Juegos mortales
Sumario: Draco Malfoy está desaparecido. El mundo mágico es reducido a un tablero; de un lado, el mago oscuro más tenebroso de todos los tiempos. Del otro, un adolescente.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El retiro del rey victorioso
—¿...y qué es lo que harás ahora?
Draco hizo una pausa, probablemente pensando que aquello no estaba contemplado en lo que aceptó cuando la prensa mágica pidió una entrevista. Tampoco parecía lo que McGonagall estaba dispuesta a permitir, porque enseguida la bruja hizo ademán de detener a Skeeter. Él la tuvo que frenar con un gesto.
Respiró profundo. Las manos, presionadas en los bordes del estrado que instalaron en el patio para la ocasión, le temblaban un poco. Pomfrey decía que los espasmos tardarían más en desvanecerse por completo.
—¿La verdad? —Se fijó primero en Skeeter, el único rostro conocido. La bruja lucía tal expresión hambrienta de chismes, que le habría desagradado, sino le hiciese gracia su desesperación porque soltase algo valioso—. Voy a intentar convencer a la profesora McGonagall de que los de quinto no deberíamos tener TIMO's este año, porque haber tenido a Voldemort —Algunos se exaltaron entre el público. Draco los ignoró— dentro del colegio, ya fue bastante reto de por sí.
Notó, por el rabillo del ojo, que la directora meneaba la cabeza, casi resignada. Más allá, Regulus le enseñaba un pulgar arriba. Harry, lejos de la pequeña tarima donde McGonagall les explicó lo sucedido sin detalles, le hacía una mueca divertida y negaba.
Él pensaba que era un gran plan. Se merecían un descanso.
—¿Y más adelante? —Luego insistió Skeeter, con ese entusiasmo ferviente que rozaba lo frenético. Se le ocurrió que era maravilloso, para ella, que amase tanto su trabajo. No lo era para el resto, ¿pero qué podían hacer?
Sabía lo que quería oír, de lo que esperaba que hablase. Se lo concedería, sólo porque era cuestión de tiempo para que tuviese que conversarlo con otras personas, de todos modos. Le ahorraría una parte del fastidioso trabajo de declinar.
—Aunque agradezco la oferta del Departamento de Aurores, he tenido suficientes riesgos y preocupaciones por una vida. No sé qué haré luego —Draco comenzó por aclararlo, consciente de las intenciones de la bruja de adelantarse a los hechos y presionar más. No tenía una paciencia infinita para tratar con ella, ni siquiera ese día. Sólo había dormido media hora la noche anterior—, no tengo idea de qué va a pasar después de estas vacaciones. Cuando termine quinto, iré a una casa de campo con mi primo y mi hermano —Se percató de que más de uno hacía una anotación por el término; en su cabeza, le deseó suerte a Neville cuando fuese acosado por preguntas también—, que no diré dónde queda, porque todos aquí son capaces de acercarse sólo para arruinar mi verano —Un par de risas más nerviosas que divertidas se lo confirmaron—. Luego...quién sabe. Es lo único que tengo para decirles sobre mí.
Se acababa de alejar un paso del estrado, cuando Skeeter se elevó unos centímetros del suelo con un encantamiento levitatorio, la vuelapluma agitándose con precisión sobre el pergamino. Draco se detuvo, más por encontrarse resignado a no dar batallas innecesarias, que porque le gustase la idea de dejarla continuar. McGonagall se acercaba más, dispuesta a sacarlo de ahí a la menor señal de incomodidad.
—¿Qué hay de tus cicatrices?
Procuró mantener una expresión tranquila al observarla de frente. Había conseguido tensar a varios de sus compañeros en la enfermería, mientras los revisaban para comprobar que no les hizo daño la exposición a la magia negra suelta, porque pensaban que lucía molesto al hacerlo.
—Es lo único que tengo para decirles —Le repitió, más suave.
Se dio la vuelta, bajó los escalones de la plataforma y dejó que la directora los despachase por su cuenta. Regulus le pasó un brazo alrededor de los hombros en cuanto los alcanzó.
—¿Sí sabes que ella va a escribir un artículo acerca de cómo podrías convertirte en el próximo mago tenebroso por la cicatriz nueva? —Su primo tenía lo más similar a una sonrisa que le había visto en todo el día, cansada, débil, pero era un progreso.
—O dirá que estás poseído —Le siguió Harry, caminando junto a los dos. Neville y el resto de los Gryffindor eran voluntarios en el colegio para tranquilizar a los más pequeños, que volvían del refugio en Hogsmeade. Blaise estaba en el área de la morgue de San Mungo—. En cuanto descubra los detalles de lo que le pasó al señor Parkinson, tendrá teorías muy interesantes sobre ti.
—No puedo evitar que piense lo que sea —Draco se encogió de hombros, restregándose la cara con las manos. Tenía una nueva media luna, un poco más pequeña y por debajo de la anterior, que Neville había notado tan pronto como fueron a buscarlo, apenas consciente, tras el desvanecimiento de la magia en la Cámara. Pomfrey decía que no significaba nada. Él le creía. Más o menos.
