Capítulo 2

2019

Bella POV

Me observé al espejo.

–Ellos me odian, pero eso va a cambiar, cuando me conozcan será distinto –suspiré –¿A quién engaño? –bufé frotándome la frente.

–Al menos el hermano borracho, te quiere –comentó Jessica riendo.

–¡Jessica! –me levanté con rapidez –¡No te desubiques!

No era tonta, notaba como Edward me miraba, pero no podía admitirlo, no era correcto.

–¿Qué? ¿No te has dado cuenta?

–Él solo es amable conmigo –resoné mi cuello.

–Oh por favor, Bella –puso sus ojos en blanco –Se muere de ganas por darte ¡bum bam bum bam! –exclamó meneándose.

–Hola –Edward se apareció de repente.

Aguanté la risa.

–Ay, hola –Jessica se asustó.

–Edward –noté que tenía una botella de Vodka en mano.

–Te ves muy bonita –sonrió mirándome.

–Gracias –asentí acomodándome el cabello.

–¿Me permites? –preguntó a Jessica, casi echándola.

–Sí, claro –ella dejó la habitación, no menos sin antes guiñarme un ojo.

Apreté mis dientes.

–¿Segura que quieres casarte?

–¿Cómo? –creí oírle mal.

–Quiero saber si estás segura de esto, de casarte con mi hermano, de ser parte de esta familia.

–Claro que sí, estoy muy segura –me auto señalé –ya me puse el vestido –ironicé.

–¿Cuánto amas a Jasper?

Fruncí el ceño.

–¿Qué harías por él?

–Bueno… yo…

–Edward por favor –Jasper nos interrumpió.

–¡Se supone que no debes verme, Jasp! –intenté cubrirme.

–No podía esperar más –corrió hacia mí.

Me levantó en brazos y me hizo girar.

–Voy a dejarlos solos –musitó Edward cerrando la puerta.

Besé sus labios.

–Tu hermano se comporta extraño –comenté una vez que me bajó.

–Él es así, siempre fue algo extraño –negó caminando en círculos.

–¿Qué te sucede? ¿Es por tu familia, verdad? –toqué su hombro derecho –Ellos me odian, lo sé.

–No digas eso ¡ellos no te odian, cariño!

–Me doy cuenta, no soy tonta.

–Ellos desconfían siempre de todos, es el problema que tienen los ricos –sonrió.

–¿Ah sí? ¿Es un problema de ricos? –me burlé de él.

–Quieren estar seguros de que me amas, que no estás conmigo por dinero.

–Pero si estoy contigo por el dinero –mordí mi labio inferior.

–¡Maldita! –me hizo cosquillas en el cuello.

Reí.

–Yo te amo, Jasper, con dinero o sin dinero –admití.

–Lo sé –apretó mis manos.

–¿Qué sucede? ¿Estás nervioso? –le sudaban demasiado las manos.

–No, no –negó.

Sabía que mentía.

–Oye, no tienes que avergonzarte de estar nervioso, yo también estoy nerviosa, es normal –hice una pausa –bueno, eso creo, nunca antes me casé –le miré fijamente.

–Sí, es eso –agachó la mirada.

Sentía que aún me ocultaba algo.

–Te amo, Isabella –besó mi frente –Solo quiero que seas feliz ¿sabes?

–Lo soy, cariño, lo soy –respondí.

–Tus padres adoptivos llegaron hace un rato, están abajo con los demás invitados –comentó luego –¿Quieres que le diga a tu padre que suba?

–Sí, dile que venga, ya en unos minutos deberíamos comenzar la ceremonia.

–Todo saldrá perfecto –se quedó tildado un minuto.

–¿Cariño? –acaricié su mejilla.

–¿Qué?

–¿Seguro estás bien?

–Sí, perfecto –aclaró su voz –Te espero abajo, no me dejes plantado –sonrió.

–No lo haré –reí.

