Capítulo V: Sí cariño

Rachel fue la primera en despertarse, deleitándose de ver a Quinn dormir, dueña de una belleza, incomparable, insuperable. Y es que Rachel había extrañado eso muchísimo, sólo el poder verla y verla dormir.

Ups, eso suena cómo un acosador, y algo creepy – esto no lo es – se respondió en su mente, ella estaba admirando la belleza de Quinn, y más cuándo bajó su mirada y vió a Quinn con el peque acurrucado en su cuello y la mano de ella en su espalda, cobijándolo, esa es una imagen que le quitó la respiración. Que hizo admirarla y amarla mucho más de lo que ya hacía.

Y es que también desde que volvió a ver a Quinn parada en su puerta, ella no hacía más que sorprenderla, Quinn le dedicaba la atención que tanto el peque necesitaba y un amor profundo muy puro y muy bello, el sólo pensar en ello le hacía querer llorar, de lo hermoso que era.

- Piensa en tocino – se susurró mentalmente para no llorar, de inmediato se dibujó una gran sonrisa en ella, al recordar a su peque probar el tocino y la algarabía que había sentido Quinn – joder estoy hasta las ramas – se dijo nuevamente y con una sonrisa enorme, ella se fue a la cocina a preparar el desayuno, dejando a ambas maravillosas criaturas seguir durmiendo.

Casi cinco minutos después ella sintió a unas muy delicadas manos acariciar su cintura y darle un abrazo desde atrás, así cómo besos muy pequeñitos pero muy ricos en su cien, mismos que le provocaron una adorable risita que Quinn amó cada segundo de ello.

- Ughhh Rach, es precioso el levantarme con Liam y abrazarte después, pudiendo regalarte un par de besos – soltó Quinn muy suavecito, inhalando el aroma natural de Rachel, uno muy suavecito – delicioso – dijo Quinn

Y Rachel muy sonriente soltó el cuchillo, dónde ella se encontraba cortando la fruta en la mesada, muy suavemente se volteó, acunando sus manos en la cadera de Quinn y pegando ambas frentes, disfrutando del aroma vainilla de la rubia.

- Rach – susurró Quinn

- ¿Dime cariño? – preguntó ella viendo divertida el pequeño ahogo de Quinn y su carita, los gestos que ponía.

- Ufff Rach, con una sola palabra tuya, me desconciertas

- Te encanta – susurró Rachel siendo valiente

- Sí me encanta – contestó Quinn viéndola, así de muy cerquita y aprovechando la intimidad generada para darle un beso esquimal, uno dónde se rozan las narices, uno muy íntimo – eso no hacen las amigas – acotó después un poco preocupada

Rachel se separó un poco y dijo – no somos amigas Quinn, siempre hemos sido más que eso – contestó con una pequeña sonrisa, que le dio fuerza a Quinn para seguir adelante.

- Ufff, ahí va – dijo tomando aire ante una Rachel muy atenta – Rach – soltó y ella asintió y cuándo iba a continuar un pequeño gritito se escuchó del cuarto – mamiiii

El príncipe se había levantado.

Rachel le dio un apretón en el hombro diciendo – lo dejamos para después, la charla – y Quinn asintió dejando escapar el aire que había acumulado sólo cuándo Rachel ya se había ido y estaba con Liam.

- Carajo, casi la beso – susurró Quinn muy suave cogiendo el cuchillo de la mesa para seguir cortando las frutas y preparar la ensalada de fruta.

Esa vocecita del peque era la única interrupción que Quinn estaba dispuesta a tolerar, uff si en cambio hubiera sido Brody o Jesse, ella se hubiera puesto en plan scary Quinn, uff, menso mal había sido la vocecita tan hermosa del príncipe de la casa y de ambas.

Quinn terminó de preparar el desayuno, Rachel salió con Liam cambiado a desayunar, el peque muy feliz de volver a comer con Quinn y su mami, los tres juntos.

- Los tres juntos – dijo él levantando su fresa en el aire.

- Los tres juntos – repitió Quinn, chocando su rebanada de papaya a la del peque cómo haciendo un brindis al que luego se unió Rachel para diversión de su pequeño.

Así, los tres terminaron de comer el desayuno.

Rachel luego le pidió a Quinn ayuda con su peque para que ella pueda tomar sus clases virtuales, Quinn tan azotada cómo era, dijo que sí, aparte que le encantaba pasar tiempo con el peque, Liam era toda una delicia.

Un nene muy curioso, muy tierno, inteligente y muy divertido.

- Es perfecto Rachel, él lo es, igual a mi Beth – dijo Quinn con añoranza pensando en su hija, agradeciendo a Shelby que ambas estén en Australia, muy seguras ellas – me voy a jugar con mi príncipe – fue lo último que dijo Quinn perdiéndose en el cuarto de invitados con Liam persiguiéndole muy curioso por lo que iban a hacer.

