Juegos mortales
Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Preguntas
—Blaise, feromonas. Otra vez.
Draco mantuvo la nariz arrugada por el insoportable olor dulzón que le hacía sentir un picor, hasta poco después de que su compañero hubiese respirado profundo para obligarse a recuperar el control.
—¿Cuánto tiempo te...? —Se interrumpió a sí mismo con un quejido bajo, cuando Fawkes cerró el pico en torno a su dedo índice. Lo sacudió, reprendió al ave, se ganó un graznido en respuesta, y volvió su atención al chico a su lado—. ¿Cuánto tiempo más vas a estar soltando esas...cosas?
—Cuando esté entrando a la edad adulta sólo saldrán cerca de la luna llena —Blaise se reclinaba contra el respaldar del asiento. Sostenía un libro entre las manos. Cada pocos segundos, giraba la página, echaba un rápido vistazo, se fijaba en la puerta de la biblioteca, y repetía el procedimiento—. Ahí comenzará a ajustarse hasta que pueda usarlas cuando quiera.
Draco frunció el entrecejo. Tenía la impresión de que se arrepentiría de preguntar, pero necesitaba sacarlo de su sistema.
—¿Para qué se supone que las usas?
Su compañero lo observó de reojo, arqueando las cejas. La sonrisa ladeada le enseñaba los colmillos.
—Oh, princesa —Se estiró para colocar una mano sobre la que él tenía encima de la mesa. Le dio ligeras palmadas—, si nadie te ha dado la charla teórica ni has hecho la parte práctica con Potter, no seré yo quien te cuente.
El niño-que-vivió le dio una patada por debajo del escritorio, cuando se echó a reír entre dientes. Blaise sacudía la cabeza, abandonando su libro en el espacio en medio de ambos; uno de sus dedos hacía de marcapáginas.
—Hablo en serio —Le aclaró Draco, todavía ceñudo, y un poco ruborizado, a su pesar—. Porque no todos lo sienten...
—¿Crees que todos tenemos a alguien destinado para amar?
La pregunta repentina, suave, lo dejó descolocado un momento. Parpadeó.
—Dime que no te me vas a declarar, Blas, porque sería terriblemente incómodo —Las posiciones se invirtieron; Blaise le atinaba una patada en la pantorrilla, Draco ahogaba la risa. Carraspeó e intentó serenarse, porque él había utilizado un tono serio y se lo debía—. Creo que elegimos querer a las personas, ¿no? Sólo que sin pensar, es...inconsciente, supongo.
Blaise movió la cabeza de lado a lado, en un gesto que no era afirmativo ni negativo.
—Mientras más fuerte sientes el aroma, más...importante —Seleccionó el término con cuidado— es la conexión de la persona con- pues con- —Se abarcó a sí mismo con un gesto, por completo—. Pero es una decisión del lobo, prácticamente, por eso cuesta controlarlo al principio.
—¿Me estás diciendo que cada vez que casi me asfixias con feromonas, me estás recordando que somos amigos?
Blaise rodó los ojos al oírlo.
—Es...no sé, es difícil de explicar para alguien que no tiene un lobo. Es como- como una energía que te hace querer estar alrededor de otra persona, te tranquiliza. Es como tener un amigo predestinado, personas que ni siquiera el lobo odia. No es que sea más amable con ellos, o que no los pueda lastimar, sólo...—Se encogió de hombros. Draco asintió, despacio.
—Creo que lo entiendo. Un poco —Añadió, más vacilante. Los dos sonrieron a medias—. ¿Qué hay de las demás personas, las que no lo sienten o a las que les gusta?
—La mayoría no lo siente —Sacudió la cabeza—. A quienes les gusta, es...madre dice que es como una forma de conexión diferente. Como si me señalase quién es...compatible —De nuevo, seleccionó la palabra con cuidado— conmigo. No de una forma romántica, es más como...
—¿Alguien que te entiende mejor?
Blaise asintió.
—Sí, algo así. Pero tiene sus funciones para cuando te sientes atraído hacia una persona también, como llamar su atención, un aroma que se ajusta —Le restó importancia con un gesto.
—Es como si estuvieses rociado con unas gotas de Amortentia todo el día para esa persona.
Draco lo encontraba bastante divertido. Blaise, que frunció la nariz, parecía que no.
—Yo no lo pondría así, es mucho, mucho más complejo. Pero supongo que podrías...imaginar algo como eso.
Él lo pensó unos segundos, tiempo valioso que Blaise aprovechó para revisar dos hojas más del libro; debido a que sólo debía verlo bien y recordarlo, no era extraño que tardase poco.
—¿Lo has usado con Nev?
