Capítulo 17.

Sakura en su vida había visto reaccionar de esa manera a Karin. Su prima nunca, nunca, perdía los estribos. Siempre estaba sonriendo y tratando de aparentar que era una mujer perfecta, cuando en realidad era una bruja. Pero lo que había hecho unos momentos atrás iba contra la regla de ser una señorita recatada y educada. ¡Le había devuelto a Suigetsu la bola de nieve! Pero de paso también le había dado a ella.

Mientras corría tras la chica, planeaba aplastarle una buena cantidad de nieve en la cara, si no lo lograba, al menos lo haría en su cabello. El blanco combinaría con el rojo.

Karin corría en dirección a Sasuke, supuso que se refugiaría detrás de él. Sakura no tuvo tiempo de pensar en otra cosa, así que cuando su prima chocó contra el pelinegro, ella misma no alcanzó a detenerse en el suelo resbaloso y colisionó contra ambos, haciéndolos caer a la fría nieve. Apenas golpeó a la pelirroja los tres cuerpos simularon una caída similar a la de bolos en el boliche, rodaron un poco y luego se escuchó cómo chocaron con alguien más hasta detenerse unos cinco metros más abajo. Cuando el movimiento paró, lentamente se dio cuenta que su cuerpo no tocaba directamente el suelo. Sacudió la cabeza para quitarse algo de nieve y fue cuando lo vio, ella estaba prácticamente a horcadas sobre Sasuke. Sus negros cabellos, un poco largos ahora que estaba despeinado, contrastaban con el blanco a su alrededor, por una milésima de segundo ella tuvo ganas de tomar una fotografía de lo que sus ojos veían, era hermoso.

Pero aquello dolía, una de las muñecas de la mano con la que se sostenía, parecían haberse llevado parte del impacto en la caída, intentó ponerse de pie pero su equilibrio falló. Entonces notó la mueca que ofrecía Sasuke, una media sonrisa que a ella no la tranquilizaba mucho. En un movimiento rápido el joven la giró y terminaron en la posición del otro.

—Creo que pediste que me mantuviera alejado—dijo en voz baja a su oído. ¿Cómo podía él insistir en ese juego? Sakura quiso seriamente patearlo en las bolas.

—¡Eres un bastardo! —gritó—¡Y un…!—pronunció cada insulto que conocía—¡Muévete ahora!

En cambio, él pareció pegarse más a ella. Su sonrisa lo decía todo, estaba de lo más divertido por ponerla en aprietos.

—Tiene una boca muy sucia señorita Haruno. ¿Dónde quedaron todas esas clases de protocolo y etiqueta a las que te enviamos? — la chica bufó. Estaba altamente molesta con el Uchiha, pero también había algo de enojo para ella misma pues, a pesar de que se encontraban sobre la nieve, sentía su cuerpo calentarse por tener el de Sasuke así de cerca.

El pelinegro notó el sonrojo en el rostro de ella, se veía particularmente linda y combinaba de forma extraña con su color de cabello. Quería seguir presionando sus botones y ver hasta dónde podía llegar aquello. Sabía muy bien que estaba tocando suelo peligroso, pero algo había surgido dentro de él que le hacía sentir más…vivo, como si fuese una persona normal, no el serio y disciplinado príncipe que debía ser.

Antes de aventurarse a dar algún paso, miró de reojo a dónde estaba Suigetsu y Karin, quienes eran las únicas personas que los rodeaban en ese momento, y los encontró varios metros abajo en la colina, parecía que estaban en su propio mundo mientras discutían. Entonces su mirada se dirigió a Sakura, quien en ese momento lo veía fijamente con esos enigmáticos ojos jade. Hubiese dado su reino por saber lo que ella estaba pensando en esos momentos.

Lentamente bajó el rostro, temeroso de que en cualquier momento lo rechazara, pero no se movió por más que él avanzaba. Primero rozó su nariz con la de ella y pudo ver como sus ojos parpadearon con sorpresa, pero aún no lo empujaba lejos. Bajó un poco y con sus labios besó su mejilla. Sintiéndose aventurero, deslizó sus labios al cuello donde su piel era tan suave y cremosa. Besó y lamió con lentitud. Y la sintió temblar bajo de él. Se detuvo para aspirar y disfrutar su olor a cerezos. Podía quedarse ahí el resto de su vida.

—¿Acaso planeas follarme aquí en la nieve Sasuke? —la escuchó susurrar. Levantó la cabeza y la observó. Sus labios se veían tan apetecibles como siempre. Eran como una invitación abierta a besarlos. La idea de sumergirse en ella le pareció lo más tentador del mundo.

