Llevaba ya un rato leyendo documentos, algo cansado dejo de lado aquellos papeles y luego observo despistadamente a Hinata, quien estaba entretenida en su lectura, sentada sobre un cómodo sofá de su oficina.
No entendía cómo es que esa chica que compro en una subasta había logrado hacer tantos cambios en su vida. Para empezar, tuvo que modificar su oficina, la cual solía tener muebles más bien toscos y duros, su finalidad era que sirvieran para motivar lo que tendría que hacer en aquel lugar: trabajar, pero ahora con el asunto de Akatsuki, la llevaba a todos lados con él, y eso incluía su oficina, por lo que tuvo que hacer más acogedor aquel espacio, para nada se arrepintió de cambiar la sala por una bonita y cómoda, comprar un montón de libros y novelas que seguramente le gustarían, pues al parecer leer era su pasatiempo favorito. Nunca antes le había pedido tantas tazas de café y té a Ino, aunque esta parecía hacerlo con gusto, Hinata había sido de su agrado.
Las cosas no eran diferentes en la casa, había llevado un jardinero y un pintor, ambos trabajadores de confianza que ahora mismo se encargaban de renovar hasta el último detalle, quería un espacio más bonito para ella.
Por supuesto no solo ese tipo de cambios había logrado en su vida, también el sentir por primera vez ese deseo de proteger a una persona a toda costa, jamás sintió aquello por Sakura, sus sentimientos jamás fueron tan fuertes como los que ahora sentía por ella, por su Hinata. Porque, aunque secuestraran a mil personas, o amenazaran a medio mundo, jamás la entregaría.
Trato de concentrarse en los papeles que estaba leyendo, algunos de estos eran contratos con otras empresas, estaba a punto de elevar aún más la empresa familiar y entones comenzó a frotar su barbilla con sus dedos.
Desde muy chico empezó a trabajar en la empresa que le heredo su padre, por lo que aun cuando era estudiante se empapo de todo el conocimiento de su progenitor. Había logrado que la empresa creciera cada día, y no se había detenido hasta ahora. Económicamente no estaba nada mal, podría comprarse varios coches de lujo, una casa costosa, y viajar por todo el mundo si quisiera. Pero él no era de esa clase de personas, era más bien ahorrativo y cauteloso como su padre, siempre pensando que la suerte no siempre podría estar de su lado.
No pudo evitar pensar en Sasuke, quien era todo lo contrario, su coche de este año era un lamborghini de lujo, incluso lo había visto comprar muebles, ropa, relojes, entre otras cosas, y para su gusto aquello solo significa malgastar el dinero. Dinero que, por supuesto no era legal y por ello le era más sencillo gastarlo a manos llenas, tampoco podría juzgarlo, si es que en la infancia llego a carecer o no tener a sus padres con él.
Finalmente, aquellos pensamientos aterrizaron en lo último que hablo con su amigo el día anterior. Miró con más curiosidad a Hinata y esta pareció darse cuenta al voltearle a ver.
-Ven, Hime – le hablo mientras hacía el mismo movimiento con la mano. Esta no pareció objetar y dejando el libro a un lado se acercó hasta él y luego se sentó en sus piernas. No se sorprendió de dicha acción, pues días anteriores cada vez que paraba para descansar la vista del mar de papeles, la hacía sentar en sus piernas para besarla y acariciarla por un momento, uno que le parecía muy breve y luego simplemente volvía al trabajo. Siendo el jefe, no era como si tuviera mucho tiempo en horario de trabajo.
Rodeo su cintura, mientras que ella se dedicó a acariciar sus cabellos.
- Hinata, tengo que hacerte una pregunta importante – le observo atenta y sin más decidió decirlo – ¿tú quieres tener hijos conmigo?
La sintió tensarse y entonces supo que su respuesta sería peor de lo que imaginaba.
- No, no quiero tener hijos – no supo interpretar su tono de voz, no estaba totalmente seguro si lo decía con tristeza o fastidio.
- Bueno ahora no, pero ¿qué hay después? – trato de indagar un poco más.
- No quiero hijos, nunca – confeso y de pronto se sintió desanimado, en realidad él si soñaba con tener hijos algún día, entendía que ahora mismo no los quisiera por ser tan joven, pero realmente ¿no los quería nunca?
- ¿Estás segura?
- Siempre lo he estado – volvió a responder mostrando seguridad.
- ¿Y si yo sí los quisiera? – se permitió indagar, al final de cuentas era un tema que tendrían que decidir como pareja.
- Lo siento Naruto, pero no cambiare de opinión – hasta ese momento ambos se separaron lo suficiente para poder observarse – sí tu deseo es tener hijos, yo no podré dártelos – esta vez lo dijo con un eje de tristeza – quizá haya otra mujer que si quiera…
No la dejo terminar aquella frase.
- No, jamás pensaría en dejarte por ello, solo es algo que creo deberías considerar, eres muy chica para decir que no los quieres. Tal vez en un futuro cambies de parecer.