Si Blaise hubiese estado tomando un vaso de jugo de calabaza, aquel sería el momento en que lo escupía y salpicaba todo. Por suerte, la bibliotecaria no permitía ingresar comida a su establecimiento.
—No —Lo observó con ojos enormes, de un modo que rozaba lo gracioso—, no. Nunca.
—Si yo pudiese hacer algo así, me gustaría llamar más la atención de Harry —Draco sonrió. Suponía que era como cuando bromeaban con la colonia de Amortentia, pero por la expresión escandalizada de Blaise, estaba equivocado.
—Créeme que no lo harías —Le respondió, en voz baja—. Es mejor que le gustes por ser tú, que porque hay una magia extraña que entra en su cabeza y lo hace verte de otra forma.
—Pero...creí que pasaba solo. Igual que cuando me estás asfixiando a mí.
—Sí, claro que pasa solo. Yo...imagino que Neville lo ha sentido un par de veces —De pronto, lucía más avergonzado y rehuía de su mirada—, pero no porque yo intente llamarlo así.
La licantropía era una cosa complicada, decidió. Le recordó a Blaise que era mejor que sólo le regalase un ramillete también, preferiblemente de una de las plantas que él adoraba, y dejó que volviese a centrarse en su libro.
No estuvo más de unos minutos evitando que Fawkes se posase en la mesa y tocase los libros con sus alas de fuego, o lo picotease más, antes de sentir un leve codazo en el costado. Al girarse, notó que Blaise mantenía los ojos puestos en su libro. Quietos. Sin leer más.
"Te están observando" se dibujó en el borde de la página a la que él apuntaba con el índice. Draco arrugó el entrecejo y le pidió a Fawkes que se parase en la pila de libros, sin rozarlos con el fuego, para cubrirlo un poco cuando preguntó.
—¿Dónde?
"La puerta"
"Umbridge ha pasado por ahí más o menos cada cinco minutos desde que nos sentamos aquí y siempre mira hacia acá"
"¿Quieres que salga?"
Le había contado a Blaise y Neville lo que creyó ver de Umbridge en la clase de Defensa; el primero, que no estuvo presente, aceptó su versión de inmediato. El segundo, que se encontraba a su lado, no lo vio, pero le dijo que confiaba en que era como Draco afirmaba.
Tras unos instantes de consideración, negó.
—Ve por Nym —Le indicó, entre dientes. Su prima pertenecía al escuadrón de Aurores que todavía pasaba por Hogwarts cada semana, sin falta. Blaise cerró su libro, se lo puso bajo el brazo y abandonó la biblioteca con zancadas largas.
Draco jugueteó con Fawkes, apartando su mano cuando hacía ademán de morderlo, y acariciándole el cuello, tan pronto como se quedaba quieto. No les tomó más que otro par de minutos volver allí.
Cuando intentó explicarle a su prima sobre Umbridge, Tonks soltó un resoplido.
—Draco —Más cansada que exasperada, se sentó frente a él—. Sé que estás tenso, pero por favor, déjanos hacer nuestro trabajo, que es cuidarlos, y confía en lo que intentamos aquí.
—Confío, sólo digo-
—Dolores Umbridge ha estado todo el día con la directora, planeando los TIMO's y los exámenes de Aparición de los que están en séptimo, Draco —Meneó la cabeza—, es imposible. Yo la vi. Estuve en ese pasillo desde la mañana.
Abrió la boca, luego la cerró al darse cuenta de que no conseguiría nada de ella. Optó por hablarle con su voz más suave.
—Perdón, estoy muy cansado y tenso. Vuelve allí.
Su prima intentó sonreírle al darle un apretón en el hombro. Se puso de pie y se dirigió hacia la salida.
Esperó a que la puerta hubiese quedado entreabierta detrás de ella para ver de reojo a un consternado Blaise, que se giró enseguida.
—Draco, te juro que-
—Lo sé —Lo cortó, levantándose también—, sé lo que tú viste. Lo que no sé es qué vio Nym.
Su compañero apretó los labios y desvió la mirada hacia la entrada. Cuando Draco lo imitó, la observó pasar. Era difícil confundir a una mujer regordeta y bajita vestida de rosa de pies a cabeza.
Recogió sus pertenencias, le dijo a Fawkes que se moviese, y pidió a Blaise que lo siguiese. Caminaron hasta el umbral de la biblioteca en silencio, deteniéndose justo antes de abrir la puerta.
Se asomó por la rendija que quedaba contra el marco. Al no encontrarla, observó a Blaise, que olfateaba el aire.
—Ese es su perfume —Su rostro se contrajo por el desagrado—. Es como un montón de magia oscura metida en un caldero con agua del desagüe. No se me olvidaría, Draco.
