Juegos mortales

Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Una breve probada de la felicidad

—¿Así? —Desde el medallón que levitaba a su lado, Ari asentía para demostrarle que imitaba su posición a la perfección, al sostener a la diminuta ave casi sin plumas. Le agradeció en voz baja, cerró la tapa y se lo volvió a colgar del cuello, manteniéndolo bajo la ropa—. Hola, Fawkes, ho- hey, sin morder. No muerdas- ¡Fawkes! Se supone que eres una criatura de inmensa sabidu- ¡ay!

Sobre su palma extendida, el fénix en su etapa de regreso a la vida desde las cenizas, cerraba el pico sobre su pulgar, balanceándose cuando lo sacudía para que lo soltase.

—Una criatura de inmensa sabiduría te está mordiendo —Neville se inclinó por detrás de él. Acarició la cabeza del pequeño Fawkes con un dedo; el traidor no lo mordió.

—No es divertido...

—Ni siquiera debe morder fuerte, Draco.

—¿Estás de mi lado o del de la bestia? —Su amigo arqueó las cejas y fingió considerarlo. Señaló al fénix.

—Es más bonito, no es mi culpa.

Draco masculló sobre tener amigos traidores, sosteniendo al fénix con cuidado. No se imaginaba las expresiones de Dean, Seamus y Ron cuando lo viesen llegar al dormitorio con una jaula nueva y un fénix dentro.

—Por favor, siéntese, señor Zabini —Ambos se dieron la vuelta cuando la profesora McGonagall (la directora, se tuvo que recordar), tomó el Sombrero Seleccionador y caminó hacia el muchacho, que ocupó el banquillo puesto en el centro de la oficina.

—No pidas Gryffindor —Mencionó Draco, divertido—, ya tenemos bastante con aguantarte fuera para también hacerlo en los cuartos.

Blaise le sacó la lengua cuando la bruja se distrajo. El Sombrero cayó sobre su cabeza, sin cubrirlo tanto como hizo con ellos a los once; era lógico, teniendo en cuenta que la profesora A lo había cambiado para el inicio del quinto año.

Le tomó un momento y un breve intercambio llegar a una conclusión que tendría que haberse imaginado.

—¡Ravenclaw!

La profesora McGonagall le retiró el Sombrero y le dio las instrucciones de acudir a Flitwick, como Jefe de Casa, para que lo acomodase en la tarde que les quedaba libre. Al día siguiente, el expreso traería al resto de los estudiantes a una Hogwarts reforzada.

Cuando Blaise se puso de pie, extendió los brazos a los lados y elevó la barbilla, a la espera de unas felicitaciones. Draco rodó los ojos y negó.

—¿Se lo pediste? —Él asintió—. Pero que no se te olvide que tienes que seguir siendo Slytherin en el fondo para honrar a nuestros padres.

Blaise enseñaba un atisbo de los colmillos al sonreír.

—Mantendré la imagen de malvados magos oscuros a la perfección —Juró, con una reverencia profunda y teatral, que hizo reír a Neville. Él lo vio de reojo, sonriendo cuando Blaise le guiñó. Lo pensó un momento, antes de codear al otro Gryffindor.

—¿Puedes explicarle lo que todavía no sepa del colegio y llevarlo con mi padrino, para que lo acompañe con Flitwick? Se lo prometió a la profesora A —Neville vaciló al escuchar la mención a Snape, por lo que movió al pequeño fénix que tenía entre las manos y utilizó su mejor carta—. Tengo que decirle a Fawkes que no ataque a Salazar y a Salazar que no se coma a nadie este año tampoco, ¿cambiamos de puesto?

—Yo lo ayudo a acomodarse —Agarró el brazo de Blaise, se despidió de la profesora y lo sacó de la oficina. Draco se sentía bastante satisfecho con su plan, no lo disimuló ni siquiera cuando McGonagall le dirigió una mirada conocedora por detrás de las gafas que se ajustaba.

—Señor Malfoy —Él dejó de prestarle atención al fénix. En lugar de salir también, se fijó en la mujer—, sé que siempre fue más cercano al profesor. Albus te tenía mucho afecto. Pero aún puedes pasar por esta oficina si un día sientes que necesitas ayuda.

Draco intentó relajar los hombros tensos para asentir sin forzarse. Agradeció e hizo ademán de retirarse, cuando una idea cruzó su mente y se detuvo. Apretó los labios un instante.