–El novio debería estar con los invitados –su odiosa tía ingresó a la habitación.

–Ya voy, tía, solo quería ver a mi futura esposa una vez más antes de la boda –indicó acercándosele.

Ella clavó su mirada en mí, era espeluznante.

Podía sentir su odio.

¿Por qué esa mujer siempre estaba tan amargada?

–Nos vemos en el altar –murmuró él antes de irse.

Me senté frente al espejo y retoqué mi cabello.

Minutos más tarde, mi padre cruzó la puerta.

–¿Estás lista, Bella?

–Sí, estoy lista –tomé el ramo de flores.

–¿Estás segura de que quieres casarte con este tipo?

–¿Qué? –fruncí el ceño.

–No lo sé, su familia es algo diferente a ti, no parece que vayas a encajar ahí.

–Por dios, papá –golpeé mi frente –¿Acaso no puedes solo estar feliz por mí, al menos una vez?

–No serás feliz con esta gente, esa es la verdad.

¿Por qué siempre me tiraba mierda?

–Solo sostén mi brazo y no me dejes caer, es lo único que te pido ¿eso es posible?

–Sí, está bien.

–Bien –bufé.

La marcha nupcial comenzó a sonar.

–Es hora, vamos –avancé por la larga alfombra blanca.

Al final me esperaba Jasper con una gran sonrisa en su rostro.

Apreté el brazo de mi padre, tenía miedo de caerme.

Los invitados volteaban a verme. Todos sonreían regocijándose.

La tía Sulpicia fue la última en voltear a verme, arrugo el entrecejo y realizó una mueca de asco.

Le clavé las uñas a mi padre en el brazo.

–Cariño –Jasper estiró su mano hacia mí.

Mi padre me dio un beso en la mejilla –Te lo dije, esta gente no te quiere –susurró en mi oído.

Tomé la mano de Jasper, evitando responderle a mi padre.

¡No iba a arruinar mi día!

–Por favor, todos siéntense –pidió el sacerdote moviendo sus manos en el aire –Estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a Jasper Cullen e Isabella Swan.

Una vez que la ceremonia acabó, todos los invitados se dirigieron al gran comedor por unos tragos.

–Felicidades –la hermana de Jasper, Rose, se nos acercó –Ahora seremos hermanas –indicó agarrándome de las manos.

–¡Sí! –sonreí llena de felicidad.

–Estoy feliz por ustedes, de verdad, tú me caes mejor que Tanya –me abrazó.

Tanya era la esposa de Edward, la verdad era que no parecía una persona agradable.

La organizadora me toco el hombro izquierdo –Señorita Swan, es hora del vals.

–Sí, es verdad –le entregué el ramo –Hay que bailar el vals, Jasper –di un par de saltitos, como una niña que acaba de recibir su regalo en navidad –discúlpanos Rose –lo llevé hasta la pista de baile.

El musicalizador nos hizo señas.

Comenzó a sonar un hermoso vals.

–Esto es perfecto –apoyé mi cabeza en su hombro.

–Sí, lo es –sus brazos me rodearon.

Bailamos durante un rato, el tiempo parecía eterno, el entorno se desvanecía.

Me sentía amada.

Alguien me rozó la espalda –¿Puedo? –su madre me pidió una pieza con él.

–Claro, señora Cullen –asentí cediéndole mi lugar.

Nadie se acercaba a mí.

Entrelacé mis dedos algo nerviosa.

–¿Necesitas ser salvada? –Edward me tomó de la cintura.

–Algo así –musité bailando con él.

–Esta noche –hizo una larga pausa.

–¿Esta noche…?

–Quizás deberían huir después de la fiesta –comentó.

–¿Qué? –fruncí el ceño confundida.

–Como una aventura –aclaró luego.

–No creo que Jasper desee eso, además tu madre nos pidió que pasáramos la noche en la mansión.

Me presionó contra su cuerpo.

–Edward –murmuré.

