Aproximadamente eran las 3 de la mañana. El sonido lejano de un pero aullando la despertó sobresaltándose un poco. Ese había sido su cuarto sueño consecutivo en lo que va de la semana… y vaya que sueño, con solo imaginárselo, (como le pasaba, a los cinco minutos de despertar, se olvidaba completamente de eso) se ponía colorada de nuevo. Otra vez soñó con él. Su amigo de la infancia, su amigo de la adolescencia y el ex - esposo que ya no ha visto desde hace tres años. Luna Lovegood soñó con Draco Malfoy. Luna Lovegood teniendo una noche romántica, llena de velas, romance, rosas rojas, amor… haciendo el amor. Que Merlín la perdone. Luna se quedo mirando por la ventana, observando más allá de las estrellas que se veían en el cielo, tan obscuro y profundo. Ese cielo que siempre la ponía a reflexionar las cosas. Estaba meditando un poco, hace días que no lo hacía. La rubia extrañaba mucho a sus amigos, los extrañaba en exceso. Después de haber recibido la invitación del pequeño James se dio a la tarea de terminar todos los pendientes posibles, pedir unos días de vacaciones en la escuela de arte donde impartía clases y preparar las maletas para irse de Dublín directo a Londres. No. No podía volver. Después de salir del hospital una tarde hace 3 años, juró no volver a ver a Draco. No. El ya izo su vida y yo ya hice la mía. Pensaba Luna no tan convencida. Uno de sus pequeños la saco de su ensoñación. Luna se levanto al oír su pequeño gritillo y se encamino directamente al cuarto que compartía con su hermano gemelo. Ambos apenas tenían solo 3 mesesitos.

—Ya estoy aquí cariño… no te preocupes. —Luna se acerco lentamente a Lorcan, mientras que Lysander seguía plácidamente dormido. —¿Tienes hambre, corazón?

Mientras su pequeño la miraba encantado por cargarlo y arrullarlo, Luna se encamino hacia la cocina. Preparo una mamila y sentándose ambos en el sillón, mientras le daba de comer, el nene se durmió nuevamente. Luna lo miró. Sin duda era una de las mejores cosas que le habían pasado. Ella había sufrido mucho al enterarse que en el pasado había perdido a su primer hijo. Se quito esos pensamientos. Ahora tenía a dos diablillos, la vida la recompenso al doble. Recordó a Rolf. Su matrimonio solo duro dos años. Luna sonrió, ahora eran muy buenos amigos y no habían tenido ningún problema después. La rubia dejaba que viera a los niños cuantas veces quisiera, incluso asistió a su nueva boda, ya que él se había casado recientemente. Lorcan ronco levemente. Dios, así roncaba Ron… ¡Mierda! —Pensó Luna— ¿Cómo estará Ron? ¿S recuperó del todo? ¡Qué clase de mejor amiga era? Luna se levantó para ir a dejar lentamente a su bebe en la cuna, al regresar a su recamara, comenzó a alistar las maletas. Definitivamente, a primera hora (Que era aproximadamente en tres horas) se irá a Londres.


—¿Ya van a llegar? ¡Tengan mucho cuidado!—Era la tercera vez que Pansy marcaba. Estaban en pleno papeleo del divorcio, aunque ambos seguían en contacto, sobre todo por Scorpius.

—Si…—Draco sonaba claramente irritado —Nos faltan a lo mucho 20 millas.

—¿Scorpius está dormido? ¿Está bien? ¿Le volvieron a salir las ronchitas?

—Si… —PERO QUE MUJER MÁS ESTRESANTE —Ya van como 1000 veces que me preguntas lo mismo. Entiendo que es la primera vez que te despegas de él, pero estarán todos y me ayudaran a cuidarlo… además soy su padre, carajo.

—Ok, ok. Está bien. Solo no olvides ponerle esa crema hidratante en la mañana y en la noche, eso le previene las molestas ronchitas que le dan esa comezón tan estresante —como tú, no pudo evitar pensarlo. —Cuídalo, Draco.

—Salúdame a Eric.

—Lo haré. —Pansy detectó el sarcasmo de Draco —Nos vemos en dos días.

