a estar cuestionando sobre eso. Ya todo el mundo lo había dicho, reporteros, Kakashi, Karin, Sasuke. Era tan fácil para todos criticar y hablar sin conocer siquiera la situación.
Cuando llegó al palacio ni siquiera esperó a que un guardia abriera la puerta. Bajó y se fue directo a su habitación. En el camino se cruzó con el Uchiha en uno de los pasillos. Eso la molestó aún más y ni siquiera lo volteó a ver. Pero apenas lo había pasado de largo, sintió cómo este la jalaba del brazo.
—Contigo quería hablar—lo escuchó decir.
En realidad quería abofetearlo, sabía que no podía reaccionar tan violentamente, pero todo se le había acumulado y necesitaba golpear algo. Apenas levantó la mano, la dejó suspendida en el aire, lo único que pudo hacer fue apretar el puño.
—Vaya…al parecer estás aprendiendo quien manda aquí—sonrió de medio lado, lo cual terminó por hacer explotar la poca paciencia que tenía Sakura.
…Continuará.