¿Qué rayos tenía esa mujer que le provocaba querer romper las reglas de formas tan descabelladas? Su vida tenía un rumbo trazado desde que nació, todo había estado bajo control siempre, hasta que llegó ella e hizo que todo tambaleara. Sakura y su constante desafío a las reglas, pero que no tenía miedo de desafiarlo y decirle lo que pensaba a la cara. Mientras todo mundo lo adulaba, ella no dudaba ni un poco en insultarlo y restregarle las cosas con su tremenda sinceridad. Él se sentía perdido, todo ese asunto no era sólo la atracción física.

La burbuja en la que se encontraban se rompió cuando las voces de Karin y Suigetsu comenzaron a escucharse un poco más cerca.

—Estaría encantado de hacerlo—le dijo mientras se ponía de pie y ella dejaba salir un sonido que el identificó más como un gemido. Cuando estuvo de pie le extendió la mano para ayudarla a levantarse, pero la pelirrosa parecía no poder moverse, con esa mirada de sorpresa, sonrojada y los ojos jade clavados en él.

Sasuke decidió dejarla respirar por un momento y se alejó, sin volver atrás hasta que había llegado a la enorme cabaña donde se iban a hospedar. Los guardias habían llegado antes que el grupo y lo esperaban en la entrada. Se preguntó que tanto podrían haber visto desde ahí, pero dudó debido a los árboles que tapaban parte del sendero. Y aunque lo hubieran notado, sabía que de ellos no saldría nada sobre eso.

A Sakura le costó un poco recomponerse. Cuando Suigetsu pasó a su lado y le ayudó a levantarse, aún seguía como ida. ¿Cómo era posible que el Uchiha se atreviera a hacer aquello cuando estaban rodeados de más personas? ¿En qué momento el príncipe amargado y estirado que había conocido se había convertido en aquel descarado seductor?

Alcanzaron la cabaña donde por fin pudieron calentarse. Sin embargo, su sonrojo no se iba, se había calendado desde antes de entrar ahí. En la gran sala que los recibía, buscó en la estancia al culpable de su estado, pero no se le veía por ningún lado. Decidió descansar un poco de aquel ambiente, se metió a la habitación que le designaron y se deshizo de las enormes ropas para la nieve que llevaba para luego meterse bajo las sábanas. No quería pensar en lo que había ocurrido, pero su engañoso cerebro traía a su mente una y otra vez la sensación de cercanía del chico. Terminó durmiendo cuando tomó una de las enormes almohadas y se abrazó a ella justo como le hubiese gustado hacerlo con Sasuke si lo tuviera al lado.

El pelinegro se había metido a su habitación a revisar los informes del día que Minato le había enviado. Fue capaz de someterse en la lectura y trabajar hasta que anocheció y el cansancio lo venció. Al día siguiente se despertó muy temprano y siguió. Tenía que permanecer en el lugar algunos días en los que tenía que estar presente en una que otra ceremonia organizada para los juegos de invierno, pero a la vez no podía dejar de lado su trabajo de escritorio. Pidió el desayuno a su habitación, no quería distraerse al bajar al comedor con el resto. No, ¿a quién mentía? Ni su novia o su primo eran el problema.

Por la tarde por fin alguien que no fuera su guardia personal tocó a su puerta, un segundo después Karin entró como si fuera un tornado sin siquiera preguntar si podía pasar.

— No puedo más, ¡detesto el frio! Y el molesto de Suigetsu no me deja usar la tv de la sala. ¡Sólo le importa jugar videojuegos! ¿Qué edad tiene? ¿Diez años? — Sasuke la veía desde su escritorio, mientras ella se sentaba en el sofá frente a él, removía los almohadones y se levantaba de nuevo y caminaba de un lado a otro de la habitación — ¿Por qué si somos parte de la realeza tenemos una cabaña con tantas habitaciones pero sólo una tv? Ya he llamado a la recepción del hotel, pero no me dan una solución rápida. ¿Y por qué tenemos que quedarnos tantos días? ¡Tengo cosas que hacer en la ciudad! Mamá me ha pedido que…—Y así siguió parloteando y gritando, descargando sus frustraciones con él, que ciertamente poco le interesaba escucharla. Sabía que la mayoría de sus problemas no eran más que dramas que sola creaba— ¿Y por qué no tenemos un sauna incluido aquí? Me dicen por teléfono que tengo que bajar a las instalaciones que están cerca del lago. ¡Deberíamos cambiar de habitaciones Sasuke!— cuando notó que él había vuelto su atención a los papeles a la laptop que tenía en su regazo, ella le aventó un cojín, que bien no le pegó a él, si sirvió para que éste la volviera a ver.

— Escogimos esta cabaña porque la prensa no puede llegar hasta acá. Si quieres ir al sauna sólo pide a los guardias de la entrada que te lleven.

Ella puso cara de decepción y se mostró aún más enojada al ver que el joven no mostraba el interés que ella hubiera querido.