Draco colgó el teléfono sin más, estaba a punto de explotar. Si Pansy no se callaba en los próximos 3 segundos, echaría el celular por la ventana. No, espera Draco, espera. Tranquilo. Tenía ya que dejarlo ir. Esos pensamientos se estaban yendo por un rumbo extraño, muy extraño. Si tan solo ella no lo hubiera engañado todo sería diferente. ¿Qué yo no tenía tiempo para ella? Imposible. Eso no es ninguna justificación para el gran daño que le provoco a él y a su pequeño Scorpius. Draco era Abogado. Después de casarse con Pansy, decidió terminar sus estudios truncos, para así tener su titulo. Pansy siguió en su trabajo de enfermera, es donde sus turnos siempre eran de 8 de la noche a 8 de la mañana. Muy y apenas podían verse en un rato, para poder pelear, gritarse y dormir. Hubo una temporada que se dieron unos días de descanso y se fueron a pasar navidades con la familia de Pansy. Semanas después se dieron cuenta que la morena estaba embarazada. Todo fue alegría y felicidad. Al nacer Scorpius, Draco decidió hacer más horas extras en el despacho donde trabajaba, sin duda quería que a su hijo no le faltara nada y estuviera en los colegios más exclusivos del oeste de Surrey. Pansy por su lado, decidió dejar de trabajar una temporada para dedicarse al tiempo completo a su pequeño.

Un día, Draco ya estaba cansado de la situación. Opto por dejar a un lado tanto trabajo y dedicarse a su familia. Ya se había restablecido económicamente y se habían cambiado a una casa mucho más grande, en un barrio con más influencias. Llegó temprano a su casa para invitar a su esposa a cenar, ya que ese día cumplían apenas un año de matrimonio. Su sorpresa fue encontrar al famoso cirujano plástico Eric Floyd con el que trabajaba Pansy los fines de semana semidesnudo en la sala de su casa. Al recordar ese momento, Draco siente una furia corriendo por su piel. Es cierto que desde que nació Scorpius ya no habían tenido intimidad, pero eso no es justificante para tal acción. Actualmente ella todavía mantiene una relación con él.

—¿Papi? —Scorpius miró a su papá, quien estaba mirando pensativamente la lluviosa carretera.

—¿Tienes hambre, hijo? —Eran copias idénticas. Tanto los ojos, como el cabello eran iguales. Draco sonrió, ya que hasta las mismas muecas hacían. Ante la respuesta afirmativa del niño, Draco se detuvo. Se bajo del auto y se fue directo a la cajuela, donde tenía la bolsa con todas las papillas hechas por Pansy. Sacó la favorita de Scorpius, la de brócoli. Por alguna extraña razón, el color verde siempre le gustaba.


—¡ANA! ¡POR FAVOR, ABRE LA PUERTA! ¡ANA!

Harry, Ginny y Hermione seguían dando vueltas en la sala. Ellos estaban en la planta baja, mientras que Ron seguía esperando que Ana le contestara. Harry estaba a punto de llegar a la cutícula de sus uñas, no paraba de mordérselas, mientras que la pelirroja movía su pie continuamente hacia arriba y hacia abajo, como un tic. Ginny llevó a James a dormir junto con Rose, alejados del cuarto de huéspedes, donde no podían escuchar todo el alboroto.

—Tengo que ver qué es lo que pasa. —Ginny se paró decidida. Su hermano seguía llorando, golpeando la puerta de la habitación.

—Espera, Ginny. —Hermione no había parado de llorar, por lo que tenía los ojos hinchados —Tienen que… arreglar esto. Lamentablemente yo tampoco puedo hacer nada… solo ellos.

Ginny con tristeza asintió, no tenía otra alternativa. Harry la abrazó por detrás para poder tranquilizarla un poco y se dispusieron a esperar. Escuchando de fondo los golpes de Ron hacia la puerta, que amenazaba con tumbar y los pequeños sollozos de Hermione.


Esos taxistas son unos completos idiotas. Luna llevaba media hora esperando alguno. El servicio del aeropuerto no tenia disponibles, por lo que camino un poco hacia la carretera, esperando encontrar suerte. Unos señores le ayudaron con su equipaje, ya que ella mantenía las manos ocupadas con la carriola en donde sus bebes estaban plácidamente dormidos, ajenos a la situación. Los trabajadores esperaron con ella un momento, hasta que apareciera un taxi, pero como tenían más trabajo que hacer se disculparon y se fueron.

—Taxistas… quisiera ser taxista.

