Los ladrillos salieron volando como si hubiesen sido plumas y el escudo de energía evitó que los trozos restantes le cayeran encima, pero no se detuvo a observar las caras que la miraban en shock y prefirió aprovechar la ventaja de la sorpresa para caerles encima con todo lo que tenía. Tres de ellos se encontraban inconscientes, incrustados en las paredes o la maquinaria del lugar antes de que los demás reaccionaran levantando sus armas y abriendo fuego contra la amenaza.

Vi utilizó todo lo que había a su alcance para cubrir las distancias y continuar despachándolos de un golpe, lanzándoles muebles, materiales o a sus mismos compatriotas con tal de no drenar su escudo por completo con las balas que rebotaban en este de forma constante.

Avanzó por el lugar como si lo conociera y siguió el rastro de matones hasta el interior del establecimiento, sabía que se acercaba cuando la cantidad de guardias armados incrementó.

Para ser una operación absolutamente ilegal tenían mucha gente involucrada, bueno, después de su visita esperaba haber dejado claro que su negocio no era bienvenido en su ciudad. Si es que, claro está, seguían respirando después de que los hubiese golpeado con sus guanteletes.

Se dirigió a la habitación iluminada que había estado siendo protegida mientras sostenía a uno de los inconscientes hombres por la cabeza, arrastrándolo hasta que allí en lo que parecía ser una oficina vio al pez gordo que buscaba, levantó casualmente a su presa y lo soltó para que callera frente a ella.

-Una pensaría que con todo el dinero que haces vendiendo personas a Noxus alcanzaría para mejor seguridad.

El calvo tipo regordete la miró con miedo en sus ojos, ninguno de sus guardias quedaba en pie, pero trató de reponerse entrelazando los dedos y apoyando su barbilla en estos, intentando verse relajado en su escritorio.

-¿Cuánto cobras por tus servicios, entonces?

-¡Ja!

La sonrisa se fue de su rostro y avanzó paso a paso, el hombre se tensó una vez más.

-¡C-cómo encontraste este lugar!

-Debiste pensar en todo eso antes de secuestrar a mi gente.

-Puedes llevártelo, nuestra última mercancía se fue hace dos semanas, si es uno de los nuevos aun está aquí.

-Mercancía.-dijo con asco-Lo único que va a ser mercancía será tu cuerpo para que se lo den de comer a los perros.

Bastaba decir que no quedó mucho del negocio cuando perdió la cabeza.

Se quitó uno de los guanteletes para rebuscar en los cajones y luego miró las paredes hasta dar con la caja fuerte, destrozó la puerta y metió todo lo que encontró en uno de los sacos que allí había, lo ató a su cintura y se dio media vuelta.

Vi comenzó a derribar paredes a diestra y siniestra, buscando el lugar en donde mantenían a la gente secuestrada. Las instalaciones no habían sido sencillas de encontrar en lo absoluto porque tenía una fachada perfecta en el primer piso, una fábrica en regla, funcionando y produciendo piezas de metal de manera completamente legal. Pero Vi conocía gente y a las calles mejor de lo que recordaba sus manos.

No quedaba mucho del primer piso cuando por fin encontró una habitación escondida con escalinatas, las bajó con prisa e hizo una mueca ante el olor a miseria que le golpeó el rostro. Encendió las luces cuando encontró una palanca y apretó los puños. No tenía sentido enojarse más, pues ya les había dado con todo lo que tenía, pero aun estaba enfadada.

-¡Hey, es Vi!

Múltiples caras se asomaron por entre los barrotes a lo largo del pasillo. Algunos la reconocieron a la perfección, algunos solo habían escuchado rumores y miraban con curiosidad, los otros no estaban seguros de qué pensar después de toda la mala suerte que habían corrido.

-Charlas después, ahora debemos salir de aquí. Aléjense de los barrotes.

Vi no sabía si tenían refuerzos en alguna parte y pelear defendiendo a un grupo de personas no era nada sencillo estando sola. Se acercó a la primera celda y arrancó la puerta con sus guanteletes, la tiró al piso y repitió la acción todas las veces que fue necesario hasta que la última de las personas estuvo fuera.

Caminó hacia la salida tras liberar al último y la siguieron prontamente, Tobi, el niño al que le debía haberse enterado de todo esto cuando desapareció, se le acercó riendo, ella lo tomó y lo puso en sus hombros.

-Sabía que vendrías ¡se los dije a los demás!

-Claro que te iba a encontrar, habría ido a Noxus a buscarte si hubiese llegado tarde. Vivian fue a buscarme de inmediato cuando no regresaste a La Madriguera.

