Perdóname. —La castaña se puso nuevamente la blusa y se dispuso a marcharse rápidamente de la habitación pero Ron la detuvo del brazo y la abrazó por detrás. Hermione no pudo evitar llorar nuevamente.

Perdóname tú a mí… pero no puedo hacerle esto.

Ron volteo a Hermione despacio. Disfrutando aunque sea un poco de este pequeño momento intimo entre ambos. Se miraron fijamente. No había más palabras. Se besaron de nuevo y Hermione dio la media vuelta y salió de la habitación. Ron se sentó en la cama y entre la obscuridad y la poca iluminación del amanecer que entraba por la ventana, miró el piso por segundos, minutos o quizá horas pensando en cómo recoger todos los pedazos de su lastimado corazón, esparcidos por todo el suelo de la habitación.


Ron seguía deambulando por la casa cerca de las 6 de la mañana. Ni siquiera había regresado a dormir. ¡Como carajos iba a dormir después de todo lo vivido durante las últimas 12 horas! El encuentro con Hermione lo había perturbado de por vida. De por vida. Volvió a sentir sus besos. Por Dios, parecía un niño puberto de 12 años, con todas las hormonas por doquier. Pero… esos besos. Si, sus besos. Esos con los que soñaba a diario, de hecho, casi todas las noches. Su piel. ¡Oh, su piel! Esa piel que provocaba que todos sus instintos despertaran. Todavía podía sentir ese choque caliente en su piel, por donde rozaba la de ella, era excitante, tan excitante que al cerrar sus ojos podía verla, danzando hacia él, lentamente… Sus ojos. Mierda, sus ojos. Los ojos marrones que lo hacían perderse en un laberinto perfecto. Simplemente eso lo desarmaba, lo dejaba débil, rendido a sus pies. Su mirada. Oh Hermione. Hermione. Her…

—¿Qué haces despierto a esta hora, Weasley? —Ana estaba parada junto al umbral de la puerta que daba a la cocina, sonriendo, había estado observando cómo Ron caminaba sin sentido alguno formando pequeños círculos raros. —Aunque te veas de lo más gracioso, tengo que preguntarte que haces despierto a las 5:28 am. Creo que existe más gente en esta casa que quiere descansar. —A cada palabra que pronunciaba, su sonrisa se ensanchaba más, dado a que Ron se ponía del mismo color que su cabello.

—Hmm… —Ron traba de buscar algo coherente en su mente, pero lo único que podría decir en ese instante es algo sobre Hermione. Piensa, Ron. Piensa. Su mente comenzaba a divagar… —No podía dormir.

Ana rio. —¿Enserio? ¿Después de miles y miles de escusas me dices eso? —Ambos se sentaron en el comedor y Ana le acomodo un poco el cabello al pelirrojo, provocando una oleada de culpa. —No me digas que volvieron las pesadillas porque…

—No te preocupes, Ana. —Ron detuvo rápidamente la preocupación de Ana, ya que ella iba directamente con él. Cada vez se sentía más culpable, mucho más por lo que estaba pensando hace menos de un minuto. —Extraño mi cama… ha de ser eso.

—Se que tienes algo… recuerda que además de ser tu novia… somos amigos. —La mirada de Ana hacia que Ron se sintiera más culpable aún. Esa mirada cálida que solo ella conocía, esa mirada de preocupación que lo hacía sentir niño de nuevo. Ron comenzó a divagar nuevamente. Cuando él conoció a Ana, estaban pasando por momentos difíciles. Ambos estaban en situaciones personales complicadas y ambos se restauraron. Juntos supieron entenderse, valorarse y apoyarse. Desde un principio hubo sexo, que en su momento fue fantástico pero… faltaba eso. Eso que hace diferente tener sexo y hacer el amor. Ana pensaba lo mismo, en si no tenia con quien comparar su amor hacia Ron, ¿Era amor? ¿Protección? ¿Cariño? Ella nunca lo tuvo, ¿Cómo podría saberlo? Ron pensaba porque no podría olvidarse de todo, mandarlo al carajo y comenzar de cero junto con Ana. Esa era su zona de confort. Sabía que con ella nunca saldría lastimado. ¿Pero ella? ¿Pensar y desear a otra mujer mientras ella es su novia no es lastimarla? ¿Se puede ser tan egoísta?

El silencio embriago a ambos. Ana estaba segura de que algo sucedía a Ron. La miraba diferente, con tristeza. Sin esa chispa Weasley. Algo le estaba pasando por esa cabeza suya. Aunque no era el único que se encontraba así.