—¿Puedo pedirle un favor, profesora?

La bruja arqueó las cejas, expectante.

0—

—...quédatela —El anciano le restó importancia con un gesto que era tan tosco como el resto de su persona. Prácticamente se arrojó contra el sillón, en vez de sentarse, para servirse un vaso a rebosar de whisky de fuego—. Si el imbécil te la dejó, quédatela. Seguro la cuidarás mejor que él. No sería difícil hacerlo.

Draco le colocó la tapa al medallón de Ari y lo volvió a esconder dentro de su ropa. Otra versión de Ari, intercambiable por la que portaba, lo saludaba desde un cuadro más grande sobre la chimenea de la estancia.

Aberforth sirvió otro vaso y se lo tendió. Él titubeó.

—¿Es que no bebes, niño?

—Nunca he tomado whisky, señor. Mi padrino es estricto con el alcohol, yo no...—Gesticuló, en vano, porque el hombre le puso el vaso en las manos y lo hizo cerrar los dedos en sus costados.

—Hasta el fondo —Puntualizó, haciendo un brindis a la nada. Él sí se lo bebió de un trago. Draco tosió apenas sintió el líquido ardiente en la garganta. ¡Severus tenía buenas razones para prohibírselo!

Se prometió no tomar nunca más, apartando el vaso con el mayor disimulo posible. Sopesó sus palabras un momento, bajo la mirada intimidante del mago; lo que este no sabía era que crecer con Snape te hacía inmune al temor de un par de ojos entrecerrados. Al menos, en su mayoría.

—Gracias —Aberforth Dumbledore parpadeó al oírlo. Sus ojos irritados no lo abandonaron cuando se puso de pie, ajustándose la capa con amuletos de calor—. Sé que el profesor cometió errores horribles y que jamás lo perdonó. No me quiero meter en su historia familiar —Aclaró, tan pronto como observó que abría la boca, con un gesto apaciguador—. Pero le agradezco que deje el medallón conmigo. Le agradezco que comprenda que su hermano me importaba, que era mi mentor, que me ayudaba. Es una parte de lo que me queda de él, así que gracias por no quitármela.

El viejo mago bufó, frunciendo la nariz.

—Eres un buen muchacho —Hizo ademán de ofrecerle otro vaso de whisky—, lo necesitarás. Las guerras acaban con los buenos muchachos.

Draco declinó la oferta, pero hizo su mejor intento por sonreírle. Le recordaba un poco a Dumbledore. Más amargado.

—Espero que no conmigo, señor. Gracias por su tiempo.

Snape y Leonis lo esperaba afuera del edificio. Su padrino enseguida lo regañó por el aliento a whisky. Continuó haciéndolo en todo el trayecto hacia el colegio.

Necesitó del permiso explícito de la directora para ir, aun cuando las clases no iniciarían en unas cuarenta horas, por los nuevos escudos. Una barrera visible, traslúcida, se cerraba sobre el terreno de Hogwarts igual que una cápsula. Cada pocos metros, se hallaba apostada una estatua de un gigante en armadura, de piedra y con símbolos tallados, que empezaban a brillar de forma tenue cuando una presencia humana o criatura mágica que no pertenecía al bosque se aproximaban.

Volvía sin prestar atención a las reprimendas, porque ambos sabían que había mucho más que alcohol en su sistema de adolescente de lo que preocuparse; sin embargo, la normalidad de la situación les era relajante. Tenía una varita, un recuerdo, un pequeño fénix que lo esperaba en los dormitorios, ansias de que el expreso se apresurase y los demás llegasen.

0—

Draco estaba sentado en los escalones que conducían a la entrada del castillo, con Neville, cuando comenzaron a llegar. Leonis dio un par de ladridos y corrió por aquí y por allá, entusiasmado. Ellos se pusieron de pie, para empezar a buscar.

Una cabeza pelirroja, otra, otra. Abrazó a Ginny tan fuerte como a Ron en cuanto la vio, a pesar de que sólo fueron unos días. La chica se reía, aprovechaba la cercanía para preguntarle cómo se sentía, simulando besarle el rostro; él le contestaba que estaba mejor. No era una mentira.

Semanas atrás, no habría sonreído así. Semanas atrás, no hubiese sido incapaz quedarse quieto, no le habría cosquilleado el cuerpo, ni picado las palmas de las manos.

