Paraderos del corazón

—Oigan, ¿acaso no piensan que los chicos se ven muy sexy cuando están comiendo?

La pregunta que provino de los labios de Noriko Kawada agarró de sorpresa a las tres chicas que se encontraban dentro del pequeño restaurante familiar donde habían decidido encontrarse. Ahora con quince años de edad, yendo para los dieciséis el año entrante, Noriko vestía por última vez el uniforme verde escolar mientras que las demás acompañantes lucían el celeste de la preparatoria de Tsukishima.

El ruido de los comensales no fue suficiente para que las demás muchachas no la escucharan mientras perdían el interés en lo que comían o bebían: Hikari Yagami se quedó en blanco, Miyako Inoue intercambió miradas con Keiko Kurata para luego mirar fijamente a la chica de tez bronceada.

Últimamente, esta estaba ensimismada con Daisuke Motomiya hasta llegar al punto de acosarlo en sus partidas de fútbol antes, durante y después de estas. Por ello, pensaron que quizás algo había sucedido que despertara su imaginación de esa manera.

No obstante, contra todo pronóstico, lo que salió como una simple pregunta despertó el interés en dos de las tres niñas elegidas.

—O Cuando comen con sus manos.—aportó efusivamente Keiko, con un brillar sinigual en sus ojos.

Hikari se quedó en blanco, temiendo a dónde iba a llegar la charla mientras sostenía una servilleta. Se limpiaba los labios luego de comer algo de helado de vainilla.

—¡Y como que, cuando comen cosas pegajosas!—Miyako dijo con determinación, causando que repentinamente a Hikari se le fuesen las ganas de comer su postre.

¿Eso es sexy?, era la pregunta que rondaba en la cabeza de la castaña, acomodándose en su asiento.

—Um… Pero los chicos que paran en nuestro círculo comen de manera agradable…—cerró ella el tema, no queriendo saber a dónde podría llegar.

Las demás la observaron, como si fuese una especie de aguafiestas, aunque, muy dentro, sabían que Hikari tenía razón. Meditando, llegaron a las siguientes conclusiones mientras el bullicio seguía y las camareras vestidas en trajes llamativos daban sus rondas.

Takeru tenía buenos modales en la mesa a la hora de comer tanto en la cafetería de la escuela, como en la calle.

Iori se sentaba en silencio a comer, masticando suavemente lo que tuviera en la boca que nadie se daba cuenta que estaba alimentándose.

Daisuke, contra todo pronóstico, no comía con bocados grandes, pero, sí algo rápido.

—Ahora que lo mencionas…—Noriko murió internamente, sabiendo que efectivamente los chicos que los rodeaban no caían en su clasificación de sexy, ni siquiera Daisuke.

Keiko se quedó mirando su shortcake de fresa, una mirada perdida y vacía, soltando un suspiro.

—Supongo que es mejor que tengan buenos modales y coman bien, pero eso no es divertido…—murmuró Miyako, con una vaga imagen en mente mientras que a su vez movía su soda de melón con la pajilla.

—Tienes razón, Miyako-senpai. La forma en la que comen es muy aburrida, eh.—La chica de cabello corto color caramelo se quejó, arreglando el listón azul de su uniforme.

—¿A-Acaso a las personas que se les cae la comida por todas partes son tan atractivas?—Al ver la atmósfera de decepción masiva, Hikari soltó la pregunta viendo como su helado se hundía en la soda al haber pedido un float.

Miyako se mantuvo en silencio mientras observaba el pedido de su mejor amiga. Una vaga imagen vino a su mente, un recuerdo de hace mucho, sí… Cuando Ken todavía tenía su largo y sedoso cabello y podía hacerse una coleta.

Su perfecto perfil atravesando las sombras formadas por el sol de un veraniego atardecer junto a una paleta de helado de vainilla. Él andaba lamiéndola. Ah, sí, Miyako moría por ser esa comida en ese momento. Aunque tuvo que aterrizar a la realidad en ese preciso recuerdo.

—Deberías morderlo de una vez.—le dijo con sinceridad ya que la estaba haciendo larga de esa manera.

—¿Oh? Entonces supongo que puedo…—Gotas de vainilla se resbalaban invitadoramente por sus esbeltos dedos, gordas y espesas.—Ah.