*Flash-Back*

— Ana, tenemos que irnos. Creo que… iremos al mismo hotel que Hermione. Y no acepto un no por respuesta… Hermione.

— ¿Por qué es necesario ir ahí…? ¿Ustedes irán juntos? — Dijo la castaña… creo que su nombre es Hermione. — Ustedes pueden quedarse con Harry y Ginny yo…

— No es necesario. Iré yo. — Ron se estaba comportando un poco raro — Y claro… Ana. Ya que tu marido no se digno a venir. No sé cómo se atrevió a dejar que vinieras sola.

— Yo… soy divorciada. Viktor y yo nos separamos al nacer Rose.

Que valiente ha de ser Hermione. Ser madre soltera no es tan fácil. Mi tía favorita era madre soltera. Lucho tanto por mis primos que es digno de admirar.

— Bueno, pues… ¿Qué me he perdido? — Llego la hermana de Ron — Bueno, Rose es una niña muy bien portada, le calló sensacional a Neville…

— ¿Neville? — Dios, ese maldito nombre me persigue.— ¡Oh Dios mío! ¿Neville? ¡Imposible!

— Si… Neville — Ginny sonrió — ¿Acaso lo conocen? — Volteo con Ron — De hecho a él lo conocimos en China, lo conocimos en el avión, y es muy agradable.

— ¡Por supuesto! Estuvimos juntos en la universidad de Surrey, pero… bueno, hicimos nuestro servicio social en China, pero a él no le agrado tanto así que supongo que se regresó a Londres… nunca creí volver a encontrarme con él. — Mentira.

— ¡Genial! Lo invitamos a la cena de esta noche, tan vez y puedan platicar un poco… me alegra que lo conocieras, creo que es bueno que seamos familia…

No por favor. No.

Ese recuerdo estaba matando a Ana.

—¿Por qué no decir todo de una maldita vez? Si, por Ron. Ella no puede hacerle esto. Imposible. Ron la salvo, la salvo de esa horrible depresión. Además… eso paso hace muchos años. Estoy segura que ni él se acordará de mí.

Era cierto que por alguna casualidad de la vida le toco ir con el mismísimo Neville Longbottom justo al lado de su asiento del avión. Solo que en todo el vuelo me hice la dormida mientras que Ron que estaba en medio platicó largo tiempo con él.

No puede ser cierto.

—Entonces creo que Ron no pudo tener mejor compañía… —Ginny logró sonrojar a Ana —Eres simpática y muy graciosa.

Ambas iban caminando de regreso. Bajaron las compras del coche y se determinaron a ir directo hacia la casa.

—Bueno, a decir verdad el que me pega su sentido del humor es tu hermano, él es tan… —Ana se quedo totalmente petrificada. No. Es imposible.

Ginny estaba cargando varias cosas del supermercado ya que la reunión con Harry y Ron requería botanas y ambas habían decidido ir a comprarlas. Al ver que Ana se quedo callada la miró y vio como ella miraba hacia la dirección de su vecino.

—¿Ana, te encuentras bien?

—¿Ese que está ahí es Ne-Neville Lo…?

—Si, Longbottom.

—Imposible.

La adolescencia de Ana fue un poco complicada. Ella tenía espíritu libre, mientras que el espíritu de sus padres era estricto. La regían por ciertas normas, le prohibían hacer las cosas que más le gustaban y hasta ellos elegían el corte de pelo que debía traer. Por un tiempo, hubo una fuerte contingencia. Así que ella y su familia tendrían que ir a un campamento obligatorio. Ana vivía cerca de una colonia de varios refugiados que tuvieron que ser evacuados de sus hogares por problemas cerca de su ciudad. La contingencia se alargo dos días por lo que tenían que estar solamente en esa área, donde estaban casas de campaña. Entre ellos estaba la familia Longbottom. Les toco poner una casa de campaña justo al lado de ellos. Pasados tres días, sus padres solo dejaban que Ana saliera a tomar un poco de aire por 7 minutos. Ana utilizaba esos minutos solamente para llorar. Suena un poco horrible pero, eso la hacía sentir real.

—Toma. —Aquel chico de la misma edad que ella, al parecer tenía 16 años, le tendía un pañuelo de seda.

Ana dudo. Lo miro nuevamente pero se dio cuenta de que era un chico con cara graciosa, se veía amistoso y no peligroso.

