Juegos mortales

Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


J'adoube


Frase proveniente del francés universalmente aceptada como la forma de decir de un jugador que va a tocar una pieza para colocarla apropiadamente en su casilla. En español se usa: Compongo.


Hogwarts era un caos.

Las estatuas de las protecciones clavaron las espadas y lanzas en el suelo, entrecruzándolas para mantener obstaculizado el espacio entre sus armaduras. Las barreras, sólidas y visibles como nunca antes, impedían el paso de cualquiera que no estuviese autorizado de forma expresa por la directora; funcionaba para salir tanto como para entrar.

Los Aurores recorrían el Bosque Prohibido, crispando los nervios de los centauros y el resto de las criaturas que no solían ver humanos de cerca. Se llevaron el cuerpo quemado y obligaron a los estudiantes a regresar dentro del castillo. Los Jefes de Casa hacían recuentos de sus miembros en las Salas Comunes, aunque era en vano. Todos sabían quién faltaba.

De nuevo.

Pudieron vencer las previsiones, de nuevo. Ron pensaba que era bastante curioso.

El mundo era un desastre a su alrededor. Hermione y Ginny cuchicheaban, medio histéricas. La profesora A acudía al despacho de la directora, la Orden no dejaba de hacer estallar fuego verde en las chimeneas, cada vez que entraban y salían. Los alumnos hablaban. Hablaban demasiado para su gusto.

Ron le rascaba detrás de las orejas a Leonis, que había enloquecido cuando Draco desapareció. Tras un rato, el perro se puso a perseguir a los de la Orden. Supuso que no había problema, mientras no los molestase ni mordiese a ninguno.

Blaise había sido el peor. Enloqueció, juraría después. Irrumpió en el despacho de McGonagall, los acusó de ser los responsables por no haber prestado atención a las advertencias de Draco, por haberlo dejado solo, por no haberlo cuidado lo suficiente. Su voz se oía desde el pasillo, a través del pasadizo que daba a la oficina. Sonaba más animal que humano; Ron lo atribuyó a la rabia. Su madre tuvo que sostenerlo y sacarlo de ahí, porque lucía dispuesto a maldecir a alguien.

Ron utilizaba el tiempo para pensar. Nadie lo molestaba en ese momento, concentrados como estaban en asuntos mayores, así que pudo regresar al dormitorio de Gryffindor y observar el tablero modificado por largo rato. Era lo que Draco habría querido que hiciese. Mantener las emociones en calma no era lo suyo, se sentía igual que un volcán a punto de hacer erupción, pero podía hacerlo. Debía hacerlo.

Era lo único en lo que podía ayudarlo.

Era el único que sabía, al parecer.

Draco estaba vivo. Voldemort lo iba a mantener con vida; necesitaba conservar a su Horrocrux restante y crear más. No dudaba que lo tendría en pésimas condiciones a propósito, pero mientras estuviese vivo, aún podían hacer algo. Aún habría esperanza.

Luego estaban los desaparecidos. Ron tomó papel y pluma, se sentó a un lado del tablero y comenzó a escribir.

Lo que sabía.

Draco estaba vivo. Snape, Neville, Potter, no estaban. Él lo mandó a buscar a Snape. Snape debió ser quien rompió una de las barreras (era el único que sabría cómo, supuso).

Umbridge estaba muerta. Umbridge no era Voldemort. Umbridge sí estaba de su lado, lo apoyaba o trabajaba para él de algún modo. Tomando en cuenta que estuvo encerrada en un baúl y en poder de un Mortífago loco, ni siquiera era difícil imaginarse que pudieron haberla hechizado o forzado. O puede que también estuviese demente. No había que descartar nada.

Draco era un Horrocrux.

Draco podía crear otros Horrocruxes para él.

Draco era emocional. Consideró tacharlo, después decidió que no. Era un punto vital.

Lo que no sabía. Dónde estaban, qué hacía, qué quería.

Lo primero no estaba seguro de poder resolverlo solo. Optó por revisarlo al final.

Qué hacía. Esa era fácil; él se lo advirtió antes. Se llevó a tres personas más, lo atrajo a una trampa. Umbridge tuvo más que suficiente tiempo para observar, fuese ayudante de Voldemort por las buenas o por las malas, y sabría quién afectaría más a Draco. ¿Todo era un plan? Quizás sí. Quizás también era casualidad en buena parte.

Los usaría. No tenía del todo claro cómo, no quería imaginárselo, pero los usaría. Draco cedería. Llevaba cinco años compartiendo cuarto con él, lo conocía.

