Capítulo 4
Jasper POV
Me asomé dentro de la habitación prohibida. Crucé la puerta oculta –No hay nadie –le hice señas a Bella –Ven, vamos –la tomé de la mano.
–No, Jasp, no –negó nerviosa.
–Sí, vamos –insistí –Demetri ya se ha ido –observé la puerta abierta de par en par –de seguro ya sabe que me escapé, irá a decirle a mi padre, debemos ser rápidos.
–¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a salir? –forzó una de las ventanas.
–No, Bella, no te gastes, está todo cerrado –tomé un arma y la cargué con balas.
–¿Y eso?
–Para defendernos –indiqué aclarando mi voz –Necesito desactivar el sistema de seguridad –sentía que la cabeza me explotaba –¡La cocina! ¡Por ahí debemos salir, no habrá nadie allí!
–¿La cocina? ¡Eso está en el piso de abajo! –exclamó –¿Cómo vamos a bajar sin que nos vean?
–Estos pasadizos tienen una escalera para bajar, te la enseñaré.
¿Cómo iba a entrar al cuarto de seguridad?
¿Cuál era la clave?
–Solo necesito la puta clave –dudé.
–¿Qué clave?
–Para ingresar a la sala de seguridad.
–¿Es broma? –se mordió el labio inferior.
–La descifraré, va a ser pan comido –mentí, no tenía idea de cuál podría ser.
–¿Me guiarás hasta la cocina?
–Sí, te ayudaré a ir hasta allá –respondí –y luego iré a desactivar el sistema de seguridad de la casa, lo haré lo más rápido que pueda. A penas se desactive, verás una luz verde en el sensor, sal de la casa, corre hasta el granero –señalé por la ventana a lo lejos una construcción –te encuentro ahí.
–¿Es seguro separarnos?
–Ellos no me harán daño a mí, Bella –confesé avergonzado –Toma, tenlo siempre en la mano –le entregué un cuchillo –por si acaso.
–¿Por si tu loca hermana intenta volarme los sesos? –ironizó tomándolo.
–Vamos, hagámoslo –me metí dentro de los pasadizos.
Bajamos por una escalera caracol –Al final de este pasillo –señalé– para la derecha hay una puerta blanca, vas a encontrar la cocina. Espérame ahí, apenas se ponga verde…
–Lo sé –asintió –corro hasta el granero y te espero.
–Ve –palmeé su trasero.
–No te perdonaré por esta mierda –bufó.
Reí.
–¿Cuál es la puerta? –la cuestioné, necesitaba que recordara cada detalle.
–Por aquí hasta el final, a la derecha la puerta blanca –suspiró rasgándose la falda del vestido con el cuchillo.
–¿Qué haces?
–Estoy incómoda –gruñó.
–Todo saldrá bien –besé su frente con fuerza.
No quería dejarla ir, tenía miedo de que la descubrieran.
Caminé lentamente, miré a los lados y me dirigí a la puerta del cuarto de seguridad.
–¿Cuál es tu maldita clave? –gruñí mirando fijamente el tablero.
.
Edward POV
–¿Qué hicieron? –observé el cuerpo sin vida de Maggie.
–¡Tu hermana le disparó! –gritó Sulpicia.
–¿Por qué lo hiciste? –la sacudí.
–Me confundí, creí que era Bella, no lo sé –se encogió de hombros.
–¿Cómo va a ser Bella, si no llevaba vestido de novia? –mi padre se enfureció.
–Fue un accidente, ya pasó –mi madre la consoló.
–¡Carlisle! –Demetri ingresó a la sala desaforado.
–¿Qué mierda te pasa?
–¡Jasper huyó de la habitación!
–¡Joder! –Sulpicia zapateó –Va a ayudarla ¡hay que encontrarlo, ya!
Comencé a alejarme lentamente.
Jasper de seguro iría al cuarto de seguridad para desactivar las puertas, y así poder huir con Bella, es lo que yo haría.
Lo encontré frente al tablero, el sudor caía por su frente.
–Ese no es el código –susurré verlo ingresar un número erróneo –Y solo tienes tres intentos –indiqué con mis dedos.
Volteó, me apuntó con el arma.
–¡Epa! –levanté las manos –¿Qué crees que haces, tonto?
–¿Y cuál es el código? –preguntó bajando el arma.
–Tu fecha de nacimiento, siempre fuiste el favorito –aclaré.
Ingresó el código 19061992
–¿Le dirás a papá que estoy aquí?
Negué –Hazlo rápido, ellos ya sabes que huiste. Van a venir aquí para ver las cámaras, necesitan encontrarlos.
