Disclaimer:Harry Potter, así como sus personajes, le pertenece por copyrighta Joanne K. Rowling. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener.

N/A: DISCULPA, no puedo decir más que eso.

La tardanza, fue casi interminable. Hasta comencé y termine otra historia, pero es que con aquella prácticamente se escribía sola, con esta me gusta ser mas detallista debido a los dioses así que no se puede ser tan suelta.

La trama de la historia me pertenece, cualquier copia total o parcial de la misma sin permiso previamente del autor queda estrictamente prohibida.

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La Nereida Hechicera

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Capítulo VIII

Sorpresa, y que sorpresa.

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Huir es la palabra que en su mente retumba, huir es lo que su mente le ha dicho que ha hecho, huir es lo único que su mente le hace escuchar resonar en la inmensidad del mar.

Como una cobarde envió una carta luego de pasadas 2 semanas de haber huido sin siquiera despedirse, ahora ya son 6 meses de no verlos, de no verlo.

– Era tu deber –Insisten todos aquellos dioses y semidioses que la rodean esporádicamente.

Era su maldito deber, el proteger, a todos, a los que quiere, a los que odia, a todos de un tirano caprichoso.

Se intercalaba la estadía entre semanas, una semana en la Mansión de Ulises junto a Atenea, Ares, Leandro y Ulises, y otra semana en el fondo del Mar Jónico con la familia de Océano. Conoció a muchos Dioses (Si, Dioses completos) y otros semidioses, siempre había alguien que deseaba presentarse en las reuniones de los sábados en el hogar (Mansión) de Leandro, allí siempre iba a parar los sábados.

Su encuentro con Atenea fue rodeado de una conversación interesante y llena de conocimiento, donde le explicaba ciertas nociones de historia griega. En los días donde la mirada melancólica hacia el mar, expresando su soledad y desanimo, donde inconscientemente el cielo se nublaba por su estado, Atenea era la única Diosa que no le recordaba que era un deber, ella en cambio se sentaba a su lado con expresión serena y sonrisa cálida para acompañarla hasta que el cielo dejara de nublar.

– El amor es caprichoso... –Era lo que decía antes de partir, siempre dejándola con la sensación de una frase incompleta, con la curiosidad sobre lo que vendrá luego de esa frase.

Pero nunca pregunto, era lo único que no preguntaría.

Su sed de conocimiento estaba allí en esos momentos, pero su curiosidad no podía ganar al desconcierto de lo que vendría, era amor, era dolor, era sufrir, era agonía.

Con Ares los entrenamientos eran más que todo físico, sumamente agotador, obligándola también para que la magia sin varita fuera su arma (Rompiendo su varita para ello).

– El insoportable Andros podía crear un gran Patronus sin varita, tú debes lograr más que ese insoportable –Reto como defensa ante la mirada que ella le dedico, ella había tenido un Cromo de Rana de Chocolate sobre el Invencible Andros, era muy experto en hechizos sin varita, al ser capaz de conjurar un Patronus sin varita y acababa de descubrir que lo que leyó era posible.

Le entrenaba para que el ataque físico no fuera una sorpresa, para que su poder no fuera un descontrol. No la felicitaba, pero la mirada orgullosa junto a la expresión rígida era más que suficiente para saber que lo hacía mejor de lo que él pensó que lo haría.

Los entrenamientos bajo el mar eran a cargo de Océano o su hijo Tritón, ellos si mostraban el orgullo de sus avances y le felicitaban por ello. Su abuela no la había vuelto a ver, Anfitrite le acompañaba cada que podía y disfrutaba de su compañía.

Era curioso y a la vez inquietante que todo el que le rodeaba pareciera tan joven, mayor que ella algunos, pero no superando los 30 años seguro. Los inmortales Dioses oscilaban entre los 25 y los 30 años en apariencia, bien sabia que comprendían mayor edad y con ello sabiduría de la que siempre estaba dispuesta a absorber.

