Bueno, he vuelto con un nuevo capítulo de este fic, ahora contestaré a los reviews del último capítulo.

Edtru23: Ese es uno de los motivos por los que dejé de publicar dos capítulos por semana: quería hacer capítulos más largos, que abarcaran espacios de tiempo más amplios. No sé, un mes o algo así, para que el tiempo pase. Intentaré que los capítulos sean un poco más largos, pero no prometo conseguirlo. En el prólogo, Naruto e Hinata tienen 28 años, y en la historia, tienen 17-18 años, están en el año anterior a ir a la universidad. En cuanto al canon… Complicado al ser un UA, pero sí que hay patrones que usaré. Gracias por la crítica constructiva, y me alegra que la historia te guste.

Akime Maxwell: Gracias por los comentarios positivos, de verdad. Es bueno saber que estoy llevando la historia bien, y que hasta ahora lo que he publicado tiene sentido y gusta a los lectores.

Y, sin más dilación, que si no me enrollo como una persiana, les dejo con el capítulo.


Esa mañana transcurrió con normalidad para todos excepto para Naruto, ya que estaba extremadamente nervioso, pensaba que cualquier desliz que tuviera podía arruinar cualquier posibilidad con Hinata. No se sentía como cuando tuvo la primera cita con Hinata en su otra vida, porque en aquel momento ya Hinata estaba enamorada de él y daba igual cuánto se equivocara, que ella seguiría viéndolo con buenos ojos. En este caso, era él el que estaba perdidamente enamorado de ella y el que tenía que enamorar. Tenía que ser todo absolutamente perfecto si quería tener alguna posibilidad en el futuro.

Naruto estuvo durante las primeras clases pensando qué hacer y se puso en todos los casos posibles… que acabaran mal: le tiraba un café a la cara por su excesivo nerviosismo; se caía y, en un intento por evitarlo, se agarraba a Hinata y la dejaba desnuda de cintura para arriba; llovía, Hinata se mojaba y pescaba un resfriado; se hacía de noche y a Hinata le prohibían volver a verlo… Sólo había un denominador común, el final: Hinata mandándolo a freír espárragos y él acababa solo, con el corazón roto y viendo cómo su amor acababa con otra persona. La escena aterraba a Naruto, aunque reconoció que la escena en la que Hinata se quedaba desnuda de cintura para arriba era bastante estimulante.

Sasuke y Sakura notaron que Naruto estaba distraído, nervioso y absolutamente neurótico, no parecía él mismo. Cuando sonó el timbre que marcaba el fin de la primera parte de las clases y la hora del recreo, la pareja decidió hablar sobre su amigo y lo que le ocurría.

- ¿Crees que será buena idea dejarlo a solas con ella, Sasuke? – dijo Sakura, preocupada por sus amigos. - Está extremadamente nervioso, y todos sabemos cómo puede reaccionar un Naruto nervioso.

- Claro, Naruto tiene que hacer esto por sí mismo. – dijo Sasuke, intentando sonar convincente, pero en su interior tenía la misma duda que su novia. - Si le acompañáramos, sería raro. Además, seguro que la idea de invitarnos salió de ella.

- Aun así, me preocupa que pueda hacer alguna tontería.

- En parte a mí también, pero es Naruto, siempre hace tonterías. – dijo Sasuke, con su habitual crudeza. - Creo que deberíamos hablar con él.

Sakura y Sasuke se acercaron al pupitre donde se encontraba Naruto, que se veía abatido, con miedo y absolutamente ido. Pasaron la mano por delante de la cara de Naruto, sin conseguir respuesta o reacción alguna. Sasuke se acercó a Naruto con suavidad y, cuando se colocó a la altura de su oído, gritó de tal forma que provocó que Naruto se cayera de la silla.

- ¡Oye, idiota!

- ¡No me grites en el puto oído! - dijo Naruto, que se levantó hecho una furia - ¿Qué cojones quieres, imbécil?