Bueno… la culpa no es completamente de los taxistas. De hecho, ni un carro había pasado por ahí en los últimos 10 minutos. Luna miró el reloj. Las 9 de la mañana. Su vuelo solo duro hora y media. Volteó nuevamente a la carretera. A lo lejos pudo distinguir un carro. Genial. Poco a poco se iba a acercando. Cuando estaba más y más cerca, Luna notó que no era un taxi. ¡Qué diantre! Le diría que la llevara más cerca de la ciudad. Luna comenzó a hacer movimientos un poco extraños para poder llamar la atención del auto.

—¡Por aquí! ¡Por aquí!

Si la gente la viera en esos momentos, diría que Luna Lovegood estaba haciendo rutinas de ejercicio. Pero al parecer esas rutinas funcionaron, ya que el auto se detuvo. Luna sonrió para sus adentros, lamentablemente el parabrisas era muy obscuro, por lo que no podía distinguir quien venía, si era hombre o mujer… o un psicópata. Luna acercó un poco más su equipaje, ya que estaba decidida a irse de una vez por todas de ahí. La puerta del auto se abrió y el alma de Luna Lovegood se volvió a subir al avión del que había bajado y tomó un rumbo desconocido.

—No puede ser. —Dijo casi en susurro, totalmente abrumada —Draco.


—No me iré de aquí hasta que hables conmigo y lo sabes bien, Ana.

Ana seguía arreglando sus maletas. Se iría de nuevo a Portugal. ¿Estaba siendo muy dura con Ron? Ana se sentó un momento en la cama. Sabía que Ron no se iría de ahí hasta que hablara con él. Frunció el seño. Ana se acerco a la puerta y la abrió. Ron casi se va de bruces, ya que tenia la frente recargada en la puerta. Ana rio un poco, pero al recordar que estaba muy dolida con Ron, se le olvido.

—Bien. ¿Qué quieres decirme?

Ron no creía que Ana le abriera la puerta. De hecho Ron ya había imaginado que ella había abierto la ventana y huyó despavorida.

—Quiero pedirte disculpas, pedirte… decirte que soy un idiota al no poder valorarte. —Ron la miró directamente a los ojos. —Y antes de que hables… —Ron levantó ambas manos, ya que Ana quería debatirle —Te quiero contar lo que paso tres años atrás. Por favor.


—¿Qué es lo que está pasando? Demonios, Ginny. Ya me he vuelto tan chismoso como tú.

Ginny iba arriba abajo, histérica por saber que había ocurrido. Al momento de que Harry dijo ese comentario, lo fulminó con la mirada.

—Créeme que si supiera no estuviera aquí, Potter.

Hermione estaba sentada en un sillón alejada de ellos, imaginando 1000 situaciones diferentes que estén ocurriendo en la habitación de arriba. Tal vez le esté haciendo el amor en estos momentos, o quizá Ron este poniendo en orden sus sentimientos y estén arreglando las cosas… diantre. Esto la esta carcomiendo poco a poco, su mente trabaja a millón.

—Creo que… creo que… —Ginny tenía una gran lucha interna —¡IRÉ!

—¡NO! —Harry se levantó enseguida. —Tienes que darle su espacio… tal vez y…

—Hay que dejarlos solos. —Un murmullo que parecía que venía de afuera de la casa resurgió de pronto. Era Hermione, que tomó valor y se levantó de pronto. —Las cosas se tienen que arreglar entre ellos primero, ya después, lo sabremos.

Tanto Harry como Ginny asintieron. Por un lado veían a la castaña un poco preocupados, estaba muy callada y se notaba que tenía el ánimo por los suelos.

—¿Quieres un té, Hermione? —Ginny se sentó junto a ella. Le tomo ambas manos, estaba preocupada por ella.

—No, gracias. Iré a ver como esta Rosie.

Hermione se encaminó a ver a los niños, que dormían en la única habitación que estaba en la planta baja, así estaría un poco lejos de Ron. Necesitaba aclarar un poco la mente. Tal vez si debió aceptar ese té que Ginny le ofreció.


—Y… bueno, Lavender lamentablemente no pudo salvarse… ni mi hijo tampoco. Bueno, aunque después me enteré que no era mío. Me fracture como 7 partes del cuerpo. Cuando salí del hospital, me fui con Ginny y Harry a China, ahí me internaron en una clínica de rehabilitación. Lo demás es historia. —Ron terminó todo el relato. Al parecer llevaban ahí más de media hora platicando sin parar. Ana solo se asombraba cada vez más, sin pensar en lo que Ron había vivido. Ella si sabia unas cosas, pero en si… completamente todo, no.

—Bueno… creo que sabes cuál es mi opinión.

Ron palideció.

