Capítulo II: ¿Por qué Quinn?
Y antes que el peque se eche a llorar, Quinn se obligó a actuar rápido.
Ella entró al departamento y siendo incapaz de poder entrar en contacto físico con ellos, siempre con mucho cuidado ante el virus, ella se sentó con su espalda recostada sobre la puerta dispuesta a guiar al pequeño.
- Hola, bebé – dijo ella intentando que él le preste atención, cosa que hizo al mirarla – voy a ayudar a tu mami ¿está bien? – le preguntó y el peque asintió – muy bien – ella siguió – vamos a despertar a tu mami – le dijo y el peque volvió a asentir.
- Vamos a despertarla – repitió – ¿puedes moverla? – le preguntó y él con ambas manitas intentó mover los hombros de su mami y ella no se movió
- No se despierta – dijo el peque con su muy poderoso puchero
- Muy bien, eh – dijo Quinn señalando al centro de la sala de estar – échale un poquito de agua – le pidió señalándole el vaso de plástico que contenía agua, que estaba en la mesa del centro junto a un emparedado en un plato de plástico.
El peque fue a coger su vaso de agua y ante un asentimiento de Quinn, él le echó el vaso, pero no despacito sino todo sobre la cara de su mami, soltando el vaso también ante una Quinn muy atenta, que bajo otras condiciones se hubiera partido de risa, pero bajo esas circunstancias sólo miraba atenta ante cualquier signo de Rachel y a que ella despertara.
Lo que ocurrió casi inmediatamente, Rachel empezó a moverse de lado y a toser ante un suspiro de Quinn quién recostada sobre la puerta sentía inmenso alivio de que Rachel estuviera bien.
- Mami, mami – pedía el peque por su mami, alcanzándole su mantita desde el sofá para que su mami se seque la cara, cosa que Rachel hizo abrazando después a su peque besándole muchas veces su carita para que no se asuste.
- Amo mami – decía el peque
- Te amo mucho más – decía Rachel con gran sonrisa dándole un beso ruidoso sobre su mejilla haciéndole reír ante una Quinn que miraba todo encantada. Eso hasta que Rachel la miró y ella se puso muy nerviosa.
- Liam, porque no vas a ver tus dibujitos bebé – le pidió su mami y el obediente fue al sofá y se subió con ayuda de su mami a ver su tele.
Mientras ambas mujeres se quedaron mirando – ¿estás bien? – preguntó mirándola y a Liam, ella parada, y con Quinn obligada a pararse.
- Sí, estoy bien, no estoy infectada – le dijo – sólo un poco sucia – observándose a sí misma.
Rachel preocupada siguió – Quinn te voy a pedir un par de cosas y no te vayas a ofender… - y Quinn la interrumpió mirando a Liam y diciendo – lo que quieras Rachel.
Y así Rachel le pidió, que dejara sus zapatos dónde estaban y que se diera una ducha, separando su ropa, misma que Rachel iba a lavar aparte, dándole un chandal holgado y una polera, todo por seguridad.
Siendo sus zapatos después limpiados con una dilución de agua y lejía, estando igualmente separados y muy cerca a la puerta, para que no contamine el departamento.
Quinn fue a la ducha, usando los productos que ahí había, procurando dejar todo igual de limpio y desinfectado que antes, así sea que se demore un tanto, eso no era el problema, y estando ahí Quinn no notó cosas de peque – será que tiene un baño propio – se dijo.
Mientras que Rachel sentada en el sofá junto a su peque estaba pensativa por la llegada de Quinn.
Y es que cuatro años, es mucho tiempo.
- Mami ¿es Quinn? – le preguntó su peque haciendo referencia al álbum de fotos dónde estaba Quinn, foto del último día de secundaria.
- Sí mi vida – contestó Rachel acomodando el pelito de su bebé y el peque siguió mirando dibujitos.
De eso, media hora, que le sirvió a ambas chicas para tranquilizarse.
Rachel le pidió con un gesto en la cabeza a que vayan a la terraza para poder hablar mientras desde ahí, Rachel podía ver a su peque viendo tele y riendo de sus dibujitos, Quinn asintió caminando detrás de Rachel, viendo también de reojo al peque que muy feliz reía con la tele.