–¡Ed! –su esposa lo agarró del brazo, evité mirarla a los ojos –¿Acaso ya estás borracho?

–No hagas una escena aquí, Tanya –bufó él.

–Bailaré con ella –lo empujó para luego tomarme de los brazos.

El silencio nos invadió.

Deseaba que alguien me rescatara de ella.

–¿Bailarías con tu suegro? –Carlisle estiró su mano hacía mí.

La tomé sin dudarlo.

–¿Está feliz por la boda? –le pregunté algo temerosa por su respuesta.

Sonrió sin hablar.

Él no aprobaba esta boda, era obvio.

–Yo soy muy feliz con su hijo –admití.

–¿Me devuelves a mi esposa? –Jasper me agarró por detrás.

–Claro, disfruten este momento –por un segundo se miraron fijamente.

Jasper se tensionó.

–¿Cariño, te sientes bien? –moví su mano.

–Sí –besó mi frente.

Cuando la fiesta acabó, nos dirigimos a la mansión, estaba anocheciendo.

–¡Estoy emocionada, ahora eres mi esposo!

Me llevó en sus brazos hasta la habitación.

–¿Aquí dormías de niño? –pregunté una vez que me lanzó sobre la cama.

–Sí, aquí dormía –se tiró a mi lado.

–¿Cómo se sentía? –desarmé mi peinado.

–¿Qué cosa?

–Ser parte de una hermosa familia –me puse algo melancólica.

–¡Tú tienes una hermosa familia!

–Sabes que eso no es una familia –respondí cruzándome de brazos.

–Ellos te quieren, Bella.

–Yo no lo siento así.

–Además –se sentó –mi familia no es una "hermosa" –encomilló –familia –resopló negando –ellos son… muy especiales, diferentes.

–Tus padres te aman, Jasp, eso se nota, eres la luz de sus ojos.

–Puede ser –respondió dudoso.

–¿Acaso lo dudas? –froté su brazo –Yo quisiera que tu familia me amara como te aman a ti –deseaba ser parte de una familia de verdad, lo deseaba con todo mi corazón.

–Ellos van a amarte, solo dales tiempo –se subió sobre mí.

–Mmmm –mordí mi labio inferior –¿Está buscando sexo Sr. Cullen? –desabotoné su camisa.

–Así es señora Cullen –levantó mi falda.

–¡Carajo! –grité al ver a su tía parada al borde de la cama mirándonos –¿Qué hace ella aquí?

–¿Qué sucede tía? –Jasper se acomodó la camisa.

–Ya sabes lo que debes hacer –gruñó mirándome de reojo.

–Queríamos algo de privacidad, acabamos de llegar…

–¡Tienes que llevarla al comedor, hay que jugar! –lo interrumpió de forma altanera.

–Sí, ya bajamos –susurró él agachando la cabeza.

–¿Jugar? ¿Jugar a qué? –no entendía a qué se refería.

–Hay una tradición en mi familia –se rascó la cabeza –en la noche de bodas de un miembro familiar debemos juntarnos en el salón y jugar un juego –explicó tembloroso.

–¿Qué juego?

–Uno al azar.

–¿Uno de los que creó tu familia? –su familia era rica gracias a la industria de los juegos de mesa.

–No, es un juego que mi bisabuelo obtuvo.

–¿Y qué juegos al azar podrían tocarnos?

–Los clásicos –se encogió de hombros.

–¿Ajedrez? ¿Poker?

–¡Bajen ya, Jasper! –la tía insistió desde el pasillo.

–Ve tú, adelántate, me acomodaré el cabello –señalé mi cabeza, era un desastre.

Me dirigí al baño para peinarme, me quité las hebillas y lo mojé un poco.

–¿Un juego? –reí, parecía un plan algo tonto, pero no podía ser tan malo.

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Edward POV

–¿Dónde está ella? –insistió Tanya.