—¿No podemos ir juntos? O podríamos ir a algún lado, he oído que por la noche comienza el patinaje sobre hielo, podríamos…— Sasuke había vuelto a ignorarla y seguía con la cabeza metida en la computadora—¿sabes qué? Yo puedo ir sola, estoy acostumbrada a esto—trató de sonar lo más dramática posible, pero no pareció causar efecto en el pelinegro.

Karin lo sabía, y el Uchiha no entendía como ella había soportado tanto hasta el momento. Sólo al inicio de su relación se habían asemejado a una pareja normal. Pero en cuanto las cosas fueron avanzando, ella se dio cuenta que no podría tener esa normalidad de la que gozaba el resto. El trabajo y las responsabilidades de Sasuke lo mantenía todo el tiempo ocupado. Claro era que en un puesto como el suyo, no tenía mucho tiempo de sobra para dedicarle a su novia. Así que las citas habían sido contadas, de vez en cuando salían a cenar, pero sólo eran escapadas rápidas donde mientras él comía ella se pasaba hablando, parecía más un intento de Karin para profundizar en unan relación que con el tiempo se había desgastado, y lo único que la mantenía a flote era la esperanza de que algún día se casarían.

Cuando notó que Sasuke no hizo ningún comentario, sintió de nuevo esa desesperación recurrente. Su sueño de ser reina estaban ahí, así que haría todo lo posible, aunque el romance se estuviera perdiendo, ya habría tiempo de recuperarlo. Salió de la habitación del chico y fue por sus cosas, siguiendo su recomendación, pidió a los guardias que la llevaran fuera.

Sakura había tratado de que Suigetsu la acompañara a dar un paseo por la nieve, si alguien podía ir con ella a disfrutar del lugar ese era él. Además, necesitaba alejarse lo más que pudiera del pelinegro. Por la mañana su corazón había estado latiendo muy fuerte cada vez que lo imaginaba bajar de su habitación o aparecerse en el pasillo. Tenía que pensar y calmarse, así que tomó su ropa de nieve y sus botas. Se extrañó mucho cuando su amigo decidió quedarse en la cabaña, excusándose con que se encontraba indispuesto a que sus pies se congelaran.

—Eres un ser decepcionante—le dijo a modo de burla mientras se despedía y cruzaba la puerta principal.

A pesar de todos sus intentos de evadirlos, uno de los guardias terminó siguiéndola, aunque se mantuvo varios metros atrás como una sombra. Trató de ignorarlo y siguió sin rumbo fijo hasta adentrarse en el espeso bosque más allá de la colina donde se encontraba la cabaña. El ambiente era frío, sentía que sus pulmones se congelaban, pero era refrescante poder salir a la naturaleza después de permanecer tanto tiempo en el palacio. Los árboles eran enormes y la nieve cubría totalmente el suelo, al punto que el sendero que había seguido en un inicio se había perdido.

Durante el trayecto tomó varias fotos con el móvil, no tenía señal pero al regresar a la cabaña las enviaría a su madre. Al mirar la hora decidió comenzar a descender, miró sobre su hombro y el guardia estaba unos quince metros a sus espaldas, se le veía aburrido y congelado. Ella se sintió un poco culpable. Toda su vida había tenido que cuidar de si misma y a la vez encargarse de su madre, no estaba para nada acostumbrada a que vieran por ella, a pesar de que fuese un hombre que ni siquiera la conocía.

Se detuvo y contempló el lugar donde se encontraba, giró hacia todos lados y fue entonces que sintió el pánico asomarse por los bordes. Hacía donde mirara no se veían más que más árboles y nieve, la luz del sol que lograba filtrarse entre las ramas se veía más apagada. Revisó su móvil y confirmó que aún faltaba una hora para que el sol se ocultara. Suspiró con alivio, aún quedaba tiempo para que el sol se metiera.

—Vamos de regreso—le comunicó al hombre quien apenas se inmutó y con un elegante ademán le indicó el camino.

Por media hora permaneció caminando detrás de hombre. Durante todo su paseo había evitado pensar en la persona por la cual había salido huyendo de la cabaña, pero en ese silencio no podía seguir evitando el tema. La atracción que sentía por el Uchiha había ido de ser nada a convertirse en una bomba que pronto estallaría si bajaba sus defensas. Se burló de todo el asunto. Hacía unos meses, su vida aún giraba en torno a reunir el dinero necesario para subsistir y pagar el tratamiento de su madre, haciendo cualquier trabajo que se considerara legal. Y los únicos guardias a su alrededor eran los del club donde bailaba, los cuales vigilaban que a los borrachos no se les pasara la mano. Y ahora estaba ahí, en un lujoso resort en la nieve mientras su única preocupación era no caer en la tentación que le representaba el futuro rey de su país.

