Notas:
¡Hola!, antes que nada, una disculpa por la tardanza, en estas vacaciones pensé que tendría mucho tiempo para escribir, pero tuve visitas y ni tiempo de agarrar la compu T.T
Quiero agradecer muchísimo a quienes comentaron el capítulo anterior, me hace muy feliz leerlos.
Espero que este capítulo les guste. Y ya saben que cualquier comentario es super bienvenido, tanto de crítica constructiva, como tomatazos, si les agrado, si les desagrado también jeje. Todo me sirve para mejorar.
¡Saludos a todos los que leen la historia! :)
…
Capítulo 2.
Siempre se consideró sociable, varios de sus amigos decían que era el ambientador de las fiestas por sus ocurrencias y porque no solía tener pena de hablar con desconocidos. Por ello en cuanto tuvo la oportunidad le pidió a Hinata que lo tuteara, no le gustaba que le hablara con tanta formalidad, lo hacía sentir viejo.
En el poco tiempo de conocerla, se dio cuenta que con ella se rompían las reglas, con ella no tenía tanta facilidad para expresarse, con ella no podía hacer la clase de chistes negros que tanto le gustaban, con ella todo era diferente…
- Puedes poner la música que te guste – apunto la pantalla táctil del coche – o puedes hacerlo directamente desde el ipod – lo señaló y ella lo tomo entre sus manos, observándolo como si nunca hubiese visto algo similar. Supo que no tenía idea de cómo funcionaba, por lo que le pidió el aparato con la mano y ella se lo dio como si de una pieza frágil se tratara.
- ¿Qué tipo de música te gusta? – ella no respondió – ¿cuál es tu grupo favorito? – volvió a indagar.
- No lo sé, solo sé de música clásica, que es la que mi padre escuchaba, pero no sé de otros géneros – le parecía irreal que existiera alguien como ella, que ni siquiera sabía de sus gustos musicales, tan ajena al mundo.
- Entonces yo te enseñare. –Él rubio no desaprovecho, si la iba educar en música, lo haría bien, enseñándole únicamente lo mejor, que obviamente consideraba era lo que él escuchaba. Ese sería su secreto...
- Me gusta – dijo como cada vez que terminaba una canción.
- Bien, esta canción era de Iron Maiden, por tanto, hemos descubierto que también te gusta el heavy metal – ella sonrió y supo que era sincera.
Definitivamente podría ser el sueño de muchos, una esclava que pudiera ser moldeada a los gustos de su amo, pero él había renunciado a ese derecho, y lo cumpliría, por más difícil que fuera no caer en la tentación.
Verla concentrada en la letra y ritmo de las canciones, le hizo ver que estaba interesada en todo lo que tenía para enseñarle, por lo que tuvo la necesidad de saber más de ella, no solo porque fueran a vivir juntos, ella despertaba su curiosidad.
- ¿Qué edad tienes? – se daba cuenta que debería empezar por cosas básicas ya que prácticamente no sabía nada de su vida.
- Diecinueve – ciertamente se veía joven, y agradeció mentalmente que fuera mayor de edad. Tal vez debería ponerla a estudiar en lugar de trabajar.
- ¿Qué estudios tienes? – esperaba que no se molestara, pero ese era un aspecto básico para conocerla más y decidir qué sería lo mejor para ella. Por un momento creyó que no respondería, al crearse una especie de silencio, aunque la música siguiera sonando, hasta que escucho su voz, una que le gustaba mucho.
- No tengo ningún papel que acredite mis estudios, supongo que debo tener los conocimientos básicos.
- ¿Nunca fuiste a una escuela?
- Si, yo estuve en varias. Incluso mi padre nos llegó a educar en casa a mis hermanos y a mí.
Quiso cuestionar: ¿dónde se encontraban?, pero estaba casi seguro que algo les había ocurrido, de otra manera ella le habría pedido que la llevara con su familia. No quiso indagar más, platicar de esos asuntos tan delicados ameritaba que no fuera en un coche, esperaba que más adelante pudiera tener la confianza de contarle su historia.
El resto del camino hablaron del clima, del paisaje, incluso jugaron a contar carros rojos como si fueran niños, quizá demasiado infantil, pero a decir verdad el rubio era así de simple.
Por la tarde llegaron a Boston. Su casa era tan grande como la de sus padres, el problema que no tenía tiempo de darle mantenimiento como debería, por esa razón el jardín lucía descuidado y algunas paredes pedían a gritos pintura. La limpieza tampoco era muy buena, solía pedir servicio cada vez que alguien le visitaba, probablemente sería momento de buscar una persona que ayudará constantemente, estaba seguro que una mujer no podría vivir con ese desorden.