El niño continuó hablando emocionado, contándole todo lo que había pasado. Él era como ella. Un niño zaunita abandonado a su suerte. Los otros podrían olvidar sus raíces, pero no ella. Y siempre ayudaba cuando podía.

Los llevó a paso rápido por el primer piso en el que ninguno de los guardias había despertado… ya fuese porque seguían inconscientes o estaban muertos… y no tardó en salir por el agujero que había hecho de entrada, se quedó del otro lado con una mano extendida para ayudarles a salir sin tropezar con los ladrillos y escombros y abrió la bolsa de dinero en su cintura, dando una buena cantidad a cada uno mientras iban saliendo. Sabía que no era mucho, y que ese dinero estaba sucio, pero esta gente no tenía nada y no iba a dejar el sustento de meses tirado allí para el que lo encontrase primero. Y así, uno a uno regresaron a su libertad con palabras de aprecio y prisas.

El último en salir fue un pequeño niño, Vi lo miró y se arrodilló frente a él cuando notó su mirada asustada.

-¿Necesitas un lugar para quedarte?

Vi sabía mejor que preguntar por sus padres, la gente a la que se estaban llevando no tenía conexiones con nadie, y nadie notaría o daría importancia a que se habían ido... no era tan anormal en Zaun.

El pequeño la miró inseguro, pero Tobi que aun estaba sobre sus hombros intervino.

-¡Puedes venir con nosotros! Ya sé que Vi es una adulta pero es de las buenas.

Le miró con una ceja alzada y una risa en la mirada. Pequeño travieso.

-Además, estoy seguro de que Vivian no tendrá problemas con que te quedes, ella es una adulta también, pero otra de las buenas.

Vi recordaba bien lo que significaba ser pequeño en Zaun. La desconfianza en los adultos era todo lo que te mantenía con vida día tras día, la mayoría de los que se acercaban a los niños no querían nada bueno.

El niño aun miraba ligeramente indeciso, Vi le tendió la mano.

-Vamos, yo te protegeré.

Finalmente aceptó. Lo tomó en brazos, acomodado en uno de los guanteletes y comenzó a caminar en la oscura noche. Los gases típicos de la ciudad emanando de las rejillas en el suelo, las estrellas casi indistinguibles con la brillante luz de Piltover en lo alto de los acantilados. Vi miró la ciudad del progreso y se preguntó una vez más si sus ciudadanos serían verdaderamente distintos de los de aquí abajo, o si solo estaban mejor vestidos.

Vi fue completamente indiferente al hecho de que unos ojos azules la observaban tras la mira de un rifle único en su clase.

La figura envuelta en un abrigo y ropas típicas de Piltover se preguntó cuáles eran las probabilidades de que alguien completamente desconocido y por cuenta propia hubiese cumplido el objetivo de su misión solo horas antes de que ella realizase su intervención, le había tomado tres meses encontrar el lugar correcto de los traficantes y sabía que contaban con gran poder de fuego.

Quitó el ojo de la mira mientras la figura de la mujer y los dos niños se alejaban y puso el rifle en su espalda, reacomodó su sombrero y comenzó a descender de su punto de ventaja, tenía que terminar su misión, lo que quedase de ella, ya después podría encargarse de rastrear a la mujer de los guanteletes hextech y de descubrir quién era.

Vi continuó su camino con los dos pequeños, después de todo les tomaría alrededor de una hora caminando y tras el ejercicio reciente no tenía ganas de ponerse a trotar con el peso extra, no había ninguna prisa, ya no, nadie iba a terminar bajo el látigo cruel de algún noxiano o en una de sus batallas indeseadas.

Al poco rato el pequeño se quedó dormido y cuando sintió a Tobi cabeceando lo bajó y lo apoyó contra su pecho y hombro para que durmiera, silencio que le dejó espacio para continuar pensando.

El ritmo de su vida siempre había sido caótico, pero eso solía ser normal cuando te crías en la calle, sin una familia.

Para una niña nacida y criada en Zaun las opciones no eran grandiosamente variadas ni con mucho glamour. Pero tras todos esos años robando y peleando para sobrevivir finalmente había comprendido que existían dos tipos de zaunitas. Los que hacen el mal porque no tienen opciones… y los que lo hacen porque desean hacerlo, por 'el progreso'.

Vi no era ajena a la violencia o a los robos y había desarrollado un gusto por la adrenalina. Pero tras comenzar a dar un poco de cordura a su vida y de entender que no le gustaba causar miseria a personas que no lo merecían las cosas habían comenzado a cambiar para mejor, especialmente tras el incidente con los mineros que había rescatado.