¡Lo ignoraba rotundamente cuando no lo conocía! Solía verlo en las portadas de las revistas o en internet. No había mujer que conociera que no hubiese mencionado lo guapo que era el chico. Tan sólo de recordarlas se sentía una mujer tan corriente al haber terminado pensando como la mayoría. No, ella era peor que el resto, pues había llegado a besarlo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un sonido que rompió el silencio. Sakura nunca había escuchado en persona algo así, su cerebro lo conocía, pero no lo identificaba hasta que un segundo crujido proveniente del suelo la hizo detenerse en seco. Miró más allá y notó como el guardia estaba donde comenzaba un claro, permanecía inmóvil y mirando hacia abajo.

—No se mueva—le dijo tipo casi en un susurro, como temiendo que si hablaba más fuerte el suelo se rompería aún más.

La joven sintió que el miedo la paralizaba cuando vio cómo el hielo a los pies del hombre se fracturaba. Él trató de regresar, pero a pesar de su movimiento tan lento, cuando su pie tocó el hielo, un pedazo gran pedazo de suelo se sumió y prácticamente lo tragó.

Sakura soltó un grito y el pánico que había sentido minutos antes al creerse perdida no se comparaba al que sentía en esos momentos. ¿Qué carajos debía de hacer? Forzó a su mente a pensar en algo rápido. Con su poca formación en medicina, sabía que el hombre ya a esas alturas estaría sufriendo de hipotermia, y si pasaban unos segundos más seguramente moriría.

Aunque muchos la menospreciaran y la juzgaran sin conocerla, ella conocía sus habilidades y de lo que era capaz. Y si algo podía presumir, era su capacidad de reaccionar en momentos de caos, lo cual era algo que le había ayudado mucho durante los semestres que pudo estudiar la carrera. De inmediato ubicó una rama que le ayudaría, no supo cómo logró romperla y con el mayor cuidado se acercó a donde se había sumergido el guardia. Pudo ver cómo la cabeza del hombre por momentos emergía a la superficie. Con cada paso que daba sobre el hielo, ningún movimiento ocurría y con esa confianza se acercó hasta unos centímetros del hoyo que se había formado.

—¡La rama! ¡Tome la rama!—le gritó con todas sus fuerzas.

A pesar de que era tan menuda, después de que entró al club había tenido que ejercitarse para mantenerse en forma. Rogó al cielo que esas horas de pesas dieran resultados en ese preciso momento.

—¡Ayuda!—gimió el hombre mientras su mano intentaba tomar la rama pero sus movimientos ahora parecían más lentos. Si no hacía algo rápido se terminaría de congelar. Arriesgándolo todo, se acostó sobre el hielo y alargó su mano hasta meterla debajo del agua y jalar la mano del guardia. Por un instante el hombre no se movió. Ella gritó profundamente y jaló. Inesperadamente la otra mano del hombre emergió y ella lo sujetó con la extremidad que tenía libre. En un movimiento rápido pero que sintió que sus brazos se desgarraban, logró llevar al guardia a la superficie. Pero no se dejó llevar por el dolor y el frio que sentía, siguió arrastrando sobre el suelo hasta donde parecía terminar el hielo. El tipo estaba empapado y temblaba. La pelirrosa quitó el abrigo que éste llevaba y se quitó el propio para envolverlo en él, luego le siguieron la bufanda, gorro y guantes. El hombre no aguantaría estar de pie, y ella no podía llevarlo sola hasta la cabaña.

No sabía que tan lejos estaban, sacó su móvil y seguía sin señal. Reviso entonces los bolsillos del tipo en busca de algún dispositivo. En el abrigo que le había quitado había un radio, que por haberse mojado estaba inservible. Tanteó con sus manos en el torso del hombre, en las ropas que llevaba tenía algunos bolsillos, pero nada que le sirviera. De pronto sus manos tocaron algo pesado y de metal, era un arma corta. Había probabilidades de que dejara de funcionar por haber estado en el agua, o que detonara de forma incorrecta. Pero ella nunca había usado un arma. La sacó de la funda y se la puso en las manos del tipo.

—Necesito que dispares al aire para que nos escuchen—alzó la voz tratando de llamar su atención, pero el hombre parecía comenzar a desmayarse, dejando caer el arma.

—¡Escucha!—le gritó—No puedo llevarte, tenemos que atraerlos, dispara por favor—le rogó y le acomodó de nuevo el arma en la mano. Al ver que no reaccionaba, entonces le soltó una bofetada para hacerlo reaccionar. Con las manos temblorosas, el tipo maniobró el arma e hizo lo que Sakura supuso fue quitar el seguro.

—N-nos d-deb-deberían es-cuchar—dijo el hombre mientras le castañeaban los dientes. Con lentitud elevó la mano para dispararla, pero a la joven le provocó escalofríos que temblara tanto, así que se la quitó de las manos.