–Ya bajará, por dios, no te pongas densa –me serví un trago de Whisky.

–Mamá –Jasper se arrodilló a su lado –¿No podemos evitar este momento?

–Hijo, por favor, sabes que no –ella negó tomando su mano.

Él se alejó bufando.

–Es una carta de diez, hermano –palmeé su espalda –sacará la carta indicada y la noche acabará pronto.

No creía realmente lo que le decía.

Me sentía aterrado por la idea de que Bella sacara la carta EL ESCONDITE.

–Buenas noches –Bella cruzó la puerta.

–Hola bonita –mi madre se le acercó –¿Quieres un trago?

–Claro, el mismo que usted esté tomando –siempre intentaba integrarse –¿Y los niños? –preguntó tocando el hombro de mi hermana.

–Duermen, es muy tarde para ellos –respondió.

–Oh, claro –se golpeó la frente –Es que creí que querrían jugar.

Tosí.

–Ven –mí madre le pidió que se sentara a su lado en el sofá –Toma tu trago, es un Vodka con limón.

Me senté con ellas, deseaba oír su conversación.

–Quería pedirte un favor –le dijo mi madre.

–Sí, dígame –le dio un sorbo al trago.

–Jasper se alejó mucho de nosotros, yo quisiera que volviera… y creí que tú podrías convencerlo.

–Claro, yo hablaré con él.

–Es mi bebé y no quiero perderlo –tragó saliva –¿me comprendes, verdad?

–No lo perderá, señora Cullen, se lo prometo.

–Dime Esme –se abrazaron.

–Es hora de ir al cuarto de juegos –mi padre nos hizo señas.

Caminé detrás de Jasper, le temblaban las piernas.

Mi padre abrió la puerta de la habitación prohibida –Pasa querida –le pidió a Bella que ingresara primero.

–Que nervios –aplaudió entusiasta –¡Que increíble lugar! –exclamó mirando a su alrededor.

Esa habitación me generaba repulsión.

–Vamos, Edward –Sulpicia me empujó dentro.

Nos sentamos en una mesa redonda.

–Bueno, Isabella, te explicaré como inició esta tradición familiar –mi padre se quedó de pie –Fue hace muchos años, mi bisabuelo, Eleazar Cullen, hizo un trato con un hombre. Este hombre le prometió una riqueza infinita si cumplía una promesa.

–¿Cuál era la promesa? –dijo ella intrigada.

–Cada vez que alguien ingresara a la familia, debíamos jugar un juego.

–Eso es interesante.

–Se debían seguir las reglas del juego, sino, la familia perdería todo –abrió un cajón –Esta –le mostró la caja de madera –es una caja, y tiene diez cartas dentro.

–Ajam –ella asintió.

–Apretarás este botón –señaló el botón rojo –y las cartas se mezclarán. Saldrá una carta por esta ranura, con el nombre del juego que debemos jugar.

–¿Tú tuviste que jugarlo cuando se casaron? –miró a Demetri.

–Sí, lo hice, ajedrez –aclaró suspirando.

–Truco –Tanya levantó la mano.

–Bingo –respondió mi madre.

–¿Qué crees que me toque a mí? –posó su mano en la pierna de Jasper.

–Yo… no lo sé –le caía una gota de sudor por la frente.

–El bingo fue fácil –interrumpió mi madre.

–Saca una carta, Isabella, estoy ansioso por ver que sacas –mi padre le entregó la caja.

Ella presionó el botón rojo, podía oír las cartas barajarse.

A ella no, por favor, a ella no –pensé.

La carta salió por la ranura.

–¡Ay, a ver! –Bella la dio vuelta.

EL ESCONDITE

No sabía que decir.

Miré a Jasper, tenía los ojos llenos de lágrimas.

Mi madre se tapó la boca.

–¿Enserio? ¿Jugaremos a escondernos? –preguntó ella riendo.

Nadie le respondía.