—¡Ahora está goteando por toda tu mano!—exclamó en shock por lo distraído que se encontraba él ese día. Aunque muy aparte de eso, andaba preocupada de que ensuciara el piso de su cocina.

—D-Disculpa.

Ken empezó a lamerse los dedos, uno por uno, su lengua danzando y enrollando cada uno para que ninguna gota fuese desperdiciada. Miyako tragó saliva, viendo cómo se seguía produciendo dicho desastre y Ken se deleitaba dando su mejor esfuerzo de no ensuciar cuando simplemente pudo haber pedido una servilleta como favor.

No.

Siguió y siguió, Miyako esforzándose en que su mente no fuese a otro lado.

Fue por eso que retornó a su realidad actual con un ruido de frustración.

—Tch. Ken-kun sería el contrincante más fuerte si tuviera un helado…

—¿Qué? ¿El helado lo fortalece?—Noriko no sabía qué decir.

Hikari fue incapaz de terminar su dulce y lo empujó discretamente hacia la izquierda cerca a la ventana, dedicándose solo a beber agua.

—Supongo que Ken-kun es todo un caso. Es malo comiendo ciertas cosas. No puedo sacarlo de mi vista por un segundo—prosigue la chica de gafas y cabello lavanda, algo preocupada.

—Ah, creo que sé a lo que te refieres, Miyako-senpai. ¡Los chicos son muy adorables cuando son así!—Keiko estira sus brazos entre el shortcake de fresa para soltar una diminuta risa.—Me causa gracia cuando descubro las partes más infantiles o las cosas en las que son malos.

—… ¿Hay cosas en las que Iori sea malo?—Miyako no podía creer sin ver.

—Ay, Hida-san es tan adorable… ¡Pero eso es un secreto! Siendo su novia no puedo estar delatándolo, así como así.

Tch. Ahí se va mi material para molestar a Iori… Aunque puedo seguir molestándolo diciendo como Keiko que es dos años mayor que él lo trate tan formal y él le siga la cuerda llamándola Kurata-san.

—Hmm, cosas en que las personas son malas…—Miyako coloca un dedo bajo su mentón, sus ojos ambarinos reflejando el brillar de atardecer—Para Ken-kun creo que sería… ¿el género de horror? Aunque siempre tiembla cuando ve películas conmigo, así que quizás por dentro realmente le guste… sin ignorar el hecho de que cuando entra en modo Kaiser… ay.

Miyako empezó a babear un poco.

¡Él simplemente no quiere verlas, lo estas obligando!

Fue en ese momento que las tres chicas se volvieron en una sola con ese simple pensamiento afirmativo.

—… Escucha, Miyako-senpai—Noriko le extendió una servilleta a Hikari para que le limpiara la comisura de los labios a la nombrada y así retornara a la realidad.—Si sigues viendo todas esas películas de terror, vas a asustarlo a él.

—¿Hm?—Sin comprender, la mayor de la mesa no comprendía a qué se refería la chica de quince.

Por eso, Hikari decidió intervenir como la mejor amiga.

—Imaginar a una chica tan linda como tú viendo películas de terror con una gran sonrisa en sus labios es horror en sí mismo.

La castaña recordó el día en que el amor por Miyako y ese género nació. Fue en su casa. Sí, en la residencia Yagami. En esos días cuando Miyako y ella todavía iban a la primaria y andaba detrás de Taichi. Su enamoradiza amiga le había puesto los ojos a su hermano mayor y eso, aunque nunca lo dijese, fastidiaba interior a Hikari. Después de todo, Taichi era suyo. Simplemente una noche que fue a su departamento, encontró ella una torre de películas de ese género y para conocer más lo que le gustaba a Taichi-senpai, se quedó sentada toda la madrugada viéndolas en la sala, solo para que Hikari anduviera en el sofá tratando de dormir con todas las sábanas encima. Al final se enteraron que llegaron a la posesión de Taichi gracias a Koushiro, quien las había recibido de Yamato, quién las obtuvo de Takeru. Para su sorpresa, Taichi ni las había visto ya que eran de género R y G, de los más altos. Pero esa es historia para otro día.

—Ay, pero no soy tan linda…—replicó ella, sonrosándose un poco por el cumplido.

—Miyako, ese no es el punto.

—Poniendo eso de lado, creo que estoy de acuerdo con Hikari-senpai—Keiko agregó.—Probablemente lo vas a asustar lejos de ti. Sería mejor si por lo menos, actuases estar asustada.

