Al llegar a la puerta escucho un leve sonido, música de fondo muy, muy lenta. Al instante en que Hermione abrió la puerta, su estómago comenzó a dar vueltas por el nerviosismo. Cerró los ojos ya que no sabía lo que vería a continuación. Respiro. Abrió los ojos rápidamente y se quedó helada al verlo. Su cabello brillaba radiantemente gracias a las velas que decoraban el lugar, parecía arder frente a ella, incitándola a tocarlo. Abrió la boca embelesada, era todo una locura. Miró su rostro y se enamoró nuevamente de esa sonrisa tan sorprendida como ella, al parecer también había sido una sorpresa para él.

Hola linda.

Ron estaba parado frente a ella, mirándola expectante, mientras que los ojos de Hermione comenzaron a llenarse de lágrimas, al ver que en la alberca estaba escrito con rosas; ¿Te casarías conmigo?


La obscuridad se adueñaba de Londres. El silencio era muy doloroso, que ni los mismos grillos buscaban salir al exterior. Suspiró tan hondo que sintió que sus pulmones dolieron. La vida era un poco dura, pero a la vez era hermosa. Draco voltio a su derecha y ahí estaba lo mejor de su vida, —Si hubiera conocido a su hermano o hermano— Él hubiera era una palabra muy dolorosa para él. La mayoría de su existir desde hace más de tres años había cambiado de una forma impactante que sacudió su mundo. Pansy había sido para el un salvavidas en su mar, por el cual habían pasado mil huracanes, queriendo dar guerra y no tener piedad.

—S…s…hhe— El pequeño Scorpius balbució un poco, a lo que el rubio sonrió. Cada dolor, cada lagrima, cada sentimiento que hacia desgárralo por dentro… cesaron un poco cuando nació su pequeño.

Draco comenzó a sentirse un poco inquieto. Desde hace 5 minutos había terminado de hablar con Pansy Parkinson, sobre las minis vacaciones que estaba teniendo Scorpius en ese momento. Pansy estaba muy contenta porque el pequeño estaba teniendo contacto con otros niños, que a pesar de que sean un poco más grandes que él, compartían risas y juego. Cosa que en casa no sucedía.

El pequeño Scorpius estaba dormido con su pijama favorita de color verde. Draco sonrió. Hace mucho que no se sentía completo, pero por alguna razón ese mismo día en la tarde el alma le volvió el cuerpo cuando Luna les dijo a todos que se iban a dar una nueva oportunidad. —El tiempo solo decidirá si estamos en lo correcto— ¿Lo es? ¿Esto es correcto?

Toc Toc

Draco salió de su letargo y se levantó de su cama, se asustó un poco ya que era casi media noche. Abrió la puerta y estaba nada más y nada menos que Luna Lovegood.

—¿Puedo entrar? —La mirada de Luna brillaba como tal. Draco la observo y pudo ver en ellos las estrellas. No dijo una palabra. Tomó sus manos, y lentamente se fue acercando a sus labios, que gritaban a los cuatro vientos un te amo.


Definitivamente había muchos ruidos en el exterior, algo tendría que estar pasando en estos momentos sin que ella se diera cuenta. Oh, no. Eso no.

—Querida… — Harry se volteo enseguida al mismo tiempo que su amada, mientras que ella se levantó ágilmente. —Ven a la cama nuevamente…

Hace un momento Luna había acudido con ellos para encargarles a los pequeños Lorcan y Lysander, después de un breve momento de abrazos y júbilos, Luna se marchó en busca de Draco ya que según Luna —Tengo que ayudarlo a dar el siguiente paso, esos hombres son un poco lentos— La pelirroja se acercó a la ventana y notó que Ron esparcía pétalos de rosa y encendía unas velas.

—Ginny…

Ginny cerró las cortinas, que aunque sus adentros quieran ver que tanto hace Ron en el jardín (Y gracias a los constantes regaños de Harry) a regañadientes lo hizo.

—Estoy muy orgulloso de ti, querida — Harry sonrió mientras que Ginny levanto un poco el labio inferior.

—No me parece gracioso, bobo. — La pelirroja cruzo los brazos, enfadada. —¡Necesito ayudarlos!

