Disclaimer: Frozen no me pertenece y bla bla bla.

Esta es una traducción, la historia original la pueden hallar como Cryptid del autor Buttons579.


Cuando era una niña, Honeymaren escuchaba historias sobre las criaturas del bosque. Había críptidos de todo tipo – los gigantes de la tierra a quienes temían y los elementales invisibles del fuego, agua y viento, cuyas formas en las historias nunca pueden coincidir. Hombres lobo, brujas, hadas, trolls, seres de todo tipo que acechaban detrás de los árboles listos para lanzarse sobre cualquier niño northuldra distraído.

Maren tenía una gran cantidad de respeto por los seres mágicos. También era, en gran medida, la persona más extrovertida en una tribu de gente mayormente tranquila e introspectiva, a la que le gustaban más los renos que las personas. A su hermano le encantaba bromear diciendo que podía hacerse amiga de cualquier persona.

Y por lo tanto no fue sorpresa que ella fuera, por acuerdo tácito pero unánime, elegida para acercarse – y vigilar – al Quinto Espíritu de la leyenda. Y aunque en verdad podía acercarse a la mayoría de las personas, resultó que Elsa era un tipo de rompecabezas completamente nuevo.

"Maren."

Ella esta cambiando. Era inusual que Elsa iniciara una conversación. Maren la miro por el rabillo del ojo, agachada cerca de los escombros de lo que una vez fue la Gran Presa, juntándose en el agua. "Si?"

Elsa miraba al río con el ceño fruncido. Ella se aproxima a las cosas con la mirada de un halcón de caza, Maren lo había notado en el breve tiempo que han sido amigas. Era una de las pocas cosas que sabía sobre Elsa. Maren había conocido a personas amuralladas antes, pero el estoicismo de Elsa tenía una categoría propia.

"Mira." Cara impasible. No hay ningún cambio en la expresión. Era tan difícil de leer como uno de los Gigantes de la Tierra – aun más difícil, porque Maren podía adivinar sus motivos pero no los de Elsa. "¿Cómo llamas a esos?"

Ella se acercó a su lado. Tenía la hipótesis de que Elsa no podía ver más allá de una persona normal, sino que tenía un sentido intrínseco de los seres vivos, particularmente aquellos en el agua.

Visión mejorada o no, el objetivo de su atención era fácil de ver y aun más fácil de identificar. "Eso es un pargo rosado."

"Nunca he uno de esos en Arendelle."

El pez salpicó con su cola, nadando perezosamente río abajo. "Quizás La Niebla los mantuvo adentro. Son buenos asados." Hizo una pausa, dejó que Elsa reanudara su caminata y la siguió. "Te avisaré la próxima vez que tengamos una celebración. Para que lo puedas probar."

Un ligero movimiento de cabeza. El indicio de una sonrisa, allí y se va casi demasiado rápido como para ser notado. "Gracias."

Se movieron en silencio por un rato más. Maren dejo que se extendiera entre ellas para que progresara de algo incómodo a algo cómodo. Elsa era callada, del tipo que encajaría perfectamente con el resto de su tribu, en realidad, pero lo que todavía no sabía es porque era tan asustadiza para conocer a todos los demás.

Maren no pudo evitar comparar su temperamento con los que sabía estaba relacionada con la sangre: Una tía. Un par de primos gemelos. Una abuela de un largo pasado. Pero Elsa no había preguntado, por lo que Maren no la presionó para poder tomarse su tiempo. Maren ni siquiera estaba muy segura de cómo funcionaban las relaciones de sangre con seres como ella, salvo por su vínculo fraternal con Anna que no conocía límites.

"Maren?"

Inusualmente habladora hoy, notó, y aceleró su paso para poder alcanzarla. "¿Si?"

"Gracias. Por, ya sabes. Mostrarme." Silencio. Maren inclinó la cabeza pero espero. Ella descubrió que Elsa tenía que pensar antes de hablar, y que pensar, a menudo tomaba su tiempo. "Aprecio… que no me tengas miedo."

Ah. Entonces de eso se trataba. Maren sonrió. "Tienes un poco de miedo."

