¡Hola! Este es mi primer fanfic y todavía estoy aprendiendo a manejarme en la página. Agradezco si alguien lee y tiene algún comentario, tanto positivo como negativo. ¡Espero que disfruten la lectura!

Daga

peor día de James Potter

Le había costado conciliar el sueño. Al otro día se jugaba la final de Quiddich, y aunque estaba confiado, porque su equipo nunca había volado mejor, se sentía muy nervioso.

Cuando sólo llevaba unos minutos durmiendo, o eso sintió James, lo despertó un fuerte ruido e inmediatamente supo que algo estaba mal. Se incorporó y se puso rápido los anteojos. Un gruñido a izquierda le indicó que Sirius Black también se había sobresaltado. Por un lado, se escuchaba una lechuza golpeando insistentemente contra el vidrio de la ventana, con una carta atada en la pata. A James no le pasó desapercibido que el cielo recién comenzaba a aclarar, era lo suficientemente temprano para estar amaneciendo. Le pareció que el ruido no era tan fuerte para haberlo sobresaltado, y mientras analizaba eso y buscaba energía para levantarse, volvió a escuchar el ruido que sí lo había despertado: alguien golpeaba con insistencia la puerta del dormitorio.

-¿Potter?-Se escuchó la voz de la profesora McGonagall.

Remus Lupin, que dormía en la cama más cercana a la puerta, se levantó de un salto al escuchar esa voz. Se acercó en dos zancadas a la puerta y la abrió, no sin antes mirar furtivamente hacia las camas de James y Sirius, preguntándose qué travesura habían hecho para que la profesora fuera a esas horas a buscarlos.

-Buen día. Disculpen el horario, pero…-La profesora entró rápidamente. Vestía una túnica negra pero la falta de su habitual rodete le hizo suponer a James que hacía poco que la mujer se había levantado.

Peter Pettigrew, en la cama frente a James, se tapó más con sus sábanas, con vergüenza y miedo frente a esa presencia. La profesora, sin embargo, se acercó a las camas de Sirius y James.

-Señor Black, cuando pueda tome la lechuza-Le dijo la profesora con firmeza. Sirius, con expresión de profunda perplejidad en la cara, intercambió una mirada de desconfianza con James, pero le hizo caso.

Al acercarse a la lechuza, Sirius no pudo evitar notar que la reconocía: era Pipper, la lechuza de los Potter, la familia de James. Algo en eso y la presencia de McGonagall lo hizo ponerse súbitamente alerta. Con la carta en la mano sin abrir y casi sin darse cuenta, se sentó en la cama de James, que se corrió apenas para hacerle un espacio.

-Señor Potter, debo comunicarle algo.-Dijo McGonagall. Su tono era tranquilo, y sin embargo, verla ahí, a esas horas, con ese tono que intentaba claramente ser amable, hizo que a James se le erizara el cabello, pero siguió mirando a la profesora sin responder.-Realmente siento tener que hacer, pero sé que si se entera por otro medio, sería peor…

-¿Qué pasó?-Preguntó James, sintiendo de repente un nudo en el estómago.

-Su padre ha fallecido-Dijo McGonagall, estirando un brazo para tocarle el hombro en señal de acompañamiento.-Lo siento mucho.

James sintió las palabras entrar en sus oídos y tardó un rato en asimilar lo que la profesora decía. Sintió que su mundo se venía abajo, mientras era apenas consciente del brazo de Sirius, que se había cerrado en sus hombros con fuerza, intentando abrazarlo. No pudo devolverle el abrazo. Se quedó ahí, en silencio, con la mirada fija en la profesora, que ahora le dejaba un momento para asimilarlo.

Remus y Peter se pusieron de pie de un salto, acercándose a él. McGonagall seguía hablando, pero él no podía escucharla, sentía un zumbido en sus oídos.

James sintió el cuerpo de Sirius temblar entre sollozos y fue entonces demasiado para él. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin que pueda impedirlo, y se mordió tanto los labios para no gritar que comenzó a sentir el sabor de su propia sangre. Sentía los brazos de Remus y Peter, que ahora intentaban abrazarlo también, pero él no podía moverse.

