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CAPITULO 9.
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Lo escuchó atentamente. No porque hubiese aprendido a tenerle respeto, pues lo detestaba con todo su ser. Fue debido a la idea tan estúpida que le estaba planteando. Ahí se encontraba, sosteniendo la guía y el plan de trabajo, mientras el Uchiha continuaba explicando. Sakura sólo se limitó a observarlo y escuchar.
-…Y si tu pregunta es, ¿me están obligando? La respuesta es si-el chico todo el tiempo se había mantenido observando a la ventana, cuando terminó de hablar fue a sentarse a su escritorio. Ahí, teniéndola a cerca de dos metros sentía como el aire se hacía más denso. Eso estaba comenzando a preocuparle realmente.
¿Por qué, por encima de todos sus problemas, tenía que aguantar la molesta presencia de esa chica? Por un lado también se auto culpaba, no era normal que una joven así le llamara tanto la atención. Esa inesperada atracción física hacía Sakura era algo más que tonto. Tenía dos opciones, calmar sus hormonas, o mandarla lejos del palacio a diario, tal como ahora estaba haciendo.
-Creo que no entendí algo aquí. ¿Me están mandando a estudiar a ese instituto? No soy una mascota para que se me eduque-se levantó de la silla y dejó caer con fuerza la guía sobre la mesa.
-Eres lo bastante inteligente como para comprender de qué va esto. Necesitas comprender los protocolos, estudiar más, cultivarte, dejar tu ignorancia atrás y parar esa forma tan atrevida de dirigirte a los demás. Atender a ese instituto te ayudará a mejorar un poco tu propia imagen ante la sociedad.
Sakura se quedó con la boca ligeramente abierta. En parte ella bien sabía que nunca había recibido mucha educación, a penas terminó el colegio y abandonó la idea de asistir a la universidad. Lo único que había podido hacer para ella misma había sido asistir clandestinamente a la academia de danza.
-La opinión de la sociedad no es lo que me importa, pero si de las personas que realmente representan algo en mi vida y cada una de ellas me acepta como soy-abandonó el despacho y se fue a su habitación. Mientras caminaba por los pasillos, estaba hecha una furia.
¿Por qué tenía que seguir aguantando ser tachada por todos? Desde siempre pareciera que su destino era ser criticada como una basura. Durante su vida había sido llamada de muchas maneras, pordiosera, vagabunda, chica fácil, prostituta y ahora ignorante. ¿Ahora qué más faltaba? Iba sumergida en sus pensamientos cuando algo le golpeó en la cabeza. Se detuvo y buscó a su alrededor. A su izquierda había una puerta, afuera estaba una pequeña mesa donde Suigetsu comía. El chico la veía divertido, jugueteando como una uva entre sus dedos.
-¡Tú! Alto ahí, pareces un zombie-hizo cara de asco- Pareciera que los buitres de este lugar te están consumiendo. ¡Sonríe un poco!-le aventó la segunda uva, pero esta vez Sakura alcanzó a tomarla a tiempo.
La pelirrosa se acercó y se sentó junto a él.
-¿Cómo lo logras?-preguntó con desanimo.
-¿Qué exactamente? Porque así como me ves, soy toda una víctima de los maltratos crueles por parte de todos-sonrió descaradamente y le pasó un racimo completo de uvas- En verdad lo más útil con esta gente es ignorarlas, ser tu mismo y que sean ellos quienes se lleven los dolores de cabeza.
Por primera vez desde que llegó a ese palacio, Sakura pudo sonreír de verdad. Ambos que quedaron ahí platicando, aunque en su mayoría criticando a Sasuke y a Karín.
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Al día siguiente por la mañana uno de los sirvientes le había avisado que la pelirrosa había asistido a las clases a las que se le envió. El Uchiha había esperado que opusiera resistencia, pero misteriosamente –según el relato de la persona que le llevó el desayuno- había estado puntual para cuando el coche pasó a recogerla.
De pronto se dio cuenta de que estaba pensando de nuevo en ella. Pasaba de las ocho de la mañana y ya había pensado por primera vez en ella. Poco a poco estaba llegando a la conclusión de lo que realmente necesitaba era una buena sesión de sexo para sí poder quitársela de la cabeza. Quizás sería buena idea pedirle a Karin que se quedara esa noche.
Más tarde en su oficina comprendió el por qué de la obediencia de Sakura. Recibió una simple llamada del personal de seguridad informando que se les había escapado minutos después de que entró al edificio del instituto.
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Siguiendo las ideas inspiradoras de Suigetsu, una noche atrás había tomado la decisión de ser fuerte y no dejarse manipular aún más por Kakashi, Sasuke y Karin. Necesitaba aire, ser ella misma, dejar de tener presiones innecesarias. Apenas se vio lejos de los guardias corrió hasta perderse de vista. Al poco tiempo caminando por las calles le molestó que tanta gente la reconociera verbalmente como "la prima prostituta de la princesa" así que apresuró el paso hasta llegar al hospital con su madre.
Apenas abrió la puerta de la habitación pudo verla. Estaba muy demacrada, posiblemente un día antes tuvo una nueva sesión la cual la había dejado en ese estado. Se acercó y tomó su mano. Cada vez que hacía eso durante los últimos años, se había dado cuenta que cada vez las manos de su madre se volvían más delgadas, su piel más pálida y la fuerza en ellas disminuía. Ese sentimiento de tristeza estuvo a punto de invadirla de nuevo, pero hacía mucho que se había prometido resistir y no deprimirse. La tenía a su lado, enferma quizás, pero aún viva y eso era lo importante.