—Supongo que siempre hay una vez para todo ¿no?—dijo y su voz le pareció llena de temor. Con ambas manos apuntó al cielo y apretó el gatillo. El sonido del disparo fue tan fuerte que por un momento sintió que se le reventaban los tímpanos. Tras el estallido su cuerpo ligeramente se fue hacia atrás, pero no paró, disparó hasta que el cartucho se terminó. Volvió la vista al hombre para pedirle un nuevo cartucho, pero éste ya estaba inconsciente. Revisó y encontró lo que buscaba, sin embargo no sabía cómo cambiarlo por el nuevo por el usado. ¿Qué debería hacer? ¿La habían escuchado? ¿Qué tan lejos estaban de la cabaña? ¿Debería ella ir a pedir ayuda? Si lo hacía seguramente se perdería. Lo mejor era quedarse ahí. Pasaron varios minutos en los que ella estuvo tomando el pulso del hombre y lo notó muy bajo. Mientras se concentraba para revisar sus latidos, escuchó un sonido a lo lejos. Una pequeña esperanza la invadió e hizo lo único que podía hacer en esos momentos. Gritó con todas sus fuerzas.

—¡AYUDA!

Cuando los demás guardias los encontraron, de inmediato se llevaron en hombros a su compañero caído. Alguien la intentó levantar en brazos y ella lo rechazó, pero poco pudo hacer ante la fuerza de aquel hombre. No se dio cuenta de que temblaba hasta que intentó contar lo sucedido y su voz se cortaba. La arroparon y se retiraron del lugar a toda prisa.

—Deben llevarlo a urgencias, necesita una manta térmica y oxígeno—indicó cuando llegaron a la cabaña y metían al hombre en una camioneta.

Cuando trataron de subirla tambié, se negó rotundamente y saltó fuera. Su cuerpo dolía y aún sentía frío, pero consideraba que estaba estable.

—Yo estoy bien, no pierdan tiempo y llévenselo.

—¡Te vas a meter ahí ahora mismo! —escuchó una voz fuerte a su lado que provenía del hombre que la había llevado en brazos. Ahora que su mente se descongelaba, ella por fin notó que quien la había cargado hasta ese lugar no era otro más que Sasuke. Ahí estaba, en medio de la nieve, sin un abrigo encima y mirándola con esa expresión entre furia y preocupación.

—Llévenselo—Sakura indicó, haciendo sonar su voz fuerte y segura—sé algo de medicina, puedo asegurar que estoy bien, por él es por quien deben preocuparse.

El enojo de Sasuke aumentó, la tomó del brazo y la jaló—¿Se te congeló el cerebro Sakura? ¡Te estoy dando una orden!

Ella sintió que dolía donde él la había puesto su mano. Reunió las fuerzas que le quedaban y logró zafarse.

—Si valoran la vida de su compañero, dejen de perder el tiempo—se dirigió de nuevo a los guardias para luego dar media vuelta y dirigirse a la cabaña.

—¡Sakura!—escuchó gritar al pelinegro a su espalda.

Cuando por fin alcanzó la puerta de la entrada, se giró y notó que la camioneta se retiraba del lugar. Entonces miró al Uchiha que se dirigía a ella hecho una furía. Pensó que el miedo por ese día había sido suficiente. Trató de cerrar la puerta pero él pudo más y logró entrar.

—¿Se puede saber qué tienes en esa cabeza tuya? ¡Necesitas que te atiendan!

Ella de hecho se sentía mejor a cada segundo que pasaba, haber entrado en calor la estaba haciendo despertar.

—Estoy bien, sólo fueron unos pocos minutos los que estuve sin mi abrigo. Deja de molestar Sasuke.

No estaba de humor para discutir y suportar su mal genio en esos momentos, así que pensó en retirarse a su habitación, de donde no debió salir jamás ese día. Sin embargo él volvió a tomarla del brazo.

—¿Molestar? ¡Vienes aquí tan tranquila y dando órdenes a mis guardias y dices sólo eso!—ella no podía entender el enojo del chico. ¿Debería disculparse?

—Estoy bien, ese pobre hombre era quien necesitaba ayuda.

Sasuke inhaló y se llevó las manos al cabello. La pelirrosa por un momento pensó que se lo quería arrancar. Tal vez debería hacer algo para calmarlo.

—No puedo creer que seas tan idiota—lo escuchó casi escupir veneno en sus palabras.

—No es necesario que me insultes porque no me quise subir al coche, ¿sabes?

Entonces en su desesperación, Sasuke tomó lo primero que tenía a la mano y lo mandó a volar contra el muro. Sakura abrió enormemente los ojos y vio cómo una estatuilla que probablemente costaba miles, se estrellaba a unos metros y se hacía añicos.