Y uff si que Quinn iba a volver a sorprenderla.

Rachel se puso muy atenta a sus clases, escuchando la melodía de su bebé, él riendo cada tanto de fondo y a Quinn escuchándole hacer diferentes acentos, eso trajo carcajadas en su peque y también en Rachel.

Así pasaron tres horas, hasta que Rachel dejó de oír risas y eso le preocupó un poco, pero sabiendo que Quinn estaba con su bebé, eso le dio seguridad para pensar que todo estaba bien.

Rachel siguió recuperando clases, y Quinn con Liam en lo suyo en el cuarto de invitados o mejor dicho el cuarto que más parecía un almacén que un cuarto de invitados, el segundo de ellos, el primero, dónde Quinn dormía.

- Quieto, quieto – pedía Quinn y el peque muy quieto miraba todo, muy atento a lo que podía pasar.

- Quieto, quieto - pedía Quinn y con un martillo levantado, lo dejaba caer sobre un clavo en su otra mano sobre la madera que intentaba clavar, sólo para que caiga en un dedo suyo que la hizo soltar media maldición al estar Liam muy atento a una distancia muy seguro que cada intento erróneo de Quinn lo hacía partirse de risa.

El bebé reía sujetándose su pancita, marcándose hoyuelos en sus mejillas de lo más adorables.

Quinn maldecía – mi abuelo, minaaaaaas, maizzzzzz ¡ - todo intentando no jurar o decir "mierda" en frente a oídos sensibles de peque

Rachel que estaba en la sala con su laptop tuvo suficiente de todo y se fue a verlos, que estaba pasando, efectivamente siendo partícipe de una gran sorpresa.

Rachel entró en el cuarto quedándose inicialmente prendada por el aspecto de Quinn. Ella tenía un short corto, un polo holgado sin mangas y con un gorro hacia atrás.

- Joder – dijo su mente impresionada por lo caliente que estaba Quinn.

Y ella permitiéndose admirar su belleza segundo s más, volteó a ver hacia dónde estaba la atención de Quinn, pudiendo ver una escalera de cuatro peldaños muy bien hecha, a su peque riendo por el obvio golpe de Quinn en su dedo que ya se empezaba a poner morado.

- Rach, Liam se ríe cada que me golpeo – dijo Quinn con muy poderoso puchero, tan poderoso cómo el de su peque.

- Mami, divertido – contestó el peque en su defensa.

- Mi bebé sólo se ríe Quinn

- Con mi desgracia – dijo muy dramáticamente ante un Liam muy atento cómo si Quinn estuviera actuando unos de sus cuentos favoritos, mismo que les leía su mami en la noche.

- Él no sabe de qué se trata – dijo Rachel y queriendo enfatizar su punto, cogió una almohada del costado de Liam y con este le pegó suavemente a Quinn en la cara causándole sorpresa y más risas en su peque que lanzaba vivas – más mami, más – pedía él

- Bueno, te concedo el beneficio de la duda – le dijo regalándole un beso en la frente a Quinn y a su manito golpeada añadiendo – gee Quinn, si los vecinos te ven, van a creer que eres una esposa abusada, los dedos golpeados, tu ojito de pirata, y tu pie que rengas al estar sanándose.

Eso hizo sonreír a Quinn, no por la parte que parecía una esposa abusada, sino por la parte que decía "Esposa".

- ¿Por qué sonríes tan lindo? – preguntó Rachel con mucha curiosidad y sonrisa pequeñita

- Porque me dijiste esposa – contestó ella causando sonrisas cómplices en ambas.

- Mami beso – pidió el peque con un muy lindo puchero - ¿Quinn beso? – preguntó con un gesto demasiado lindo cómo para no ser arrullado

- Awww – ambas mujeres lo adoraron y arrullaron, regalándole muchos besos y cosquillas.

- Basta, basta – pedía el peque y ambas mujeres disfrutando de su felicidad un pelín más, pararon.

Rachel entonces sentada en el piso con su peque en su regazo pudo apreciar tablillas rotas, cortadas, materiales sueltos al azar, y la escalera que Quinn había preparado.

- Sólo falta, ponerle relleno, de viejas almohadas para que no tenga filos, que pudieran dañar a Liam y listo - dijo.

- Sí mami, escalera yo subo a mi cama – dijo muy orgulloso

- Qué gran idea – dijo Rachel apreciando el trabajo de Quinn y mirando el desastre detrás de ella.

- Voy a limpiarlo, no te preocupes – dijo

- Sí por favor – pidió Rachel – y además pondré llave al cuarto por si acaso.