- No cambiare de opinión y no quiero que esperes un cambio en mí sobre ese aspecto, porque eso no sucederá…
Asintiendo decidió terminar aquella charla pues a nada les llevaría y sinceramente había perdido los ánimos, ahora que sabía su postura se sentía decaído, no era que quisiera ya hijos como le había dicho Sasuke o su madre, pero sin duda era algo que quería en el futuro, y los quería con ella, no con otra nomás por tenerlos. Suspirando aferro sus manos a su cintura. Si ella no quería, entonces la solución de Sasuke quedaba olvidada, jamás haría algo en lo que ella no estuviera de acuerdo.
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Daban las seis de la tarde y apenas iban saliendo de la oficina, tenía que reconocer que su desempeño laboral no era tan eficiente con Hinata a su lado, le encantaba que lo acompañara, pero sin duda era un enorme distractor, daba por hecho que en el futuro ella tendría que tener sus propias ocupaciones.
Diviso como los pocos empleados que aún quedaban se despedían de su novia con amabilidad, entendía que aquel gesto era amistoso y es que tenía que reconocer que su chica era de esa clase de personas que todos quieren rodearla. Aquello era bueno, claro, pero no cuando se tiene un novio celoso como él, o al menos era lo que el rubio comenzaba a creer.
No le gustó nada las miraditas que le echaban los empleados del aseo y tuvo que reprenderlos por ello. Luego trato de relajarse camino a casa, Hinata ahora era quien elegía la música de su ipod, y le sorprendía que elegiría precisamente las canciones que en ese momento quería escuchar, definitivamente había hecho un excelente trabajo educándola en lo que a música se refiere.
Apenas pusieron un pie dentro de la casa, Hinata busco a Temari. Le gustaba la amistad que se había forjado entre ambas, siempre parecían cuchichear secretos, aunque le daba algo de curiosidad saber que era de lo que tanto hablaban, nunca se involucró o indago, porque sabía que ella necesitaba su espacio y sus amigos.
Se adentró a la sala con una copa de whisky, observando algunos cambios en la misma, luego escucho el timbre y supo que se trataba de Shikamaru, éste le había avisado que tenía noticias de importancia. No tardó en visualizar a Hinata al marco de la puerta, sonriente, usaba un vestido gris y tenis azules que combinaban con un suéter ligero, ante los ojos del rubio se veía preciosa, aunque nada tenía que ver con lo que vestía.
- Shikamaru ha llegado – éste asintió y luego le vio retirarse seguramente a donde Temari. El abogado Nara no tardo en entrar y sentarse en el sillón más cercano. Sin embargo, este se notaba distraído volteando constantemente a la cocina que podía verse desde donde estaba sentado. Se sintió furioso pues estaba seguro que a quien observaba era a su dulce novia.
- Bien Shikamaru, concéntrate y dime las nuevas.
- Lo siento – dijo al dirigir su vista a un molesto rubio – los papeles de Hinata están listos.
- ¿Todos?
- Todos, ya puede viajar incluso fuera del país.
Eso era una buena noticia, en realidad se le antojaba llevársela un par de semanas a la playa, un lugar donde pudieran estar tranquilos sin estar siendo seguidos de esa manera. Incluso visitar ellos mismos a su hermana en Europa era buena idea.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando nuevamente vio a Shikamaru observar insistentemente hacía la cocina.
- ¿Te falta decirme algo más? – le dijo algo molesto
- Si, bueno, hemos encontrado información que podría relacionarse con el hermano de Hinata.
- ¿Cómo dices? – pregunto asombrado.
- No es nada seguro, pero revisando previas investigaciones encontré fotografías que pudieran ser de él, no eres el único que ha investigado el asunto, y unos colegas me dejaron ver la información que tenían, esto es de carácter estrictamente confidencial, aunque ellos no llegaron al fondo y las investigaciones quedaron inconclusas, esos datos serán de relevancia para avanzar más rápido.
- ¿Solo son fotografías lo que te hace pensar que es el hermano de Hinata?
- De hace dos años, pero eso sería un indicativo de que podría estar bien.
- ¿Cómo sabes qué es él?
- Mientras Hinata estuvo en Nueva York en casa de tus padres, ella me describió como era él. Ahora mismo mis colegas solo me han dejado echar un vistazo a los papeles, no puedo sacar las cosas, pero no te preocupes que pienso ir nuevamente y con suerte espero sacar una copia de aquellos papeles.
- En verdad espero que sea él y se encuentre bien.
- Ahora sí creo que podemos tener suerte en hallarlo.
- Eso espero, haz lo necesario para encontrarle.
- Dalo por hecho.
- No le comentes nada a Hinata, todavía. No quiero que tenga esperanzas que puedan ser falsas.
- Por supuesto.
- Bien, si no hay nada más de que hablar, nos veremos cuando tengas alguna otra novedad.
Shikamaru le entregó los papeles de Hinata, y este le agradeció mostrando una sonrisa al ver aquellos documentos. Luego presto nuevamente atención al abogado. El condenado no se movía de su lugar y el rubio le observo tratando de descifrar que rayos quería.