Aquello no era esperanzador. Cuando empujó la puerta, se percató de que Blaise daba un brinco.
Un segundo más tarde, a quien se encontraban de frente era a la profesora A. El chico levantaba la cabeza hacia su madre, con una expresión más tranquila. Draco esperaba que no fuese él quien delatase lo tensos que estaban.
—Justo te venía a buscar. A los dos —Agregó, como una idea de último minuto—. ¿Puedes ayudarnos un poco, cielo? —Pasó una mano por el cabello de Blaise, echándole hacia atrás un mechón que comenzaba a ser demasiado largo—. Necesitamos de este cerebro brillante que tiene mi cachorro.
Blaise sonrió. Tenía una sonrisa diferente para su madre; más suave, afectuosa, sin burla o ese toque travieso que le transformaba el rostro.
—¿Qué haremos? —Le preguntó Draco, en cuanto empezaron a caminar hacia el ala de los profesores. A pesar de que dio un par de ojeadas hacia atrás, no tardó en decirse que ni siquiera Umbridge se acercaría si veía que iban con una profesora.
La bruja le dedicó un vistazo por encima del hombro.
—Necesito preparar muestras de una poción para hacerla perfecta. ¿Quién mejor para ayudar que ustedes dos? —Al encontrarse a solas en un área apartada de la mayoría de los estudiantes, pasó un brazo sobre los hombros de cada uno.
Snape, pensó. Snape era mejor.
Pero supuso que ella tenía una buena razón para no pedírselo a él. Quizás las preguntas. Draco supo que la poción era la que usarían para él en cuanto estuvieron en la oficina llena de libros y pergaminos. Blaise, por otra parte, no cuestionaba a su madre.
—0—
—...necesitas fortalecer más tus escudos de oclumancia. Pero no está mal para un mocoso consentido de quince años.
A Draco le habría gustado devolverle la puya, pero estaba cansado, mareado y sediento. Las tres eran consecuencias usuales de las prácticas.
Necesitaba un poco de jugo de calabaza, ir a la Torre para darse un baño y cambiarse. Le preguntaría a Neville cómo le fue con McGonagall y si ya se podía transformar. Luego, quizás, podría ir a ver a Harry al terminar su práctica de Quidditch, para que estuviesen juntos hasta la hora de la cena.
Pensándolo bien, podían cenar juntos.
Estaba sentado en uno de los banquillos frente al mesón de la oficina, meditando qué tan buena idea era una rápida escapada a Hogsmeade, a ese sitio nuevo donde insistía en que Ron llevase a Hermione, cuando se percató de la jarra que levitaba hacia él. La atrapó en el aire, por reflejo. Después notó, por el aroma, que era cerveza de mantequilla.
Su padrino tomaba asiento frente a él, mientras Draco daba un sorbo a la jarra y arqueaba las cejas. Snape resopló.
—Cuando yo practicaba, al comienzo —Le contó, despacio—, Regulus se iba por uno de los túneles hacia Hogsmeade y me traía una de esas.
El chico disimuló su sonrisa detrás del borde de la jarra. Murmuró un agradecimiento, que el hombre rechazó con un gesto hastiado, y se limitó a verlo. Era obvio que quería hablarle de algo; Severus no era de retenerlo en su oficina, sino de los que lo despachaban de inmediato, levitándolo hacia afuera de ser necesario (siempre lo hacía cuando era pequeño y lo molestaba al trabajar).
—Nymphadora habló con McGonagall.
Oh, por supuesto que su prima habló. No se sentía sorprendido. La Orden funcionaba de ese modo.
Asintió para demostrarle que entendía y que sabía sobre qué. Él pareció sopesar mejor sus palabras, a partir de ese punto.
—Minerva cree que te haría bien ver a un psicomago —Le explicó, después de un breve silencio. Su expresión era neutral—. Yo le dije que si quisieras uno, me lo habrías pedido ya. Pero...luego se me ocurrió que no perdía nada con preguntarte.
—No necesito un psicomago.
La respuesta fue instantánea, inconsciente. Se tensó al darse cuenta de lo que había dicho, de cómo se escuchó. Se obligó a relajarse, poco a poco, después.
—En serio, Sev, no tengo nada.
—¿Qué tan seguido tienes pesadillas?
Draco apretó los párpados por un momento. No sabía mentirle a su padrino, de entre todas las personas; no cuando se trataba de un tema serio.
—Una, dos veces...a la semana.
—¿Has vuelto a ver ojos rojos en alguien?
Se demoró un instante en comprender. Le frunció el ceño.
—No me estaba imaginando-
—Lo sé —Lo calmó, con un susurro contenido—. Contesta a lo que te estoy preguntando, Draco.