—Gracias.

—No creas que soy metiche… pero he escuchado lo que han discutido… me pasa lo mismo. Por cierto, soy Neville.—Neville le sonrió. Ana se limito a levantarse y se marco nuevamente a la casa de campaña.

Un día Ana se enojo terriblemente con sus padres. Ella ya había tomado la decisión de irse para siempre, vivir sus sueños. La contingencia había parado y podían regresar a sus casas, por lo que volvían a regresar los tiempos de dormir a las 7 pm, no escuchar música, no ver televisión y no mirar a los del sexo opuesto. No. Ella quería descubrir. Vivir.

Una noche simplemente se fue. Tomo sus cosas a escondidas, y huyo sin más. Caminando por una vereda a unos kilómetros lejos de casa, volteo por reflejo. Ahí estaba el. El chico de cara graciosa.

—¿Neville?

El venia caminando con una gran mochila detrás. Sonrió al escuchar su nombre.

—Vaya, creo que aprendiste mi nombre. Y eso que me dejaste hablando solo el otro día…

Ana sonrió. No había olvidado ese pequeño momento. Le gustó. Le gustó poder hablar con otra persona, le gustó poder compartir el aire con alguien que se le acerco para poder conversar… así sin más, sin tener que exigirle algo, riñéndola o simplemente acusándola. Espero a que Neville le siguiera el paso.

—Perdóname. Solo que… me dio miedo.

Era la verdad. No sabía que decir o qué hacer. Neville marcó la pauta para que Ana comenzara a ver las cosas de otro modo, Neville inició la pauta…

Caminaron juntos hasta el límite del condado, donde estaba una estación de autobuses, ambos estaban desorientaos, sin saber que hacer o decir. Solo se limitaron a mirarse y sin más, cada uno tomo un rumbo diferente.

*Fin del Flashback*

Y después de 5 minutos ahí sentados, iluminados por la obscuridad, ella lo supo. Lo que el algún momento temió, lo que nunca quiso que pasara, se volvió realidad. Ron se percató del cambio repentino en su rostro y por la larga sensación de tensión.

—Iré a fumar un cigarrillo fuera, regreso en unos minutos. — Ana simplemente asistió. Ron subió lentamente las escaleras de nuevo a su dormitorio, se encaminó hacia su mochila, saco un paquete de cigarrillos y deambuló por la casa hasta llegar a la puerta trasera. ¿Qué fue lo que paso? Cuando vio a Ana se fijo en que estaba de muy buen humor, pero de pronto su semblante se endureció y perdió todo tipo de alegría. Ron pensó un momento pero no entendió el porqué de la situación. Al abrir la puerta hacia el jardín una melena castaña se sobresaltó, Hermione estaba ahí, fumando.

—¿Qué haces levantado a estas horas, Ronald? —Rápidamente, Hermione tiró el cigarrillo al suelo y lo escondió con su pie.

Ron se quedo inmóvil un rato, ¿Hermione fuma? ¿Qué?

—Solo… no podía dormir. Creo que… Espera ¿Desde cuándo es que fumas? —Ron estaba incrédulo, ¿Desde cuándo fumaba Hermione? No puede ser posible. Hermione rodo los ojos. –Mira quién habla- pensó.

—Yo tampoco podía dormir… creo que estoy un poco nerviosa. —Cambiar de tema, sí, eso siempre funciona. A decir verdad, Hermione estaba muy estresa. Solamente cuando tenía una gran carga de estrés, se fumaba a lo mucho 2 cigarrillos. Solamente un pequeño mal habito.

El silencio se apodero nuevamente de ellos.

De pronto, Ron aspiro el húmedo aire de Londres. ¿Qué más tenía que esperar para estar con ella? ¿Esperas a que el cielo cayera? ¿Qué viniera otro tipo y se la llevara ó peor, que Rosie le diga Papá a otra persona que no sea él? ¡Nunca! Tenía miedo a lo que diría a continuación, pero no quería callarlo más. No podría aguantar otro día más.

—Hermione…

Ella lo miró y supo que iba a decir.

—No, Ron.

