Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores. Mundo alterno época actual. Contenido adulto queda advertido.

Candy les vio ahí parados frente a ella y sintió que perdía el conocimiento. Quiso levantarse de las piernas de Albert pero él no se lo permitió le abrazó con decisión y un dejo de pertenencia posesiva. Candy se sintió de pronto que se encontraba en una de sus tantas pesadillas. Donde los tres se enteraban de su trampa y su traición. Después de unos segundos fue consciente de que no tenía escapatoria y que debía enfrentar las concecuencias de sus actos. Se armó de valor jamás había sido una cobarde y no lloraria ni mucho menos iba a permitir que le humillaran. Daría sus explicaciones, pediría perdón y desaparecería de sus vidas. Al pensar lo último le desgarro el corazón le dolía haberles lastimado y más le dolió saber que había perdido para siempre a su príncipe. Pero fue consciente de que era inevitable quedar sola.

-En mi defensa...-no quería hacerles sufrir-dijo Candy con verdad. Sí le creían o no ya no importaba, pero esa era la verdad.

-Pues, no hiciste un buen trabajo "pecosa" porque nos has destruido-Terry habló primero y aunque quería hacerle daño pesaba más ese deseo por ella. Verle con esos diminutos shorts y ese top que se le pegaba a ese cuerpo de Diosa. Lo puso duro de inmediato y no lo podía evitar. Quería tomarla ahora mismo.

-Te entregamos todo de nosotros...-yo te amo como nada en la vida-Anthony expresó con un nudo en la garganta. Era el más sentimental, pero aún así también verle se sintió excitado, admiraba todo de ella era sexy y hermosa. Candy no podía decir más, todo lo que dijera era inútil todo estaba jodido.

Albert se sentía sobrepasado por su deseo y excitación. Su miembro palpitante y caliente reclamaba, exigía todo de ella. Sentirla y al absorber su delicado aroma de mujer lo ponía caliente en el acto y solo quería penetrarla con fuerza y sin miramientos. Gozar de su humedad y calidez.

Candy vio en ellos deseo desbordante. Les conocía perfecto. Hizo el intento de safarse del agarre de su amado.

-Perdon... -debo marcharme-dijo con voz triste. Pero Albert no le dejó.

-No, cariño...-tú no vas a ningún lado. Arreglaras esto-dijo susurrandole al oido. Candy sintió su aliento cálido y su cuerpo respondió inevitablemente.

Candy vio en ellos deseo puro, los conocía perfecto y sin palabras ella entendió que le harían pagar su falta con su cuerpo, se vería envuelta en un mar de deseos. Candy no sintió miedo alguno; al contrario esto la prendió al máximo y sin quererlo comenzó a jadear y su corazón se aceleró como si hubiese corrido un maratón. Y pensó que se los debía y se rindió a ellos. Recordó sus fantasías más secretas y en estas se liaba con los tres. Sí, en sus fantasías tenía sexo con estos tres hombres perfectos.

Albert miró a sus amigos para ver si alguno se echaba atrás. Pero vio decisión en ellos. Los tres asistieron en un acuerdo tácito. Los tres sabían que era la última vez que gozarian este cuerpo hechicero.

-Candy... -has sido una niña mala y eso tiene consecuencias ¿verdad?-dijo Albert acercándose a ella.

Candy asintió no podía emitir voz alguna. Pero su cuerpo respondía por ella. Candy siempre fue de naturaleza y temperamento fuerte. Le gustaba el sexo demasiado y le gustaba disfrutarlo. Sentía su corazón a punto del infarto y su sexo húmedo palpitaba sin control. Los deseaba con todas sus fuerzas. Sabía que ya estaba condenada de por vida. Pero la pasión y el deseo nublaban la razón.

Albert la tomó en brazos y la llevó al interior de su habitación. Anthony y Terry iban tras ellos, con su deseo al límite.

Albert se sentó en la orilla de su cama. Candy quedó sobre sus piernas y comenzó a besarla con toda su rabia y pasión tocando al mismo tiempo sus senos que se desbordaban ante él.