Por una fracción de segundo su fachada se rompió, sus ojos se abrieron ante la inesperada respuesta. Luego el silencio otra vez, mucho más largo esta vez. "Entonces aprecio la honestidad al menos."

Maren se echó a reír y Elsa se volvió hacia ella. "Es natural." Maren metió las manos en los bolsillos. "Cualquier cosa tan hermosa como tú causa este tipo de… miedo existencial." Ella puntuó la oración con una sonrisa maliciosa, tomando su mano. Elsa necesitaba tiempo, tiempo para procesar, tiempo para responder y Maren aprovechó ese conocimiento para llevarla adelante, sin darle oportunidad de protestar.

Cuando se detuvieron, casi sin aliento, la sonrisa de Maren se enganchó y se protegió los ojos con la mano. Estaban en la cima de una formación rocosa , lo suficiente alta como para que ella pudiera ver por encima de todo el bosque. Se volvió para ayudar al Elsa saber a subir, pero se dio cuenta de que ya había subido por unas escaleras de hielo recién hechas.

"Maren, que –"

"Mira," le ofreció una mano de todos modos y Elsa la tomó por reflejo. Maren se sentó y tiró de Elsa con ella. "Solía venir aquí todos los días. Para tratar de ver más allá de La Niebla. Fue el primer lugar al que vine cuando desapareció. Resulta que puedes ver la puesta de sol más hermosa." Ella siguió al sol con los ojos. "No debería tomar mucho tiempo."

" – Oh." Elsa miró a su alrededor, vio la vista y sus ojos se dirigieron brevemente hacía donde sus manos se tocaban. Ella se a apartó. Maren le dio espacio. "Veo lo que quieres decir," ella habló después de un tiempo cuando tonalidades rojas habían arrasado a través de los como una ola de fuego. "Hace que uno se sienta muy pequeño, no es cierto?"

"No es un mal sentimiento," Maren cruzó las piernas sobre los tobillos y miró al cielo. "Me da cierta perspectiva. Me recuerda lo que es importante." Cuando el viento golpeó su rostro, cerró los ojos.

"¿Es así como te hago sentir?"

"Mm" Abrió un ojo, miró a Elsa y la encontró viéndola con la cara de piedra como siempre. "No del todo. Contigo es… algo más. Otro tipo de preocupación."

"¿Qué quieres decir?" Había cierta vulnerabilidad en su voz, con el más pequeño tono de resignación. Ella exhaló. "Maren, por favor."

A veces, se siente como una mujer, Maren le golpeó ligeramente el hombro. Ese afán de agradar, el miedo al rechazo, las capas y capas de auto-sabotaje disfrazado de auto-preservación. "Vamos. No me hagas decirlo."

Elsa abrió la boca. Luego la cerró. Rompió el contacto visual y miro a la distancia. Su mandíbula se tensó muy ligeramente. Hubo un escalofrío en el aire, una ráfaga un par de grados más fría. Su cabello fluía como líquido contra el viento. "No sé a qué te refieres. Pero no tienes que decirlo si te hace sentir incómoda."

A veces, sin embargo, se siente como otra cosa.

El baile de ida y venida entre demasiado cerca y fuera de su alcance, eso sí era aterrador.

"Simplemente pareces una verdadera rompecorazones."

Elsa giro la cabeza para mirarla, lo suficientemente rápido como para que Maren pudiera escuchar el movimiento. Tenía los ojos fríos, como hielo irrompible. Se lamió los labios, la miro con esa intensidad, con la mirada de un halcón que le puso la piel de gallina en una encantadora inquietud, un depredador a punto de saltar y no podría saber si era para jugar o matar. Esta era la mujer que había congelado el océano, una mujer que había domesticado a los elementos de los mitos con la facilidad con la que Maren domaría un reno, la mujer de carne y hueso de todos aquellos cuentos que Maren escuchaba de sus abuelos antes de dormir.

Elsa la miró, pero no dijo nada.

Maren exhaló. Buscó una respuesta en la expresión de Elsa, pero, como siempre no encontró nada. Una bandada de pájaros batió sus alas, disipando la tensión en el aire. Maren se dio cuenta de que su corazón estaba acelerado.