—¿Es real, Ginny? —Harry la miró incrédulo

—Lo sé, ya se. —Ginny movió las manos hacia Harry como restándole importancia —Dejaré que las cosas tomen el curso que debe ser. Solo es que… está bien, Harry, ya no me mires así

—Yo también me preocupo por ellos, han sufrido mucho. Además, tengo un buen presentimiento a todo esto. Todo saldrá como tiene que salir, y si no es asi, lo que se interponga le brindaremos la cara.

Ginny mirò con ternura a Harry. A pesar de los años ella seguía enamorada de la esencia de aquel niño tan curioso del cual se enamoró. Seguía siendo él y siempre estaría para ella. Harry era su héroe. Se sentía muy afortunada de tenerlo a su lado. Por su parte él, desde que la miró por primera vez, se sorprendió de lo valiente e independiente que era esa pequeña niña rodeada de seis hermanos mayores, y a pesar de ser la menor, ella tomo el rol de mamá para sus hermanos quienes todos vivían en Rumania, a excepción de Ron, que desde un principio no quiso irse con su padre y hermanos. En cambio, de vez en cuando hablaba con ellos vía internet, aunque como ellos se dedicaban a la investigación, se encontraban siempre en excursiones en cualquier continente del planeta.

—Harry ¿Ya viste que estos pequeños son hermosos? —Ginny observaba detenidamente dormir a los pequeños de Luna que abrazaban a Morfeo. —¡Los quiero!

Se escuchó un pequeño ataque de tos detrás de la pelirroja. Harry quien estaba tomando agua se ahogó antes de hablar —¿Qué?

—Me refiero…—Ginny se acercó peligrosamente a Harry—Que me encantaría que nuestra casa este llena de muchos Potters…—Ginny enfundo a Harry en un tierno y largo beso—¿Qué opinas?

Harry quien tenía una sonrisa en medio beso, se alejó un poco y la miró

—¿Qué opinas Harry? —Ginny hizo un ligero puchero, mismo que Harry la volvió a besar

—Opino que… nos estamos tardando, linda — Ginny soltó un pequeño gritito, no sin antes voltear donde estaban los tres pequeños dormidos, tanto los gemelos como James. —Solo que, tendremos que darnos una ducha tranquila en nuestra tina — Harry se levantó y cargo con una facilidad a Ginny quien ya estaba besando apasionadamente el cuello del moreno.


En la mente de la castaña había un show de fuegos artificiales. Aquel hombre en el cual había soñado y había encontrado sin buscarlo, estaba hincado frente a ella. De pronto todos sus más grandes anhelos se habían cristalizado, él era su más grande sueño. Ron, siempre Ron. Su mirada de pronto comenzó a llenarse de lágrimas, esas de felicidad acompañadas con risas nerviosas, ese llanto que es inevitable y a la vez reconfortante. No podía creerlo. Estaba ahí frente a ella, hincado con un hermoso anillo con un zafiro pequeño, era perfecto.

—¿Te quieres casar conmigo? —Ron la miraba expectante. —A partir de hoy, no quiero que te alejes de mi lado. Quiero verte en las mañanas, hacerte el desayuno, jugar con Rosie, tener otros cinco hijos más —Hermione rió—Quiero mi vida contigo, tú me complementas, Hermione Granger. — Desde el primer momento que vio ese anillo, supo lo que tenía que hacer. Ya no había más tiempo que perder, era ahora o nunca.

Hermione se hinco junto a Ron y lo abrazo como si no fuera a soltarlo nunca. Su corazón estaba explotando de emoción. El pelirrojo notó como sus mejillas se humedecían, creía que estaba soñando, pero no. Estaba aquí y ahora, estaba con su chica, estaba con Hermione. Sospechando de que su imaginación le estaba tomando una horrible jugada abrió los ojos lentamente, como si no deseara hacerlo y vio una maraña de cabello castaño, cubriendo la mitad de su rostro y se dio cuenta de que todo esto era real. Lo era. Estaba aquí con ella. Aspiró hondo y si, era real. Era ese aroma que tanto había soñado, el aroma que cada noche lo acompañaba, embriagándolo de dolor por no tenerlo junto a él. Para Ron, la noche se hizo únicamente para llorar en silencio mientras Ana dormía, deseando no despertar nuevamente. Pero ahora todo era diferente. De la nada le surgió una oleada de esperanza, de anhelo por lo que vendrá.

—Aun no me has contestado, Granger

Hermione rio, era verdad, aún no había dicho su respuesta, lo miró directamente a los ojos. —Mi respuesta es Sí, hoy y siempre, sí. Comencemos nuestra historia juntos, a partir de hoy, Ronald Weasley.


