No fue muy difícil abrir la ventana.

Para toda la dificultad que tuvo en encontrarlo y seguir su rastro, Miss Fortune no tuvo mucho problema en entrar en su escondite. Era bastante pequeño para la fama que su ocupante había adquirido. Y no parecía estar habitado por ningún otro secuaz. Raro.

Miss Fortune nunca antes había perseguido a un minotauro. Conocía a algunos de vista, que habían venido huyendo de Noxus para llegar a Bilgewater en busca de la libertad o un nuevo principio. Y desde luego que todos demostraban ser gigantescos, y de enorme fuerza. Pero claro. Aunque su piel fuera un poco más dura que las de las personas, seguía siendo atravesada muy fácilmente por las balas.

Pero mientras se deslizaba en el interior de aquel oscuro dormitorio, la bella cazarrecompensas se dio cuenta de que había una característica de los minotauros con la que no había contado.

Que pudieran ser tan silenciosos, y que pese a su tamaño, pudieran pasar tan desapercibidos en la oscuridad.

No tuvo tiempo ni para reaccionar. Una enorme mano de dedos gruesos como ramas rodearon su antebrazo derecho, en el que cargaba su arma ya desenfundada, apretándolo con fuerza. Mientras, otra mano la agarró del torso y la empotró contra la pared. Estaba indefensa.

-Ahí estás.-habló una voz grave como el averno.

Entre la oscuridad, Miss Fortune distinguió dos ojos rojos como el fuego, y un rostro taurino de pelaje negro como la noche, y cuernos afilados como cimitarras. Pero curiosamente, aunque su morro fuera relativamente alargado, su boca tenía un aspecto casi humano. En que era estrecha y de labios carnosos, aunque negros. Y también, aquella sonrisa maliciosa que portaba era demasiado humana.

-La famosa Miss Fortune. Sabía que andabas detrás de mi, pero no esperaba que llegaras tan lejos.

-Sí. Eso es lo que dicen la mayoría.-dijo ella mientras le sonreía desafiante, aunque se encontrara confundida, y algo asustada ante su fuerza.-Manidas últimas palabras, ¿no crees?

-Bueno. Una pena.

Antes de que ella pudiera responderle o intentar hacer nada, mientras usaba su brazo libre para arañar la gran mano con la que la sostenía contra la pared, y le pateaba el pecho inútilmente, sintió como su otro mano apretaba aún más. Aplastando su arma, y en parte su muñeca. Y aunque no llegó a rompérsela, si que le causó el dolor suficiente como para que soltara su arma.

Con lo que el minotauro se permitió liberar su brazo. Dejando caer al suelo un manojo de metal aplastado y madera astillada, que antes fue una de sus pistolas. Aunque tampoco perdió el tiempo, y procedió a hacer lo mismo con el arma que aún llevaba enfundada, arrancándosela de la cintura junto con el cinturón. Y dejando caer al suelo el mismo tipo de amasijo que antes.

-Para ti, quiero decir.-repitió el minotauro, con una sonrisa sádica.

-Bastar-

No le dio tiempo a terminar su insulto. De inmediato, el minotauro la lanzó contra la pared de al lado, haciendo retumbar toda la habitación con el impacto del esbelto cuerpo de Miss Fortune contra la madera, y dejándola sin aliento. Aunque por fortuna, aterrizó en una mullida y amplia cama.

Le dolía toda la espalda. Aunque no sentía nada roto, y podía moverse sin apenas dificultad, no se veía en condiciones de luchar. Vio como el minotauro le daba la espalda para cerrar la ventana. Pero antes de que ella pudiera tan siquiera bajarse de la cama, lo tenía otra vez encima.

La agarró de la pierna y tiró de ella. Solo para levantarla por encima de su cabeza, y estamparla contra el suelo. Una. Dos. Hasta tres veces.

En esos instantes, Miss Fortune trató de usar los brazos para protegerse la cabeza. Pero de poco sirvió salvo para salvar la vida, pues el minotauro la dejó caer al suelo, sintiéndose molida, y ya sin esperanza alguna de recuperarse lo suficiente para luchar.