La relación que tenia con los semidioses dispuestos como guardianes era lo que más le relajaba de todo eso, sus discusiones interminables y astutas con Ulises, sus conversaciones llenas de simpatía con Leandro, eran excelentes amigos contrapuestos, y sabia que a pesar de las discusiones y malas caras entre ellos, ellos también se sentían amigos.

El que siempre desencajaba era Paris, con sus apariciones de improviso en su habitación en los momentos menos indicados, luego de una ducha, mientras dormía, siempre en los momentos donde la creía vulnerable y expuesta ante su mirada lujuriosa.

Las primeras veces inmediatamente entraba en escena Ulises sacando a Paris de allí con una mueca molesta ante la sonrisa arrogante del rubio, luego de un poco de entrenamiento junto a Ares ella lograba realizar una aparición sin varita hacia la habitación de Leandro o de Atenea (Nunca con Ulises, no sabiendo la razón, su mente solo acudía a los sabios) o simplemente petrificaba a Paris para salir tranquilamente, molestando al rubio en el proceso, luego Ulises se encargaría de echarlo.

Algo que sin duda le sorprendió fue la relación cercana entre Ares y Atenea, rayando en el romanticismo secreto, no necesitaba preguntar para saberlo. Las miradas de Ares, siempre rígidas y frías, se dulcificaban ante la presencia de la Diosa tan hermosa como todas pero que irradiaba una serenidad y calidez inigualables. Por parte de Atenea no había notado mucho el cambio, solo la mirada tan intima que le dedicaba al Dios de la Guerra, solo con esas miradas lo supuso y creyó que era la principal razón por la que Ares se encontraba allí, ayudándolos.

Cuando se lo comento a Ulises se echó a reír en su cara, logrando molestarla, Leandro solo le sonríe con misterio y fue todo lo que necesito, el bruto orangután lleno de esteroides (Insultos contra Ulises) nunca podría ser mas perspicaz que Leandro.

Cuando por fin lo noto Ulises, quedo sin habla y ella se regocijo en su logro. Tuvo que aceptarlo y ella sonreír con arrogancia (Que se le había pegado de ese idiota orangután) ante la victoria.

Si, su vida podía ser perfecta si no tuviera un pasado, si todo lo que hubiera conocido fuera eso, si el pasado no le atormentara en las noches, si el pasado no le hiciera mirar con melancolía el mar en alguno que otro momento, si lo que siente no lo sintiera.

Si Draco Malfoy no rondara en su mente.

No volvió a enviar noticias de su vida por que le era doloroso, Ulises y Leandro se ocuparon de la expedición de Luna, de la luna de miel de Ginny y Harry, de los regalos para Ron, Leandro se ocupo de los presentes para los dos Slytherin curiosos, Theo y Blaise ¿Razón? Ulises era un idiota que al que no le agrado para nada las serpientes.

Nunca más hablaron de lo que paso el día en la cabaña de Capri, Ulises se negaba a escuchar hablar sobre el rubio, cada que Leandro llegaba con noticias de sus amigos y familia, siempre le comentaba sobre la vida del rubio al final. Ulises solo salía totalmente enfurecido de la habitación, dejando a Hermione con una amarga sonrisa mirando a la nada.

– Te protegeré –Siempre murmuraba sin pensar, solo siendo escuchada por Leandro quien la miraba con calidez y comprensión.

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En Londres mágico no todo podía ser calmado, Harry informo de lo ocurrido al ministro de turno ¿Quién puede pensar que Arthur Weasley podría ser Ministro? Solo su esposa, pero bien que lo logro con ayuda de su hijo Percy y el apoyo que ejercía Harry Potter en su candidatura.

Inmediatamente acepto y Percy sugirió contactar con la embajada en Grecia, los contactos se hicieron llegando a una alianza inmediata, Leandro desde Grecia agilizo el proceso.

Arthur se mostro preocupado por Hermione y Percy, aunque trato de disimularlo, también se preocupo, Harry intento tranquilizarlos pero sin fundamento en lo que decía, Leandro mediante una conversación por Red Flu dio razones de la vida y entrenamiento de Hermione, muy superficialmente hablo de su estado de ánimo.

