Juegos mortales

Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


"He oído que me quieres…"

El cuarto de los chicos de quinto permanecía en silencio cuando entró. Arrastró los pies al adentrarse más, alcanzó su cama, y arrojó la túnica del uniforme sobre el colchón, quedándose con lo que vestía debajo. En la cama contigua, Neville estaba tendido con las piernas colgándole del borde. Draco se acostó junto a él, agradeciendo en un murmullo que le diese la mitad de su almohada; la otra la ocupaba Trevor, en una esquina del colchón, y él no tenía intenciones de acercarse al sapo.

—¿Cómo te fue con McGonagall?

—¿Qué tal te va con Snape? —Hablaron a la vez. Neville ahogó la risa. Draco bufó y lo codeó para que fuese él primero.

—Bien —Su mejor amigo carraspeó y lo repitió, más firme—. Me duele un poco la cabeza. Resulta que "visualizar a tu animal interior" no es fácil, ni siquiera cuando crees saber cuál es por tu patronus.

—Pronto daremos un paseo por el patio, contigo en forma animaga. ¿Tendré que encargarte una correa? —Neville emitió un quejido al oírlo y dio un golpe débil al aire, porque no le atinó. Tampoco creía que estuviese destinado en realidad a hacerlo—. ¡Es para que no se asusten los demás! Anda, será genial.

—Sólo quieres decir que domesticaste a un lobo.

—Tal vez.

Draco se rio de sus protestas. Sonaba cansado, como él cuando volvía del Quidditch. Neville nunca lo fastidiaba cuando regresaba de un juego; incluso se aseguraba de que los demás desocupasen el baño para él, porque sabía que le gustaba pasarse media hora bajo la regadera para deshacerse del sudor y el barro. Se prometió ser más considerado también. Sólo un poco.

—A mí también me duele la cabeza —Le comentó, en un tono más dramático—. Severus no es delicado fuera ni dentro de la mente de alguien.

—¿Ya empezaste con la legeremancia?

Emitió un sonido vago, que no podía ser interpretado como negativo o afirmativo.

—Dice que la oclumancia tiene que ir primero. Me enseñó los principios básicos y todo eso, después me dejó probar la legeremancia en Regulus —Recordó. Más bien, su primo se había ofrecido; hasta le dejó echar un vistazo a sus recuerdos de la niñez, los buenos, esos donde estaba un travieso Sirius arrastrándolo a sus juegos o una tranquila Narcissa que intentaba salvarlo de los problemas con sus padres—. Pero no le gusta mucho la idea de que aprenda eso.

—¿Porque eres un mocoso insolente, irresponsable, egocéntrico y cretino que encontraría una forma de utilizarla para sus propios fines, igual que tu padre? —Neville lo recitó con sorprendente solemnidad. Regulus le había contado que su padrino instruyó un poco a Lucius en legeremancia y él intentó meterse a la cabeza del ex de Narcissa, que para su pesar, era muy perceptivo.

—Sí, exacto.

—No está tan equivocado.

Draco lanzó un golpe sin fuerza al aire. Le dio en el brazo y Neville se retorció con un falso lamento.

—Me metería en tu cabeza a mitad de los exámenes de Transformaciones y creo que él lo sabe.

—Yo creo que Snape piensa que ni siquiera sé qué son las Transformaciones, Draco —Neville soltó un bufido de risa. Él tuvo que reconocer que estaba más cerca de la verdad.

—Entonces debe pensar que me meteré a la cabeza de Hers a mitad de un examen de Aritmancia, o algo así.

—¿Y no lo harías?

—Podría comparar nuestros resultados —Sonrió al techo del dosel, que era a donde tenía la vista fija. Neville pareció considerarlo.

—¿Me pasarías las respuestas en Historia, a través de mi cabeza?

—¿Me haces más dulces y te pones collar cuando seas un lobo?

—¿Sería uno de esos collares apretados con placa?