—¿Qué te pasa imbécil? —le reclamó. Parecía haber disminuido el ritmo, estaba quieto mirando los trozos de cerámica en el suelo. Ella no lo soportó más y se dirigió a su habitación. No lo entendía y no quería quedarse a razonar sobre lo que ocurría.

Apenas entro a su pieza, se recargó contra la puerta mientras esperaba escuchar algún sonido de fuera, pero todo siguió en silencio. Parecía que ni Karin o Suigetsu estaban en el lugar, su prima hubiese llegado dramáticamente a exigir alguna explicación a su prometido, y el primo del chico al menos se habría asomado reclamarle por su actitud.

Sintió enojo. ¿Por qué él se comportaba así? Pero su cabeza no daba para más, ya había tenido suficiente estrés en su día como para tolerar una discusión con él.

Se quitó las ropas que llevaba. Cuando se quitó el abrigo notó un perfume en la prenda, y sin pensarlo se la llevó al rostro y aspiró. Un segundo después se dio cuenta de la tontería que hacía. Ese era el aroma característico del Uchiha, ningún guardia llevaría encima una fragancia que parecía tan cara. Él la había calentado con su propio abrigo, sólo estaba preocupado, aunque a ella le seguía pareciendo demasiado exagerado.

Justo cuando se iba a meter a la cama, escuchó que alguien tocó suavemente a su puerta. La joven se detuvo donde estaba. Pasaron unos segundos y volvieron a insistir. Sabía que era él, pero aún se sentía molesta.

—Sakura— escuchó su voz del otro lado— necesitamos hablar, abre la puerta— sonaba mucho más calmado, incluso parecía suplicar.

Ella no quería una discusión más. Miró su cama y pensó en lo bien que se sentaría dormir, pero de nuevo el chico tocó la puerta.

—Te lo pido, no…no voy a gritar más, abre por favor.

La forma en que lo dijo tocó las fibras más sensibles de la chica. No todos los días se escuchaba a un príncipe rogar por algo.

Cuando abrió la puerta, él estaba recargado a un costado de esta y de inmediato se separó y dio un paso atrás, adoptando una pose tímida y con las manos en los bolsillos. A la pelirrosa le pareció increíble que él estuviera nervioso.

Cuando él por fin la miró, notó cómo él la recorrió con la mirada, deteniéndose brevemente a la altura de sus pechos. Ella recordó que sólo llevaba encima la bata, y aunque la prenda era de una tela gruesa, se sintió un poco desnuda ante la mirada del chico.

—¿Qué—por un momento se trabó—qué es lo que quieres?

El joven se recompuso al escucharla y volvió a mirarla a los ojos. Ella notó su indecisión. Lo vio abrir la boca para hablar, pero pareció congelarse sin saber qué decir.

—¿Y bien?—preguntó cuando él no respondía. El joven resopló.

—Fueron los disparos—dijo por fin. Sakura no entendía que tenían que ver eso con el hecho de su enojo de unos momentos atrás.

—Fue la única forma que encontré de hacernos notar—se explicó la joven. Él frunció el ceño.

—Lo entiendo, pero deberías saber que para nosotros escuchar eso da un sinfín de significados diferentes. Sabes muy bien sobre los atentados de hace unas semanas. Todos nos alteramos cuando algunos guardias hicieron notar que provenían del rumbo donde ustedes se habían dirigido.

Ella lo entendió entonces, debería de haber pensado en eso, en este nuevo mundo donde se había adentrado un hecho como aquel podía tener un significado más peligroso.

—Yo…—comenzó a decir pero no encontraba las palabras para continuar.

La expresión de Sasuke se tornó más oscura.

—Después de escuchar los disparos, entraron corriendo a mi habitación y sólo pude captar que dijeron tu nombre. Salimos de inmediato a buscarlos. Mil cosas pasaron por mi mente, cada segundo que pasaba después de eso fue un infierno. ¡Por Dios, fueron capaces de detonar bombas en el palacio! ¿Qué podían hacer contra una chica un simple guardia dentro de ese bosque? Los rebeldes aún siguen ahí afuera, no sabemos cuantos quedan, pero existen. Podrían habernos seguido hasta aquí. Podrían haberte lastimado.

—Pero ellos no estaban ahí, todo está bien ahora—pudo decir la chica.

—Cuando por fin los encontramos y miramos lo que había sucedido tampoco es que me haya calmado, ¿viste cuan fracturado estaba el hielo? Ni siquiera se podía distinguir el hoyo que nos describías. A un costado de donde los encontramos, el hielo se había desprendido en muchos bloques, pareciera que tuvieron mucha suerte de salir antes de que todo se separara. Pudiste…pudiste morir congelada. Se suponía que el guardia estaba ahí para cuidarte, y fuiste tú quien terminó ayudándolo a él. Debí exigirles desde un inicio que al menos tres de ellos te resguardaran— notó como apretaba los puños, estaba muy tenso—Estabas temblando en mis brazos mientras veníamos de regreso, te sentías tan fría, aún en este momento sigo pensando que necesitas que un médico te revise.