- ¿Ya cenaron? – pregunto el Nara – ¿puedo invitarles la cena? – "invitarles", estaba seguro que todo tenía que ver con Hinata y a decir verdad estaba harto de que todo el mundo la volteara a ver, primero Sasuke, luego los idiotas del club donde hacían ejercicio, o empleados de su trabajo, incluso Itachi y ahora sospechaba que hasta Shikmaru, tal parecía que tendría que ponerle un letrerito a Hinata en la frente que dijera: "soy de Naruto", eso sería buena idea.
- No – respondió algo enfadado – gracias por la invitación, pero hoy no se podrá – levantándose hizo un ademan para mostrarle la salida y este le siguió confundido.
- Naruto…
- La próxima vez nos veremos en la oficina – lo cual no tenía sentido si trataba de quitar a Hinata de su vista, pues prácticamente estaban todo el tiempo juntos. Respiro medio frustrado y luego le señalo la salida y Shikamaru finalmente cedió, aunque no parecía muy convencido de irse y eso sin duda lo hizo enfadar más. Cruzaron la puerta y el Nara le dijo que podía salir solo, tan solo tenía que atravesar el jardín. Desde la entrada vio cómo se iba otro infeliz que seguro estaba enganchado de Hinata.
Su mal genio no podría intensificarse más, o eso creía hasta que escucho a los guardias que al parecer no se habían percatado de su presencia fuera de la casa, en el jardín.
- Sigo pensando que el jefe puso seguridad por celoso, lo que es tener dinero para derrochar.
- Lo sé, yo prefiero no hablarle a la señorita, porque de inmediato parece que el jefe me aniquilara con la mirada si lo hago – el otro río a carcajadas.
- Pues es que no está nada mal, ella es un perfecto diez.
- ¡A trabajar! – les grito enfurecido y luego entro a casa sin esperar a ver sus reacciones por sorprenderles de esa manera.
Dentro estaba Hinata y Temari esperándole.
- ¿Y Shikamaru? – pregunto Hinata
- ¿Tu para que quieres verlo? – respondió indignado.
- ¿Qué rayos te pasa? – dijo Temari imitando su cara de malestar.
- Que el idiota se tiene que poner a trabajar, no puede estar viniendo a esta casa a coquetear – pudo ver la cara de molestia de Temari y luego como se iba a su cuarto.
Ahora mismo le parecía una verdadera desgracia no poder embarazar a Hinata, de ese modo les haría ver a todos esos idiotas que ella era suya y de nadie más.
- Naruto, ¿pasa algo malo? – su dulce voz le hizo prestarle atención. Una diosa para ser preciso, eso era. Su cara era perfecta, su nariz respingada, labios carnosos, sus ojos que hipnotizaban por lo maravillosos que eran, su figura delgada, pero con curvas marcadas, no tenía un solo defecto físicamente, y si a eso le sumaba su tierna y bonita personalidad; entonces entendía porque todo el jodido mundo la quería, incluido Itachi Uchiha.
- Vamos al cuarto – le dijo convencido de hacer en ese momento lo que Sasuke le había sugerido, tal vez en la habitación podría convencerla, y si no quería ocuparse de un niño siempre podría hacerlo él.
No quería obligarla y no le gustaba pensar de ese modo, pero ella era suya, había pagado por ella, así que lo único que le pediría egoístamente era un hijo que los uniera, un hijo que la marcara para toda la vida como suya.
Apenas subieron a la habitación, puso el pestillo a la puerta y luego la visualizó con su carita confundida por su actitud.
- ¿Pasa algo? – sus manos a la altura de su pecho solo lograban que la visualizara tan tierna como siempre era, y eso de alguna manera siempre le prendía.
- Quítate la ropa, esclava – la sorpresa se instaló en su rostro, ella sabía a estas alturas que era un juego, pero quizá era la primera vez que su actitud era más demandante.
Con manos temblorosas observó como retiraba prenda por prenda hasta quedar en una bonita ropa interior color blanco, el sostén con encajes dejando ver gran parte de sus pechos y su pequeña braga marcando su feminidad.
-Quítate todo – su sonrojo hizo que su pene punzara y lo hizo aún más cuando desabrocho su sostén y lo retiro con lentitud al igual que su braguita. Totalmente desnuda, la admiro por un momento y luego se acercó para besarla posesivamente, restregando su lengua en la suya, y luego recorriendo su cuerpo con sus manos.
La llevó hasta la cama donde la hice sentar y luego se arrodilló frente a ella, abriendo sus piernas pudo visualizar su húmedo sexo, tal como lo había imaginado, ella se excitaba aún más cuando su comportamiento era dominante.
Enterró su cara entre sus muslos disfrutando de su olor y ella gimió al instante cuando comenzó a lamer, besar y chupar sus labios vaginales, sus suspiros eran el motivante para continuar y meter dos de sus dedos en su estrecha cavidad, mientras con su boca prestaba atención a su clítoris. Podía escuchar como sus gemidos se intensificaban, como sus piernas trataban de cerrarse por la ansiedad y finalmente su liberación llego.
