Capítulo 1: Y será voluntad divina

El joven Regulus Arcturus Black sentía un fuerte dolor de cabeza, era doloroso y el chico no podía mover ninguna extremidad, los inferi lo hundían con gran rapidez y él solo suspiraba con cansancio, dejándose llevar por la muerte.

-Estoy tan cansado, solo quiero que todo acabe- pensaba mientras cerraba sus ojos, sí, era hora de aceptar el abrazo de la Muerte e irse.

POV. Regulus

Al abrir mis ojos, lo primero que noto es una capa negra e intento enfocar el rostro pero es tan oscuro que no me es posible. Similar a un Dementor pero sin esa presencia que me enfermaba.

-Nanananana nana nanana- tararea quien me lleva en brazos con suavidad, es una voz masculina pero no la reconozco de ningún lado- ¿Has despertado, Regulus?- me pregunta con calma, acomodándome en su abrazo. Me carga al estilo nupcial y, aunque incómodo, me siento tan débil que tendré que aceptar ser llevado.

-Sí, señor- le contesto con un susurro, mi garganta no duele pero siento pesado el pecho, es tan raro el sentimiento que me rodea, como si fuera incorrecto el estar consciente y vivo.

-No estás del todo vivo, pero tampoco muerto- me dice el hombre, no hay lógica en sus palaras. O estoy vivo o muerto, no se pueden los dos- Que extremista, claro que se puede- me contesta en un tarareo, es un poco molesta su actitud sobre mi supuesta no muerte.

-Thanatos, ¿Qué hiciste esta vez?- es una voz conocida, tan familiar y a la vez tan desconocida, alzo la vista y veo un largo cabello rubio en una cola de caballo, una belleza impactante tan pálida, unos profundos ojos negros. Un vestido de seda color verde pasto, tan místico y un par de antorchas, cada una en una de sus delicadas manos. Era joven, quizá su edad o 20, si exageraba, unos 24 y eso ya era demasiado.

-Hola, Hécate, traje una sorpresa- le contesta el hombre que me carga, se escucha divertido, como si la seriedad de la hermosa mujer no le preocupara ni un poco.

-¿Un mortal?- ve al joven y suspira- Explica mi amigo- le pide mientras una niebla los rodea y se ven en un salón. El llamado Thanatos me suelta y caigo al suelo con un quejido.

-Horcrux- dice el hombre quitando su capa negra y veo a un hombre alto, fuerte, de piel morena, ojos dorados, cabello negro y lo más llamativo: un par de hermosa alas negras con sombras azules, moradas y negras. Era hermoso- Un mortal ésta haciendo esas abominaciones como si fueran dulces, me insulta ese maldito hombre, lo mataré, Hécate- le dice y la mujer me ve con sus oscuros ojos.

-¿Y este mortal, en qué entra?- le pregunta y unos fuertes pasos se acercan, se abre las puertas y volteo: Un hombre, tan imponente, de largo y oscuro cabello negro, tan pálido. Sus ojos eran como alquitrán congelado, pero su mirada era la familiar locura que he visto en muchos miembros de mi familia. Una túnica con rostros en agonía me cautivan; este hombre es tan sublime, es el poder encarnado de la oscuridad, es tan familiar…

-Regulus Arcturus Black- dice con su fuerte voz y alzo mi vista a sus ojos, que brillan con llamas purpuras, hago una reverencia a las tres imponentes presencias.

-Mis dioses, estoy demasiado honrado de estar ante sus divinas presencias- les digo mientras un terror me invade, por los dioses ¿qué protocolo debo seguir ante dioses? ¿Los estoy insultando con mi presencia? ¿Debí asegurarme de la destrucción del relicario y ahora seré castigado por no hacerlo? Si es lo último espero que Kreacher sea ignorado de los castigos, pagaré el castigo de Kreacher si me lo permiten, mi amigo solo me obedeció y su naturaleza evita que pueda desobedecer.