—¡Ginny, por Dios! ¡Me estas asfixiando! —Luna se estaba poniendo un tono un poco morado lejos de la normalidad—Creo que no me cierra este vestido…

—Tranquila —Ginny se estaba esforzando con todo su ímpetu— Claro que tiene que cerrar, nos medimos este vestido hace un mes

Luna se sujetó de lo más cercano a ella que era una silla, mientras que su mejor amiga se encontraba jaloneando la parte trasera de su vestido amarillo, estaban listas para el gran día donde serían damas de honor.

—¿Están listas chicas? —Harry se asomó por el lumbral de la puerta, mientras que Ginny volteo hacia él, dejando al descubierto su pequeña pancita de embarazo que comenzaba a brotar.

—En un momento más, estaremos listas, solo que tenemos… problemas técnicos —Luna se sonrojo un poco—¿Ron está listo?

—Eso… —Harry palideció de pronto —De eso es lo que quería hablarte.


Hermione sonreía al espejo. Estaba muy feliz, ese era su día. El estrés y las peleas con Ron acerca de su boda habían quedado atrás, ya que los últimos días estaban tan estresados que ni siquiera se habían tocado el uno al otro. Pelea tras pelea vivieron los últimos cuatro meses, en donde comenzaron a planear su boda. Ambos querían algo sencillo en donde únicamente estuvieran presentes sus amigos más cercanos, dejando a un lado invitados indeseables. Por su parte, Ron no quería invitar a su papa y hermanos, dado a que ellos se la pasaban viajando, y se tomaban muy enserio la investigación. Hermione en cambio, trataba de convencer a Ron de invitarlos cayendo nuevamente en peleas sin sentido, cargadas del estrés del evento.

—Hoy es el día… —Hermione estaba junto con su costurera, quien estaba dando los últimos toques para su largo vestido. Hermione era huérfana desde pequeña, por lo que vivió con sus abuelos. Desde adolescente decidió vivir sola, por lo cual a pesar de tener contacto con ellos, no los había visto desde hace mucho. Pensó en sus adentros de que pronto iría a visitarlos. No sabía porque de repente había pensado en ellos, pero recordó que la costurera le recordaba a su abuela —No se preocupe, el vestido ya casi está listo. Solo le faltan arreglar unos pequeños toques que harán la diferencia.

Hermione le sonrió y se limpió una pequeña lágrima que brotaba de su mejilla recién maquillada.


—Tienes que tranquilizarte, amigo —Draco se estaba empezando a preocupar. Ron miraba un poco presionado hacia ambas direcciones.

—¿Cómo diantre quieres que me tranquilice? —Ron daba vueltas alrededor del pasillo —El vuelo está retrasado, ¡Una hora!

—Creo que es mejor que le hablemos a Harry, tiene que avisarle a Hermione… —Draco saco su celular pero al instante Ron se lo arrebato —¡Ron!

—¡Claro que no! —Ron comenzó a exasperarse — Harry es capaz de decirle a Ginny, y por consiguiente, Ginny quien no es nada comunicativa le dirá a Hermione —Ron veía todo tan claro, ¿Por qué diantre Draco no lo veía así?

—Ron… la ceremonia comienza en 40 minutos… — El rubio tenía razón y Ron lo sabía —Déjame enviarle un mensaje aunque sea a Luna, para que no…

—Solo... Quiero esperar. ¿Está bien? —Ron lo miro suplicante —Hazlo por mí, ¿Está bien, amigo?

A Draco no le quedo más que otra que asentir. Ron sonrió y lo abrazo.


—¡¿Quieres que me quede tranquila, Potter?! —Harry retrocedió por seguridad, Ginny se acercaba a él de forma peligrosa — ¿Cómo diantre voy a estar tranquila si no sé dónde carajo esta esté cabeza de chorlito?

Luna comenzó a sospechar que Ron y Draco tenían algo entre manos, ya que ninguno de los dos aparecía. La última vez que los vieron, fueron a los dos apresurados a salir por la puerta, literalmente corriendo, según les informo la recepcionista del hotel donde iba a hacer la boda de Ron y Hermione.

—A lo que Harry se refiere, es que… —Luna se acercó a su mejor amiga quien tenía a Harry por el moño de su elegante smoking negro— Que tienes que tranquilizarte por él bebe, recuerda que estos primeros meses son importantes para el reposo.