En parte, atribuía la sensación de la magia vibrando en el cuerpo al cansancio. Puede que sólo fuese eso. Puede que, después de varias horas de sueño y unos días de paz, todavía la sintiese y comenzase a pensar que absorbió algo. Puede que ni siquiera le diese importancia. Estaba seguro de que no era nada que no pudiese manejar.
De momento, tenía otros asuntos en los que pensar.
—¿Vas con los Sly? —Se detuvo al llegar a la puerta del colegio, para encarar a Harry. Él asintió.
Un grupo de Slytherin se había ofrecido a ayudar, cuando le indicó a Ginny que también los buscase a ellos, no sólo a los Gryffindor. Sin un Jefe de Casa, con el regreso de los niños más jóvenes y padres histéricos que entraban y salían del colegio, buscando a sus hijos para comprobar su estado, necesitaban a todos los Slytherin mayores que pudiesen para mantener la calma en las mazmorras. Harry sería el guardián de niños de primero asustados, mientras el caos se controlaba.
—Tienes que dormir un rato —Le recordó Harry, en cuanto Regulus lo soltó. Le sujetó la mejilla y le dejó un beso ligero en los labios, por el que Draco formó un puchero; también se merecía más besos.
—Cuando vuelva —Le juró, estirándose para reclamar un beso decente. Harry se rio por lo bajo.
A Harry no le gustaba la idea de que pasase por la morgue de San Mungo, pero supuso que se había resignado. Todos los que intentaron convencerlo, tuvieron que ceder al final. Iría a buscar a Neville para que fuesen a acompañar a Blaise, durante el proceso que tenían que llevar a cabo con su madre (incluso si permanecerían en los pasillos de la sala de espera, por ser menores de edad), se aseguraría de que el registro de la familia Parkinson estuviese arreglado, por Pansy, para que no fuese al hospital. Luego iría a firmar por el papeleo de su padrino. Regulus no se ofreció y él era incapaz de pedirle que lo hiciese. Los medimagos tendrían que hacer una excepción.
También iba a la unidad de Cuidados Intensivos Mágicos, por la bruja secuestrada por Voldemort para crear un Horrocrux. Tonks le contó que le hizo algo a su cabeza, que los medimagos no podían deshacer todavía. No creía que él sí pudiese, pero tenía una idea de qué fue; decirlo a los medimagos, al menos, aceleraría el proceso.
Harry debía entender que era importante para él mantenerse ocupado, concentrado, porque se limitó a abrazarlo un momento, y le dijo que se verían más tarde, para la comida. Y que no se salvaría de dormir esa noche, aunque tuviese que darle una poción para descansar. Draco se rio por lo último.
—No pondrías una poción en mi bebida…
Él sonrió, a medias.
—No necesito hacerlo. Te puedo convencer de que te la tomes, con otros métodos —Harry le guiñó. Tuvo que irse deprisa cuando Pansy lo llamó desde el vestíbulo del castillo.
Draco suspiró y observó a Regulus. El mago intentó sonreírle, consiguiendo sólo una mueca extraña. McGonagall había pedido una audiencia para él, para esclarecer la historia de sus cargos y lo ocurrido en la guerra; no podía salir de Hogwarts sin permiso firmado hasta haber terminado el procedimiento, porque la directora le dijo a los Aurores que se haría responsable de él. Cuando le preguntó por qué Dumbledore no lo hizo antes, Regulus le explicó que no le habrían permitido estar cerca de un niño durante el caso. No quería alejarse tanto cuando él seguía pequeño.
—¿Qué pasa? —Le preguntó a su primo, al percatarse de que vacilaba.
Regulus lo observó, desvió la mirada, volvió a verlo. Repitió la secuencia una o dos veces, para luego extender las manos frente a sí. Invocó una caja rectangular con un murmullo.
—Tuve que asegurarme de que funcionarían aún y él no les había hecho nada…
Cuando Draco la abrió, encontró la vieja varita de Dumbledore dentro. A un lado, en la misma almohadilla, también estaba la de su padrino. Tragó para pasar el nudo en la garganta, le colocó la tapa, y rodeó a su primo con un brazo, arrastrándolo hacia el interior del castillo. Buscaría a Neville y dejaría a Regulus en la Torre de Gryffindor; los nerviosos niños de once años estarían felices de jugar con un animago, y a él podía hacerle bien distraerse.
—Severus te quería. A su manera —Le recordó Draco, en voz tan baja que no le habría sorprendido que no lo escuchase.
Regulus lo estrechó más cerca y realizó un gesto vago con una mano.
—Él nos quería —Recargó la cabeza un instante contra la de Draco, soltando un suspiro cansado, que era peor que el llanto desesperado.
Hogwarts estaba de luto por haber perdido a un director y dos profesores en menos de un año. Draco lo estaba por su mentor, su padrino, y una amiga.
El luto era un proceso lento y agotador. Aunque él no tenía prisa. Ya no.
