Podía sentir la cálida luz en sus mejillas, respiró profundamente y se volvió a acomodar en su cama no queriendo salir de ella porque, vamos, era sábado, no tendría nada que hacer en todo el día, salvo ir a ver a Sirius pero esa cita era nocturna así que no tenía nada de qué preocuparse: podía disfrutar el sol matutino en su rostro, calentando su piel; la tranquilidad en su habitación era deliciosa, era bueno que todos los demás se levantaran un poco más temprano que él, claro, era un comportamiento extraño en sus compañeros pero no iba a quejarse si le evitaba las preguntas de cierto mejor amigo suyo, abrazó una de sus almohadas rodando en su cama y cayendo de ella con un golpe seco, se frotó la cabeza desordenando aún más su despeinado cabello, tomó sus lentes del buró y se los puso, ajustando sus ojos a la luz, sintió una mirada sobre sí y volteó rápidamente a la izquierda para descubrir a un pelirrojo mirándolo divertido.
-Compañero, creo que desde anoche estás más torpe de lo normal: te tropezaste en los escalones, chocaste contra el retrato de la Señora Gorda, te resbalaste mientras te estabas duchando y ahora te caes de la cama.
-Cállate, Ron
Bien, en realidad no estaba solo, Ron había esperado a que se despertara para poder hacerle preguntas, perfecto, no quería tener que contestar sus dudas justo ahora, menos porque él mismo estaba aún procesando muchas de las cosas que había descubierto aquel año, empezando con Malfoy y terminando con Voldemort. Su vida parecía hacerse más complicada cada vez… ¡gran conclusión! ¡un adolescente teniendo una vida complicada! como si nadie hubiera leído ya sobre ello… bueno, aunque siendo justo consigo mismo él era un adolescente que tenía a un loco y a todo su ejército preparado para matarlo a la menor provocación o incluso carentes de ella.
-¿Tendrá algo que ver con Malfoy?
Ron nunca había sido muy perceptivo pero siempre había una primera vez para todo y este año estaba más despierto: claro que tenía que ver con Malfoy, desde aquel día en pociones no podía sacárselo de la cabeza, tanta había sido su sorpresa al oler la Amortentia que se había pasado todo el resto de ese día encerrado en la lechucería tratando de explicar lógicamente lo que le pasaba sin tener que decir que le gustaba el rubio, incluso le había escrito a Sirius en busca de ayuda, quizás se estaba volviendo loco: claro que admiraba al Dragón, los había salvado de ir a una trampa segura, él mismo lo vió soportar los interrogatorios con ese orgullo que le caracterizaba, incluso con valentía, no pudo evitar notar que muy en el fondo Draco era alguien capaz, fuerte, feroz y apasionado. Los defectos que tenía eran bastantes y no iba a ignorarlos, Draco seguía siendo un imbécil, caprichoso, manipulador, creído e intratable heredero sangre pura, nunca iba a dejar de serlo, Harry sabía que si lo había salvado solo era por lealtad a su familia, porque era lo que más le convenía, sabía que todos los movimientos que el rubio hizo el año anterior habían sido planeados de esa forma, que todo lo que había hecho tenía una razón escondida y que si se había sometido a las consecuencias de sus actos era solo porque ya se lo esperaba, Harry conocía perfectamente el lado oscuro de Draco, sabía que si tenía que asesinar para salvarse a sí mismo o a los suyos lo haría, sabía que sus miedos podían dominarlo, incluso si él no lo quería ellos le sobrepasaban, sabía que el rubio lidiaba con sus problemas solo porque no le gustaba que nadie conociera una pequeña debilidad en él y sabía, sobre todo, que sus ganas de vivir libre eran lo que le empujaban a seguir sin importar lo que tuviera que soportar. Años de observarlo, de pelear contra él, de sacar lo peor uno del otro los habían hecho conocerse hasta ese punto más nunca se habían dado el tiempo de ver el lado brillante del otro: esa pasión fiera que lo dejaba sobrevivir, esa lealtad arraigada en el centro de su alma hacia su familia y sus seres amados, verlo someterse a la humillación de ser interrogado con veritaserum una y otra vez como si en vez de salvarle la vida a los miembros de La Orden hubiera cometido un crimen, como si no hubiera arriesgado la vida de sus padres y la propia en el proceso de salvarlos, esas acciones y más que eso la mirada que tenía mientras se sometía a las consecuencias de esas acciones habían cambiado un poco su forma de verlo, pero no hasta ese punto, vamos, no podía cambiar tanto como para que su Amortentia...