—No, buscaremos uno genial.

—Bueno, seguro hay cosas peores.

—Sí, seguro.

Los dos se rieron.

—Ahora es de vital importancia que aprendas legeremancia antes de los TIMO's.

Ambos asintieron. Cuando abrió la boca para responder, un destello los encandiló, obligándolos a cerrar los ojos, mientras Fawkes terminaba de aparecer en una llamarada sobre él y descendía, cuidando de no incendiar nada con su cola y el borde de las alas. No quería seguir el ejemplo de Dumbledore quemando las cortinas de Gryffindor, y se lo había advertido.

—No- Fawkes, no- —El fénix se posó en su antebrazo, con el que se cubrió el rostro cuando la luz inundó el lugar, y se estiró para picotearle la cabeza—. ¡Fawkes!

—¿Cómo es que sólo se comporta así contigo? —Inquirió Neville, sin esforzarse por ayudar cuando lo veía batallar con el pájaro de fuego—. Nunca lo había visto ponerse...de ese modo. Creí que lo tenían entrenado o algo.

—Está entrenado. Se supone que nace entrenado, porque es una criatura de gran sabiduría —Se dirigió al fénix, recriminándole entre dientes por lo último. A Fawkes le pareció que era buena idea picotearle la oreja entonces.

Tuvo que sacudirse para sacárselo de encima, con un quejido.

—Tal vez no le agradas.

—Yo siempre le agradé —Le espetó, ceñudo—, sólo se puso así después de...

Calló.

—Tal vez —Continuó Neville, para llenar el silencio por él— sólo quiere jugar contigo. Distraerte un poco. Animarte.

—Eso sería ridículo —Le contestó. Fawkes graznó, pero él no era Dumbledore, así que no podía saber lo que quería con sólo oírlo. Suspiró cuando volvió a posarse en su antebrazo y le acarició el cuello.

—¿Ves? —Señaló su compañero—. Parece feliz ahora. Él también debe extrañarlo.

No se le había ocurrido esa posibilidad. Siguió acariciando la cabeza del pájaro, que cantó con suavidad por debajo de su palma, y escuchó a Neville hablar sobre un libro de plantas que encontró en la biblioteca y nunca había leído; no le dijo que no le importaban las dichosas plantas porque, bueno, era Neville. Aguantar las pláticas de plantas era parte de ser su amigo.

Además, fue ideal para el ejercicio de mantener la mente serena, que Snape le ordenó practicar para la oclumancia.

0—

—...pero, Harry, eso es un poco...

—Debería estar bien si yo te digo que puedes hacerlo —Le respondió el Slytherin, en voz baja. Todo él lucía mucho más tranquilo de lo que Draco se sentía por dentro.

—Podría lastimarte.

—Sé que no lo harás. Eres muy cuidadoso conmigo.

—Aun así...

—Te estoy diciendo que está bien, Draco —Le sujetó las manos, dándole un ligero apretón alentador. Él pensaba que tendría que haber sido al revés—, confío en ti. Intenta.

Draco tomó una profunda respiración y se reacomodó sobre el colchón. Seguía pareciéndole una terrible idea. Su novio rodó los ojos al oírlo.

—¿No practicaste legeremancia con Neville hace dos días?

—Fue diferente.

—¿Por qué?

—Porque...es Neville. Y Neville es Neville —Harry no lucía particularmente convencido con esa explicación que le dio—. Me refiero a que él me había dicho antes que me dejaría entrar a su cabeza, puedo ver y probar lo que sea ahí.

—Y te dije que en la mía también.

—Sí, pero contigo es como invadir tu privacidad —Gesticuló, en un fallido intento de hacérselo entender.

—¿Con Longbottom no?

Draco lo pensó un momento.