Conseguir un trabajo que pagase bien era complicado para alguien con su situación, Vi era diestra en el manejo de hextech, pero no era como si fuese algo tan fuera de lo común cuando todo a tu alrededor se mueve con ello. Al menos le dejaba ganar un poco de dinero obtenido limpiamente mientras hacía lo que le entretenía, pequeños trabajos de reparación y si tenía suerte creando algún mecanismo que su cliente necesitara.

Aun así, sus conexiones con el lado más oscuro del lugar siempre la perseguían.

Con su cambio de corazón ya no corría con ellos, sino contra ellos, y hacía de sus tardes y noches un deporte en detenerlos cuando se daba la oportunidad, siempre y especialmente cuando atacaban a gente que tenía poco y nada a su nombre.

Vi había logrado cambiar su nombre, figurativamente hablando, ya no era conocida en el barrio por sus espectaculares robos y su tendencia a destruir más de lo necesario. Ahora la gente la miraba con esperanza y alivio, pues defendía con tesón a los ciudadanos que no tenían otra opción que vivir en Zaun.

La Madriguera era un orfanato, Vi sabía que Vivian de verdad daba todo por cuidar de sus niños y las cosas siempre habían sido difíciles para ellos, Vi la había encontrado y sabía que su niñez habría sido mejor en ese lugar, había perdido su oportunidad, pero se la daría a cualquier niño que la necesitase.

La casona de tres pisos se hizo visible y Vi sonrió al verla, no era gran cosa, pero era suficiente. Cuando llegó a la puerta simplemente le dio un par de golpecitos con el pie a falta de manos libres, haciendo una mueca ante lo rudo que había sonado… nadie quería contestar un llamado que sonara así a aquellas horas de la madrugada. Pero Vivian estaba esperando. Llevaba esperando cada noche desde que el niño se había esfumado y no dudo en correr a abrir la puerta, primero reconociendo el alborotado cabello rosa de Vi y luego al pequeño, que ya estaba un poco grande para que lo llevaran pero la mujer no parecía haberse hecho problemas.

-¡Tobi!-Dijo emocionada, él despertó atolondrado y sonrió mientras lo bajaban y abrazaba a Vivian, demasiado cansado para responder.

-Entren, por favor.

Las pesadas botas rechinaron en el piso de madera.

-Este pequeño estaba allí también, está algo asustado, no sé su nombre.

Vivian estiró sus brazos para que Vi se lo entregase, y ya acunado en sus brazos le acarició el cabello, el niño apenas se movió, aun dormido.

-Cuidaremos de él y nos encargaremos de ver si hay alguien que lo busca. Los llevaré a la cama, espera por favor.

Vi asintió y se sentó en un silloncito tras despedirse del somnoliento Tobi.

Suspirando, esperó que la mujer fuese a acostar a su carga tranquilamente y respiró con calma. Se quitó los guanteletes y miró cuánto quedaba del dinero, sacó una pequeña parte para ella, lo suficiente para comer un tiempo sin preocuparse, y el resto se lo tendió a la otra cuando regresó.

-Le darás mejor uso que el dueño anterior.

La dueña del hogar sabía que no había caso en discutir por lo que solo agradeció el dinero, y ambas sabían que lo necesitaba. Antes de que Vi apareciese para ayudarla las cosas no pintaban bien casi nunca y le era imposible mantener más de unos pocos niños a la vez.

-¿Deberíamos preocuparnos por más problemas?

-No, no tenían ninguna razón especial para llevárselo, y sinceramente, ya no pueden. Me encargué de eso. Malditos traficantes de personas, qué más le falta a esta condenada ciudad.

-Te tenemos a ti, tú eres lo que necesita para mejorar.

Vi rió sacudiendo su cabello.

-No te pongas cursi conmigo, mujer, si no se hubiesen llevado a Tobi quizás ni me habría enterado de que existían.

-Aun así, acabas de hacer un gran bien por la comunidad… ¿Quieres dormir aquí? No queda mucho para el amanecer y debes estar cansada.

-No te preocupes por mí, iré de vuelta a mi agujero a descansar.

Se levantó tras ponerse los guanteletes una vez más y caminó hacia la puerta.

-Vi.

Se volteó para mirarla.

-Gracias.

Ella sonrió y se despidió con la mano.

Vi llegó al lugar en que dormía poco antes de que amaneciera, se quitó la armadura para recostarse en la colchoneta, cuidando de no hacerlo con demasiada fuerza para no rebotar contra el piso.

No vivía en ningún lugar específico, nunca lo había hecho, y con tanta gente que le tenía malas era mejor que fuese así.

