Disclamer: Todo lo conocido pertenece a J. K. Rowling.

"Este fic participa en el minirreto de mayo para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

BETA: Nea -betafantástica -Poulain.

REVISIÓN: Miss -lareinauniversaldelosbeteos -Lefroy.

Nota: Este mes debíamos escribir sobre alguna deficiencia, minusvalía o discapacidad.

Así que he usado la pérdida de memoria.

En esta historia Pandora Lovegood no muere a causa del hechizo que le rebotó cuando Luna era pequeña (WI), sino que se modifican muchas de sus memorias, lo cual le impide seguir con su trabajo de probar hechizos y tiene que cambiar por completo su estilo de vida hasta que recupere la memoria.


Pandora y Luna estaban en su casa; la pequeña veía a su madre hacer anotaciones y florituras con su varita y se emocionaba cada que su madre le miraba. No había nada que igualara la alegría que se reflejaba en sus ojos cuando veía a su hija, una niña de tez blanca y cabello rubio.

Crear hechizos era el trabajo de la señora Lovegood. Luna estaba viendo a su madre ensimismada; se acercó, lo que hizo que su madre se desconcentrase, el encantamiento falló y rebotó en Pandora.

Luna no entendía qué había pasado. Veía a su madre en el suelo; su padre no estaba en la casa, a quien podría pedirle ayuda. Intentó despertarla, pero no consiguió nada. Fue a buscar agua, pero lo que hizo fue dejar caer la jarra y se le clavó un pedazo de cristal en la pierna, lo cual hizo que la pequeña llorara descontroladamente; estaba triste y no podía hacer nada.

Habían pasado unos minutos cuando Xenophilius entró a su casa. Al ver a su esposa en el suelo, dejó caer las bolsas y papeles que tenía en la mano, se acercó a Pandora e intentó despertarla. Mientras lloraba al son de su hija, sintió cómo algo bajo él se movía y al alejarse, vio cómo su esposa abría poco a poco los ojos:

—¿Quiénes son ustedes? Te pareces a mi exmarido, pero a él lo maté hace tiempo —vociferó la señora Lovegood con un tono asustado, alejándose e intentando levantarse del suelo.

—Soy Xeno, tu esposo, ¿con qué hechizo estabas experimentando? —le preguntó el hombre tomando a su hija en brazos para acercarse a su esposa.

—¿Quién es esa niña? ¿La trajiste por venganza? Ustedes me quieren fuera de este mundo, ¿verdad? —empezó a gritar Pandora, temblando de pies a cabeza.

—¡Mami! —berreó Luna llorando y agitando los brazos en dirección a su madre—. Déjame, papá, quiero ir con mamá —dijo la niña intentando zafarse de su padre; estaba muy asustada y necesitaba a su mamá.

—¿Mamá? Ustedes están invadiendo propiedad privada —manifestó la mujer—. Tienen que irse antes de que yo llame a la policía.

El señor Lovegood sacó su varita y al ver el miedo en los ojos de Pandora, entendió qué había sucedido. Xeno se acercó a la mesa con las cosas de su esposa, leyó la libreta para poder entender en qué estaba trabajando ella antes del accidente; lo último que estaba escrito le erizó los vellos.

Xeno sabía que su esposa estaba trabajando para el Ministerio, pero un embrujo para hacer que el cerebro de alguien se convirtiera en gelatina era algo muy oscuro.

—Hay que llevar a mamá a San Mungo —vociferó Luna, zarandeando a su padre—. Siempre dices que si algo le pasa, lo primero que hay que hacer es buscar a un medimago.

—¿Medimago? —musitó Pandora muerta de miedo.

—Pandora, nosotros te ayudaremos, confía en mí, por favor —declaró Xenophilius acercándose a su esposa.