Querido Malfoy:
Antes que todo, el que te quedaras sosteniendo mi cabello mientras devolvía todo mi desayuno fue el mejor gesto que has hecho por mí en meses, no te lo voy a negar; sin embargo, el que desaparecieras en el minuto en que dije que me sentía mejor y repentinamente te fueras a una actividad de campo con no sé qué profesor te hace un cobarde, sí Draco, eres un cobarde.
Deseo que no estés utilizando este tiempo para preparar tus excusas, porque voy a obligarte a decirme la verdad, dalo por hecho.
Mi humor ha mejorado últimamente, no lo sé, me sigues doliendo y sigo estando furiosa contigo, pero es como si mi cerebro ha establecido que estamos encontrando un equilibrio en esto. Tengo esperanzas.
Un buen momento para encontrar algo de equilibrio es justo ahora (quizás mi cerebro ha premeditado incluso esto), la Sra. Weasley ha confirmado esta mañana con una carta mis sospechas: Sí, la guerra terminó con Voldemort, pero todavía hay seguidores de él esperando cobrar venganza ahí afuera. Me ha pedido que me asegure de que Ginny y yo no salgamos de los terrenos protegidos del castillo y definitivamente insistiré en que Ginny se quede dentro del colegio, para mí, por el contrario, tengo mejores planes.
Simplemente no puedo quedarme con los brazos cruzados esperando que cada auror arriesgue su vida para atraparlos, no cuando soy una perfecta carnada. Sí, no trabajo en el ministerio y definitivamente no estoy entrenando exhaustivamente en duelos mágicos como Harry y Ron, pero ya he estado en una guerra ante todo pronóstico de la vida normal de una chica como yo, eso debe contar para algo, ¿verdad?
Estoy segura que los Carrow deben estar en algún lugar escondiéndose, después de todo, nunca llegaron a estar encerrados en Azkaban. Alecto fue la primera en escapar y se llevó con ella a su hermano, a pesar de que McGonagall los había capturado en la torre de Ravenclaw. Solo tengo que dejar saber de mi nuevo pasatiempo de aventurera en los lugares correctos y ellos definitivamente me encontrarán. Alecto y Amycus Carrow son conocidos precisamente por ser inquietos, no desperdiciarán la oportunidad.
Me tomó casi dos semanas que la gente supiera que la heroína de guerra salía del campus, la gente correcta, por supuesto. No necesitaba a McGonagall detrás de mí, mucho menos a todo el ministerio, incluídos Harry y Ron.
Si le contara a alguien sé que me trataría de irresponsable, por eso solo puedo decírtelo a ti en mis letras. Draco, necesito esto, sentir euforia por algo que no sea producto del alcohol, necesito servir para algo más que no sea sentir pena o rabia por tu ausencia.
Esta es la noche, deséame suerte.
Tuya, H.
No era estúpida, estaba al tanto del paradero de los aurores. Mi plan básicamente consistía en atraer a los Carrow a mí y ser la liebre que persiguieran en lucha hasta encontrar a los aurores que me ayudarían a enviarlos a Azkaban por fin. Sí, después tendría que dar un montón de explicaciones, pero llevaba dando años dando explicaciones y siempre servían después de haber hecho algo bien de todas formas.
Caminaba por una calle solitaria cuando la voz de Amycus Carrow llegó a mí.
-Pero miren quién está aquí, es la pequeña sangre sucia.
-¿Deseoso de capturarme?-Pregunté con una sonrisa de oreja a oreja.
-Oh, pequeña puta, no tienes ni idea lo que te haré-sonrió su hermana.
-Eso está por verse.
No me considero una persona egocéntrica, pero reconozco y me siento orgullosa de ser bastante hábil en duelos. Reaccionar con contrahechizos es algo que he practicado desde hace años y tengo confianza de mantenerme con vida el tiempo suficiente hasta que encontremos a los aurores de turno.
Tras cuarto de hora en duelo con ambos hermanos, a pesar de estar agitada, mi sonrisa solo los volvió más agresivos. Si ellos esperaban que me rindiera, realmente estaban equivocados.
-Alarte ascendares- apunté a Alecto y ésta salió volando hacia la pared más cercana.
-Vas a pagármelo- juró poniéndose de pie con dificultad.
Cuando un expelliarmus tiró la varita de mis manos, eché a correr. Solo necesitaba avanzar unas cuatro cuadras y los aurores de turno se darían cuenta de que había un enfrentamiento cerca de ellos. Solo cuatro cuadras.
-Te mataré pequeña puta- gritó Amycus desde algún lugar.
-Voy a matarte-escuché mientras dos fuertes brazos me atraparon en la oscuridad.