Recostó su cabeza sobre sus brazos cruzados y miró al techo con un suspiro, esta casa abandonada le serviría por unos días más, luego tendría que irse y buscar otro lugar.

Últimamente le parecía que las cosas en Zaun empeoraban cada día, había rumores de criaturas sedientas de sangre que cazaban por la noche, bandas de criminales por doquier, nuevos tipos de drogas y todo el resto del pack.

Cerró los ojos con un gruñido, eliminabas a uno y aparecían dos más.

Los siguientes días pasaron con relativa calma, le pagaron por reparar algunas máquinas de construcción, se relajó en un bar o dos con algo de alcohol y luego empacó su bolso con las pocas pertenencias que tenía y buscó un nuevo lugar para dormir. Esta vez encontró un ático desocupado y polvoriento entre un conjunto de casas y edificios, subir requería trepar un poco y debía ser silenciosa porque el resto del lugar sí estaba ocupado, pero no le preocupó demasiado, después de todo sólo dormiría allí un par de semanas y luego marcharía. No intervendría con las vidas de los de abajo. Desenrolló su colchoneta una vez más y se fue a recorrer la zona cercana.

La siguiente vez que Caitlyn vio a la vigilante misteriosa fue por casualidad, un mes y medio después de la primera ocasión. Se encontraba caminando de vuelta a Piltover tras haber atrapado a un vendedor de drogas cuando tres ladrones entraron a una panadería, armas visibles y comenzando a gritar a los empleados. Chasqueó la lengua en disgusto y se dispuso a controlar la amenaza, antes de que avanzase más de tres pasos un borrón colorido atravesó la calle en un despliegue de velocidad impresionante y sin perder tiempo alguno le arrebató la escopeta a uno, lanzándola fuera del establecimiento y enviando al sujeto al piso con un golpe en la cara, cuando las armas de los otros dos le apuntaron en un espacio tan reducido como la recepción del negocio, ella agarró la segunda escopeta doblándole el cañón y encapsuló la pistola y mano del otro con su otro guantelete, arrebató el arma estropeada al rufián y utilizó el mismo mango de esta para darle con fuerza en la cabeza. Solo quedaba uno, que estaba tratando de escapar del agarre. La chica lo miró sonriendo y el ladrón apretó el gatillo tres veces, la tercera bala rebotó en vez de frenar y terminó enterrada en su propia pierna con un alarido. La mujer hizo una bola con el arma entre sus dedos metálicos y luego envió a su dueño a dormir con una patada bien puesta.

Caitlyn vio con asombro todo el procedimiento y se fijó en el tatuaje en la mejilla que ella tenía. VI. Su cabello rosa resaltaba sobre su armadura, que parecía una combinación de chatarra y los enormes guanteletes parecían una extensión de sí misma. Vio a las personas del negocio salir con cautela desde detrás del mostrador, no podía oír las palabras, pero los gestos de la mujer eran joviales y relajados, pronto vio risa en las caras de los empleados, que hace unos segundos estaban aterrados por sus vidas. La vio señalar una de las vitrinas y todos asintieron al mismo tiempo. En un minuto o dos cinco cajas de productos eran sostenidos en la palma metálica de su mano derecha.

-¿Se los pidió a cambio, por qué tantos?

Murmuró para sí misma con algo de reproche en su voz, pero luego observó el guantelete opuesto sosteniendo dinero y se quedó anonadada cuando insistió, no una, ni dos, sino tres veces en que lo aceptaran.

Y asi fue como salió del negocio, con productos pagados con su dinero luego de detener un asalto a mano armada, sonriendo y despidiéndose de los agradecidos cajeros, panaderos y probablemente dueños del local. Mano libre arrastrando al trio y dejándolo en la acera. Antes de que pudiese irse del todo una mujer salió ofreciendo un cupcake en sus manos hasta que la otra lo aceptó, tomándolo entre el pulgar e índice sin aplastarlo, probando su motricidad fina con las enormes armas que no habría creído posible.

Caitlyn afirmó su rifle con ambas manos para luego devolverlo a su espalda y comenzó a seguirla, intrigada. Se aseguró de hacerlo de forma completamente inconspicua, nunca fijó su mirada en ella ni se acercó mucho, siguiendo sus pasos vistos con la periferia de su mirada mientras la otra daba mordiscos a su pequeño tesoro dulce.

Tras varias cuadras se ocultó parcialmente tras una esquina al verla dirigirse a un umbral.

¿Su hogar, quizás?

Pero un cartel de madera tallado dijo distinto, '' La Madriguera''

Cuando la puerta se abrió un grupo de niños salió gritando para rodearla.

-¡Vi, es Vi!