Por un rato, era la llegada de los demás estudiantes, era un castillo que se llenaba de calidez y ruido, eran los aromas de un banquete, las luces de las velas. Por un rato, no había Voldemort ni guerras. Él no tenía una marca, no estaba contaminado. Draco sólo quería ver a sus amigos, a Harry.

Quería tanto ver a Harry.

Quería besarlo, para ser más específicos. También oírlo hablar, hacerlo reír. Quería lo que fuese que llevase su nombre.

No lo pudo localizar a tiempo. Los estudiantes se amontonaban, los grupos los esquivaban. Los Slytherin siempre quedaban rezagados, se alejaban a propósito, ponían distancias, barreras. Esa noche no sería diferente.

Pero hubo murmullos, eso sí era nuevo. Murmullos no sólo cuando le pasaban por un lado, cuando lo reconocían y Neville se tensaba, poniendo esa expresión amenazante que no sabía de dónde aprendió en los últimos meses.

También los oía alrededor de los Slytherin. Señales discretas, ojeadas. No eran sólo las serpientes quienes se alejaban, los otros los evitaban.

Tuvo que resignarse a entrar con el resto al banquete. La idea de esperar no disminuía su entusiasmo, sólo lo irritaba un poco. Nada le iba a arruinar la noche de la llegada.

Cuando encontró un espacio entre los Weasley y Hermione, arrastrando a Neville consigo, saludó hacia la mesa de Ravenclaw. Blaise se mantenía apartado. Fingió desconocerlo un momento, luego sonrió, divertido.

El proceso de Selección era lento, cansino, cuando no eran ellos quienes se paraban ahí. Ver a Harry hacerle muecas, arrugando la nariz, torciendo la boca, desde otra mesa, era más entretenido. Ron se quejaba de tener hambre, Hermione lo regañaba por intentar pedir comida a la mesa mágica. Neville le hacía una pregunta.

—...en vista de los sucesos de estos meses —Decía McGonagall. La observó de reojo un instante; sonaba seria—, el Ministerio nos ha concedido un pequeño escuadrón de Aurores...

—La Orden ha mandado a sus Aurores, más bien —Oyó que soltaba Ron, bufando. No pudo hacer más que darle la razón.

—...y le damos la bienvenida a la subsecretaria Dolores Umbridge, que estará aquí durante el primer trimestre de las clases para asegurarse de que-

Un carraspeo la interrumpió. Los estudiantes de segundo en adelante giraron la cabeza, observándola con ojos enormes.

Nadie interrumpía a McGonagall cuando hablaba.

Excepto, al parecer, la bruja vestida de rosa y con cara de sapo. Ron hizo una broma sobre cómo se veía, Hermione lo regañó de nuevo.

—Trabaja directamente con el Ministro —Le contó Neville, en voz baja—, la vi una vez en el verano, de lejos, cuando acompañábamos a la profesora A a recoger trámites en el Ministerio. Nos quedamos afuera y ella salía de la cabina.

—Suena tan agradable —Ironizó, a medida que continuaba su discurso de voz melosa y chillona. Le era más escalofriante que tranquilizadora.

Podría jurar que veía demasiado en dirección a la mesa de Gryffindor. A ellos, en particular.

—Y es encantadora —Neville recargó el codo en el borde de la mesa, la barbilla en la palma. Pestañeó muchas veces y esbozó una sonrisa tensa—, con esa linda ropa rosa, ese cabello...

—La cara de sapo —Draco fingió toser al añadirlo. Los dos se rieron por lo bajo—. Creí que Bulstrode era fea.

—Yo habría ido al baile con Bulstrode, para evitarla a ella —Cuando lo vio con las cejas arqueadas, Neville se mostró avergonzado—. Es por ti. Eres una mala influencia con tus comentarios y tu actitud-

—Me amas —Le chisteó, aguantando la risa. Una vez terminado el discurso de la mujer, volvió a fijarse en la mesa de Slytherin.

Tenía que comer deprisa y salir de ahí.

—Te atragantas —Neville se burló de su comportamiento.

—Al menos yo no sonrío como idiota cuando me coquetea cierta persona —El Gryffindor pronto empezó a enrojecer. Draco apuntó la mesa de Ravenclaw con el tenedor, ralentizando sus movimientos—. ¿Me perdí de algo que debería saber, Nev?

