Capítulo III: Tocino, man, Tocino
Quinn yacía recostada en su cama, intentando dormir, más no podía, Rachel ocupaba todos sus pensamientos y sentimientos.
Habría sido las 8 o 9pm, Quinn estaba dormitando, no del todo durmiendo, cuando Rachel tocó su puerta suavemente.
- Adelante – susurró Quinn y Rachel pasó mordiéndose el labio, en un tinte nervioso que Quinn sabía que ella tenía y es viendo ese gesto, dirigido a ella, que quiso borrarlo de la carita de Rachel, abriendo ella su cama y abriendo sus brazos pidiendo a Rachel a que la acompañe en su cama.
Y Rachel lo hizo, ella junto la puerta, no cerrándola para escuchar a su bebé por si le llamaba, y se metió en la cama con Quinn, acurrucándose con ella, abrazándose ambas en un muy esperado abrazo, muy íntimo.
Quinn se acurrucó con Rachel, siendo ella la cuchara grande - ¿está bien, así? – le preguntó con voz ronca haciéndole recorrer un escalofrío por la columna vertebral, haciendo que Rachel se tense, y antes de que quizás Quinn lo malinterprete y se aleje, Rachel respondió – está genial así - entrelazando sus dedos con los de Quinn que se apretaban sobre su abdomen.
- Los amigos no se comportan así – observó Rachel
- Nunca fuimos amigas – observó Quinn
- ¿Qué? – iba a preguntar Rachel, pero Quinn se le adelantó diciendo – siempre fuimos más, "Kind of" – dijo
- "Kind of" – respondió Rachel con una sonrisa, volteándose y juntando su frente con la de Quinn abrazándole.
- Te he extrañado demasiado – susurró Quinn mirándole, de muy cerquita
- A sido tu culpa – el respondió Rachel pero sin malicia y con una sonrisa pequeñita
- Toda mi culpa – replicó Quinn copiando la sonrisa de Rachel
- Te quiero demasiado – acotó Quinn – no puedo ver mi vida sin ti – le dijo emocionada
Y Rachel con el corazón golpeando fuerte sobre su pecho asintió diciendo – lo mismo – también susurrado al igual que Quinn.
Quinn escuchando el corazón de Rachel le dio un beso ahí, sobre su corazón, acurrucándose sobre el pecho de Rachel susurrando – calma, corazón.
Cosa que le produjo una punzada en el pecho a Rachel y mariposas en su estómago, una sensación muy agradable que le hizo suspirar feliz, de que así halla ocurrido su reunión.
Rachel empezó a pasar los dedos por el cabello de Quinn con las uñas sobre su cuero cabelludo causando gemidos en ella - ¿está bien? – le preguntó
- Demasiado bien – le dijo Quinn dormitando sobre el cuerpo de Rachel que yacía recostado sobre su cama, ambas abrazadas y con Rachel musitando una canción y pasando sus uñas sobre el cuero cabelludo de Quinn – me voy a dormir – susurró ya muy adormilada sobre el pecho de Rachel enviándole deliciosas vibraciones
- Duerme princesa – le dijo ella y así lo hizo Quinn sonriendo sobre el pecho de Rachel.
Y ella después lo hizo, junto a Quinn cuando ella se durmió, ambas acurrucadas, una sobre otra.
…
Eso hasta que el príncipe se levantó, horas después, cerca de las 4am.
- ¿Mamiiiiiii? – preguntó él levantándose y cómo su mami no iba a verle, él con su peluche en mano fue a verla - ¿mami? – preguntó viendo su cama vacía, yendo entonces al cuarto de invitados de dónde se escuchaba – ven mi amor – susurrado
El peque fue a verla - ¿mami? – le preguntó desde la puerta.
- Aquí mi amor, ven – le pidió su mami y el peque fue a verla, subiendo a su cama, ayudada por su mami.
El peque subió a su cama, viendo a Quinn y después a su mami, Rachel viéndolos, Quinn dormida - ¿mami? – preguntó el peque mirando a Quinn, cómo diciendo – "yo quiero dormir contigo" con su muy poderoso puchero y antes de que llorara, Quinn oyendo algo de la conversación, cogió al peque y lo puso en el centro de la cama para sorpresa de él quién dio un gritito – Woahhh.