¿Vi, ese era su nombre, entonces el tatuaje de su mejilla no era un número ni un símbolo?

Vi se vio rodeada de niños riendo y tratando de treparle encima, sostuvo las cajas en lo alto para no tirarlas.

-Está bien, niños, déjenla tranquila.

-¿Tranquila, Viv? No creo que eso sea posible cuando les diga que ¡traje pastelitos!

Eso produjo aun mayor conmoción, las pequeñas criaturas con sed de dulce intentaron treparse con más entusiasmo.

La mujer de lo que ahora entendía era un orfanato se hizo a un lado para dejarla pasar.

Incluso cuando entraron Cait se quedó allí, buscó un punto alto al que subir y observó a Vi jugando con los niños en el patio, esta vez sin los guanteletes. Todo esto era de lo más curioso y le llevó a preguntarse si los niños que habían estado con ella aquella noche pertenecían a este establecimiento.

La dejó ir cuando finalmente se marchó, el sol ya no daba directamente contra Zaun y el viento agitaba su cabello.

Ya la encontraría luego.

Resultó ser que no iba a ser tan sencillo encontrarla de nuevo.

La Sheriff comenzó a preguntar en Zaun cada vez que tenía que pisar el lugar por asuntos no relacionados, y en cada ocasión la respuesta que recibió de las personas fue la misma.

Mentiras.

Pero Caitlyn no era nada si no es observadora, y no le costó entender que las personas no le estaban mintiendo por temor a sus propias vidas y a las de sus familias como solía ser el caso con criminales peligrosos, no, hablar de Vi causaba una respuesta diferente, al mencionar su nombre la gente la miraba, reconociéndolo, pero cuando preguntaba si sabían algo de su paradero todos respondía con diferentes variantes de 'no tengo ni idea', podía ver que nadie sabía exactamente en donde se alojaba, pero también entendió que incluso si la habían visto hacía cinco minutos no iba a obtener una respuesta positiva.

La estaban protegiendo.

Sabían perfectamente quién era Vi y que no querían a nadie tras ella que pudiese amenazarla.

Vi se había ganado el respeto de todas estas personas y Caitlyn sintió una chispa de admiración, pues eso siempre había sido su meta. Sacar a la fuerza policial a la luz como personas que sirven a personas, que son personas, que están allí para protegerlos.

Una idea se abrió paso en su mente.

Solo podía imaginar lo que Vi podría lograr con un poco de ayuda y recursos.

Tenía que encontrarla.

Pero si no había testigos que le ayudasen, tendría que tomar otro enfoque.

Y así fue exactamente cómo rebuscó entre los archivos y las nuevas entradas hasta encontrar una decena de casos aun no resueltos que eran potencialmente atractivos para el modus operandi que había observado en Vi. Los miró por largo rato y se decidió por el que catalogaba a una banda criminal que asaltaba a negocios pequeños principalmente en Zaun. No le sería difícil encontrarlos, luego sería cuestión de esperar con la paciencia típica de un francotirador.

Por su lado, Vi continuaba su vida con soltura, disfrutando de lo que podía ser disfrutado y viviendo en el momento. Esa noche, sin embargo, daría una visita a un viejo edificio en la periferia.

Uno de los robos que había parado hacía poco dio interesante información, la amenazaron y en ese momento no fue importante porque no era la primera ni última vez, un golpe haciéndoles callar. El ladrón mencionó el nombre de su banda y dejó saber a Vi que todos esos asaltos a los negocios que frecuentaba tenían un líder detrás y no eran al azar. Para encontrar la guarida solo tuvo que dejar a uno de ellos 'escapar'. Lo siguió y encontró el lugar sin mayores complicaciones, volvería en un par de días con la cubierta de la noche.

Se preparó, tomó una buena comida y se vendó las manos antes de salir. Utilizó una estructura cercana al lugar y saltó con un guantelete propulsado por delante, después de todo, nunca se esperarían que alguien entrase por el segundo piso. Los tomó por sorpresa y en vez de atravesar el primer nivel lleno de guardias atentos se tropezó primero con un grupo que jugaba póker entre una nube de humo de cigarrillos.

Ganó ese juego fácilmente.

Mientras avanzaba en la fiesta de balas y golpes se dio cuenta de que sobreestimó sus números, eran muchos más de los que creyó en un principio.

Estaba rodeada cuando una ventana se quebró estrepitosamente y uno de ellos calló al piso. Vi no tuvo tiempo de meditar qué pasó, siguió luchando con fervor del pequeño lío en el que estaba metida. Otro de ellos cayó al piso gruñendo de dolor.