- Naruto, Sasuke… - dijo Sakura, en evidente tono de reproche a ambos, que callaron ante la mirada que puso la mujer. - ¿Estás nervioso?

- No, qué va, ¿por qué tendría que estarlo? – dijo Naruto, con un evidente tono sarcástico al que sus amigos reaccionaron con sorpresa. - Tan sólo voy a tener una cita a solas con la mujer que amo porque los inútiles de mis amigos prefieren hacer Dios sabe qué a ayudarme.

- Oye, Naruto, no te pases. – dijo Sakura, algo enfadada por el comentario de su mejor amigo. – Es normal que quiera pasar un rato con mi novio.

- Sakura tiene razón, cualquiera en su sano juicio preferiría estar con su pareja a estar contigo… - dijo Sasuke. - Bueno, cualquiera preferiría estar aislado en una montaña a estar contigo.

- ¡No quería decir eso! – dijo Sakura, mientras miraba a Sasuke de forma acusadora, ya que había puesto en su boca palabras que ella no había dicho.

- Perdonadme, sí que estoy demasiado nervioso. – dijo Naruto en voz baja, lo suficiente como para que sólo pudieran escucharle Sasuke y Sakura. - Es que…

Naruto dejó de hablar, se giró mirando hacia la ventana, inhaló un poco de aire y lo exhaló con fuerza, como si tratara de quitarse de encima una pesada carga emocional que tenía. Cuando encontró exactamente las palabras que quería pronunciar, comenzó a hablar con calma, algo que en él era bastante extraño.

- Tengo miedo de meter la pata y que no quiera saber nada de mí nunca más. Por eso se me ocurrió que fuese una quedada de amigos, y después la acompañaría a su casa mientras hablábamos de todo.

Sakura y Sasuke se quedaron impresionados, la idea de quedar todos juntos no había sido de Hinata, como Sasuke pensaba. Había sido de Naruto, que siendo víctima de sus inseguridades, decidió enmascararlo como una quedada de amigos.

- La idea de quedar todos era para sentirme más cómodo, y que ante cualquier cosa que pudiera ir mal, me apoyarais y os rierais, así pasaríamos un buen rato todos juntos. – dijo Naruto, que miraba por la ventana hacia el cielo, buscando qué palabras decir para expresarse correctamente. - Pero eso ahora no es posible, y tengo que hacer que todo sea perfecto para ella.

Lo que había dicho Naruto y el cómo lo dijo se sentía hicieron que se conmovieran, ellos siempre supieron que, en el fondo, Naruto nunca quería dañar a nadie, y mucho menos a Hinata o a sus amigos, pero esta faceta tan sentimental, timorata e insegura era nueva para ellos. Ni siquiera cuando proclamaba abiertamente que le gustaba Sakura estaba así.

Fue en ese momento en el que entendieron que lo que sentía Naruto no era un capricho, ni un pequeño cuelgue. Era amor verdadero, de ese que sólo se tiene una vez en la vida; ese tipo de amor que, cuando se pierde, deja un vacío en el corazón que nada ni nadie podía llenar.

Sakura y Sasuke abrazaron a Naruto, sorprendiendo al rubio, ya que sabía que sus amigos no eran muy dados a abrazar a otras personas, pero necesitaba algo así, un gesto simbólico que hiciera que se relajara.

- Naruto, te voy a dar un consejo que funcionará: sé tú mismo, no esta versión tan insegura. – dijo Sakura, que seguía abrazando a Naruto, siendo sincera. - Si haces eso, todo irá mucho mejor.

- Sakura tiene razón. – dijo Sasuke, poniéndose serio y sorprendiendo a Sakura y Naruto. – Sé que me meto mucho contigo, y tú lo haces conmigo, pero eres una buena persona, de la clase de personas en las que se puede confiar.

- Gracias, Sakura. Gracias, Sasuke. – dijo Naruto, devolviéndoles el abrazo a ambos y mostrándose algo más sereno. – Me habéis sido de mucha ayuda, ahora estoy algo más relajado.