Satisfecho se puso de pie nuevamente y luego le ayudo a girarse, en cuanto la tuvo en cuatro acarició su perfecto trasero y como cada vez tomo un condón de la mesita de noche. Dudo por un momento, Hinata estaba sumergida en su orgasmo, por lo que sin pensarlo demasiado comenzó a frotar su pene desnudo en sus labios vaginales, quizá lo prohibido era lo más excitante, por ello aun manteniendo en su mano el condón siguió repitiendo dicha acción.
Hinata parecía deseosa de que se enterrara en ella por lo que al verla mover sus caderas supo lo que le estaba pidiendo. Se metió de lleno, dejo que su pene entrara desnudo, haciéndolos gemir a ambos. Debía estar tan excitada que no era consciente de que él no tenía puesto un condón. Y para él fue alucinante el placer sentido, nunca antes había sido tan intenso, le gustaba que su pene fuera cubierto por sus jugos, que sus fluidos se combinaran haciéndolos unirse en toda la extensión de la palabra.
Veía fascinado como su pene entraba y salía de su húmeda cavidad, movía sus caderas con tanta fuerza que tuvo que sujetarla bien de las caderas para darle soporte y que no saliera disparada. No fue hasta que sintió el orgasmo de ella que fue consciente que estaba a punto de derramarse en su interior, quizá su cuerpo fue más sabio al reaccionar y salir de su cálido interior antes de eyacular, haciendo que su semen saliera lejos de ella.
Hinata se desplomo en la cama saboreando su orgasmo, sin ser consciente que el rubio estuvo a punto de dejar su semilla en su interior.
Se sintió una mierda, un perfecto imbécil, hasta ese momento pareció que el enojo vivido atrás se desvaneció, entendiendo que no tenía ningún derecho de tomar esa clase de decisiones solo. Abrazo a Hinata por la espalda y luego la llenó de besos en su columna con arrepentimiento.
- ¿Cuándo fue tu ultima menstruación? – le pregunto y ella volteo a verle al instante para demostrarle que su pregunta no tenía sentido en ese momento – contesta por favor.
- Casi el mes, se supone que hoy o mañana llega mi periodo – su carita sonrojada le hizo ver que no era un tema del que le gustaba hablar.
- Bien – eso le daba tranquilidad, no se había vaciado en ella y al parecer no eran días fértiles –mañana mismo iremos con una ginecóloga para que te dé un método anticonceptivo – Hinata asintió, aun se veía cansada por el recién orgasmo y Naruto sonrió, le gustaba ser él quien complaciera a esa bella mujer.
Levantándose recogió el desastre y tiro el condón sin usar en el cesto de basura, luego se unió a Hinata.
- Naruto – le llamo y él acariciando su cintura le incito a que hablara – ¿qué ha sido lo de hace un momento?
- ¿Qué cosa?
- El portarte así con Shikamaru, pensaba que se quedaría a cenar con nosotros.
- Ese idiota debería enfocarse en su trabajo en lugar de querer ligarte – contesto enfadado de recordar aquel momento.
- ¿ligarme? – pregunto incrédula.
- Si, para empezar ¿para qué rayos te estuvo visitando todo el tiempo que estuviste en Nueva York con mis padres?
- Naruto, te equivocas, yo siempre fui el pretexto para visitar a Temari, ellos son novios. No entiendo porque los hombres son tan poco comunicativos.
- ¿Temari y Shikamaru? – estaba realmente asombrado.
- Si, son novios – entonces se dio cuenta de lo idiota y celoso que era…
- Rayos – se levantó de la cama un tanto avergonzado, estuvo a punto de vaciarse en Hinata tan solo para intentar embarazarla y marcarla como suya, debía ser el idiota más grande por comportarse de esa manera.
Colocándose el pantalón y tomando su celular que metió en su bolsillo, se adentró en el baño donde supo que las cosas no podían continuar de esa manera. Se observó al espejo y supo que hasta ahora había actuado como un cobarde, mostrando temor frente a Itachi, mostrándose inseguro respecto a que le arrebataran a Hinata. Entonces fue que su mente se ilumino.
Por mucho que Sasuke le dijera que las cosas estaban bien, no era normal que tuviera que tener a Hinata todo el tiempo a su lado para que no se la quitaran o que amenazaran a sus padres, mucho peor que secuestraran a Sakura, aun cuando dijeran que la trataban bien…
No podía actuar como ellos querían, tenía que contraatacar, él les conocía demasiado como para no saber ciertos puntos débiles y que por fin les dejaran en paz.
Incluso recordó su promesa de hacer que los idiotas que destrozaron a la gente de Hinata pagaran. Por mucho que Itachi fuera el hermano de Sasuke, eso no justificaba sus acciones realizadas en el pasado, el destruir personas tan solo para un beneficio económico, el haberla tenido cautiva como si fuera una prisionera; todo eso los hacía delincuentes y como tal tendrían que pagar las consecuencias de sus actos.