Le dolía el corazón, literalmente sentía una quemazón extenderse por su pecho. James siempre había tenido una relación excelente con su padre. Hijo único de un matrimonio adulto que había tardado en años en lograr su embarazo, James había crecido profundamente adorado y mimado por sus padres.

-… porque el funeral será a la noche, pero el director les dará permiso para que se marchen ya mismo.-Estaba diciendo McGonagall.-Te buscaré un suplente para el partido de hoy, quizás Stevens…

-No.-Dijo James bruscamente, con la voz congestionada. Se limpió la cara con la manga de su pijama. Sirius, todavía con un brazo alrededor de sus hombros, lo miró con estupor.

-¿No qué, Potter?

-El suplente. Voy a jugar el partido y me voy.-Afirmó con seguridad, todavía con lágrimas en los ojos.-Creo que mamá estará bien unas horas…-Añadió, mirando hacia Sirius.-Necesito… Son un par de horas…

-¿Estás seguro? Es sólo un partido-Insistió McGonagall.

Pero James asintió con la cabeza. Sabía que su madre estaría en esos momentos acompañada, y la idea de que ganar la Copa podría ser un homenaje a su padre no le parecía muy descabellada, ya que era él quién le había inculcado esa pasión e incluso quien le había enseñado a volar. No era sólo un partido, era una final contra Slytherin, y la idea de no jugarlo lo deprimía todavía más, si es que eso era posible, porque nunca en su vida se había sentido tan triste. Su mirada se encontró con la de Sirius, porque era el único en el que ese momento podía imaginar un atisbo del dolor que estaba sintiendo, y éste asintió con la cabeza y al mismo tiempo le entregó la carta que le había sacado a la lechuza.

James alisó el pergamino y reconoció la letra de su madre. Escuchó de lejos a McGonagall despedirse y marcharse del dormitorio, pero no le prestó atención. Mientras leía, sintió que su cama se movía: el resto de los Merodeadores se había sentado también en su cama. Cuando terminó de leer, le entregó la carta a Sirius, que la leyó rápidamente, mientras él doblaba las rodillas y apoyaba la cabeza en ellas.

-Dorea está bien, el tío Alphard se encuentra con ella.-Dijo Sirius mirando a Remus y Peter, sentados a los pies de la cama de James, ya que éste seguía sin hablar.

-Cornamenta, cuando estés listo, iremos contigo, ¿lo sabes verdad?-Murmuró Remus. James no sacó la cabeza, todavía abrazado a sí mismo, pero hizo el gesto de asentir, dándole a entender que lo estaba escuchando.-Vamos a acompañarte.

-Tendremos todo listo para salir inmediatamente después del partido-Aseguró Sirius. Le costaba esfuerzo tomar la delantera, porque había pasado todo el verano viviendo en la Mansión de los Potter, pero no podía caer, era momento de sostener a su mejor amigo.

Las horas que siguieron no fueron muy diferentes. James seguía en silencio, sentado en su cama. Cada tanto, una súbita explosión de llanto lo volvía a sacudir, y sus amigos estaban con él, abrazándolo. Remus bajó a buscar comida para desayunar y la llevó al dormitorio, donde hasta James, que sentía el estómago cerrado, se animó a comer un poco.

Sirius no se separó de James hasta que llegaron al vestuario del campo de Quiddich, envueltos en la capa invisible porque el moreno no sentía humor para hablar con nadie. No tenía deseos de dar explicaciones. Allí lo despidió con un breve abrazo, donde ya había llegado una nerviosa Marlene McKinnon, que abrió la boca para preguntar por el rostro deploraba de su Capitán (que si bien se había recompuesto, todavía tenía la cara hinchada y los ojos rojos), pero Sirius le dijo:

-No le digas nada, y por favor, asegúrate que el resto del equipo tampoco lo haga, confía en mí.

Ella vio la seriedad de sus ojos grises y asintió. Sirius se marchó hacia las gradas satisfecho, y tomó un asiento junto a Remus y Peter.