¿Podía ser un tirador? ¿Pero quién, por qué?

Se encontraba en el último piso combatiendo contra los guardias cercanos al líder, no quedaba nadie debajo de ellos ahora. Estaba cansada y preocupada, al menos creía estar bastante segura de que el tirador misterioso no la quería muerta… quizás. No podía estar segura.

Respiró con fuerza mientras se medía con los que quedaban, las balas estaban rebotando exitosamente, pero en algún momento de la jornada una encontró su camino directo en su pantorrilla derecha por detrás, que estaba fuera de la protección de la placa que cubría su pierna. Y presentaba un reto para su estabilidad.

Vi gruñó y con un grito se abalanzó una vez más tras ver a otro más de ellos desplomarse en el piso, haciendo que algunos se distrajesen para apuntar hacia las ventanas o alejarse de ellas.

Cuando el ruido se detuvo por completo se quedó allí parada un momento para recuperar el aliento, pero una sensación húmeda y ardiente le hizo mirar hacia abajo.

-Ah mierda.

Tocó su costado con un dedo metálico y vio la sangre en este.

-¿Dos balazos, de verdad? Estoy perdiendo mi toque.

Estaba bromeando en voz alta, pero no era un reflejo de cómo se sentía. Gruñó y se dio media vuelta sin detenerse a buscar alguna recompensa. Se dirigió a su guarida olvidando por completo al tirador y a cualquier otra cosa, demasiado preocupada con la velocidad en la que se le estaba escapando la sangre.

Cuando logró llegar hasta su escondite entre un enredo de grandes tuberías con algo de torpeza se sentó en la colchoneta y se desmayó antes de poder hacer nada para detener el sangrado.

Tuvo suerte de que Caitlyn la hubiese seguido una vez más.

La Sheriff no tenía visión dentro de este nuevo escondite, pero su preocupación le ganó a la razón cuando recordó que el caminar de Vi había ido de seguro a tambaleante durante el trayecto. Se aproximó con sumo cuidado de no hacer ruido alguno hasta que tuvo visión de la mujer, tendida en el piso aun sangrando y completamente inconsciente. Caminó rápidamente hacia ella mientras sacaba un mini kit de primeros auxilios que llevaba siempre en su alforja y tras revisar rápidamente el único bolso con pertenencias que se hallaba en el lugar encontró más rollos de vendas. Se arrodilló alado de la mujer y la movió con cuidado para ponerla de espaldas, evaluó rápidamente ambas heridas y determinó que la de la pierna estaba sangrando más, por lo que hurgó hasta encontrar cómo retirar la placa de metal de su pierna y observó que la bala había salido limpiamente por el otro lado. Levantó el pantalón y preparó una aguja estéril con hilo en pocos segundos tras refregar sus manos con alcohol, con precisión de cirujana coció la herida, limpió la sangre que pudo alrededor de esta y vendó con firmeza.

No perdió el tiempo y miró cómo trabajar con la siguiente herida, casi suspirando de alivio cuando vio que la bala solo estaba parcialmente enterrada en la armadura y que no había entrado, aunque aun así había sangre manchando la ropa debajo. Le costó remover la armadura sin saber cómo iba puesta, perdiendo algunos minutos en la tarea, levantó la polera que llevaba debajo y observó con ojo crítico la herida. Estaba bastante segura de que le había roto una costilla si juzgaba el enorme hematoma, y la bala se había clavado lo suficiente para perforar su piel… era mejor que un proyectil en su pulmón. Puso una compresa de gasa y la vendó tras limpiarla.

Respiró un poco más tranquila cuando terminó su trabajo, finalmente percatándose de que Vi estaba justo allí, al fin.

Podría quedarse hasta que despertase para poder hablar con ella.

Pero…

''Está herida, si me ve aquí en su lugar seguro cuando despierte no daré la mejor de la impresiones, me verá como una amenaza a su seguridad'' Pensó Caitlyn, frunció los labios y suspiró tras tomar la decisión. Ya habría más oportunidades.

Antes de irse se las arregló para quitarle el resto de la armadura que acomodó a un lado, le tomó un buen rato encontrar la forma de sacarle los guanteletes tras entender que había algún mecanismo de por medio, y los movió con esfuerzo pues eran mucho más pesados de lo que hubiese imaginado. Se quedó observando su rostro por un momento y detuvo su mano a medio camino de tocar el tatuaje en su mejilla, tomando en cambio los lentes de su cabeza para acomodarlos a su lado, la tapó con la manta que encontró cerca tras revisar que su pulso fuese estable.

-Nos veremos en otra ocasión, Vi.

El nombre se sentía bien en sus labios.