- Nos alegramos, mucho Naruto. – dijo Sasuke, que cortó el abrazo y salió de la clase junto a Naruto y Sakura.

En la cafetería, Hinata desayunaba tranquilamente con su mejor amigo. Kiba era su confidente, aquel que guarda los secretos que Hinata nunca confesaría, ni aunque la sometieran a tortura. Decidió picarla un poco acerca de su quedada con Naruto.

- Bueno, así que hoy tendrás una cita con Naruto… - dijo Kiba, con un tono pícaro que no pasó desapercibido para Hinata.

- No es una cita, es una reunión de amigos a la que nuestros amigos no podrán ir. – dijo Hinata, reprochando a Kiba que la dejara sola. Sus mejillas se sonrojaron un poco ante lo que había dicho Kiba. - Estoy segura de que Naruto me ve como una amiga y nada más.

- Tal vez, pero igual es la oportunidad de demostrarle a Hiashi que…

- No me apetece hablar de eso. – dijo Hinata, interrumpiendo de forma abrupta a Kiba.

- En algún momento tendrán que saberlo los demás. A lo mejor entre todos te podemos ayudar.

- ¿Cómo podríais ayudarme? – dijo Hinata, que comenzó a derramar un par de lágrimas ante la situación que estaba viviendo. - Estoy sentenciada, es el precio por pertenecer a la familia Hyuga.

Kiba miró a Hinata con lástima, fue ella la que le había pedido expresamente que no contara nada sobre aquello que la martirizaba, y esa era una losa muy pesada para su mejor amigo, que no sólo tenía que ocultarle a Hinata el secreto de Naruto, sino que tenía que ocultarle a Sakura, Sasuke y Naruto el secreto de Hinata. Era especialmente duro para él estar en los dos bandos y ser una suerte de agente doble. Kiba se acercó un poco más a Hinata y la estrechó entre sus brazos mientras acariciaba su cabeza para consolarla, cosa que consiguió.

- Tranquila, no pasa nada. – dijo Kiba, con un tono fraternal, como si estuviera cuidando de su hermana pequeña. - Hoy tienes la oportunidad de olvidarte de eso con Naruto y de pasar un buen rato. Y quién sabe, igual en el futuro puedes cambiar las cosas y…

- Nunca me enamoraría de un buen amigo, como lo es Naruto. – dijo Hinata, convencida de lo que decía.

- Hinata, "nunca" es una palabra demasiado fuerte, recuérdalo bien.

Lo que dijo Kiba dejó a Hinata callada y sin palabras, pensó que aunque llegara a desarrollar algo por una persona, su padre jamás permitiría que saliera con esa persona, simplemente, eran más importantes los negocios que la felicidad de su hija. Hinata comenzó a llorar ante este pensamiento: jamás sería feliz.

Kiba no pudo evitar pensar que ella no merecía la injusticia que estaban cometiendo con ella, alguien con un corazón tan puro y amable no merecía eso.

- Naruto, cuida a Hinata, por favor. - dijo Kiba para sí mismo.

Las clases continuaron con su curso, pero Naruto estaba más relajado, atendiendo en clase y tomando apuntes de aquello que decían los profesores; mientras que Hinata estaba totalmente ida, no dejaba de mirar por la ventana y no prestaba atención. Cualquiera en la clase hubiera jurado que, si no fuese imposible, Hinata se había metido en el cuerpo de Naruto y Naruto en el de Hinata, debido al cambio de personalidad tan radical que habían dado ambos en ese momento.

Cuando sonó el timbre que indicaba el final de la jornada lectiva, Naruto, con decisión y coraje, se acercó a Hinata para salir juntos, que estaba sentada en el pasillo, pero rápidamente se dio cuenta de que algo le pasaba a Hinata, ya que normalmente, aunque no sonriera, siempre se le notaba un brillo especial en sus ojos que indicaba que estaba bien. Sus ojos se mostraron totalmente opacos, sin vida, como si le hubieran arrebatado algo realmente importante para ella. Ver esa imagen de Hinata tan deprimida afectó mucho a Naruto, que no quería verla sufriendo. Colocó una mano sobre su hombro, moviéndola suavemente para consolarla, gesto que Hinata notó y agradeció.