Todos los Weasley se comunicaron entre sí para que permanecieran alerta, no se sabía si algún Dios o semidiós daría con ellos para extorsionar a Hermione.

Las nobles familias Nott, Zabinni y Malfoy también fueron informados por sus respectivos hijos en compañía de Harry, acudiendo este como director del departamento de Aurores.

Se sorprendió cuando Narcisa Malfoy pregunto por el estado de ánimo de la castaña, Draco se tenso al momento ocultándose tras una máscara de frialdad, Harry suspiro pesadamente y dirigió una mirada decaída a la elegante mujer de los Malfoy.

– Ella siempre ha sido fuerte –Contesto Harry, no queriendo mentirle sobre algo que no sabía con precisión.

– Y por lo que se, también muy madura e inteligente para su edad, por ello es que me preocupa más su estado emocional que su fortaleza –Explico con serenidad, su marido le tomo del hombro con lentitud, parado a su lado estando ella sentada– Son las características de una mujer que sufre en silencio, hasta el día en que no lo soporta y explota.

– Señora Malfoy –Susurro Harry con pena y tristeza– Si fuera por nosotros no la hubiéramos dejado partir, la apoyaríamos como ella lo hizo con tanta entrega y pasión en los momentos más oscuros.

– Deberían ir a buscarla –Sugirió Lucius Malfoy con la mirada sobre su hijo– O aunque sea visitarla, creo que eso alegraría a la Señorita Granger.

– Me parece una estupenda idea Lucius –Alago Narcisa con una alegre sonrisa– Draco, cariño, tu padre y yo iremos a Grecia –Decreto, su esposo le miro de reojo para luego suspirar resignado.

Fue una sorpresa para todos la disposición desplegada.

Harry se asombro al igual que Draco, no encontrando palabras para rebatir la sonrisa formada en el rostro de Narcisa Malfoy ante la idea transfigurada dada por su marido.

– ¿Está segura de desear ir señora Malfoy? –Pregunto Harry con duda.

– Por supuesto, el problema es que ustedes vayan para saber con exactitud cómo se encuentra, entonces iremos nosotros –Resumió con simpleza– Yo seré la que dirá su estado y si es prudente su presencia para incentivarla.

– Mama, no creo que ustedes... –Trato de hacerla cambiar de opinión Draco, con duda– Apenas digan "Malfoy" los semidioses les caerán como si fueran carne para comer.

– ¿Y eso porque sería si se puede saber? –Interrogo su padre con una ceja alzada, ocultando su diversión ante la situación. Harry miro hacia otro lado distraído y Draco se froto la mano contra la nuca, nervioso.

– Puede que la haya cagado un poco... –Murmuro Draco recibiendo una reprimenda con la mirada por parte de su madre.

– Muy bonito –Ironizo Narcisa con mirada entrecerrada– Iré con Andrómeda y Ted, tú te quedas Lucius –Resolvió con una mueca molesta, su esposo volvió a suspirar resignado, ya acostumbrado a ese cambio de parecer en su esposa– Iré a comprar algún obsequio para llevarle y a notificar a Andrómeda –Dijo al tiempo que se colocaba de pie con elegancia– Fue un placer, Harry –Se despidió con una sonrisa y luego dirigió una mirada suspicaz a su hijo para retirarse de la habitación, al hacerlo, los hombre Malfoy suspiraron resignados y Harry sonríe nervioso.

– La amo, pero es agotador hacerlo –Murmuro Lucius para dirigirse hacia los muebles donde podían sentarse a conversar con más tranquilidad– Ahora tengo que saber detalles, Draco.

– Ya se les explico que Hermione es un Nereida y que lo descubrió apenas cuando fue a Capri, ellas tienen una especie de canción con la que seducen a los hombres que les atraen –Comenzó a explicar Harry– Pues Draco le atraía y a él le atraía Hermione, de otra manera la canción no hubiera surtido efecto en él, la cuestión es que se volvió algo enfermizo por parte de Draco ya que ella no controlaba o sabía que tenía ese... Poder.

