Capítulo 3

Bella POV

Me quité los zapatos, correteé hacia las escaleras, y subí apresurada.

¡Qué tradición más extraña!

¿Dónde carajos me voy a esconder?–reí buscando un sitio donde meterme –¿Bella que hicieron la noche de bodas, follaron? –imité la voz de Jessica –No, jugamos a las escondidas –puse mis ojos en blanco.

La situación era algo bizarra.

Encontré una puerta, giré la perilla, estaba cerrado.

–¡Diablos!

Me apresuré, miré hacia arriba, había un ático.

Mordí mi labio inferior –¿Debería? –dudé.

Salté para agarrar la manija.

Tiré de ella, la escalera bajó.

Remangué mi vestido, subí con cuidado.

Casi no se veía nada, por una pequeña ventana entraba la luz de la luna.

–Siento que estoy en una puta película de terror –temblé.

Subí las escaleras y trabé la puerta.

No creo que me encuentren aquí.

¿O es un escondite muy obvio?

Me senté en un rincón.

Tosí, había mucho polvo.

A mi lado había una pila de cajas.

FOTOS FAMILIARES

Revisé algo intrigada.

Saqué un álbum de fotografías –¿Dónde estás, cariño? –busqué alguna de Jasper.

Encontré una de Esme con un bebé en brazos.

En el pie de foto decía Edward Cullen.

Sonreí, se veía muy dulce e inocente.

Pasé unas páginas, había muchas fotografías de la familia, pero en ninguna estaba Jasper, al final, encontré una fotografía de Esme embarazada.

Revolví la caja en busca de otro álbum.

–¡Aquí estas! –encontré las fotografías de Jasper de pequeño –Owwwww –tomé una donde parecía tener unos seis o siete años, decidí robármela.

¿Quién iba a notarlo?

Había unos baúles en la otra esquina.

¿Qué había ahí?

Era muy curiosa.

Me acerqué caminando en puntita de pies.

Uno de ellos estaba cerrado con candado.

–¿Qué guardan aquí? ¿Oro? –reí.

El otro tenía tallado el nombre de SULPICIA CULLEN

¿Debía revisarlo?

Dudé.

–Bueno, en realidad no se enterará –susurré con picardía.

Lo abrí, había un vestido de novia allí.

¿Sulpicia se casó?

¿Acaso sería viuda?

Había un par de fotografía sueltas, parecían ser de ella, pero más joven.

–¿Y este quién es? –había un hombre en esas fotografías con ella.

¿Sería su esposo?

Miré detrás de ellas, en una decía SULPICIA & ARO – LONDRES 1998

–¿Un VHS? –me causó gracia encontrarlo, hacía años que no veía uno.

BODA SULPICIA & ARO 1999

¡Sí, ese era su esposo!

¿Acaso había muerto? ¿O estaría divorciada?

Porque con esa mala vibra ninguna persona podría soportarla.

Ya comenzaba a aburrirme.

Cerré el baúl.

Caminé de un lado a otro, bufé.

–Esto es un poco ridículo, voy a ir a la habitación a encontrarme con él –Jasper me había pedido que lo viera ahí para evitar jugar.

¡No iba a pasar toda la noche aquí arriba husmeando en viejas cajas!

Abrí con cuidado, asomé el rostro, no había nadie en el pasillo.

Bajé lentamente.

–Bueno ya está, si pierdo, pierdo, ya fue –me encogí de hombros.

Caminé hacia la habitación de Jasper.

Oí la voz de Rose en las escaleras.

Me apresuré, cerré la puerta detrás de mí.

Me lancé en la cama, tiré los zapatos a un lado.

–Uffff, que nochecita –no era lo que había imaginado para mi noche de bodas.

Alguien me tapó la boca con fuerza.

–Mmmmmmmm –me desesperé.

–¡Shhhhhh! –era Jasper, parecía asustado.

–¿Qué pasa? –lo miré atónita –Vine porque ya me estoy aburriendo, esto es ridículo, cariño, ya no quiero jugar.

–Bella, no entiendes…

–¿Y si mejor dejo que me encuentre Rose? ¿Ella ganará algo por hacerlo? La oí en las escaleras –señalé levantándome de la cama.

–¡No! –me zamarreó del brazo.

–Ayyyy –lo empujé –me estás haciendo mal –caminé hacia atrás –¿Qué mierda te está pasando?