Se inclinó hacia el último caldero e inhaló profundamente, los mismos aromas subieron hacia sus fosas nasales, tomó las últimas notas y se las entregó al profesor Slughorn, se dirigió hacia su lugar y vio a Malfoy allí, inclinándose hacia su caldero, él había tenido que verificar el del rubio y su poción, como siempre, era perfecta, de hecho se parecía bastante a la propia, claro, pero él tenía la ayuda de aquel libro viejo, Draco siempre había sido bueno por sí mismo. Pensó en los aromas que él percibía: tarta de melaza, madera de escoba y algo, algo extraño, fresco y cálido al mismo tiempo, como el aroma que desprendía el agua al hervir, como la madera de naranjo y los heliotropos, un aroma que, por alguna razón, le recordaba al campo de Quidditch y al salón de pociones, se preguntó distraídamente qué clase de olores percibiría el rubio y, casi sin darse cuenta habló.
-¿Se te perdió algo Malfoy?-preguntó, las primeras palabras que le dirigía al rubio desde que le salvó, claro, pasó todas las vacaciones observándolo, pero nunca habían hablado - ¿Hay algo malo en mi poción?
El platinado volteó rápidamente y chocó con su pecho, Harry entonces pudo percibir el aroma que desprendía el menor de los Malfoy y no lo pudo creer, simplemente no podía ser cierto...
El último aroma de su Amortentia era... era él: Malfoy olía a agua, madera de naranjo y heliotropos, la pálida piel del rubio desprendía ese dulce aroma. Vio a Malfoy sonrojarse y se preguntó si el chico habría visto lo que pensaba, era bien sabido por los miembros de la Orden que el Dragón era un granlegeremante, pasó una mano por su cabello, despeinándolo en un gesto de nerviosismo que deseó con todas sus fuerzas que el rubio no notara, y, cuando se alejó después de arreglar su túnica Harry se sintió un poco más tranquilo, quizás no lo había notado.
No tanto como para que su Amortentia oliera a él; la respuesta de Sirius no tardó tanto como Harry habría deseado y era tan simple como tres palabras: "Invoca tu patronus". Esas tres palabras le habían dado más dolores de cabeza en una semana que Voldemort en toda su vida: cuando reunió la valentía suficiente para invocarlo se le escapó el alma del cuerpo, en vez del ciervo que siempre aparecía, en lugar de ver a su padre representado en su propia alma aparecieron dos figuras, dos figuras plateadas que había visto aparecer en el patronus del rubio.
Volvió a escribir a Sirius preguntándole cómo demonios podía ser eso posible, cómo, en el nombre de Merlín, su patronus era una copia del de Malfoy, no había querido admitirlo pero estaba desesperado, sabía que el de Malfoy representaba su alma fiera y ávida de libertad, su lealtad, pero ¿Por qué en el nombre de Godric Gryffindor Harry tenía el mismo patronus? La respuesta de Sirius esta vez fue más directa, algo más extensa, pero comenzaría una serie de problemas que el pelinegro jamás pensó tener:
"¿En serio eres tan idiota que tengo que decirte que la razón por la que tu patronus cambió es porque estás enamorado? O eres estúpido o no quieres admitirlo, pero sea lo que sea tendrás que afrontarlo ahora mismo porque no pienso tener que lidiar con tus paranoias de adolescente nuevamente.