Neville miró hacia los Ravenclaw, después de nuevo a él. Negó. El rubor le alcanzaba las orejas.

Draco lo sopesó un momento.

—¿Sabes que puedes decirme lo que sea?

El chico sonrió un poco.

—Sí, Draco.

—Está bien. Sólo...tenlo en mente, ¿sí?

—Lo mismo para ti.

—Lo sé —Rodó los ojos. Le pasó un brazo sobre los hombros, halándolo más cerca. Usó la distracción para jalarle un mechón del cabello, sin fuerza; Neville se retorció, medio quejándose, medio riéndose por su actitud—. Desocúpate. Tú y yo vamos a asaltar las cocinas hoy mismo y a desvelarnos diciéndole a los elfos que nos hagan minipasteles de chocolate...

—O podríamos hacerlos nosotros en la cocina de los elfos —Draco arqueó las cejas, otra vez. Él se encogió de hombros—. Mi mejor amigo no estaba, no puedo ir a casa, a Kreacher le agradan los sangrepuras más que otros magos, había una cocina que nadie usaba si la señora Weasley no iba…tenía que ocupar mi tiempo libre en algo, Draco.

Tuvo que tragar en seco para bajar el nudo en su garganta. Ojalá el agujón del pecho hubiese pasado igual de rápido. Cuando lo estrechó más, era un abrazo en toda regla, no otro juego.

—Vamos a desvelarnos haciendo pasteles de chocolate en las cocinas —Aceptó, con una media sonrisa que le fue correspondida—. Yo le daré el que quede mejor a Harry y tú harás uno para Blas. Sin discusión —Advirtió, en cuanto él abrió la boca para discutirle. Neville sacudió la cabeza, dio otra ojeada a la mesa de Ravenclaw, después sonrió.

—¿Sabes qué? Sí. Sí —Repitió, más firme—, eso haré. No es la gran cosa.

Acordaron encontrarse en la Sala Común después del toque de queda. Hasta entonces, tendría libertad para moverse.

Harry terminó antes que él. Debió asumir que estaba ocupado, porque habló con Pansy y ambos se pusieron de pie para marcharse. Draco tuvo que apresurarse a acabar con lo que le quedaba en el plato, se recordó que comería chocolate para ignorar a su quejumbroso estómago que le avisaba que todavía tenía hambre, y casi corrió hacia afuera.

Deslizó la capa de invisibilidad desde su suéter, la estiró y se la echó encima, al doblar en la esquina. Procuraba no hacer ruido, aunque fuese en vano. Unos metros más adelante, Harry se detenía y le decía a su amiga si podía esperarlo en las mazmorras; ella asentía, divertida.

—¡No babees demasiado por Malfoy, que te puedes cansar! —Se despidió con gestos teatrales. Harry boqueó, su rostro enrojeciendo a medida que ella se alejaba.

Le había contado. O Pansy era lista. Apostaría más por lo segundo, dada su reacción.

Tras unos segundos, el Slytherin se daba la vuelta, cruzado de brazos. Todavía ruborizado, la forma en que las comisuras de sus labios se alzaban lo delataba.

En lugar de salir, Draco se acercó y los cubrió a ambos. El espacio bajo la capa era reducido, los dejaba a escasa distancia. Sentía su respiración cuando exhalaba. Tal vez era premeditado.

—Hola —Saludó, con una sonrisa tan tonta como aquella de la que acusaba a su amigo en el comedor.

—Hey —Harry se rio entre dientes—. ¿Cómo llevas eso de acosarme bajo una capa de invisibilidad? No veo que dejes de hacerlo.

—Y no lo verás porque estoy siendo in-visible —Gesticuló con ambas manos, riéndose de su mala broma. Harry levantó las cejas.

—Eso fue terrible.

No podía decir que le importaba. Harry estaba cerca, le sonreía. Sus ojos verdes brillaban.

Era feliz en ese momento. Todo parecía bien, reflejado en sus pupilas.

—¿Harry? —Lo escuchó emitir un débil "¿hm?". Las manos le temblaban un poco al extenderlas para sostenerle el rostro; supuso que lo notó, porque enseguida se recargó en el contacto, sonriendo, demostrándole que estaba bien. Que se sentía igual que él— ¿puedo...?