Ginny comenzó a llorar desconsolada, Harry la tomo inmediatamente y la rodeo con sus brazos. —¡Soy un manojo de hormonas! —Harry sonrió y le beso la frente. —¿Dónde se abran metido?


—¿Estas lista, Rosie?

La pequeña Rose Weasley como ahora ya decía su acta de nacimiento, bestia un hermoso vestido amarillo con corte princesa, zapatitos color planta, una hermosa diadema con pequeños girasoles y en sus manos pétalos con flores blancas.

—Lista —Rosie ya hablaba mejor que antes, sus palabras ya no se arrastraban y tenía un vocabulario más amplio, incluidos el Diantre, Hermione o Demonios de su ya conocido padre.

—Muy bien, es hora de llevarte con James, porque recuerda que los dos van a entrar primero y me van a esperar enfrente junto con tía Ginny y tío Harry, ¿De acuerdo señorita?

—De acuerdo, mami.

Ambas se sonrieron. Hermione se agacho y quedando a su altura, se fundieron en un abrazo confortante y lleno de emoción.

—¿Hermione? —Luna se asomó por el lumbral de la puerta. —¿Estas lista?

La castaña se levantó y tomo de la mano a Rosie. Asintió y caminaron directo hacia el jardín trasero, que ya estaban listos para comenzar la ceremonia.


—¿Te sientes un poco extraña por estar en la boda de tu ex novio? —Neville se acercó al oído de Ana, quien miraba emocionada como Hermione se encontraba al pie de un arco lleno de distintas flores de colores que parecían infinitos.

—Hey —Ana le dio un pequeño manotazo a Neville —Te recuerdo que soy tu prometida —Le mostro la palma de su mano, luciendo un anillo —Así es que, debes de tratarme con mesura.

—Estoy bromeando —Neville regresó su mirada al frente —Solo que no veo a Ron por ningún lado, se supone que debe de estar frente al altar junto con Harry ¿No?

—Lo sè… —Ana observo como Harry se estaba comiendo las uñas— No sé qué pueda estar pasando, yo…

El sonido del móvil los distrajo de sus pensamientos. La mayoría de los pocos invitados que estaban presentes voltearon al unísono. Ana sonrió disimuladamente, tratando de disculparse por lo que se movió un poco para hablar con tranquilidad.

—En un momento regreso, cariño — Ana mirò la pantalla, era un número desconocido. —No se quien pueda ser.

—No tardes — Neville le dio un beso en la mano, mientras que Ana se marchó, sintiendo un ligero presentimiento.


Hermione miro desesperada a Harry. Con los ojos pudo enviarle un mensaje casi al instante, mismo que Harry contesto encogiendo los hombros, dándole a entender que el estaba igual de consternado que ella.

—Tranquila —Luna, la tomo del brazo. —Solo han pasado diez minutos. Probablemente a Ron le dio diarrea. —Hermione soltó el aire que tenía contenido. Es cierto, pudo haber sucedido cualquier cosa, no exactamente el hecho de que haya huido para siempre…

Veinte minutos.

Ginny ya no se encontraba de pie junto a Harry. Se había sentado un poco ya que el aire le faltaba y sus piernas se habían comenzado a hinchar un poco. Luna cada tanto tranquilizaba a Hermione pero así como ella lo sospechaba, Hermione ya no se encontraba bien.

—Tranquila, Hermione… —

—Luna Lovegood. Si vuelves a pedirme que me tranquilice, juro que te golpeare. — Hermione perdió sus estribos a lo que Luna se limitó a sonreír. —Oh… Luna… perdón solo que…

—Hermione, no pasa nada. Probablemente son las malas energías que circulan en este momento por tu aura. No dejes que lo negativo nuble tu juicio.

La castaña ya no podía esperar más. El juez ya se había acercado con ella, cuestionándole si todo estaba bien, a los que solo se limitó a contestarle un Sí, señor.

Neville volteo por enésima vez tratando de ubicar donde se encontraba Ana, por lo que no logró su objetivo. Sin más se levantó y emprendió su búsqueda.

De pronto la tranquilidad fue invadida por un gran estruendo. Ya que el coche de Neville había chocado al nuevo auto de Harry.

—¿Pero, qué?