En cuanto aparcaron, Naruto le dio un recorrido por su nuevo hogar, le había pedido que no se sintiera como una invitada, que ella podría disponer y modificar lo que se le antojara, con la excepción de su cuarto, estudio y garaje, que eran sus espacios personales.
Una sensación dulce se instaló en su pecho al verla sonreír, se veía tan feliz y segura, que le costaba trabajo relacionarla con la chica que el día anterior se mostraba con miedo y desconfianza.
- Tienes una casa muy bonita – en ese momento ella observaba interesada el cuadro de un paisaje en la sala.
- Estoy seguro que tu harás que luzca mejor – la hizo ruborizar al instante ante su comentario y trato de ocultarlo al ver otra pintura de la sala. Él jamás se dio cuenta de aquel efecto causado, pues a lo que realmente se refería, fue a que siempre considero que una mujer tenía mejor gusto en decoración, ahora mismo todo tenía tonalidades grises, estaba seguro que Hinata haría un gran cambio en esa casa.
La casa rodeada por un amplio jardín, constaba de dos pisos, el superior fue el último que le enseño, en este se encontraban las habitaciones, y permitió que ella escogiera la que más le gustara de las disponibles. No le sorprendió cuando eligió la más pequeña, pues era la que mejor vista tenía al jardín y hasta un pequeño balcón alegraba el espacio. Esperaba que más adelante plasmara sus gustos en ese lugar, imaginaba que pronto lo llenaría de colores y adornos femeninos.
…
-Eran las 4 de la tarde de un domingo. No solía tener comida en casa, y sabía que Hinata ocuparía de ropa y artículos personales. Así fue como terminaron en un centro comercial.
Primero la llevo a una tienda amplia donde seguramente encontraría todo tipo de prendas que necesitaría y de esa manera ahorrarían tiempo, o al menos eso pensó…
Ella estaba aún más perdida que él ante toda esa cantidad de ropa, claramente se notaba que nunca había estado en un lugar similar.
- Hinata, toma toda la ropa que necesites, no te fijes en el precio, ¿de acuerdo?
- Si…
- Sabes cuál es tu talla, ¿cierto? – era obvio que no lo sabía, estaba tomando prendas extra grande, pero quiso ser educado y no decirle que estaba perdiendo el tiempo al ver tallas que nada tenían que ver con ella.
Ante su silencio supo que sería mejor ayudarle, se dispuso a buscar ropa que desde su perspectiva era básica, ya luego ella iría armando su guardarropa a su gusto. Tomo un montón de sudaderas deportivas y pants, pantalones, blusas y unos cuantos vestidos. Pensaba pedirle que se los midiera, pero perderían mucho tiempo y él empezaba a tener hambre, demasiada, así que decidió comprarlos sin más, esperaba haber acertado, y si no, siempre podían volver otro día.
Comieron en un restaurante italiano, no le sorprendió cuando le pidió ayuda con la carta, era de esperarse, ella no estaba acostumbrada a ese tipo de lugares aun cuando a simple vista parecía una señorita de la alta sociedad. Al final terminaron pidiendo lasaña, le gustaba ver la manera con la que saboreaba cada bocado, eso le hizo considerar que era buena idea enseñarle de buena gastronomía y eso para nada sería un sacrificio.
Durante la comida conoció algunas cosas de ella: que le gustaban las cosas dulces, las ensaladas de frutas, que fácilmente podía hacerla ruborizar y que cuando se ponía nerviosa jugaba con sus dedos índices. Toda ella le parecía hermosa, todos sus modales eran tiernos y le gustaban. Pensaba firmemente que de no existir Sakura, seguramente se terminaría enamorando de ella.
Después de comer tranquilamente, la llevo a una tienda de calzado femenino, donde eligieron unos cuantos pares de zapatos, tenis, sandalias y pantuflas. Pensaba que era lo básico, aunque bien sabía que eso para una mujer, al menos como su madre, jamás sería suficiente.
Antes de irse pasaron por una tienda de lencería, quiso evitarla, pero al final supo que no le quedaba de otra, era obvio que necesitaría ropa interior.
- Hinata, entra a esa tienda y toma lo que necesites, cuando acabes me avisas para ir a pagar – por ningún motivo entraría a ese lugar, nunca lo había hecho antes.
Le hizo caso, él esperaría afuera, pero algo le decía que eso no funcionaría, se asomó y ciertamente no estaba avanzando, solo veía, pero no tocaba ni pedía ayuda. Sabía que de nada servía perder el tiempo esperando, por lo que se quitó la pena y entro para ayudarla.
-Hinata, dime por favor que sabes tus tallas – su cara sonrojada se lo dijo todo, ya ni siquiera era necesario que emitiera alguna respuesta, por lo que pidió a una de las encargadas que le ayudara. La mujer en cuestión tomo sus medidas con una cinta, no sin antes halagarla por tener ojos tan bonitos.