Se lavó la cara y luego salió para encontrarse a Hinata en un camisón, adorable, se la volvería a coger, pero ahora mismo necesitaba tener la cabeza fría para planear su ataque al grupo Akatsuki, un grupo tan temido que la gente no era capaz de meterse con ellos y eso era precisamente lo que los hacía más poderosos, el infligir miedo, cuando en realidad deberían tener un montón de flancos débiles, si eran delincuentes, deberían tener debilidades…
Lo primero fue llamar a su asistente y pedirle que le consiguiera una cita a Hinata con una buena ginecóloga, evidentemente Ino se molestó de que le pidiera cosas en horarios fuera de oficina, pero al final terminaría cediendo como siempre lo hacía, ante su explotador jefe, o al menos de ese modo le había llamado.
Después contrato a un par de detectives para seguir a Sasuke a donde quiera que este fuera. Pues al final este terminaría llevándole con el paradero de Itachi, sí éste podía ir atemorizando gente, le demostraría que él también podía hacerlo.
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Eran alrededor de las 9 de la noche cuando lo vio salir del baño, el rubio le observo con una sonrisa que no supo interpretar, pero sin duda se veía más bien malvada.
- Hinata, arréglate que nos vamos de antro.
- ¿Antro? – cuestiono un tanto desubicada, jamás había ido a esos lugares.
- Así es, nos iremos de fiesta, avisa a Temari para que te ayude a vestir y dile que llamaré a Shikamaru para que venga a cenar con ella.
Un tanto extrañada hizo caso, al final de cuentas la idea le agradaba, pasar el tiempo encerrada entre la casa y el trabajo de Naruto se había vuelto algo rutinario, porque ahora ya ni siquiera iban al club deportivo.
Temari se mostró animada ante la idea, y pronto se puso en marcha…
Para nada le agrado el vestidito negro que Temari le hizo probarse, para su gusto demasiado justo y corto. Recordaba que la rubia lo había comprado diciendo que podría necesitarlo en alguna ocasión de discoteca, y tal parecía que ese día había llegado.
- Debería ponerme medias o algo debajo – sugirió al ver que este apenas alcanzaba a cubrir sus nalgas, sentía que si se agachaba el vestido dejaría ver todo, aunque realmente eso no pasaría por el tipo de tela.
- Se te ve bien, no cualquiera luce ese tipo de vestidos, Hinata.
Frunció el ceño, en realidad no estaba nada segura de ceder. Temari aprovechando verla dudar la hizo sentar para maquillarla y peinar su cabello, no permitió que se viera al espejo hasta que termino.
El maquillaje demasiado cargado, el cabello era lo único que estaba normal, suelto, aunque con un poco de curvas que la rubia le había hecho con la plancha.
- Me parece demasiado – dijo mirándose al espejo, sus pechos se sentían apretados en aquella tela y de verdad sentía que estaba enseñando demasiado las piernas.
- Te faltan los tacones – le acerco un par y de inmediato negó.
- Demasiado altos – estaba segura que aquellas cosas eran un peligro para sus pies.
- Vamos Hinata, tan solo pruébatelos, para que veas lo bien que se ven – le insistió y como siempre termino cediendo, más por curiosidad de ver como se vería en ellos.
Nada mal, en realidad aquellos hacían que sus piernas se vieran más largas, nunca pensó que llegaría a usar esa clase de ropa. Temari lucía demasiado feliz por el resultado, tanto que le daba pena cambiarse, por lo que decidió bajar a la sala donde estaba el rubio, esperando que a éste no le gustara el vestido, de ese modo ella podría usar algo menos atrevido sin sentirse tan culpable con la rubia.
Naruto portaba una camisa gris y un pantalón negro, su cabello despeinado le daba un toque juvenil. En cuanto sintió su mirada azulada sobre ella se avergonzó de que la viera de manera tan lasciva mientras estaba sentado bebiendo whisky de una copa.
- ¿Es demasiado? – pregunto ruborizada y más que dispuesta a cambiar su ropa.
- Para nada, te ves preciosa – levantándose se acercó hasta ella para tomarla de la cintura y luego besarla sin pudor, aun cuando en ese mismo cuarto estuviera Temari.
- ¡Hey!, no coman delante de los pobres.
- No sabía que eres novia de Shikamaru – se dirigió a la rubia después de soltar los labios de Hinata – tendré que regañarlo por no pedirme permiso para salir contigo, además de hacerle saber que en esta casa hay principios y debe comportarse contigo cuando venga.
- ¿De qué rayos hablas? – le soltó una furiosa Temari – no tenemos que pedirte permiso para ser novios.
- Temari, eres como de mi familia, claro que Shikamaru tiene que pedir permiso, y en verdad espero que remedie su falta hoy mismo – el rubio trato de evitar reírse y Temari simplemente le rodo los ojos.
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Se puso un sencillo saco encima del vestido, al cual se aferró para ocultar la mayor cantidad de piel que el vestidito negro no hacía. Cuando se dio cuenta que Naruto estaba más animado que los últimos días desde el secuestro de Sakura, ella también se contagió de aquel ánimo, solo él tenía el poder de lograr ese efecto en ella, de olvidarse del mundo.