Lo observó, él había estado tan preocupado y lo podía notar ahora. No estaba muy acostumbrada a ver al Uchiha vulnerable, le causaba una profunda ternura. Sin pensarlo siquiera, se acercó y tomó su mano.

—Fue sólo un leve congelamiento—buscó su mirada— lo único que necesitaba era calentarme—se detuvo para contemplar esos intensos ojos negros que le robaban el aliento y recordó lo que había estado pensando mas temprano ese día, sobre todas las mujeres que decían cuan atractivo era, y aceptó por fin que siempre habían tenido la razón. Pero había algo sobre él que ellas desconocían— estoy bien, y puedo asegurar que el guardia también. Los accidentes pasan, pero he sido hábil esta vez—casi lo escuchó reír al decir eso.

—No puedo creer que tu sola hayas hecho eso. ¿Sabes que le has salvado la vida a uno de mis hombres? Hace unos siglos eso sería merecedor de reconocimientos, tierras y oro por la valentía mostrada por salvar de la muerte a uno de los guardias de la familia real—ahora se le escuchaba bromear, un calor calentó el corazón de Sakura al verlo sonreír por primera vez después de todo el drama.

—¿Por qué abandonaron tan bonita tradición? Me gustó la parte de las tierras y el oro, debería exigir mi premio—ahora ella también tenía una sonrisa tonta en el rostro.

—Desconozco por qué ya no lo hacen, pero podría ofrecerte otro tipo de premio a tu valentía—los ojos del chico se posaron en los labios de ella. Sakura sintió de pronto que su rostro ardía. Cuando él dio un pasó hacía ella, lo detuvo poniendo su mano en su pecho.

—No Sasuke, no puedes estar jugando así nuevamente. Esto no es correcto.

Él tomó uno de sus mechones y lo enredó en sus dedos, parecía que no planeaba moverse del sitio.

—Esto no es un juego para mí, nunca lo ha sido—susurró tan bajo que le provocó un escalofrío a la pelirrosa.

—Tu prometida podría llegar en cualquier momento, y tu primo…

—No estarán por aquí sino hasta mañana.

Sakura chilló y trató de alejarse, pero él la tomó por la cintura.

—Puede qué tu siendo el príncipe te creas con el derecho de tomar todo lo que quieras porque así te criaron, pero ¿adivina qué? No puedes ir por la vida besando a cualquier chica.

El mostró una media sonrisa al mismo tiempo de que acariciaba su mejilla.

—Vaya, cuando te conocí no creí que fueras una mujer con tantos principios y con esa moral—ella se molestó entonces con ese último comentario.

— Pues los soy— estaba tan orgullosa de si misma y lo miró desafiante, él no dejó de sonreír.

— Lo sé, ahora lo sé— y contrario a todo, bajó lentamente su rostro hasta tener sus labios a unos centímetros.

— Esto es tan incorrecto—dijo ella en un susurro, más para si misma que para él.

— Para mi siempre se ha sentido correcto.

— Pues enton..—él ya no la dejó hablar más y junto sus labios con los de ella.

Sakura tenía preparado todo un discurso sobre el por qué era incorrecto que un príncipe y una plebeya como ella estuviesen juntos, peor aun cuando él estaba comprometido con su prima. Pero inmediatamente sintió cómo se apoderó de su boca, se olvidó de lo que fuese que estaba a punto de decir.

Sasuke había pasado todo el día negándose a pensar en ella. Pero su cuerpo parecía cosquillear desde un día antes en ese momento que habían tenido sobre la nieve. Y Ahora mientras la tenía en sus brazos y la besaba, se maldecía por resistirse tanto tiempo a esa atracción que sentía.

La empujó suavemente hasta que estuvieron dentro de la habitación, luego la recargó contra uno de los muros. Observó por unos segundos, llevaba encima una bata muy sosa que la cubría hasta las rodillas, pero incluso con eso o las enormes ropas de invierno que llevaba hace poco, a él seguía pareciéndole demasiado sexy. Besó delicadamente la punta de su nariz, pudo notar como un intenso rubor rosa decoraba sus mejillas. Era adorable y sensual a la vez. Y luego estaban sus ojos, podía notar cómo aún seguía luchando contra todo eso que les pasaba, en cualquier momento ella lo empujaría lejos a pesar de también quererlo.

Se sintió muy aventurero y volvió de nuevo a su boca. Sus labios llenos lo recibieron y su lengua se enredó a la suya. Y luego sus manos estuvieron por todos lados. Había sido una fantasía recurrente desde hacía un tiempo el poder recorrer sus curvas y acunar ese bonito trasero, restregarse contra su suave cuerpo y poder besarla sin restricciones o la presencia del alcohol.