Anthony le acariciaba sus hermosas piernas y Terry acariciaba su espalda y besaba su cuello suave y blanquecino. Albert era el único que le podía besar su boca. Los tres habían apostado para ver quien iba a tener ese privilegio y Albert había salido ganador.

Poco a poco le fueron despojando de sus ropas. Anthony le retiró el diminuto short. Todos jadearon al ver que su deseada mujer quedaba con una diminuta tanga de encaje color crema y su excitación se elevó aún más. Terry le retiró ese top y le desató el sostén dejando ver esos hermosos senos con sus exquisitos pezones endurecidos color rosa pálido. Los tres sentían su sangre hervir y le acariciaban con desesperación y lujuria.

Anthony besaba esas hermosas piernas y tocaba su entrepierna incitandola y Candy chorreaba tal cual manantial y moría por probar ese zumo dulzón que simplemente le volvía loco. Albert puso en pie a Candy, para que los tres pudiesen adorarle y venerarle. Terry besaba y lamia esa espalda suave, mientras que Anthony se arrodillaba ante ella, separandole sus piernas y se sumergia en esos pliegues húmedos y le devoraba sin compasión. Albert saboreaba esos senos llenos, los desgustaba a placer los chupada y succionaba. Y tomaba su boca introduciendo su lengua a fondo.

Candy jadeaba sin pudor alguno, gozando de las atenciones de estos maravillosos hombres que las veneraban. Podía sentir de ellos su lujuria y solo era por ella. Así pasaba el tiempo y no se saciaban de ella. La llenaban de besos mojados y caricias castigadoras; dejándole en claro de lo que iba a perder después de esto.

Candy estaba a punto de correrse, esto era sublime el mismo cielo. Le estaban volviendo loca de placer cada uno hacía lo dijo, no descuidaban nada de ella. Albert la recosto en el centro de la cama y los tres admirado ese cuerpo enrojecido por los besos marcados. Admiraba por última vez ese cuerpo que los había aprisionado. Los tres le acariciaban deleitandose de su suavidad. Albert la giro posandola boca abajo y todos jadearon de admiración al ver ese bello culo respingon que le elevaba ofreciéndose a ellos. Albert no pudiendo más se abalanzó a ella y recorrió como poseso con labios y lengua toda su espalda y fue descendiendo por sus glúteos y piernas. Terry y Anthony veían embelezados y tocaban sus miembros que morían por penetrarle.

Candy se perdía en el mágico mundo de las caricias. Su cuerpo era materia dispuesta y solo se dejaba hacer. Había decidido gozarlo al máximo. No cabía en ella la mojigateria. No después de haber jugado con su corazón de todos. No lo merecían su único pecado fue amarla. Así que se los debía y haría que valiera la pena para que no le olvidarán nunca; les quería marcar como ellos lo habían hecho. Candy acariciaba a placer esos falos erguidos y palpitantes mientras Albert le devoraba con su boca esa parte más sensible. Candy gemia, gritaba al sentir esa boca deliciosa en ella. Albert no le daba tregua le comía hambriento, quería hacerla correrse; quería beber una vez más su ambrosia de mujer. Candy tomaba a la par los miembros de esos amantes y saboreaba su firmeza. Terry y Anthony bramaban por el placer recibido. Tanto era su excitación que Anthony no pudo aguantar más y se liberó sin poder evitarlo. Se vació arrojando todo su simiente bañando sin piedad el rostro de su amada mujer. Así quedando fuera de combate. Quedando sólo Terry y Albert.

Candy se sentía en un letargo de emociones y placer innúmero. Candy clamaba, exigía sentirse. Albert lo sabía y alquilaba su vulva sin piedad. Candy se precipitó dejándose llevar por un opulento espasmo que le hizo vibrar sin contemplación. Venía la hora de la verdad. Anthony se repuso y volvió al ataque aunque los tres la tomaron a goce y a deleite.