—Nev y yo tenemos otro concepto de privacidad —Harry arqueó las cejas, así que él se encogió de hombros—. Compartimos cuarto, su cama es la de al lado, y hablamos antes de dormir. Hay ciertas cosas que no se mencionan, y el resto es...—Simuló una vía libre con las manos—. ¿Acaso no es igual con Nott para ti?

Harry negó.

—Pero Pansy a veces es un poco...—Arrugó la nariz, arrancándole una débil carcajada—. En serio, nunca olvidaré la charla sobre las diferentes utilidades de un sujetador. Fue simplemente perturbador.

Era "noche de Harry", como le llamaba Blaise en tono divertido; puesto de otro modo, Draco le dejaba la capa de invisibilidad durante el día y cogía el mapa por la noche, para encontrarse en el piso oculto. Lo más común era que ocurriese los viernes.

La parte de hablar sobre las camas transfiguradas para ser una sola, más grande, también era normal desde hace unas semanas. Por alguna razón, solían tener conversaciones extrañas allí. Al menos, el que Harry le dijese que intentase leerle los pensamientos, era lo que él calificaría de extraño.

—Anda —Le insistió Harry—, ¿qué es lo peor que puede pasar?

—Una persona podría enloquecer si otra se pone a jugar dentro de su cabeza, desarrollaría paranoia, podría pensar que tiene dos personalidades, quedar con vestigios de pensamientos de la otra...—Empezó a enumerar, justo como Snape había hecho con él cuando quiso saber por qué no lo dejaba practicar legeremancia con tanta frecuencia como la oclumancia.

—¿Vas a entrar a mi cabeza y volverme loco? —Draco negó de inmediato— ¿tardarás mucho? —Otra negativa—. Entonces yo digo que está bien. En serio.

Suspiró.

—¿Seguro?

—Segurísimo —Canturreó, burlón. Draco se inclinó hacia adelante, colocándole los dedos en las sienes—. ¿Tienes que hacerlo así? No sé mucho de esto —Aclaró, con una expresión de genuino interés, que lo hacía cohibirse un poco.

—Se suele hacer con un encantamiento de la varita, pero esto también es útil. Menos peligroso. Los que son mejores pueden hacerlo sólo viéndote a los ojos.

—Suena increíble. ¿Vas a practicarlo así después?

—Tal vez. No contigo —Mencionó, antes de que se ofreciese—; así es más peligroso.

Harry volvió a rodar los ojos, una pequeña sonrisa tironeando de sus labios.

—Si dejas la mente en blanco y te quedas tranquilo, veré pensamientos o cosas relacionadas a mí —Le comentó, también acorde a lo que su padrino le explicó—. Si te concentras en un pensamiento, es más probable que sea lo que encuentre. No llegaré muy lejos.

—¿Hay una parte exterior y una más hacia adentro?

—Algo así —Él musitó un "oh" y asintió.

—Bueno, seguro te das cuenta de que llevo un rato pensando en besarte. No vale la pena vaciar mi mente de eso —Harry le guiñó. Él le dio un beso rápido, preguntó si estaba listo e intentó concentrarse en la idea de ver a través de sus ojos, como le indicaba Severus.

Legeremens.

Deslizarse fue sencillo, un tirón, un movimiento fluido. Debería insinuarle construirse al menos una barrera de oclumancia. Luego pensó que no, que aquello lo hacía mucho más sincero, más Harry.

Pensamientos dispersos aparecieron desde todas direcciones, mezclándose, superponiéndose, confundiéndose. Los destellos de recuerdos estaban desordenados.

Un Harry de unos tres años sobre los hombros de un Sirius que reía y corría por la casa de Godric's Hollow. A los siete, parado al lado de su padre, ambos escondiendo una escoba de prácticas partida a la mitad de la mirada aguda de Lily.

A los nueve, empujando a un niño rubio y echando a correr, alguien a espaldas del pequeño Harry le decía que no fuese tan rudo con su primo. Una imagen fugaz del recibimiento de la carta de Hogwarts, de parte de una lechuza moteada.

