Juegos mortales

Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Egoísta

Comenzó un día cualquiera, en la Sala Común de Ravenclaw, con Blaise Zabini mirando a sus compañeros y la suave pregunta, aparentemente normal, de "¿alguno sí tiene algo que esconder?". Luego un grupo de estudiantes de Hufflepuff los imitarían.

—...es inaceptable, Minerva, totalmente inaceptable, inadmisible, las normas...—Por la expresión de contenida irritación de la directora, lo único que consideraba inaceptable era el tiempo que la empleada del Ministerio perdía siguiéndola para hacerle saber sus opiniones respecto a todo lo que ocurría.

—A menos que se resfríen y falten a mi clase por no colocarse amuletos de calor o sus nuevas Marcas se traguen el brazo de alguien —Escuchó la respuesta de su padrino, que mascullaba entre dientes—, siendo franco, no es de mi interés.

Era una respuesta tan Snape. Draco contuvo la risa, mientras Neville, a su lado, observaba con horror el trayecto de los profesores por el pasillo.

—Está bromeando con lo de tragarse el brazo de alguien, ¿cierto? —Se encogió de hombros ante su murmullo, agraviando el terror de su compañero.

—En lo personal —Decía Sprout, siguiendo a los otros maestros con pasitos cortos y apresurados—, me agrada la idea de que todas las Casas se unan por esta causa. Han atraído a estudiantes de diferentes edades, que nada tienen que ver entre sí, y lo considero un verda-

—¡Inaceptable! —Insistía Dolores Umbridge.

—Yo no veo nada de malo, siempre y cuando se atengan al cumplimiento de las normas de convivencia y su protesta se limite a las Marcas de los brazos —Añadió Flitwick. Luego, dirigiéndose a la directora, continuó:—. Hay que admitir que el uso de la tinta con los encantamientos para permanencia y movilidad, son un excelente trabajo de parte de los estudiantes del profesor Snape.

—Cinco años de clases de magia, para que los chicos hagan una serpiente de colores en su brazo —Snape bufó—, por supuesto que esa es nuestra meta en este colegio, ¿cuál otra podría ser?

Draco apretó los labios y se forzó a ahogar la siguiente carcajada. Flitwick, acostumbrado a sus reacciones, le contestaba despacio, ignorando las réplicas incesantes de Umbridge.

—A la cara de sapo no le agradan las marcas de...¿cómo dijiste que se llamaba? —Ginny, desde el otro lado de la mesa, entrecerraba los ojos al esforzarse por recordarlo.

Superman —Recordó del cómic que Harry le prestó—. Y a ella no parece gustarle nada.

—Le gusta el color rosa —Apuntó Neville, asintiendo— y los gatos —Cuando ambos lo vieron con las cejas arqueadas, él empezó a gesticular—. La puerta de su oficina estaba abierta cuando pasaba, había como- ¡nueve mil figuras de gatos!

—Me gustaban un poco los gatos hasta que oí eso —Ginny frunció la nariz de forma exagerada, sacándole una carcajada.

—Hey —No tuvo tiempo de girarse. En un parpadeo, Blaise se metía a la fuerza en el espacio entre Neville y él, ocupando puestos de Gryffindor sin importarle el color de su corbata, y le quitaba una de las tostadas de su plato—, ¿es verdad que la cara de sapo va a hacer una evaluación de los profesores para el Ministerio? —Le preguntó, para después darle una mordida al pedazo de pan, que le arrancó la mitad.

—Ese era mi desayuno —Draco estrechó los ojos.

—Oh, lo siento, princesa. ¿Quieres que compartamos? —Le ofreció la otra mitad. Cuando Draco le dijo que se fuese a la mierda, sonrió enseñando los dientes y se lo acabó con otra gran mordida. Hizo ademán de ir por una segunda, pero él le golpeó el dorso de la mano y se la retuvo, de manera que la suya estaba encima cuando otra voz se unió a la plática.