–Ellos no pueden encontrarte, Bella.

–¿Por qué no?

–Ven –me agarró con fuerza del brazo.

–¡Me haces mal!

–Ven, vamos Bella –empujó una pared, se abrió una puerta.

–¿Y eso?

–Eran los pasillos de la servidumbre –aclaró.

–¿Por qué quieres ir ahí?

–¡Tenemos que irnos, escapar!

–¿Ese es el plan de Edward? –reí.

–¡Esto es serio, Bella! ¡No comprendes! –gritó.

–No, no comprendo –negué frunciendo el ceño.

–¡Ellos van a matarte!

Lancé una carcajada.

–¡Eso es ridículo!

–¡Vamos! –insistió forzándome a entrar ahí.

–¿Alec, estás por ahí? –se oyó una voz.

–Mierda –Jasper intentó agarrarme.

–Iré fuera ¡estás asustándome, Jasp! –me dirigí a la puerta.

Me lanzó al suelo y me metió bajo la cama.

–¡Jasp! –exclamé antes de que me tapara la boca.

–¿Alec? ¿Estás aquí dentro? ¡Oí ruido, no soy sorda! –alguien entró en la habitación –¿Dónde te metiste, mocoso?

–Shhhhhh –Jasper tenía los ojos llorosos.

¿Qué carajo le pasaba?

¿Acaso estaba borracho?

¿Qué su familia iba a matarme? ¡Sí, claro!

¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Era parte de la tradición? ¿Asustar a la novia?

De repente se oyó un disparo.

Me estremecí.

–¡La tengo, la agarré! ¡La tengo! –Rose ingresó en la habitación desaforada.

La niñera de los niños, Maggie, cayó al suelo.

Abrí los ojos como una lechuza.

Tenía un balazo en la frente.

–Shhhhh –Jasper insistió en que hiciera silencio.

–¡Mierda, Rose! ¡Mataste a Maggie! –gritó Carlisle furioso –¡Eres una tonta!

–Creí que era Bella, lo siento –sollozó.

–¿Ella lleva un vestido de novia? –oía la voz de Sulpicia en el pasillo.

–No –respondió Rose.

–¿Entonces porque le disparaste, imbécil? ¡Solo debes matar a la novia! ¡No a la servidumbre!

¿Matar a la novia?

¿Acaso Jasper tenía razón? ¿Querían matarme?

¿Pero porque? ¿Qué les había hecho?

El charco de sangre cada vez se hacía más grande.

–Hay que sacar el cuerpo, si ella lo ve, va a intentar escapar, y no es lo que queremos –susurró Esme –Vamos, ayúdame Rose.

La tomaron de las piernas y la arrastraron hacia el pasillo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

¿Por qué hacían esto? ¿Por qué?

–Cierra la puerta con llave, luego limpiaremos la sangre –ordenó Carlisle.

–Vamos, tenemos que huir –susurró Jasper tomándome del rostro.

–¿Qué mierda fue eso? ¿Qué carajos pasa aquí?

Salimos de debajo de la cama.

–¿Qué carajo, Jasper? ¡Tu familia está loca!

–Shhhh, no grites, cariño –me tapó la boca nuevamente.

–¡Suéltame, carajo! ¡Son unos malditos locos! ¡Rose le disparó a la niñera!

Observé la sangre en el suelo.

Me dio una arcada.

–¿Por qué lo hacen? ¿Por qué?

–Ellos creen que deben hacerlo… te lo explicaré todo, pero ven conmigo, tenemos que huir ¡tenemos que irnos, ya!

Se dirigió a la puerta secreta.

–Vamos, Bella –estiró su mano.

Lo seguí.

–¿A dónde vamos a ir?

–Vamos a intentar salir de la casa.

–¿Intentar salir?

–Bloquearon todo –explicó.

–¿Qué? –me detuve –¡Explícame que pasa aquí! ¡Necesito saber porque mierda intentan matarme!

Se detuvo.

–Ellos necesitan hacerlo, es su creencia, mi padre te lo explicó.

–¿Lo hacen para no perder el dinero? ¿Por ese misterioso hombre con el que Eleazar hizo el trato? ¡Eso es una estupidez, es pura mierda, Jasper! –me froté la frente –¿Acaso crees eso?