- ¿Qué te pasa, Hinata? – dijo Naruto, con una media sonrisa que indicaba preocupación por ella.

- Oh, hola Naruto. – dijo Hinata, con un tono de voz monótono que indicaba la tristeza que la afligía. – No me pasa nada importante, ¿vamos?

- Hinata, si no quieres salir conmigo…

- No, sí que quiero. Me vendrá bien salir con un amigo y despejarme.

En el fondo de su corazón, Naruto sintió algo de dolor, Hinata sólo lo veía como un amigo y no tenía ningún interés en él. Se preguntó si eso era lo que debía sentir Hinata cuando él no se daba cuenta de lo que sentía. Pero ese pequeño sentimiento oscuro fue ocultado por una gran alegría cuando supo que de verdad quería quedar con él. Naruto le ofreció la mano para ayudarla a levantarse, Hinata la tomó, y en ese momento, un pequeño impulso eléctrico recorrió el cuerpo de ella de arriba abajo, ese mismo impulso hizo que recuperara el brillo en su mirada. La mujer de ojos blancos pensó, ipso facto, que se debía a las ganas que tenía de quedar con un amigo. Salieron juntos del instituto, ante la mirada estupefacta que tenía el resto de alumnos del centro, cuando Hinata tomó la palabra.

- ¿Dónde vamos a ir, Naruto?

- Vamos a ir a una cafetería que tiene los mejores rollos de canela de Tokio. – dijo Naruto, sabiendo que a su acompañante le volvían loca esos dulces. - ¿Te gustan los rollos de canela, Hinata?

La mirada de Hinata se iluminó. Nada ni nadie podía superar su amor por los rollos de canela.

- Amo los rollos de canela más que cualquier otra comida. – dijo Hinata, acercándose a Naruto y agarrando suavemente su brazo. - ¿Por qué elegiste una cafetería en la que venden rollos de canela?

- Porque somos menores y, obviamente, no podemos ir de bares. - dijo Naruto, intentando ser divertido, cosa que consiguió, ya que Hinata soltó una pequeña risa. – No sé, me apetecía compartir ese lugar con alguien, y creo que ir contigo es una buena opción. Así podremos profundizar nuestra amistad.

Hinata sonrió, ningún chico había sido nunca tan amable con ella. Una idea rondó por su cabeza: ¿y si su vida hubiera sido diferente? Podría haber elegido a quien ella quisiera como pareja. Pero desechó esa idea rápidamente, Naruto era solo un amigo y nunca pasaría de eso. Ese pensamiento hizo que Hinata bajara la cabeza rápidamente, no quería que Naruto se diera cuenta de que estaba triste, no quería hacerlo sentirse mal o arruinar la felicidad que él tenía. Por desgracia para ella, Naruto la conocía perfectamente y supo al instante que algo rondaba su cabeza.

Naruto no pudo evitar mirar a Hinata con algo de preocupación y tristeza. No era la persona más perspicaz del mundo, pero sí que conocía lo suficientemente bien a su amiga como para saber que había algo que le preocupaba y que la hacía sentir mal.

- ¿Qué te pasa? – dijo Naruto, levantando la cabeza de Hinata y acariciando suavemente su mejilla. - Estás ida.

- No me pasa nada. – dijo, Hinata, girando la cabeza para no mirarlo a los ojos.

Mucha gente decía que los ojos de Naruto eran tan profundos y mostraban tanto aprecio a sus amigos que nadie podía mentirle si miraban directamente a ellos, por eso Naruto podía intuir cuándo le mentían o no.