–Las cámaras están prohibidas por la tradición –rezongó.
Reí.
–Eso no impedirá que lleguen a la conclusión, tarde o temprano, de usarlas como un método más rápido para matar a Bella.
–Ella está esperándome en…
–No me digas, no necesito saber –lo interrumpí.
–¿Qué harás?
–Voy a dar una vuelta por ahí –señalé suspirando.
–¿No la lastimarás, verdad?
–Tranquilo, hermanito.
.
Bella POV
Llegué al final del pasillo, observé a la derecha, había dos puertas blancas.
¿Cuál era? ¡Carajo!
Dudé en elegir una.
Si elegía mal podía llegar a morir.
¿Jasper dijo la última puerta?
Crucé la última, me arriesgué, no podía perder más tiempo.
Tosí, el polvo me cayó sobre el rostro.
Veía borroso.
Entre abrí los ojos, levanté el cuchillo temblorosa, había una estantería con libros frente a mí.
–¿La puta biblioteca?
Volteé para volver al pasadizo, me topé con alguien.
–¿Edward? –me paralicé.
–Bella –murmuró.
–Yo… yo…
Tenía un rifle colgado del brazo derecho.
–Vete –señaló.
–¿No me harás daño?
Negó evitando mirarme.
–¿Edward?
Me observó, sus ojos se fijaron en los míos.
–Vete, Bella –repitió bebiendo del pico de una botella.
Caminé hacia atrás algo temerosa.
–¡Espera! –exclamó –¿Tienes arma?
No sabía si debía responderle.
–¿Sabes usar una escopeta?
–Pues…
Tomó una escopeta colgada de la pared.
Revisó la recamara.
–Solo tiene dos balas –me la entregó.
–No sé usarla –admití.
–Era de mi abuelo, está algo oxidada, pero funciona –afirmó.
–¿Por qué lo haces?
–Solo vete, Bella, mi hermano va a desactivar el sistema de seguridad y podrás huir.
–Gracias –mis ojos se llenaron de lágrimas.
Me metí en el pasadizo nuevamente, sentí una voz.
–Jasper podría usar estos pasadizos, los conoce como la palma de su mano –parecía ser Sulpicia –Recuerdo cuando niño, que jugaba aquí con Edward.
Me estremecí.
Crucé la otra puerta con rapidez.
–Uffff –me relajé cuando noté que estaba dentro de la despensa.
Corrí una estantería para trabar la puerta.
Asomé mi rostro con cuidado.
Observé la puerta de salida, corrí hasta ella.
La luz del sensor estaba roja.
–¡Vamos, Jasper, vamos! –mordí mis uñas.
De repente se oyeron unos pasos.
Me escondí bajo la mesa.
Alguien suspiró al entrar –Que hermosa noche –esa era la voz de un hombre.
No me sonaba familiar su voz ¿quién era?
Observé sus piernas, llevaba pijama.
Oí cuando encendió la estufa.
Asomé mi rostro para verle.
Era el mayordomo, Marcus, parecía que intentaba hacerse un té.
¿Cómo iba a huir?
BIP
–¿Qué carajo? –Marcus revisó la puerta.
¡El sistema estaba desactivado, el sensor tenía luz verde!
Respiré hondo, salí de abajo de la mesa, le apunté a Marcus con la escopeta.
–¡Déjame salir!
Él parecía sorprendido de verme.
–¡Déjame salir! –repetí colocando la escopeta frente a su rostro.
–Eres muy tonta niña –lanzó una carcajada.
–¡Maldito viejo, déjame salir o te dispararé!
–¿Sabes usarla? –negó golpeando la escopeta.
Se me salió un tiro.
Salté del susto.
–¡Dámela, niña boba! –forcejeamos.
–¡Noooo! –si cedía iban a matarme.
Además, después del tiro, se me vendrían todos encima.
¡De seguro todos lo habían oído!
–¡Déjame… salir! –me enfurecí.
Disparé el arma nuevamente, le volé la mitad del rostro.
–Ahhhhhhhhhh –grité al sentir su sangre salpicarme –Oh dios, oh dios, oh –sentí un retorcijón en mi estómago.
Caminé tambaleándome hacia la puerta.
Giré el picaporte, crucé la puerta y corrí lo más rápido que pude.
¡Había matado a una persona!
¡Oh Dios mío!
Me frené, sentí una acidez que subía por mi garganta.
–Guaaaaaaaac –vomité.
¿Qué hice? ¿Cómo pude?
Sentí un disparo, impactó en un árbol a mi lado.