Harry corrió hacia su coche, al mismo tiempo en que Ron, Draco y Ana salían corriendo del coche de Neville

—¡Estoy, aquí! ¡Llegue!

Ron corría a una velocidad importante, mientras que Hermione lo miraba con la boca abierta.

—¡Papi! —Rosie quien se había quedado dormida en una silla, se levantó por el estruendo, gritando tan fuerte que Ron al verla, le sonrió.

—¿En dónde te habías, metido, Ronald Weasley? —Hermione aventó su ramo, y se sujetó el vestido para poder caminar directo hacia su novio quien la miraba sorprendido —¿Acaso te volviste loco? —Hermione bufaba cerca del rostro de Ron, quien seguía viéndolo embelesado

—Estás… hermosa.

Hermione lo fulminaba con la mirada. —¿Y crees que esto es gracioso?

—Podemos explicarlo, Hermione —El peinado de Ana ya se encontraba fuera de lugar y sus zapatos altos ya no estaban en su sitio.

—¿Ana? —Neville lo miraba extrañado

—¿Draco? —Luna salió de su trance, ¿Qué estaba pasando?

—¡Mi auto! —Harry se llevó ambas manos a su cabello alborotado, incrédulo por la situación

—¡A un lado! — Ginny tenía la cara desencajada. —¡Quiero saber que sucedió, ahora!

—¿Hermione? ¿Querida?

El semblante de la castaña cambio en un segundo, ¿Era posible qué?

—¿Abuela? —Hermione mirò atónita a sus abuelos, quienes tardaron un poco del auto de Neville, un poco asustados por el accidente pero venían hacia Hermione con los brazos abiertos. —¡Abuelos!

Se fundieron en un eterno abrazo, lleno de lágrimas, recuerdos y grandes memorias que estallaron dentro de Hermione.

Todos observaban con ternura aquella imagen, mientras que Ana abrazaba por detrás a Ron, quien orgulloso miraba como su objetivo había sido alcanzado.


La boda ya había terminado, todos los invitados se habían retirado y los abuelos de Hermione después de haber conocido y jugado con Rose, le pidió a Hermione permiso para que la pequeña se quedara a dormir con ellos, cosa que les encanto a ambas y gustosa acepto. Eran las 5 am y Harry, Ginny, Luna, Draco, Ana, Neville, Ron y Hermione se encontraban en círculo frente a una fogata, esperando el amanecer. Estuvieron toda la noche riendo y recordando todos los momentos que habían pasado juntos, platicando sus anécdotas y esperando ahora la boda de Ana y Neville que se iba a celebrar en China, con una ceremonia tradicional.

—Espero que todos ya estén listos, ¿Cierto?

—Claro que si Ana, ahora solo nos queda esperar la fecha. —Ginny estaba cubierta con el saco de Harry quien seguía platicando animadamente con Neville. —Falta muy poco.

—Solo nos quedan pocos detalles que afinar, pero después de esta boda tan épica, creo que me tengo que esmerar un poco más —Todos rieron, felices recordando desde el comienzo de la ceremonia hasta el final donde todos bailaron las canciones más pegajosas del momento. —Aún no puedo creer toda la odisea que vivimos, ¿Cierto, Ron?

El pelirrojo quien tenía a Hermione acostada en sus piernas asintió. En eso ella se levantó.

—¿En qué momento tramaste todo esto, Ronald?

—Lo que pasa —Ron se acomodó en su lugar. —Fue que hable con tus abuelos desde hace 3 semanas, solo que quería hacerte esta sorpresa. Pensé en Draco porque sabía que no le diría nada a nadie —Ron voltio con Draco, pero estaba un poco ocupado observado embelesado a Luna —Mientras que Harry —El pelirrojo lo señalo —Sabia que comentaría todo con la santa inquisidora. —Ginny sonrió para sus adentros.

—Eso dolió, Ron —Harry fingía estar ofendido pero sabía que era real —Además yo tenía que estar aquí tratando de que Hermione no huyera ¿Cierto?

—Eso es cierto, hermano. Te necesitaba aquí. —Harry y Ron se miraron, solo ellos sabían cómo decirse todo con solo verse. —Ya cuando vi a tus abuelos, Hermione —beso su frente— después de una hora de retrasó de su vuelo, nos subimos al auto de Draco que más delante se le poncho una llanta.

—Aquí es donde entras tú —Neville abrazó a Ana —Nunca lo hubiera pensado.