No iba a negar que en sus sueños mojados, ella se mostraba completamente desinhibida. Pero al notar cómo reaccionaba a sus caricias y se retorcía entre sus brazos, no podía creer cómo una joven así pudiera haber bailando en ese club tan de forma tan descarada y casi semidesnuda.

Dejó de besar su boca y repartió sutiles besos por su mejilla hasta llegar a su cuello. La chica simplemente se movió para darle mayor acceso y él continuó chupando aquí y allá. Su piel era tan suave como recordaba, tanto que podría dedicar todo el tiempo del mundo a besar cada centímetro de ella.

La pelirrosa por su parte se sentía como una muñeca de trapo al no poder poner resistencia alguna, a pesar de que en su mente se repitiera una y otra vez que lo detuviera, se estaba dejando llevar con tanta facilidad por la lujuria que él la hacía sentir. Pero también se moría por tocarlo, así que sus pequeñas manos buscaron su piel bajo la camisa, desabrochando los botones en el camino.

Sasuke la sujetó del trasero y la elevó, la joven de inmediato lo rodeó con las piernas, y fue en ese movimiento donde el chico rozó el bulto en sus pantalones contra el centro de ella. Su bata se había abierto y unas bragas era lo único que la cubría en la parte sur. Sakura jadeó de forma audible y casi se derrite ahí mismo. Pero no le era suficiente aquello, comenzó a frotarse contra él en un vaivén de sus caderas.

La fricción era deliciosa, pero él la tuvo que detener.

—Para o vas a hacer que me venga en mis pantalones—exigió el Uchiha, la tomó de la cintura y la bajó con cuidado. Ella hizo un puchero como queja.

—Si ese es el caso, creo que deberían irse—la chica enarcó la ceja, le divertía la idea de desnudarlo. Sasuke se quedó como piedra cuando la vio tomar su cinturón y comenzar a quitarlo. Los ojos jade de la chica no se separaron de él mientras sus manos se ocupaban allá abajo. La intensidad de su mirada casi lo hace perder el control y olvidarse de quitarse por completo la ropa. Sin duda quería tomarla ahí contra la pared, pero también en la cama, en la ducha, sobre su escritorio, si se podía, marcar cada habitación.

¿En qué carajos se estaba convirtiendo? ¿Quién era esta pequeña criatura hermosa, tan prohibida para él por la sociedad y su entorno pero que lo hacía olvidarse del resto?

De pronto la fea bata que ella llevaba encima le pareció estar burlándose de él, la desató de su cintura con un simple jalón, ésta se abrió y dejó a la vista buena parte de sus pechos y torso. Contrario a lo que él hubiera pensado, ella llevaba una lencería simple y femenina, nada pretencioso. El imaginaba que ella llevaría ropa interior más similar a lo que vestía cuando era bailarina. Le demostraba cada vez más, desde el momento que pisó el palacio, que no era lo que todos creían.

Y le gustó lo que vio, usualmente todas las mujeres que habían estado en su vida siempre buscaban provocarlo, el deseo de ser parte de la realeza las hacía hacer de todo para lograrlo. Pero esta chica en ese momento se avergonzaba por no poder desabrochar su pantalón. Con su forma de ser, importándole poco la opinión del resto, parecía estar comenzando a entrar en su corazón. Y eso le daba miedo al Uchiha.

Sakura por fin pudo bajar el cierre, mordiéndose los labios cuando pudo ver el contorno de su miembro bajo el bóxer. Él no había perdido la vista de su boca y regresó a besarla. La tomó por los hombros y le quitó la afelpada bata, para luego apretarla hacia él y sentir más de su piel.

Y fue así que mientras él tenía el cierre abajo y ella estaba en ropa interior, besándose y sin espacio entre sus cuerpos, que fueron descubiertos. De la nada alguien abrió la puerta de la recamara y pudo ser testigo del espectáculo.

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N/A: ¿Hola? ¿hay alguien ahí que aún lea esto? Sé que han pasado un buen tiempo desde el último capítulo…de hecho más de 3 años. Una enorme disculpa, han sido varias las razones por las que entré en un hiatus. Pero bueno, ya estoy de vuelta, poco a poco iré terminando los fanfics que tengo. Tal vez tarde en actualizar, pero ya no serán años. Este capítulo en particular lo tenía a la mitad, y hace poco más de un mes regresé a editarlo, con esto de la cuarentena he tenido un poco más de tiempo, pero me ha costado terminarlo.

Cuando comencé a escribir fanfics era apenas una universitaria, pensaba en aquel entonces que no tenía mucho tiempo pero lograba escribir. Ahora en el mundo laboral, con mas responsabilidades, frustración y ansiedad, es más difícil tener tiempo e inspiración para escribir. En fin, ¿qué les pareció el capítulo?