La multitud de Gryffindor estalló en gritos y aplausos cuando los integrantes de su equipo entraron a la cancha. Sirius, mirando fijo hacia James, creyó que su amigo dentro de todo estaba ocultando su estado bastante bien, porque en ese momento le estaba apretando la mano al capitán de Slytherin con el cuerpo erguido en orgullo propio, o eso le pareció hasta que…

-¿Qué le pasa a Potter?-Preguntó la voz de Lily Evans, detrás de él, gritando por encima del tumulto de la tribuna.

-Nada-Mintió Sirius, volviéndose para Remus con una ceja levantada. ¿Desde cuándo Evans estaba atenta a los movimientos de James? Que el supiera, hacía meses que apenas intercambiaban palabras entre ellos, siempre relacionadas a tareas. James no había vuelto a intentar a hablar con ella en forma amistosa desde aquél incidente de quinto año, donde la pelirroja había sido bastante clara sobre su opinión acerca de él. Sirius no sabía con detalles qué habían hablado esa misma noche en la Sala Común, pero sabía que fue lo suficientemente esclarecedor para que James decidiera rendir sus esfuerzos de conquista sobre ella.

-¿Lo ves? Algo le pasa-Afirmó Lily, acercándose ahora hacia Remus. James acababa de marcar un tanto y no lo había festejado como hacía habitualmente, agitando los brazos hacia su hinchada, sino que simplemente, sin sonreír, volvió a acomodar su escoba en posición para seguir jugando. A Remus le pareció ver un breve intercambio de miradas confundida entre los otros dos cazadores de Gryffindor, y se volvió para mirar por detrás de su hombro a Lily:

-Debe estar concentrado. ¿Pero por qué te preocupa, Lily?

-¿Potter no aprovechando un segundo para alardear, después de esa tremenda jugada? ¡Por favor, debe tener mínimo una enfermedad terminal!-Gritó, con una sonrisa burlona, aunque sus mejillas se sonrojaron.

Ninguno de los Merodeadores respondió, pero ella se quedó ahí, con una mano apoyada en el hombro de Remus, esperando una respuesta. Desafortunadamente, en ese momento James pasó cerca de la tribuna donde estaban y buscó brevemente a sus amigos con la mirada. Sus ojos se encontraron una fracción de segundo con los verdes de Lily, pero fue lo suficiente para que ella notara que estaban colorados y apagados, como si estuviera triste y hubiera llorado, lo cual no coincidía en nada con lo que estaba pasando adentro del campo de juego, donde Gryffindor estaba alejándose de Slytherin rápidamente en el marcador.

-Algo le pasa a Potter.-Repitió la colorada, agitando el hombro de Remus.

-¿Y qué te importa, Evans? ¿Por qué tendríamos que darte alguna explicación, quién sos?-Dijo Sirius con enojo, perdiendo la paciencia, sacándole él mismo la mano que Lily tenía apoyada en Remus-Dejalo a Lunático en paz.

-Sólo creo que si está distraído por algún motivo, no debería…-Intentó justificarse Lily, de repente sintiéndose tonta, porque la realidad era que Sirius tenía razón. James Potter no era su amigo, ella misma se había encargado de eso. Había bajado la voz y se volvió a sentar en su lugar, pero los Merodeadores la oyeron igual porque en ese momento la tribuna de Gryffindor bajó un poco volumen, debido a un nuevo tanto de Slytherin, que comenzaba a recomponerse en el marcador.

-Evans, no finjas que te importa el Quiddich o la maldita concentración de James, sólo viniste por tu amiga-Aseguró Sirius, con profunda hostilidad, señalando a la buscadora de Gryffindor.

El partido siguió disputándose y a medida que pasaban los minutos, se volvía más sucio. A James le sangraba la nariz, producto del hombro de un cazador de Slytherin, que de manera muy deshonesta había intentado tirarlo de la escoba en la última jugada que éste había marcado nuevamente. Madame Hooch marcó penal a su favor, y James se disponía a lanzar cuando, al mismo tiempo, vio con el rabillo del ojo una ráfaga verde que pasaba a su costado, seguido de cerca por una escalata…

-¡Alam!-Gritó James, sin detener el movimiento de su brazo, y lanzando la quaffle de forma hábil, porque no quería alertar a los bateadores de Slytherin, que se habían distraído momentáneamente con el penal, pero necesitaba que el bateador suyo, que estaba cerca de él, reaccionara con rapidez.