–¡Mierda! –observé a mi alrededor desesperada, Tanya, esposa de Edward, estaba disparándome desde una ventana.
–¡La maldita salió de la casa! –gritó.
Le hice fuck you con mi dedo medio y seguí corriendo.
Llegué al granero, me metí sin pensarlo dos veces, trabé la puerta y me lancé al suelo, sentía que me faltaba el aire, ya no daba más.
–Están todos locos, todos locos –susurré sin poder creer lo que estaba sucediendo.
Me froté los ojos, mis dedos estaban manchados de sangre.
–Oh por dios –sentí nuevamente una arcada.
¡Era la sangre de Marcus!
–¿Bella? –oí la voz de Alec, el hijo de Rose.
–¿Alec, eres tú? –me levanté lentamente, apoyé la escopeta en el suelo.
–Sí.
.¿Dónde estás escondido? –avancé con cautela.
–Me escapé –confesó.
–¿Qué haces aquí, cariño? –pregunté –Eres muy pequeño para estar aquí solo –recordé que Maggie parecía estar buscándolo, cuando fue asesinada.
–No soy tan pequeño –bufó.
–Tienes diez años, Alec, no puedes estar aquí solo a esta hora de la noche, ven, acércate a mí –estiré mi mano.
Se apareció frente a mí.
Observé sus ojos, parecía estar enojado.
–¿Qué sucede, cariño? –me acerqué a él.
Levantó un arma –Mi mamá dice que la tradición es lo importante.
–¡No! –coloqué mi mano frente al arma –¡No lo hagas, Alec!
Disparó.
–Ahhhhhhhhhhhhhh –grité al sentir la bala traspasar la palma de mi mano izquierda.
Temblé.
–¡Maldita sea! –grité cacheteando a Alec.
El niño cayó al suelo.
Observé mi mano ¡tenía un agujero!
–Oh no, no, no –sentía que iba a desmayarme –¡Maldito mocoso endemoniado! –repugné a Alec –Esto era lo único que me faltaba ¡joder!
Caminé hacia atrás, me sentía muy mareada.
Tropecé con algo y caí a una especie de pozo.
–Ahhhhhhhhhhh –entrecerré los ojos.
Parecía que había caído sobre algo blando.
Miré a un lado, había cadáveres de cientos de cabras por doquier.
–¡Ahhhhhhhhhh! –me desesperé, quería salir de ahí –¡Qué asco!
Sentí una puntada en la mano donde tenía el agujero.
–Se me infectará –saqué el cuchillo, corté un trozo de tela de mi vestido y envolví mi mano –Aggggg –el dolor era insoportable.
Intenté levantarme, sentía la carne despedazada de las cabras en mis pies.
¡Maldición, esto era repulsivo!
–Oh, no –esa espantosa acidez nuevamente subía por mi garganta.
Me arrodillé, iba a vomitar.
–Guaaacc –una vez que acabé, levanté la mirada –¡Ahhhhhhhhhhhhhh! –era el cadáver de una persona.
Tenía unas flechas clavadas en el estómago.
–¿El esposo de Sulpicia? –llevaba puesto un traje, y por los años que parecía estar aquí su cuerpo, ya esquelético, me cerraba la teoría de que fuera él –¿Cómo fueron capaces? ¿Cómo pudieron hacerle esto?
Me quedé esperando por Jasper unos minutos, pero jamás llegó.
¿Dónde estaba? ¿Y si le habían hecho daño?
Intenté trepar por la pared de roca, me resbalaba.
Respiré hondo, saqué el cuchillo y lo clavé entre las rocas, parecía servirme para sostenerme al subir.
Mi mano izquierda era prácticamente inútil y cada vez que la movía, sentía una punzada en el corazón. Sentía que iba a morir.
–Yo puedo hacerlo, yo puedo –repetí a mí misma.
¡Tenía que poder! ¡Tenía que sobrevivir, no iba a morir así!
Logré llegar arriba, me titilaba el brazo izquierdo del dolor.
Me levanté, revisé el sitio, Alec se había escapado.
¡Tenía que huir del granero, si Alec le avisaba a su familia, vendrían por mí!
¡Maldito niño!
Decidí dejar la escopeta, ya que no tenía más balas.
Salí fuera, empuñando el cuchillo en mi mano derecha, lista para clavárselo al primero que se me acercara.
Corrí hacia las rejas de salida, quizás podría treparlas y huir por la carretera.
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Jasper POV
Desactivé el sistema de seguridad, observé en las cámaras de seguridad a Bella escondida bajó la mesa de la cocina.