– Dichoso poder de toda mujer, el seducir –Trato de bromear Lucius pero ante la mirada fría y perdida de su hijo se sereno– La señorita Granger hizo lo correcto –Menciono acaparando la atención de su hijo quien lo veía con el ceño fruncido– Cuando regresaste de Capri no supimos reconocerte Draco, tu madre y yo pensamos que se te pasaría y así fue, pero no volviste a tu vida desinhibida y libertina de antes, de cierta manera enseriaste tu vida y nos alegro, hasta que en tu mirada solo podíamos ver melancolía cuando la máscara de frialdad caía –Explico ahora con calma– ¿Podrías haber cometido una locura de seguir a su lado con tantas dificultades que estaban por venir a la vida de la señorita Granger? –Pregunto sabiendo que Draco no le contestaría, Harry asintió apoyando al señor Malfoy.

– Fueron solo dos días los que estuviste con ella Draco –Siguió Harry con calma– Ya habías perdido el control de ti en solo dos días, ya había un momento en que no parecías ser tu mismo.

– "Y eso que no saben lo que hice y estuve a punto de hacer" –Pensó con amargura, amargura que se reflejo en su rostro.

– Es noble –Alago el señor Malfoy– Otra mujer no le importara tu estado con tal de mantenerte a su lado, la niña Greengrass no hubiera vacilado siquiera.

– Justo es eso lo que me llama la atención de ella –Menciono de mala gana antes de salir de la habitación a paso apresurado.

– No se puede dar un encuentro entre ella y Draco, Potter –Murmuro Lucius con seriedad.

– Lo sé, algo sucedió pero no sé exactamente qué –Contesto con clara preocupación– La atracción de él por ella fue genuina, pero fue muy rápido la manera en que se volvió necesidad.

– Agradezco la sabiduría de su amiga, esplendida Gryffindor –Dijo con una mirada serena– Le informare cuando Narcisa tenga noticias sobre la señorita Granger.

– Se lo agradecería.

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– Hermione –Llamo con ternura la Diosa de la sabiduría, siempre vistiendo aquellas telas delicadas en blanco con diseños típicos de una diosa, cabellera castaña levemente ondulada recogida despreocupadamente, mirada ónix serena– Tus días tristes son fácilmente percibidos por todos –Informo sentándose a su lado, cambiando un poco la rutina de esos días.

– Son estos días en los que desearía verlos –Le confiesa, vistiendo de igual manera que la Diosa y sus rizos a medio recoger– Pero tengo miedo.

– ¿Debido a lo sucedido con el príncipe rubio? –Hermione le miro con una amarga y nostálgica sonrisa– Siempre está nublado, una propuesta de tormenta, como los ojos grises de tu príncipe –Afirmo.

– Ese idiota no es un príncipe, no sé porque siempre lo dicen –Trato de bromear, inundada en amargura.

– En su juventud fue el despiadado príncipe de Slytherin, ahora con la madures conserva el porte de un príncipe a secas –Le explico con calma, Hermione le mira y sonríe asintiendo levemente– El amor es caprichoso...

– ¿Por qué? –Por fin se atrevió a preguntar, aun ida en nostalgia.

– Porque nunca se sabe cómo se vuelve más intenso, si luchando para llegar a el... O luchando para apartarlo –Explico para luego desaparecer de la vista de la chica, quedando ella sorprendida.

Hermione quedo paralizada unos momentos en que el mutismo le ataco, luego una sonrisa sincera se forma en su rostro y mira como el sol comienza a resplandecer en el cielo, cierra los ojos para sentir sus rayos y al abrirlos siente que el mundo pinta de distinto color.

– Atenea es una mujer muy sabia –Escucho a sus espaldas, se asombro al encontrar a Ares hablándole con serenidad aunque sus tintes serios no podían ser desechados.

A diferencia de los días donde entrenaba vistiendo armaduras con una mezcla extraña entre antigüedad y modernidad (Y obligándola a ella a vestirlas), ahora le encontraba vestido de manera sencilla, con una camisa blanca desabotonada con despreocupación, mostrando el inicio de su fornido pecho, y el sencillo pantalón negro. Tenía una apariencia muy similar a la de su descendiente, Ulises, solo que sus ojos eran verdes.