Sin embargo, Mathew Lucille fue más rápido: al grito de James se dio vuelta, se acercó a la bludger más cercana y le dio de lleno con su bate, dirigiéndola hacia Regulus Black, el joven buscador de Slytherin, que ya había estirado un brazo hacia la snitch…

Regulus vio la bludger y movió apenas su escoba para esquivarla, pero fue lo suficiente para que Marlene McKinnon tomara la snitch antes que él.

La tribuna de Gryffindor se vino abajo, habían ganado la Copa. Y la felicidad de James duró un segundo, porque ahí, entre los abrazos y los gritos de sus compañeros, sintió una ola de dolor golpearlo desde lo más profundo de su ser. De repente, todos los motivos por los que había decidido jugar se le habían olvidado y necesitaba alejarse ya mismo del tumulto de personas. Pensó que le habría gustado tener la capa invisible, pero se dio cuenta enseguida que en el mar de personas que se había convertido el campo de Quiddich, quizás podría pasar desapercibido…

Comenzó a caminar en el sentido contrario de la gente que venía, sintiendo las lágrimas brotar de sus ojos. Los compañeros que pasaban a su lado lo felicitaban, seguramente creyendo que las lágrimas eran de felicidad, ajenos a lo que pasaba en su interior. Las últimas zancadas hacia el vestuario las hizo corriendo, y sólo cuando estuvo a pocos metros de ella la vio: una chica con cabello colorada estaba de pie junto a la puerta de los vestuarios, con gesto repentinamente preocupado al verlo.

-Estaba esperando a Marlene-Dijo Lily, sintiéndose completamente fuera de lugar al verlo, con la voz surcada de preocupación e incomodidad. James tenía la cara realmente desencajada de dolor e intentó taparse con las manos pero supo que era tarde.-¿Estás bien Potter? ¿Puedo ayudarte con algo?

James negó con la cabeza, pero algo lo hizo detenerse a su lado, dudando. Lily lo miró más de cerca: el rostro habitualmente lindo de James era una mezcla de transpiración, lágrimas y sangre de la nariz todavía rota. Ella sintió que se le revolvía el estómago, viéndolo de repente con la guardia tan baja, tan destrozado…

-Potter, no sé qué pasa, pero seguro todo va a estar bien-Le aseguró, mirándolo a los ojos.

Él no aguantó más y la abrazó. A su lado más racional no le importaba que fuera Lily Evans, lo mismo hubiera sido que fuera lord Voldemort, realmente sentía que su cuerpo se partiría por la mitad de un momento a otro y necesitaba el abrazo de cualquiera. Sin embargo, una voz desde el fondo de su cabeza fue consciente de que de golpe estaba abrazado a Lily Evans, ¡a Lily Evans! La chica que le gustaba desde que tenía doce años, y que últimamente no le hablaba ni siquiera para darle la hora.

James no supo bien cuánto duró el abrazo, pero supo que el abrazo existió, y no le pasó desapercibido cómo ella pasó un brazo por su espalda, acercando su cuerpo, ni cómo parecía encajar perfectamente su cuerpo con el de él, ni que la chica le permitió sollozar en su hombro, ni que tampoco se alejó cuando James acarició su pelo sin darse cuenta de lo que hacía…

-¡Cornamenta!-Se escuchó de golpe, y Sirius, Remus y Peter llegaron corriendo hacia él, agitados por el esfuerzo de correr.

James y Lily se separaron, y sin volver a mirarse, él se dejó arrastrar hacia dentro del vestuario por sus amigos.

Lily se quedó afuera, esperando a su amiga Marlene. Se limpió con un breve hechizo el hombro, que había quedado manchado con la sangre de James Potter, removiéndose con incomodidad al sentir una molestia en el estómago al recordar el agradable calor que había sentido al abrazarlo.