※※※

—Hey, alquilé este DVD. Tiene muchos perritos.

Ken se encontraba en la residencia Inoue. Últimamente esta se encontraba vacía a ciertas horas debido al minimarket y el hecho que los hermanos de su novia ya estaban en plena época universitaria. Se encontraba sonriente, luciendo su nuevo corte de cabello.

Según él, si deseaba dar una buena impresión para los exámenes de ingreso a las escuelas policiales, debía acostumbrarse a un peinado en donde se le vieran los ojos, el cuello, las cejas, absolutamente todo su rostro para que lo consideraran como alguien responsable, cosa que ya lo era.

No obstante, a Miyako le había molestado ese impulso porque ni lo consultó con ella. Simplemente un día llegó de visita a su casa (al estudiar en otra preparatoria) y podías admirar toda su belleza, era imperdonable, ¡imperdonable! Se repetía ella. Ya no sentía el gusto de tener ese cuello oculto solo para ella, el arreglarle el cabello de muchas formas (era un hobby favorito de Miyako), pero lo que más, más le fastidiaba era que ahora se había vuelto mucho más popular y notorio.

Ah, y Miyako no confiaba en los hombres que se le acercaban. Las mujeres todo tranquilo, pero, ¡los hombres! Temía que Daisuke o Takeru cayeran en sus encantos luego de practicar fútbol en el club de Tamachi. Miyako había observado, con su camiseta sudada, su músculos bien formados pegándosele en todo ese líquido corporal… ¡no le perdonaría a quien se metiera con él en los camerinos! Y ahora que tenía el cabello corto, las gotas de sudor parecían diamantes, ¡diamantes!

Fue por eso que no notó que rechazó la idea de cambiar el estilo de película al estar metida en su propia imaginación.

—¿No suena mejor Ángel de la Muerte~La Tercera Pesadilla~?

Y presionó el botón de ON, con un diminuto okay de Ken en el fondo, guardando el DVD alquilado en su bolso escolar.

¡Ah!

«Lo vas a asustar lejos de ti.»

Las palabras de Keiko Kurata hicieron eco en su mente, notando el error que acababa de cometer.

—Ken-kun.—Nerviosa, dando lo mejor de sí, intenta decir una mentira blanca.—O-Oye, um… E-Esta película… Um… Se ve que es de esas de terror fuerte, ¿no? Esas que asustan bastante. Me pregunto si podré aguantar y durar esas dos horas de duración…

—¿De qué estás hablando? Siempre estas viendo películas de terror de género R con gore.—El muchacho de cabello azabache mandó su plan a la deriva con una delicada sonrisa.—Esta tan solo es de género G.

Estoy más preocupado por , pensó inocentemente Ken.

—Tienes razón…

Muerta por dentro y fuera, Miyako abrazó sus rodillas.

Keiko… Noriko… Hikari… perdónenme.

※※※

Y no pude haber imaginado que era lo que iba a suceder después…

La voz de la protagonista de la película sonaba de fondo, Ken metido en esta por más que sudase del miedo. Por el otro lado, Miyako andaba sentada luchando contra sus instintos y recordando toda la conversación de esa tarde en el restaurante familiar. El rostro de Keiko seguía apareciendo en su mente, junto a esas palabras que la tenían al borde del asiento, viviendo su propio miedo, horror y terror.

«Lo vas a asustar lejos de ti.»

Fue entonces que se acercaba la escena del clímax. Algo había tras la protagonista, se podía escuchar cómo la música repentinamente se detenía solo para revelar que alguien la había estado siguiendo todo este tiempo en las sombras. El piano fue de crescendo a decrescendo, solo para que cuando la actriz rubia voltease para encontrarse cara a cara con su agresor y posible asesino, el mismo piano enloqueciese en su pieza.

Por eso, Miyako intentó ser lo más cliché posible.

—¡Kyaa!—gritó con voz aguda, lo más dulcemente posible pareciendo mejor actriz que la de la película buscando el brazo de Ken con ojos cerrados y una sonrisa infantil.

Sin embargo, no funcionó.

—¡AHHHH!—Antes de que sus manos llegasen a su novio, este pegó un grito más alto que el de ella que hubiese perforado los cielos. Luego, con una voz tembleque, siguió.—Vaya, esa sí que me tomó desprevenido.