– Por eso estas de este lado –Menciona con simpleza, luego frunce el ceño ante sus palabras y mira nerviosa al pelinegro, este solo tenía una ceja enarcada.

– Hay otro motivo pero si, por ella estoy de este lado –Confiesa sin nerviosismo alguno, asombrando a Hermione– Hay mas goce luchando para llegar al amor que para apartarse de él, la experiencia es la que habla –Sigue con la misma calma, sentándose a una distancia prudentemente cercana.

– Disculpa si mencione algo que no debía –Murmuro avergonzada, aun procesando lo dicho por el Dios de la Guerra.

– Eres muy perspicaz, Ulises nunca lo hubiera notado si tu no se lo comentas –Menciono, restándole importancia a la disculpa de la chica– Fue una excelente opción el disponerlo como parte de los semidioses de mi descendencia –Comento con los ojos cerrados con calma, ella le miro curiosa– Ellos son mi otro motivo, Nereida.

– ¿Su descendencia? –Pregunto con inocencia, Ares le miro con una sonrisa ladeada y asintió– Hay algo que no entiendo.

– Pregunta y entenderás.

– ¿Los Dioses luego de tantas generaciones aun siguen la pista a sus descendencias?

– Sucede de otra manera, se comenzó escogiendo a un mortal para que fecunde o conciba la descendencia –Explica con seriedad característica en él– Luego estos semidioses se les cría y educa para que luego sean parejas de otros semidioses o descendencias de un semidiós y cada cierto tiempo el Dios baja y escoge a uno de estos descendiente para procrear de manera directa, solo los procreados de manera directa son contabilizados.

– Ósea que tanto Leandro como Ulises, ambos semidioses, son hijos de manera directa tanto de Atenea por un lado como Ares por el otro con alguien más –Concluyo de manera pensativa, ante el silencio del Dios ella le mira y frunce el ceño ante la mirada pesada que este tenía a la nada– Momento, no es así ¿O me equivoco?

– Sabes que podemos materializarnos como mortales, creo que es algo que no te han dicho pero lo supones –Comenzó a explicar, Hermione le miro con los ojos entrecerrados– Cambiamos de aspecto pero somos nosotros –Hermione comenzó a pensar y analizar la situación– No fue sencillo pero de esa manera comenzó.

– ¿Atenea y tu se encontraban de esa manera? –Pregunta retorica, Hermione abrió los ojos en desorbita con asombro– ¡Son tus hijos!

Fue una sorpresa, y que sorpresa.

– No fue sencillo –Repitió con calma– Somos inmortales, yo fui un insensible e idiota la mayor parte de mi de existencia, ella era simplemente perfecta para alguien como yo.

– ¿Por eso te fuiste con Afrodita? –Cuestiono escéptica con una ceja enarcada en notable queja, Ares casi sonríe ante esa mirada.

– Atenea antes me miraba de esa manera –Dijo con un deje de diversión, Hermione rodo los ojos y guardo silencio– Si estuve con Afrodita, fue algo meramente pasional, era una belleza irresistible y no pude luchar contra ella, a pesar de que mi mente fuera ocupada por Atenea.

– Típico –Bufo la castaña– "Estaba con ella pero mi mente solo la ocupas tu" –Siguió su queja con un fingido tono más agudo, ahora Ares no pudo evitar sonreír de lado divertido pero se sereno ante el repentino cambio de semblante de la chica– Hefesto la quiso violar –Fue mas una afirmación que cualquier otra cosa.

– Ese mal nacido –Mascullo entre dientes molesto– No fue suficiente la burla a la que fui sometido, tenía que atacarla a ella.

– Entonces también debió ver algo para que la atacara –Analizo Hermione.

– Fue la estúpida de Afrodita, ella con sus celos, le susurro que mi mente solo estaba plagada de Atenea en vez de ella, que debía pagar de igual manera ultrajando a la Diosa con su mente plagada del nombre de otra –Le conto con desagrado– Afrodita es la peor mujer sobre la tierra, la belleza solo es para ocultar lo podrido de su interior y Hefesto es un hombre que no puede ocultar nunca la fealdad de la que está inundada su alma.

