POV. Regulus

Mientras nos servía té los elfos, veía la biblioteca y noto un símbolo extraño… es una imagen de una mujer con antorchas, bajo mi taza y me alzo hacia el libro y lo saco: Rituales de la Diosa. Veo la imagen del lomo y… no está, pero el título se mantiene. Lo abro y ahí está ella, Hécate, una de los tres dioses que me enviaron de regreso.

-¿Te llamó?- la voz ronca y potente de mi abuelo me saca de mis pensamientos, volteo y él me veo con calma.

-Sí, estoy seguro que el lomo tenía esta imagen- le digo y me sonríe con un vacío en sus ojos.

-Nunca he podido leer ese libro, ni mis hermanos ni mi esposa ni mis hijos- me dice con calma- Sirius II, quien murió a los 8 años, lo podía leer. Nadie más, pudo… Hasta hoy- me acaricia el cabello, noto una preocupación.

-"Piensa que podrías morir"- esa voz es la de Thanatos, volteo a mi alrededor pero él no está aquí- "No niño, estoy trabajando, solo estaba revisando esta nueva conexión a tu mente"- bajo la vista al libro mientras paso una página. Antorchas es uno de los símbolos –"¿Qué harás, niño mortal? Tienes información a tu alcance pero… ¿Qué les dirás a los ancianos?"- cierro los ojos y suspiro.

-¿Abuelo, puedo tomar este libro? ¡Quiero leerlo!- le sonrió con alegría, este libro me puede aclarar mi misión con los dioses; debo estar preparado y adquirir el conocimiento necesario o podría ser una carga para el hijo de la Gran Diosa.

-Claro, la Magia te eligió así que no hay problema- me dice mi abuelo y regresamos a nuestros asientos, Sirius se asoma y ve el libro.

-Está en blanco- me dice preocupado y le sonrió alegre.

-Habla de la Gran Diosa- le digo y la elfina se me acerca, palmea mi frente y suspira.

-El pequeño maestro está bien, el libro lo aceptó bien- me ve con sus grandes ojos verdes- Como si la bendición de nuestra madre le rodease- susurra alejándose y toco mi frente, donde me beso la Gran Diosa.

-Gracias por preocuparte, Mindy- le sonrió, los elfos domésticos son un encanto. Demasiado puros para convivir con magos, deberían ser libres; ¿pero ellos qué libertad desean? Debo platicar con Kreacher sobre el tema.

-Vamos, guarda ese libro y prepárense para la comida, mis niños- nos dice la abuela Melania con su suave sonrisa que resalta sus aún muy bellas facciones, esos ojos azules claro y el cabello aún rubio con mechones blancos.

-Sí, abuela- le sonrió honesto, amo a mis abuelos y eso no necesito pensar con profundidad: cuando padre murió, mis abuelos se aislaron en su totalidad, ni siquiera los vi antes de ir a la cueva, no pude despedirme.

-¿Qué tienes, Leonis?- me pregunta mi abuelo, parpadeo y me doy cuenta que me quede quieto mientras caminábamos hacia el comedor de la 1era ala de la mansión. Alzo la vista y veo a mi abuelo, él estira su mano derecha y roza sus dedos a mi mejilla; veo el brillo en sus dedos- ¿Te duele algo?- me pregunta y veo sorprendido ese brillo.

-¿Estoy llorando?- susurro con voz rota y veo a mi abuelo, bajo la vista mientras respiro con un gran peso en el pecho, ¿por qué duele tanto? ¡No pude despedirme, no quería destrozar el mundo de mi familia! ¿Me equivoqué?- Abuelo, ¿me quieres?- le pregunto con voz temblante y un incontrolable deseo de saber la respuesta, ¡no importa si es negativa! Sólo quiero la respuesta.

-Te amo, Regulus Arcturus- me contesta mi abuelo, mientras me abraza y acaricia mi cabello con su mano derecha mientras la izquierda me sostiene de mis hombros- Nunca dudes de ello, hijo; te amo aún más de lo que amo a mis hijos, y eso ya es bastante- me dice mientras cierro mis ojos e intento no llorar, no quiero ensuciar su túnica.

POV. Normal

Sirius ve a su abuela guiar a los elfos mientras preparan la mesa para comer y voltea a la puerta cerrada con molestia: el viejo y Reg se quedaron atrás. El joven suspira con cansancio, sabía que la tensión de su cuerpo era un poco culpa de sus padres y de él pero no quería admitirlo, ahora un nudo crece en su estómago mientras más se tarda su abuelo en entrar.

-Que hambre, que hambre- entra el anciano con una sonrisa divertida mientras acaricia su, ya no firme, estómago con felicidad; tras él, Regulus entra con sus ojos grises brillando, un leve tono rojizo en el borde de sus mejillas, se veía adorable.