Dejó su pregunta en el aire. Lo había hecho un par de veces en las últimas semanas del verano, en espacios de Grimmauld Place, en instantes robados; siempre comenzaba así, hasta entonces.

Y Harry, cada vez, contestaba inclinándose hacia adelante para unir sus labios, porque era mejor que utilizar simples palabras. Porque las palabras no hacían estallar nidos de doxys en su estómago para que lo sacudiesen, ni le cosquilleaban la piel.

Dejaba escapar un leve suspiro cuando se apartaban. No quería hacerlo, era una lástima que no pudiese permanecer tanto tiempo como quisiera justo ahí. Justo así.

Unió sus frentes, dedicándose a acariciarle el rostro, repasarle el contorno de la mandíbula. Memorizar cómo se veía, cómo se sentía.

Harry no hacía más que verlo, sujetarle las muñecas, las manos, como si supiese que había demasiados miedos dentro de su cabeza y la sencilla acción los estaba esfumando.

—Voy a hacer locuras de Gryffindor más tarde —Él arrugó la nariz, más por diversión que por el desagrado, y Draco se encogió de hombros con falsa resignación—, McGonagall quiso hablar conmigo sobre hacerme Prefecto. Le gustaría, pero no está segura, necesitaba hablarlo después de...todo lo que pasó. Dice que no quiere más presión sobre mí.

El Slytherin asintió, lento. No tenía que decirlo, no tenía que detallarlo. No tenía que arruinar su momento tan rápido.

—¿No deberías estar guiando a los de primero entonces? —Le preguntó, en un susurro. Draco chasqueó la lengua.

—Esto es más importante. Y no le he dicho que sí- no sé, lo estoy pensando —Negó, titubeó. Se estiró para darle otro beso, uno corto, apenas un roce—. Sólo imaginaba que no tendré mucho tiempo mañana. ¿Podemos almorzar juntos?

Harry parpadeó. Asintió luego.

—Sí, ¿pero por qué el almuerzo y no otra comida?

—Yo me levanto antes que tú —Lo reconoció con otro asentimiento—, también desayuno antes. Y para la cena puede que ya sea Prefecto —Además, mañana comienza la etapa anterior a la luna llena. Pero aquel tampoco era un secreto que le perteneciese a él para contarlo. Ni siquiera a alguien de quien se estaba enamorando.

—Entonces el almuerzo —Fue el turno de Harry de besarlo, despacio, un poco más duradero. Se acercó más sin pensar, estuvo a punto de quedarse prendado ahí, metafóricamente. El Slytherin sonreía, consciente de lo que le causaba.

No era como si él pretendiese ocultarlo.

—¿Harry? —Otro "¿hm?". Vacilaba. Se decía que el Sombrero lo puso en Gryffindor por buenos motivos— ¿estamos saliendo o algo así?

—¿Tú quieres que salgamos? —Se mordió el labio. Su mirada cambiaba cuando titubeaba; la imagen le provocaba aún más ganas de besarlo.

—¿Tú lo quieres?

—No se contestan preguntas con otras preguntas.

—Tampoco se evaden preguntas sobre preguntas.

Era obvio que ninguno quería ser el primero en decirlo. Supuso que le tocaba a él.

Tomó una profunda bocanada de aire, deslizó las manos por sus hombros, hacia la parte de atrás de la cabeza. Enredó los dedos en su cabello, los mechones desordenados eran perfectos para dicha tarea.

—Sí. Me gustaría.

Merlín. Decirle a alguien que quieres que salgan daba más miedo que Voldemort. Esa debería ser la nueva prueba del Sombrero para el espíritu Gryffindor.

—A mí también —Le contestó Harry, en voz baja.

Nada podría haberle arruinado la noche. Todavía sonreía cuando lo acompañó a su Sala Común, cuando fue a la torre, cuando se reunió con Neville. Incluso seguía de buen humor cuando batallaba con la mezcla de chocolate para que no se quemase y llevarle un pastel decente a Harry en el almuerzo del día siguiente; su compañero se reía de un modo en que no creía haberlo oído en una eternidad, el rostro rojo por la falta de aliento, y Draco estaba avergonzado de su nula habilidad culinaria, pero luego diría que valió la pena.

Así se sentía la felicidad.


Hooooli. Traigo varios capítulos con cosas bonitas y cosas tensas ;)

¿Preparados?