–Sí, tú tendrás que esconderte, y nosotros te buscaremos –Sulpicia se levantó.

–¿Solo yo debo esconderme?

–Sí, solo tú. Te escondes lo mejor que puedas, contamos hasta cien, y debemos encontrarte antes del amanecer, Isabella –siguió mi padre.

–¿Cuándo comenzamos?

–Ahora, ve a esconderte –ordenó mi padre señalándole la puerta.

Jasper la agarró del brazo y le susurró algo al oído.

–¿Qué? ¡No, yo quiero jugar! –refutó ella.

–Hazme caso –suplicó él.

–Ve, Isabella, ve –mi padre cerró la puerta una vez que salió.

–Hay que empezar –Tanya sonrió con perversión.

–No seas cruel, Tanya –la sacudí.

–¡Auch, Edward! –se quejó alejándose.

–Por favor, mamá, no lo hagan ¡ella no merece esto! –Jasper se lanzó al suelo y la agarró de la falda.

–Ella sacó la carta –interrumpió Demetri.

–Cien, noventa y nueve, noventa y ocho –Sulpicia comenzó a contar.

–¡Cállate, Demetri! ¡Esa carta debió ser para ti aquella noche! –gritó mi madre furiosa –¡Te he aguantado lo suficiente, no acabes con mi paciencia!

–¡Mamá! –Rose se interpuso entre ambos.

–Bien, agarren sus armas –mi padre comenzó a repartirlas.

A mí me tocó un rifle.

Sulpicia tomó un hacha, mientras mi madre elegía el arco con flechas.

–No sé usar esto –refunfuñó Demetri cuando mi padre le entregó una ballesta.

–¡Búscalo en google! –Sulpicia gruñó.

–¡Por favor, no lo hagan! –Jasper sostuvo a nuestro padre de la camisa.

–Hijo, es la tradición, debemos hacerlo por la familia, ella sacó la carta EL ESCONDITE, sabes cómo funciona –cargó la escopeta.

–¡No, por favor!

Tanya tomó una pistola –Me gusta esta –parecía disfrutarlo.

–Me das asco –susurré en su oído.

–Vete a la mierda –respondió repugnándome.

–Sabrás usar esta –mi padre le entregó a Rose, un arma como la que había agarrado Tanya –Es fácil, solo tienes que jalar del gatillo.

–Okey –la posó sobre la mesa, sacó de su bolso un frasco con pastillas y se tomó dos.

Le quité el frasco de las manos, decía PROZAC.

–¿Para qué son?

–¿Qué te importa? –me pegó en las manos –¡Dame mis pastillas!

–No tienes que ir, hijo, quédate aquí, nosotros haremos esto –mi madre ayudó a Jasper a recostarse en el sofá.

–No puedo permitir esto, por favor –me observó –Edward, Edward, te lo suplico –juntó sus manos –no la mates, te lo suplico.

–Si no lo hacemos, toda la familia caerá en la ruina –Sulpicia le pegó una bofetada –¡No seas chiquilín!

–¡Eres injusta conmigo!

–Tres, dos, uno –sonrió Sulpicia –Hay que ir por ella, que sea rápido –ordenó abriendo la puerta.

Agarré una botella de Whisky antes de salir.

–Demetri, cierra con llave –ordenó mi padre.

–¡No me encierres, padre! –gritó Jasper del otro lado golpeando la puerta –¡Por favor no le hagan daño, por favor!

Caminé hacia el estudio, me colgué el rifle, y abrí la botella –¿Te quedarás aquí bebiendo? –Tanya cargó el arma.

–Sí, eso haré.

–¡Eres un tonto!

–¡Ve a matarla! ¿Es lo que deseas, cierto?

–Lo hago por todos nosotros, por ti. No es por mala, Edward –intentó victimizarse.

–Sí, seguro –resoplé –Cuando te dije que mi familia hacía esto, te pareció cool.

–¡Iré a buscarla! –me hizo fuck you.