El antro al que llegaron estaba atiborrado de gente estancada en la entrada. Los jóvenes entre 18 y 30 años abundaban, por lo que no tardó en sentirse parte de aquel ambiente. Sin embargo; cuando pensaba que tendrían que esperar como el resto de aquellas personas, Naruto la dirigió entre la multitud. El guardia que limitaba el paso a dicho lugar, decidió dejarles entrar con apenas verlos, aunque empezaba a sospechar que el rubio le había pasado un billete para acelerar el proceso.
Lo primero que noto fue que todo era oscuro, las paredes estaban pintadas de negro y solo las luces de colores iluminaban el ambiente. La música era fuerte, demasiado para su gusto, tendría que gritar o acercarse al oído del rubio si es que deseaba decirle algo y fuera escuchada.
A decir verdad, no era el tipo de lugar en el que ella se imaginaba, pero ya que estaban ahí, disfrutaría al máximo, además estaba al lado de Naruto, con él siempre la pasaba bien.
El rubio habló con uno de los meseros y ella no pudo escuchar nada de lo que hablaban, y por lo mismo se dedicó a observar cómo las personas solo bailaban o bebían. Ella siempre quiso aprender a bailar, pero definitivamente no de la manera en que se hacía en ese lugar.
Naruto no tardó nada en dirigirla a una mesa con dos asientos, donde él mismo le ayudo a retirar su saco, algo avergonzada recordó la clase de vestidito que traía, seguramente aquello lo noto el rubio, pues este pego sus labios a su oído izquierdo – te ves preciosa.
Ambos se sonrieron, el rubio tenía ese don de transmitirle seguridad, y con ese motivante, se olvidó de su vergüenza. Además, que aquel modo de vestir era el que todas las chicas portaban.
El mesero no tardó en llegar con una botella y dos vasos, ella no fue capaz de identificar el tipo de alcohol, y antes de esperar a que el mesero les sirviera, el rubio le ofreció su mano – vayamos a bailar – le dijo con tal entusiasmo que no fue capaz de negarse.
Tomados de la mano, le siguió hasta la pista donde jamás hubiera imaginado lo que pasaría. El rubio la tomo con ambas manos de la cintura y luego se pegó tanto a su cuerpo que, por un momento creyó que aquella forma de bailar era totalmente indecente, luego su mano la sintió en su espalda baja.
- Naruto – le habló mientras éste le hacía bailar al ritmo de la música.
- ¿Qué pasa, preciosa? – le dijo sin esperar realmente una respuesta pues estampo sus labios y la beso con tanto entusiasmo que estaba segura que la mayor parte de su labial había desaparecido.
- ¿Pasa algo? – se atrevió a preguntar en cuanto soltó sus labios, nunca antes lo había visto actuar de esa manera. Su respuesta fue una sonrisa y después bailar de una manera más indecente, pegando y moviendo tanto su cuerpo que incluso podía sentir su miembro restregarse en ella, aun cuando sus prendas de ropa les separaran. Una ronda de besos iba y venía a cada rato. Lo único que podía hacer era abrazarlo por el cuello y dejarse llevar por aquella forma de bailar tan peculiar.
Sí Hinata pensaba que aquello no podría subir más de tono, estaba totalmente equivocada, de un momento a otro, el rubio le hizo dar la vuelta pegándose a su espalda y nalgas para seguir bailando, sus manos la sujetaron fuerte de su vientre y le hizo moverse al son de la música – abrázame por el cuello – no estaba segura de cómo lograr aquello, pero no tardó mucho en conseguirlo sobre todo cuando el rubio recargó su cabeza en su hombro y luego la beso nuevamente.
Después de un largo momento, llegaron a la barra donde el rubio pidió un par de bebidas, parecía que se había olvidado por completo de la mesa que en un principio tomaron.
Recordaba su lección de beber lento y así lo hizo. Notaba que Naruto en realidad no dio un solo trago a su bebida, pero a ella sí que le estaba permitiendo beber.
Apenas dejo su vaso sobre la barra, el rubio la llevo de regreso a la pista. Aquello fue como olvidarse del mundo, ella tan solo se concentró en bailar, aunque aquello le parecía más un baile que se haría en privado. No sabía de esos lugares y solo por ello creyó que quizá esa forma de bailar era común y aunque estaba segura que definitivamente eso no iba con ella, sabía que por el simple hecho de ser Naruto con quien bailaba era suficiente para dejarse hacer.
Debieron pasar unas cuantas horas en aquella discoteca, y su vejiga que consideraba pequeña le dio el primer aviso de que debería prestarle atención.
- Naruto debo ir al baño – este en respuesta acarició su vientre.
- ¿Puedes aguantar unos diez minutos? – seguramente no le permitiría ir sola al baño, claro después de aquel intento de escape, ahora era más cauteloso. Ella solo asintió.
Tomándola de la cintura de manera posesiva llegaron hasta la mesa donde había dejado su saco que se puso al instante, y luego noto como el rubio dejaba un billete sobre la mesa, aun cuando la botella seguía sobre la mesa y los dos vasos quedarían con la bebida intacta.