Vi despertó de un tirón, sentándose y tocando su cuerpo. Sus cejas se juntaron cuando sintió su piel, destapándose para ver que efectivamente, estaba fuera de su armadura y vendada.

Aun cuando recordaba perfectamente no haber hecho nada de eso.

-¿Qué… quién?

Miró a su alrededor asustada pero no vio a nadie, y luego revisó con prisa que todas sus cosas estuvieran allí. Todo estaba en orden.

Su mente repasó la jornada del día anterior.

-¿La misma persona que estaba disparando por las ventanas?

Se preguntó en voz alta, su instinto le pedía salir de allí mientras que su cuerpo se rendía a quedarse estirado más tiempo.

-Estuvo aquí.

Asintió.

''¿Qué querrá de mí, quién es… y por qué me ayudó?''

Había muchas más preguntas en su mente, supo que tendría que hacer algo de investigación pues le molestaba que algún desconocido la hubiese seguido sin que se diera cuenta.

Por ahora, sin embargo… una siesta sonaba bien.

Le tomó una semana o dos dejar de cojear y por suerte no encontró problemas durante ese tiempo. Ya que no estaba en condiciones de lucha se dedicó a preguntar por ahí a la gente que conocía. Le sorprendió que la respuesta unánime fue que una mujer con acento típico de la población acomodada de Piltover había estado preguntando por ella. Algunos mencionaron que llevaba un rifle en la espalda.

Era la única pista que tenía y parecía concordar, eso aun no explicaba la extraña interacción que habían tenido. Por suerte para la impaciente joven no tuvo que esperar demasiado más para obtener respuestas.

Se encontraba sentada fuera de un café, mirando sus guanteletes que estaban sobre la mesa mientras mecía una taza grande de capuchino y daba mordiscos a una dona glaseada cuando alguien simplemente se sentó en la silla del frente, la única reacción posible de Vi fue darle una mirada asesina a quien fuese que se atrevía a ponerse a rango de sus puños sin preguntar, lista para responder a una amenaza.

Le sorprendió encontrar un par de ojos azules enmarcados de uno de los rostros más hermosos que hubiese visto. Su rápido escrutinio la llevo a ver la culata de lo que solo podía ser un rifle asomando tras su hombro.

Este tenía que ser el tirador. Su espía. O lo que fuese. Y Vi no se dejaría engañar por una apariencia bonita, por lo que no bajó la guardia y esperó en silencio a que la otra hablara.

-Te he estado observando.

La respuesta de Vi fue dar un sorbo a su café sin quitarle de encima la mirada, parecía una competencia, como si se estuviesen midiendo una a la otra. Aunque su voz había sido suave y no parecía una amenaza de ningún tipo, solo informativo.

-No tienes idea de quién soy, ¿o no?-le dijo con voz y mirada serias.

Vi no tenía ni la menor idea, habría recordado una cara tan bonita o esa voz melodiosa resaltada por el acento. O esos ojos que sabían más de lo que decía.

-Nope… pero sé que me has estado buscando, y que me ayudaste con mi pequeño fracaso la última vez. Me he estado preguntando cuándo ibas a aparecer.

-Preferí esperar a que estuvieses en mejores condiciones.

Vi gruñó asintiendo.

-Y qué quiere alguien de Piltover conmigo, entonces.

La mujer se quitó el sombrero y lo puso en su regazo.

-Mi nombre es Caitlyn, pero me conocen mejor como la sheriff de Piltover.

Vi sintió sus músculos tensarse puesto que ahora las cosas calzaban mejor, no tenía idea de cómo lucía la Sheriff, pero sí que sabía acerca de su inigualable destreza con el rifle y de su capacidad para atrapar criminales. No estaba segura de poder correr muy bien aun y menos de esquivar balazos. Miró de reojo sus guanteletes, probablemente podría…

-Vine para hacerte una oferta.

Agregó, haciendo a Vi fruncir el ceño y detener todo su tren de pensamientos ¿una oferta? Por todo lo que sabía quería arrestarla y enviarla a prisión.

-Quiero ofrecerte un puesto de trabajo como policía. Como mi compañera.

Incredulidad se paseó en la cara de la boxeadora que comenzó a reír a carcajadas sin poder evitarlo, de todas las palabras que podían salir de esa boca, esas nunca las imaginó.

-No estoy bromeando.

-Por supuesto que no.-pudo decir entre carcajadas. Bebió lo que quedaba de café y se levantó tras dejar el dinero correspondiente sobre la mesa, poniéndose sus guanteletes con facilidad. Su acompañante se puso de pie y la siguió mientras caminaba.