Su cabeza era un mundo fascinante, limpio, cálido.

Después se encontró a sí mismo. Le costó identificar al niño rubio de once años, que se despedía en la puerta de una tienda de túnicas, porque lucía inseguro y escondía su marca de media luna bajo un glamour.

Los recuerdos se sucedieron entre manchones de color, más destellos. No todos los identificó, en algunos se vio de nuevo. Harry debía estar vaciando su mente o concentrándose en algo que quería que observase.

Lo alcanzó de pronto. Una memoria bastante reciente, sería sólo de la semana pasada; era otra "noche de Harry". Draco había tenido una pesadilla, no recordaba acerca de qué, y lo despertó por accidente en la madrugada. Harry terminó haciéndole cosquillas, después de que le hubiese contado al respecto.

Era extraño verse desde su perspectiva. Jamás había imaginado que lucía así al reírse, ni que tenía una sonrisa como esa cuando extendía los brazos hacia Harry.

Parecía una persona que no tenía nada de que preocuparse.

Cuando el recuerdo se disolvió a su alrededor, lo único que quedó fue un pensamiento, suelto, adrede.

Te quiero.

Te quiero, Draco.

Draco se salió de su cabeza con el equivalente a echarse hacia atrás hasta chocar con la pared más cercana. Así se sintió, al menos. En cuestión de un parpadeo, estaba de vuelta en la cama y lo veía boquiabierto.

Harry se llevó una mano a la cabeza, desordenándose el cabello aún más.

—Me mareé un poco cuando saliste...

No sonaba a queja, ni a reprimenda. Se disculpó con un balbuceo, de todas formas. Sus ojos, abiertos de sobremanera, no se despegaban del chico que al final se percataba y le dirigía una mirada inquisitiva a cambio.

Lo apuntó, tembloroso. De repente, tenía la boca seca y le era difícil hablar. O pensar.

—Tú- tú me quieres.

Harry parpadeó, despacio. Luego arqueó las cejas.

—¿Creías que no lo hacía?

No era que creyese que no lo hacía. Ni siquiera podía explicar por qué lo sentía como una impactante revelación. Tenía la impresión de que iba cayendo en picada desde lo alto del campo de Quidditch, y no era él quien manejaba la escoba.

Querer a alguien era aterrador.

Se forzó a tragar en seco y concentrarse, aunque el corazón le tronase en los oídos.

No, no podía concentrarse.

—Oh, Merlín —Dejó escapar, lento—, me quieres.

El Slytherin lo veía como si intentase descifrar un problema de Aritmancia. O lo haría, si Harry estudiase Aritmancia con él.

—De verdad te sorprendió, ¿no? —Harry se mordió el labio inferior.

Asintió, después negó. Terminó por llevar a cabo un movimiento que mezclaba ambos y ni él podía entender.

—Merlín —Repitió, tendiéndose sobre la cama. Tirándose, más bien. Al darse cuenta de que Harry lo observaba todavía, se recostó de lado y sujetó una de sus manos.

—"Merlín" no, "Harry" —Le corrigió en broma, inclinándose por encima de él. Su otra mano fue a parar a la mejilla de Draco, justo antes de que lo besase.

El primer pensamiento coherente que pudo formular fue que Harry tenía los ojos más lindos que había visto en su vida. No era una realización nueva; sin embargo, sí se sintió diferente cuando él le sonrió.

—Harry.

—¿Hm?

—También te quiero.

Querer a alguien era aterrador. Pero él estaba feliz de querer a Harry.

—Oh, eso lo sé —Su novio sonrió más, presumido, y se estiró para reclamar otro beso más largo.


Lo dejaré aquí, antes de que la cosa se ponga "rara" ¿? Los momentos de fluff siempre son un buen modo de terminar una actualización. Como siempre, gracias por leer /corazón, corazón.