Ese era un cuarto que Rachel antes de la cuarentena estaba renovando, por eso había materiales allí, herramientas, clavos, etc. Cosas que podían ser peligrosas para su bebé, así que por más que estuviera limpio, Rachel iba a ponerle llave al cuarto.

- Muy de acuerdo – dijo Quinn y en compañía de Rachel terminó la escalera, misma que instaló al inicio de la cama de Liam con tornillos y forrando todas las esquinas con relleno esponjoso.

Ni bien, terminó de instalarla, Liam quiso probar su escalera y con mucho cuidado el subió muy despacito ante vivas de su mami que decía – tú puedes mi amor – y ante el apoyo de Quinn – venga Liam, ya lo tienes campeón – ambas mujeres dándole su soporte y apoyo para que él lo logre sólo, ambas muy atentas por si él trastabillaba y caía, colocando una mano debajo de su espalda, pero sin tocarlo, más aún eso no iba a pasar, Liam no cayó.

Liam, todo un Berry, subió al principio despacito, pero pudo hacerlo, poniéndose muy feliz cuándo logró subir a su cama - yo pude, yo pude – gritaba él muy feliz dando saltitos en su cama y de ahí practicando a bajar y a subir.

Una escalera con barandales de cuatro escalones, toda una monada.

Liam pudo y se puso muy feliz.

- ¿Qué se dice mi amor? – le preguntó Rachel sentada en la cama de un lado mirándole a Liam que estaba parado en su camita, mismo que fue hacia Quinn que estaba sentada en el otro lado de la cama, quién dijo – muchas gracias Quinn – con su mejor sonrisa, marcándose hoyuelos en su carita, muy hermoso el peque.

- Awww – lo arrulló Quinn, dándole un gran abrazo apapachante, un abrazo de oso y repartiendo muchos besitos en su mejilla, ella totalmente encantada del peque, quién lucía muy feliz. Y ante una Rachel que se sentía invencible, eterna, muy completa y demasiado feliz para ponerlo en palabras, con el corazón lleno de orgullo por su peque, por Quinn, por ambos y con mucho amor para dar y regalar.

Quinn aprovechó para acomodar el pelito de Liam, sus pequeñas ondas – eres muy lindo Liam – dijo ella

- Lo sé – contestó él, haciendo reír a ambas mujeres.

- ¿La tía Tana? – preguntó Quinn con una ceja levantada

- Sí – contestó él con una gran sonrisa – ella es muy cool – dijo él aún sin saber que significaba esa palabra – ella lo dice mucho así que así debe ser – concluyó el cuchi y Quinn estuvo de acuerdo.

Sí, Santana era genial después de todo.

Quinn le agradeció mentalmente por estar siempre al pendiente de Rachel y el bebé, ella estaría para siempre agradecida.

La tarde después de eso pasó sin aspavientos, los tres interactuando, viendo pelis, pasando las siestas, dibujando, cantando, bailando, simplemente disfrutando uno del otro, ocupándose para aguantar la cuarentena.

Es así, que ya a la noche, Quinn después de bañarse, se encontraba cambiada con un pijama de Rachel intentando dormir en la cama de invitados, ya en su tercer día, el peque durmiendo en el suyo, y Rachel ocupada en su laptop en su cuarto, con sus clases.

En tres días había pasado mucho y a la vez no, mucho en cuanto a lo del virus, las personas caían muertas sin más y eso era aterrador. Cada vez la gente se ponía más nerviosa, el gobierno ordenó cuarentena, toque de queda a partir de las 6pm a 5am, salir sólo cuándo sea necesario.

Y ella cumplía todo, así que en cuánto al virus, todo iba de mal en peor, en cuanto a sus sentimientos por Rachel, ellos seguían creciendo cada vez más, y eso también le asustaba de sobre manera, la posibilidad de arruinarlo, eso la aterraba tanto o más que la posibilidad de estar infectada.

Los hospitales iban a saturarse con el tiempo, ellas estaban en la ciudad, dónde todo estaba más expuesto. Quinn quería escapar con Rachel, con Liam, hacia una zona más rural, el campo, mientras más aisladas estuvieran, todo sería mejor.

- Virus de mierda – se quejó ella, había que tener mucha paciencia, paciencia que ella no tenía, pero tenía que tenerla – joder – murmuró intentando dormirse, pero no podía.

Un golpe seco sonó abruptamente, ruido captado por ella al tener la ventana abierta.

- Puede ser cualquier cosa – dijo Quinn – el tiempo dirá que es – soltó ella. Pero por si acaso y sólo por si acaso, se levantó y revisó todas las entradas, las ventanas, el balcón, todo, viendo levemente por la puerta abierta a Rachel reír aparentemente con Jesse por videollamada, por lo que sea que se tratase.