Y estando ambas mujeres, en el balcón, Rachel le hizo una señal para que Quinn empiece.
- A por todas, a ser valiente – se dijo internamente Quinn.
- A puesto a que no me esperabas – dijo Quinn intentando sonreír, Rachel seguía muy seria – él tampoco me esperaba, eso es seguro – dijo Quinn con una mano en su cabello, empezando a divagar.
- Un amigo estaba antes de que llegaras – dijo Rachel – por eso él abrió la puerta, pensando que debía ser él.
- Ah ok – dijo ella – te extrañé – soltó
- Son cuatro años Quinn, desapareciste sin más – añadió Rachel enojada – nunca viniste a verme – soltó enojada.
- Si vine – dijo defendiéndose – pero estabas ocupada con ese fantoche de Brody – dijo haciendo cálculos agrandando sus ojitos ante su súbita realización.
- Sí, el tuvo que ver – admitió Rachel la parte de Brody al ver el conflicto en el mirar de Quinn – pero es mi hijo, y sólo mío – dijo firmemente Rachel y Quinn asintió viendo el fuego en la mirada de ella, sabiendo que, si tenía preguntas, no tenía lugar hacerlas, ni el poder de hacerlas.
- Pues eso – continuó Quinn – vine y te vi en la estación del tren con él y me fui – admitió ella
- ¿Y por qué te fuiste? – preguntó Rachel sin obtener respuesta - ¿acaso te gustaba Brody? – preguntó horrorizada cómo si la imagen mental que se había formado en su cabeza era demasiado atroz para siquiera considerarla y así lo era, y felizmente Quinn se dio cuenta y muy rápidamente añadió – no, no, joder no ¡ - un poco fuerte haciendo reír al peque que la miraba desde el sofá.
- Quinn Fabray, no jures frente a mi hijo ¡ - exigió firmemente Rachel con una pisotada en el piso dando así una imagen de lo mas adorable, que hizo derretir internamente a Quinn - ¿y ahora por qué sonríes? – preguntó Rachel sin hacer las conexiones hasta que al final las hizo sonrojándose.
Ambas estaban sonrojadas mirándose ambas y con el peque riendo de fondo que exigía – mamiiiiiii
- Si mi amor – dijo Rachel dulcemente mirándole cómo quién hace tiempo para recomponerse y mirar a Quinn y seguir con su interrogatorio.
- Quinn ¿castigo? – preguntó él divertido, ya que para él era muy divertido ver a un adulto pararse en el rincón con un gorrito verde de cono, castigado por decir malas palabras, al igual que lo había hecho su tía Santana, días atrás.
- Sí mi amor, Quinn castigo, pero después – eso causó dos reacciones, a su peque reír adorablemente escondiendo su carita en la almohada, haciendo que Rachel se enamore cada segundo más de su peque y a Quinn preguntar - ¿castigo? – de una manera muy adorable también que provocó un salto de lo más agradable en el corazón de Rachel haciéndole sonreír grandemente muy en su interior.
- Hummm – ella carraspeó tratando de mirar seria a Quinn para seguir con el interrogatorio. Quinn tardó un poco más mirando de lo más feliz al peque reír y ser un peque.
- Él es adorable y muy feliz – observó Quinn
- Sí lo es – contestó Rachel con una gran sonrisa.
- Es muy inteligente, puedo observar y sanito – observó también
- Si lo es – repitió Rachel emocionada por su peque y por la maravilla que era, eso el hizo doler el corazón y Quinn también se dio cuenta, notando que Rachel estaba muy emotiva, ella se dio cuenta y arriesgando todo y por el hecho de no poder ver ni una lágrima en la carita de Rachel, ella le dio un abrazo de oso, cobijándola en sus brazos.
- No llores Rachel, él se va a dar cuenta – le susurró y Rachel se obligó a recomponerse - ¿qué pasa Rachel? – preguntó Quinn
- Después – susurró ella limpiándose rápidamente sus lágrimas derramadas para que su peque no se de cuenta.