Aunque siguió sin darle respiro alguno, pues de inmediato la levantó del suelo sujetándola por el cuello, usando únicamente el pulgar y el índice. Apretándole lo suficiente como para que le costara respirar, pero no como para asfixiarla.

-Esto era para evitar que se te ocurran ideas graciosas. Ahora, veamos que tenemos para trabajar aquí.

Miss Fortune notó la otra mano monstruosa sobre su cintura. Para de inmediato sentir como tiraban de sus ropas, y escuchar un desgarrón de tela. Luego, sintió el frío de su piel expuesta al aire. Sus ojos se abrieron como platos.

No. No iba a hacerlo. No podía. No...

-Vaya, vaya. Mira tú. ¿No llevabas nada debajo de ese corsé y esa camisa? Bueno. No importa. Ahora, hagamos algo con esos pantalones.

Sintió aquella mano rodeando su pierna, y escuchó el mismo desgarrón. Y de nuevo, sintió el mismo frío.

No. No podía permitirle hacer esto. Tenía que resistirse. Tenía que...

El minotauro volvió a agarrarla de la pierna mientras aún la sostenía por el cuello, y la colocó en horizontal. Acercó la boca a su entrepierna, y de un mordisco, le arrancó las bragas con los dientes.

-Gagh-

Trató de hablar. De insultarle. De gritar. Pero le apretaba demasiado el cuello para eso, aunque aún le dejaba respirar.

-Puedes quedarte las botas puestas. De hecho, yo casi que lo prefiero así. Y ahora, empecemos, ¿quieres?

Miss Fortune se vio arrojada con violencia sobre la mullida cama. Algo que casi agradeció, pese al dolor de sus extremidades y su cuerpo. Empezó a toser con ganas, mientras recuperaba la respiración.

Más cuando abrió los ojos, prefirió volver a cerrarlos. Porque el minotauro de torso desnudo, se había desecho de sus pantalones. Y ahora, mientras se inclinaba sobre ella, apoyaba su enorme miembro sobre su vientre.

Era... era imposible. Era como un pilar. No estaba segura de que fuera a entrar. No al menos sin desgarrarla, o prácticamente partirla por la mitad. Más cuando aquella cosa negra de punta rosada, hinchada y pulsante que latía como un corazón, no pudo evitar sentirse...

Fascinada.

Tanto, que un rubor alcanzó sus mejillas, mientras miraba sin palabras y con la boca abierta aquella cosa enorme.

-Ah.-sonrió el minotauro.-Así está mejor. Esa reacción me gusta más.

Y con un cuidado desconocido hasta entonces, el minotauro comenzó a tumbarse lentamente sobre ella, aprisionándola contra la cama.

-¡Espera! ¡¿Qué estás...?!

-Tranquila.-le susurró al oído, con aquel morro casi tan ancho como su cabeza, llenando de humedad su rostro con aquel cálido aliento.-Que habrá preliminares.

Se apoyó sobre sus miembros un momento, y la obligó a darse la vuelta, dejándola bocabajo sobre la cama. Aunque pronto volvió a aprisionarla, cuando su enorme y musculado torso cayó sobre ella. Solo el que pudiera hundirse con tanta facilidad en aquella mullida cama, la había salvado de morir aplastada hasta el momento.

-Créeme.-sintió sus labios rozando su oreja.-Esto te gustará. Eventualmente.

Miss Fortune sintió aquellos enormes labios. Aquellos labios jugosos y suaves... posándose sobre su hombro. Besándolo. Con una delicadeza tan cariñosa que resultaba... completamente extraña, dada la experiencia hasta ahora.

Aún así, fue como si ese beso aliviara pare del dolor de su cuerpo. Fue una sensación casi... placentera.

No. No podía pensar así. ¿Qué estaba haciendo? Tenía que...

-¡Ah!

Lanzó ese pequeño grito por la sorpresa, pues sintió algo duro rozando la entrada de su vagina. Sus suaves labios vaginales. Pero aquello se sentía demasiado delgado como para ser el miembro tan enorme que había visto antes. Se sentía más como... un dedo.

Creedla. Tantos objetos y partes del cuerpo habían pasado por esa zona, que ya podía indentificarlos por el tacto.

