Juegos mortales
Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Armageddon I/II
Armageddon: no es el fin del mundo, sólo una partida que tiene siempre un ganador. Al blanco se le concede más tiempo, pero las tablas significan victoria para el negro.
Draco todavía tenía los ojos y la nariz hinchados y enrojecidos cuando entró. Las miradas se detuvieron en él de inmediato, el sonido de los débiles murmullos que percibieron desde el corredor, deteniéndose a medida que caminaba hacia el centro de la oficina. Hizo una pausa junto al escritorio de la directora, donde se apoyó; para alguien que no fuese plenamente consciente de su estado, le habría parecido que se relajaba contra la madera, no que la necesitaba para evitar el vértigo y la sensación de caída.
Harry colocó una mano sobre la suya, dándole un leve apretón. Lo vio asentir.
McGonagall los observaba, expectante. Blaise estaba sobre una de las incómodas sillas del despacho, con los brazos envueltos alrededor de sí mismo y un ceño permanente; Neville, a su lado, mantenía un agarre flojo sobre una de sus muñecas, como si hubiese intentado tranquilizarlo antes de que llegasen. Los Gryffindor que solían rodear al niño-que-vivió también andaban por ahí.
—¿Ariadna? —Draco preguntó por la profesora, sin ver a nadie en particular. La voz le sonó plana, vacía.
—Pomfrey la trasladará al área de la morgue de San Mungo cuando sea seguro dejar el colegio —Le aclaró la directora, con una expresión de disculpa en la que él no se fijó, porque había puesto los ojos en Blaise. El Ravenclaw apretó los labios y sacudió la cabeza. Fuese lo que fuese que se decían en esa conversación gestual y privada, pareció zanjarse.
Harry le dio otro apretón a su mano cuando notó que Draco cerraba los ojos y respiraba profundo. Tras un momento, él deslizó el brazo lejos y se concentró en los que estaban allí. Suponía que la Orden cumplía sus obligaciones, a donde los hubiesen enviado.
—Voldemort viene para acá.
—Los Aurores y la Orden- —El Gryffindor le dedicó una mirada tranquila a la directora, que pareció comprender el punto sin más. Era la primera y posiblemente única vez que alguien la silenciaba así.
—Nadie lo va a detener —Draco continuó, con una exhalación pesada, temblorosa—, nadie lo puede detener.
Fue Neville quien intervino esa vez.
—Las profecías...
Draco soltó un bufido despectivo, negando.
—Son una farsa, Nev. No tengo nada especial, no tengo algo con lo que enfrentarlo. Ni siquiera tengo mi varita aquí, es la segunda vez que me quedo sin una —Se echó el cabello hacia atrás en un movimiento compulsivo, que tomó por inconsciente. Luego chasqueó la lengua—. Está loco, es fuerte. Demasiado fuerte. La única persona que podría igualarlo en un duelo uno a uno, tal vez, hubiese sido Albus Dumbledore, y no está.
Cuando la profesora McGonagall hizo ademán de replicar, le pidió que lo dejase terminar, con un susurro. Ella se sentó tras su escritorio y se lo concedió.
—Voldemort es demasiado fuerte para que yo pueda hacerle algo —Draco siguió, despacio, medido. Harry tenía la absurda impresión de que se enderezaba, recuperaba la compostura, conforme la realización le llenaba los ojos con una chispa de reconocimiento que no estuvo ahí unos momentos atrás—, así que la única posibilidad que tenemos es que él se lo haga a sí mismo.
—¿De qué estás hablando? —Blaise lo observó con una expresión pensativa. Draco miraba un punto más allá de ellos, sus ojos abriéndose más con cada instante que trascurría. Creyó ver que movía los labios, sin emitir sonido alguno. Luego estaba chasqueando los dedos y recorría el despacho con la mirada.
—Voldemort es demasiado fuerte para mí, ¡es demasiado fuerte para cualquiera! —Ahogó un sonido extraño, medio suspiro, medio carcajada estrangulada. Por la manera en que lo observaron, Harry no era el único que temía por lo que el Señor Oscuro hubiese dejado dentro de su cabeza—. Él es demasiado fuerte para su bien. ¡Es la magia! Lo mantuvo vivo allí, lo llevó a otro cuerpo, lo sostiene. Le costaba estar aquí, necesitó de- de otra magia —Draco carraspeó— para tener el estallido de poder que ocurrió en la casa. La magia controla el veneno en su sangre, de la mordida de Nagini. La magia evita que uno de los venenos más fuertes del mundo lo mate, ¡Merlín! ¡Dejen de verme así!