—¡Ni yo! El teléfono no era conocido por lo que estuve a punto de no contestar, solo que supuse que era una emergencia porque no paraba de sonar.

—El abuelo de Hermione nos prestó su móvil, ya que el mío no tenía carga y Draco sabía que cuando prendiera su teléfono estaría lleno de amenazas de muerte por parte de Ginny.

—Y estaban en lo correcto. —Ginny apunto a Ron —Lamento haberte llamado idiota, hermanito.

—Estas disculpada, enana. —Hermione abrazó a Ron haciendo que este tambaleara un poco, a lo que se aferró a la castaña.

—Gracias por hacer esto por mí, Ron —Hermione se separó de él, sus ojos estaban llenos de lágrimas, de emoción porque eso había convertido su boda aun más especial de lo que ya era. Eso era lo mejor que le pudo haber ocurrido y Ron lo sabía por lo que se dieron un tierno beso, sellando el agradecimiento. —Gracias.

—Solo es el comienzo de nuestra noche de bodas… querida. —Ambos se sonrieron y se fundieron en otro beso, pero ahora más duradero.

—Solo nos quedan pocos detalles que afinar, pero después de esta boda tan épica, creo que me tengo que esperar un poco más —Todos rieron, felices recordando desde el comienzo de la ceremonia hasta el final donde todos bailaron las canciones más pegajosas del momento.

Luna observo el cielo, que se veía muy estrellado en ese momento. Harry dejo de platicar con Draco ya que Ginny anhelaba atención. Draco un tanto agradecido con la pelirroja, volteo con Luna, quien miraba interesada las pocas constelaciones que se veían, dándole paso poco a poco al sol.

—Me gusta la noche. —Luna sonrió hacia el cielo —Me parece que, a pesar de ser obscura y en muchas veces tenebrosa, logra brillar por sus estrellas.

Draco admiro cada segundo la belleza que irradiaba aquella Luna que tenía frente a ella. Tal vez por dentro, él tenía un sol que quemaba las cosas con tan solo quemarlas, pero ella tenía esa misma belleza de brillar con sus características tan suyas. Ambos se miraron un instante, y en silencio se tomaron de la mano, sonriendo con una complicidad que solo ellos entendían.

Ana y Neville se levantaron y al despedirse de todos, se fueron tomados de la mano a descansar. Por su parte, Ginny y Harry hicieron lo mismo, mientras que los demás disfrutaron del maravilloso amanecer que los acompañaba en ese instante.


Hermione se comenzó a desemperezar, había dormido como hacía mucho no lo hacía. Volteo a su derecha y no encontró a su esposo, —Esposo, ¡Es real! —medio adormilada sus ojos se fijaron delante, Ron estaba mirando por la ventana, la mañana llegó de pronto y con ella el recuerdo de todo lo que había sucedido en la fiesta. La castaña rio al recordar a Harry arriba de la mesa.

Ron volteó al escuchar esa risa que lo llenaba de tranquilidad, ahí estaba ella. Y no pudo encontrar otra imagen más sensual que esa. Hermione estaba mirándolo expectante, con una sonrisa enloquecedora, su cabello más alborotado de lo normal. Joder.

—Buenos días— La voz de Ron estaba un poco más ronca de lo normal. — ¿Quieres bajar a desayunar? —Ron tenía hambre, pero podría esperar — ¿O quieres que lo pida a la habitación?

Hermione lo miro nuevamente y agradeció a Merlín para sus adentros. Estaba ahí el, mirándola como si fuera la primera vez.

—Tengo hambre pero… no de comida —Hermione levanto su mano y acaricio lentamente la mejilla del pelirrojo, quien al sentí el contacto de su piel cerró los ojos.

Y de pronto la magia comenzó a fluir. Ron comenzó a sentir un hormigueo que últimamente le parecía muy familiar. Tomó la mano de Hermione y le dio un tierno beso. Se miraron fijamente, y se quedaron segundos, minutos o quizá horas. Podrían hacerlo todo el tiempo y Hermione podría jurar que su canción favorita sonaba de fondo, animándolos a mirarse más tiempo. Ron quiso decir algo pero Hermione le puso un dedo en sus labios. Ella quería seguir estudiando sus ojos, esos ojos tan azules, brillantes como el mar que estaba delante de ellos. ¿Sería posible que esos ojos fueran parte del inmenso mar? Mil veces la castaña se lo preguntaba.