-Te he estado observando-repitió, el sonido de sus tacones chocando contra el pavimento-sé que lo haces todo por ayudar a estas personas, has desbaratado numerosas bandas criminales y atentados de robos, la gente te respeta y te quiere. Tienes un enorme potencial para desbaratar grupo armados y sabes de hextech.

-Sí, sé que soy buena partiendo caras. Gracias pero no gracias.

-Considéralo, ¿Sí? Considera lo que significaría para ti y para los que te rodean.

-¿Y qué sería eso?

-Vivienda permanente, un departamento en algún sector que sea de tu agrado. Sé que siempre estás moviéndote de un lugar a otro. Un trabajo en el que puedes desenvolverte con mayor soltura, la ley no te perseguirá y tendrás acceso a casos con mayor facilidad. Un sueldo adecuado con el que puedes hacer lo que desees. Acceso a medicina si la necesitas.

-¿Si quiera cómo te fijaste en mí?-La interrumpió.

-La primera vez que te vi acababas de cumplir mi caso. Destruiste una cadena de tráfico de personas tú sola. Sin entrenamiento ni apoyo. Me tomó más de tres meses si quiera encontrar el lugar.

-Conozco gente.

-Ese es mi punto. ¿Con tus conocimientos y tus vínculos y tu fuerza? El crimen no tendría una oportunidad.

-Yo solo pateo traseros porque se meten con la gente que no tiene nada. No soy especial.

-Te equivocas. Y te quiero en mi equipo.

-¿Y qué mierda ha hecho la policía por mí? No les importé cuando estaba muerta de hambre bajo un basurero, o congelada en la nieve, al igual que los otros niños. No voy a ser tu perro solo porque no te gusta que te digan que no.

Caitlyn apretó sus puños con fuerza.

-Ayúdame a cambiar eso, entonces. Ayúdame a protegerlos. Podrías ayudar a muchísima más gente si me permites darte los recursos para hacerlo.

-Déjame tranquila.

-Si no hubiese estado para parar la hemorragia ese día habrías muerto.

-¿Entonces me dices que te lo debo?

Respondió Vi encarando a la otra, Caitlyn se dio cuenta por primera vez de lo grande e imponente que era teniéndola tan cerca y cabreada. Los músculos marcados haciendo presencia.

-No, ese no era mi punto. Lo que quise decir es que si fuésemos juntas en misiones te cubriría las espaldas y tú las mías, un equipo.

-No querrías trabajar con alguien como yo.

-No me importa que hayas hecho para llegar a este punto en tu vida, si aceptas tu hoja de vida comenzará de cero, por lo que he observado, quien sea que fueses antes cambió para mejor.

Vi gruñó y continuó caminando pero tras volver a escuchar los tacones contra el suelo suspiró derrotada y miró al cielo unos segundos.

-Dame un mes. Si después de eso no te agrada como serían las cosas te dejaré en paz.

Se voltea para mirar a Caitlyn con una ceja alzada y los brazos cruzados sobre su pecho incluso con los guanteletes puestos, obviamente no iba a aceptar un no. Bueno, había hecho locuras antes, esta solo sumaría una historia graciosa para contar en algún bar ¿verdad? El día en que fue policía por un momento.

-Una semana.

-Tres.

Respondió La Sheriff de inmediato, cruzándose de brazos también.

-Una.

-Dos, y te compraré una dona cada mañana.

Vi sonrió.

-Dos semanas y cupcakes cada mañana.

-Hecho.

Dijo extendiendo su mano con una sonrisa en los labios mientras tomaba el dedo índice metálico para cerrar el trato.

-¿Sabes en donde se encuentra la sede principal de policía?

Vi asintió.

-Bien. Estaré esperando por ti mañana. No llegues tarde.

-¿Vendrás por mí si no voy?

Dijo Vi con voz juguetona, la Sheriff la miró acusadoramente.

-Hicimos un trato, ahora muéstrame tu honor, Vi. Mañana. Le haré saber a mis oficiales que vienes.

Sin mayores ceremonias ambas dieron media vuelta y regresaron a sus asuntos. Caitlyn esperaba que ella no rompiese su palabra, al menos había conseguido que la otra lo intentara, esto iba a ser interesante y esperaba que funcionara de todo corazón.

Mucho después, Vi jamás lo admitiría, pero ese par de semanas fueron de las mejores de su vida. Y lo que comenzó con catorce días se transformó en un mes, luego en seis y finalmente en años.

Aun vivo :D

Doy las gracias a mi amiga Lady por soportar mis eternos vómitos de ideas en whatsapp. Esto no habría estado listo sin tí jejajajajajejaej.