Tras apartarle el pelo, Miss Fortune volvió a sentir como la besaba en el otro hombro. Al mismo tiempo que aquel dedo en sus regiones inferiores se adentraba un poco en ella.

Y a cada cariñoso beso, ese dedo se iba adentrando poco a poco cada vez más. Muy despacio. Con cariño.

Y ella podía empezar a sentirlo. El... placer. La estaba dominando, sobre cualquier sentido o razón. Mierda. Ese minotauro sabía lo que hacía. Y se le daba demasiado bien.

Pero poco podía hacer ahora, salvo esperar. Sí. Eso es. Le dejaría acabar, y cuando tuviera la guardia baja, saltaría de la cama, y escaparía por la ventana. Sí. Eso es. Así...

-Aaaah...

Se le escapó un gemido suave, pero largo. El dedo al fin había alzanzado el límite de hasta donde podía entrar. Y ahora, el minotauro había empezando a doblarlo ligeramente, y estirarlo. Doblarlo, y estirarlo. Masajeando su vagina desde el interior.

Sí. Eso es. Le dejaría acabar con eso, y luego escaparía. Solo... esperaría un poco más. Sí. Solo un poco más. Solo...

...

... un poco...

...

... más...

-¡Aaaaah!

Aquel gemido fue más largo y ruidoso, pues le fue imposible contenerlo. Pues en ese momento, el minotauro había retorcido ese dedo dentro de ella con celeridad.

Volvió a moverla, colocándola de lado sobre la cama. Y con la mano libre, la agarró de la cabeza para obligarla a girar el cuello, y que le mirara a los ojos. Y entonces... la besó.

Fue un beso en la boca. Intenso. Con aquellos enormes labios, rodeando los suyos, como si fuera a devorarla. Sintió como aquella lengua ancha, caliente y suave se adentraba por la fuerza en su boca. Miss Fortune abrió los ojos de golpe, ante la impresión.

Y luego, los cerró poco a poco.

Aquella lengua ancha, que llenaba toda su boca, se retorcía en ella como un bailarín. Dejando la pequeña lengua de Miss Fortune a su merced, jugando con ella. Mientras, aquellos labios tiernos y fuertes masajeaban los suyos, junto la piel alrededor de su boca. Era electrizante, como pequeñas descargas plancenteras que llenaban, y se extendían por su rostro.

Y mientras tanto, aquel dedo juguetón seguía masajeando el interior de su vagina.

Con esfuerzo, Miss Fortune liberó un brazo. Y con él, hizo lo único que se le ocurría y quería hacer.

Rodear y abrazar el cuello del Minotauro. Asegurándose de que no tratara de apartar sus labios.

Y pensándolo mejor... si quería escapar... sería mejor esperar a la mañana. Sí. Cuando estuviera dormido. Por ahora... solo disfrutaría de aquella noche.

Los juegos continuaron durante un buen rato. Con aquel dedo acercándola poco a poco a un climax. Justo antes de llegar a ese límite, el minotauro volvió a cambiarla de posición.

La dejó bocarriba sobre la cama, pasando ahora aquellos labios a besar aquel fino y delgado cuello. Y con las piernas y brazos libres, Miss Fortune se aferró a él. Clavando sus uñas en su grueso pelaje, mientras que con la otra mano se aferraba a uno de sus cuernos.

Desde luego... que sabía... lo que... hacía...

Y ella ya no podía contenerlo más.

-¡AAAAAAAH!

Fue el orgasmo más auténticos que había tenido desde hace tiempo. Tanto, que la dejó sin aliento. Y con ello, el minotauro apartó su mano, dejándole algo de tiempo para recuperarse.

Se encontraba sudorosa, y con la respiración acelerada. Pero aún así, con una enorme sonrisa de satisfacción en sus labios.

-Desde luego... que no esperaba... que la noche... fuera a ir... así...-dijo entre jadeos.

-¿Acaso te sientes insatisfecha?-le dijo el minotauro, apoyando sus brazos gruesos como pilares a ambos lados de ella.

-¿Sinceramente?-Miss Fortune se relamió, mirando a aquellos ojos rojos como brasas que la admiraban con deseo.-En lo absoluto.