–¡Mierda, Marcus! –el mayordomo estaba ahí, y si la veía, iba a decírselo a mi padre, le era fiel como un perro.
–¿Qué mierda estás haciendo? –oí detrás de mí la voz de mi madre.
–¡No dejaré que le hagan daño! –exclamé disparándole a los monitores.
–¡Nooooo! –gritó mi padre abalanzándose sobre mí.
–No la encontrarán jamás –susurré empujándolo.
–¡Eres un inconsciente! ¡Nos matarás a todos! –me zamarreó.
–¡Carlisle, detente, lo lastimarás! –mi madre lo frenó.
–¡Eres un tonto! ¿Cómo puedes traicionarnos así?
–¡Carlisle! ¡Ella está fuera! –Tanya se apareció de repente –La vi correr hacia el granero hace unos segundos.
–¡Maldita estúpida! –escupí a Tanya.
–¿No intentaste matarla? –Demetri se apareció.
–¡Si tuviera un rifle como Edward quizás lo hubiera hecho!
–¡Ve por la chica, Demetri! –le ordenó mi padre arrastrándome hacia el salón.
–¡Ya suéltame! –le di un codazo.
–¡Átalo, Esme, es un riesgo dejarlo suelto! –Sulpicia frunció el ceño y me observó fijamente –Vergüenza me das, Jasper –señaló rechinando los dientes –de seguro usó los pasadizos, se los dije, los conoce de memoria, ayudó a la chica a huir.
Sabía a qué se refería cuando me decía que le daba vergüenza.
–¡Era solo un niño en aquella época! –grité furioso.
–El karma –murmuró ella sonriéndome.
–Pero… pero… ¿yo debo ir por Isabella? –Demetri se quedó ahí parado.
–¡Sí, ve tú, tráela aquí! –mi padre comenzaba a perder la paciencia –¿Y dónde se metió Edward?
–¿Por qué mi bebu tiene que ir? –Rose refunfuñó.
–No sé usar esta cosa –levantó la ballesta.
–¡A ver, déjame intentarlo! –Rose la sostuvo.
–¡Deja eso, Rose! –exclamé furioso.
–¡Señora Cullen! ¡Maggie y Alec no están! –Irina, la otra niñera, ingresó al salón toda efusiva.
–¡Rose! –grité al notar que una flecha de la ballesta se le acababa de enterrar en el estómago a la joven Irina.
–¡Fue sin querer, lo siento! –la soltó con rapidez.
–¡Eres una tonta! –Sulpicia le dio una bofetada –¡Estás matando a la servidumbre!
–Marcus está muerto en la cocina –Edward se apareció –¿Qué mierda le pasó a Irina?
–¿Marcus muerto? –mi padre se horrorizó.
–¡Fue la chica! –a Sulpicia le hervía la sangre –¡Se los dije, Jasper la ayudó a huir por la puerta trasera!
–¿No oyeron los dos disparos? –refutó Tanya.
–Oh por dios, Irina está aún viva –Demetri realizó una arcada.
Sulpicia levantó el hacha en el aire y le cortó la cabeza sin piedad.
–¡Estás loca! –exclamé cerrando los ojos.
–Con un doctor se hubiese salvado –comentó Edward.
–¿Salvado? ¿Para qué? ¿Para decirle a la policía lo que vio aquí? –Sulpicia no tenía corazón.
–¿Tú le disparaste? –Edward enfrentó a Demetri.
–No, fu–fue –señaló a Rose.
Edward puso los ojos en blanco –¿Por qué le dan un arma a ella?
–¡Fue un accidente!
–El segundo en la noche –señaló Tanya.
–¡Tú cállate, tonta! –Rose se le abalanzó.
–¡Ya, ya! –mi padre se paró sobre la mesa –¡Demetri, busca el coche y recorre el terreno! ¡Tú y yo iremos caminando! –señaló a Edward –Tanya cubre la entrada principal –le quitó el rifle a Edward y se lo entregó a ella –Esme y Sulpicia aten a Jasper arriba en la habitación, no quiero más sorpresas.
–¿Qué hay de Alec? –Rose lo interrumpió –Irina dijo que no estaba en su habitación, pero tampoco estaba con Maggie.
–Debe estar por ahí jugando, ¡búscalo, es tu hijo! –gruñó.
–Sí, papá, lo siento –agachó la cabeza.
–¡Mamá, no, por favor! –ató mis manos con una soga.
–Llevémoslo arriba –Sulpicia me tomó de las piernas.
–¡Esto es injusto! ¡Es injusto!
–Lo siento hijo, pero no podemos dejar que la ayudes. Ella debe morir –afirmó.