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Tenía que reconocer que tenía bastante aguante con el alcohol, por ahora con lo que había bebido en casa era suficiente, ya que no podía darse el lujo de beber fuera, desconfiaba de que alguien le diera algo que pudiera sedarlo y no iba arriesgar a Hinata, necesitaba estar en sus cinco sentidos. La había mantenido a su lado todo el tiempo, y su objetivo de besarla y mostrarse como una pareja había sido todo un éxito. Aunque aún faltaba la pequeña cereza para terminar con ese día.
Después de bailar un buen rato en la pista, decidió que era momento de irse. Al salir de aquel antro de moda de la ciudad se percató que el aire estaba un poco helado, por lo que abrazo a Hinata de sus hombros para transmitirle algo de calor.
- ¿A dónde vamos? – le pregunto su pequeña novia, que ese día se veía más alta por semejantes tacones.
- A ese hotel – bastante cerca del antro, por lo que llegar caminando era viable.
- ¿Por qué no vamos a la casa?
- Porque bebí – ella sabía que no era cierto – y no puedo manejar hasta casa – mentira – y a decir verdad me siento cansado – parcialmente era verdad – y además no aguanto las ganas de cogerte – verdad.
En realidad, quería dejarle claro a Itachi, que Hinata era suya, y que se la cogería donde se le diera la gana, ahora solo faltaba demostrarle que su corazón también era suyo, pero eso tendría que demostrarlo de una manera diferente más adelante…
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- Báilame.
- Tu eres el que me ha movido en el antro, yo no sé bailar de ese modo tan atrevido.
- No importa, muévete como quieras, pero hazlo – se recargo en la cabecera de la cama y la observo dudar – vamos, compláceme – ella parecía seguir dudando – esclava, ¿acaso quieres que te nalguee hasta que muevas tu trasero? – volvió a insistir y pudo ver como enrojecía, estaba seguro que ya estaría húmeda por sus palabras, aunque realmente jamás la obligaría sí ésta no quería.
Al principio se movió de manera torpe, pero poco a poco fue ganando tal confianza que al final parecía que si tenía buen ritmo. Sin lugar a dudas era un sueño, por lo que pronto se vio incapacitado de solo seguir mirando.
Se acercó hasta ella para besarla de manera tan intensa que estaba seguro pronto le faltaría el aire, en cuanto libero su boca la condujo hasta la cama donde le ayudo a quitarse el vestidito, uno que ciertamente le parecía demasiado revelador y que no le gustaría que volviera a usar. Solo por esta ocasión había sido perfecto, sobre todo porque estaba con él, pero para nada era una prenda en la que le gustaría verla seguido. Celoso se repitió para el mismo ante esos pensamientos.
La admiro por un momento en la bonita lencería que usaba de color negro, seguramente Temari le había aconsejado que usara esa ropa que dejaba tan poco a la imaginación. Beso sus pechos sobre la delgada tela y ella suspiro extasiada, provocando que ahora fuera sobre sus pezones y los chupara mojando a su paso su brasier. Toco su intimidad sobre su braga, confirmando lo mojada y lista que estaba para él.
Se relamió los labios mientras le quito su ropa interior. Verla desnuda hizo que su pene punzara y eso lo motivo a sentarla sobre la cama. Sonriéndole se quitó la camisa mientras ella demostraba que le gustaba su cuerpo, dejando su torso desnudo le pidió el siguiente mandato – lame mi pecho, esclava – se acercó lo suficiente para que ella siguiera en la misma posición y pudiera lamerlo como quería.
Luego se desabrocho el cinto y finalmente el pantalón, retiro sus zapatos y luego se terminó de desvestir completamente – ¿quieres chupar mi pene esclava? – la vio asentir y luego hacer ademanes para bajarse de la cama para quedar en una posición más cómoda pero este se lo impidió, se subió a la cama y luego tomo su cadera para ayudarla a encontrar una posición cómoda, hasta que se encontraron en la famosa posición del 69, La vagina de Hinata quedo en su cara por lo que pronto comenzó a lamerla completa, su sabor era diferente pero no le tomo realmente importancia, pues igual le seguía gustando. Al sentir que ella se quedaba estática tuvo que ayudarle – mastúrbame – pudo incluso sentir que su vagina se mojaba más y con deseo volvió a enterrar su cara en su intimidad, no tardó mucho en sentir su boca sobre su pene, demostrando que había entendido lo que tenía que hacer.
La primera en correrse fue Hinata y con su orgasmo se olvidó totalmente del trabajo que le estaba haciendo, por lo que se vio en la necesidad de cambiar de posición para penetrarla, esta vez de frente, tomo sus piernas y se las puso en el hombro, luego continuaron con las embestidas, quería escucharla gemir fuerte y por ello la penetro con mayor entusiasmo, haciendo que sus cuerpos chocaran y lograran un sonido tan acuoso que estaba seguro pronto se correría. Cuando la sintió tensarse por segunda vez, se corrió junto con ella, mientras besaba sus labios con insistencia.