El minotauro se inclinó para besarla de nuevo, con la misma pasión de antes. Y ella estiró los brazos agradecidamente alrededor de su grueso y fuerte cuello. Fue un beso tan largo, que volvió a dejarla sin aliento.

-Pues esto te va a encantar.-dijo el minotauro, apartándose de ella momentáneamente.

Miss Fortune sintió como le separaba las piernas abruptamente, sin bien con un tacto delicado. Y su vista volvió a fijarse en aquel miembro largo y ancho de color negro, con aquella punta rosada y enrojecida.

Aquel miembro que antes la había hecho sentirse intimidada, pero que ahora, se tomaba como un reto.

-¿Te apetece echarte atrás ahora?-le dijo el minotauro, con tono burlón.

-Cuanta más presión hay, más me motivo.-le respondió decidida.

-Está bien.

Y sin más, el minotauro se sentó sobre la cama. La tomó de la cintura con una mano, mientras que con la otra la tomaba de la espalda y el cuello, alzándola. Así, la sentó sobre su regazo, mirándola frente a frente, mientras la punta de su rosado miembro rozaba la entrada de su vagina.

-Más vale que cojas aire.-le dijo él.

-¿Por qué? No hay que... ¡Aaaah!

Le pilló de sorpresa, más fue una sensación placentera. Poco a poco, aquel pilar de carne negro caliente y pulsante se fue adentrando en ella. Y la verdad es que se sentía muy apretado, pero no hasta el punto de que fuera... incómodo. O que le doliera. Si acaso, la hacía sentirse... más llena que nunca.

Y cuando al fin alcanzó el límite de ambos, el minotauro se detuvo momentaneamente.

-¿Estás lista, pequeña?

-Tanto como tú, grandullón.-le dijo con una sonrisa desafiante, mientras se aferraba al pelaje de su duro y ancho pecho.

-Perfecto.

Poco a poco, el minotauro fue levantándola mientras rodeaba su cintura con una mano, y sujetaba su cabeza y hombros con otra. Y antes de salir completamente de ella, y tal como si fuera una funda de carne para su miembro, la hizo descender de nuevo poco a poco.

En esos instantes, el rostro de Miss Fortune se convulsionaba por el placer. Sus ojos parpadeaban mientras se movían hacia atrás, y ella se mordía el labio intentando evitar soltar un grito.

Era... una sensación suprema. Era... como si todo su interior se estremeciera al mismo tiempo. Convulsionando de placer.

Y aquello solo era el principio.

Poco a poco, el minotauro fue acelerando el ritmo, subiéndola y bajándola cada vez más rápido. Al mismo tiempo que tiraba de su cuello, haciéndola doblar su espalda hacia atrás.

-Ah. Que frutos más apetecibles y jugosos.

Y sin más, abrió su boca, y rodeó uno de sus senos con los labios. Masajeando la aureola con aquella lengua ancha y caliente, y tal vez mordisqueando aquella tierna carne con sus duros dientes.

Fue alternando entre ambos senos, saboreando aquellos frutos tan generosos, mientras su miembro volvía a salir, y volvía a empalarla. Cada vez más apresuradamente.

Y en todo ese tiempo, Miss Fortune sentía como si su alma fuera a abandonar su cuerpo. Pues aquellas sensaciones, aquel placer, no podían provenir del mundo terrenal. Cada vez más fuerte, y más rápido que nunca antes, se sentía acercándose a su orgasmo final.

-¡Aaaaah! ¡Aaaaaah! ¡AAAAAAAAAH!

Ya se sentía incapaz de contener sus gritos, hasta alcanzar uno sordo, mientras sus ojos rodaban hacia dentro de su cráneo. De inmediato, el minotauro dejó de trabajar con sus senos, y la movió para estrecharla contra su fuerte y nudoso pecho.

Y poco a poco, Miss Fortune fue sintiéndolo. Aquella sensación de llenado, mientras él se liberaba dentro de ella. Y al mismo tiempo que ella... ella...

No. Aquello no podía ser terrenal. Era...

...

... era...

...

... el paraíso...

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH...!

...

Poco a poco, se fue haciendo consciente de nuevo de sus alrededores. Apoyada contra aquel cálido y mullido pecho. Envuelta en aquellas fuertes manos.