–No, claro que no –negó –yo no… no lo creo... pero –tragó saliva –la realidad es que cuando alguien de la familia no cumple la tradición… pues…

–¿Qué?

–¡Mueren, Bella, mueren trágicamente! Mi bisabuelo hizo un trato con el diablo, o al menos, eso creyó.

Cada vez estaba más confundida.

–Mi familia sacrifica cabras cada año, en junio, el día seis a las seis de la mañana –explicó –ellos lo hacen para venerar al diablo, creen que deben hacerlo, creen en la palabra de Eleazar, él se los ordenó. Y cada vez que alguien se ha alejado de la familia queriendo una vida "normal" –encomilló –ha muerto –dio una bocanada de aire –mi primo Sam murió el verano pasado –tembló –decidió casarse con una mujer, decidió alejarse de todo esto, tal como yo lo hice –señaló –al día siguiente a la boda murió, él y su esposa. Tuvieron un accidente con el coche, fueron decapitados.

Fruncí el ceño.

–Cuando oí esa historia lo supe, tenía que volver, tenía que seguir la tradición, si no lo hacía moriríamos.

–Me trajiste aquí, sabiendo que me harían esto ¡estás loco! –lo empujé furiosa.

¿Cómo pudo hacerlo?

–¡Había diez cartas en la caja, Bella! ¡Diez! –sollozó –podrías haber sacado cualquier otra carta, como mi madre, como Demetri, como la tonta de Tanya –bufó –pero te tocó EL ESCONDITE, y eso significa una sola cosa, que deben matarte antes del amanecer, deben hacerlo para complacer al diablo, si no él nos castigará a todos.

¿Cómo pudo arriesgar mi vida así?

–¡Son unos enfermos! ¡Esa tontería del diablo es pura mierda! ¡Tú primo sufrió un accidente, Jasper, no fue el diablo quién lo mató!

–¿Y qué hay de Riley, el hermano de mi padre? –refunfuñó –Él también murió cuando desafió la tradición.

–¿Y cómo murió él?

–A los tres días de casarse, una fuga de gas, explotó su casa.

–¡Otro accidente, Jasper! ¡Es solo una coincidencia!

–No lo sé… hay más casos, no son solo ellos.

–¿Más casos? ¿Quién te dijo eso, tu padre?

–Sí, él nos contaba las historias –respondió –éramos solo unos niños, Bella –se excusó –nos contaba detalles de nuestros antepasados, de cómo morían los que no cumplían las reglas.

¡Eso era escalofriante!

–¿A ti, a Edward y a Rose?

–Sí, antes de ir a dormir.

¿Qué loco le haría algo así a sus hijos?

–¿Entonces si crees esta mierda?

–Yo no sé qué creer. Tuve miedo, por eso te traje aquí, quería que fueras feliz, quizás me equivoqué.

–¿Feliz, así?

–¡Querías casarte, dijiste que el matrimonio era importante para ti, que querías formar una familia! No quería perderte, tenía que aceptar esto, traerte y jugar un estúpido juego por una noche. Y después seríamos libres.

–¿Ser libres? –reí irónicamente –¡Podrías haberme dicho la verdad! ¡Mira lo que sucede ahora, tú familia intenta asesinarme!

–¿Me habrías creído? ¿Te habrías casado conmigo de igual forma?

–¡Podríamos haber seguido como estábamos, joder, Jasper! –sentía que me ahogaba, me faltaba el aire –me expusiste a esta mierda porque crees en ello –me dolía la mentira –pero dices que vas a ayudarme a huir ¿no?

–¡Sí, te ayudaré, nos iremos lejos!

–Aunque huyamos, el diablo vendría por nosotros ¿verdad? –me arrodillé –tú lo has dicho, crees que todo eso es real, y crees en las consecuencias de romper las reglas.

–Vamos a resolverlo, juntos –pellizcó mi barbilla.

–¿Qué pasó con el esposo de tu tía Sulpicia? –recordé las fotografías.

No respondió.

–¿Jasper?

–Él… él…

–¿Le tocó la misma carta?

Asintió.

–¿Y ella dejó que lo mataran? ¿Cómo pudo? –me levanté apresurada –¡Son todos unos malditos locos, joder!

–¡Vámonos de aquí, Bella, huyamos de una vez, te lo suplico! –tironeó de mi brazo.

Suspiré –¿Y si nos atrapan?

–¡Te defenderé!