—Sip…

Miyako cero. Ken uno.

¡Kurata-san! Esto es imposible…

Con sus brazos en ambas rodillas, lágrimas salían de sus ojos de lo patética que era la situación que ni sus gafas la incomodaron.

«¿Quizás debas tratar de tomarle la mano?»

Ah sí, la angelical propuesta de Hikari luego de que salieron del restaurante vino a la cabeza de Miyako. Era su salvadora luz en esta oscuridad.

¡Manos! ¡Aquí vamos!

Temblando por su inusual plan, Miyako lentamente acercaba sus dedos a los de Ken que estaban en la alfombra.

—Que miedo~. Kyaa~—con voz baja y extremadamente fingida, la chica de cabello lavanda logra tocar el dedo índice de su novio—Tengo tanto miedo~-

Y aún así, la partida que tomaron los eventos conllevó a un Miyako cero, Ken dos.

El simple rose de su mano hizo que saltara de improviso, gritando desde lo más profundo de sus pulmones, incluso asustando a Miyako por su inusual reacción al ser violenta. Por eso, luego de notar lo que hizo, se fue más hacia la derecha cerca al sofá en retraimiento de lo vergonzoso que había sido su acto. Eventualmente, Miyako se movió la izquierda en derrota, la distancia entre ambos creciendo.

Yo solo quería disfrutar una película con él…

El clásico escenario de la pareja estereotipada corrió en su mente. Ella diciendo esas palabras de "Kyaa, abrázame, tengo miedo, Ken-kun" y él replicando de manera corporal haciendo tal cual ella decía.

—Lamento ser tan patético. —un murmullo salió de entre sus rodillas, al haber apoyado su rostro ahí. —Discúlpame.

—¡Ah, no! No tienes por qué pedir disculpas. No es como si fuese tu culpa o algo así.—En desesperación, Miyako se le acercó arrastrándose.

—Lo siento. Tan solo… dame un minuto.—Poniéndose de pie, la rechaza con su mano derecha mientras oculta su rostro con la izquierda, dándole la espalda.—Necesito estar solo.

Y la puerta se cerró.

Miyako se congeló.

Él… Él… Ken-kun… ¡va a terminar conmigo! Esta relación se acabó, ¡¿no es así?!

※※※

Un suspiro salió del baño de la residencia Inoue.

Ken se lavaba el rostro, secando sus lágrimas. Se había asustado tanto que empezó a llorar inconscientemente.

Esto sí que es lamentable… Y pensar que el Kaiser disfrutaba de estas cosas. ¿Qué clase de retorcida persona solía ser? Ah…

Cuando decidió salir para no mostrar ese lado vergonzoso suyo a su novia, optó por regresar a la sala, pero para su sorpresa, no había nadie y la película ya no sonaba.

—¿Miyako-san?

Haciéndosele extraño, Ken sube los escalones para dar con la puerta de la habitación de la chica de cabello lavanda solo para abrirla y encontrarla ahí a ella, echada boca abajo en su cama.

Su cuarto estaba ordenado pulcro, con un par de fotos de bandas de aquellas épocas en las que era sonidista de Yamato y fotografías con sus amigas o del Mundo Digital. Parecía haber en una esquina un nido para cuando Poromon pasaba las noches ahí justo a su lado.

—¿Miyako-san? ¿Qué estás haciendo aquí?

—De todas maneras no soy linda…—dijo con el rostro en la almohada.

—¿Hm? ¿Por qué…? Yo pienso que eres linda.—Ken se encontraba sin palabras mientras ingresaba, agachándose cerca a la cama.

—Tú eres más femenino que yo…

—Eso duele un poco, sabes.

—No puedo ni pretender estar asustada, así que supongo que me quedo atorada siendo para nada adorable…

Ken abrió sus ojos índigos, las acciones de Miyako cobrando sentido en su cabeza. Su tono de voz, sus preguntas, sus acciones, sus palabras.

«…E-Esta película… Um… Se ve que es de esas de terror fuerte, ¿no? Esas que asustan bastante. Me pregunto si podré aguantar y durar esas dos horas de duración…»

Un segundo, podría ser que ella…

—¿Estabas tratando… de ser linda por mí?—soltó casualmente mientras se arrodillaba al lado de la cama, Miyako todavía sin mirarlo.

—¡Ya no me importa, tonto!