El rubio jamás olvidaría su talla de sostén y bragas, y en ese punto la dependienta comenzó a enseñarles varios modelos, el rubio se sintió avergonzado de estar entre mujeres, y de la clase de ropa que les enseñaban que desde su punto de vista eran demasiado sensuales y reveladoras.
Supo que tenía que terminar con aquella tortura cuando la dependienta la halago por lo bien proporcionada que estaba, y fue aun peor cuando le pidió modelar para la tienda. Jamás hubiese imaginado que entraron a una tienda de un famoso diseñador, ahora entendía porque todo parecía tan costoso.
Termino comprando todo lo que les habían mostrado con tal de no escuchar más esas tortuosas platicas, incluso añadió algunos diseños deportivos, y de paso varios modelos de pijamas, algunos de short y otros de pantalón, pensaba que con el tiempo ella descubriría sus gustos, por ahora más valía que tuviera la opción de conocer las diferentes prendas.
En cuanto salieron de aquel lugar, el rubio pudo respirar con tranquilidad.
Llevaron las bolsas al coche y después fueron al super, debía comprarle cosas de higiene. Le había dicho que solo con jabón se conformaba, pero Naruto sabía que eso se debía a la mala vida que había llevado, por lo que nuevamente tuvo que escogerle varios artículos de higiene femenino, cremas corporales, e incluso cremas faciales, que gracias a una de las vendedoras supo que era lo más básico. Además, había tomado varias toallas femeninas, nuevamente deseaba que Hinata conociera todo lo que había para que luego ella decidiera que era lo que mejor le acomodaba. Aprovecho para llenar el carrito de comida, estaba seguro que el refrigerador y alacena estaban vacíos, y no se equivocaba.
Hasta ese momento se dio cuenta que un par de personas la observaban con interés, fue ahí que dimensiono que quizá lo hacían por simple curiosidad al haber prestado atención a sus ojos, sin embargo, el jamás podría saber si entre esas personas había un psicópata o algún degenerado. Le molestaba tener que cuidarla como a una niña pequeña, como un diamante, sobre todo porque sabía que estaba privada de tener una vida normal, a pesar de haberla rescatado y dado libertad.
Tenía que lograr que ella tuviera una vida alegre, una donde pudiera ir de compras sin miedo, salir con amigas sin tener que preocuparse por ser atacada. Y entonces encontró la solución, al menos una temporal, vio su reloj para corroborar que aún tenían tiempo, antes de que cerraran el centro comercial.
- Vamos a una óptica.
Un par de lentes de contacto podrían ser suficientes para desviar la atención de las personas, lo pensó firmemente y por ello le compro unos de color café que servirían para cuando saliera de casa. Aun usando un color diferente se veía realmente bonita y se daba cuenta que su belleza no radicaba solamente en sus ojos, toda ella era hermosa, y aun así su personalidad también lograba relucir a pesar de que apenas la estaba conociendo.
Las compras lo habían dejado exhausto. Y esta vez de camino a casa había puesto música de Metallica, Queen, Pink floyd, The doors y The Beatles; quedaba un arduo camino de enseñanza, pero tenía esperanza de que Hinata jamás adoptara gustos feos de música, que era la música que a él no le gustaba.
Apenas lograron meter todas las bolsas a la ahora recamara de Hinata, le explico que podía guardarlas y usarlas como ella quisiera, ahora ese cuarto y todas las cosas eran suyas. Nuevamente Hinata le agradeció para luego regalarle una sonrisa tan bonita que Naruto supo que eso era más que suficiente para seguirla protegiendo.
Se había duchado y puesto ropa cómoda, una playera negra y un short, ver una película sería buena idea antes de dormir, una de acción o de suspenso, así que se sirvió jugo de manzana y fue a la sala, donde se dispuso a buscar películas. Una de terror fue la que llamo su atención.
Estaba aburrido de no ver algo interesante, y la película no llevaba ni 20 minutos cuando escucho unos suaves pasos, se giró para buscarla y decirle que se uniera al plan.
Se quedó mudo, Hinata no portaba un pijama atrevido, era un pants y una blusa de tonalidades lilas, que no dejaban ver mucha piel, pero si marcaban cada curva de su cuerpo. Nuevamente quiso golpearse por haberle dado libertad. Era realmente preciosa, sobre todo por su bonito rostro.
No tardo en sentarse a su lado para ver la película, pero él ya no pudo concentrarse, tenía muchos distractores, como observar despistadamente su perfil, sus pómulos, su puntiaguda nariz, sus carnosos labios, su largo y sedoso cabello, sus pequeñas manos. Le parecía como una muñeca, como si la hubiesen hecho con un molde, perfecta…
-N-Naruto – el rubio se sonrojo creyendo erróneamente que lo había descubierto, solo esperaba que no fuera mientras veía sus pechos – yo etto… tengo miedo…
Pudo visualizar que ligeramente temblaba y se mordía el labio inferior.