—Siendo sincero… no tengo idea.

Ana sonrió. Ese era Ron. El despistado Ron. Simplemente era un amigo más para ella. Fue un capitulo muy bello en su vida. —Mi opinión es que… quiero que seas feliz. Que luches por tu felicidad y que no permitas que nadie te la quite. No les des esa satisfacción, Ron.

Ron se paró de la cama y la abrazó. —Gracias, gracias por darme esos tres años contigo.

—Me los debes, Weasley. ¿Eh?

Ambos rieron y siguieron abrazados. Disfrutando de ese confort, como siempre lo habían hecho. Al momento de separarse, Ron entendió que era momento de partir. Ana asintió, entendiéndolo perfectamente. Ron tomó la maleta de Ana y ambos se dispusieron a salir de la habitación.

Ginny y Harry tomaban su tercera taza de café. Hermione había vuelto y estaba tomando su té, helado ya que no lo había tocado desde que regreso de ver a los niños, que estaban durmiendo súpitamente.

—¡He olvidado por completo que mañana es el cumpleaños de James…! —Soltó Ginny de pronto, alarmada por haberse olvidado de eso.

—No te preocupes, cariño. Llevas planeado esto desde hace días… así que está todo listo desde hace seis meses. —Harry estaba quedándose dormido en la mesa de la cocina, a pesar de haber bebido tanto café. —Además, será algo sencillo.

De pronto todos se pusieron alertas, ya que escucharon varias risas viniendo desde el fondo de las escaleras, por lo que Ginny, Harry y Hermione se fueron directo a la sala, esperando ver un mar de golpes y reclamos por todas partes. Tanto Ana como Ron se veían más relajados, por lo que el corazón de Hermione comenzó a latir con una fuerza inexplicable. Se veían tan… ¿Felices?

—¿Ron, están bien? —Ginny sonaba preocupada también, al parecer por lo mismo que pensaba Hermione. —¿Qué ocurre? ¿Y esa maleta?

Oh dios mío. La maleta. Ron se irá con ella.

Hermione comenzó a llorar en silencio, mientras sentía que estaba a punto de desmayarse. Había perdido a Ron para siempre.

—No llores más, Hermione. Ningún hombre, por más que lo ames, merece ninguna de tus lágrimas. —Ana le dijo eso con todo el dolor de su corazón, aunque Ron estuviera delante de ellas. Peo era la verdad, ella ya no tenía que sufrir más. Y Ana se fue, dejando a Ron plantado delante de Hermione, que lo miraba expectante.

—Lo sé. —No, no lo sabe. Ella no tenía ni una idea de lo que sentía por él. ¿Ron vale la pena? ¿Vale la pena estar derramando lágrimas? Si. Merece cada lágrima salada que corre por sus mejillas. Él mismo se lo había ganado, ganado ese lugar en su alma, de donde nacen esas gotitas de sentimientos, que llevan guardadas dolor y un profundo amor hacia ese hombre. Lo amaba con todo su corazón, con todo su cuerpo y con toda su mente. Hermione cerró los ojos y se liberó totalmente, llorando sin poder contenerse. Lloraba porque lo amaba, porque ella sabía que su vida no está completa sin él. Definitivamente, cada lágrima llevaba un beso de Ronald, besándola, amándola y haciendo que su alma se cure poco a poco.

—¿Qué más da? —Dijo de pronto, Hermione —Eres el amor de mi vida.

La mirada de Ron volvió a tener luz. Sonrió a pesar del llanto, se quiso acercar lentamente a Hermione, pero ella retrocedió.

—Eres el amor de mi vida. —Repitió —Pero en estos momentos, tu amor me lastima. Duele amarte así… pero lo que más me duele es que no luches por mí.

Ron se quedó petrificado. ¿Qué es lo que tenía que hacer en esos momentos? —Basta de huir—Una voz a sus adentros retumbo en su cabeza. No. No huiría de sus sentimientos esta vez. Un impulso surgió de pronto, no sabe cómo, no sabe porqué. Se acerco a ella, la tomo con fuerza ya que quería retroceder nuevamente, pero esta vez no lo permitió. La beso como nunca lo había hecho, pero lo hizo como siempre lo había imaginado. La tomó con fuerza de los brazos apretándola más con él y el mundo de ambos completamente desapareció, tornándose utópico, donde ese beso resulto ser un antídoto para esa horrible sensación que estaba desapareciendo y convirtiéndose en algo profundamente perfecto.