Ron fue bajando lentamente su mano hacia el hombro de Hermione que suspiro al instante. Èl fue bajando lentamente el tirante de su Pijama, y se acercó para besarlo. Hermione tenía unas tremendas ganas de abalanzarse, de quitarle la ropa y hacerle el amor, pero con todas sus fuerzas, se contuvo. Ron por su parte, sentía como su erección crecía, la piel de Hermione tenía algo que lo enloquecía, por lo que no dudo ni un segundo en acariciar el hombro de su amada con la lengua.

—Ron…—Sonó más como suplica —Ron —A Hermione se le puso la mente totalmente en blanco por lo que no dijo más, para el pelirrojo eso impulso más sus estímulos por lo que se abalanzó sin piedad hacia ella. Abandono su hombro y fue directo a sus labios, que le pedían a gritos ser atendidos de forma inmediata por él. Su beso se tornó más salvaje con el paso del tiempo, por lo que sus prendas comenzaron a volar por la habitación. Ron tomo las riendas de ese momento, por lo que Hermione estaba debajo tratando de ganar esa pequeña batalla personal que tenían, de demostrar quién podría dominar a quien. Los gemidos comenzaron a llenar el ambiente, y los besos comenzaron a subir de tono. Ron besaba el cuello de la castaña con una habilidad inexplicable, y no solo con eso, comenzó a bajar lentamente por sus pechos, deteniéndose deliciosamente en esa área, logrando que el cuerpo de Hermione se arqueara de sobremanera.

—Ron… Por… Favor… —Hermione se comenzó a sonrojar y eso a Ron le encantaba. El pelirrojo no dudo más y comenzó su ardua tarea recorriendo cada poro de aquella mujer que lo enloquecía de sobremanera, y no solo en la intimidad, sino también por su forma de ser, tan especial y tan único que solo ella poseía. Uso un poco su lengua para bajar desde su abdomen hasta el comienzo de su zona pélvica. Comenzó a dar pequeños besos, comenzando a rodear esa parte tan anhelada por Hermione. Ron se acomodó un poco más debajo del pequeño cuerpo de ella, tomando fijamente sus muslos, y sin más comenzó a lamer aquel elixir que deseaba beber toda su vida. Rodeado del vaivén de sus piernas, Hermione comenzó a ver las estrellas en esa mañana. Cerró los ojos fuertemente y agarro ferozmente las sábanas blancas que estaban debajo de ella. Para Ron ese era un espectáculo que lo encendía de sobremanera, él estaba logrando que ella llegara a ese éxtasis, solo él estaba logrando eso.

—Te amo, Hermione —Ron con gran habilidad, se levantó y la tomo por la cintura, y en menos de una milésima de segundo, la volteo para penetrarla fuertemente, quedando unidos en ese momento tan placentero y tan íntimo en el cual la mente, el cuerpo y el alma se conectaban en una perfecta sintonía. Hermione ahogo un grito, mientras que Ron gruño por lo bajo. En ese momento ya no tenían control de nada, cada embestida era un gemido al unísono que parecía una melodía para sus oídos. El movimiento de ambos estaba totalmente pactado para que encajara a la perfección.

—Ya… casi… —Hermione jadeaba —Ron…

—Di mi… nombre… —La voz de Ron sonaba extraña, pero eso excitó aun más a Hermione

—Ron… Ron… —El pelirrojo tomo del pelo a la castaña, haciendo que su cabeza se moviera ligeramente hacia atrás.

Ambos llegaron al final de esa montaña rusa, que les había dado mil vueltas, con sus subidas y bajadas. Sintieron como toda su energía se contenía y al segundo, explotaba en cada poro de sus cuerpos. Es ahí donde querían estar.

Ron y Hermione se desplomaron sobre aquella cama tan blanca como la nieve, tomados de la mano, jadeando por la falta de aire que había en la habitación. Se miraron y sonrieron. Definitivamente, aquella parte, de estar mirándose como en ese momento, era su parte favorita. Ese pequeño momento, después del acto más profundo y personal del amor. Ese pequeño instante en donde solo se comparten mutuamente en silencio. Ambos sabían que aunque si la pared más ancha o alta se interpusiera, sabían que ellos estarían ahí, esperando el uno al otro, luchando por ese sentimiento que desde el comienzo floreció, desde el amor más puro hasta llegar a su pasión desenfrenada.