-Oh, todo es mentira, es una película – ella entonces lo observó y el trago fuerte al sentir su mirada perlada, simplemente preciosa, para luego romper el contacto y volver la vista con temor a la pantalla – es mentira – le repitió, pero esta vez apago el televisor, de cualquier manera ya era casi medianoche y no necesitaba asustarla de esa manera – vayamos a dormir, Hinata.
Ella le siguió escaleras arriba, y él trato con todas sus fuerzas de no intentar seducirla como lo hubiese hecho con cualquier otra…
Deseaba pedirle que durmiera con él "para que no tuviera miedo", pero obviamente sería un pretexto sucio para llevársela a la cama. Lo mejor era huir lo más rápido posible, antes de que su mente pervertida le ganara a su autocontrol.
-Buenas noches, Hinata – entró a su cuarto con rapidez, no necesitaba tener más la tentación de verla.
- Buenas noches, Naruto…
…
La mañana del lunes llego, y como siempre vistió uno de sus trajes a medida, se puso loción y se peinó. En cuanto bajo a la primera planta, la vio esperando con una sonrisa en su rostro, lucía más que perfecta con un vestido negro y tenis blancos, lamentablemente encima tenía puesta una sudadera deportiva color gris con naranja, no era como si le importaran las combinaciones que hacía, para él se veía particularmente bonita, solo le molestaba esa sudadera por ser amplia y cubrir parte de su encantadora figura.
- El desayuno está listo – se sorprendió ante aquellas palabras, llevaba años desayunando fuera de casa, se acercó curioso al comedor que nunca usaba, y efectivamente una montaña de hot cakes le esperaban, con jugo de naranja y fruta picada.
- Se ve delicioso, Hinata. – No tardó en tomar asiento y se dispuso a comer con gusto, en cada bocado podía sentir algo diferente, como saborear la dedicación y amor que había puesto en la preparación. Tanto le había gustado que inconscientemente cerraba los ojos para poder disfrutarlo en mayor plenitud.
– Estuvo riquísimo – tocaba su panza como si esta hubiera crecido después de la comida, aunque se veía prácticamente igual, el rubio se mantenía en forma debido a las arduas horas de ejercicio que realizaba.
Su sonrisa nuevamente lo atrapo y se quedó viéndola por un momento donde se sintió hipnotizado por la belleza de su rostro. No fue hasta que su celular comenzó a sonar que se levantó de la mesa. El reloj marcaba las 8:00am, se le había hecho tarde y seguramente alguien de la oficina le hablaba. No importaba, ese desayuno lo valía todo. – Debo irme, muchas gracias, Hinata.
Antes de llegar a la puerta, lo detuvo su melodiosa voz – etto… Naruto…– sus mejillas sonrojadas y el verla juntar sus dedos índices con insistencia le provocaba un sentimiento de querer abrazarla y morder esas mejillas que eran como dos tomates maduros – yo… ¿no iré a trabajar contigo? – hasta ese momento recordó que él mismo se lo había dicho, que le daría trabajo.
- Me lo he pensado mejor – se rasco la cabeza a modo de vergüenza – no me gustaría que trabajaras en la empresa – su cara mostró rápidamente su tristeza, malinterpretando lo que trato de decir, tuvo que explicarse de inmediato – es decir, tengo otros planes para ti, unos que seguro te gustaran más – su rostro con curiosidad le pareció adorable, y decidió proseguir – me gustaría que mejor estudiaras – esta vez mostro sorpresa, le gustaban esos cambios en su cara, tan fácil de leer…– bueno si quieres también puedes ayudar en casa, ya sabes… con el desayuno – le fascino ser recibido de esa manera y esperaba que ella no dejara de hacerlo.
Sus ojos mostraron emoción por sus palabras, le alegraba la manera en que lo había tomado, incluso el par de lágrimas de obvia felicidad que se desbordaron de sus ojos, recorriendo sus mejillas hasta llegar al inicio de su cuello. Sintió un enorme deseo de limpiarlas con su lengua y de paso succionar de su piel. Si, definitivamente tenía que dejar de pensar de esa manera, era un maldito pervertido.
- Gracias Naruto – esta vez sus manos se dirigieron a la altura de su corazón, y eso simplemente lo hizo sentir como un ser repugnante, ella era pura y todos sus actos eran de esa manera, él en cambio no podía evitar imaginarse cosas sucias, muy sucias…
- Es un placer, más tarde lo platicamos ¿quieres? – ella solo asintió y el suspiro en cuanto estuvo fuera de casa, esa chica lo hacía sentir muchas cosas, y ahora mismo pensaba que era inadecuado el deseo que despertaba en él.