—Hola —Ginny elevaba ambas cejas en el momento en que Harry se le sentaba a un lado. La saludó con un gesto vago, que ella correspondió con el debido aturdimiento. Abrió la boca, la cerró, frunció el ceño al ver su mano sobre la de Blaise encima de la mesa, y se desquitó con una de sus tostadas, que también le quitó y a la que mordió con más fuerza de la necesaria.

Draco lo soltó de inmediato, optando por darle una patada por debajo de la mesa, la siguiente vez que Blaise recogió una tostada. Luego Ginny se estiraba y sacaba una cuarta tostada del plato.

—¡Dejen de meter sus manos en mi jodida comida! —Estalló.

—¡Señor Malfoy! —Oh, por supuesto que McGonagall tenía que caminar de regreso justo cuando él lo decía. No podía ser de otro modo.

Se tragó su respuesta y estrechó los ojos cuando se dio cuenta de que la última que le quedaba la tomaba Blaise, pero en lugar de comerla, se la tendió a Neville. Draco le dio un manotazo en la cabeza.

—¡No regales mi comida, dale de la tuya!

—Su Majestad se levantó de mal humor hoy —Blaise se quejó, frotándose el área recién lastimada. Cuando iba a contestarle, el carraspeo de Harry, frente a ellos, lo distrajo.

—¿Vuelvo en otro momento? —El Slytherin arqueó las cejas.

Antes de que Draco pudiese responder, Blaise ya le había rodeado los hombros con un brazo. Con el otro, tomó su vaso y le dio un sorbo a su jugo de calabaza.

—Tranquilo, Potter, somos todo oídos, habla —Le sonrió con presunta inocencia, conforme Harry arrugaba más el entrecejo.

—Hablaré —Aceptó, enderezándose. Se aclaró la garganta, relajó su expresión. Cuando pareció que en verdad lo haría, Blaise daba un brinco por una patada desde otro ángulo, bajo la mesa—. ¡Deja a mi novio y consíguete uno propio! Ya —Volvía a aparentar absoluta calma—, eso era de lo que pensaba hablar contigo.

Blaise gimoteaba por los 'daños' a su pierna, Neville se inclinaba para preguntarle si estaba bien. Ginny se reía. Draco, con un pequeño colapso porque ese novio sonaba demasiado bien, apenas pudo reaccionar para seguirlo cuando Harry se puso de pie y se alejó de la mesa.

Lo alcanzó a unos metros, en dirección a la salida. Se interpuso en su camino para detenerlo. Harry frenó, resopló y se obligó a relajar la postura.

—Tal vez...no debí hacer eso- fue estúpido y sé que es exactamente por lo que él me molesta así cuando está contigo- —Chasqueó la lengua y apartó la mirada. Estaba por cruzarse de brazos cuando Draco lo evitó, sosteniéndole las muñecas; ahí consiguió recuperar su atención.

Lento, deslizó su agarre más abajo, hasta sostenerle las manos en vez de los brazos. Entrelazó sus dedos en un agarre flojo.

—Sí, fue un poco tonto. Pero sobre lo otro...deberías decirlo más seguido —Opinó, en un murmullo. Harry parpadeó y empezó a arrugar el entrecejo.

—¿Decir qué?

—Eso de "novio" —Draco le mostró una sonrisa ladeada. Al caer en cuenta de a qué se refería, el rostro del chico comenzó a enrojecer.

—Creí que habíamos acordado que estábamos...

Draco lo silenció con un rápido beso. Podría jurar que escuchó un jadeo ahogado de Umbridge, pero McGonagall hizo un gran trabajo siguiendo su camino e ignorando las próximas quejas.

—Sí lo estamos —Asintió. Notó que Harry relajaba los hombros cuando levantó sus manos unidas para besarle el dorso y los nudillos; una vez había visto a Regulus hacerlo, supuso que si podía ablandar un poco a su padrino, funcionaría con cualquiera—. Entonces...¿para qué fue a buscarme mi novio?

Puede que también fuese divertido picarlo un poco. Harry entrecerró los ojos, a modo de advertencia, pero la media sonrisa lo delató.

—Sólo...—Se encogió de hombros—. Pansy me dijo lo buena idea que sería invitarte a Hogsmeade este fin de semana.