-Tu buen amigo ésta a salvo, no será castigado de ninguna manera, Regulus- me informa la diosa y siento un gran alivio.

-Gracias, mi gran señora- le digo lleno de agradecimiento, no importa nada más, Kreacher está a salvo y eso me basta.

-Qué lindo, se preocupa más por otro ser que por sí mismo- dice el hombre de mayor presencia.

-Él fue como un padre para mí, es mi mejor y único amigo, se merece felicidad- le digo con seguridad. Al ver sus ojos, estos se ven calmados, pensativos.

-Buena elección, Thanatos, me gusta este chico- dice el hombre. Los tres empiezan hablar en una lengua que no reconozco, bajo la vista y noto lo oscuro del lugar, el ambiente pesado y frío… Este lugar es el Inframundo y frente a mí, tres dioses que deben estar por juzgar mis crímenes.

-Regulus, mi niño- la mujer rubia se agacha frente a mí, intento detenerla pero ella toma mis manos, no soy digno- Pocos humanos lo son, mi niño muy pocos- me dice calmada, acaricia mi rostro y dice animada- Te vamos a enviar de regreso- la veo sorprendida, quiero ver a los otros dioses pero eso sería grosero con ella.

-Así es, decidimos que necesitamos que alguien reúna y destruya los Horcruxes de Tom o como lo conoces, Voldemort- le dice Thanatos- Hades, mi señor, ¿cómo lo enviaremos?- pregunta al mayor, volteo a los varones.

-Tengo mis métodos, despídanse de niño- les ordena y se retira.

-Los humanos recibieron mi bendición, ustedes la llaman Magia, yo llamo Niebla- me dice la rubia con una suave sonrisa, por un momento veo dos rostros iguales al suyo a sus lados- Están olvidando lo que les pedí, me están olvidando. Enviaré a uno de mis hijos en tu ayuda y tendrán que recordar que yo soy el origen de lo que hoy son los magos. Tu deber será apoyar a ese hijo, y guiar a tu gente a nuestro favor- me da un beso en la frente y se para. El moreno, Thanatos se inclina y a mi oído derecho susurra:

-Los humanos me divierten, pero muy pocos me fascinan como tú lo has hecho, Regulus, sigue entregando todo de ti... a mí- me da un leve beso en mi mejilla y se alza, Hades vuelve a entrar y saca un pequeño frasco.

-Escucha bien, mortal, que hoy te irás con nuestras bendiciones- me dice mientras abre el frasco y saca un poco de polvo brillante, con gran poder- Aquí en el Inframundo no existe esa moral humana, no hay bien ni mal, solo justicia. Averigua cual es la justicia que debes seguir y no la moral- me obliga a tragar el polvo y besa mi cabeza- Es hora de trabajar, mi pequeño legado- siento como si me apareciera y los veo desaparecer de mi vista, estiro mis manos para sostenerlos pero, es muy tarde y la oscuridad me rodea. La consciencia se aleja, estoy tan lejos…

Y escucho un suave tintineo de vasos, abro mis ojos para ver un techo con la constelación del León. Una suave cama y el susurro de una voz conocida…

-Buenos días, pequeño maestro Regulus, ya llegó su carta de Hogwarts- me dice el más joven y sano rostro de Kreacher.

-Kreacher, yo…- ve al calendario: 15 de julio de 1971- Buenos días, estoy feliz de verte- le sonrío abrazando al elfo y este me corresponde.

-A Kreacher la felicidad del pequeño maestro, lo hace feliz- me rio un poco, ese es mi amigo más fiel y amable- Ahora el pequeño maestro suelta a Kreacher y toma un baño, Kreacher debe terminar el desayuno- se sueltan y veo salir a mi amigo, siento el corazón rebosando de felicidad. Tengo un deber, un deber que cumpliré con orgullo… Pero, ver a mi elfo tan feliz y sano, debo mantener esa salud suya, no dejaré que nada lo dañe, ni mis padres ni mis elecciones.

Me alzó y con una sonrisa me dirijo al baño, primero lo primero.