—Hermione, yo…

—Te lo imploro, habrá más tiempo de hablar…

—Necesito que…

No pudo más. Hermione le tapo la boca con sus dos manos. —Te imploro que razones, esto no…

—¿Qué razone? —Ron se hizo a un lado bruscamente —¡Llevo toda la jodida noche pensando en ti! Delirando el momento que tuvimos, en lo mucho que te deseo y que quiero besarte…

—Ron…

—Llevo toda la jodida noche imaginando nuestro futuro, lo que puso haber sido —Ron trataba de acercarse a Hermione pero ella retrocedía, él la miraba profundamente, movía sus manos para poder tocarla pero ella se resistía. Estaba enloquecido. —Te he pensado, te he soñado y te he extrañado como un demente estos estúpidos 3 años.

Las lágrimas de Hermione comenzaron a caer, no tenía idea si eran de amor, frustración o tristeza. Lamentablemente muchas personas se verían afectadas y ella decía sus sentimientos, ella no podía hablar con él, debía reprimirse…

—Te necesito. —Ron estaba desesperado, sus comenzaron a teñirse de rojo y su voz temblaba ligeramente, como él. — Te necesito en mi vida y no quiero volver a dejarte. No supe ser el hombre para ti… no supe darte lo mejor de mí. Sé que no valgo nada para ti, pero por favor, déjame hacerte feliz, déjame amarte y déjame entregarme completamente a ti.

En ese momento, Ron se arrodillo frente ante la mirada perdida de Hermione. Ella lo levanto al instante, pero el volvió a hincarse. —Déjame ser el padre de Rose.

Los sollozos de Hermione se vieron interrumpidos por el sonar de los vidrios rompiéndose de un vaso que se había caído estrepitosamente. Tanto Ron como Hermione se sobresaltaron y ambos miraron a Ana que estaba parada delante de ellos, con la mandíbula desencajada. Antes de que Ron pudiera pronunciar su nombre, ella ya corría en dirección a la habitación de huéspedes.

—¿Qué es lo que ha pasado? — Harry salió de su habitación con sus lentes redondos torcidos. El llanto de James era calmado por su madre, mientras trataba de escuchar que era lo que había provocado tanto alboroto.

Hermione no podía ni hablar. Solo lloraba. Harry entendió que el problema había sido con Ron, que estaba como loco tocando la puerta de huéspedes.

—¡Abre! ¡Por favor!

Harry se acerco lentamente, tratando de no exaltarlo más. Lo tomo por los hombros y lo quito despacio de la puerta. Ron comenzó a llorar.

—¡Soy un idiota! ¡Soy un pendejo egoísta! —Ron se llevo las manos rápidamente al rostro. —¡Me merezco esto y más, merezco su odio!

James estaba quedándose nuevamente dormido, por lo que Ginny aprovechó y salió corriendo de la habitación, tomo a Ron de los brazos y lo llevo a su cuarto. Harry entendió que Ginny quería hablar a solas con él y les cerró la puerta.

—Hermione, sé que has pasado por emociones muy fuertes en menos de 24 horas, pero te pido por favor que me cuentes que paso. —Harry espero a que Hermione se serenara un poco. Los dos amigos fueron a la cocina, en donde Harry le preparo un té y ambos comenzaron a platicar.


Dolor. Decepción. Realidad.

Sentía dolor por el simple hecho de que Ron le mintiera. ¿Cómo pudo haber sido tan idiota como para no darse cuenta? Ellos era pareja. Si, de eso estaba segura. ¿En qué momento, Ron le diría la verdad? Hasta hace un momento estuvieron juntos, y ni siquiera comento un mínimo detalle. Había escuchado todo. Escucho sobre un momento entre ellos dos… bien, ahora también él le había sido infiel… Bien, el simple hecho le causa decepción. Ella se sentía segura con él, sin embargo, el la traiciono. Sus lagrimas no cesaban, por más que su orgullo le decía que la realidad era así, su corazón y su mente estaban totalmente desubicados y en shock… ¿Cómo pudo siquiera hacerme eso? Ana se encaminó al baño y se miró en el espejo. A quien quiero engañar – pensó- el nunca me amo, quizá yo jamás lo amé. Esa es la realidad.

—La realidad. —Susurró a su reflejo, que la miraba con lastima. La simple idea de creerse novia de Ron le resultaba graciosa. Sus lágrimas no eran de amor. Sus lágrimas no eran de despecho… sus lágrimas eran porque Ron la traiciono, traiciono su lealtad, la traiciono a ella… un amigo nunca hace eso… A quien engaño, nunca fuimos nada. Caminó nuevamente hacia su cama y se sentó. Se dejó caer en las suaves sábanas y se dispuso a pensar hacia donde tomaría rumbo, ella ya no tenía nada que hacer ahí.