– ¿Ellos saben de sus hijos? –Pregunto escandalizada, con preocupación.

– Por supuesto que no, ellos estarían muertos bajo su mano o la de algún iluso que este en sus garras, por ello no lo saben siquiera ellos, aunque supongo que Leandro siendo tan astuto lo supone.

– ¿Entonces porque me lo comentas a mi? –Interrogo con duda.

– Porque tu serás quien los libre del yugo al que estarán sometidos de saberse la verdad y aun si no se supiera aun están sometidos a la tiranía –Dijo con calma, retomando su seriedad– Además de que Atenea me pidió que te lo comentara, para que veas que opuestos pueden atraerse y que luchar no es fácil, pero gratificante. Aunque mi hijo, Ulises, estaría sumamente acongojado si decidieras luchar por el príncipe rubio.

– ¡Dios, que no es un príncipe! –Exploto de inmediato sin razonar lo dicho por Ares sino después, cuando la sonrisa llena de arrogancia se instalo en su rostro perfilado– Yo sé, pero nada puedo hacer, siempre he sido clara.

– Lo sé, eres una Diosa entrenada por Atenea, obviamente la lógica y el razonamiento directo te ha de acompañar siempre.

– Y por el impulsivo Dios de la guerra, espero que de él solo obtenga su manera formidable de luchar –Burlo un poco la castaña, encontrando la confianza que en 6 meses no había logrado con ese dios, él rodo los ojos– Enserio, antes debías ser un total imbécil según leí.

– Era peor que eso –Dijo con una ladeada sonrisa– Fobos y Deimos, mis hijos con Afrodita, sin embargo me adoraban.

– ¡Oh! –Dijo con ánimo acercando una silla al frente del Dios quien la miraba extrañado– Cuéntame de ellos.

– Eran mis ayudantes en la guerra a las que asistía junto a otro batallón de dioses y Daemon, pero ya lo sabes.

– Los Daemon son lo que se puede decir ángeles o demonios del mundo de la mitología griega, a ti te acompañaban cuatro según leí.

– Exacto, mis hijos eran los Dioses del terror y el miedo, verse rodeado de ello en las guerras era gratificante para ellos así que me adoraban al llevarlos.

– Pero al acabar las guerras ¿Qué paso?

– Afrodita estaba molesta, tú sabes, los susurros suyos pueden ser algo convincentes.

– Entonces ahora están en tu contra y en todo lo contrario a lo que hagas –Concluyo Hermione, Ares asintió con cierto pesar– Pero también estaban Anteros y Eros que eran del amor y atracción, Harmonía ya la conocí en una de las reuniones, no parece hija tuya –Burlo lo último.

– A Eros no puede importarle menos lo que yo haga o lo que Afrodita haga, vive para sus sentidos, a diferencia de Anteros que esta con su lucha por que el amor sea correspondido, fue quien me ayudo con Atenea.

– Debe ser raro que él te ayudara –Menciono con una sonrisa.

– Ni lo imaginas –Murmuro para sí con pesadez– Pero estoy seguro que de saber tu historia también estaría dispuesto a contra corriente para ayudarte, a menos que conozca primero la de Ulises entonces estaría con Ulises, pues odia el amor no correspondido.

– Entonces debo contarle lo antes posible mi historia para que no se vengue –Bromeo con un poco de tristeza.

– Harmonía es toda un personaje –Siguió para cambiar el semblante de la castaña– Siempre serena en busca de la tranquilidad, me ha comentado que estuvo encantada de conocerte pues cuando estas tranquila puedes irradiar esa armonía que tanto alaga ella, se entristece en días nublados por que siente tu alteración.

– Es una excelente Diosa, me gustaría acompañarla más seguido –Menciono ahora con simpatía– En la Guerra del Mundo mágico no intervinieron ¿Verdad?