Albert se recosto en la cama, los tres se encontraban desnudos y su concentración puesta en la mujer que los hacía vibrar de pasión. Albert instó a Candy montarlo ella gustosa se empalo a él. Terry se postro detrás de ella y separando sus glúteos lamia ese orificio que tantas veces había sido suyo. Terry le rozaba con su lengua preparandole para la embestida. Mientras Albert se enterraba en ella. Anthony le daba atención a esos senos que rebotaban a cada estocada que Albert le infringia. Candy se sentía enardecida, en delirio y frenesí. Sentía la potencia de su príncipe en su interior. Sentía la idolatracion de todos ellos y solo podía dejarse hacer a su voluntad y gozar de esta lujuria imparable.

Candy les recibía sin recelo, gustosa admitía esa invasión. De ellos que le rendían fervor y admiración al mismo tiempo. Candy era un mar vehemente rayando en la enajenación. Pero, sólo quería explorar su capacidad e ir más allá de lo permitido. Podía hacerlo todo era consensuado no obligado. Por eso se dejaba llevar, no podía explicar con palabras esto y mo quería intentarlo. Los tres se sentían agitados, alterados y sobrepasados por el deseo que se había tornado pervertido. Pero eso ya no importaba el deseo había acabado con el sentido común de todos. Sólo querían tomar lo que más pudieran de esta mujer que adoraban y así poder despedirse y continuar con sus vidas.

Los tres tomaban sus canales deseados y se intercambiaban hundiéndose en ella. Candy les recibía sin castidad ni recato. Todos se sentían superados por las mil emociones y sentimientos. No sabían si habian pasado minutos u horas. Habían perdido la noción del tiempo. Pero, venía su pronta explosión mística y todo lo que conlleva un clímax avasallador.

Todos perdidos en el placer y con una única misión y esa era llegar juntos a la culminación. Albert logró regresar a la posición deseada otra vez Candy le montó tal cual amazona. Terry se hundía en ella de manera suave y delicada pero firme. Anthony abatia esa deliciosa boca. Candy llena "literal" se sentía flotar en un mundo donde el deseo y la satisfacción gobernaban. Y así sin piedad se perdieron en el va y ven de sus deseos. Adorando, venerando a la única mujer que hacía que su mundo brillara. Candy aulló por su apremiante orgasmo y los tres se vaciaron por completo. Y así logrando apaciguar ese deseo incontrolable. Todos agotados y sudorosos.

Al pasar de los segundos, por fin fueron conscientes de sus actos. Anthony fue el primero en reaccionar se sintió avergonzado, tomó sus ropas y salió de la habitacion en el camino a la salida se fue vistiendo y se marchó. Terry de igual manera se sintió extraño y salió al igual que Anthony. Candy sabía que era la despedida así que ella se levantó dejando a Albert recostado. Se fue directo al baño y se aseó dándose una ducha rápida. Fue consciente de que todo había acabado. Albert aprovechó para ponerse una bermuda y una playera también consciente de que todo había acabado. Candy salió ya lista para marcharse. Albert le miró y se sentía morir de dolor, pero tenía que ser fuerte y su semblante se mantuvo impersonal. A Candy se le partió su corazón. Pero aceptaba que merecía si desprecio. Así que tomó su maleta y camino hacia la salida.

-Albert...-perdóname-se disculpó Candy y se fue sin mirar atrás, sin derramar lágrimas alguna. Albert quería correr y suplicar que no le dejara. Pero aguantó.

-Adiós amor mío, Adiós mi bella ninfa...

Un año después...

-No, sabes que debes comer toda tu papilla cariño-decía Candy con una gran sonrisa mientras de daba de comer a su pequeño Bert.

FIN

Chicas pues espero que no se me hayan ofendido. Como sabrán la noticia de los tres amores de doña coletas me inspiro a escribir esto. Obvy para las que me conocen saben que temática manejo en mis fics y solo es para gente de mente abierta. Me rondaba en la mente está escena y pues al ver un hermoso fan art que posteo mi querida amiguita Veroniika Ackerman en Facebook pues ya no lo pensé más y me dije pues aquí vamos y por qué No? Y aquí el nuevo relato erótico menage trois. Y pues espero sus impresiones y ojalá no me odien.

Besos a todas.