Su madre comenzó a despertar, abrió ligeramente los ojos y al mirarla sonrió dulcemente.
-Sakura-susurró, la pelirrosa le hizo señales para que no hablara.
-Debes descansar. He sido una mala hija y no he podido venir a verte. ¿Me perdonas?
La mujer asintió con la cabeza. Aunque aún era joven, la enfermedad la hacía verse más vieja. Sin embargo aún conservaba cierta belleza y se podía ver claramente que casi todos sus rasgos Sakura los había heredado, a excepción del color de cabello que era herencia por parte de la familia de su padre.
-¿Te han tratado bien? ¿Qué se siente vivir en el palacio?-preguntó lentamente la mujer.
-Todos son algo gruñones, pero aún así está bien –mintió pues contarle toda la verdad sería preocuparla. Ella no estaba al tanto por completo de trato que le habían obligado a hacer la gente del palacio.
-Deberíamos agradecerle apropiadamente a Karin por lo que hizo, la cuenta del hospital fue completamente pagada…no sé como agradecerles.
Sakura sólo apretó los puños. Años atrás cuando su padre falleció su madre había sido maltratada por la familia de Karin, y ahora, desconociendo la situación ella pensaba en agradecerle a su prima.
-Me aseguraré de hacerlo mamá.
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Cuando regresó al palacio uno de los guardias la detuvieron, al parecer Sasuke reclamaba su presencia. Mientras era prácticamente escoltada como un prisionero hacía la oficina del Uchiha, pensó en lo que haría para quitárselo de encima, seguramente estaría demasiado enfadado por haberse escapado.
Cuando estuvo frente a la entrada dudó en entrar, quizás volverse a echar a correr funcionaría, pero cuando vio la mirada del guardia que sostenía la puerta prefirió entrar. Sasuke estaba recargado en una mesa, su mirada era oscura y por un momento la hizo querer retroceder. Y a pesar del aura oscura que emanaba, sin tomar en cuenta de que quizás estaba a punto de darle un gran sermón, que probablemente le prohibiría salir durante todo el mes, o que limitaría su libertad, ella no hizo mucho caso a eso, en su mente entró una idea descarada e innecesaria. El Uchiha era sexy enfadado, y mucho. En ese momento traía una camisa blanca, vestía tan formal como siempre, pero algunos botones no estaban en su lugar, lo que le daba un aspecto tentador.
Cuando lo vio aproximarse se sintió asechada, siendo ella la presa y él un león que se acercaba lentamente, mirando a su objetivo y dispuesto a atacar, lo que probablemente le causaría una gran satisfacción al ver sufrir a alguien más.
-¿Te divertiste?-preguntó, en su voz no se podía descifrar si estaba enojado o calmado. Sakura trató de no mostrar sentimiento alguno.
-Estando lejos de ustedes, ¿Quién no podría divertirse?
El chico tomó en el camino la guía de trabajo que un día antes ella había rechazado. Cuando estuvo frente a ella se la acercó a la cara.
-Al parecer lo poco que uno quiere hacer por ayudarte te vale muy poco, ¿no es así?
-Debes aceptar que lo único que tratan de hacer es tenerme encerrada como si se tratase de un criminal. Desde un inicio sólo me han traído aquí para esconderme de los demás, para evitar que la sociedad siga mirándome y criticándolos a ustedes. Esto no ha sido para nada con el propósito de ayudarme, la familia real me ve como un obstáculo e imperfección en sus vidas que tratan de arreglar escondiéndome. ¡Como si yo fuera a dejar que ustedes hicieran lo que quieren!
Sasuke sonrió ligeramente, pero visiblemente enfadado.
-¿No ves en qué punto estaba tu vida? ¿No puedes ni siquiera ver esto como una oportunidad de salir de pozo donde estabas? Deberías valorarlo, Sakura-y sin dudarlo mucho hizo un rollo con la guía y la aventó con fuerza hacía una de las mesitas cercanas. Un jarrón cayó estrepitosamente al suelo.
De inmediato uno de los guardias entró, sólo se quedó mirando la escena.
-Largo de aquí-exigió Sasuke mirando a la pelirrosa, ella no dudó y se fue junto con el guardia.
El pelinegro soltó un largo suspiro. Había tenido suficientes cargas en el día y al parecer esa había sido la que había hecho explotar todo. Se tiró en un sillón y con ambas manos apretó su cabeza.
Haber descargado su ira en ese momento frente a ella no había sido lo correcto. ¿Qué más daba? Ella ya tenía un mal concepto de él, algo más no sería problema.
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Apenas cerró los ojos tratando de dormir, la imagen de lo sucedido en la oficina del príncipe no la dejó conciliar el sueño fácilmente. ¿Qué persona era para comportarse tan violento frente a ella? Pero agradeció que lo hiciera, porque eso la sacó de los pensamientos tontos que tenía sobre él. ¿Por qué rayos había pensado tanto en lo atractivo que era? Hacía muchos años había dejado esas tonterías de adolescente. Tiempo atrás pudo haber enloquecido por lo guapo que era el príncipe, pero ahora ya no, ella había madurado y sabía de persona que él era demasiado despreciable. Entonces, ¿por qué le había llamado tanto la atención cuando lo vio enfadado?
-Debe ser el síndrome del chico malo-susurró para sí como una razón probable a lo que le sucedía, luego trató por enésima vez en la noche de dormir.