Draco aún sonreía.

—Volvemos al "Pansy me dijo", ¿no?

—Es una gran excusa —Le contestó él, en falso tono confidente, como si acabase de utilizarla con alguien más y no la misma persona a quien se lo decía. El niño-que-vivió se rio y se estiró para pedir otro beso.

Esa vez, el grito estrangulado de Umbridge sonó más cerca, porque lo estaba. Se detuvo frente a ambos, con el rostro rojo.

—¡Muestras así...son inaceptables!

Draco rodó los ojos. Soltó una de sus manos, le sujetó la barbilla y se inclinó por un beso más prolongado. Ya que se había asegurado de que McGonagall estaba distraída —o fingía estarlo— con la plática que tenían el resto de los profesores, sólo ella los vio.

Umbridge seguía despotricando cuando tiró de sus manos unidas y sacó a Harry del comedor. Su novio se reía.

—Es insoportable —Meneó la cabeza.

—Al menos es inofensiva —Draco le restó importancia con un gesto. A mitad del corredor desierto, tuvo una idea y frenó. En lugar de jalar de Harry para que lo imitara, utilizó el impulso que llevaba para hacerlo girar y después lo atrajo más cerca.

El Slytherin negó cuando quedó contra su pecho, liberándose para pasarle los brazos por encima de los hombros. Los ojos le brillaban. Draco todavía estaba convencido de que eran los ojos más bonitos que había visto en su vida.

—Nadie me dejó desayunar —Hizo pucheros—, ¿me acompañas a asaltar la cocina? Pediré dulces para ti.

—¿Postres a las siete de la mañana? —El Slytherin levantó las cejas—. Eso suena bien para mí.

0—

—¿...cómo dices que se llama? —Harry le tendió el frasco rosa nacarado de regreso, sin soltarlo en realidad. Parecía bastante interesado (y un poco horrorizado) por el concepto que le había dado sobre la Amortentia, lo que el niño-que-vivió encontraba sumamente divertido.

—Es una Amortentia diluida, disponible para la venta —Frunció la nariz—. No creo que tenga el mismo efecto que una bien hecha en el laboratorio. Mi padrino se horrorizaría viéndola.

Harry la destapó y olisqueó la botella. Parpadeó.

—Me gusta cómo huele.

Su salida a Hogsmeade, en teoría, tuvo que ser cancelada, porque la Orden había decidido que era un riesgo innecesario que Draco estuviese fuera de los terrenos protegidos por las estatuas y barreras. Snape, en un alarde de sobreprotección que le recordaba, por las malas, que era el mismo hombre que lo había criado, selló de forma temporal los pasadizos que llevaban al pueblo mágico y salían en el mapa de Serpensortia.

En la práctica, un quejumbroso adolescente convencía a Regulus de hablarle de algún túnel que no fuese conocido por el maestro, y este le mencionaba uno que creía que conectaría con alguien de Hogsmeade, pero no tenía idea de cómo entrar. La solución, por sorprendente que fuese, estuvo en su cuello todo el tiempo.

Ariana Dumbledore.

Ari no sólo era capaz de guardar objetos en su cuadro, o permitir entrar a alguien. También funcionaba de pasadizo entre su retrato y los otros que hubiese de su persona. Draco colgó el medallón de la pared en el piso oculto y los dos se adentraron por el sendero de la muchacha, deslizándose a través de cuadros por el efecto de la magia.

Reconoció la salida a una casa antigua en uno, luego un espacio que le era vagamente familiar. Aberforth Dumbledore les gruñó cuando dos chicos aparecieron en su extremo del pasadizo. Le pidió disculpas, añadió una súplica para que los dejase volver por ahí después; estaba seguro de que sólo aceptó porque, desde el retrato, Ari formaba pucheros y unía las manos.

Conscientes de que iban en contra de las reglas, de cierto modo, fue más divertido. Corrieron hacia las Tres Escobas, alertando a estudiantes por la calle principal de Hogsmeade, que no podían imaginarse qué los motivaba a reírse de su propio comportamiento. Tuvieron que cambiar de envases las cervezas de mantequilla y salir deprisa, porque Flitwick andaba cerca, tomando una bebida después de hacer sus compras.