Quinn preocupada preguntó - ¿él está bien, no? – haciendo referencia a su salud
- Sí – contestó rápidamente Rachel – no es nada de eso, él está muy sanito, sólo ya sabes, Brody siendo un imbécil
- Oh – contestó Quinn, dándole la razón – él es un imbécil – soltó ella y Rachel asintió – aunque yo también – añadió preocupada y Rachel volvió a asentir añadiendo – aunque eres mi imbécil – dijo con una pequeñita sonrisa haciendo sonrojar a Quinn muchísimo y añadir ella – sí, soy tu imbécil – finalizando con una pequeña sonrisa.
Ambas compartieron una sonrisa cómplice, un silencio cómplice para nada incómodo, hasta que Rachel habló – aunque necesito saber – le pidió con las palabras y con la mirada, Quinn asintió perdiéndose en todo lo que representaba Rachel, ella no le podía negar nada, aunque quisiera.
- Lo que quieras Rachel – dijo ella suavemente.
- ¿Te gusta Brody? – preguntó aun sabiendo la respuesta
- No, nunca – contestó firmemente ella
- ¿Por qué te alejaste de mí? – preguntó Rachel con dolor en la mirada, gesto que hizo a Quinn sentirse cómo una mierda.
- Por qué estúpidamente – contestó Quinn – creí que tenías una vida con él y que ya no me necesitabas – dijo apenada
- Eso es muy estúpido Quinn – ella dijo lo evidente
- Sí lo es, y te dije que soy imbécil – acotó Quinn mirándole cómo cachorrito apaleado
- Ay Quinn – replicó Rachel incapaz de seguir molesta con ella – eso fue muy imbécil – añadió
- Lo sé – contestó sumisamente Quinn
- Pero eres mi imbécil – contestó Rachel
- Soy tu imbécil – acotó Quinn sonriente
- Siempre te voy a necesitar en mi vida Quinn – replicó Rachel – nadie puede remplazarte en mi vida – acotó mirándole
- Ahora lo sé – replicó Quinn – fui una imbécil – Rachel asintió – pero soy tu imbécil – acotó Quinn con una pequeñita sonrisa.
- Eres mi imbécil – repitió Rachel y tomando una exhalación necesaria dijo – al rincón – le pidió pasándole el gorro de duende, un gorro en forma de triángulo grande y verde – está castigada ud señorita – añadió divertidamente.
- Sí señora – dijo Quinn haciendo un saludo militar causando nuevamente que el corazón de Rachel de un salto, uno agradable.
Quinn ante la sonrisa de Rachel, ya sintiéndose mejor, se fue a la esquina haciendo una mueca al peque del sofá para hacerle reír, cosa que logró, y con eso, haciendo reír también a Rachel, Quinn fue y se sentó mirando una esquina con su gorrito de duende, sonriente, de que Rachel le haya podido dar una oportunidad.
- Voy a hacer la comida – dijo Rachel dándole un besito a su hijo en al cabeza y a otro a Quinn también en su cabeza susurrando – media hora – y Quinn muy feliz volvió a asentir muy sonriente, muy rojita, también.
…
Habrá pasado talvez diez minutos, cuando Quinn teniendo los ojos cerrados rememorando cada gesto que Rachel le había dado, notó que el peque se le estaba acercando con toda la curiosidad Berry impregnado en su ser.
El peque caminó hacia ella sentándose a su lado y Quinn al verlo se sacó su gorrito y se lo puso al peque que muy sonriente lo aceptó, mostrando sus hoyuelos, demasiado lindos para ser verdad.
- Awww – se derritió Quinn internamente viendo al peque sonreír, quién se paró, ordenó su ropita y con su mejor sonrisa Berry le dio la mano a Quinn presentándose – soy Liam Berry – se presentó el cuchi, derritiendo a Quinn al máximo viendo y notando que este peque era definitivamente todo un Berry, si parecía una miniatura de Rachel, sobre todo su sonrisa, sus hoyuelos y sus ojitos.
- Awww – lo arrulló Quinn dándole la mano añadiendo – soy Quinn Lucy Fabray – presentándose.
Ambos sacudiendo sus manitas, y Rachel viendo todo desde la cocina, muy enamorada ¿de ambos?