- No mientas, por favor, si te pasa algo, puedes confiar en mí y decírmelo. – dijo Naruto, con una sonrisa sincera.

La sonrisa de Naruto calmó a Hinata, le recordó a la que le ofrecía Kiba, pero en la de Naruto había más… ¿sentimiento? Como si de verdad quisiera protegerla de todos los males que la rodeaban, como si no quisiera que sufriera nunca más. Sintió que de verdad podía confiar en Naruto, y todo eso lo había conseguido con pequeños pasos que hicieron que se ganara su aprecio y cariño. Hinata suspiró, estaba preparada para contárselo.

- Te lo diré cuando lleguemos a la cafetería.

Naruto asintió, se relajó y prosiguió junto a Hinata. Llegaron a la cafetería, que se encontraba en una calle poco transitada, cosa que era poco usual teniendo en cuenta lo concurrido que solía ser Tokio.

- ¡Bienvenidos! – dijo la dependienta, que era una mujer bastante joven, de pelo castaño, bien formada. Miró a Naruto de arriba abajo, y poniendo una voz y una mirada dulce, se dirigió a él. – Hola, cuánto tiempo.

Hinata sintió algo en su interior cuando aquella chica flirteó con Naruto, era algo que no supo cómo definir. Para ella era evidente que esa chica estaba intentando ligarse a Naruto, pero pensó que Naruto era demasiado inocente como para darse cuenta de ello.

- Hola, Ayame, pues sí, la verdad es que ha pasado mucho tiempo, me alegra que te vaya bien en el negocio, a ver si me paso un día a ver al viejo. – dijo Naruto, con mucha amabilidad.

- Se alegrará muchísimo de verte. – dijo Ayame, sonriendo de forma sincera. – En fin, ¿qué vais a pedir?

- ¡Ah, sí! Queremos rollos de canela y… ¿tú qué vas a beber? – le preguntó Naruto a Hinata, despertándola de su trance.

- Un té verde, por favor. – dijo Hinata, de forma algo seca.

- De acuerdo, un café y un té verde.

- Marchando.

Ayame no tardó mucho en llevar lo que habían pedido Naruto e Hinata. Los ojos de la chica se abrieron como platos al ver los manjares que tenía delante de ella, tomó uno, y comenzó a lamer el azúcar que tenía por encima, recorriendo cada uno de los pliegues del dulce con la lengua. Naruto estaba tremendamente excitado y nervioso, recordó lo bien que usaba su lengua la que en algún momento fue su novia. Hinata probó ese dulce que tanto amaba y no pudo evitar expresar cuánto le gustaba.

- ¡Oh, Dios mío! ¡Qué rico! ¡Te quiero dentro de mí!

Naruto se sonrojó, la última vez que oyó a Hinata decir una expresión similar fue en otras circunstancias, aunque a él le pareció igual de erótico y excitante. Pero creía que esa no era la situación adecuada para decir esas frases.

- Oye, Hinata, ya sé que están muy buenos, ¿pero no podrías usar expresiones menos…? Cómo decirlo… ¿estimulante?

Hinata se sonrojó cuando escuchó a Naruto decir eso, no era la primera persona que decía que usaba expresiones que podían ser malinterpretadas cuando comía rollos de canela, pero no podía evitarlo, era algo superior a ella.

- Lo siento. – dijo Hinata, con una vocecilla tímida y casi inaudible si no se estaba cerca de ella. A Naruto le recordó a la voz que ponía Hinata cuando hablaba con él en su momento. ¿Era tal la fuerza de sus sentimientos que la hacían sentirse avergonzada de hablar con él?

La tarde pasó de forma distendida, ambos contaban anécdotas sobre lo que habían vivido hasta ese momento. Anécdotas de la vida de Hinata, de Naruto, de sus familias… El tiempo pasó rápidamente para ellos, se estaban divirtiendo muchísimo e Hinata había conseguido relajarse. Notó que entre ellos había una química innegable. Pensó que en otras circunstancias… Desechó esa idea rápidamente y siguió hablando con Naruto.