Quinn se acurrucó con él – Rach – dijo media dormida y con su voz ronca – creo que mi almohada hace bulla – dijo cariñosamente acariciando su almohada, lo que era el cuerpito del bebé, que empezó a reírse por las cosquillas – mami ayuda, ayuda – pedía entre risas el peque.
Quinn abriendo sus ojitos y con un aspecto de cama, de lo más adorable cogió al peque y se acurrucó con él pidiendo – rueme bebé.
Y el bebé muy contento de que ambas lo acurruquen dijo – ruemo – pidiendo un beso de su mami, cosa que Rachel hizo, dándole un beso en la cabeza también a Quinn que lo pidió después del nene.
- Awww – ella se derritió por ambos, acurrucándose con sus dos bebés a dormir, el peque en el medio con una sonrisa enorme en su rostro, eso pudo apreciar Rachel.
Y Rachel no pudo estar más orgullosa de Quinn, en toda su vida, al apenas conocer a su peque ya hacerlo lo principal en su vida, darle la importancia que él quería y necesitaba.
Y el fantoche de Brody, cero, multiplicado por cero.
Así los tres durmieron en la muy suavecita cama que, aunque era enorme, los tres estaban acurrucados en el medio, con demasiado amor en el aire, cómo debía de ser.
…
Ya por la mañana Rachel al ser la primera en despertar de los tres, no pudo evitar arrullarlos al ver moverse a ambos, y estar en la cama como dos estrellas de mar, todo desperdigado sobre la cama.
- Awww – los arrulló ella a ambos y colocando un beso suavecito en ambos, los dejó dormir un pelín más y ella se fue a hacer el desayuno para los tres.
Quinn se despertó unos minutos después, estirándose tal cual gato, así con mucha agilidad, viendo desde su posición aún con el aspecto de cama a Rachel mirarla desde el comedor mientras ponía los platos, mirándola embobada, cómo si fuera una de las maravillas del mundo junto a su peque.
¿Y Quinn?
Quinn muy rojita fue a su encuentro, acomodándose la ropa y al estar frente a ella la cargó, levantándole del piso y dándole un beso en el cuello que hizo suspirar a ambas.
- Quinn bájame – pidió Rachel suavecito para no despertar a su peque, y así lo hizo Quinn, la bajó al piso, cogió su carita con ambas manos y le dio un beso en cada mejilla muy suavemente poniéndose ambas muy rojitas y muy felices, y para finalizar, finalizó con un beso esquimal de lo más dulce.
Awww
- Joder Quinnn, me has puesto rojita – dijo Rachel
- Estás muy hermosa así – le dijo Quinn con una sonrisa pequeñita robándole un beso en la nariz y corriendo emitiendo un gritito muy lindo, yendo a los servicios higiénicos para asearse.
- Awww Quinn – se derritió Rachel enterneciéndose
Y un pelín después ella se enterneció aún más con un simple acto de Quinn, que cogiendo una tortita que había preparado Rachel, lo llevó, hacia el dormitorio dónde estaba el bebé de la mano de Rachel.
Quinn acercó la tortita a la nariz del peque, viendo maravillada y con una gran sonrisa al peque olisquear el aire cómo queriendo saber de dónde venía el olor, haciendo muecas con su naricita de lo más ricas, de lo más adorables, cómo un cachorrito.
Ambas mujeres se derritieron con los gestos de peque, y más aún, si acaso es posible, cuándo él dio una mordida al aire, cogiendo un pedacito de la tortita y abriendo sus ojitos muy grandes por la gran y deliciosa sorpresa.
- Awww, mi bebé – lo arrulló su mamá, besando su carita muchas veces haciéndole reír y poner una cara muy feliz, por los besos, y por la tortita.
- Eres muy lindo, pequeño señor – observó Quinn haciendo que el peque conteste – no soy un señor, soy un bebé – adorablemente defendiendo su punto con ambas manos en su cadera.