Rachel siguió cocinando observando cada tanto a su peque y a Quinn, mientras su peque y Quinn conectaban, sonriente ella, por la inmensa curiosidad de su peque.
…
- Señor Liam – le dijo Quinn muy sonriente al ver a este adorable peque
- Sí señora – respondió él educadamente
- Awww bebé – lo arrulló ella y lo siguió arrullando más al ver que esos lindos hoyuelos se marcaban en su carita – dime Quinn – le pidió
- Quinn – dijo él asintiendo
- Eres muy guapo peque – observó Quinn
- Lo sé – dijo él haciéndole reír de sobre manera
- Awww – lo volvió a arrullar ella haciéndole reír a él quien dijo – mi tía Tana siempre dice eso – acotó sonriente
- Lo sabía – pensó Quinn, agradeciendo mucho a Santana por cuidar del peque y de Rachel, invadiendo su línea de pensamiento, con positivismo y no con el hecho de cuándo la viera, podía irle mal, el sólo pensarlo le hacía estremecerse. Más al ver al peque tan feliz, tan libre, le hacía momentáneamente olvidarlo.
Liam era un peque muy bello, muy lindo, tan feliz, él se merecía el mundo, se merecía todo, y Quinn se prometió que, si dependía de ello, ella iba a dárselo, todo lo bueno del mundo para el peque.
- Muy bien – intervino Rachel – a cenar ambos – pidió y el peque muy feliz empezó a saltar feliz de la vida coreando – spaghetti, spaghetti, spaghetti– muy feliz él
- Ohhh, te encanta el spaghetti– dijo Quinn
- Síiiiii – contestó el peque entre saltitos, mismos que Quinn reconoció cómo herencia de Rachel derritiéndola aún más, ella ya muy enamorada del peque.
El peque fue cargado por su mami, sentándose en su regazo a comer, él tenía su silla alta, más al estar los dos siempre juntos, el peque al ver a su mami triste, un día decidió hacerla muy feliz, y eso hacía sentándose en su regazo y recostándose sobre su mami, el sentirse ambos apoyado en el otro, les traía una inmensa felicidad a ambos.
Los tres comieron muy rico todo, entre gestos de Quinn que hacían reír al peque de manera muy encantadora y claro que cuando el peque comía spaghetti siempre se manchaba, siendo eso lo de menos para Rachel, no le importaba si su peque manchaba su camisita al comer su plato favorito, es más, hasta un punto, le encantaba, ya que tenía que bañarlo con muchas burbujas y canciones, tiempo favorito para ambos, para conectarse aún más, de ser posible.
- Quinn ¿puedes ayudar? – le preguntó sonrojada haciendo referencia a los platos
- Oh sí – contestó ella rápidamente, aprovechando para besar la mejilla de Rachel, robando así un pequeño beso que puso muy rojas y muy felices a ambas.
- Ohhhh ¿beso Liam? – preguntó el peque con su lindo puchero y ambas mujeres incapaz de soportar tanta adorabilidad, cada una le dio un beso babosos y ruidosos en cada mejilla haciéndole soltar carcajadas de felicidad.
- Suficiente, para, para – pedía el peque riendo a carcajadas y Rachel al verlo agitarse, se detuvo y Quinn también, ambas compartiendo una mirada cómplice y ¿mucho amor?
Bue, eso, mucho amor.
Rachel besó un par de veces más a su peque antes de cargarlo a ducharse, con Liam mandando besitos volados a Quinn qué cómicamente los atrapaba, sólo para hacer reír al peque.
Ufff, tanta adorabilidad.
Quinn lavó los platos deleitándose por la canción de cuna que cantaba Rachel.
Ahhh su canto, Quinn lo había extrañado y mucho.
Ella limpió, de todo un poco, deleitándose aún por el cuento que estaba contando Rachel con voces graciosas a su peque mientras lo acurrucaba en su camita, y le cantaba, esperando a que se duerma, ya en la hora para dormir.
Quinn escuchó cada segundo de la voz de Rachel y Liam, cada segundo de todo, recostada en el cuarto de invitados dónde Rachel le había permitido descansar, esperando a por ella.