Al momento de retirar su pene cubierto con un preservativo pudo ver un hilito de sangre y entonces supo que su regla había llegado, aquella imagen le hizo sonreír, nunca creyó que el periodo de Hinata le podría producir tal felicidad. En primera porque no estaba preñada, tal y como ella le había pedido, en segunda porque ese era el sabor diferente que tenía cuando beso su sexo, y aun así le había gustado. Dudo en decirle, y para su mala suerte ella solita se dio cuenta, se encerró en el baño y luego le pidió que le pasara sus bragas y su bolso. Nunca la había visto tan apenada y por lo mismo no se atrevió a molestarla más, hasta que salió del baño con su intimidad cubierta por aquella braguita y cubriendo sus pechos con sus manos.
Su cara tenía un rojo intenso.
Intento volver a tocarla y retirar esa prenda que se había puesto, pero ella al instante se lo impidió.
- No, con mi periodo no tendremos sexo.
- Esclava, quítate esas bragas – ella negó y luego se puso la camisa del rubio. Supo que se habían acabado los juegos, y por ello tuvo que insistir de otro modo – vamos Hinata, es normal que tengas tu periodo, podemos hacerlo en la regadera si tú quieres – volvió a negar mientras se metía en las cobijas – bien, pero tienes que saber que tarde que temprano tendrás que quitarte la vergüenza, quiero tener sexo contigo incluso cuando estas en tus días, no me importa.
Sus ojitos tenían un par de lágrimas, lo cual le hizo alertarse de inmediato.
- Me besaste ahí… y mi periodo ya había llegado – esta vez una lagrima se deslizo por su mejilla – la verdad es que jamás he tenido cólicos o molestias que me indiquen que mi periodo llegará, solo mis pechos se ponen sensibles y quizá me da más hambre de lo normal, pero eso pasa varios días antes… yo no me di cuenta y tú me hiciste… ah perdóname, que vergüenza, debió ser horrible.
Adorable – pensó el rubio, luego se metió en las cobijas y la abrazo, ella de inmediato reacciono encajando su cara en su pecho – fue bonito. Hinata, tienes que saber que hacer el amor contigo para mi es maravilloso, porque estoy enamorado de ti. A mí me gusta besarte, toda, y sé que a ti también te gusta.
- Pero en mis días es asqueroso – nunca tuvo sexo con otras mujeres en esos días, en realidad si le daba asco pensarlo, pero no con su esclava, con ella hasta se le antojaba hacerlo de esa manera.
- Pues sabes delicioso y algún día tendrás que acostumbrarte a tener sexo conmigo en tu periodo, no pienso esperar cuatro días a que dejes de menstruar.
- En realidad me dura más tiempo, una semana entera.
- ¿Tanto? – pregunto asombrado y sin darle tiempo de respuesta prosiguió – bien, entonces más que nunca tendrás que acostumbrarte, tienes obligaciones al ser mi novia, y para nada dejare de tener sexo contigo durante una semana…
- Ya veremos… – le dijo aun con su carita roja.
Abrazados y con su libido más bajo, pudo pensar más claramente, recordando todas sus acciones.
- Lo siento, Hinata – le dijo en verdad apenado antes de apagar la pequeña lampara que estaba en la mesita de noche.
- ¿Por qué?
- Te he dejado llena de marcas, incluso tus labios se ven algo hinchados – no se atrevió a confesar que le había hecho el amor por la tarde sin un preservativo, temía que se molestara o ya no confiara en él como lo hacía.
- ¿Se ven? – pregunto sarcástica – están hinchados, mis pechos nunca habían estado tan marcados como ahora.
- Lo siento – le dijo mientras la estrechaba más a su cuerpo – es solo que ese baile me prendió a niveles excesivos.
Apenas estaban por quedarse dormidos, cuando su teléfono comenzó a sonar y tal como lo predijo se trataba de Sasuke.
- ¿Teme?
- Dobe, ¿qué rayos haces?
- Estaba a punto de dormir.
- ¿Qué parte de "te están vigilando" no entiendes?
- ¿Qué tiene de malo salir de fiesta?
- Te la llevaste a un hotel, imbécil…
- Oh vamos, no estaba en condiciones de manejar.
- Has manejado hasta el culo de alcohol – era cierto, pero al menos a ella no la expondría sí bebía a tal grado.
- Oh bueno, si quieres seguir discutiendo ¿por qué no vienes al hotel y pasamos un rato en el bar?
- No puedo, he venido con Itachi.
Se sintió complacido, aquella salida sin duda había sido un éxito, aunque lo más importante era lo que estaba sucediendo fuera, seguramente los detectives ya conocían el paradero de Itachi, y eso significa que pronto tendría información…
…
…
Hola! :)
No saben lo feliz que estoy de actualizar esta historia. Y en verdad disculpen la tardanza.
Agradezco muchos los comentarios de los capítulos anteriores, siempre me motivan para seguir escribiendo. Aquí sigo y espero que este capítulo sea de su agrado.
Felices fiestas, queridos lectores :)