No era el único…
Era evidente que Hinata veía al rubio como su salvador, como un príncipe que la había protegido de caer en manos de algún pervertido o loco que quisiera robar sus ojos.
Ella nunca se había enamorado, nunca tuvo tiempo de pensar en ello por la vida que injustamente le había tocado vivir. Así que fue la primera vez que sentía esa clase de sentimientos por alguien, ni ella misma sabría de que se trataban… de lo único que estaba segura, que no era lo mismo que sentía por sus hermanos, era un deseo de querer estar cerca de él y no alejarse, tenía muchas ganas de que el rubio la abrazara, pero eso en su mente era imposible que sucediera, ella lo veía como alguien maravilloso y ella era una simple muchacha de la que se había apiadado, creía firmemente que lo incomodaría al pedirle un abrazo, y ella no quería ocasionarle más molestias.
…
Estaba cansado de tantas reuniones, y aún más de que su amigo Sasuke le estuviera llamando insistentemente, hasta responder quizá la doceava llamada.
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué manera de contestar es esa?, ¿acaso tus padres no te educaron para ser más servicial?
- Ve al grano, Sasuke…
Sabía lo que le diría, eran amigos, sí, pero eso no significaba que solieran llamarse entre semana, a no ser que tuvieran algo importante para decirse, y bien sabía sus intenciones.
- La quiero.
- Ya te dije que no te la daré.
- Véndemela, te daré un 10 por ciento más por ella.
- No – se preguntaba cuanto estaría dispuesto a dar por ella, y entonces supo que el valor de Hinata era uno muy elevado, pero no por sus ojos, al menos no para él.
- Si me la das, te ayudare con Sakura.
- ¿Por qué dices algo que sabes que no puedes hacer? – Sakura era fiel a su amor por Sasuke, y eso era algo que todos lo sabían, incluido el Uchiha.
- Bueno, al menos he sido buen amigo al no meterme en su cama.
- Y más vale que no lo hagas sí es que no iras enserio con ella.
- Bueno ya, te lo demostraré con hechos, verás que como buen amigo te estaré ayudando, para que valores que es buena idea que me entregues a la esclava.
- Se llama Hinata.
No solo había tenido que soportar a Sasuke, su madre también le había llamado para que le diera el número de Hinata, tremendo drama le había hecho al saber que no tenía celular, por lo que termino confesando que ella estaba viviendo en su casa. Al parecer a su padre tampoco le parecía buena idea decirle que la había comprado en una subasta, temían de sus reacciones al ser tan temperamental.
- Estoy tan emocionada, nunca pensé que pudieras tener una novia tan bonita, y ahora que está enamorada te digo que te cases de una vez, no vaya ser que se arrepienta…
- Madre, tengo que trabajar.
- ¡Naruto no me cuel…
Definitivamente no sería fácil tener a Hinata con él. Kushina y Sasuke parecían bastante interesados en molestar cada vez que tenían oportunidad.
…
Como cada día, termino su rutina laboral a las 5 de la tarde. Generalmente solía irse directamente a un club deportivo al que estaba inscrito, pero quiso pasar primero a casa para invitarla, quizá ella querría hacer ejercicio también, y no pasarse todo el día encerrada.
En cuanto llego a casa, lo primero que hizo fue buscarla y no tardo en encontrarla, estaba en la cocina hablando por teléfono, como si estuviera sumergida en una plática muy interesante.
- ¿Con quién hablas, Hinata? – sabía que era maleducado interrumpir de esa manera, pero de verdad había despertado su curiosidad, ¿acaso tenía alguna amiga?
¿Cómo no se le ocurrió antes?, claro que se trataba de su madre, ¿quién más podría llamar a su casa y hablar con la que pudo ser su esclava?
- Pásamela – exigió, y Hinata le paso el teléfono obedientemente.
- ¿Qué quieres mamá?
- Más respeto niño, que soy tu madre. Hablaba con mi dulce nuera, es tan bonita que he decidido que pronto iremos a visitarla Minato y yo.
- Mamá…
- También a ti, no seas celoso.
- Sabes que puedes venir cuando quieras – ¿qué más podía decirle?, igual iría, aunque se lo negara.
- Lo sé, ahora pásame a Hinata, porque le estaba contando sobre unos bonitos vestidos de novia que vi de un diseñador francés, pienso que ella…
- Madre…
- ¡Ay! está bien, despídeme de Hinata y dile que mañana le hablo, y sé un buen novio y regálale un celular que no puedo enviarle fotos, por favor hijo.
Su madre era un caos, y aunque nunca lo reconocería, le agradecía el que hablara con Hinata, ella necesitaba compañía, aunque fuera solo para hablar tonterías.