—Lo único que estás diciendo es que es muy fuerte, Draco —Le dijo Hermione, con la expresión contrariada. Él meneó la cabeza, emitiendo un ruido frustrado desde el fondo de la garganta. De pronto, se fijó en Harry.
—¿Tú me crees que sé de lo que hablo? —Le preguntó, con un hilo de voz. Harry intentó sonreírle al asentir.
—Pero puedes explicar un poco más —Le mencionó, de pasada. Alguien soltó un bufido de risa sin humor.
—Su cuerpo es inestable y su alma aún más —Draco se volvía a pasar las manos por el cabello, sin desordenarlo en realidad—; no se puede mantener a un ser vivo en ese estado. Debe sostenerse. El gasto de magia que tiene es...
—...gigantesco —Fue McGonagall la primera en captar el punto, asintiendo. Draco repitió el gesto, deprisa.
—Voldemort es fuerte, sí, tanto como para mantenerse vivo cuando cualquier otro habría muerto. Por la magia oscura. Tiene tanta magia en el cuerpo, de ella depende su funcionamiento, que si se pudiese rebasar un límite, si fuese demasiada magia incluso para él, para el cuerpo que habita ahora...—Simuló un estallido con las manos; todavía le temblaban un poco, pero era menos notable si seguía moviéndose a la velocidad en que lo hacía—. ¡¿Por qué no lo entienden aún?! ¡A Voldemort lo puede destruir su propia magia! ¡Les dije que dejaran de verme así!
—Sí, claro, eso suena lógico —Por la forma en que arrugaba el entrecejo, Harry no sabría decir si en serio pensaba que lo era o si Hermione sólo intentaba ponerse de su lado—. ¿Pero cómo haces que un mago suelte tanto poder- que lo necesite, y se desestabilice de ese modo?
Draco apretó los labios un momento, desviando la mirada. Uno de sus pies golpeteaba sin cesar el suelo; puede que lo ayudase a concentrarse.
—Sólo hay que hacerle algo de lo que no pueda curarse —Le respondió, de repente, con un tono suave que desentonaba con las palabras—, algo que sea tan grave, tan fuerte, que toda su magia se ocupe de arreglarlo...y termine consumiéndolo en una explosión interna de poder, que ni siquiera su cuerpo pueda aguantar.
—¿Cómo piensa que se puede conseguir eso?
El niño-que-vivió observó a McGonagall por tanto rato, con los ojos desenfocados, que Harry temió que no encontraría una respuesta racional. Después parpadeó y sacudió la cabeza.
—Jugando.
Comenzaba a tener sus dudas sobre la cordura de su novio, como todos en el despacho, cuando Draco presionó las palmas sobre el escritorio de la directora.
—Necesito meterlo a Hogwarts, profesora.
La expresión de McGonagall se deformó de inmediato.
—Ni siquiera se le ocurra que-
—Estará lejos de cualquier estudiante, excepto yo —Le restó importancia con un gesto—, estará abajo.
Ella vaciló.
—¿Abajo?
—Necesito su ayuda. Necesito mucha ayuda —Draco miró al resto por encima del hombro—, pero sé de algo que podría conseguir que se ponga así.
—0—
La organización se llevó a cabo con rapidez y pulcritud. Draco lucía más decidido, aunque tuvo que permitir que lo ayudase para explicarles a los demás lo que quería, porque moverse tanto lo agotaba y la voz dejó de salirle con normalidad más allá de cierto punto.
Envió a Neville a despertar a Regulus, a quien, por lo que le contestó después, durmió con una poción para que se recobrase. Regulus estaría molesto cuando abriese los ojos, pero ambos esperaban que fuese lo suficiente maduro para comprender que era necesario, si no podía controlarse a sí mismo.