- Awww – lo arrulló esta vez Quinn haciéndole cosquillas, con ambos riendo muy felices y el peque ya en un rato diciendo – mami ayuda – y obviamente su mami ayudó, entrando todos en una pelea de cosquillas.
¿Pelea de cosquillas y tortitas?
El mejor despertar del mundo, eso, hasta ese momento.
Ellos pasaron la mañana, de lo más tranquilos, relajados, viendo dibujitos, coloreando, cantando y vaya que Rachel y Quinn habían extrañado la voz de la otra y el peque aún más la de Quinn, al mirarla encantado.
Los tres después siguieron cantando, con voces graciosas para hacerle carcajear al bebé y pasar el tiempo de su vida, lo mejor de su vida.
…
Eso, hasta que Quinn tuvo que salir a comprar los comestibles.
- Estaré segura – le prometió a Rachel, Quinn vestida con su propia ropa, tal cuál llegó a la puerta de Rachel, y con la mascarilla que le dio ella.
- Por favor, mantente segua – le pidió Rachel dándole un abrazo, todo bajo la atenta mirada del peque sentado en el sofá en medio de la sala de estar.
- Voy a estar bien – le dijo enviando un beso al peque
- Quinn cuidado – le dijo el peque mirándolo preocupado, él no entendía lo que pasaba, pero sí sabía que tenía que tener cuidado, así le decía su mamá, razón por la que no podía salir a la calle o al parque.
Quinn salió con las bolsas de compras, la mascarilla puesta, directo a la farmacia a comprar insumos, ahí era su primera parada.
- Diez veces más el precio normal, joder que son unos ladrones – renegaba Quinn, al salir de la farmacia comprando guantes y mascarillas – y qué no hay alcohol dicen, ladrones – siguió renegando ella, yendo a varias otras farmacias a buscar alcohol, dos horas después, en una farmacia pequeña pudo encontrarlo.
De ahí a el supermercado a hacer colas, inmensas colas, cuatro o cinco cuadras de colas, uno detrás de otro, separado por metro y medio tal cómo decía el gobierno, no a la aglomeración de personas, entrando al super, diez por turno.
- Mantengas la separación – decía un militar en la calle muy armado, haciendo respetar la orden de gobierno.
Quinn lo hizo, ella respetó las reglas de juego, la otra posibilidad, el contagio, la muerte, eso era impensable.
Ella compró carnes, tocino, su amado tocino, verduras, carbohidratos, menestras, frutas, de todo un poco, con su plata, para que dure para una semana, la suficiente comida para una semana, las carnes aguantan en el congelador por una semana y muy bien, Quinn hizo cola otra vez para pagar, y cargó cuatro bolsas enormes de comida hacia la casa – joder, estoy en el infierno – soltó completamente exhausta cargando su compra de regreso al piso de Rachel.
Ella abrió todas las puertas usando toallitas desechables, votando todas en los tachos que podía, evitando al máximo el toque a superficies comunes, desinfectándose con alcohol cada nada, y así con mucho esfuerzo llegó al departamento de Rachel encontrándola a ella esperando por ella – Rachel, joder - se quejó Quinn con los comestibles.
Quinn abrió la puerta y desde ahí le indicó al peque que quería ir corriendo hacia ella, Quinn le indicó con la mano a que pare y Rachel lo cogió y lo llevó a la sala de estar a entretenerlo, mientras Quinn iniciaba su ritual, el nuevo inculcado para sobrevivir al contagio…
1. Dejó las toallitas y los guantes afuera, en el tacho del pasillo.
2. Quinn desinfectó sus zapatos fuera de la entrada del departamento para no llevar sus zapatos adentro, ella los dejó dentro de la puerta, separado de todo, ya desinfectados con lejía en un envase en el piso, frente a la puerta.
3. Se cambió toda la ropa usada para ponerla a lavar por separado.
4. Se lavó las manos por 20 segundos y dejó el alcohol que había estando usando casi todo el día, para desinfectarse sobre los guantes.
5. En un bolo con agua, un litro por agua, tres tapitas de lejía, lo disolvió y con un trapito limpio desinfectó todos los productos que pudo y que tenían envases, antes de colocarlo en la alacena.