Él negó.
—No desde esa vez.
Snape se demoró un poco más en continuar. Cuando lo hizo, sonaba tan cuidadoso que la rabia que lo invadió sería seguida por una sensación inmensa de culpa.
—¿Te sientes observado cuando vas por el castillo?
—No estoy imaginando cosas, Severus —Le siseó, entre dientes. Él permanecía impasible.
—Estás alterado, Draco, no estoy diciendo que delires. Hay una brecha enorme entre las dos cosas.
—¿En serio? Porque ambas suenan como si intentasen decirme que veo a Voldemort en todas partes, estando en el lugar más seguro del mundo, que no es nada seguro desde que murió el único mago que podía hacerle frente y me secuestraron en mi propio cuarto...
Tuvo que inhalar al haber terminado. Se arrepintió de inmediato de su arrebato y se pasó las manos por el cabello, echándolo hacia atrás.
—Estoy nervioso, ¿bien? —Draco lo admitió, en voz más baja—. Me quedé en Hogwarts- me dijiste que nos quedamos en Hogwarts porque Dumbledore no dejaría que nada me pasase después de ese día, y él ya no está, y discúlpame por ponerlo así, pero Voldemort seguramente puede pasar en medio del escuadrón de Aurores de Nym sin que se hayan dado cuenta.
—¿Realmente crees que van a dejar que te mate?
No que me mate. No quiere matarme.
Recordó que él no lo sabía. Decidió sopesar mejor sus palabras.
Observó los ojos oscuros de su padrino, y sin notarlo, asintió.
—Creo que ellos dejarían que me lleve otra vez —Le aclaró, lento—. Tú no. Leonis no, la profesora A, McGonagall...pero no puedo pasarme las veinticuatro horas pegado a uno de ustedes, padrino. Ya he vivido así. Ni siquiera podía probarme una túnica en el Callejón Diagón sin Leonis mirando por la ventana de la tienda, y Voldemort aún no estaba de vuelta.
—Intentamos cuida-
—Pero me cuidaron tanto que no sé qué voy a hacer yo solo —Draco bajó aún más la voz, casi a manera de disculpa. Su padrino parpadeó, tan desorientado como se podía permitir—. Sé que soy insistente, pero es a mí a quien va a buscar. Y no tengo idea de si podré hacer algo cuando me encuentre.
—Ya lo has hecho. En la Mansión...
—En la Mansión —La voz se le quebró; no le importó—, perdí a una nueva amiga y dejé que murieran magos que ni siquiera conocía.
—Eran Mortífagos, Draco.
—Eran personas. Y yo estaría...tan molesto con alguien que te hubiese matado por llevar la Marca.
Snape guardó silencio cuando él bajó la mirada hacia la jarra de cerveza de mantequilla. Se la terminó de un sorbo y se levantó, recogiendo su maletín.
—Piénsalo.
Se detuvo al rodear la mesa para ver al profesor, que cabeceó en su dirección.
—Regulus necesita uno —Draco parpadeó a causa del repentino cambio de tema—, desde lo de...la captura.
Asintió, despacio. Sí, conocía la historia. El día en que Voldemort entró a la Mansión, Ariadna corría a su casa, donde encontró al padre de Blaise muerto y a su hijo en el refugio mágico que prepararon para emergencias. Regulus tendría que haber cubierto su posición.
Lo habría hecho, si Bellatrix, que sospechaba de él de antemano, no lo hubiese torturado y abandonado después en el patio de la Mansión, a unos metros de los cadáveres de sus amigos, cuando estuvo claro que perdieron.
Todos los sobrevivientes de la guerra concordaban en que el peor destino recibido por sus compañeros no fue la muerte, sino pasar por las manos de su tía.
—Le hice prometer que vería a uno cuando todo hubiese terminado —Severus siguió, cuidadoso, lento—, cuando pudiese salir de nuevo. A cambio —Frunció la nariz al agregarlo—, yo le prometí tomarme un descanso de la enseñanza, probablemente para siempre, y llevarte a una de las casas de campo de los Black, donde pudieses descansar. Si termina pronto, quiere que te tomes un año, dos, lo que necesites. Si crees que hablar con un psicomago en esas condiciones, te haría sentir mejor...
Dejó las palabras en el aire. Viniendo de su padrino, era suficiente consideración por un día.
—Sólo piénsalo.
Draco asintió.
—Gracias, Sev.
Él lo despachó con otro gesto y le dijo que lo sacaría con un hechizo, si no se movía. El Gryffindor se apresuró a salir, para llegar antes de que la práctica del equipo de Slytherin hubiese terminado.
Yo le llamo a estas actualizaciones "donde comienza la verdadera tensión" ;)