Sin saber qué decir, Ken estaba por entrar en pánico por sus bruscos cambios de humor.

—Mira, Miyako-san… Yo soy alguien patético con estas cosas de terror, estaba muy enfocado en la película por eso. Debí haber prestado más atención. Lo siento por…

El oído de Miyako reaccionó antes de que Ken lograse terminar. Se levanto abruptamente, tomándolo de sorpresa, con el humor Inoue que generalmente emplea en Daisuke Motomiya.

—Como te vengo diciendo, ¡¿por qué te tienes que disculpar?!

Aunque por más que Ken hubiese retrocedido un poco por el llamado de atención, pudo observar el rostro de Miyako sin gafas, sus ambarinos ojos con diminutos restos de lágrimas. Su cabello lavanda andaba despeinado y parecía tener flequillo en aquella frente que siempre llevaba al descubierto con bandanas o extrañas pañoletas.

Rápidamente se cubrió el rostro por la vergüenza.

—Vaya… No te he visto llorar desde hace bastante tiempo.—comentó Ken con naturalidad.

—No mires, ¡no mires, tonto!

—La tonta aquí eres tú.

Extendiendo su mano hacia la muñeca de Miyako, su berrinche acabó tan rápido como vino. Lentamente descendiendo hacia sus dedos, junto a una cautivadora sonrisa llena de amabilidad, opta por decir lo que sentía desde lo más profundo de su alma.

—La persona que me gusta no es cualquier chica ordinaria, sino tú, Miyako-san.

Ella se mordió los labios sin saber qué decir.

—Terminemos de ver lo que queda de la película juntos.

La atmosfera que los rodeaba era pura, llena de amor y bondad, hasta que Miyako la rompió de la manera más clásica posible.

—…¿Luego de eso podemos ver algo de gore también?

—P-Pero por supuesto…—dubitativo y asustado por su vida, Ken no tuvo más opción que acceder.

—Vas a estar bien, no da tanto miedo.

Ken desvió su mirada hacia la ventana.

Había empezado a llover, las gotas dando fuerte contra el vidrio.

Las nubes son grises y crueles. Toman grandes gotas de agua y globos de humedad humeante. Llena un diluvio bíblico, inunda los ríos, ahoga los campos y desborda las presas. Es un cataclismo de lluvia, una catarata interminable de agua que cae del cielo. Es incesante. Las puertas en el cielo se han abierto y parece que no hay nadie para cerrarlas.

El cielo primaveral es frágil, azul pálido. Las nubes son frágiles y blancas como el ángel. Son transportados por una brisa ligera y rizada. Cae una lluvia brumosa. Es tan frágil como una. A medida que cae, desbloquea los dedos vidriosos del puño helado del invierno, uno por uno. Las flores se despliegan lentamente en los prados y ondulan como brazos de coral en marea baja. Las lluvias de primavera están aquí y son tan impecables y brillantes como las lágrimas de un ángel.

El cielo de verano es azul neón y vibrante. Las flores crujientes del sol del prado están marchitas. La lluvia desciende en pequeñas gotas de plata. Su sonido es una vibración armónica, el ruido blanco de la naturaleza. Goteos de agua plateada se filtran en el suelo, renovando las raíces vitales de las plantas debajo. La lluvia ha dado lo que el sol se llevaría.

El cielo otoñal es oscuro y vengativo. Cubiertas de vapor de la nube se enrollan y se retuercen. Luego, un sonido de murmullos sobrenaturales llena el aire. El viento se convierte en frenesí. Es un grito, un presagio agudo. Las nubes corren por el cielo, vibrando con la energía cargada que están desesperadas por liberar. Comienza con grandes gotas de humedad. La lluvia sisea desde el techo, resonando en la tierra esponjosa.

Para él, la lluvia es el néctar de los dioses y el suero del cielo. No es filósofo ni antiguo marino, ni escritor ni aventurero, pero comprende la importancia de la generosidad de la naturaleza.

Ken no pudo evitar recordar todas las estaciones con Miyako en ese preciso instante. Miyako era, también, como la lluvia. Impredecible en cada estación, cada día, cada semana, cada año, cada hora, cada minuto, cada segundo...

—Ah… Está lloviendo.

—Ah, tienes razón.

Miyako replicó sin percatarse que admiraba el perfil de Ken perdido en la lluvia.