Ese era su ritual cada que salía de la casa, limpiarse, asearse al máximo, la ropa de la calle, siempre lavada por separado, tratando de no traer bichitos adicionales al departamento. Bichitos que podían se mortales.
- Aislamiento social, el gobierno, está apostando por el aislamiento social cómo método para no infectarse – repetía la televisión – lávese las manos con agua y jabón, por veinte segundos, salga lo mínimo posible, use mascarilla es obligatorio, no exponga a sus hijos y ancianos, que salga una persona por familia a sólo lo necesario.
- Vivir de ahorros -añadió Quinn.
Quinn pasó medio día desinfectando todo dónde ella había tenido contacto desde que llegó de la calle.
Y Rachel ayudó poniendo cintas en el piso delimitando la entrada y el cuarto de al lado, dónde Quinn desinfectaba la comida cómo límite para el bebé, para que él no se acerque.
Paranoia al máximo, todo era válido para cuidar la vida de sus seres amados.
Y después de eso, y de una ducha exhaustiva, Quinn pudo abrazar al bebé, y a Rachel agradeciendo en su mente el no haber elegido ser policía o doctor, ya que si fuera así no podría vivir con Rachel, y al padecer máximo riesgo, ni podría abrazarles.
Ella no hubiera resistido así a la cuarentena impuesta por el estado.
Quinn en el sofá viendo las noticias más tarde con el peque en el regazo durmiendo su siesta agradecía a todo lo que es bueno en esta vida, por tener esa oportunidad que tenía con Rachel y con este hermoso y muy adorable peque.
- ¿Estás bien? – le preguntó Rachel al verla pensativa sentándose junto a ella.
- Sí, muy bien – contestó Quinn acariciando el pelito del peque, mirándola.
Mucho estrés en el aire, mucha paciencia necesitada, y Quinn que es todo lo contrario a eso, sabía que le iba a pesar, pero el hecho de poder estar junto a Rachel lo valía, todo lo valía, por Rachel y el peque.
- Todo está desierto – le dijo Quinn – las calles, no hay tráfico, pero en el super la gente está estresada - indicó
- La gente está asustada y cuando uno está así, puede pasar de todo – le dijo y Quinn asintió, siendo muy posible aquello.
- Tengo miedo de agarrarme a golpes contra alguien por un rollo de papel – le dijo con una sonrisa y Rachel rió de aquello imaginando la imagen añadiendo – nunca harías eso, no por un papel
- Es cierto – contestó Quinn sonriente – no por un papel, talvez por tocino
Eso hizo reír mucho más a Rachel y después de eso preguntó - ¿has comprado mucho tocino, no te parece?
- Nunca es demasiado tocino, además hay para los tres.
- Yo no como y Liam no lo ha probado – esa simple declaración de Rachel hizo caer la boca de Quinn en shock preguntando - ¿Cómo no ha probado algo tan delicioso? Rachhhhhhh – se quejó ella cómo niña pequeña, haciendo sonreír mucho más a Rachel.
- ¿Quieres que tu hijo crezca sin conocer el tocino? - preguntó intentando estar indignada, pero Rachel lo sabía, sabía leerla, ella estaba siendo demasiado adorable.
- No Quinn – se explicó Rachel sonriendo por tanta adorabilidad de Quinn – no quiero obligar a que mi hijo sea vegetariano cómo yo, sé que necesita proteínas para su buen crecimiento, ya si él decide a los 18 años ser vegetariano, por supuesto que estaré muy feliz.
- Eso significa ¿Qué puedo invitarle tocino? – preguntó muy entusiasmada, tal cuál niña chiquita dando saltitos en su lugar
- Sí – contestó Rachel sonriendo ante la imagen y ante la imagen del peque despierto y preguntando con su mirada que pasaba.
- Vas a probar tocino mi amor – le dijo muy emocionada Quinn.
- Yeahhh, eiiiiiii tocino – soltó Quinn levantando sus bracitos en el aire festejando a lo que el peque avivó con sus grititos feliz de lo que sea que esté diciendo Quinn, eso hizo reír a Rachel y mirar con mucho amor a ambos pensando – joder, estoy hasta las ramas – pensando obviamente en Quinn.