A Blaise lo llevó aparte un momento. Por lo que escuchó, le pedía disculpas por lo de su madre, hasta que el otro le dijo que él no era responsable de las decisiones que ella hubiese tomado. Blaise aceptó el mapa en forma de serpiente y un encargo en que tenía que correr hacia Hogsmeade.
A los otros Gryffindor, les pidió que reuniesen a estudiantes de quinto o mayores del club de duelo.
—¿Cuántos hechizos crees que se necesiten para inmovilizar a un dragón? —Le preguntó Draco, deteniéndose a mitad de las indicaciones. Harry lo observó, titubeante.
—¿Un dragón? —Él asintió, solemne—. No sé, creo...—Entonces recordó a Peter dándole un número exacto—. Unos quince, si es una dragona grande con crías. Son las peores.
—Quince —Draco probó la palabra, entrecerrando los ojos. Luego asintió para sí mismo—. Necesito alrededor de quince estudiantes —Les dijo a los Gryffindor, que lucían tan descolocados como Harry se sentía. Antes de que se fuesen, notó que la pequeña de los Weasley sujetaba uno de los brazos de Draco y le preguntaba si se sentía bien. Él asintió, deprisa.
—¿Vas a inmovilizar a un dragón? —Se le ocurrió preguntar, cuando pidió el último favor a McGonagall y le hizo una seña para que lo siguiese. Su madre tendría otra crisis nerviosa si ahora también tenía algo que ver con dragones; Harry creía que la crisis por acercarse a Señores Tenebrosos ya era lo bastante mala de por sí.
Draco negó, sin mirarlo ni detenerse en su trayecto por los pasillos.
—Sólo a un mago oscuro muy poderoso.
Ahí, comenzó a atisbar los contornos del plan que se esbozaba dentro de esa cabeza rubia.
—0—
Descendieron con una cuerda mágica, invocada deprisa, y la constante compañía de Fawkes, que parecía pensar que sobrevolar la cabeza de Draco, graznar, picotearlo y cantarle, ayudaría de algún modo al hecho de que Voldemort estuviese de camino al colegio.
Draco caminaba delante de él. Iba murmurando entre dientes; sonaba a un recuento.
—¿El Desiluminador puede tomar una gran cantidad de luz y soltarla como un destello?
Harry vaciló, aturdido porque hubiese interrumpido su extraño proceso de planificación para volver a dirigirse a él. Se movía un paso exacto detrás de Draco, y sostenía uno de sus brazos desde que ingresaron al pasadizo del baño.
—No estoy seguro.
Lo escuchó maldecir, con la mandíbula apretada.
—Necesito una distracción...una distracción- ¡necesito una ilusión!
Harry habló sin pensar.
—Theo estudia ilusiones desde hace años.
De pronto, Draco se giraba para encararlo, con una mirada interesada.
—¿Qué tan grandes son sus ilusiones?
—Normales —Harry se encogió de hombros—, no va a desaparecer Hogwarts ni nada por el estilo, si es lo que piensas.
Draco arrugó el entrecejo y negó, pero tras un instante, lo más cercano a una sonrisa que le había visto ese día, se le dibujó al verlo de reojo.
—Perdona, estoy- —Abrió y cerró la boca, quizás a falta de algún término apropiado.
Harry deslizó su agarre más abajo, para sujetar su mano.
—Está bien. Estoy contigo —Le guiñó—, no importa que tus ideas sean locas o tus explicaciones una mierda que no se entiende...
Cuando pareció que iba a replicarle con algún comentario agudo, alcanzaron la entrada a la Cámara de los Secretos. Regulus ya los esperaba ahí abajo, de pie en medio del ancho pasillo que la conformaba. Mantenía un cuadro envuelto en papel marrón, apoyado contra una pierna, lejos del agua que las tuberías siempre dejaban sobre el lugar.
—Reg, sé que-
El mago negó. Intentó sonreír, aunque sólo consiguió elevar una de las comisuras de la boca.
—Tú no vas a hacer lo que sea que vayas a hacer sin mí —Lo apuntó, de forma acusatoria. Cuando Draco lo aceptó con un asentimiento, Regulus recogió el cuadro envuelto en papel—. Entonces, ¿qué se supone que vamos a hacer, exactamente?