Pasaron por 'provisiones' en Honeydukes, un pequeño saco servía para meter todo aquello que se iban a comer luego. Cuando salían, se encontraron de frente a Sprout. Draco intentó esconderse, en vano.

La profesora lo observó, se llevó el índice a los labios y señaló hacia la carretera principal del pueblo. Luego continuó su camino, fingiendo que no los veía. Se prometió agradecérselo cuando estuviesen de regreso.

La falta de ganas porque cualquiera de los dos recibiese un castigo (él por escaparse, Harry por ayudarlo) era la razón de que se hubiesen refugiado en la Casa de los Gritos, luego de una rápida visita a Zonko, que recibía un cargamento de Amortentia para ser utilizada a manera de perfume. Capturó la atención de Harry de inmediato, sólo por eso se consiguió uno de los pequeños frascos.

Estaba más que claro que la pila de dulces extraída del saco y colocada en medio de ambos, no contaba como almuerzo de ninguna forma, ni estar tendidos sobre una alfombra en el pedazo de suelo estable de la sala, lo hacía un picnic. Pero ambos lucían tan cómodos y felices, que alguien más podría haber creído que pensaban que así era.

—Esa es su función —Draco se encogió de hombros.

—¿Que me guste el olor? —Asintió. Harry arrugaba el entrecejo y le ofrecía el frasco— ¿a ti te gusta?

—Por supuesto que me gusta...—Olfateó, con una idea de lo que sentiría. Acertó— el olor a tarta de melaza y cera de escobas.

Harry frunció más el ceño. Volvió a olfatear.

—A mí me huele a chocolate y...césped, creo —Justo en ese momento, Draco se había llevado un trozo de chocolate a la boca y dejaba que se deshiciese sobre su paladar. Él emitió un débil "oh". Lo sopesó entre las manos—. Bien, entendí el punto. Si me coloco unas gotas, ¿me das más besos? —Cuando el Gryffindor arqueó las cejas, él se encogió de hombros—. Había que intentar, ¿no?

El Slytherin protestó cuando lo escuchó reírse. Despacio, Draco se reacomodó sobre la alfombra y se estiró para darle un beso. Por unos segundos, a los dos se les olvidó que existía una necesidad vital conocida como "respirar". Draco apoyó la cabeza en su hombro al apartarse.

—Me vas a meter en problemas —Lloriqueó, arrastrando las palabras—, es inevitable.

Harry lo rodeó con un brazo. Aún jugueteaba con la Amortentia en la otra mano.

—¿A qué te refieres?

Draco soltó un largo "hm", absteniéndose de contestar por un rato.

—Es que no estoy seguro de qué tan inteligente estoy siendo —Le confesó, en tono suave. Como Harry lo alentó a seguir, resopló—. Ya sabes, como esto- intentar- tener...sólo digo que no sé si se supone que deba gustarme alguien. Por quién soy.

Por el silencio que vino después de sus palabras, se imaginó que Harry luchaba por hallarle la misma lógica que él. Mientras lo hacía, trazaba caricias circulares en uno de sus brazos, distraído.

—¿Crees que un loco mago oscuro intentaría hacerme algo a mí también?

—Sí. Digo, podría-

—¿En serio te estás preocupando por eso? —Harry bufó, aunque sonaba más divertido que molesto.

—Bueno, sí —Reconoció, enderezándose para recoger otro dulce de la pila reducida que les quedaba—. Pero, al mismo tiempo, lo que más me preocupa es lo poco que me importa.

—No te estoy siguiendo —Admitió Harry, con una débil risa. Él lo miró con una expresión de disculpa.

—Me refiero a que me importas y me gustas —Carraspeó. El rostro empezaba a arderle—, y no quiero que te pase nada malo. Pero no puedo pensar en dejarte o alejarme para que no te pase lo malo. Tal vez estoy siendo muy egoísta —Sacudió la cabeza.