"¿Alguna vez has visto esos?" Señaló a los pájaros con la barbilla. El sábado siguió su mirada. "Son nightjars. Salen durante el crepúsculo."

"Si también tenemos esos en Arendelle." Su tono tenía una profunda melancolía y algo que Maren no pudo identificar. Quizás Elsa estaba cansada. O quizás fue tristeza. "Es un bello lugar. Gracias por mostrármelo."

"Gracias por venir, a pesar de que no te había dado muchas opciones." Fue una mentira. Elsa bien podría haberla detenido. Ambas lo sabían. "Te haré saber a donde iremos la próxima. Sé que no te gustan las sorpresas. Pero esto fue… supongo que también fue una sorpresa para mí. No pensaba traerte aquí."

"Me alegra que lo hayas hecho. " Ella ofreció una pequeña y rara sonrisa, luego rompió el contacto visual. " Y aprecio el gesto. Se siente como si me conocieras bien."

La ironía de eso no se perdió en ella. "Solo presto atención. Pero eres difícil de leer."

"No quiero serlo. Supongo que es… cómo me enseñaron." Se abrazo las rodillas y apoyó la barbilla sobre ellas. "Los sentimientos me ponen ansiosa."

Ella no lo entiende, la comprensión golpeó a Maren como un rayo. Elsa no la detuvo pero tampoco la animó. De hecho, no reaccionó a las pistas que le lanzaba, como si no pudiera leer entre líneas. Maren tuvo que contener la gran necesidad de romper en risas ligeramente histéricas. Por los espíritus, ella no lo entiende.

Ella resopló, levantó la cabeza para mirar las estrellas. Eran hermosas y brillantes, mejor que cualquier cosa que ella hubiera imaginado cuando la Niebla cubría el cielo y los ancianos le contaban sobre las manchas de luz en la noche negra. "Solo tómate tu tiempo con ellos. Deja que fluyan. Siente. No tienes que hacer nada al respecto, solo… siéntelos. No dan tanto miedo."

"Todo lo que acabas de decir suena completamente aterrador."

Maren se echo a reír. "Te llegarán, eventualmente. No hay prisa."

"Espero no congelar otro reino o despertar a más espíritus mientras tanto." Ella sonrió de nuevo. Maren notó que su sentido del humor era ácido y juicioso o autocrítico.

"Salió todo bien al final, las dos veces." Maren no tenía la historia completa, todavía no le ha pedido a Elsa su versión, pero sabía lo suficiente como para hacer conjeturas educadas. "Expusiste a un hombre horrible. Salvaste a tu hermana de un horrible matrimonio y la ayudaste a encontrar el amor de su vida. Garantizado por ella. Y luego nos ayudaste a deshacernos de esa monstruosa presa. Liberándonos de nuevo, en equilibrio con los espíritus."

"Cuando lo dices así, casi suena como si hubiera sabido lo que estaba haciendo."

"Nadie lo sabe nunca." Maren la vio relajarse y volvió a juntar los dedos. "Me alegro de poder conocerte."

Elsa se volvió hacía ella y esta vez la sonrisa perezosa y los ojos entrecerrados le daban una imagen casi astuta. Maren consideró su suposición anterior. Quizás el mensaje había llegado. "Me alegro de haberte conocido también. Has sido muy amable. Estoy agradecida de que seas tan acogedor." Ella arrugó la cara. "Esos son suficientes sentimientos por hoy."

"Eso es– así no es como funciona. Así no es como funciona nada de esto."

Elsa se echó a reír, inesperadamente y Maren cálida a cambio, con el calor corriendo por sus mejillas. "Funcionará como quiero que funcione." Ella levantó su dedo índice. "Alcánzame hasta la costa y me permitiré un sentimiento más. Solo uno."

"Será el sentimiento de tu aplastante derrota." Maren saltó sobre sus pies. "¡Oye! ¡Sin poderes de hielo! ¡Eso es trampa!"

Maren no pudo evitar sonreír al bajar de la roca. Cuando sus pies tocaron el suelo, Elsa ya se había ido.

En qué me estoy metiendo? Se preguntó por centésima vez.

Y luego echó a correr hacia la costa.