- Capullo – murmuró ella y es que, ella le guardaba rencor desde que él le tiró muchos kilos de huevos a Rachel, hiriéndola físicamente y emocionalmente. Rachel lo había perdonado, pero ella perdonaba a todos también, no le guardaba rencor a nadie. En cambio, Quinn sí, ella guardaba todo, al igual que un elefantito, ella era un elefantito – capullo – repitió.

Quinn revisó todas las entradas sólo para cerciorarse que no era nada grave, e incluso sacó su cabecita por la puerta, mirando hacia el pasillo, coincidiendo a un tipo que también se había asomado a la puerta siendo obvio para Quinn, qué él había oído el mismo ruido que ella.

- Hey vecina, ¿supongo que lo has oído? – le preguntó un chico que según su juicio se parecía mucho a Sam, alto, atlético, rubio, sonrisa coqueta, - soy Kyle – le saludó desde lejos

Quinn asintió e iba a decir – soy Quinn – cuando una voz muy decidida dijo - ¿Amor ya viste que era?

- No corazón – respondió Kyle – mujeres, sólo tienes que amarlas eh – dijo el chico acompañando sus palabras con un ademán

- Ven aquí amor – pidió su mujer

- Sí mi amor – contestó el sujeto muy azotado despidiéndose de Quinn con la mano.

- Tan guapo y tan azotado – observó Quinn cuando se escuchó la voz de Rachel desde dentro del departamento diciendo – Quinn ven aquí, por favor

- Sí cariño – contestó ella dándose cuenta que también estaba muy azotada, y no le importaba para nada aquello.

- ¿Algo interesante? – le preguntó Rachel levantando una ceja desde su cuarto

- Mierda – pensó Quinn en lo sexy que estaba ella con tan sólo un gesto – estoy tan, pero tan jodida – se dijo – y no me importa para nada, mientras siga sonriéndome así – dijo su parte muy pero muy azotada y a la par enamorada internamente, hasta las ramas.

- ¿Quinn? – preguntó ella al no tener respuesta.

- Oh sí – dijo Quinn pensando en la pregunta de Rachel - ¿cuál era? – se dijo internamente.

- Quinn, la puerta – dijo Rachel con una sonrisa pequeñita.

- Joder, pero qué hermosa – pensó ella sonriente

- Ah sí, ah sí – replicó ella – oí un ruido y fui a ver, pero no había nada, supongo que ya sabremos que pasa con el tiempo – dijo subiendo sus hombros

- Ok – respondió Rachel volviendo a su laptop, oyéndose un comentario de fondo, de Jesse que la hizo reír, eso enojó a Quinn, que volteó a su cuarto, renegando y murmurando, cosa que, aunque ella no vió, Rachel sí, cortando de golpe la conversación con Jesse, para ir tras Quinn.

Quién ya en la seguridad de su cuarto, siguió murmurando por el fantoche de Jesse, por Brody, etc, recostándose en su cama, y cubriéndose con su manta de elefantitos, de lado, a seguir renegando.

Ella estuvo así por unos minutos más, hasta que la puerta se abrió entrando Rachel y aunque ella estaba de espaldas a la puerta, igual la sintió entrar.

Rachel entró con su pijama puesto mordiéndose el labio, por no saber cómo iba a reaccionar Quinn, más cómo la vio renegando, eso sólo la hacía ver adorable imposible de enojarse o de no arrullarla.

Rachel se subió a la cama, cubriéndose con la manta y abrazando a Quinn por detrás siendo ella la cuchara grande para variar, ella oyó un suspiro de Quinn, y eso le dio la valentía para seguir adelante. Rachel colocó un beso muy dulce en la nuca de Quinn y dijo – no reniegues, cariño, eres demasiado adorable para tu propio bien – colocando un besito otra vez en su nuca.

Cosa que provocó un ruidito sumamente delicioso de Quinn, que a Rachel le encantó, eso y algunos murmullos más.

- ¿Qué corazón? – le preguntó encantada – deja de murmurar Quinni – eso produjo algunos bufidos de Quinn y unos besos de ella a las manos de Rachel, mismas que la abrazaban por detrás.

- Está bien – soltó Quinn volteándose y pegando su frente a la de Rachel, ambas sintiendo un escalofrío por sus columnas.

- Joder – soltó Quinn con los ojos cerrados, mismo que sintió Rachel acurrucándose en Quinn, con su cabecita en el espacio entre su cuello y su hombro.

Y así, ambas, sin una sola palabra, entendieron el punto de vista de la otra, y el porqué de ambas, y así, acurrucadas y muy gustosas se volvieron a dormir.

Un lindo y pequeñito Liam se uniría en la mañana a ellas, acurrucándose en el medio, así era cómo debía ser, decidieron ambas chicas.