Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores. Mundo alterno época actual. Contenido adulto. Queda advertido.
-Tú no dirás nada-le habló Terry a Albert al ver que se había quedado mudo de la impresión. Albert se sentía destrozado y con él corazón partido en trocitos.
-Lo único que puedo decir; es que esta hermosa mujer...-ha estado jugando con fuego con los tres y se ha quemado-le daremos una probada de su propio chocolate-¿estamos juntos en esto?-preguntó Albert dolido por su traición pero decidido a que Candy debe pagar por su jueguito.
Mientras tanto Candy en su soledad había pensado respecto a su situación y por fin había tomado una decisión de terminar esto. Y con quien quedaría definitivamente, no había que pensar más. Al hombre que ella amaba era Albert y debía terminar con esta triple vida. Aunque no lo pareciera sus remordimientos y su conciencia no la dejaban descansar no podía dormir bien. Esta situación estaba minando su vida, pero no quería quedar sola. Siempre había estado sola, había crecido en un orfanato después de la muerte de sus padres aunque sólo tenía 12 años nadie le adoptó era demasiado grande para que las familias se interesaran en ella y demasiado niña para hacer una vida sola. Así que estuvo en ese orfanato hasta su mayoría de edad y logró estudiar y ganar becas de estudios y así financiar sus estudios. Ahora era una mujer autosuficiente y capaz. Pero siempre se sintió sola. Quizás por eso se aferraba a ellos. Así que decidió que Albert era el elegido. Ya con su decisión tomada se sintió más tranquila. Pero lo que no sabia era que pronto se le caerá su teatrito.
Candy regresaba de su viaje. Se sentía agotada por el ajetreo del viaje. Quería llegar a su departamento y sumergirse en un relajante baño de tina. Estaba por tomar un taxi cuando timbro su teléfono celular y nada más ver de quien era el número se le dibujó una hermosa sonrisa. Era Albert su príncipe, así le decía de cariño.
-Alo-Contestó con voz sexy.
-¡Hola preciosa! ¿apenas vienes llegando a Chicago?-preguntó Albert cariñoso aunque quiso ser frío nadamas escucharle moría de amor por ella.
-Sí cariño...-estoy por tomar un taxi e irme a mi departamento, ¡ufff! Estoy cansadisima por el viaje-contestó Candy exhausta.
-No, no vayas para allá... -te veo en el mío, te tengo una sorpresa-le rogó Albert. Candy sintió su cuerpo reaccionar y pensó que no le vendría mal un encuentro carnal y apasionado con el hombre que amaba; además le había extrañado demasiado.
-Ok cariño, llego en 20 minutos...-Te amo-contestó Candy y se dio cuenta que era la primera vez que decía esa palabra a ninguno se la había dicho hasta ahora. Albert al escucharle decir esas palabras que deseó escucharlas antes se sintió con el corazón en un puño y pues no le creía en absoluto.
Todo estaba preparado para hacerle pagar a está "mariposa traicionera" debía aprender una lección... No podía andar por la vida y jugar con los sentimientos de los demás.
Albert, Anthony y Terry se encontraban en el interior de departamento esperando el arribo de la culpable de si dolor. Los tres habían decidido ya un castigo y si Candy los quería a los tres, pues le darían gusto y tendría a los tres.
Candy llegó a su destino y entró como tenía su propia llave entró con la confianza que le había sido otorgada.
Al entrar se percató que el ambiente era romántico y sugerente. La mesa estaba dispuesta con la cena, había velas rojas encendidas y unas copas llenas con vino tinto. Pero no veía por ningún lado a su hombre. Así que se adentró y fue directo a la habitación de su amado. Igual no estaba ahí. Pero pudo observar que la habitación estaba decorada con velas aromáticas y la cama cubiertas de pelatos de rosas blancas parecía a a las que Anthony le había regalado. Pero aún así se emocionó por la sorpresa. Escuchó a fondo una melodía conocida, era el sonido de una armónica melodía que Terry le tocaba siempre. Pero, aún así no ataba cabos y pensó que pasaría un buen tiempo en brazos de su gran amor. Dejó su maleta y salió siguiendo el rastro de esa melodía y le vio ahí sentado bebiendo de una de las copas que antes había visto. Candy nada más verle se olvidó de todo si lo quería perderse en sus brazos.
-¡Hola mi amor!-saludó Candy acercandose a él y le besó efusivamente. Albert le devoró los labios con pasión desbordante. Albert nada más verle se excito, su miembro creció sin poder evitarlo. No podía evitar desear a está exquisita mujer. Candy se encendió, quería más de él. Pero Albert corto el beso.
-Hola princesa, te he extrañado-dijo Albert serio dando un sorbo a su bebida. Candy le miraba con adoración y estaba más que decidida ya no había dudas le amaba a él.
-Sabes cariño...-cuando te vi por primera vez; te idolatre de inmediato, despertaste en mi sentimientos que jamás podía haber imaginado-dijo Albert sin dejar de tocarle el rostro. Candy estaba sentada en sus piernas y le abrazaba con amor y se perdía en esa hermosa mirada que adoraba.
Pero aún así Candy se extraño verle así serio lo sentía diferente y su corazón se estrujo.
-Candy...-¿te pasó lo mismo que a mi?-preguntó Albert mirándole fijamente. Candy se sintió miserable, pero le amaba y sí, también le había gustado de primera.
-Sí Albert...-desde el primer momento te adore-contestó Candy con verdad. Pero Albert no le creía. Mientras Terry y Anthony sentían esas palabras de Candy como el tiro de gracia.
-Candy...-jamás me has mentido, ¿verdad?-Albert estaba dándole una oportunidad de sincerarse. Sí lo hacía le podría perdonar todo. Así era de grande su amor. Bueno el de los tres así era de grande. Habían acordado que si Candy amaba a alguno; los otros se harían aun lado y les dejarían ser feliz. Los tres le amaban con locura y habían hecho un pacto de honor entre caballeros. Candy sabía que debía decir la verdad, pero tenía miedo a perderle. Así que calló su fechoría.
-Nunca te he mentido amor-contestó Candy segura de si misma y Albert sintió una opresión en el pecho, un dolor que se alojó en su ser y sabía que ya no había marcha atrás con el plan. Pero ella así lo había querido. Albert volvió a tomar esos labios mentirosos con desespero. Pero volvió a parar abruptamente por que no podía aplazar mas esto. Al dejar de besarle Albert sintió la soledad inmediata. Pero ahora debía castigarle.
-Sabes cariño... -yo te hubiese perdonado todo... -Sí, todo; siempre que tu fueses sincera-Albert lo dijo triste y en ese momento salieron de su escondite Anthony y Terry. Se habían escondido en el despacho y habían escuchado todo.
Continuará...