-Reggie- le señala la silla a su lado, en la mesa de 6: en el cabecero su abuelo, a su lado izquierdo su abuela y en el lado derecho Sirius. Regulus asiente mientras se sienta a la derecha de su hermano- ¿De qué habla el libro?- le pregunta inclinándose hacia su hermanito y sosteniendo su mano izquierda con cuidado, un leve color rosa ilumina las mejillas del menor mientras ve sus manos juntas.

-La Gran Diosa, hermano- le contesta en un susurro suave viendo de reojo la mirada curiosa del mayor. Sirius ve el libro en una mesita cerca de la puerta y bajo vigilancia de la elfina de su abuela, regresa su mirada a su hermano y sonríe al sentir como el menor entrelaza sus dedos para sostenerse las manos- Nuestra Gran Señora, quién nos bendijo con su poder, lo que hoy llamamos Magia- le explica mientras aprieta sus manos unidas.

-Suena como un tema interesante, y muy tedioso de estudiar- dice algo sorprendido el hermano mayor, Regulus lo ve y asiente.

-Creo que será bastante pesado pero muy fascinante- Arcturus en eso interrumpe:

-O se besan o nos prestan atención- Reg y Sirius se sueltan y ven sonrojados a su burlón abuelo mientras Melania le dice:

-¡Arcturus, no arruines el momento!-

-¡Abuelos!- grita Sirius cubriéndose el rostro y riendo a carcajadas. Regulus ve con reproche a sus abuelos con los labios apretados en una firme molestia.

-Bueno, lo que sea, comamos- resta importancia el anciano con un brillo malicioso en sus ojos mientras comparte miradas burlonas con su esposa y esta sonríe resignada viendo con compasión al nuevo entretenimiento de su marido… digo, a sus nietos.

Cuando Regulus estaba arreglado para dormir, después de huir de los brillos maliciosos de sus abuelos, quienes querían juntar a los hermanos en cada momento… Los agobiaron y ambos hermanos huyeron, por los ruidos y voces: Sirius hizo un gran espectáculo en el patio.

-Pobre elfos- susurra el menor con tristeza.

POV. Regulus

Me senté la cómoda mecedora de la habitación donde hoy dormiría, la alcoba de la infancia del tío abuelo Regulus, quien murió joven. Desde que recuerdo, mi abuelo me asigno esta alcoba: es hermosa, paredes de color azul pastel y pisos de madera negra. Una cama queen de elegantes cobijas, un par de mesitas de noches, un espejo de techo a piso a lado de la cama; un escritorio lleno de esferas de magia acumulativa en una elegante caja de plata. Y la mecedera que el abuelo trajo cuando recién nací.

-Mi niño- escucho una voz, volteo y veo un ¿arcoíris?, la imagen se aclara y veo a la Gran Diosa sonriéndome con un aire maternal.

-Mi señora, buenas noches- le saludo con una leve reverencia de mi cabeza, ¿me alzo, sonrió, qué hago?

-Buenas noches, mira…- su hermosa faz es remplazada por un joven de brillantes ojos azules y profundo cabello negro, que veía en dirección de la Diosa con molestia… es un chico lindo, supongo- Mi hijo, Alexander Jones, tiene 15 y será tu compañero en la misión que te encomendamos- la escucho moverse y agrega- Conózcanse y cuídense- ella se fue, el chico me ve y sonríe divertido.

-¿Cómo te obligaron a esto, muñeca?- lo veo con incomodidad pero el aumenta el tamaño de su sonrisa.

-Me solicitaron, como mortal es un honor servir a los dioses…-él me interrumpe.

-Bah, soy un semi dios, muñeca- me dice con voz suave- Ni yo, que he visto al señor D enojado, me tomo en serio a los dioses- suspiro y le sonrió un poco.

-Entonces, ¿es tu castigo?- le pregunto, más vale aclarar esto lo más pronto posible.

-Sí- me ve con una expresión aburrida- Y eso que aún no descubrieron mi participación en la alteración de la cabaña de Athenea, aigan culpando a la cabaña de Ares- y ríe como un loco.

-No creo que nos vaya muy bien- susurro y él asiente- ¿Cómo nos comunicaremos?- le pregunto al ver el arcoíris empezar a desvanecerse y él me sonríe.

-Deja que tu nuevo hermano mayor se encargue de todo, muñeca- pasa la mano y el arcoíris desaparece.

-¿Nuevo hermano?- un loco sonrojo invade mis mejillas, ¡eso me recordó el porque nos enviaron con los abuelos!- Lo hizo apropósito, estoy seguro-