…
Estaba sorprendido de ser nuevamente recibido con una apetitosa comida, esta vez se trataba de un plato más elaborado, ni siquiera su madre se había esmerado tanto en su alimentación cuando era niño. Quiso decirle que en el comedor del trabajo solía tomar sus alimentos, pero al ver su esfuerzo no quiso echarlo a perder.
Al primer bocado supo que tendría que dejar de comer en el trabajo, de ahora en adelante abusaría de Hinata y le pediría que se hiciera cargo de la cocina, además que ella solita había adoptado esa función y estaba fascinado de que lo hiciera tan bien. Saboreo hasta el último bocado y entonces la enfoco, ella aun comía, debía reconocer que tenía buenos modales y eso logro despertar nuevamente su curiosidad sobre su vida antes de la subasta.
No quería incomodarla, aunque era seguro que más adelante hablaría con ella de su pasado. Decidió esperar y en su lugar notificarle algo que seguramente le gustaría escuchar.
– He investigado sobre los cursos y exámenes de regularización escolar – en realidad lo había hecho su secretaria, pero ese detalle no tenía que darlo – mañana traerán las guías y podrás ponerte a estudiar, tendrás un mes para prepararte y aplicar los exámenes, dependiendo de cómo te vaya en los primeros, iras aplicando a más avanzados, hasta que te ubiquen en un grado escolar.
Su sonrisa se había intensificado, ella lucía hermosa cuando estaba feliz, mucho más atractiva de lo que ya era – gracias, Naruto.
- Más adelante decidiremos si lo mejor es que asistas a clases de un instituto o que vengan maestros particulares – quería que llevara una vida normal, pero tampoco iba arriesgar su seguridad.
- ¿Tu estarás mientras tome mis clases? – pregunto curiosa
- Claro que no, yo trabajare mientras tu estudias – le guiño un ojo, pero ella pareció entristecer – ¿Qué pasa?
- Nada – a pesar de todo seguía siendo una chica, sonrío al verla mostrando indiferencia, cuando bien sabía que algo le ocurría.
- Hinata, a partir de ahora tu y yo somos amigos, y la base de la amistad es la sinceridad, así que dime lo que pasa – mostró la sorpresa en su rostro.
- ¿De verdad somos amigos? – sonrió emocionada y él asintió – es solo que me da un poco de miedo estar con otras personas a solas – confeso finalmente – prefiero que haya muchas personas, es más seguro.
- Tengo algunos amigos que son profesores, así que no te preocupes – claramente no se veía convencida – Parece como si nunca hubieses tenido amigos.
- Mis únicos amigos fueron mis hermanos.
Bien, no podía seguir dejando pasar aquella pregunta que le provocaba tanta curiosidad – ¿Dónde están ellos?
- No lo sé…
- ¿Podrías ser más específica?
- ¡Oh!, si te refieres a si tuvieron algún destino como el mío, creo que no. Es decir, Hanabi, mi hermana menor vive en algún país europeo, y Neji, mi hermano mayor podría estar en cualquier lugar. Estoy segura que está bien, él siempre fue muy inteligente – aun cuando decía aquellas palabras tratando de hacerlas sonar bien, su rostro reflejaba toda la tristeza del mundo, su felicidad se había apagado en un segundo.
- Lo siento, no quiero que te pongas triste, solo tengo curiosidad sobre tu vida y quiero saber de ti. – Si ella se rehusaba a contarle esperaría, pero bien sabía que esa platica era inevitable.
- Gracias por interesarte en mi vida, es lindo, solo que no tengo mucho que decir…
- Claro que sí, para empezar ¿cómo terminaste en ese lugar? – estaba seguro que su vida era mucho más interesante que la suya.
- Te aburriré…
- Para nada – él pensaba que tardaría un tiempo en que quisiera hablar de su pasado por las cosas atroces que seguramente había vivido – yo estoy interesado en lo que has vivido, y de verdad estoy dispuesto a apoyarte ante cualquier cosa que me cuentes.
Al contrario de lo que pensaba el rubio, Hinata se encontraba realmente agradecida por lo que prácticamente cualquier cosa que le pidiera, lo haría sin respingar.
Por un momento la vio titubear cuando cerro sus ojos y jugaba con el dobladillo de su vestido, pero luego la vio decidida al abrir sus ojos y observarlo. Sabía que ella se lo contaría.
Lamentablemente en ese preciso momento el timbre de la casa les interrumpió, no era común que recibiera visitas por lo que dudo un momento en atender, pero a los siguientes llamados supo de quien se trataba y sin dudarlo fue a la puerta. Era Sakura, al parecer Sasuke sí que estaba interesado en Hinata, porque de otra manera era imposible que lo visitara nomas porque si, seguramente algo le había dicho el pelinegro para hacerla ir a su casa…
- ¡Hola Naruto!, te traigo una super propuesta, sé que te encantara…
Sakura era muy similar a su madre, ambas hablaban demasiado y realmente pocas veces le daban oportunidad de emitir opinión, y cuando enfurecían era mejor huir porque seguramente recibiría un buen golpe.