Ken Ichijouji, el muchacho del cual se había enamorado a los quince años. Ahora, a los dieciocho y él con diecisiete, la diferencia no era mucha. Ella amaba todo sobre él, incluso ese oscuro pasado que curaba lentamente con amor, pureza, pasión y compasión. Podría ser que no entendiese del todo ese partido corazón que de a pocos sanaba. Meterse más en su vida era difícil. Sus padres la recibían amablemente, Osamu era mencionado solo cuando era necesario. Ken era un misterio para ella y deseaba recorrer todo y conocer al Ken Ichijouji dentro de Ken Ichijouji.

A mí me gusta… también la forma en la que Ken-kun es.

Su reflejo se grabó en sus pupilas. Un cuadro melancólico.

Me gustan sus pestañas largas, cómo se asusta con facilidad a pesar de esa otra personalidad de antaño, el sentir su delgada figura cuando me abraza, su voz, cómo sorprendentemente todavía posee una lengua afilada que no se guarda las cosas cuando algo lo irrita en extremo al criticar y hablar de manera severa, y también… y también… y también…

Miyako lentamente extendió su mano hacia la oreja del chico, que a diferencia de tiempo atrás, andaba al descubierto.

—Ken.

En silencio al haber sido llamado por su nombre sin ningún apelativo, la mirada de Miyako era seria e intensa, aunque a la vez llena de melancolía.

Tal vez, esa fue la palabra que lo empezó todo.

Ella se le acercó, cayendo grácilmente en su pecho, el sonido de la lluvia siendo su cómplice.

—¿Qué sucede?—preguntó más serio que de costumbre.

—Puedo escuchar latir tu corazón.

El muchacho de cabello azabache acerca su rostro hacia el de ella, solo para desplomarse igual que ella en su pecho, tomándola de sorpresa.

—¿Y qué te está diciendo?

—Que las personas son frías.

※※※

Su cabello lavanda había tomado posesión de la cama, sus brazos estirados hacia su cuello.

—Tus… manos y orejas están heladas.

—Quizás sea por la lluvia.

Ken se le acerca, Miyako acariciando su mejilla gentilmente.

—Quizás.

Esta calidez…

—No creo que pueda irme a casa con este clima.

Cerrando la distancia, la lluvia es la única quien lo presencia.

Quería compartirla con él de alguna forma.

※※※

Daisuke no tenía palabras por lo que estaba viendo. El poco cabello que Ken tenía tras el cuello revelaba una mordedura que no tenía aspecto de irse pronto.

Ken no sabía por qué había acudido donde Daisuke. Sabe que sus consejos no son buenos, menos el hecho de saber muy poco sobre relaciones románticas. Podía ser que Noriko lo acosaba a diario lo cual ocasionaba que sus planes de declarársele a Hikari decrecieran, pero no le quedaba de otra. Ahora podía decir que comprendía a Yamato… además de contar con Jun en casa y ahora con una chica que se comporta de la misma manera que ella cuando sale a la calle.

—¿Acaso Miyako es un perro? Aunque tiene lindos dientes. Espera. No le digas que dije eso.

—Pensé que iba a morderme la cabeza y sacármela.—Ken vuelve a cubrirse esa área con el corto cabello que tenía.—¿Se puede ver con mi pelo si lo bajo más?

—Sip, si puedes. Solo un poco. Aunque, para empezar, ¿por qué te mordió?

※※※

—¡Auch! ¡Auch! ¡Auch!

—Tu cabello está empezando a crecer, ¿verdad?

Ken tocaba donde acaba de ser mordido por Miyako, su desnudo torso exponiendo todo su cuerpo. Por su lado, Miyako andaba sin pudor alguno, sonriendo de esquina a esquina mostrando sus dientes.

—Si te lo cortas, todos lo van a ver, ¿sí?

※※※

—Realmente, no lo entiendo del todo—suspira, derramándose en la esquina de la cama de Daisuke—Quizás es venganza…

—¿Venganza? Eso sí que da miedo… ¿Estaban peleando? No me sorprendería de Miyako.

—Claro que da miedo.

Daisuke se queda mirando el cuello de Ken, que exponía la mordedura.

Parece una especie de collar pervertido, pero… me quedaré con ese pensamiento en mi cabeza. No quiero que Ichijouji me golpee.

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Basado en el CH37 de Horimiya.