Draco perdería la guerra por una o más personas. Si eran las personas correctas.

Si su prioridad era un Horrocrux nuevo, podía buscar el objeto que él mencionó. ¿Qué fue? ¿Un broche? Sí, un broche. También lo anotó.

En caso de utilizar a estos tres rehenes para que Draco crease otro Horrocrux y haberse llevado el broche, o haber conseguido algo más, y un lugar, habría una persona desaparecida que iba a morir por ese Horrocrux. ¿Sería una bruja, sería un mago? Eliminó la posibilidad de que fuese un muggle, a pesar de que habría sido lo más sencillo. Voldemort no haría un horrocrux tan valioso, en su situación, a partir de la muerte de un muggle.

Era demasiado simple. Él querría elevar su apuesta, querría demostrarse que aún tenía el control.

Era un rey sin corona ni ejército, en el trono de un castillo que se caía a pedazos. Herido, cansado. En el tablero, habría estado en un jaque permanente desde que su propia serpiente lo envenenó.

Estaba desesperado. Los magos oscuros desesperados pueden ser tan peligrosos como descuidados.

No, él iría por alguien con magia. Alguien que pudiese defenderse. ¿Alguien que Draco conociese?

Poner una vida por encima de otra, para Draco. Lo destrozaría. Era una buena estrategia. Era lo que él haría, de desear tanto acabar con Draco.

No creía que tuviese tanto tiempo, tanta paciencia, para ir por un conocido del niño-que-vivió. Tal vez luego. Tal vez para un segundo Horrocrux.

Pensando en esto, se dio cuenta de que necesitaba un sitio aislado. Un sitio donde nadie lo buscase. Un sitio donde no lo interrumpiesen.

¿Otra Mansión Malfoy? Una versión diferente. De una familia diferente.

¿Cómo das con alguien, sin tener ninguna pista de su paradero? Probar hechizos de búsqueda era perder el tiempo.

Tenía que ser algo más. Tenía que ser algo que los llevase directo a Draco, atravesando cualquier tipo de magia diferente.

Tenía que ser…

Ron giró el rostro en cuanto escuchó el graznido de Fawkes, balanceándose sobre la percha instalada junto a la cama de Draco.

Tenía que ser una magia más fuerte. Una magia que no perteneciese a un mago.

Fénix, anotó. Dumbledore. Colgante.

Movió un par de piezas del tablero, recreó la idea que tomaba forma en su cabeza.

El lado de Draco estaba en jaque. Pero se podía revertir.

Recogió sus notas, ordenó a las piezas regresar a sus posiciones y se acercó al fénix, ofreciéndole el dorso de una mano.

—¿Podrías ayudarnos a buscar a Draco?

Fawkes le graznó. Saltó hacia su mano, cerró las garras en su piel, y él quiso pensar que era una respuesta afirmativa.

Repasaba sus notas de camino a la Sala Común, afuera, en los pasillos, incluso hacia el despacho de McGonagall. Blaise podía buscar el dichoso broche, preguntaría a la profesora A dónde lo dejó tras mostrárselo a Draco. La directora podía enviar un Auror de la Orden a buscar algún mago desaparecido hace poco; si Voldemort estaba tan desesperado y enfermo, más ocupado en mantener a Umbridge cumpliendo su función, no pudo buscar a alguien muy lejos.

Fawkes, probablemente, era capaz de atravesar las protecciones de los magos.

¿Había algo que se le olvidaba?

Sí, el cuadro. El dichoso cuadro del colgante. ¿Cómo se llamaba el sujeto que tenía otro de esos? ¿Alfredo? ¿Alford?

Mordisqueó la pluma hasta sentir la tinta correr por su boca. Escupió con un sonido de disgusto, frunció el ceño, y estuvo a punto de pasarle por un lado al pasadizo del despacho.

Sólo tenía que conseguir que lo escuchasen. Si era necesario, les diría todo acerca de los Horrocruxes que Draco le contó.

Pero tenía que ser rápido. La creación de otro Horrocrux los podría atrasar meses, años.


Tengo que confesarles que desde el inicio de la historia, tuve esta parte en mente. Adoro usar a Ron como un elemento gracioso en los fics y por el soporte que puede representar como amigo de Harry, pero siempre recuerdo las propuestas y soluciones que da en el último libro y uf. El niño necesitaba brillar un momento y yo necesitaba escribirlo.

Les sorprenderían los pocos capítulos que faltan para concluir la historia. Como siempre, gracias por leer ;)