Entró como si de su casa se tratará – estoy planeando un viaje a un pequeño pueblo, dicen que es muy bonito y que tiene un lago precioso… – en ese momento había enfocado a Hinata, quien aún se mantenía en el comedor – ¿interrumpo? – hizo la pregunta al rubio no creyendo que realmente lo hiciera, ella estaba más que segura de ser el amor platónico del rubio, siempre la trataba bien y si alguna vez lo descubrió con alguna mujer, la dejaba de lado por estar junto a ella, así que esperaba que el rubio se deshiciera de su invitada para así poder contarle su plan.
- Ella es Hinata, mi nueva rommie – pensó que esa era una mejor presentación, que decir que era quien pudo ser su esclava – y ella es mi amiga Sakura.
- Mucho gusto – dijo Hinata haciendo una pequeña reverencia.
- Es tu novia – afirmo Sakura, no era que estuviera celosa, pero eso de alguna manera evitaría que Naruto siguiera haciendo lo que ella quisiera, perdería a un pretendiente que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por ella.
- No, claro que no. Solo somos amigos ¿verdad Hinata? – la susodicha afirmo con un movimiento de cabeza. Jamás imaginaría que la pelinegra se sintió celosa ante la presencia de la pelirosa, pues estaba más atento a las reacciones de su amor imposible.
- Bueno, yo solo venía a pedir de tu ayuda. Sasuke quiere que vayamos de viaje y me ha dicho que te invite – evidentemente todo era plan de su amigo, algún truco debía haber en todo esto para beneficiarse y lograr obtener a Hinata como si se tratara de un objeto – así que el plan es simple, iremos de paseo a Konoha y rentaremos dos habitaciones para que inevitablemente se tenga que compartir habitación, y esos seremos Sasuke y yo, de esa manera se dará cuenta que tener sexo conmigo es más placentero que con todas las zorras con las que se ha metido…
- Pues entonces mejor no voy y ya, ese sería un mejor plan para tu objetivo – estaba molesto, no entendía para que invitarlo a un lugar en el que sería humillado de esa manera. Seguramente la intención de Sasuke era que Sakura le convenciera de ir de viaje y de esa manera terminaría llevando a Hinata, que era lo que realmente le interesaba al Uchiha, para al final portarse como un maldito con Sakura, como siempre lo hacía, y el terminaría consolándola como cada vez que se sentía triste, y ahí es donde su amigo aprovecharía para intentar seducir a Hinata. Tan predecible…
- ¡No!, ¡por favor vamos!, de otra manera Sasuke no querrá ir conmigo, lo conoces bien, él jamás ha querido siquiera salir al cine o a tomar un café conmigo.
- Sakura… - estaba seguro que terminaría convenciéndolo, pero ahora mismo no tenía ganas de aguantar ese tipo de tonterías, bien sabía que ni el plan de Sakura, ni el de Sasuke funcionaría. Sus amigos eran así de torpes, planeaban cosas malignas que generalmente nunca resultaban por ser demasiado idiotas para ejecutarlas.
- ¡Vamos Naruto!, incluso puedes llevar a tu amiguita.
- No, Sakura….
- ¡Naruto! ¡Por favor! – era obvio que ambos terminarían fracasando, en primera porque Sasuke no lograría que le diera a Hinata, y en segunda porque estaba más que seguro que su amigo no querría intimar con Sakura, si así no se lo quitaba de encima, menos lo haría si le daba motivos.
- Etto yo… iré a mi cuarto, con permiso – claramente Hinata era ajena a toda esa conversación, pensó que ya la habían aburrido o echo sentir incomoda.
- Claro Hinata, ve – hasta ese momento le prestó atención, justo cuando salía del comedor, y la única vista era la de su espalda y su generoso trasero.
- Pervertido – la voz de Sakura le hizo volver a la discusión – entonces ¿me acompañaras? – sabía que no ganaría, era como su madre y ante ella nunca ganaba, era demasiado insistente y el demasiado idiota para negarse cuando ella o su amigo le pedían algo. Siempre terminaba cediendo.
- Esta bien, pero reserva por lo menos tres habitaciones – si iban a ir, al menos sería bajo sus condiciones.
- Ya te dije el plan, necesitamos dos habitaciones para tener que compartir.
- Si, pero también ira Hinata – de ninguna manera la dejaría sola en casa, además que sería buena idea que saliera, le disgustaba mantenerla encerrada.