Estás enamorado de mi sobrino, acéptalo como un hombre o me veré obligado a decírselo.
Con cariño, Canuto"
Y así, al de ojos esmeralda no le quedó otra opción más que aceptarlo, pero para aceptarlo primero tenía que decírselo a sus amigos y era justo eso lo que había estado evitando durante semanas hasta que llegó la nueva carta de Sirius donde le explicaba, lo más cordialmente que su padrino podía, que si no hacía algo por acercarse a Draco y al menos hacer las paces él se presentaría en el castillo al siguiente día y le diría todo al rubio porque ya lo estaba hartando tener que leer en cada carta su drama adolescente, había pasado todo el día anterior preguntándose si Sirius sería capaz de hacerlo y llegó a la conclusión de que si, su padrino era perfectamente capaz de hacerlo, ya fuera por ayudarlo, hacerle una broma o por la poca paciencia que tenía, pero era muy capaz de echarlo de cabeza frente a toda Hogwarts, porque, vamos, si iba a salir del closet tenía que hacerlo a lo grande, o eso es lo que Sirius decía.
Había tratado de explicarle a Sirius que no era gay, que, por alguna razón solo le ocurría eso con Draco, pero él parecía ignorarlo cada vez más: sus contestaciones siempre terminaban siendo "ya sé que no eres gay: eres bisexual y a mí no me engañas, también te pasaba con Cedric" así que, no tenía otra opción más que extenderle la mano al chico al que había rechazado hace años.
-Sí, Ron, tiene que ver con Malfoy... y hay algo de lo que quiero hablarles a ti y a Hermione- contestó al fin, el de pecas sonrió y asintió, Harry vio que el pelirrojo ya estaba arreglado y sonrió- ¿Me esperan en la sala común mientras me cambio? Necesito que solo estemos los tres
-Claro, Harry- contestó su amigo y salió de la habitación
El pelinegro buscó su ropa y se arregló lo mejor que pudo, tratando, sin éxito, de peinar el nido de pájaros que tenía en la cabeza, abrió la puerta y bajó las escaleras sintiendo su corazón en la garganta, vio a Hermione y Ron discutiendo nuevamente y se acercó con lentitud, la castaña lo miró amablemente y lo abrazó dándole los buenos días, Ron lo miró entusiasmado, si fuera por el atrasaría el momento lo más posible, no sabía cómo iban a reaccionar y esperaba, por el amor de Merlín, que con lo que iba a hacer fuera suficiente, no quería tener que ponerlo en palabras, no aún; tomó su varita, suspiró audiblemente e hizo el hechizo, de la punta salieron un par de figuras plateadas que se mostraron orgullosas: un Lobo y un cuervo, escuchó como sus amigos soltaban el aire repentinamente, los animales jugaron por toda la sala común envolviendo a Harry antes de desaparecer, el pelinegro volteó su mirada y vio los rostros sorprendidos de Ron y Hermione, al parecer había sido suficiente.
-¡¿EN SERIO DE MALF...?!- Ron fue el primero en recuperar el habla más un hechizo de Hermione lo silenció justo a tiempo, la castaña le sonrió a Harry.
-No importa lo que pase, Harry, siempre vamos a estar de tu lado, lo sabes.
El ojiverde asintió agradecido con su amiga y se pasó una mano por el cabello, habían reaccionado justo como él lo esperaría de ambos, una voz en su cabeza le dijo que no debió de haberlo dudado y el no pudo más que estar de acuerdo; sus amigos lo sabían y seguían con él, todo estaría bien.
Lo había admitido y no había sido el fin del mundo.
Estaba enamorado de Draco Malfoy, de ese imbécil y caprichoso hijo de puta que era totalmente intratable y eso solo podía significar una cosa:
Estaba jodido.