– Desee intervenir, era una guerra que sería prometedora –Se quejo con pesadez– Pero ella me dijo que la sabiduría estaba de parte de los que en ese entonces estaban acorralados y que esa sabiduría seria lo que les haría vencer, me lo pidió y no pude negarme, a Deimos y Fobos no le agrado en lo mas mínimo mi reticencia a intervenir fue lo que Afrodita aprovecho y los coloco en mi contra.

– Las guerras ahora son silentes, son aquellas llenas de astucia de la que Atenea es poseedora, como Dios de la Guerra debo acostumbrarme y moldearme a conveniencia del mundo moderno para seguir existiendo para algo.

– ¡Oh! La sabiduría de Atenea se te está contagiando –Se burlo con soltura mientras una risa resonaba en el espacio junto al bufido del Dios.

– ¿Te ríes del Dios de la Guerra? –Fue un cuestionamiento hecho por alguien a espaldas de ellos, voltearon la mirada y encontraron a Ulises totalmente estupefacto ante la escena, Hermione sonríe ampliamente y asiente enérgica.

– No debería pero es que lo pone tan fácil, más de lo que tú lo haces –Ahora es momento de reír de la castaña, otra vez, Ares solo sonríe de lado negando con la cabeza ante lo que veía venir por el ceño fruncido de su hijo.

– Ya verás pescado, me las cobrare en cuanto encuentre el momento –Advirtió entre dientes el pelinegro.

– ¿A qué venias? –Intervino Ares– Dentro de un momento comienza el entrenamiento de Hermione.

– Estaba nublado –Simplifico, fingiendo indiferencia.

– Que va, Ares hizo una excelente aparición y todo se paso –Alago la castaña restándole importancia– Ahora toca entrenar así que de pie –Ordeno la chica con entusiasmo mientras salía hacia su habitación para cambiar sus ropas dejando a los hombres solos.

– Debes recordar que ella esta prendada del príncipe rubio –Menciono al ver a su hijo con la mirada fija por donde había desaparecido la castaña.

– No la merece, sabes lo que le hizo, lo que intento hacer –Escupió con enojo mientras volvía su mirada de fuego hacia él, Ares le miro con seriedad.

– No fue el, fue lo que el encanto de Nereida hacia sobre el –Contradijo con seriedad.

– El no la ama, fue solo una atracción momentánea que se transfiguro por la atracción que Hermione sentía por el –Respondió igual de molesto.

– No te mientas, Ulises –Regaño con rudeza– Sabes perfectamente que de no ocurrir nada en la Gruta Azul despertando en ella la sangre de Diosa que corre por sus venas, ellos terminarían emparejados.

– Me niego a creerlo –Finalizo saliendo de la sala a paso veloz con mirada furica.

– Desearía que la sabiduría de Atenea despertara por fin en ti –Dijo con un suspiro lastimoso, lleno de cansancio y resignación.

– A veces pides imposibles –Ares voltea encontrándose a un Leandro sonriente que le miraba comprensivo– No tenía una suposición, yo estaba seguro de que éramos hermanos.

– El que suponía que ya debías de saberlo era yo –Contesto con calma.

– Me alegro mucho que ayudaras a aclarar los pensamientos a Hermione, ella merece tener el goce momentáneo del amor.

– ¿Momentáneo? –Cuestiono Ares sin entender, frunciendo levemente el ceño.

– Hermione está destinada a la desgracia, aun siendo victoriosa en la batalla que está por venir, ella no podrá ser acompañada a donde ha de ir y en el caso que pierda, será sometida como una concubina mas de Zeus.

– Estoy seguro que ella nos sorprenderá –Menciono con una sonrisa ladeada saliendo por donde antes Atenea, Ulises y Hermione se habían ido.

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Después de tiempo sin ideas, sin saber cómo seguir, acá les llego de improviso.

Debo leer desde el principio para poder seguir un lineamiento coherente en la historia (Muy a pesar de que mi Nick es CoherenciaNula).

Espero sea de su agrado y mil disculpas la tardanza u.u

Gracias de todas maneras por leer3 por sus comentarios, fav's y follow's.

Espero comentarios bellos ;)

Atte:

~CoherenciaNula~

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