- ¿No se quedará contigo? – el solo imaginarlo le hizo sentir un tirón en su entrepierna, de ninguna manera podría compartir cuarto con Hinata, sabía lo que podría pasar…
- No, porque es solo mi amiga – trato de convencerse.
- Pero si le viste el trasero – su comentario ni lo inmuto, aunque viniera de su amor imposible.
- Se lo veo a muchas mujeres – confeso con tranquilidad.
- ¿A tus amigas?
- Por supuesto – no era como si lo hiciera siempre o descaradamente, pero debía confesar que a veces se creía todo un ninja al ver partes femeninas sin ser descubierto.
- ¿A mí?
- No lo dudes – le guiño un ojo a modo de juego y ella lo entendió al instante.
- Espero que Sasuke también me vea el trasero
- Dalo por hecho – eso había sido suficiente para cortarle la diversión.
- Nos estamos desviando del tema, no podemos rentar tres habitaciones porque entonces lo más lógico será que sea yo quien comparta habitación con tu amiguita, así que serán dos, te duermes con ella y yo con sasuke.
- No, es mi amiga – volvió a dejar claro ese punto, más para él que para ella.
- No será un sacrificio, si te has quedado viendo su trasero, no creo que te importe.
- No voy a tener sexo con ella – lamentablemente, quiso añadir.
- Pues entonces compartan habitación y no tengan sexo. Si son amigos no habrá problema – astuta, pero no lograría convencerlo.
- Olvídalo, solo iré si ella y yo tenemos nuestra propia habitación.
- Ya veremos – con esa última frase se dirigió a la entrada de la casa, y el la siguió – nos vemos Naruto, el viaje será el fin del mes a Konoha, prepárate.
Agradeció inmensamente que le diera información del lugar al que irían, de esa manera se encargaría de rentar una habitación extra en el hotel más lujoso, sabía los gustos de su amiga y eran de lo más exuberantes, con eso evitaría sorpresas al ser obvio que haría lo que se le diera la gana.
…
Aún estaba a tiempo de hacer ejercicio, por lo que aprovecho e invitó a Hinata. Con sus lentes de contacto ella podría por lo menos caminar por los amplios jardines del club y de esa manera no estar todo el día encerrada en casa. No quería tener una prisionera.
Lucía muy bonita con ropa deportiva, tenía sujeto su cabello en una coleta, haciendo lucir aún más las facciones de su cara. Nunca dejaría de maravillarse por su hermosa sonrisa.
Al final decidió pedirle que se dedicara a observar cada una de las actividades deportivas que se realizaban, le había dicho que escogiera la que más le gustara y ella se había decidido por tenis. Agradeció que no eligiera natación, de otra manera se distraería y eso no era lo que buscaba al llevarla.
…
Tranquilamente se había duchado en la comodidad de su casa, pensaba ya no salir de su habitación y dormir, el día realmente había sido cansado.
A media noche le había dado tanta sed que al final tuvo que bajar a la cocina por agua, jamás imaginó que se encontraría con una escena que no sabía cómo manejar. Hinata llorando…
Con cualquier otra persona sabría la manera de consolarla, quizá un abrazo y darle ánimos, pero con ella simplemente no sabía cómo reaccionar, pensaba que su vida había sido muy dura y ni siquiera un abrazo querría de él.
- Hinata... – de inmediato reacciono desviando y limpiando su rostro, eso erróneamente para él confirmaba que no quería su consuelo, cuando en realidad ella necesitaba precisamente de su cariño – ¿estás bien?
- Si… yo solo extraño a mis hermanos…
- Puedo ayudarte a buscarlos – si ella estaba tan segura de que estaban bien, seguramente habría una manera de poder contactarlos.
- ¿Lo harías? – se giró para observarlo, quizá buscando veracidad en sus palabras.
- Prometo que haré todo lo que este en mis manos para contactarlos
Lo abrazo, todo fue demasiado rápido, sintió sus delgados brazos rodear su cuello y su cabeza la recargo sobre su pecho, la sintió llorar, pero sabía que era de una especie de esperanza y felicidad, él también lo estaba, de saber que ella confiaba en él, pareció que en ningún momento dudo de su promesa y eso le hizo ver que tenía que esforzarse por cumplirla.
Fue la primera vez que se abrazaron, la primera vez que sintió tanta calidez, ella realmente despertaba su instinto protector, así que suavemente acarició su espalda, la sensación, junto con su aroma de inmediato lo embriagaron, no quería dejar de acariciar su espalda y que ella lo abrazara de esa manera, con cariño, con seguridad, con confianza…
Debieron quedarse de esa manera por varios minutos, hasta que ella separo la cara de su pecho para observarlo, se sintió nervioso ante su mirada, ante sus mejillas sonrojadas, ante sus labios que a simple vista se veían tan suaves, tan apetitosos, que en ese momento lo único que deseaba era besarla…
….