-Eso... ha sido... increíble... yo...

-Lo dices como si ya hubiéramos acabado.

-... ¿Qué?

-Eso solo ha sido un pequeño adelanto. Sé como contenerlo. Quería ver si podías resistirlo. Y ahora que sé que sí, puede empezar la fiesta de verdad.

-...

Abruptamente, y sin ningún rastro del tacto y delicadeza mostrados hasta ahora, el minotauro volvió a izarla y bajarla. Dentro, y fuera. Con mucha más violencia que antes. Mientras tanto, seguía aferrándola con fuerza contra su pecho. No quería soltarla por nada. Tanto, que ella empezó a sentirse algo aplastada.

Miss Fortune se sentía... como si fuera a morir. Pero era una muerte placentera. Era como... como si su destino fuera llegar a esto. A la mierda su venganza, sus metas, y el resto del mundo. Aquello era... aquello era...

...

¿Aquello era la felicidad?

Siguieron así por lo que fueron horas. Horas, que para ella se sentían como minutos. Y esos minutos, pronto en segundos. Era... como si su mente se estuviera resquebrajando. Rompiéndose por los bordes de la razón. Solo podía sentir... aquello. Aquello que la llenaba... que la hacía sentir completa.

Ese aquello que ahora se descargaba en ella, a tal volumen, que ahora se desbordaba sobre las sábanas. Y poco a poco, estaba dejando... su... mente...

...

... en...

... blanco...

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH...!

...

...

...

...


Miss Fortune se sintió despertar aquella mañana aferrada a algo cálido y duro, pero sedoso. Y aunque completamente agotada... también se sentía completamente feliz.

-Buenos días.-le susurró una voz grave.

Le llevó un tiempo procesar aquellas palabras, o identificarlas tan siquiera como sonidos. Sus piernas le temblaban, junto al resto de su cuerpo, mientras trataba de moverse. Tenía moratones que le dolían y cosquilleaban a partes iguales, y poco a poco, comenzó a recordar lo que había pasado la otra noche.

Y seguía sin arrepentirse.

Alzó la cabeza, y cruzó su mirada con aquellos ojos rojos e intensos. Tumbada como estaba sobre aquel amplio torso de pelaje negro, rodeada por aquel brazo fuerte y dominante.

-Buenos días.-le respondió ella, buscando arrastrarse como pudo sobre él para reclamarle un beso.

Cosa que consiguió. Y aunque breve, siguió siendo intenso y placentero.

-¿Estás bien?-le preguntó él, rodeando aquella cabeza de melena rojiza con la mano, mientras le acariciaba la mejilla con el pulgar.

-Mi bienestar... no parecía preocuparte anoche.-dijo ella mirando los moratones de su brazo, y el resto de su cuerpo.

Aunque para nada insatisfecha con habérselos llevado.

-Anoche, quería matarte.- le contestó el minotauro.-Por por fortuna, digamos que lograste disuadirme con tus... encantos naturales. ¿Y los míos? ¿Han funcionado?

Miss Fortune volvió a apoyar la cabeza en aquel pecho fuerte y mullido. Buscando confort en los latidos de su poderoso corazón. Era relajante. La hacía sentir... segura.

-Si preguntas si seguiré persiguiéndote... no. No lo haré.-dijo cerrando los ojos.-Pero no puedo decirte lo mismo por los demás cazarrecompensas.

-Pues vaya. Que fastidio.-dijo el minotauro, bufando como un toro.

-Aunque...-Miss Fortune volvió a alzar la cabeza.-Yo podría disuadirlos. Me harían caso. Aunque claro. Por un precio.

-Ajá.-dijo el minotauro mientras seguía acariciando su pelo, admirando su belleza.-¿Y que precio sería ese?

Miss Fortune sonrió.

El minotauro sonrió en respuesta, entendiéndola perfectamente.

Poco después, ambos volvieron a girar en la cama, colocándose tan cómodamente como podían. Él presionándola contra su mullido lecho con su enorme cuerpo, y ella, cerrando las piernas como podía alrededor de su amplia cintura.

Piernas que aún llevaban sus botas puestas.