—No lo creo —Harry flexionó las rodillas hacia su pecho, colocó los brazos encima y recargó el rostro en la palma de una de sus manos. Lo observaba con una sonrisa suave—. La mejor forma de cuidar a alguien es tenerlo a un lado, no dejarlo atrás.

En ese momento, nada podía haber tenido más sentido que lo que Harry le decía. Lo sopesó, lo aceptó, sin tener la más mínima idea del tipo de repercusiones que ese razonamiento les traería a ambos más adelante.

No habría sido capaz de hacerlo, porque el "más adelante" no existía esa tarde que estaba por llegar a su fin. Sólo había un "ahora" y un "mañana, cuando estemos en la biblioteca haciendo la tarea...". El mundo podía ser más agradable cuando buscabas empequeñecerlo.

Luego Harry mascullaba algo sobre lo oscuro que estaba, sacaba el Desiluminador de su bolsillo para encender algunas luces flotantes con las que el objeto contenía dentro, y Draco le hacía la pregunta que llevaba meses rondándole la cabeza.

¿Por qué?

—No lo sé —Harry se limitaba a encogerse de hombros. Preguntaba si quería quedárselo, porque desde un principio pensó que sería él a quien debió legarlo. Draco rechazó la oferta.

Era suyo. Dumbledore se lo dejó. Aunque no siempre supiese lo que hacía o por qué, el director tuvo un motivo detrás de cada acción. Tenía que confiar en eso.

Se distrajeron conversando de Quidditch, de cómo a Fawkes ya le crecían unas plumas decentes y todavía intentaba picotearlo, de que Pansy insistía en que fuese a comer en la mesa de Slytherin un día, porque necesitaban probar que valía para Harry, y que haber vencido al Señor Tenebroso de bebé no bastaba para ganarse a su mejor amigo, según ella.

Cuando volviesen a Hogwarts a través del retrato, Draco agradecería a Ari, cerraría el medallón y lo volvería a colocar en su cuello, escondido por debajo de la ropa. En las mazmorras, a la salida del piso oculto, se toparían a Tonks, en su uniforme de Auror, recargada en una pared y protestando por lo bajo; el cabello se le encendía en un rojo intenso, los ojos eran de un ardiente dorado.

—Nymphadora —Se burló, al pasarle por un lado. Sostenía la mano de Harry. Ella se fijó en el gesto, luego en él, como si le dijese "sé lo que acabas de hacer, pero no veo motivo para decirte algo al respecto". Como no saltó a la provocación, se detuvo—. ¿Pasa algo?

—Estaba esperando que unos niños saliesen de la habitación que tenían sellada con magia —Estalló, entrecerrando los ojos. Sí, la cerró, sólo para evitar complicaciones con el retrato; no pensó que causase problemas a nadie—. Estoy colocando barreras antiglamour e ilusiones de cualquier tipo en puntos focales, como dormitorios, y llevo más de una hora aquí. Si encuentro algo extraño allí dentro —Pasó un dedo acusador de uno al otro—, gritaré tan fuerte que hasta McGonagall va a venir.

—¿Qué podrías encontrar ahí dentro? —Draco le sonrió con presunta inocencia. Ella meneó la cabeza y se alejó, varita en mano, murmurando sobre su primo.

—Es la de la Orden, ¿cierto? —Inquirió Harry, cuando siguieron andando. Él asintió—. ¿En serio creen que alguien se metería a los cuartos con un glamour? ¿Para qué?

—Es mejor prevenir, supongo —Se encogió de hombros—. No creo que mi prima sea de las que toman medidas inútiles...

—¿Son familia?

—¿No te lo había dicho? —Negó, así que procedió a contarle sobre las hermanas de su madre.

Alrededor de dos semanas más tarde, cerca del inicio de las vacaciones de invierno, alguien pasaría por los puntos focales de Tonks y la magia alteraría el efecto de una poción multijugos, delatando a un Mortífago llamado Barty, que se hacía pasar por Umbridge. Pero ellos no se imaginaban que de verdad fuese a suceder algo semejante.