- ¿En serio? – preguntó Hinata, incrédula.

- Totalmente en serio. Me pillaron con el bote de pintura y la brocha haciendo un grafiti. Me tocó limpiar la pintura y me mandaron a limpiar los baños durante una semana. Y encima, me llevé una señora bronca de mis padres.

Hinata soltó una sonora carcajada, no podía creer que, en algún momento, Naruto fuese un vándalo. Con él se sentía liberada, feliz de verdad, como si la pesada carga que sostenía a sus espaldas se fuera, algo que sólo conseguía Kiba. No quería que el tiempo pasara, estaba muy a gusto, hablando y comiendo esos dulces tan deliciosos.

Naruto estaba muy contento con los avances que había conseguido con Hinata, en poco más de una semana, había entablado una muy buena amistad con ella. Naruto notó que Hinata, aunque sonriera, parecía que tenía algo que la atormentaba. Naruto recordó en ese momento que Hinata le había dicho que le diría algo cuando llegaran a la cafetería.

- Oye, Hinata… - dijo Naruto.

- ¿Sí?

- Antes me dijiste que, cuando llegáramos, me ibas a decir qué era lo que te pasaba. ¿Y bien?

La mirada de Hinata se oscureció, amenazaban con salir un par de lágrimas que pudo contener, pero en su gesto se notaba que estaba triste y que lo que le sucedía era algo verdaderamente importante. Naruto se dio cuenta de ello, no quería verla triste más, se sintió estúpido por recordarle aquello que la hacía sentirse así. Decidió mostrarle claramente su apoyo.

- Si no quieres o no puedes, no pasa nada. – dijo Naruto, agarrando las manos de Hinata y acariciándolas suavemente. Hinata se sintió fortalecida, podía confiar en él. – Sólo quiero que sepas que, pase lo que pase, estaré ahí para apoyarte.

Hinata se sintió mucho mejor cuando le dijo eso, se sintió relajada, podía confiar en su interlocutor. Tomó un poco de aire y decidió contarle la verdad de lo que le pasaba.

- No, creo que es mejor que lo sepas, puedo confiar en ti. Sólo te pido que no le digas de momento nada a nadie. – dijo Hinata, con una voz cargada de decisión. Suspiró y, mirando a Naruto directamente a los ojos, comenzó a hablar. - Sabes que la familia Hyuga es una familia muy fuerte y que tiene unas tradiciones determinadas, ¿no?

- Sí, algo de eso había oído. – dijo Naruto, extrañado por el giro que había dado la conversación. - ¿Qué tiene que ver con lo que te pasa?

- Bueno… Hay una tradición en concreto que dice que si el o la heredera no encuentra el amor, el líder concertará un matrimonio.

A Naruto no le gustaba por dónde iban los derroteros de la charla, se imaginaba lo que iba a decir Hinata, pero siguió callado, dándose la esperanza de que lo que fuera a decir fuese diferente a lo que él pensaba.

- Naruto, ya está decidido… Me voy a casar… - dijo Hinata, dejando caer un par de lágrimas.

Naruto, que se quedó en shock ante la noticia que le dio Hinata, sintió que su mundo se acababa, quiso que se lo tragara un agujero. Su sueño, el estar con ella, se iba a convertir en una pesadilla. Ella se tendría que alejar de él y nunca podrían estar juntos.


Bueno, hasta aquí el capítulo de esta semana, estoy conforme con cómo se ha desarrollado el capítulo. Me ha quedado ligeramente más largo de lo que suelo hacerlo, pero creo que ya era hora de saber un poco más de la historia de Hinata.

Agradecer, como siempre a los que comentan y leen el fic, ustedes son parte de la historia y ayudan a mejorarla, y por eso digo siempre que los reviews serán contestados y aceptados, siempre que sean emitidos desde el respeto.

Y sin más rodeos, me despido hasta el próximo capítulo. ¡Nos vemos!